EL LIBRO DE URANTIA


Edición 1999.
LOS PRIMEROS AÑOS DE LA INFANCIA DE JESÚS.
1355:1 123:0.1 debido a las incertidumbres y ansiedades de su estancia en Belén, María no destetó al niño hasta que llegaron sanos y salvos a Alejandría, donde la familia pudo llevar una vida normal. Vivieron con unos parientes, y José pudo mantener fácilmente a su familia porque consiguió trabajo poco después de su llegada. Estuvo empleado como carpintero durante varios meses y luego lo promovieron al puesto de capataz de un gran grupo de obreros que estaban ocupados en la construcción de un edificio público, entonces en obras. Esta nueva experiencia le dio la idea de hacerse contratista y constructor después de que regresaran a Nazaret.
1355:2 123:0.2 Durante todos estos primeros años de infancia en que Jesús estaba indefenso, María mantuvo una larga y constante vigilancia para que no le ocurriera nada a su hijo que pudiera amenazar su bienestar, o que pudiera obstaculizar, de alguna manera, su futura misión en la tierra; ninguna madre estuvo nunca más consagrada a su hijo. En el hogar donde se encontraba Jesús, había otros dos niños aproximadamente de su misma edad, y entre los vecinos cercanos, seis más cuyas edades se acercaban lo suficiente a la suya como para ser unos compañeros de juego aceptables. Al principio, María estuvo tentada de mantener a Jesús muy cerca de ella. Temía que le ocurriera algo si se le permitía jugar en el jardín con los otros niños, pero José, con la ayuda de sus parientes, consiguió convencerla de que esta actitud privaría a Jesús de la útil experiencia de aprender a adaptarse a los niños de su edad. Comprendiendo que un programa así de protección exagerada e inhabitual podría hacer que el niño se volviera cohibido y un tanto egocéntrico, María dio finalmente su consentimiento al plan que permitía al niño de la promesa crecer exactamente como todos los demás niños. Aunque cumplió con esta decisión, efectuó su papel de estar siempre vigilante mientras que los pequeños jugaban alrededor de la casa o en el jardín. Sólo una madre amorosa puede comprender la carga que María tuvo que soportar en su corazón por la seguridad de su hijo durante estos años de su infancia y de su niñez.
1355:3 123:0.3 Durante los dos años de su estancia en Alejandría, Jesús gozó de buena salud y siguió creciendo normalmente. Aparte de unos pocos amigos y parientes, no se dijo a nadie que Jesús era un “niño de la promesa”.
Uno de los parientes de José lo reveló a unos amigos de Menfis, descendientes del lejano Ikhnatón. Éstos se reunieron, con un pequeño grupo de creyentes de Alejandría, en la suntuosa casa del pariente y benefactor de José, poco antes de regresar a Palestina, para presentar sus mejores deseos a la familia de Nazaret y sus respetos al niño. En esta ocasión, los amigos reunidos regalaron a Jesús un ejemplar completo de la traducción al griego de las escrituras hebreas. Pero este ejemplar de los textos sagrados judíos no se lo entregaron a José hasta que él y María declinaron definitivamente la invitación de sus amigos de Menfis y Alejandría de permanecer en Egipto. Estos creyentes afirmaban que el hijo del destino podría ejercer una influencia mundial mucho mayor si residía en Alejandría que en cualquier lugar determinado de Palestina. Estos argumentos retrasaron algún tiempo su regreso a Palestina, después de recibir la noticia de la muerte de Herodes.
1356:1 123:0.4 Finalmente, José y María se despidieron de Alejandría en un barco propiedad de su amigo Esraeon, con destino a Jope, puerto al que llegaron a finales de agosto del año 4 a. de J.C. Se dirigieron directamente a Belén, donde pasaron todo el mes de septiembre en deliberaciones con sus amigos y parientes para decidir si debían quedarse allí o regresar a Nazaret.
1356:2 123:0.5 María nunca había abandonado por completo la idea de que Jesús debería crecer en Belén, la Ciudad de David. José no creía en realidad que su hijo estuviera destinado a ser un rey liberador de Israel. Además, sabía que él mismo no era un verdadero descendiente de David; el hecho de contar entre el linaje de David se debía a que uno de sus antepasados había sido adoptado por la línea de descendientes davídicos. María consideraba naturalmente que la Ciudad de David era el lugar más apropiado para criar al nuevo candidato al trono de David, pero José prefería tentar la suerte con Herodes Antipas antes que con su hermano Arquelao. Albergaba muchos temores por la seguridad del niño en Belén o en cualquier otra ciudad de Judea; suponía que era más probable que Arquelao continuara con la política amenazadora de su padre Herodes, a que lo hiciera Antipas en Galilea. Aparte de todas estas razones, José expresó abiertamente su preferencia por Galilea, porque lo consideraba un lugar más adecuado para criar y educar al niño, pero necesitó tres semanas para vencer las objeciones de María.
1356:3 123:0.6 El primero de octubre, José había convencido a María y a todos sus amigos de que era mejor para ellos regresar a Nazaret. En consecuencia, a principios de octubre del año 4 a. de J.C., partieron de Belén rumbo a Nazaret por el camino de Lida y Escitópolis. Salieron un domingo por la mañana temprano; María y el niño iban montados en la bestia de carga que acababan de adquirir, mientras que José y cinco parientes los acompañaban a pie; los parientes de José no consintieron que viajaran solos hasta Nazaret. Temían ir a Galilea pasando por Jerusalén y el valle del Jordán, y las rutas occidentales no eran del todo seguras para dos viajeros solitarios con un niño de poca edad.
DE REGRESO A NAZARET.
1356:4 123:1.1 Al cuarto día de viaje, el grupo llegó sano y salvo a su destino. Llegaron sin anunciarse a su casa de Nazaret, ocupada desde hacía más de tres años por uno de los hermanos casados de José, que en verdad se quedó sorprendido al verlos; lo habían hecho todo tan calladamente, que ni la familia de José ni la de María sabían siquiera que habían dejado Alejandría. Al día siguiente, el hermano de José se mudó con su familia, y María, por primera vez desde el nacimiento de Jesús, se instaló con su pequeña familia para disfrutar de la vida en su propio hogar. En menos de una semana, José consiguió trabajo como carpintero, y fueron extremadamente felices.
1356:5 123:1.2 Jesús tenía unos tres años y dos meses cuando volvieron a Nazaret. Había soportado muy bien todos estos viajes y gozaba de excelente salud; estaba lleno de alegría y entusiasmo infantil al tener una casa propia donde poder correr y disfrutar. Pero echaba mucho de menos la compañía de sus amigos de juego de Alejandría.
1356:6 123:1.3 Camino de Nazaret, José había persuadido a María de que sería imprudente divulgar, entre sus amigos y parientes galileos, la noticia de que Jesús era un niño de la promesa. Acordaron no mencionar a nadie este asunto, y ambos cumplieron fielmente esta promesa.
1357:1 123:1.4 Todo el cuarto año de Jesús fue un período de desarrollo físico normal y de actividad mental poco común. Mientras tanto, se había hecho muy amigo de un niño vecino, aproximadamente de su edad, llamado Jacobo. Jesús y Jacobo siempre eran felices jugando juntos, y crecieron siendo grandes amigos y leales compañeros.
1357:2 123:1.5 El siguiente acontecimiento importante en la vida de esta familia de Nazaret fue el nacimiento del segundo hijo, Santiago, al amanecer del 2 de abril del año 3 a. de J.C. Jesús estaba muy emocionado con la idea de tener un hermanito, y permanecía cerca de él durante horas simplemente para observar los primeros gestos del bebé.
1357:3 123:1.6 Fue a mediados del verano de este mismo año cuando José construyó un pequeño taller cerca de la fuente del pueblo y del solar donde paraban las caravanas. A partir de entonces hizo muy pocos trabajos de carpintería al día. Tenía como socios a dos de sus hermanos y a varios obreros más, a quienes enviaba a trabajar fuera mientras él permanecía en el taller fabricando arados, yugos y otros objetos de madera. También hizo algunos trabajos con el cuero, la soga y la lona. A medida que Jesús crecía, y cuando no estaba en la escuela, repartía su tiempo casi a partes iguales entre ayudar a su madre en los quehaceres del hogar y observar a su padre en el trabajo del taller, escuchando al mismo tiempo las conversaciones y las noticias de los conductores y viajeros de las caravanas procedentes de todos los rincones de la tierra.
1357:4 123:1.7 En julio de este año, un mes antes de cumplir Jesús los cuatro años, una epidemia maligna de trastornos intestinales, contagiada por los viajeros de las caravanas, se extendió por todo Nazaret. María se alarmó tanto por el peligro al que Jesús estaba expuesto con esta enfermedad epidémica, que preparó a sus dos hijos y huyó a la casa de campo de su hermano, a varios kilómetros al sur de Nazaret, en la carretera de Meguido, cerca de Sarid. Estuvieron fuera de Nazaret durante más de dos meses; Jesús disfrutó mucho con su primera experiencia en una granja.
2. EL QUINTO AÑO (AÑO 2 a. de J.C.)
1357:5 123:2.1 Poco más de un año después del regreso a Nazaret, el niño Jesús llegó a la edad de su primera decisión moral personal y sincera; fue entonces cuando vino a quedarse con él un Ajustador del Pensamiento, un don divino del Padre del Paraíso, que había servido anteriormente con Maquiventa Melquisedec, adquiriendo así la experiencia de las operaciones relacionadas con la encarnación de un ser supermortal que vive en la similitud de la carne mortal. Este acontecimiento sucedió el 11 de febrero del año 2 a. de J.C. Jesús no tuvo más conciencia de la llegada del Monitor divino que los millones y millones de otros niños que, antes y después de ese día, han recibido igualmente estos Ajustadores del Pensamiento para residir en su mente, trabajar para la espiritualización última de dicha mente y la supervivencia eterna de su alma inmortal evolutiva.
1357:6 123:2.2 En este día de febrero terminó la supervisión directa y personal de los Gobernantes del Universo en lo referente a la integridad de Miguel encarnado como niño. A partir de este momento y durante todo el desarrollo humano de su encarnación, la custodia de Jesús fue encomendada a este Ajustador interior y a los guardianes seráficos asociados, auxiliados de vez en cuando por el ministerio de las criaturas medianas, designadas para efectuar ciertas tareas específicas, de acuerdo con las instrucciones de sus superiores planetarios.
1357:7 123:2.3 Jesús cumplió cinco años en agosto de este año, y por ello nos referiremos a él como el quinto año de su vida (según el calendario). En este año 2 a. de J.C., poco más de un mes antes de su quinto cumpleaños, Jesús se sintió muy feliz con la llegada al mundo de su hermana Miriam, que nació en la noche del 11 de julio. Durante el atardecer del día siguiente, Jesús tuvo una larga conversación con su padre sobre la manera en que los diversos grupos de seres vivos nacen en el mundo como individuos diferentes. La parte más valiosa de la primera educación de Jesús la proporcionaron sus padres, respondiendo a sus preguntas reflexivas y penetrantes. José no dejó nunca de cumplir plenamente con su deber, tomándose el trabajo y encontrando el tiempo para contestar a las numerosas preguntas del niño. Desde los cinco hasta los diez años, Jesús fue una interrogación permanente. Aunque José y María no siempre podían contestar a sus preguntas, nunca dejaron de discutirlas a fondo, y lo ayudaban de todas las maneras posibles en sus esfuerzos por encontrar una solución satisfactoria al problema que su mente despierta le había sugerido.
1358:1 123:2.4 Desde su regreso a Nazaret, habían tenido una intensa vida familiar, y José había estado extraordinariamente ocupado con la construcción de su nuevo taller y la reanudación de sus negocios. Tenía tanto trabajo que no había encontrado tiempo para hacer una cuna para Santiago, pero esto pudo remediarlo mucho antes de que naciera Miriam, de manera que ella contó con una cuna muy cómoda en la cual se acurrucaba mientras que la familia la admiraba. El niño Jesús participaba de todo corazón en todas estas experiencias naturales y normales del hogar. Disfrutaba mucho con su hermanito y su hermanita, y ayudaba mucho a María cuidando de ellos.
1358:2 123:2.5 En el mundo de los gentiles de aquellos tiempos, había pocos hogares que pudieran proporcionar a un niño una educación intelectual, moral y religiosa mejor que la de los hogares judíos de Galilea. Estos judíos tenían un programa sistemático para criar y educar a sus hijos. Dividían la vida de los niños en siete etapas: El niño recién nacido hasta el octavo día. El niño de pecho. El destete del niño. El período de dependencia de la madre, hasta el final del quinto año. El comienzo de la independencia del niño, y en el caso de los hijos varones, el padre asumía la responsabilidad de su educación. Los chicos y las chicas adolescentes. Los hombres y las mujeres jóvenes.
1358:10 123:2.6 Los judíos de Galilea tenían la costumbre de que la madre se responsabilizara de la educación del niño hasta que éste cumplía los cinco años, y si el niño era varón, entonces el padre se encargaba en adelante de su educación. Así pues, aquel año Jesús entró en la quinta etapa de la carrera de un niño judío de Galilea; en consecuencia, el 21 de agosto del año 2 a. de J.C., María transfirió formalmente a José la educación futura de su hijo. 1358:11 123:2.7 Aunque José tenía que asumir ahora directamente la responsabilidad de la educación intelectual y religiosa de Jesús, su madre seguía ocupándose de su educación hogareña. Le enseñó a conocer y a cuidar las parras y las flores que crecían en las paredes del jardín, que rodeaban por completo el terreno de su hogar. María también se ocupó de poner en el techo de la casa (el dormitorio de verano) unos cajones de arena poco profundos, en los que Jesús dibujaba mapas y efectuó la mayoría de sus primeras prácticas de escritura en arameo, en griego y más tarde en hebreo, porque aprendió en su momento a leer, escribir y hablar perfectamente estos tres idiomas.
1358:12 123:2.8 Jesús tenía la apariencia física de un niño casi perfecto y continuaba progresando de manera normal en el aspecto mental y emocional. Tuvo un ligero problema digestivo, su primera enfermedad leve, a finales de este año, el quinto (según el calendario).
1359:1 123:2.9 Aunque José y María hablaban con frecuencia del futuro de su hijo mayor, si hubiérais estado allí, únicamente hubiérais observado el crecimiento de un niño normal de aquel tiempo y lugar, sano, sin preocupaciones, pero extremadamente ávido de saber.
3. LOS ACONTECIMIENTOS DEL SEXTO AÑO (AÑO 1 a. de J.C.)
1359:2 123:3.1 Con la ayuda de su madre, Jesús ya había dominado el dialecto galileo de la lengua aramea; ahora, su padre empezó a enseñarle el griego. María lo hablaba poco, pero José hablaba bien el griego y el arameo. El libro de texto para estudiar la lengua griega era el ejemplar de las escrituras hebreas —una versión completa de la ley y de los profetas, incluídos los salmos— que les habían regalado a su partida de Egipto. En todo Nazaret sólo había dos ejemplares completos de las escrituras en griego, y la posesión de uno de ellos por parte de la familia del carpintero hacía de la casa de José un lugar muy solicitado, lo que permitió a Jesús conocer, a medida que crecía, una procesión casi interminable de personas estudiosas serias y de sinceros buscadores de la verdad. Antes de terminar este año, Jesús había asumido la custodia de este manuscrito inestimable, habiéndose enterado el día de su sexto cumpleaños, que el libro sagrado se lo habían regalado los amigos y parientes de Alejandría. Muy poco tiempo después podía leerlo con toda facilidad.
1359:3 123:3.2 La primera gran conmoción en la joven vida de Jesús tuvo lugar cuando aún no tenía seis años. Al chico le parecía que su padre —o al menos su padre y su madre juntos— lo sabían todo. Imaginad pues la sorpresa que se llevó este niño indagador cuando preguntó a su padre la causa de un leve terremoto que acababa de producirse, y oyó que José le respondía: “Hijo mío, en verdad no lo sé”. Así empezó una larga y desconcertante cadena de desilusiones, durante la cual Jesús descubrió que sus padres terrestres no eran infinitamente sabios ni omniscientes.
1359:4 123:3.3 El primer pensamiento de José fue decirle a Jesús que el terremoto había sido causado por Dios, pero un instante de reflexión le advirtió que una respuesta semejante provocaría inmediatamente preguntas posteriores aún más embarazosas. Incluso a una edad muy temprana, era muy difícil contestar a las preguntas de Jesús sobre los fenómenos físicos o sociales, diciéndole a la ligera que el responsable era Dios o el diablo. De acuerdo con la creencia predominante del pueblo judío, hacía tiempo que Jesús estaba dispuesto a aceptar la doctrina de los buenos y de los malos espíritus como una posible explicación de los fenómenos mentales y espirituales; pero empezó a dudar muy pronto de que estas influencias invisibles fueran responsables de los acontecimientos físicos del mundo natural.
1359:5 123:3.4 Antes de que Jesús cumpliera los seis años de edad, a principios del verano del año 1 a. de J.C., Zacarías, Isabel y su hijo Juan vinieron a visitar a la familia de Nazaret. Jesús y Juan disfrutaron mucho durante esta visita, la primera que podían recordar. Aunque los visitantes sólo pudieron quedarse unos días, los padres hablaron de muchas cosas, incluyendo los planes para el futuro de sus hijos. Mientras que estaban ocupados en esto, los chicos jugaban en la azotea de la casa con trozos de madera en la arena, y se divertían juntos de otras muchas maneras, como hacen los niños.
1359:6 123:3.5 Después de conocer a Juan, que venía de los alrededores de Jerusalén, Jesús empezó a manifestar un interés extraordinario por la historia de Israel y comenzó a preguntar con mucho detalle por el significado de los ritos del sábado, los sermones de la sinagoga y las fiestas conmemorativas periódicas. Su padre le explicó el significado de todas estas celebraciones. La primera era la fiesta de la iluminación, a mediados del invierno, que duraba ocho días; la primera noche encendían una candela, y cada noche siguiente añadían una nueva. Con esto se conmemoraba la consagración del templo, después de que Judas Macabeo restaurara los oficios mosaicos. A continuación venía la celebración de Purim, a principios de la primavera, la fiesta de Ester que liberó a Israel. Luego seguía la solemne Pascua, que los adultos celebraban en Jerusalén siempre que era posible, mientras que en el hogar los niños debían recordar que no se podía comer pan con levadura en toda la semana. Más tarde venía la fiesta de los primeros frutos, la recogida de la cosecha; y por último la más solemne de todas, la fiesta del año nuevo, el día de la expiación. Algunas de estas celebraciones y ceremonias eran difíciles de comprender para la joven mente de Jesús, pero las examinó con seriedad, y luego participó con gran alegría en la fiesta de los tabernáculos, el período de las vacaciones anuales de todo el pueblo judío, la época en que acampaban en cabañas hechas con ramajes y se entregaban al júbilo y a los placeres.
1360:1 123:3.6 Durante este año, José y María tuvieron dificultades con Jesús a propósito de sus oraciones. Insistía en dirigirse a su Padre celestial como si estuviera hablando con José, su padre terrenal. Este abandono de las formas más solemnes y reverentes de comunicación con la Deidad era un poco desconcertante para sus padres, especialmente para su madre, pero no podían persuadirlo para que cambiara; recitaba sus oraciones tal como le habían enseñado, después de lo cual insistía en tener “una pequeña charla con mi Padre que está en los cielos”.
1360:2 123:3.7 En junio de este año, José cedió el taller de Nazaret a sus hermanos y empezó formalmente a trabajar como constructor. Antes de terminar el año, los ingresos de la familia se habían más que triplicado. La familia de Nazaret nunca más conoció el apuro de la pobreza hasta después de la muerte de José. La familia creció cada vez más y gastaron mucho dinero en estudios complementarios y en viajes, pero los ingresos crecientes de José siempre se mantuvieron a la altura de los gastos en aumento.
1360:3 123:3.8 Durante los pocos años que siguieron, José hizo trabajos considerables en Caná, Belén (de Galilea), Magdala, Naín, Séforis, Cafarnaum y Endor, así como muchas construcciones en Nazaret y sus alrededores. Como Santiago había crecido lo suficiente como para ayudar a su madre en los quehaceres domésticos y en el cuidado de los niños más pequeños, Jesús se desplazó frecuentemente con su padre a estas ciudades y pueblos vecinos. Jesús era un observador penetrante y adquirió muchos conocimientos prácticos en estos viajes lejos de su hogar; guardaba asíduamente los conocimientos relacionados con el hombre y su manera de vivir en la tierra.
1360:4 123:3.9 Este año Jesús hizo grandes progresos para adaptar sus sentimientos enérgicos y sus impulsos vigorosos a las exigencias de la cooperación familiar y de la disciplina del hogar. María era una madre amorosa pero bastante estricta en la disciplina. Sin embargo, en muchos aspectos, José era el que ejercía el mayor control sobre Jesús, porque solía sentarse con el muchacho y le explicaba íntegramente las razones reales y subyacentes por las cuales era necesario disciplinar los deseos personales para contribuir al bienestar y la tranquilidad de toda la familia. Cuando se le explicaba la situación, Jesús siempre cooperaba inteligente y voluntariamente con los deseos paternos y las reglas familiares.
1360:5 123:3.10 Cuando su madre no necesitaba su ayuda en la casa, Jesús dedicaba una gran parte de su tiempo libre a estudiar las flores y las plantas durante el día y las estrellas por la noche. Mostraba una tendencia molesta a permanecer acostado de espaldas contemplando con admiración el cielo estrellado, mucho después de la hora habitual de acostarse en esta casa bien organizada de Nazaret.
4. EL SÉPTIMO AÑO (AÑO 1 d. de J.C.)
1361:1 123:4.1 Éste fue en verdad un año lleno de acontecimientos en la vida de Jesús. A principios de enero, una gran tormenta de nieve cayó sobre Galilea. La nieve se acumuló hasta sesenta centímetros de espesor; fue la nevada más grande que Jesús conoció en toda su vida y una de las más importantes en Nazaret en los últimos cien años.
1361:2 123:4.2 Las distracciones de los niños judíos en los tiempos de Jesús eran más bien limitadas; con demasiada frecuencia, los niños imitaban en sus juegos las actividades más serias que observaban en los adultos. Jugaban mucho a las bodas y a los funerales, ceremonias que veían con tanta frecuencia y que resultaban tan espectaculares. Bailaban y cantaban, pero tenían pocos juegos organizados como los que gustan tanto a los niños de hoy.
1361:3 123:4.3 En compañía de un niño vecino, y más tarde de su hermano Santiago, a Jesús le encantaba jugar en el rincón más alejado del taller de carpintería de la familia, donde se divertían con el aserrín y los trozos de madera. A Jesús siempre le resultaba difícil comprender el mal que tenían ciertos tipos de juegos que estaban prohibidos el sábado, pero nunca dejó de conformarse a los deseos de sus padres. Tenía una capacidad para el humor y los juegos que pocas veces se podía expresar en el entorno de su época y de su generación; pero hasta la edad de catorce años, la mayor parte del tiempo estaba alegre y de buen humor.
1361:4 123:4.4 María tenía un palomar en el tejado del establo contiguo a la casa, y los beneficios de la venta de las palomas los utilizaban como fondo especial de caridad que Jesús administraba, después de deducir el diezmo y haberlo entregado al empleado de la sinagoga.
1361:5 123:4.5 El único accidente verdadero que Jesús sufrió hasta ese momento fue una caída por las escaleras de piedra del patio trasero que conducían al dormitorio con techo de lona. Sucedió en julio, durante una tormenta de arena inesperada procedente del este. Los vientos cálidos con ráfagas de arena fina soplaban por lo general durante la estación de las lluvias, particularmente en marzo y abril. Una tormenta de este tipo era totalmente inesperada en el mes de julio. Cuando se desencadenó la tormenta, Jesús estaba jugando como tenía costumbre en el techo de la casa, porque durante una gran parte de la temporada seca, éste era su lugar de juego habitual. Mientras bajaba las escaleras, la arena lo cegó y por eso se cayó. Después de este accidente, José construyó una balaustrada a ambos lados de la escalera.
1361:6 123:4.6 No había manera de prevenir este accidente. No se trató de una negligencia imputable a los guardianes temporales medianos, ya que un mediano primario y uno secundario habían sido asignados para custodiar al muchacho; tampoco se podía culpar al serafín guardián. Sencillamente no se pudo evitar. Pero este ligero accidente, ocurrido mientras que José estaba en Endor, ocasionó una ansiedad tan grande en la mente de María, que trató de manera poco razonable de mantener a Jesús pegado a ella durante varios meses.
1361:7 123:4.7 Las personalidades celestiales no intervienen arbitrariamente en los accidentes materiales, que son acontecimientos comunes de naturaleza física. En las circunstancias ordinarias, sólo las criaturas medianas pueden intervenir sobre las condiciones materiales para salvaguardar a las personas, hombres o mujeres, con un destino determinado; incluso en las situaciones especiales, estos seres sólo pueden actuar así en obediencia a las órdenes específicas de sus superiores.
1361:8 123:4.8 Éste no fue más que uno de los numerosos accidentes menores que le ocurrieron posteriormente a este joven intrépido e investigador. Si examináis la niñez y la juventud normal de un muchacho dinámico, tendréis una idea bastante buena de la carrera juvenil de Jesús, y casi podréis imaginar la cantidad de ansiedad que causó a sus padres, en particular a su madre.
1362:1 123:4.9 José, el cuarto hijo de la familia de Nazaret, nació la mañana del miércoles 16 de marzo del año 1 d. de J.C.
5. LOS AÑOS DE ESCUELA EN NAZARET
1362:2 123:5.1 Jesús tenía ahora siete años, la edad en que se suponía que los niños judíos empezaban su educación formal en las escuelas de la sinagoga. Por consiguiente, en agosto de este año comenzó su memorable vida escolar en Nazaret. El muchacho ya leía, escribía y hablaba con soltura dos idiomas, el arameo y el griego. Ahora tenía que imponerse la tarea de aprender a leer, escribir y hablar la lengua hebrea. Estaba realmente impaciente por empezar la nueva vida escolar que se abría ante él.
1362:3 123:5.2 Durante tres años —hasta que tuvo diez años— asistió a la escuela primaria de la sinagoga de Nazaret. Durante estos tres años estudió los rudimentos del Libro de la Ley, tal como estaba redactado en lengua hebrea. Durante los tres años siguientes estudió en la escuela superior y memorizó, por el método de repetición en voz alta, las enseñanzas más profundas de la ley sagrada. Se graduó en esta escuela de la sinagoga cuando tenía trece años, y los dirigentes de la sinagoga lo entregaron a sus padres como un “hijo del mandamiento” ya educado —en adelante, un ciudadano responsable de la comunidad de Israel, con derecho a asistir a la Pascua en Jerusalén; en consecuencia, ese año participó en su primera Pascua, en compañía de su padre y su madre.
1362:4 123:5.3 En Nazaret, los alumnos se sentaban en semicírculo en el suelo mientras que su profesor, el chazán, un empleado de la sinagoga, se sentaba enfrente de ellos. Empezaban por el Libro del Levítico, y luego pasaban al estudio de los demás libros de la ley, seguido del estudio de los Profetas y de los Salmos. La sinagoga de Nazaret poseía un ejemplar completo de las escrituras en hebreo. Hasta los doce años, lo único que estudiaban eran las escrituras. En los meses de verano, las horas escolares se reducían considerablemente.
1362:5 123:5.4 Jesús se convirtió muy pronto en un experto en hebreo. Siendo un hombre joven, cuando ningún visitante eminente se encontraba ocasionalmente en Nazaret, se le pedía a menudo que leyera las escrituras hebreas a los fieles reunidos en la sinagoga para los oficios regulares del sábado.
1362:6 123:5.5 Por supuesto, las escuelas de la sinagoga no tenían libros de texto. Para enseñar, el chazán efectuaba una exposición que los alumnos repetían al unísono detrás de él. Cuando tenían acceso a los libros escritos de la ley, los estudiantes aprendían su lección leyendo en voz alta y repitiendo constantemente.
1362:7 123:5.6 Además de su educación oficial, Jesús empezó a tomar contacto con la naturaleza humana de todos los rincones del mundo, ya que por el taller de reparaciones de su padre pasaban hombres de muy diversos países. Cuando tuvo más edad, se mezclaba libremente con las caravanas que se detenían cerca de la fuente para descansar y comer. Como hablaba muy bien el griego, tenía pocos problemas para conversar con la mayoría de los viajeros y conductores de las caravanas.
1362:8 123:5.7 Nazaret era una etapa en el camino de las caravanas y una travesía para los viajes; una gran parte de la población era gentil. Al mismo tiempo, Nazaret era bien conocida como centro de interpretación liberal de la ley tradicional judía. En Galilea, los judíos se mezclaban más libremente con los gentiles que en Judea. De todas las ciudades de Galilea, los judíos de Nazaret eran los más liberales en interpretar las restricciones sociales basadas en el miedo a contaminarse por estar en contacto con los gentiles. Esta situación dio origen a un dicho corriente en Jerusalén: “¿Puede salir algo bueno de Nazaret?”
1363:1 123:5.8 Jesús recibió su enseñanza moral y su cultura espiritual principalmente en su propio hogar. La mayor parte de su educación intelectual y teológica la adquirió del chazán. Pero su verdadera educación —el equipamiento de mente y corazón para la prueba real de afrontar los difíciles problemas de la vida— la obtuvo mezclándose con sus semejantes. Esta asociación estrecha con sus semejantes, jóvenes y viejos, judíos y gentiles, le proporcionó la oportunidad de conocer a la raza humana. Jesús estaba altamente educado, en el sentido de que comprendía a fondo a los hombres y los amaba con devoción.
1363:2 123:5.9 Durante todos sus años en la sinagoga fue un estudiante brillante, con una gran ventaja puesto que conocía bien tres idiomas. Con motivo de la finalización de los cursos de Jesús en la escuela, el chazán de Nazaret comentó a José que temía “haber aprendido más con las preguntas penetrantes de Jesús” de lo que él mismo había “sido capaz de enseñar al muchacho”.
1363:3 123:5.10 En el transcurso de sus estudios, Jesús aprendió mucho y obtuvo una gran inspiración de los sermones regulares del sábado en la sinagoga. Era costumbre solicitar a los visitantes distinguidos que se detenían el sábado en Nazaret que hablaran en la sinagoga. A medida que crecía, Jesús escuchó los puntos de vista de muchos grandes pensadores de todo el mundo judío, y también a muchos judíos poco ortodoxos, puesto que la sinagoga de Nazaret era un centro avanzado y liberal del pensamiento y de la cultura hebreos.
1363:4 123:5.11 Al ingresar en la escuela a los siete años (por aquella época los judíos acababan de sacar una ley sobre la educación obligatoria), era costumbre que los alumnos escogieran su “texto de cumpleaños”, una especie de regla de oro que los guiaría a lo largo de sus estudios, y sobre la cual muchas veces tenían que disertar en el momento de graduarse a la edad de trece años. El texto que Jesús escogió estaba sacado del profeta Isaías: “El espíritu del Señor Dios está sobre mí, porque el Señor me ha ungido; me ha enviado para traer la buena nueva a los mansos, para consolar a los afligidos, para proclamar la libertad a los cautivos y para liberar a los presos espirituales.”
1363:5 123:5.12 Nazaret era uno de los veinticuatro centros sacerdotales de la nación hebrea. Pero el clero de Galilea era más liberal que los escribas y rabinos de Judea en su interpretación de las leyes tradicionales. En Nazaret también eran más liberales en cuanto a la observancia del sábado. Por este motivo, José tenía la costumbre de llevarse de paseo a Jesús los sábados por la tarde; una de sus caminatas favoritas consistía en subir a la alta colina cercana a su casa, de donde podían contemplar una vista panorámica de toda Galilea. Al noroeste, en los días despejados, podían ver la larga cima del Monte Carmelo deslizándose hacia el mar; Jesús escuchó muchas veces a su padre contar la historia de Elías, uno de los primeros de la larga lista de los profetas hebreos, que criticó a Acab y desenmascaró a los sacerdotes de Baal. Al norte, el Monte Hermón levantaba su pico nevado con un esplendor majestuoso y dominaba el horizonte, con casi 1.000 metros de laderas superiores que resplandecían con la blancura de las nieves perpetuas. A lo lejos, por el este, podían discernir el valle del Jordán, y mucho más allá, las colinas rocosas de Moab. También hacia el sur y el este, cuando el sol iluminaba los muros de mármol, podían ver las ciudades greco-romanas de la Decápolis, con sus anfiteatros y sus templos presuntuosos. Y cuando se demoraban hasta la puesta del sol, podían distinguir al oeste los barcos de vela en el lejano Mediterráneo.
1364:1 123:5.13 Jesús podía observar las filas de caravanas que entraban y salían de Nazaret en cuatro direcciones, y hacia el sur podía ver la amplia y fértil llanura de Esdraelón, que se extendía hacia el Monte Gilboa y Samaria.
1364:2 123:5.14 Cuando no subían a las alturas para contemplar el paisaje lejano, se paseaban por el campo y estudiaban la naturaleza en sus distintas manifestaciones, según las estaciones. La educación más precoz de Jesús, exceptuando la del hogar familiar, había consistido en tomar un contacto respetuoso y comprensivo con la naturaleza.
1364:3 123:5.15 Antes de cumplir los ocho años de edad, era conocido por todas las madres y mujeres jóvenes de Nazaret, que lo habían encontrado y habían hablado con él en la fuente cercana a su casa, que era uno de los centros sociales de encuentro y de habladurías de toda la ciudad. Este año, Jesús aprendió a ordeñar la vaca de la familia y a cuidar de los demás animales. Durante este año y el siguiente, también aprendió a hacer queso y a tejer. Cuando llegó a los diez años era un experto tejedor. Aproximadamente por esta época, Jesús y Jacobo, el muchacho vecino, se hicieron grandes amigos del alfarero que trabajaba cerca del manantial; mientras observaban los hábiles dedos de Natán moldeando la arcilla en el torno, los dos decidieron muchas veces hacerse alfareros cuando fueran mayores. Natán quería mucho a los muchachos y a menudo les daba arcilla para que jugaran, tratando de estimular su imaginación creativa sugiriéndoles que compitieran en la modelación de objetos y animales diversos.
6. SU OCTAVO AÑO (AÑO 2 d. de J.C.)
1364:4 123:6.1 Éste fue un año interesante en la escuela. Aunque Jesús no era un estudiante excepcional, sí era un alumno aplicado y formaba parte del tercio más avanzado de la clase; hacía sus tareas tan bien que durante una semana al mes estaba exento de asistir a la escuela. Dicha semana la pasaba generalmente con su tío el pescador en las orillas del mar de Galilea, cerca de Magdala, o en la granja de otro tío suyo (hermano de su madre) a ocho kilómetros al sur de Nazaret.
1364:5 123:6.2 Aunque su madre se preocupaba exageradamente por su salud y su seguridad, poco a poco se iba habituando a estas ausencias fuera del hogar. Los tíos y las tías de Jesús lo querían mucho; entre ellos se produjo una viva rivalidad, durante todo este año y algunos de los siguientes, para asegurarse su compañía durante estas visitas mensuales. La primera vez (desde la infancia) que permaneció una semana en la granja de su tío fue en enero de este año; la primera semana de experiencia como pescador en el mar de Galilea tuvo lugar en el mes de mayo.
1364:6 123:6.3 Por esta época, Jesús conoció a un profesor de matemáticas de Damasco, y después de aprender algunas nuevas técnicas aritméticas, dedicó mucho tiempo a las matemáticas durante varios años. Desarrolló un agudo sentido de los números, de las distancias y de las proporciones.
1364:7 123:6.4 Jesús empezó a disfrutar mucho con la compañía de su hermano Santiago y al final de este año, había empezado a enseñarle el alfabeto.
1364:8 123:6.5 Jesús hizo planes este año para intercambiar productos lácteos por clases de arpa. Tenía una inclinación especial por todo lo musical. Más adelante contribuyó mucho a promover el interés por la música vocal entre sus jóvenes compañeros. A la edad de once años ya era un arpista hábil, y disfrutaba mucho entreteniendo a la familia y a los amigos con sus extraordinarias interpretaciones y con sus hábiles improvisaciones.
1365:1 123:6.6 Aunque Jesús continuaba haciendo progresos considerables en la escuela, no todo se desarrollaba fácilmente para sus padres o sus maestros. Persistía en hacer muchas preguntas embarazosas acerca de la ciencia y de la religión, particularmente en geografía y astronomía. Insistía especialmente en averiguar por qué había una temporada seca y una temporada de lluvias en Palestina. Una y otra vez buscó la explicación de la gran diferencia entre las temperaturas de Nazaret y las del valle del Jordán. Simplemente no paraba nunca de hacer preguntas de este tipo, inteligentes pero inquietantes.
1365:2 123:6.7 Su tercer hermano, Simón, nació la tarde del viernes 14 de abril de este año, el 2 d. de J.C.
1365:3 123:6.8 Nacor, un profesor de una academia rabínica de Jerusalén, vino en febrero a Nazaret para observar a Jesús, después de haber realizado una misión similar en casa de Zacarías, cerca de Jerusalén. Vino a Nazaret por insistencia del padre de Juan. Aunque al principio le disgustó un poco la franqueza de Jesús y su manera nada convencional de relacionarse con las cosas religiosas, lo atribuyó a que Galilea estaba lejos de los centros de instrucción y de cultura hebreos, y aconsejó a José y María que le permitieran llevarse a Jesús a Jerusalén, donde tendría las ventajas de la educación y de la enseñanza en el centro de la cultura judía. María estaba casi decidida a dar su consentimiento; estaba convencida de que su hijo mayor iba a ser el Mesías, el libertador de los judíos. José dudaba; él también estaba persuadido de que cuando Jesús creciera sería un hombre del destino, pero estaba profundamente inseguro en cuanto a cuál sería ese destino. Pero nunca dudó realmente de que su hijo tuviera que realizar alguna gran misión en la tierra. Cuanto más pensaba en el consejo de Nacor, más dudaba de la sabiduría de esta estancia que proponía en Jerusalén.
1365:4 123:6.9 Debido a esta diferencia de opinión entre José y María, Nacor solicitó permiso para someter todo el asunto a Jesús. Jesús escuchó con atención y habló con José, con María y con un vecino, Jacobo el albañil, cuyo hijo era su compañero de juego favorito. Dos días más tarde, les manifestó que había diferencias de opinión entre sus padres y sus consejeros, y que no se consideraba cualificado para asumir la responsabilidad de tal decisión, porque no se sentía fuertemente inclinado ni en un sentido ni en otro. En estas circunstancias, había decidido finalmente “hablar con mi Padre que está en los cielos”; y aunque no estaba totalmente seguro de la respuesta, sentía que debía más bien quedarse en casa “con mi padre y mi madre”, añadiendo: “Ellos que me quieren tanto, serán capaces de hacer más por mí y de guiarme con más seguridad que unos extraños que sólo pueden ver mi cuerpo y observar mi mente, pero que difícilmente pueden conocerme de verdad.” Todos se quedaron maravillados, y Nacor emprendió su camino de regreso a Jerusalén. Pasaron muchos años antes de que se volviera a considerar la posibilidad de que Jesús se fuera de su hogar.
ESCRITO 124. LOS ÚLTIMOS AÑOS DE LA INFANCIA DE JESÚS.
1366:1 124:0.1 AUNQUE Jesús podría haberse beneficiado en Alejandría de mejores oportunidades para instruirse que en Galilea, no hubiera tenido un entorno tan espléndido para resolver los problemas de su propia vida con un mínimo de guía educativa, disfrutando al mismo tiempo de la gran ventaja de un contacto permanente con una cantidad tan grande de hombres y mujeres de todas clases, procedentes de todos los lugares del mundo civilizado. Si hubiera permanecido en Alejandría, su educación hubiera sido dirigida por judíos y según principios exclusivamente judíos. En Nazaret consiguió una educación y recibió una instrucción que lo prepararon mucho mejor para comprender a los gentiles, y le proporcionaron una idea mejor y más equilibrada de los méritos respectivos de los puntos de vista de la teología hebrea oriental (babilónica) y occidental (helénica).
EL NOVENO AÑO DE JESÚS (AÑO 3 d. de J.C.)
1366:2 124:1.1 Aunque no se puede decir que Jesús estuviera nunca gravemente enfermo, este año sufrió algunas enfermedades menores de la infancia junto con sus hermanos y su hermanita.
1366:3 124:1.2 En la escuela continuaban las clases, y seguía siendo un estudiante favorecido, con una semana libre cada mes; continuaba dividiendo su tiempo en partes más o menos iguales entre los viajes con su padre a las ciudades vecinas, las estancias en la granja de su tío al sur de Nazaret y las excursiones de pesca fuera de Magdala.
1366:4 124:1.3 El incidente más grave ocurrido hasta entonces en la escuela se produjo a finales del invierno, cuando Jesús se atrevió a desafiar la enseñanza del chazán de que todas las imágenes, pinturas y dibujos eran de naturaleza idólatra. A Jesús le encantaba dibujar paisajes y modelar una gran variedad de objetos con arcilla de alfarero. Todo este tipo de cosas estaba estrictamente prohibido por la ley judía, pero hasta ese momento se las había arreglado para calmar las objeciones de sus padres, hasta tal punto que le habían permitido continuar con estas actividades.
1366:5 124:1.4 Pero un nuevo alboroto se produjo en la escuela cuando uno de los alumnos más retrasados descubrió a Jesús haciendo, al carbón, un retrato del profesor en el suelo de la clase. El retrato estaba allí, tan claro como la luz del día, y muchos de los ancianos lo pudieron contemplar antes de que el comité se presentara ante José para exigirle que hiciera algo para reprimir la desobediencia a la ley de su hijo mayor. Aunque no era la primera vez que José y María recibían quejas sobre las actividades de su hábil y dinámico hijo, ésta era la acusación más seria de todas las que hasta el momento habían presentado contra él. Sentado en una gran piedra junto a la puerta trasera, Jesús escuchó durante un rato cómo condenaban sus esfuerzos artísticos. Le irritó que culparan a su padre de sus pretendidas fechorías; entonces entró en la casa, enfrentándose sin temor a sus acusadores. Los ancianos se quedaron desconcertados. Algunos tendieron a considerar el incidente con humor, mientras que uno o dos parecían pensar que el chico era sacrílego, si no blasfemo. José estaba perplejo y María indignada, pero Jesús insistió para que se le escuchara. Lo dejaron hablar, defendió valientemente su punto de vista y anunció con un completo dominio de sí mismo que acataría la decisión de su padre, tanto en este asunto como en cualquier otra controversia. Y el comité
de ancianos partió en silencio.
1367:1 124:1.5 María intentó convencer a José para que permitiera a Jesús modelar la arcilla en casa, siempre que prometiera no realizar en la escuela ninguna de estas actividades problemáticas, pero José se vio obligado a ordenar que la interpretación rabínica del segundo mandamiento tenía que prevalecer. Así pues, desde ese día, Jesús no volvió a dibujar ni a modelar una forma cualquiera mientras vivió en la casa de su padre. Sin embargo, no estaba convencido de que lo que había hecho estuviera mal, y abandonar su pasatiempo favorito constituyó una de las grandes pruebas de su joven vida.
1367:2 124:1.6 A finales de junio, Jesús subió por primera vez a la cima del Monte Tabor en compañía de su padre. Era un día claro y la vista era magnífica. Este chico de nueve años tuvo la impresión de que había contemplado realmente el mundo entero, a excepción de la India, África y Roma.
1367:3 124:1.7 Marta, la segunda hermana de Jesús, nació el jueves 13 de septiembre por la noche. Tres semanas después del nacimiento de Marta, José, que se encontraba en casa por algún tiempo, empezó la construcción de una ampliación de su casa, una habitación que serviría como taller y dormitorio. Se construyó un pequeño banco de trabajo para Jesús, y por primera vez pudo disponer de sus propias herramientas. Durante muchos años trabajó en este banco en sus ratos libres y se volvió muy experto en la fabricación de yugos.
1367:4 124:1.8 Este invierno y el siguiente fueron los más fríos en Nazaret desde hacía varias décadas. Jesús había visto la nieve en las montañas y varias veces había nevado en Nazaret, aunque sin permanecer mucho tiempo en el suelo; pero hasta este invierno no había visto el hielo. El hecho de que el agua pudiera ser sólida, líquida y gaseosa —había meditado largamente sobre el vapor que se escapaba del agua hirviendo— dio al joven mucho que pensar sobre el mundo físico y su constitución; y sin embargo, la personalidad encarnada en este niño en pleno crecimiento era al mismo tiempo la verdadera creadora y organizadora de todas estas cosas a lo largo y a lo ancho de un vasto universo.
1367:5 124:1.9 El clima de Nazaret no era riguroso. Enero era el mes más frío, con una temperatura media alrededor de los 10° C. En julio y agosto, los meses más calurosos, la temperatura variaba entre 24° y 32° C. Desde las montañas hasta el Jordán y el valle del Mar Muerto, el clima de Palestina variaba entre el frío y el tórrido. Así pues, en cierto sentido, los judíos estaban preparados para vivir prácticamente en cualquiera de los climas variables del mundo.
1367:6 124:1.10 Incluso durante los meses más calurosos del verano, una brisa fresca del mar soplaba generalmente del oeste desde las 10 de la mañana hasta las 10 de la noche. Pero de vez en cuando, los temibles vientos cálidos procedentes del desierto oriental soplaban en toda Palestina. Estas ráfagas calientes aparecían por lo general en febrero y marzo, hacia el final de la temporada de las lluvias. En esos momentos, la lluvia caía en chaparrones refrescantes desde noviembre hasta abril, pero no llovía de manera continuada. En Palestina sólo había dos estaciones: el verano y el invierno, la temporada seca y la temporada lluviosa. Las flores empezaban a abrir en enero, y a finales de abril todo el país era un vergel florido.
1367:7 124:1.11 En mayo de este año, Jesús ayudó por primera vez a cosechar los cereales en la granja de su tío. Antes de cumplir los trece años, se las había arreglado para saber algo de casi todos los trabajos que realizaban los hombres y las mujeres alrededor de Nazaret, a excepción del trabajo de los metales; cuando fue mayor, después de la muerte de su padre, pasó varios meses en el taller de un herrero.
1368:1 124:1.12 Cuando disminuía el trabajo y el tránsito de las caravanas, Jesús hacía con su padre muchos viajes de placer o de negocios a las ciudades cercanas de Caná, Endor y Naín. Incluso siendo joven había visitado con frecuencia Séforis, situada sólo a cinco kilómetros al noroeste de Nazaret; desde el año 4 a. de J.C. hasta el año 25 d. de J.C. aproximadamente, esta ciudad fue la capital de Galilea y una de las residencias de Herodes Antipas.
1368:2 124:1.13 Jesús continuaba su crecimiento físico, intelectual, social y espiritual. Sus viajes fuera del hogar contribuyeron mucho a proporcionarle una comprensión mejor y más generosa de su propia familia; en esta época, sus mismos padres empezaron a aprender de él al mismo tiempo que le enseñaban. Incluso en su juventud, Jesús era un pensador original y un hábil educador. Se encontraba en un conflicto permanente con la llamada “ley oral”, pero siempre trataba de adaptarse a las prácticas de su familia. Se llevaba muy bien con los niños de su edad, pero a menudo se desalentaba por su lentitud mental. Antes de cumplir los diez años, se había convertido en el jefe de un grupo de siete muchachos que formaron una sociedad para adquirir los talentos de la edad adulta —físicos, intelectuales y religiosos. Jesús logró introducir entre estos chicos muchos juegos nuevos y diversos métodos mejorados de entretenimiento físico.
ESCRITO 124. 2. EL DÉCIMO AÑO (AÑO 4 d. de J.C.)
1368:3 124:2.1 El cinco de julio, el primer sábado del mes, mientras Jesús se paseaba por el campo con su padre, expresó por primera vez unos sentimientos y unas ideas que indicaban que estaba empezando a tomar conciencia de la naturaleza excepcional de su misión en la vida. José escuchó atentamente las importantes palabras de su hijo, pero hizo pocos comentarios y no dio ninguna información. Al día siguiente, Jesús tuvo una conversación similar con su madre, pero más larga. María escuchó igualmente las declaraciones del muchacho, pero ella tampoco proporcionó ninguna información. Pasaron casi dos años antes de que Jesús hablara nuevamente a sus padres de esta revelación creciente, dentro de su propia conciencia, sobre la naturaleza de su personalidad y el carácter de su misión en la tierra.
1368:4 124:2.2 En agosto ingresó en la escuela superior de la sinagoga. En la escuela, causaba continuas perturbaciones con las preguntas que persistía en hacer. Cada vez tenía más a todo Nazaret en un alboroto más o menos continuo. A sus padres les disgustaba prohibirle que hiciera esas preguntas inquietantes, y su profesor principal estaba muy intrigado por la curiosidad del muchacho, su perspicacia y su sed de conocimientos.
1368:5 124:2.3 Los compañeros de juego de Jesús no veían nada sobrenatural en su conducta; en la mayoría de los aspectos era totalmente como ellos. Su interés por el estudio era un poco superior a la media, pero no tan excepcional. Es verdad que en la escuela hacía más preguntas que los demás niños de su clase.
1368:6 124:2.4 Quizás su característica más excepcional y sobresaliente era su repugnancia a luchar por sus derechos. Aunque era un muchacho bien desarrollado para su edad, a sus compañeros de juego les resultaba extraño que tuviera aversión por defenderse incluso de las injusticias o cuando era sometido a abusos personales. A pesar de todo, no sufrió mucho por culpa de esta tendencia gracias a la amistad de Jacobo, el muchacho vecino, que era un año mayor. Se trataba del hijo del albañil asociado con José en los negocios. Jacobo admiraba mucho a Jesús y se encargaba de estar pendiente para que nadie se le impusiera, aprovechándose de su aversión por las peleas físicas. Varias veces atacaron a Jesús unos jóvenes mayores y violentos, contando con su notoria docilidad, pero siempre recibieron un castigo rápido y seguro de manos de Jacobo, el hijo del albañil, su campeón voluntario y defensor siempre dispuesto.
1369:1 124:2.5 Jesús era el jefe comúnmente aceptado por los muchachos de Nazaret que tenían los ideales más elevados de su tiempo y de su generación. Sus jóvenes amigos lo amaban realmente, no sólo porque era justo, sino también porque poseía una simpatía rara y comprensiva que revelaba el amor y se acercaba a la compasión discreta.
1369:2 124:2.6 Este año empezó a mostrar una marcada preferencia por la compañía de las personas mayores. Le encantaba hablar de temas culturales, educativos, sociales, económicos, políticos y religiosos con pensadores de más edad; la profundidad de sus razonamientos y la fineza de sus observaciones gustaban tanto a sus amigos adultos que siempre estaban más que dispuestos para conversar con él. Hasta que tuvo que hacerse cargo de mantener a la familia, sus padres trataron constantemente de inducirlo a que se asociara con los chicos de su misma edad, o más cercanos a ella, en lugar de personas mayores mejor informadas, por quienes mostraba tanta preferencia.
1369:3 124:2.7 A finales de este año tuvo con su tío una experiencia de dos meses de pesca en el Mar de Galilea, y se le dio muy bien. Antes de llegar a la edad adulta, se había convertido en un experto pescador.
1369:4 124:2.8 Su desarrollo físico continuaba; en la escuela era un alumno avanzado y privilegiado; en el hogar se llevaba francamente bien con sus hermanos y hermanas más jóvenes, contando con la ventaja de tener más de tres años y medio que el mayor de los otros niños. En Nazaret tenían una buena opinión de él, a excepción de los padres de algunos de los niños más torpes, que a menudo calificaban a Jesús de demasiado engreído, de que carecía de la humildad y de la reserva propias de la juventud. Manifestaba una tendencia creciente a orientar las actividades recreativas de sus jóvenes amigos hacia terrenos más serios y reflexivos. Era un instructor nato y sencillamente no podía dejar de actuar como tal, incluso cuando se suponía que estaba jugando.
1369:5 124:2.9 José empezó muy pronto a enseñar a Jesús las diversas maneras de ganarse la vida, explicándole las ventajas de la agricultura sobre la industria y el comercio. Galilea era una comarca más hermosa y próspera que Judea, y vivir allí apenas costaba la cuarta parte de lo que costaba en Jerusalén y Judea. Era una provincia de pueblos agrícolas y de ciudades industriales florecientes, con más de doscientas ciudades por encima de los cinco mil habitantes y treinta con más de quince mil.
1369:6 124:2.10 Durante su primer viaje con su padre para observar la industria pesquera en el lago de Galilea, Jesús casi había decidido hacerse pescador; pero la estrecha relación con el oficio de su padre le impulsó más adelante a hacerse carpintero, mientras que más tarde aún, una combinación de influencias le llevó a escoger definitivamente la carrera de educador religioso de un orden nuevo.
ESCRITO 124
LOS ÚLTIMOS AÑOS DE LA INFANCIA DE JESÚS
3. EL UNDÉCIMO AÑO (AÑO 5 d. de J.C.)
1369:7 124:3.1 Durante todo este año, el muchacho continuó haciendo viajes con su padre fuera del hogar, pero también visitaba con frecuencia la granja de su tío, y en ocasiones iba a Magdala para pescar con el tío que se había instalado cerca de aquella ciudad.
1369:8 124:3.2 José y María a veces estuvieron tentados de mostrar algún tipo de favoritismo especial por Jesús, o de revelar de alguna otra manera su conocimiento de que era un niño de la promesa, un hijo del destino. Pero sus padres eran, los dos, extraordinariamente sabios y sagaces en todos estos asuntos. Las pocas veces que mostraron de alguna manera una preferencia cualquiera por él, incluso en el más ínfimo grado, el muchacho rechazó de inmediato toda consideración especial.
1370:1 124:3.3 Jesús pasaba bastante tiempo en la tienda de abastecimiento de las caravanas; como conversaba con los viajeros de todas las partes del mundo, adquirió una cantidad de información sobre los asuntos internacionales sorprendente para su edad. Éste fue el último año en que pudo disfrutar mucho de los juegos y de la alegría juvenil; a partir de este momento, las dificultades y las responsabilidades se multiplicaron rápidamente en la vida de este joven.
1370:2 124:3.4 Judá nació al anochecer del miércoles 24 de junio del año 5 d. de J.C. El alumbramiento de este séptimo hijo estuvo acompañado de complicaciones. María estuvo tan enferma durante varias semanas que José se quedó en la casa. Jesús estuvo muy ocupado haciendo recados para su padre y realizando múltiples tareas ocasionadas por la grave enfermedad de su madre. A este joven no le fue posible nunca más volver al comportamiento infantil de sus primeros años. A partir de la enfermedad de su madre —poco antes de cumplir los once años— se vio obligado a asumir las responsabilidades de hijo mayor, y a hacer todo esto uno o dos años antes de la fecha en que esta carga hubiera recaído normalmente sobre sus hombros.
1370:3 124:3.5 El chazán pasaba una tarde por semana con Jesús ayudándole a estudiar en profundidad las escrituras hebreas. Le interesaba mucho el progreso de su prometedor alumno, y por eso estaba dispuesto a ayudarlo de muchas maneras. Este pedagogo judío ejerció una gran influencia sobre esta mente en crecimiento, pero nunca pudo comprender por qué Jesús era tan indiferente a todas sus sugerencias sobre la perspectiva de ir a Jerusalén para continuar su educación con los rabinos eruditos.
1370:4 124:3.6 Hacia mediados de mayo, el joven acompañó a su padre en un viaje de negocios a Escitópolis, la principal ciudad griega de la Decápolis, la antigua ciudad hebrea de Bet-seán. Por el camino, José le contó muchas cosas de la antigua historia del rey Saúl, los filisteos y los acontecimientos posteriores de la turbulenta historia de Israel. Jesús se quedó enormemente impresionado por la limpieza y el orden que reinaban en esta ciudad llamada pagana. Se maravilló del teatro al aire libre y admiró el hermoso templo de mármol consagrado a la adoración de los dioses “paganos”. A José le inquietó mucho el entusiasmo del joven y trató de contrarrestar estas impresiones favorables alabando la belleza y la grandeza del templo judío de Jerusalén. Desde la colina de Nazaret, Jesús había contemplado a menudo con curiosidad esta magnífica ciudad griega, y había preguntado muchas veces por sus amplias obras públicas y sus edificios adornados, pero su padre siempre había tratado de eludir estas preguntas. Ahora se encontraban cara a cara con las bellezas de esta ciudad gentil, y José ya no podía fingir que ignoraba las preguntas de Jesús.
1370:5 124:3.7 Se dio la circunstancia de que precisamente en aquel momento se estaban celebrando, en el anfiteatro de Escitópolis, los juegos competitivos anuales y las demostraciones públicas de proezas físicas entre las ciudades griegas de la Decápolis. Jesús insistió para que su padre lo llevara a ver los juegos, e insistió tanto que José no se atrevió a negárselo. El joven estaba entusiasmado con los juegos y entró de todo corazón en el espíritu de aquellas demostraciones de desarrollo físico y de habilidad atlética. José se escandalizó indeciblemente al observar el entusiasmo de su hijo mientras contemplaba aquellas exhibiciones de vanagloria “pagana”. Después de terminar los juegos, José recibió la mayor sorpresa de su vida cuando oyó a Jesús expresar su aprobación y sugerir que sería bueno que los jóvenes de Nazaret pudieran beneficiarse así de unas sanas actividades físicas al aire libre. José tuvo una larga y seria conversación con Jesús respecto a la naturaleza perversa de tales prácticas, pero supo muy bien que el joven no estaba convencido.
1371:1 124:3.8 La única vez que Jesús vio a su padre enfadado con él fue aquella noche en su habitación de la posada cuando, en el transcurso de su discusión, el chico olvidó los principios del pensamiento judío hasta el punto de sugerir que volvieran a casa y trabajaran a favor de la construcción de un anfiteatro en Nazaret. Cuando José escuchó a su primogénito expresar unos sentimientos tan poco judíos, perdió su calma habitual y, cogiéndolo por los hombros, exclamó encolerizado: “Hijo mío, que no te oiga nunca más expresar un pensamiento tan perverso en toda tu vida”. Jesús se quedó sobrecogido ante la manifestación emocional de su padre; nunca había sentido anteriormente el impacto personal de la indignación de su padre, y se quedó pasmado y conmocionado de manera indecible. Se limitó a contestar: “Muy bien, padre, así lo haré”. Y mientras vivió su padre, el muchacho no hizo nunca más la más pequeña alusión a los juegos y a las otras actividades atléticas de los griegos.
1371:2 124:3.9 Más tarde, Jesús vio el anfiteatro griego en Jerusalén y comprendió cuán odiosas eran estas cosas desde el punto de vista judío. Sin embargo, durante toda su vida se esforzó por introducir la idea de un esparcimiento sano en sus planes personales y, en la medida en que lo permitían las costumbres judías, también en el programa posterior de las actividades regulares de sus doce apóstoles.
1371:3 124:3.10 Al final de este undécimo año, Jesús era un joven vigoroso, bien desarrollado, con un moderado sentido del humor, y bastante alegre, pero a partir de este año empezó a pasar cada vez con más frecuencia por períodos peculiares de profunda meditación y de seria contemplación. Se dedicaba mucho a meditar sobre la manera en que iba a cumplir con sus obligaciones familiares y obedecer al mismo tiempo la llamada de su misión para con el mundo; ya había
comprendido que su ministerio no debía limitarse a mejorar al pueblo judío.
ESCRITO 124
LOS ÚLTIMOS AÑOS DE LA INFANCIA DE JESÚS
4. EL DUODÉCIMO AÑO (AÑO 6 d. de J.C.)
1371:4 124:4.1 Éste fue un año memorable en la vida de Jesús. Continuó haciendo progresos en la escuela y nunca se cansaba de estudiar la naturaleza; al mismo tiempo, se dedicaba cada vez más a estudiar los métodos que la gente utilizaba para ganarse la vida. Empezó a trabajar regularmente en el taller familiar de carpintería y se le autorizó para que gestionara su propio salario, un arreglo bastante excepcional en una familia judía. Este año aprendió también la conveniencia de guardar en familia el secreto de estas cosas. Se iba haciendo consciente de la manera en que había causado perturbación en el pueblo, y en adelante se volvió cada vez más discreto, ocultando todo lo que contribuyera a mostrarlo como diferente a sus compañeros.
1371:5 124:4.2 Durante todo este año experimentó numerosos períodos de incertidumbre, si no de verdadera duda, en cuanto a la naturaleza de su misión. Su mente humana, que se desarrollaba de manera natural, aún no captaba por completo la realidad de su doble naturaleza. El hecho de tener una sola personalidad hacía difícil que su conciencia reconociera el origen doble de los factores que componían la naturaleza asociada con esta misma personalidad.
1371:6 124:4.3 A partir de este momento logró entenderse mejor con sus hermanos y hermanas. Tenía cada vez más tacto, se mostraba siempre compasivo y considerado por su bienestar y felicidad, y mantuvo buenas relaciones con ellos hasta el principio de su ministerio público. Para ser más explícito, se llevó muy bien con Santiago, Miriam y los dos niños más pequeños, Amós y Rut (que aún no habían nacido). Siempre se llevó bastante bien con Marta. Los disgustos que tuvo en el hogar surgieron principalmente de las fricciones con José y Judá, en particular con éste último.
1372:1 124:4.4 Para José y María fue una experiencia difícil encargarse de criar a un ser que reunía esta combinación sin precedentes de divinidad y de humanidad; merecen admiración por haber cumplido con tanta fidelidad y con tanto éxito sus deberes paternos. Los padres de Jesús comprendieron cada vez más que había algo sobrehumano en su hijo mayor, pero jamás pudieron soñar ni siquiera un instante que este hijo de la promesa fuera en verdad el creador efectivo de este universo local de cosas y de seres. José y María vivieron y murieron sin enterarse nunca de que su hijo Jesús era realmente el Creador del Universo, encarnado en la carne mortal.
1372:2 124:4.5 Este año, Jesús se interesó más que nunca por la música, y continuó enseñando a sus hermanos y hermanas en el hogar. Aproximadamente por esta época, el muchacho se volvió intensamente consciente de la diferencia de puntos de vista entre José y María respecto a la naturaleza de su misión. Meditó mucho sobre la diferencia de opinión de sus padres, y a menudo escuchó sus discusiones cuando ellos creían que estaba profundamente dormido. Se inclinaba cada vez más por el punto de vista de su padre, de manera que su madre estaba destinada a sentirse herida al darse cuenta de que su hijo rechazaba poco a poco sus directrices en las cuestiones relacionadas con la carrera de su vida. A medida que pasaban los años, esta brecha de incomprensión fue incrementándose. María comprendía cada vez menos el significado de la misión de Jesús, y esta madre buena se sintió cada vez más herida porque su hijo favorito no llevaba a cabo sus esperanzas más acariciadas.
1372:3 124:4.6 José creía cada vez más en la naturaleza espiritual de la misión de Jesús; y si no fuera por otras razones más importantes, de hecho es una pena que no viviera lo suficiente como para ver realizarse su concepto de la donación de Jesús en la tierra.
1372:4 124:4.7 Durante su último año en la escuela, cuando tenía doce años, Jesús manifestó a su padre su protesta por la costumbre hebrea de tocar el trozo de pergamino clavado en el marco de la puerta, cada vez que entraban o salían de la casa, y besar después el dedo que lo había tocado. Como parte de este rito, era costumbre decir: “El Señor protegerá nuestra entrada y nuestra salida, de ahora en adelante y para siempre.” José y María habían enseñado repetidas veces a Jesús las razones por las cuales estaba prohibido hacer retratos o dibujar cuadros, explicando que estas creaciones se podían utilizar con fines idólatras. Aunque Jesús no llegaba a comprender por completo la prohibición de hacer retratos y dibujos, poseía una lógica superior, y por eso señaló a su padre la naturaleza esencialmente idólatra de esta reverencia habitual al pergamino de la puerta. Después de estas objeciones de Jesús, José retiró el pergamino.
1372:5 124:4.8 Con el paso del tiempo, Jesús contribuyó mucho a modificar las prácticas religiosas de los suyos, tales como las oraciones familiares y otras costumbres. Muchas de estas cosas se podían hacer en Nazaret porque su sinagoga estaba bajo la influencia de una escuela liberal de rabinos, representada por José, el famoso maestro de Nazaret.
1372:6 124:4.9 Durante este año y los dos siguientes, Jesús sufrió una gran aflicción mental como resultado de sus constantes esfuerzos por conciliar sus opiniones personales sobre las prácticas religiosas y las diversiones sociales, con las creencias enraizadas de sus padres. Estaba angustiado por el conflicto entre la necesidad de ser fiel a sus propias convicciones, y la exhortación de su conciencia a someterse obedientemente a sus padres; su conflicto supremo se encontraba entre dos grandes mandamientos que predominaban en su mente juvenil. El primero era: “Sé fiel a los dictámenes de tus convicciones más elevadas de la verdad y de la rectitud.” El otro era: “Honra a tu padre y a tu madre, porque ellos te han dado la vida y la nutrición de la vida”. Sin embargo, nunca eludió la responsabilidad de hacer cada día los ajustes necesarios entre la lealtad a sus convicciones personales y el deber hacia su familia. Consiguió la satisfacción de fundir cada vez más armoniosamente sus convicciones personales con las obligaciones familiares, en un concepto magistral de solidaridad colectiva basada en la lealtad, la justicia, la tolerancia y el amor.
ESCRITO 124
LOS ÚLTIMOS AÑOS DE LA INFANCIA DE JESÚS
5. SU DECIMOTERCER AÑO (AÑO 7 d. de J.C.)
1373:1 124:5.1 En este año, el muchacho de Nazaret pasó de la infancia a la adolescencia; su voz empezó a cambiar, y otros rasgos de la mente y del cuerpo revelaron la llegada de la virilidad.
1373:2 124:5.2 Su hermanito Amós nació la noche del domingo 9 de enero del año 7 d. de J.C. Judá no tenía todavía dos años, y su hermanita Rut aún no había nacido. Se puede ver pues que Jesús tenía una numerosa familia de niños pequeños que se quedó a su cuidado cuando su padre encontró la muerte al año siguiente en un accidente.
1373:3 124:5.3 Hacia mediados de febrero, Jesús adquirió humanamente la seguridad de que estaba destinado a efectuar una misión en la tierra para iluminar al hombre y revelar a Dios. En la mente de este joven se estaban formando importantes decisiones, junto con planes de gran envergadura, mientras que su apariencia exterior era la de un muchacho judío corriente de Nazaret. La vida inteligente de todo Nebadon observaba con fascinación y asombro cómo todo ésto empezaba a desarrollarse en el pensamiento y en los actos del hijo, ahora adolescente, del carpintero.
1373:4 124:5.4 El primer día de la semana, el 20 de marzo del año 7, Jesús se graduó en los cursos de enseñanza de la escuela local asociada con la sinagoga de Nazaret. Era un gran día en la vida de cualquier familia judía ambiciosa, el día en que el hijo primogénito era nombrado “hijo del mandamiento” y el primogénito rescatado del Señor Dios de Israel, un “hijo del Altísimo” y servidor del Señor de toda la tierra.
1373:5 124:5.5 El viernes de la semana anterior, José había regresado de Séforis, donde estaba encargado de construir un nuevo edificio público, para estar presente en esta feliz ocasión. El profesor de Jesús creía firmemente que su alumno alerta y aplicado estaba destinado a alguna carrera eminente, a alguna misión importante. Los ancianos, a pesar de todos sus disgustos con las tendencias no conformistas de Jesús, estaban muy orgullosos del muchacho y ya habían empezado a hacer planes para que pudiera ir a Jerusalén a continuar su educación en las famosas academias hebreas.
1373:6 124:5.6 A medida que Jesús oía de vez en cuando discutir estos planes, estaba cada vez más seguro de que nunca iría a Jerusalén para estudiar con los rabinos. Sin embargo, poco podía imaginar la tragedia tan próxima que aseguraría el abandono de todos estos proyectos, obligándole a asumir la responsabilidad de mantener y dirigir una familia numerosa que pronto iba a estar compuesta de cinco hermanos y tres hermanas, además de su madre y él mismo. Al tener que criar esta familia, Jesús pasó por una experiencia más extensa y prolongada que la que tuvo José, su padre; y se mantuvo a la altura del modelo que más tarde estableció para sí mismo: ser un educador y hermano mayor sabio, paciente, comprensivo y eficaz para esta familia —su familia—, tan repentinamente afligida por el dolor y tan inesperadamente acongojada.
LOS ÚLTIMOS AÑOS DE LA INFANCIA DE JESÚS
6. EL VIAJE A JERUSALÉN
1374:1 124:6.1 Como Jesús había llegado ahora al umbral de la vida adulta y se había graduado oficialmente en las escuelas de la sinagoga, reunía las condiciones necesarias para ir a Jerusalén con sus padres y participar con ellos en la celebración de su primera Pascua. La fiesta de la Pascua de este año caía el sábado 9 de abril del año 7. Un grupo numeroso (103 personas) se preparó para salir de Nazaret hacia Jerusalén el lunes 4 de abril por la mañana temprano. Viajaron hacia el sur en dirección a Samaria, pero al llegar a Jezreel se desviaron hacia el este, rodeando el Monte Gilboa por el valle del Jordán para evitar tener que cruzar Samaria. A José y a su familia les hubiera gustado atravesar Samaria por la ruta del pozo de Jacob y de Betel,
pero como los judíos no querían mezclarse con los samaritanos, decidieron continuar con sus vecinos por el valle del Jordán.
1374:2 124:6.2 El temible Arquelao había sido depuesto, y existía poco peligro en llevar a Jesús a Jerusalén. Habían pasado doce años desde que el primer Herodes había tratado de destruir al niño de Belén, y nadie pensaría ahora en asociar aquel asunto con este muchacho desconocido de Nazaret. 1374:3 124:6.3 Antes de llegar al cruce de Jezreel, prosiguiendo su viaje, muy pronto dejaron a la izquierda el antiguo pueblo de Sunem, y Jesús escuchó de nuevo la historia de la doncella más hermosa de todo Israel que vivió allí en otro tiempo, y también las obras maravillosas que Eliseo había realizado en aquel lugar. Al pasar por Jezreel, los padres de Jesús contaron las acciones de Acab y Jezabel y las hazañas de Jehú. Al pasar cerca del Monte Gilboa, hablaron mucho de Saúl que se suicidó en las vertientes de esta montaña, del rey David, y de los acontecimientos asociados con este lugar histórico.
1374:4 124:6.4 Al rodear la base del Gilboa, los peregrinos podían ver a la derecha la ciudad griega de Escitópolis. Admiraron desde lejos los edificios de mármol, pero no se acercaron a la ciudad gentil por temor a profanarse, lo que les impediría participar en las ceremonias solemnes y sagradas de la Pascua en Jerusalén. María no comprendía por qué ni José ni Jesús querían hablar de Escitópolis. No sabía nada de su controversia del año anterior, porque nunca le habían contado el incidente.
1374:5 124:6.5 Ahora la carretera descendía rápidamente hacia el valle tropical del Jordán, y Jesús pudo pronto contemplar admirado el serpenteante y tortuoso río Jordán, con sus aguas resplandecientes y ondulantes fluyendo hacia el Mar Muerto. Se quitaron los abrigos mientras viajaban hacia el sur por este valle tropical, disfrutando de los fértiles campos de cereales y de las hermosas adelfas cargadas de flores rosadas, mientras que hacia el norte el macizo del Monte Hermón cubierto de nieve se perfilaba a lo lejos, dominando majestuosamente el histórico valle. Poco más de tres horas después de haber pasado Escitópolis, llegaron a una fuente burbujeante y acamparon allí durante la noche bajo el cielo estrellado.
1374:6 124:6.6 En su segundo día de viaje pasaron por el lugar donde el Jaboc, procedente del este, desemboca en el Jordán; al contemplar este valle hacia el este, recordaron los tiempos de Gedeón, cuando los medianitas se extendieron por esta región para invadir el país. Hacia el final del segundo día de viaje, acamparon cerca de la base de la montaña más alta que domina el valle del Jordán, el Monte Sartaba, cuya cima estaba ocupada por la fortaleza alejandrina donde Herodes había encarcelado a una de sus esposas y enterrado a sus dos hijos estrangulados.
1375:1 124:6.7 Al tercer día pasaron por dos pueblos que habían sido construidos recientemente por Herodes y observaron su magnífica arquitectura y sus hermosos jardines de palmeras. Al anochecer llegaron a Jericó, donde permanecieron hasta el día siguiente. Aquella noche, José, María y Jesús caminaron unos dos kilómetros y medio hasta el emplazamiento del antiguo Jericó, donde según la tradición judía, Josué, de quien Jesús había tomado el nombre, había realizado sus famosas hazañas.
1375:2 124:6.8 Durante el cuarto y último día de viaje, la carretera era una procesión continua de peregrinos. Ahora empezaron a subir las colinas que conducían a Jerusalén. Al acercarse a la cumbre, pudieron ver las montañas al otro lado del Jordán, y hacia el sur, las aguas perezosas del Mar Muerto. Aproximadamente a mitad de camino de Jerusalén, Jesús vio por primera vez el Monte de los Olivos (la región que jugaría un papel tan importante en su vida futura). José le indicó que la Ciudad Santa estaba situada justo detrás de aquellas lomas, y el corazón del muchacho se aceleró ante la feliz expectativa de contemplar pronto la ciudad y la casa de su Padre celestial.
1375:3 124:6.9 Se detuvieron para descansar en las pendientes orientales del Olivete, junto a un pueblecito llamado Betania. Los lugareños hospitalarios salieron enseguida para atender a los peregrinos, y dio la casualidad de que José y su familia se habían detenido cerca de la casa de un tal Simón, que tenía tres hijos casi de la misma edad que Jesús —María, Marta y Lázaro. Éstos invitaron a la familia de Nazaret a que entraran a descansar, y entre las dos familias nació una amistad que duró toda la vida. Más adelante, en el transcurso de su vida llena de acontecimientos, Jesús se detuvo muchas veces en esta casa.
1375:4 124:6.10 Se apresuraron en continuar su camino, y pronto llegaron al borde del Olivete; Jesús vio por primera vez (en su memoria) la Ciudad Santa, los palacios pretenciosos y el templo inspirador de su Padre. Jesús no experimentó nunca más en su vida un estremecimiento puramente humano comparable al que le embargó por completo esta tarde de abril, en el Monte de los Olivos, mientras estaba allí de pie bebiendo con su primera mirada a Jerusalén. Unos años más tarde estuvo en este mismo lugar, y lloró por la ciudad que estaba a punto de rechazar a otro profeta, al último y al más grande de sus educadores celestiales.
1375:5 124:6.11 Se dieron prisa por llegar a Jerusalén. Ahora era jueves por la tarde. Al llegar a la ciudad pasaron por delante del templo, y Jesús no había visto nunca una multitud así de seres humanos. Meditó profundamente sobre cómo estos judíos se habían reunido aquí desde los lugares más distantes del mundo conocido.
1375:6 124:6.12 Poco después llegaron al lugar previsto donde se alojarían durante la semana pascual, la amplia casa de un pariente rico de María, que sabía por Zacarías algo de la historia anterior de Juan y de Jesús. Al día siguiente, el día de la preparación, se dispusieron a celebrar convenientemente el sábado de la Pascua.
1375:7 124:6.13 Aunque todo Jerusalén estaba ocupado con las preparaciones de la Pascua, José encontró tiempo para llevar a su hijo a visitar la academia donde se había convenido que proseguiría su educación dos años más tarde, en cuanto cumpliera la edad requerida de quince años. José estaba realmente perplejo al observar el poco interés de Jesús por todos estos planes cuidadosamente elaborados.
1375:8 124:6.14 Jesús estaba profundamente impresionado por el templo y todos sus servicios y demás actividades asociadas. Por primera vez desde la edad de cuatro años, estaba demasiado preocupado por sus propias meditaciones como para hacer muchas preguntas. Sin embargo, hizo varias preguntas embarazosas a su padre (como ya había hecho en otras ocasiones) sobre por qué razón el Padre celestial exigía la carnicería de tantos animales inocentes e indefensos. Por la expresión del rostro del muchacho, su padre sabía bien que sus respuestas y sus tentativas de explicación no eran satisfactorias para la profundidad de pensamiento y la viveza de razonamiento de su hijo.
1376:1 124:6.15 El día anterior al sábado de la Pascua, una oleada de iluminación espiritual atravesó la mente mortal de Jesús e inundó su corazón humano de piedad afectuosa por las multitudes espiritualmente ciegas y moralmente ignorantes, reunidas para celebrar la antigua conmemoración de la Pascua. Éste fue uno de los días más extraordinarios que el Hijo de Dios vivió en la carne; y durante la noche, por primera vez en su carrera terrestre, un mensajero especial de Salvington, enviado por Manuel, apareció ante él y le dijo: “Ha llegado la hora. Ya es tiempo de que empieces a ocuparte de los asuntos de tu Padre.”
1376:2 124:6.16 Y así, incluso antes de que las pesadas responsabilidades de la familia de Nazaret recayeran sobre sus hombros juveniles, llegaba el mensajero celestial para recordar a este muchacho menor de trece años que había llegado la hora de reasumir las responsabilidades de un universo. Éste fue el primer acto de una larga serie de acontecimientos que culminaron finalmente en la terminación de la donación del Hijo en Urantia y en la restitución del “gobierno de un universo sobre sus hombros humano-divinos”.
1376:3 124:6.17 A medida que pasaba el tiempo, el misterio de la encarnación se volvía cada vez más insondable para todos nosotros. Apenas podíamos comprender que este muchacho de Nazaret fuera el creador de todo Nebadon. Y tampoco entendemos en la actualidad cómo están asociados el espíritu de este mismo Hijo Creador y el espíritu de su Padre Paradisiaco con las almas de la humanidad. Con el paso del tiempo, podíamos observar que su mente humana discernía cada vez mejor que, mientras estaba viviendo su vida en la carne, la responsabilidad de un universo reposaba en espíritu sobre sus hombros.
1376:4 124:6.18 Así termina la carrera del muchacho de Nazaret y comienza el relato del joven adolescente —el hombre divino cada vez más consciente de sí mismo— que empieza ahora a considerar su carrera en el mundo, mientras se esfuerza por integrar su proyecto de vida en desarrollo con los deseos de sus padres y las obligaciones hacia su familia y la sociedad de su tiempo.
JESÚS EN JERUSALÉN. De toda la extraordinaria carrera terrestre de Jesús, ningún acontecimiento fue más atractivo, más humanamente conmovedor, que esta visita a Jerusalén, la primera que recordaba. La experiencia de asistir solo a las discusiones del templo le resultó particularmente estimulante, y se grabó durante mucho tiempo en su memoria como el acontecimiento más importante del final de su infancia y del principio de su juventud. Ésta fue la primera oportunidad que tuvo de disfrutar de unos pocos días de vida independiente, de la alegría de ir y de venir sin sujeción ni restricciones. Este breve período viviendo a su aire, durante la semana siguiente a la Pascua, fue el primero totalmente libre de obligaciones que había disfrutado nunca. Pasaron muchos años antes de que volviera a disponer, aunque fuera por poco tiempo, de un período semejante libre de todo sentido de la responsabilidad.
Las mujeres asistían rara vez a la fiesta de la Pascua en Jerusalén, porque no se requería su presencia. Sin embargo, Jesús se negó prácticamente a partir a menos que su madre los acompañara. Cuando ella se decidió a ir, muchas mujeres de Nazaret se sintieron motivadas para hacer el viaje, de manera que la expedición pascual contenía, en proporción con los hombres, el mayor número de mujeres que había salido nunca de Nazaret para la Pascua. En el camino de Jerusalén, los viajeros cantaron de vez en cuando el Salmo ciento treinta.
Desde el momento en que salieron de Nazaret hasta que llegaron a la cima del Monte de los Olivos, Jesús experimentó todo el tiempo la tensión de la expectativa. Durante toda su alegre infancia, había oído hablar con respeto de Jerusalén y de su templo; ahora iba pronto a contemplarlos en la realidad. Visto desde el Monte de los Olivos, y al observarlo más de cerca desde el exterior, el templo había colmado con creces lo que Jesús esperaba; pero una vez que traspasó las puertas sagradas, la gran desilusión empezó.
En compañía de sus padres, Jesús atravesó los recintos del templo para reunirse con el grupo de los nuevos hijos de la ley que estaban a punto de ser consagrados como ciudadanos de Israel. Se sintió un poco decepcionado por el comportamiento general de la gente en el templo, pero la primera gran conmoción del día se produjo cuando su madre los dejó para dirigirse a la galería de las mujeres. A Jesús nunca se le había ocurrido que su madre no lo acompañaría a las ceremonias de la consagración, y estaba completamente indignado por que ella tuviera que soportar una discriminación tan injusta. Estaba enormemente enfadado por esto, pero aparte de unas palabras de protesta a su padre, no dijo nada. Sin embargo reflexionó, y reflexionó profundamente, como lo demostraron sus preguntas a los escribas y educadores una semana después.
Participó en los rituales de la consagración, pero le decepcionó su naturaleza superficial y rutinaria. Echaba de menos aquel interés personal que caracterizaba a las ceremonias de la sinagoga de Nazaret. A continuación regresó para saludar a su madre, y se preparó para acompañar a su padre en su primer recorrido por el templo y sus patios, galerías y corredores diversos. Los recintos del templo podían contener más de doscientos mil creyentes a la vez, y aunque la enormidad de estos edificios en comparación con otros que hubiera visto antes le causó una gran impresión, estaba más interesado en meditar sobre el significado espiritual de las ceremonias del templo y del culto asociado a las mismas.
Aunque muchos rituales del templo impresionaron vivamente su sentido de la belleza y de lo simbólico, continuaban decepcionándole las explicaciones que sus padres le ofrecían sobre el significado real de estas ceremonias, en respuesta a sus múltiples preguntas penetrantes. Jesús simplemente no podía aceptar unas explicaciones sobre el culto y la devoción religiosa, basadas en la creencia en la ira de Dios o en la cólera del Todopoderoso. Después de terminar la visita del templo, continuaron discutiendo estas cuestiones y su padre le insistía suavemente para que aceptara las creencias ortodoxas judías; Jesús se volvió repentinamente hacia sus padres y, mirando a los ojos de su padre de manera suplicante, le dijo: “Padre, no puede ser verdad el Padre que está en los cielos no puede mirar de ese modo a sus hijos desviados de la tierra. El Padre celestial no puede amar a sus hijos menos de lo que tú me amas. Por muy imprudentes que sean mis actos, sé muy bien que nunca derramarías tu ira sobre mi, ni descargarías tu cólera contra mi. Si tú, mi padre terrenal, posees esos reflejos humanos de lo Divino, cuánto más el Padre celestial deberá estar lleno de bondad y rebosante de misericordia. Me niego a creer que mi Padre celestial me ame menos que mi padre terrenal.”
Cuando José y María oyeron estas palabras de su hijo primogénito, se quedaron en silencio. Nunca más trataron de cambiar sus ideas sobre el amor de Dios y la misericordia del Padre que está en los cielos.
JESÚS VISITA EL TEMPLO. A Jesús le disgustó y le repugnó el espíritu de irreverencia que observó en todos los patios del templo que recorrió. Estimaba que la conducta de las multitudes en el templo no era consecuente con el hecho de estar presentes en “la casa de su Padre”. Pero recibió el mayor golpe de su joven vida cuando su padre lo acompañó al patio de los gentiles, donde la jerga ruidosa, las voces y las maldiciones se mezclaban indiscriminadamente con el balido de las ovejas y la cháchara ruidosa que revelaba la presencia de los cambistas y de los vendedores de animales para los sacrificios y otras mercancías diversas.
Pero por encima de todo, su sentido de lo adecuado se vio ultrajado al observar las frívolas cortesanas que se pavoneaban por este recinto del templo, iguales a las mujeres repintadas que había visto tan recientemente en una visita a Séforis. Esta profanación del templo suscitó toda su indignación juvenil y no titubeó en expresárselo claramente a José.
Jesús admiraba la atmósfera y el servicio del templo, pero le disgustaba la fealdad espiritual que observaba en el rostro de tantos adoradores irreflexivos.
A continuación descendieron al patio de los sacerdotes, bajo el borde rocoso delante del templo, donde estaba el altar, para observar la matanza de los rebaños de animales y las abluciones en la fuente de bronce para lavar la sangre de las manos de los sacerdotes que oficiaban la masacre. El pavimento manchado de sangre, las manos ensangrentadas de los sacerdotes y el gemido de los animales agonizantes sobrepasaron lo que podía soportar este muchacho amante de la naturaleza. El terrible espectáculo descompuso a este joven de Nazaret; se agarró al brazo de su padre y le rogó que lo sacara de allí. Regresaron atravesando el patio de los gentiles; incluso las risas groseras y las bromas profanas que escuchó allí fueron un alivio después de lo que acababa de presenciar.
José vio cuánto habían afectado a su hijo los ritos del templo y lo llevó sabiamente a ver “la hermosa puerta”, la puerta artística hecha con bronce corintio. Pero Jesús ya había visto bastante para esta primera visita al templo. Regresaron al patio superior en busca de María y caminaron durante una hora al aire libre, lejos del gentío, mirando el palacio Asmoneo, la residencia imponente de Herodes y la torre de los guardias romanos. Durante este paseo, José explicó a Jesús que sólo los vecinos de Jerusalén tenían permiso para asistir a los sacrificios diarios del templo, y que los habitantes de Galilea sólo venían al templo tres veces al año para participar en el culto: en la Pascua, en la fiesta de Pentecostés (siete semanas después de la Pascua) y en la fiesta de los tabernáculos en octubre. Estas fiestas habían sido establecidas por Moisés. Analizaron a continuación las dos últimas fiestas establecidas, la de la dedicación y la de Purim. Después regresaron a su alojamiento y se prepararon para celebrar la Pascua.
JESÚS Y LA PASCUA. Cinco familias de Nazaret habían sido invitadas por la familia de Simón de Betania, o se asociaron a ella, para celebrar la Pascua. Simón había comprado el cordero pascual para todo el grupo. La masacre de un número tan enorme de estos corderos es lo que había afectado tanto a Jesús en su visita al templo. Habían planeado comer la Pascua con los parientes de María, pero Jesús persuadió a sus padres para que aceptaran la invitación de ir a Betania. Aquella noche se reunieron para los ritos de la Pascua, comiendo la carne asada con el pan ázimo y las hierbas amargas. Como Jesús era un nuevo hijo de la alianza, se le pidió que relatara el origen de la Pascua, y lo hizo muy bien, pero desconcertó un poco a sus padres con la inclusión de numerosos comentarios que reflejaban moderadamente las impresiones que habían hecho en su mente joven, pero reflexiva, las cosas que había visto y oído tan recientemente. Éste fue el comienzo de los siete días de ceremonias de la fiesta pascual. Incluso en esta fecha temprana, y aunque no dijo nada a sus padres sobre este asunto, Jesús había empezado a darle vueltas en la cabeza a la idea de si sería adecuado celebrar la Pascua sin sacrificar el cordero. Estaba mentalmente seguro de que este espectáculo de la ofrenda de los sacrificios no complacía al Padre celestial y, con el paso de los años, estuvo cada vez más resuelto a establecer algún día la celebración de una Pascua sin derramamiento de sangre. Jesús durmió muy poco aquella noche. Su descanso se vio enormemente alterado por pesadillas de matanzas y sufrimientos. Tenía la mente aturdida y el corazón desgarrado por las inconsistencias y el carácter absurdo de la teología de todo el sistema ceremonial judío. Sus padres durmieron poco también. Estaban bastante desconcertados por los acontecimientos del día que acababa de terminar. Tenían el corazón completamente trastornado por la actitud del muchacho, que les parecía extraña y decidida. María estuvo nerviosamente agitada durante la primera parte de la noche, pero José permaneció tranquilo, aunque también estaba perplejo. Los dos temían hablar francamente con el joven de estos problemas, aunque Jesús hubiera conversado gustosamente con sus padres si se hubieran atrevido a estimularlo. Los oficios del día siguiente en el templo fueron más aceptables para Jesús y contribuyeron mucho a mitigar los recuerdos desagradables del día anterior. A la mañana siguiente, el joven Lázaro se hizo cargo de Jesús y empezaron a explorar sistemáticamente Jerusalén y sus alrededores. Antes de terminar el día, Jesús había descubierto los diversos lugares alrededor del templo donde se daban conferencias de enseñanza y respondían a las preguntas de los asistentes; aparte de algunas visitas al santo de los santos, donde se preguntaba maravillado qué había realmente detrás del velo de separación, la mayor parte del tiempo la pasó alrededor del templo en las conferencias de enseñanza. Durante toda la semana de la Pascua, Jesús ocupó su lugar entre los nuevos hijos del mandamiento; esto significaba que tenía que sentarse fuera de la barrera que separaba a todas las personas que no tenían la plena ciudadanía de Israel. Como se le recordaba de esta manera lo joven que era, se contuvo y no hizo todas las preguntas que se amontonaron en su mente; al menos se contuvo hasta que terminó la celebración de la Pascua y se levantaron las restricciones que se habían impuesto a los jóvenes recién consagrados. El miércoles de la semana de la Pascua, Jesús fue autorizado a ir a casa de Lázaro para pasar la noche en Betania. Aquella noche, Lázaro, Marta y María escucharon a Jesús disertar sobre las cosas temporales y eternas, humanas y divinas, y desde aquella noche los tres lo amaron como si hubiera sido su propio hermano. Al final de la semana, Jesús vio menos a Lázaro porque éste ni siquiera podía entrar en el círculo exterior de las discusiones del templo, aunque asistió a algunos discursos públicos que se pronunciaron en los patios exteriores. Lázaro tenía la misma edad que Jesús, pero en Jerusalén, los jóvenes eran admitidos raramente a la consagración de los hijos de la ley antes de que cumplieran los trece años de edad. Durante la semana de la Pascua, los padres de Jesús encontraron repetidas veces a su hijo sentado a solas y profundamente pensativo, con su joven cabeza entre las manos. Nunca lo habían visto comportarse de esta manera y estaban dolorosamente perplejos, sin saber hasta qué punto la confusión reinaba en su mente y la perturbación en su espíritu, a causa de la experiencia que estaba atravesando; no sabían qué hacer. Se alegraban de que terminara la semana de la Pascua y deseaban ver a su hijo, que actuaba de manera extraña, felizmente de regreso en Nazaret. Día tras día, Jesús volvía a pensar en todos sus problemas. Al final de la semana ya había efectuado muchos ajustes; pero cuando llegó la hora de regresar a Nazaret, su joven mente aún hervía de perplejidad y estaba acosada por un montón de preguntas sin respuestas y de problemas sin resolver. Antes de que José y María partieran de Jerusalén, tomaron las medidas oportunas, en compañía del maestro de Jesús en Nazaret, para que Jesús regresara a Jerusalén cuando cumpliera los quince años, a fin de empezar un largo ciclo de estudios en una de las academias rabínicas más famosas. Jesús acompañó a sus padres y a su profesor en sus visitas a la escuela, pero los tres se entristecieron al observar la indiferencia que aparentaba ante todo lo que hacían y decían. María estaba profundamente apenada por sus reacciones a la visita a Jerusalén, y José enormemente perplejo por los extraños comentarios y la conducta insólita del muchacho. Después de todo, la semana de la Pascua había sido un gran acontecimiento en la vida de Jesús. Había disfrutado de la oportunidad de conocer a decenas de muchachos de su misma edad, candidatos como él a la consagración, y utilizó estos contactos como medio para enterarse de cómo vivía la gente en Mesopotamia, Turquestán y Partia, así como en las provincias más occidentales de Roma. Ya conocía bastante bien cómo se desarrollaba la vida de los jóvenes de Egipto y de otras regiones cercanas a Palestina. En aquel momento había miles de jóvenes en Jerusalén, y el muchacho de Nazaret conoció personalmente y entrevistó de manera más o menos extensa a más de ciento cincuenta. Estaba particularmente interesado por los que venían de Extremo Oriente y de los países lejanos de Occidente. Como resultado de estos intercambios, el joven empezó a sentir el deseo de viajar por el mundo con objeto de aprender cómo trabajaban los diversos grupos de sus contemporáneos para ganarse la vida.
LA PARTIDA DE JOSÉ Y MARÍA 1381:1 125:3.1 El grupo de Nazaret había acordado reunirse cerca del templo, a media mañana del primer día de la semana después de terminar la fiesta pascual. Así lo hicieron y emprendieron su viaje de regreso a Nazaret. Jesús había entrado en el templo para escuchar los debates, mientras sus padres aguardaban la llegada de sus compañeros de viaje. La compañía se dispuso a partir enseguida, con los hombres formando un grupo y las mujeres en otro, como tenían la costumbre de hacer en sus viajes de ida y vuelta a las fiestas de Jerusalén. Jesús había venido a Jerusalén en compañía de su madre y de las mujeres. Pero ahora, como era un joven consagrado, se suponía que haría el viaje de vuelta a Nazaret con su padre y los hombres. Mientras el grupo de Nazaret partía hacia Betania, Jesús se había quedado en el templo completamente absorto en una discusión sobre los ángeles, totalmente inconsciente de que había pasado la hora de la partida de sus padres. No se dio cuenta de que se había quedado atrás hasta el mediodía, hora en que se suspendían las conferencias del templo.
1381:2 125:3.2 Los viajeros de Nazaret no se dieron cuenta de la ausencia de Jesús porque María suponía que viajaba con los hombres, mientras que José pensaba que iba con las mujeres, puesto que había ido a Jerusalén con las mujeres, conduciendo el asno de María. No descubrieron su ausencia hasta que llegaron a Jericó y se prepararon para pasar la noche. Después de preguntar a los rezagados del grupo que iban llegando a Jericó, y de haberse enterado que ninguno de ellos había visto a su hijo, pasaron la noche en blanco, haciendo conjeturas sobre qué podría haberle ocurrido, mencionando muchas de sus reacciones insólitas ante los acontecimientos de la semana pascual, y regañándose suavemente el uno al otro por no haberse asegurado de que estaba en el grupo antes de salir de Jerusalén.
EL PRIMER Y SEGUNDO DÍA EN EL TEMPLO 1381:3 125:4.1 Mientras tanto, Jesús había permanecido en el templo durante toda la tarde, escuchando las discusiones y disfrutando de un ambiente más tranquilo y decente, puesto que las grandes multitudes de la semana pascual casi habían desaparecido. Al concluir las discusiones de la tarde, en las cuales no participó, Jesús se dirigió a Betania, donde llegó en el preciso momento en que la familia de Simón se disponía a cenar. A los tres jóvenes les encantó acoger a Jesús, que pasó la noche en casa de Simón. Los vió muy poco durante la velada, pasando la mayor parte del tiempo meditando a solas en el jardín.
1381:4 125:4.2 Al día siguiente, Jesús se levantó temprano y se encaminó hacia el templo. Se detuvo en la cima del Olivete y lloró por el espectáculo que contemplaban sus ojos —el de un pueblo espiritualmente empobrecido, encadenado por las tradiciones y viviendo vigilado por las legiones romanas. Por la mañana temprano ya se encontraba en el templo, decidido a participar en los debates. Mientras tanto, José y María también se habían levantado al amanecer con la intención de desandar el camino hasta Jerusalén. Primero se dirigieron apresuradamente a la casa de sus parientes donde se habían alojado en familia durante la semana pascual, pero sus indagaciones revelaron que nadie había visto a Jesús. Después de buscarlo todo el día sin encontrar su rastro, regresaron a casa de sus parientes para pasar la noche.
1382:1 125:4.3 En la segunda conferencia, Jesús se había atrevido a hacer preguntas y participó en las discusiones del templo de una manera sorprendente, aunque siempre compatible con su juventud. A veces, sus preguntas incisivas ponían un poco en aprietos a los maestros eruditos de la
ley judía, pero mostraba tal espíritu de cándida honradez, unido a una sed evidente de aprender, que la mayoría de los maestros del templo estaban dispuestos a tratarle con consideración. Pero cuando se atrevió a poner en duda que fuera justo condenar a muerte a un gentil embriagado que se había extraviado fuera del patio de los gentiles, penetrando inadvertidamente en los recintos prohibidos supuestamente sagrados del templo, uno de los maestros más intolerantes se impacientó por las críticas implícitas del muchacho, lo miró con el ceño fruncido y le preguntó cuántos años tenía. Jesús replicó: “Me faltan poco más de cuatro meses para cumplir los trece años.” “Entonces”, añadió el maestro ahora encolerizado, “¿por qué estás aquí, si no tienes edad para ser un hijo de la ley?” Cuando Jesús explicó que había sido consagrado durante la Pascua y que era un estudiante graduado de las escuelas de Nazaret, los maestros replicaron al unísono, con aire burlón: “Deberíamos haberlo sabido; es de Nazaret.” Pero el presidente afirmó que Jesús no tenía la culpa de que los dirigentes de la sinagoga de Nazaret lo hubieran graduado formalmente a los doce años, en lugar de a los trece; aunque algunos de sus detractores se levantaron y se fueron, se decidió que el muchacho podía continuar tranquilamente como alumno en las discusiones del templo.
1382:2 125:4.4 Cuando terminó esta segunda jornada en el templo, Jesús fue otra vez a Betania para pasar la noche. Y salió de nuevo al jardín para meditar y orar. Era evidente que su mente estaba ocupada en la meditación de problemas importantes.
EL TERCER DÍA EN EL TEMPLO
1382:3 125:5.1 Durante el tercer día de Jesús en el templo con los escribas y maestros, se congregaron numerosos espectadores que habían oído hablar de este joven de Galilea, para disfrutar de la experiencia de ver a un muchacho confundir a los sabios de la ley. Simón también vino desde Betania para observar lo que hacía el muchacho. Durante toda la jornada, José y María continuaron buscando ansiosamente a Jesús e incluso entraron varias veces en el templo, pero nunca se les ocurrió escudriñar los diversos grupos de discusión, aunque en una ocasión se encontraron casi al alcance de su voz fascinante.
1382:4 125:5.2 Antes de terminar el día, toda la atención del principal grupo de debate del templo se había concentrado en las preguntas de Jesús. Entre sus muchas preguntas se encontraban éstas:
1382:5 125:5.3 1. ¿Qué hay realmente en el santo de los santos, detrás del velo?
1382:6 125:5.4 2. ¿Por qué las madres de Israel deben estar separadas de los creyentes varones en el templo?
1382:7 125:5.5 3. Si Dios es un padre que ama a sus hijos, ¿por qué toda esta carnicería de animales para obtener el favor divino? ¿Se ha interpretado erróneamente la enseñanza de Moisés?
1382:8 125:5.6 4. Puesto que el templo está consagrado al culto del Padre celestial, ¿no es incongruente tolerar la presencia de aquellos que se dedican al trueque y al comercio mundanos?
1382:9 125:5.7 5. ¿Será el Mesías esperado un príncipe temporal que ocupará el trono de David, o actuará como la luz de la vida en el establecimiento de un reino espiritual?
1383:1 125:5.8 A lo largo de todo el día, los espectadores se maravillaron con estas preguntas, pero ninguno estaba más asombrado que Simón. Durante más de cuatro horas, este joven de Nazaret acosó a aquellos maestros judíos con preguntas que daban que pensar y sondeaban el corazón. Hizo pocos comentarios a las observaciones de sus mayores. Trasmitía sus enseñanzas con las preguntas que hacía. Por medio del planteamiento hábil y sutil de sus preguntas, conseguía simultáneamente desafiar sus enseñanzas y sugerir las suyas propias. En su manera de preguntar combinaba con tal encanto la sagacidad y el humor, que se hacía amar incluso por aquellos que se indignaban más o menos por su juventud. Siempre era totalmente honrado y considerado cuando efectuaba estas preguntas penetrantes. Durante esta tarde memorable en el templo, mostró su reticencia característica, confirmada en todo su ministerio público posterior, a sacar ventaja desleal de un adversario. Como adolescente, y más tarde como hombre, parecía estar completamente libre de todo deseo egoísta de ganar una discusión simplemente por el placer de triunfar sobre sus compañeros por medio de la lógica. Una sola cosa le interesaba de manera suprema: proclamar la verdad eterna y efectuar así una revelación más completa del Dios eterno.
1383:2 125:5.8 Cuando terminó el día, Simón y Jesús regresaron a Betania. Durante la mayor parte del camino, el hombre y el niño guardaron silencio. Jesús se detuvo de nuevo en la cima del Olivete, pero al contemplar la ciudad y su templo no lloró; solamente inclinó la cabeza en un gesto de devoción silenciosa.
1383:3 125:5.10 Después de la cena en Betania, rehusó una vez más unirse a la alegre reunión; en lugar de eso, salió al jardín, donde permaneció hasta altas horas de la noche. Se esforzó inútilmente en elaborar un plan definido para abordar el problema de su misión en la vida, y para escoger la mejor manera de trabajar para revelar, a sus compatriotas espiritualmente ciegos, un concepto más hermoso del Padre celestial, y liberarlos así de su terrible esclavitud a la ley, a los ritos, a las ceremonias y a las tradiciones arcaicas. Pero la luz esclarecedora no se le presentó a este joven que buscaba la verdad.
JESÚS EN JERUSALÉN
6. EL CUARTO DÍA EN EL TEMPLO
1383:4 125:6.1 Jesús se había olvidado, extrañamente, de sus padres terrenales. Incluso en el desayuno, cuando la madre de Lázaro comentó que sus padres debían estar llegando ahora al hogar, Jesús no pareció darse cuenta de que estarían un poco preocupados porque él se había quedado atrás.
1383:5 125:6.2 De nuevo se dirigió hacia el templo, pero no se detuvo en la cima del Olivete para meditar. Durante las discusiones de la mañana, dedicaron mucho tiempo a la ley y a los profetas, y los maestros se asombraron de que Jesús conociera tan bien las escrituras, tanto en hebreo como en griego. Pero estaban más perplejos por su juventud que por su conocimiento de la verdad.
1383:6 125:6.3 En la conferencia de la tarde, apenas habían empezado a responder a su pregunta sobre la finalidad de la oración cuando el presidente invitó al muchacho a que se acercara, y una vez sentado a su lado, le pidió que expusiera su propio punto de vista respecto a la oración y la adoración.
1383:7 125:6.4 La noche anterior, los padres de Jesús habían oído hablar de un extraño joven que se batía muy hábilmente con los intérpretes de la ley, pero no se les había ocurrido que este muchacho pudiera ser su hijo. Casi habían decidido dirigirse a la casa de Zacarías, pues imaginaban que Jesús podría haber ido allí para ver a Isabel y a Juan. Pensando que Zacarías quizás estuviera en el templo, se detuvieron allí camino de la Ciudad de Judá. Mientras deambulaban por los patios del templo, imaginad su sorpresa y asombro cuando reconocieron la voz del muchacho extraviado, y lo vieron sentado entre los maestros del templo.
1384:1 125:6.5 José se quedó mudo, pero María dio rienda suelta a su temor y ansiedad largo tiempo reprimidos; se abalanzó hacia el joven, que ahora se había levantado para saludar a sus sorprendidos padres, y le dijo: “Hijo mío, ¿por qué nos has tratado así? Hace ya más de tres días que tu padre y yo te buscamos angustiados. ¿Qué te ha llevado a abandonarnos?” Fue un momento de tensión. Todas las miradas se volvieron hacia Jesús para ver qué iba a contestar. Su padre lo miraba con desaprobación pero no dijo nada.
1384:2 125:6.6 Hay que recordar que se suponía que Jesús era un hombre joven. Había terminado la escolaridad normal de un niño, había sido reconocido como hijo de la ley y había recibido la consagración como ciudadano de Israel. Sin embargo, su madre le regañaba duramente delante de todo el público reunido, precísamente en mitad del esfuerzo más serio y sublime de su joven vida, poniendo fin de manera poco gloriosa a una de las mayores oportunidades que jamás se le habían presentado de enseñar la verdad, predicar la rectitud y revelar el carácter amoroso de su Padre celestial.
1384:3 125:6.7 Pero el joven se mostró a la altura de las circunstancias. Si tenéis en cuenta con imparcialidad todos los factores que se combinaron para dar lugar a esta situación, estaréis mejor preparados para examinar la sabiduría de la respuesta del chico a la reprimenda inintencionada de Su madre. Después de reflexionar un momento, Jesús le dijo: “¿Por qué me habéis buscado durante tanto tiempo? ¿Acaso no esperábais encontrarme en la casa de mi Padre, puesto que ha llegado la hora de que me ocupe de los asuntos de mi Padre?”
1384:4 125:6.8 Todo el mundo se asombró de la manera de hablar del muchacho. Todos se alejaron en silencio y lo dejaron a solas con sus padres. El joven suavizó enseguida la embarazosa situación de los tres diciendo tranquilamente: “Vamos, padres míos, cada cual ha hecho lo que consideraba mejor. Nuestro Padre que está en los cielos ha ordenado estas cosas; regresemos a casa.”
1384:5 125:6.9 Partieron en silencio y por la noche llegaron a Jericó. Sólo se detuvieron una vez, en la cima del Olivete, donde el joven levantó su cayado hacia el cielo y, temblando de los pies a la cabeza con la agitación de una intensa emoción, dijo: “Oh Jerusalén, Jerusalén y sus habitantes, ¡cuán esclavizados estáis —sometidos al yugo romano y víctimas de vuestras propias tradiciones— pero volveré para purificar el templo y liberar a mi pueblo de esta esclavitud!”
1384:6 125:6.10 Durante los tres días de viaje hasta Nazaret, Jesús no dijo casi nada; sus padres tampoco hablaron mucho en su presencia. Estaban realmente desorientados por la conducta de su hijo primogénito, pero atesoraron sus palabras en su corazón, aunque no pudieran comprender plenamente su significado.
1384:7 125:6.11 Al llegar al hogar, Jesús hizo una breve declaración a sus padres, reiterándoles su afecto y dándoles a entender que no tenían que temer pues no volvería a ocasionarles nuevas ansiedades con su conducta. Concluyó esta importante declaración diciendo: “Aunque debo hacer la voluntad de mi Padre celestial, también obedeceré a mi padre terrenal. Esperaré a que llegue mi hora.”
1384:8 125:6.12 Aunque mentalmente Jesús rehusaba muchas veces aprobar los esfuerzos bien intencionados, pero descaminados, de sus padres por dictarle el rumbo de sus reflexiones o establecer el plan de su obra en la tierra, sin embargo, de todas las maneras compatibles con su consagración a hacer la voluntad de su Padre del Paraíso, se conformaba con mucho agrado a los deseos de su padre terrenal y a las costumbres de su familia carnal. Incluso cuando no podía aprobarlos, hacía todo lo posible por conformarse a ellos. Era un artista en la cuestión de conciliar su consagración al deber con sus obligaciones de lealtad familiar y de servicio a la sociedad.
1385:1 125:6.13 José estaba perplejo, pero María, después de reflexionar sobre estas experiencias, se sintió fortificada, acabando por considerar las palabras de Jesús en el Olivete como proféticas de la misión mesiánica de su hijo como liberador de Israel. Se dedicó con renovada energía a moldear los pensamientos de Jesús dentro de canales nacionalistas y patrióticos, y recurrió a la ayuda de su hermano, el tío favorito de Jesús. De todas las maneras posibles, la madre de Jesús se dedicó a la tarea de preparar a su hijo primogénito para que asumiera el mando de los que querían restaurar el trono de David y rechazar para siempre la esclavitud política del yugo de los gentiles.
LOS DOS AÑOS CRUCIALES 1386:1 126:0.1 DE TODAS las experiencias de la vida terrestre de Jesús, su decimocuarto y decimoquinto años fueron los más cruciales. Los dos años comprendidos entre el momento en que empezó a tomar conciencia de su divinidad y de su destino, y el momento en que logró un alto grado de comunicación con su Ajustador interior, fueron los más penosos de su extraordinaria vida en Urantia. Este período de dos años es el que debería llamarse la gran prueba, la verdadera tentación. Ningún joven humano que haya experimentado las primeras confusiones y los problemas de adaptación de la adolescencia, ha tenido que someterse nunca a una prueba más crucial que la que Jesús atravesó durante su paso de la infancia a la juventud.
1386:2 126:0.2 Este importante período en el desarrollo juvenil de Jesús empezó con el final de la visita a Jerusalén y su regreso a Nazaret. Al principio, María estaba feliz con la idea de haber recobrado a su hijo, de que Jesús había vuelto al hogar para ser un hijo obediente —aunque nunca hubiera sido otra cosa— y que en adelante sería más receptivo a los planes que ella forjaba para su vida futura. Pero no se iba a calentar durante mucho tiempo al sol de las ilusiones maternas y del orgullo familiar no reconocido; muy pronto se iba a desilusionar mucho más. El muchacho vivía cada vez más en compañía de su padre; cada vez acudía menos a ella con sus problemas. Al mismo tiempo, sus padres comprendían cada vez menos sus frecuentes alternancias entre los asuntos de este mundo y las meditaciones sobre su relación con los asuntos de su Padre. Francamente, no lo comprendían, pero lo amaban sinceramente.
1386:3 126:0.3 A medida que Jesús crecía, su compasión y su amor por el pueblo judío se hicieron más profundos, pero con el paso de los años, se fue acentuando en su mente un justo resentimiento contra la presencia, en el templo del Padre, de los sacerdotes nombrados por razones políticas. Jesús tenía un gran respeto por los fariseos sinceros y los escribas honestos, pero sentía un gran menosprecio por los fariseos hipócritas y los teólogos deshonestos; miraba con desdén a todos los jefes religiosos que no eran sinceros. Cuando examinaba a fondo la conducta de los dirigentes de Israel, a veces se sentía tentado a ver con buenos ojos la posibilidad de convertirse en el Mesías que esperaban los judíos, pero nunca cedió a esta tentación.
1386:4 126:0.4 El relato de sus hazañas entre los sabios del templo en Jerusalén era gratificante para todo Nazaret, en especial para sus antiguos maestros de la escuela de la sinagoga. Durante algún tiempo, los elogios hacia Jesús estuvieron en boca de todos. Todo el pueblo contaba su sabiduría infantil y su conducta ejemplar, y predecía que estaba destinado a convertirse en un gran jefe de Israel; por fin saldría de Nazaret de Galilea un maestro realmente superior. Todos esperaban el momento en que cumpliera los quince años para que se le permitiera leer regularmente las escrituras en la sinagoga el día del sábado.
SU DECIMOCUARTO AÑO (AÑO 8 d. de J.C.)
1387:1 126:1.1 Este año 8 es, según el calendario, el de su decimocuarto cumpleaños. Había aprendido muy bien a hacer yugos y a trabajar bien con la lona y el cuero. También se estaba convirtiendo rápidamente en un experto carpintero y ebanista. Este verano subía con frecuencia a la cima de la colina, situada al noroeste de Nazaret, para orar y meditar. Gradualmente, se iba haciendo más conciente de la naturaleza de su donación en la tierra. 1387:2 126:1.2 Hacía poco más de cien años que esta colina había sido el “alto lugar de Baal”, y ahora se encontraba allí la tumba de Simeón, un santo varón famoso en Israel. Desde la cumbre de la colina de Simeón, Jesús dominaba con la vista todo Nazaret y la región circundante. Divisaba Meguido y recordaba la historia del ejército egipcio que ganó allí su primera gran victoria en Asia; y cómo posteriormente, un ejército semejante derrotó a Josías, el rey de Judea. No lejos de allí podía divisar Taanac, donde Débora y Barac derrotaron a Sísara. En la distancia podía ver las colinas de Dotán donde, según le habían enseñado, los hermanos de José lo vendieron como esclavo a los egipcios. Luego, al volver la vista hacia Ebal y Gerizim, rememoraba las tradiciones de Abraham, Jacob y Abimelec. Así es como recordaba y repasaba en su mente los acontecimientos históricos y tradicionales del pueblo de su padre José.
1387:3 126:1.3 Continuó con sus cursos superiores de lectura bajo la dirección de los profesores de la sinagoga, y también se ocupaba de la educación familiar de sus hermanos y hermanas a medida que iban alcanzando la edad apropiada.
1387:4 126:1.4 A primeros de este año, José empezó a ahorrar los ingresos procedentes de sus propiedades de Nazaret y Cafarnaum, para pagar el largo ciclo de estudios de Jesús en Jerusalén; se había planeado que Jesús iría a Jerusalén en agosto del año siguiente, cuando cumpliera los quince años.
1387:5 126:1.5 Desde los comienzos de este año, José y María tuvieron dudas frecuentes sobre el destino de su hijo primogénito. Era ciertamente un muchacho brillante y amable, pero muy difícil de comprender y muy arduo de sondear; además, nunca había sucedido nada de extraordinario o de milagroso. Su madre, orgullosa, había permanecido decenas de veces en una expectativa sin aliento, esperando ver a su hijo realizar alguna acción milagrosa o sobrehumana; pero sus esperanzas siempre terminaban en una cruel decepción. Todo esto era desalentador e incluso descorazonador. La gente piadosa de aquellos tiempos creía sinceramente que los profetas y los hombres de la promesa demostraban siempre su vocación, y establecían su autoridad divina, realizando milagros y haciendo prodigios. Pero Jesús no hacía nada de esto; por ello, la confusión de sus padres aumentaba sin cesar a medida que consideraban su futuro.
1387:6 126:1.6 El mejoramiento de la situación económica de la familia de Nazaret se reflejaba de muchas maneras en el hogar, especialmente en el aumento del número de tablillas blancas y lisas que se utilizaban como pizarras para escribir; la escritura la efectuaban con un carboncillo. A Jesús también se le permitió reanudar sus clases de música, pues le encantaba tocar el arpa.
1387:7 126:1.7 Se puede decir en verdad que, a lo largo de este año, Jesús “creció en el favor de los hombres y de Dios”. Las perspectivas de la familia parecían buenas y el futuro se presentaba resplandeciente.
LA MUERTE DE JOSÉ
1388:1 126:2.1 Todo fue bien hasta aquel martes fatal 25 de septiembre, cuando un mensajero de Séforis trajo a esta casa de Nazaret la trágica noticia de que José había sufrido graves lesiones al caerse una grúa de pescante, mientras trabajaba en la residencia del gobernador. El mensajero de Séforis se había detenido en el taller antes de llegar al domicilio de José. Informó a Jesús del accidente de su padre, y los dos juntos fueron a la casa para comunicar la triste noticia a María. Jesús deseaba ir inmediatamente al lado de su padre, pero María no quería saber nada que no fuera salir corriendo para estar junto a su marido. Decidió que iría a Séforis en compañía de Santiago, que por entonces tenía diez años, mientras que Jesús permanecería en la casa con los niños más pequeños hasta su regreso, pues no conocía la gravedad de las heridas de José. Pero José había muerto a consecuencia de sus lesiones antes de que llegara María. Lo trajeron a Nazaret y al día siguiente fue enterrado con sus antepasados.
1388:2 126:2.2 Justo en el momento en que las perspectivas eran buenas y el futuro parecía sonreírles, una mano aparentemente cruel golpeaba al cabeza de familia de Nazaret. Los asuntos de este hogar saltaron en pedazos y todos los planes con respecto a Jesús y su futura educación quedaron destruidos. Este joven carpintero, que acababa de cumplir catorce años, tomó conciencia de que no sólo tenía que cumplir la misión recibida de su Padre celestial, o sea revelar la naturaleza divina en la tierra y en la carne, sino que su joven naturaleza humana tenía que asumir también la responsabilidad de cuidar de su madre viuda y de sus siete hermanos y hermanas —sin contar la que aún no había nacido. Este joven de Nazaret se convertía ahora en el único sostén y consuelo de esta familia tan súbitamente afligida. Así se permitió que sucedieran en Urantia unos acontecimientos de tipo natural que forzaron a este joven del destino a asumir bien pronto unas responsabilidades considerables, pero altamente pedagógicas y disciplinarias. Se convirtió en el jefe de una familia humana, en el padre de sus propios hermanos y hermanas; tenía que sostener y proteger a su madre y actuar como guardián del hogar de su padre, el único hogar que llegaría a conocer mientras estuvo en este mundo.
1388:3 126:2.3 Jesús aceptó de buena gana las responsabilidades que cayeron tan repentinamente sobre él y las asumió fielmente hasta el final. Al menos un gran problema y una dificultad prevista en su vida se habían resuelto trágicamente —ya no se esperaba que fuera a Jerusalén para estudiar con los rabinos. Siempre fue verdad que Jesús “no era el discípulo de nadie”. Siempre estaba dispuesto a aprender incluso del niño más humilde, pero su autoridad para enseñar la verdad nunca la obtuvo de fuentes humanas.
1388:4 126:2.4 Aún no sabía nada de la visita de Gabriel a su madre antes de su nacimiento; sólo lo supo por Juan el día de su bautismo, al comienzo de su ministerio público.
1388:5 126:2.5 A medida que pasaban los años, este joven carpintero de Nazaret valoraba cada vez mejor las instituciones de la sociedad y las costumbres de la religión con un criterio invariable: ¿Qué hacen por el alma humana? ¿Traen a Dios más cerca del hombre? ¿Llevan al hombre hacia Dios? Aunque este joven no descuidaba por completo los aspectos recreativos y sociales de la vida, cada vez consagraba más su tiempo y sus energías a dos únicas metas: cuidar a su familia y prepararse para hacer en la tierra la voluntad celestial de su Padre.
1389:1 126:2.6 Este año, los vecinos cogieron la costumbre de dejarse caer por la casa durante las noches de invierno, para escuchar a Jesús tocar el arpa, oír sus historias (pues el muchacho era un excelente narrador) y escuchar cómo leía las escrituras en griego.
1389:2 126:2.7 Los asuntos económicos de la familia continuaron rodando bastante bien, porque disponían de una suma considerable de dinero en el momento de la muerte de José. Jesús no tardó en demostrar que poseía un juicio penetrante para los negocios y sagacidad financiera. Era desprendido, pero moderado, y ahorrativo, pero generoso. Demostró ser un administrador prudente
y eficaz de los bienes de su padre.
1389:3 126:2.8 Pero a pesar de todo lo que hacían Jesús y los vecinos de Nazaret para traer alegría a la casa, María, e incluso los niños, estaban llenos de tristeza. José ya no estaba. Había sido un marido y un padre excepcional, y todos lo echaban de menos. Su muerte les parecía aun más trágica cuando pensaban que no habían podido hablar con él o recibir su última bendición.
3. EL DECIMOQUINTO AÑO (AÑO 9 d. de J.C.)
1389:4 126:3.1 A mediados de este decimoquinto año —contamos el tiempo de acuerdo con el calendario del siglo veinte, y no según el año judío— Jesús había cogido firmemente las riendas de la administración de los asuntos de su familia. Antes de finalizar este año, sus ahorros casi habían desaparecido, y se encontraron en la necesidad de vender una de las casas de Nazaret que José poseía en común con su vecino Jacobo.
1389:5 126:3.2 Rut, la más pequeña de la familia, nació la noche del miércoles 17 de abril del año 9. En la medida de sus posibilidades, Jesús se esforzó por ocupar el lugar de su padre, consolando y cuidando a su madre durante esta prueba penosa y particularmente triste. Durante cerca de veinte años (hasta que empezó su ministerio público) ningún padre ha podido amar y educar a su hija con más afecto y fidelidad de como Jesús cuidó a la pequeña Rut. Fue igualmente un buen padre para todos los demás miembros de su familia.
1389:6 126:3.3 Durante este año, Jesús formuló por primera vez la oración que enseñó posteriormente a sus apóstoles, y que muchos conocen con el nombre de “Padre Nuestro”. En cierto modo, fue una evolución del culto familiar; tenían muchas fórmulas de alabanza y diversas oraciones formales. Después de la muerte de su padre, Jesús trató de enseñar a los niños mayores a que se expresaran de manera individual en sus oraciones —como a él tanto le gustaba hacer— pero no podían comprender su pensamiento y retrocedían invariablemente a sus formas de rezar aprendidas de memoria. En este esfuerzo por estimular a sus hermanos y hermanas mayores para que dijeran oraciones individuales, Jesús trató de mostrarles el camino con frases sugerentes; y pronto se descubrió que, sin intención alguna por su parte, todos utilizaban una forma de rezar ampliamente basada en las ideas directrices que Jesús les había enseñado.
1389:7 126:3.4 Al final, Jesús renunció a la idea de que cada miembro de la familia formulara oraciones espontáneas. Una noche de octubre, se sentó cerca de la pequeña lámpara rechoncha, junto a la mesa baja de piedra; cogió una tablilla de cedro pulido de unos cincuenta centímetros de lado, y con un trozo de carboncillo escribió la oración que sería en adelante la súplica modelo de toda la familia.
1389:8 126:3.5 Durante este año, Jesús estuvo muy inquieto debido a sus reflexiones confusas. Sus responsabilidades familiares habían alejado, de manera bastante eficaz, toda idea de desarrollar enseguida un plan que se adecuara al mandato recibido en la visita de Jerusalén para que “se ocupara de los asuntos de su Padre”. Jesús razonaba, con acierto, que velar por la familia de su padre terrenal debía tener prioridad sobre cualquier otro deber, que mantener a su familia debía ser su primera obligación.
1390:1 126:3.6 En el transcurso de este año, Jesús encontró en el llamado Libro de Enoc un pasaje que le incitó más tarde a adoptar la expresión “Hijo del Hombre” para designarse durante su misión donadora en Urantia. Había estudiado cuidadosamente la idea del Mesías judío y estaba firmemente
convencido de que él no estaba destinado a ser ese Mesías. Deseaba intensamente ayudar al pueblo de su padre, pero nunca pensó en ponerse al frente de los ejércitos judíos para liberar Palestina de la dominación extranjera. Sabía que nunca se sentaría en el trono de David en Jerusalén. Tampoco creía que su misión como liberador espiritual o educador moral se limitaría exclusivamente al pueblo judío. Así pues, la misión de su vida no podía ser de ninguna manera el cumplimiento de los deseos intensos y de las supuestas profecías mesiánicas de las escrituras hebreas, al menos no de la manera en que los judíos comprendían estas predicciones de los profetas. Asímismo, estaba seguro de que nunca debería aparecer como el Hijo del Hombre descrito por el profeta Daniel.
1390:2 126:3.7 Pero cuando le llegara la hora de presentarse públicamente como educador del mundo, ¿cómo se llamaría a sí mismo? ¿De qué manera definiría su misión? ¿Con qué nombre lo llamarían las gentes que se pondrían a creer en sus enseñanzas?
1390:3 126:3.8 Mientras le daba vueltas a estos problemas en su cabeza, encontró en la biblioteca de la sinagoga de Nazaret, entre los libros apocalípticos que había estado estudiando, el manuscrito llamado “El Libro de Enoc”. Aunque estaba seguro que no había sido escrito por el Enoc de los
tiempos pasados, le resultó muy interesante, y lo leyó y releyó muchas veces. Había un pasaje que le impresionó particularmente, aquel en el que aparecía la expresión “Hijo del Hombre”. El autor del pretendido Libro de Enoc continuaba hablando de este Hijo del Hombre, describiendo la obra que debería hacer en la tierra y explicando que este Hijo del Hombre, antes de descender a esta tierra para aportar la salvación a la humanidad, había cruzado los atrios de la gloria celestial con su Padre, el Padre de todos; y había renunciado a toda esta grandeza y a toda esta gloria para descender a la tierra y proclamar la salvación a los mortales necesitados. A medida que Jesús leía estos pasajes (sabiendo muy bien que gran parte del misticismo oriental incorporado en estas enseñanzas era falso), sentía en su corazón y reconocía en su mente que, de todas las predicciones mesiánicas de las escrituras hebreas y de todas las teorías sobre el libertador judío, ninguna estaba tan cerca de la verdad como esta historia incluída en el Libro de Enoc, el cual sólo estaba parcialmente acreditado; allí mismo y en ese momento decidió adoptar como título inaugural “el Hijo del Hombre”. Y esto fue lo que hizo cuando empezó posteriormente su obra pública. Jesús tenía una habilidad infalible para reconocer la verdad, y nunca dudaba en abrazarla, sin importarle la fuente de la que parecía emanar.
1390:4 126:3.9 Por esta época ya tenía decididas muchas cosas relacionadas con su futuro trabajo en el mundo, pero no dijo nada de estas cuestiones a su madre, que seguía aferrada a la idea de que él era el Mesías judío.
1390:5 126:3.10 Jesús pasó ahora por la gran confusión de su época juvenil. Después de haber definido un poco la naturaleza de su misión en la tierra, o sea “ocuparse de los asuntos de su Padre” —mostrar la naturaleza amorosa de su Padre hacia toda la humanidad— empezó a examinar de nuevo las numerosas declaraciones de las escrituras referentes a la venida de un libertador nacional, de un rey o educador judío. ¿A qué acontecimiento se referían estas profecías? Él mismo, ¿era o no era judío? ¿Pertenecía o no a la casa de David? Su madre afirmaba que sí; su padre había indicado que no. Él decidió que no. Pero, ¿habían confundido los profetas la naturaleza y la misión del Mesías?
1391:1 126:3.11 Después de todo, ¿sería posible que su madre tuviera razón? En la mayoría de los casos, cuando en el pasado habían surgido diferencias de opinión, era ella quien había tenido razón. Si él era un nuevo educador y no el Mesías, ¿cómo podría reconocer al Mesías judío si éste aparecía en Jerusalén durante el tiempo de su misión terrestre, y cuál sería entonces su relación con este Mesías judío? Después de que hubiera emprendido la misión de su vida, ¿cuáles serían sus relaciones con su familia, con la religión y la comunidad judías, con el Imperio Romano, con los gentiles y sus religiones? El joven galileo le daba vueltas en su mente a cada uno de estos importantes problemas y los examinaba seriamente mientras continuaba trabajando en el banco de carpintero, ganándose laboriosamente su propia vida, la de su madre y la de otras ocho bocas hambrientas.
1391:2 126:3.12 Antes de finalizar este año, María vio que los fondos de la familia disminuían. Transfirió la venta de las palomas a Santiago. Poco después compraron una segunda vaca y, con la ayuda de Miriam, empezaron a vender leche a sus vecinos de Nazaret.
1391:3 126:3.13 Los profundos períodos de meditación de Jesús, sus frecuentes
desplazamientos a lo alto de la colina para orar y todas las ideas extrañas que insinuaba de vez en cuando, alarmaron considerablemente a su madre. A veces pensaba que el joven estaba fuera de sí, pero luego dominaba sus temores al recordar que, después de todo, era un hijo de la promesa y, de alguna manera, diferente a los demás jóvenes.
1391:4 126:3.14 Pero Jesús estaba aprendiendo a no expresar todos sus pensamientos, a no exponer todas sus ideas al mundo, ni siquiera a su propia madre. A partir de este año, sus informaciones sobre lo que pasaba por su mente fueron reduciéndose cada vez más; es decir, hablaba menos sobre cosas que las personas corrientes no podían comprender, y que podían conducirle a ser considerado como un tipo raro o diferente de la gente común. Según las apariencias, se volvió vulgar y convencional, aunque anhelaba encontrar a alguien que pudiera comprender sus problemas. Deseaba vivamente tener un amigo fiel y de confianza, pero sus problemas eran demasiado complejos para que pudieran ser comprendidos por sus compañeros humanos. La singularidad de esta situación excepcional le obligó a soportar solo el peso de su carga.
4. EL PRIMER SERMÓN EN LA SINAGOGA
1391:5 126:4.1 A partir de los quince años, Jesús podía ocupar oficialmente el púlpito de la sinagoga el día del sábado. En muchas ocasiones anteriores, cuando faltaban oradores, habían pedido a Jesús que leyera las escrituras, pero ahora había llegado el día en que la ley le permitía oficiar el servicio. Por consiguiente, el primer sábado después de su decimoquinto cumpleaños, el chazán arregló las cosas para que Jesús dirigiera los oficios matutinos de la sinagoga. Cuando todos los fieles de Nazaret estuvieron congregados, el joven, que ya había seleccionado un texto de las escrituras, se levantó y comenzó a leer:
1391:6 126:4.2 “El espíritu del Señor Dios está sobre mí, porque el Señor me ha ungido; me ha enviado para traer buenas nuevas a los mansos, para vendar a los doloridos, para proclamar la libertad a los cautivos y liberar a los presos espirituales; para proclamar el año de la gracia de Dios y el día del ajuste de cuentas de nuestro Dios; para consolar a todos los afligidos y darles belleza en lugar de ceniza, el óleo de la alegría en lugar del luto, un canto de alabanza en vez de un espíritu angustiado, para que puedan ser llamados árboles de rectitud, la plantación del Señor, destinada a glorificarlo.
1392:1 126:4.3 “Buscad el bien y no el mal para que podáis vivir, y así el Señor, el Dios de los ejércitos, estará con vosotros. Aborreced el mal y amad el bien; estableced el juicio en la puerta. Quizá el Señor Dios será benévolo con el remanente de José.
1392:2 126:4.4 “Lavaos, purificaos; la maldad de vuestras obras quitad la de delante de mis ojos; dejad de hacer el mal y aprended a hacer el bien; buscad la justicia, socorred al oprimido. Defended al huérfano y amparad a la viuda.
1392:3 126:4.5 “¿Con qué me presentaré ante el Señor, para inclinarme ante el Señor de toda la tierra? ¿Vendré ante él con holocaustos, con becerros de un año? ¿Le agradarán al Señor millares de carneros, decenas de millares de ovejas, o ríos de aceite? ¿Daré mi primogénito por mi transgresión, el fruto de mi cuerpo por el pecado de mi alma? ¡No!, porque el Señor nos ha mostrado, oh hombres, lo que es bueno. ¿Y qué os pide el Señor si no que seáis justos, que améis la misericordia y que caminéis humildemente con vuestro Dios?
1392:4 126:4.6 “¿Con quién, entonces, compararéis a Dios que está sentado en el círculo de la tierra? Levantad los ojos y mirad quién ha creado todos estos mundos, quién produce sus huestes por multitudes y las llama a todas por su nombre. Él hace todas estas cosas por la grandeza de su poder, y debido a la fuerza de su poder, ninguna fallará. Él da vigor al débil, y multiplica las fuerzas de los que están fatigados. No temáis, porque estoy con vosotros; no desmayéis, porque soy vuestro Dios. Os fortificaré y os ayudaré; sí, os sustentaré con la diestra de mi justicia, porque yo soy el Señor vuestro Dios. Y sostendré vuestra mano derecha, diciéndoos: no temáis, porque yo os ayudaré.
1392:5 126:4.7 “Y tú eres mi testigo, dice el Señor, y mi siervo a quien he escogido para que todos puedan conocerme, creerme y entender que yo soy el Eterno. Yo, sólo yo, soy el Señor, y fuera de mí no hay salvador”.
1392:6 126:4.8 Cuando terminó de leer así, se sentó, y la gente se fue a sus casas meditando las palabras que les había leído con tanto agrado. Sus paisanos nunca lo habían visto tan magníficamente solemne; nunca lo habían oído con una voz tan seria y tan sincera; nunca lo habían visto tan varonil y decidido, con tanta autoridad.
1392:7 126:4.9 Ese sábado por la tarde Jesús subió con Santiago a la colina de Nazaret, y cuando regresaron a casa, con un carboncillo escribió los Diez Mandamientos en griego sobre dos tablillas. Más tarde, Marta coloreó y adornó estas tablillas y estuvieron colgadas mucho tiempo en la pared, encima del pequeño banco de trabajo de Santiago.
5. LA LUCHA FINANCIERA
1392:8 126:5.1 Jesús y su familia volvieron gradualmente a la vida simple de sus primeros años. Sus ropas e incluso sus alimentos se simplificaron. Tenían leche, mantequilla y queso en abundancia. Según la estación, disfrutaban de los productos de su huerto, pero cada mes que pasaba les obligaba a practicar una mayor frugalidad. Su desayuno era muy simple; los mejores alimentos los reservaban para la cena. Sin embargo, la falta de riqueza entre estos judíos no implicaba una inferioridad social.
1392:9 126:5.2 Este joven ya poseía una comprensión casi completa de cómo vivían los hombres de su tiempo. Sus enseñanzas posteriores muestran hasta qué punto comprendía bien la vida en el hogar, en el campo y en el taller; revelan plenamente su contacto íntimo con todas las fases de la experiencia humana.
1392:10 126:5.3 El chazán de Nazaret continuaba aferrado a la creencia de que Jesús estaba destinado a convertirse en un gran educador, probablemente en el sucesor del famoso Gamaliel de Jerusalén.
1393:1 126:5.4 Todos los planes de Jesús para su carrera aparentemente se habían desbaratado. Tal como se desarrollaban las cosas, el futuro no parecía muy brillante. Sin embargo, no vaciló ni se desanimó. Continuó viviendo día tras día, desempeñando bien su deber cotidiano y cumpliendo fielmente con las responsabilidades inmediatas de su posición social en la vida. La vida de Jesús es el consuelo eterno de todos los idealistas decepcionados.
1393:2 126:5.5 El salario diario de un carpintero corriente disminuía poco a poco. A finales de este año, y trabajando de sol a sol, Jesús sólo podía ganar el equivalente de un cuarto de dólar al día. Al año siguiente les resultó difícil pagar los impuestos civiles, sin mencionar las contribuciones a la sinagoga y el impuesto de medio siclo para el templo. Durante este año, el recaudador de impuestos intentó arrancarle a Jesús una renta suplementaria, e incluso le amenazó con llevarse su arpa.
1393:3 126:5.6 Temiendo que el ejemplar de las escrituras en griego pudiera ser descubierto y confiscado por los recaudadores de impuestos, Jesús lo donó a la biblioteca de la sinagoga de Nazaret el día de su decimoquinto cumpleaños, como su ofrenda de madurez al Señor.
1393:4 126:5.7 El gran disgusto de su decimoquinto año se produjo cuando Jesús fue a Séforis para recibir el veredicto de Herodes, relacionado con la apelación que habían interpuesto ante él por la controversia sobre la cantidad de dinero que le debían a José en el momento de su muerte accidental. Jesús y María habían esperado recibir una considerable suma de dinero, pero el tesorero de Séforis les había ofrecido una cantidad irrisoria. Los hermanos de José apelaron ante el mismo Herodes, y ahora Jesús se encontraba en el palacio y oyó a Herodes decretar que a su padre no se le debía nada en el momento de su muerte. A causa de esta decisión tan injusta, Jesús nunca más confió en Herodes Antipas. No es extraño que en una ocasión se refiriera a Herodes como “ese zorro”.
1393:5 126:5.8 Durante este año y los siguientes, el duro trabajo en el banco de carpintero privó a Jesús de la posibilidad de relacionarse con los viajeros de las caravanas. Un tío suyo ya se había hecho cargo de la tienda de provisiones de la familia y Jesús trabajaba todo el tiempo en el taller de la casa, donde estaba cerca para ayudar a María con la familia. Por esta época empezó a enviar a Santiago a la parada de las caravanas para obtener información sobre los acontecimientos mundiales, intentando así mantenerse al corriente de las noticias del día.
1393:6 126:5.9 A medida que crecía hacia la madurez, pasó por los mismos conflictos y confusiones que todos los jóvenes normales de todos los tiempos anteriores y posteriores. La rigurosa experiencia de tener que mantener a su familia era una salvaguardia segura contra el exceso de tiempo libre para dedicarlo a la meditación ociosa o abandonarse a las tendencias místicas.
1393:7 126:5.10 Éste fue el año en que Jesús arrendó una gran parcela de terreno justo al norte de su casa, que dividieron en huertos familiares. Cada uno de los hermanos mayores tenía un huerto individual, y se hicieron una viva competencia en sus esfuerzos agrícolas. Durante la temporada de cultivo de las legumbres, su hermano mayor pasó cada día algún tiempo con ellos en el huerto. Mientras Jesús trabajaba en el huerto con sus hermanos y hermanas menores, acarició muchas veces la idea de que todos podían vivir en una granja en el campo, donde podrían disfrutar de la libertad y la independencia de una vida sin trabas. Pero no estaban creciendo en el campo, y Jesús, que era un joven totalmente práctico a la vez que idealista, atacó su problema de manera vigorosa e inteligente según se presentaba. Hizo todo lo que estuvo en su mano para adaptarse con su familia a las realidades de su situación, y acomodar su condición para la mayor satisfacción posible de sus deseos individuales y colectivos.
1393:8 126:5.11 En un momento determinado, Jesús tuvo la débil esperanza de que podría reunir los recursos suficientes para justificar la tentativa de comprar una pequeña granja, con tal que pudieran recaudar la considerable suma de dinero que le debían a su padre por sus trabajos en el palacio de Herodes. Había pensado muy seriamente en este proyecto de establecer a su familia en el
campo. Pero cuando Herodes se negó a pagarles el dinero que le debían a José, abandonaron el deseo de poseer una casa en el campo. Tal como estaban las cosas, se las ingeniaron para disfrutar de muchas de las experiencias de la vida campesina, pues ahora tenían tres vacas, cuatro ovejas, un montón de polluelos, un asno y un perro, además de las palomas. Incluso los más pequeños tenían sus tareas regulares que hacer dentro del plan de administración bien organizado que caracterizaba la vida familiar de este hogar de Nazaret.
1394:1 126:5.12 Al finalizar su decimoquinto año, Jesús concluyó la travesía de este período peligroso y difícil de la existencia humana, de esta época de transición entre los años más placenteros de la infancia y la conciencia de la edad adulta que se aproxima, con sus mayores responsabilidades y oportunidades para adquirir una experiencia avanzada en el desarrollo de un carácter noble. El período de crecimiento mental y físico había terminado, y ahora empezaba la verdadera carrera de este joven de Nazaret.
LOS AÑOS DE ADOLESCENCIA 1395:1 127:0.1 AL EMPEZAR los años de su adolescencia, Jesús se encontró como jefe y único sostén de una familia numerosa. Pocos años después de la muerte de su padre, habían perdido todas sus propiedades. A medida que pasaba el tiempo, se volvió cada vez más consciente de su preexistencia; al mismo tiempo empezó a comprender más plenamente que estaba presente en la tierra y en la carne con la finalidad expresa de revelar su Padre Paradisiaco a los hijos de los hombres.
1395:2 127:0.2 Ningún adolescente que haya vivido o que podrá vivir en este mundo o en cualquier otro mundo, ha tenido ni tendrá nunca que resolver unos problemas más graves o desenredar unas dificultades más complicadas. Ningún joven de Urantia tendrá nunca que pasar por unos conflictos más probatorios o por unas situaciones más penosas que las que Jesús mismo tuvo que soportar durante el arduo período comprendido entre sus quince y sus veinte años de edad.
1395:3 127:0.3 Tras haber saboreado así la experiencia efectiva de vivir estos años de adolescencia en un mundo acosado por el mal y perturbado por el pecado, el Hijo del Hombre llegó a poseer un conocimiento pleno de la experiencia que vive la juventud de todos los dominios de Nebadon. Así se convirtió para siempre en el refugio comprensivo de los adolescentes angustiados y perplejos de todos los tiempos, en todos los mundos del universo local.
1395:4 127:0.4 De manera lenta pero segura, y por medio de la experiencia efectiva, este Hijo divino va ganando el derecho a convertirse en el soberano de su universo, en el gobernante supremo e incontestable de todas las inteligencias creadas en todos los mundos del universo local, en el refugio comprensivo de los seres de todos los tiempos, cualquiera que sea el grado de sus dones y experiencias personales.
EL DECIMOSEXTO AÑO (AÑO 10 d. de J.C.)
1395:5 127:1.1 El Hijo encarnado pasó por la infancia y experimentó una niñez exentas de acontecimientos notables. Luego emergió de la penosa y probatoria etapa de transición entre la infancia y la juventud —se convirtió en el Jesús adolescente.
1395:6 127:1.2 Este año alcanzó su máxima estatura física. Era un joven viril y bien parecido. Se volvió cada vez más formal y serio, pero era amable y compasivo. Tenía una mirada bondadosa pero inquisitiva; su sonrisa era siempre simpática y alentadora. Su voz era musical pero con autoridad; su saludo cordial, pero sin afectación. En todas las ocasiones, incluso en los contactos más comunes, parecía ponerse de manifiesto la esencia de una doble naturaleza, la humana y la divina. Siempre mostraba esta combinación de amigo compasivo y de maestro con autoridad. Y estos rasgos de su personalidad comenzaron a manifestarse muy pronto, incluso desde los años de su adolescencia.
1395:7 127:1.3 Este joven físicamente fuerte y robusto también había adquirido el crecimiento completo de su intelecto humano, no la experiencia total del pensamiento humano, sino la plena capacidad para ese desarrollo intelectual. Poseía un cuerpo sano y bien proporcionado, una mente aguda y analítica, una disposición de ánimo generosa y compasiva, un temperamento un poco fluctuante pero dinámico; todas estas cualidades se estaban organizando en una personalidad fuerte, sorprendente y atractiva.
1396:1 127:1.4 A medida que pasaba el tiempo, su madre y sus hermanos y hermanas tenían más dificultades para comprenderlo; tropezaban con lo que decía e interpretaban mal sus acciones. Todos eran incapaces de comprender la vida de su hermano mayor, porque su madre les había dado a entender que estaba destinado a ser el libertador del pueblo judío. Después de haber recibido estas insinuaciones de María como secretos de familia, imaginad su confusión cuando Jesús desmentía francamente todas estas ideas e intenciones.
1396:2 127:1.5 Este año Simón empezó a ir a la escuela, y la familia se vio obligada a vender otra casa. Santiago se encargó ahora de la enseñanza de sus tres hermanas, dos de las cuales eran lo bastante mayores como para empezar a estudiar en serio. En cuanto Rut creció, la pusieron en manos de Miriam y Marta. Habitualmente, las muchachas de las familias judías recibían poca educación, pero Jesús sostenía (y su madre estaba de acuerdo) que las chicas tenían que ir a la escuela lo mismo que los varones, y puesto que la escuela de la sinagoga no las admitiría, lo único que se podía hacer era habilitar una escuela en casa especialmente para ellas.
1396:3 127:1.6 Durante todo este año, Jesús no pudo separarse de su banco de carpintero. Afortunadamente tenía mucho trabajo; lo realizaba de una manera tan superior que nunca se encontraba en paro, aunque la faena escaseara por aquella región. A veces tenía tanto que hacer que Santiago lo ayudaba.
1396:4 127:1.7 A finales de este año tenía casi decidido que, después de haber criado a los suyos y de verlos casados, emprendería su trabajo público como maestro de la verdad y revelador del Padre celestial para el mundo. Sabía que no se convertiría en el Mesías judío esperado, y llegó a la conclusión de que era prácticamente inútil discutir estos asuntos con su madre. Decidió permitirle que siguiera manteniendo todas las ilusiones que quisiera, puesto que todo lo que él había dicho en el pasado había hecho poca o ninguna mella en ella; recordaba que su padre nunca había podido decir algo que la hiciera cambiar de opinión. A partir de este año habló cada vez menos con su madre, o con otras personas, sobre estos problemas. Su misión era tan especial que nadie en el mundo podía darle consejos para realizarla.
1396:5 127:1.8 A pesar de su juventud, era un verdadero padre para su familia. Pasaba todas las horas que podía con los pequeños, y éstos lo amaban sinceramente. Su madre sufría al verlo trabajar tan duramente; le apenaba que estuviera día tras día atado al banco de carpintero para ganar la vida de la familia, en lugar de estar en Jerusalén estudiando con los rabinos, tal como habían planeado con tanto cariño. Aunque María no podía comprender muchas cosas de su hijo, lo amaba de verdad; lo que más apreciaba era la buena voluntad con que asumía la responsabilidad del hogar.
EL DECIMOSÉPTIMO AÑO (AÑO 11 d. de J.C.)
1396:6 127:2.1 Por esta época se produjo una agitación considerable, especialmente en Jerusalén y Judea, a favor de una rebelión contra el pago de los impuestos a Roma. Estaba creándose un fuerte partido nacionalista, que poco después se conocería como los celotes. Los celotes, al contrario que los fariseos, no estaban dispuestos a esperar la llegada del Mesías. Proponían resolver la situación mediante una revuelta política.
1396:7 127:2.2 Un grupo de organizadores de Jerusalén llegó a Galilea y fueron teniendo mucho éxito hasta que se presentaron en Nazaret. Cuando fueron a ver a Jesús, éste los escuchó atentamente y les hizo muchas preguntas, pero rehusó incorporarse al partido. No quiso explicar en detalle todas las razones que le impedían adherirse, y su negativa tuvo por efecto que muchos de sus jóvenes amigos de Nazaret tampoco se afiliaran.
1397:1 127:2.3 María hizo lo que pudo para inducirle a que se afiliara, pero no logró hacerle cambiar de parecer. Llegó incluso a insinuarle que su negativa a abrazar la causa nacionalista, como ella se lo ordenaba, equivalía a una insubordinación, a una violación de la promesa que había hecho, cuando regresaron de Jerusalén, de que obedecería a sus padres; pero en respuesta a
esta insinuación, Jesús se limitó a poner una mano cariñosa en su hombro y mirándola a la cara le dijo: “Madre, ¿cómo puedes?” Y María se retractó.
1397:2 127:2.4 Uno de los tíos de Jesús (Simón, el hermano de María) ya se había unido a este grupo, y posteriormente llegó a convertirse en oficial de la sección galilea. Durante varios años, se produjo cierto distanciamiento entre Jesús y su tío.
1397:3 127:2.5 Pero el alboroto se estaba fraguando en Nazaret. La actitud de Jesús en este asunto había dado como resultado la creación de una división entre los jóvenes judíos de la ciudad. Aproximadamente la mitad se había unido a la organización nacionalista, y la otra mitad empezó a formar un grupo opuesto de patriotas más moderados, esperando que Jesús asumiera la dirección. Se quedaron asombrados cuando rehusó el honor que le ofrecían, alegando como excusa sus pesadas responsabilidades familiares, lo que todos reconocían. Pero la situación se complicó aún más cuando poco después se presentó Isaac, un judío rico prestamista de los gentiles, que propuso mantener a la familia de Jesús si éste abandonaba sus herramientas de trabajo y asumía la dirección de estos patriotas de Nazaret.
1397:4 127:2.6 Jesús, que apenas tenía entonces diecisiete años, tuvo que enfrentarse con una de las situaciones más delicadas y difíciles de su joven vida. Siempre es difícil para los dirigentes espirituales relacionarse con las cuestiones patrióticas, especialmente cuando éstas se complican con unos opresores extranjeros que recaudan impuestos; en este caso era doblemente cierto, puesto que la religión judía estaba implicada en toda esta agitación contra Roma.
1397:5 127:2.7 La posición de Jesús era aún más delicada porque su madre, su tío e incluso su hermano menor Santiago, lo instaban a abrazar la causa nacionalista. Los mejores judíos de Nazaret ya se habían afiliado, y los jóvenes que aún no se habían incorporado al movimiento lo harían en cuanto Jesús cambiara de opinión. Sólo tenía un consejero sabio en todo Nazaret, su viejo maestro el chazán, que le aconsejó sobre cómo responder al comité de ciudadanos de Nazaret cuando vinieran a pedirle su respuesta a la petición pública que se había hecho. En toda la juventud de Jesús, ésta fue la primera vez que tuvo que recurrir conscientemente a una estratagema pública. Hasta entonces, siempre había contado con una exposición sincera de la verdad para esclarecer la situación, pero ahora no podía proclamar toda la verdad. No podía insinuar que era más que un hombre; no podía revelar su idea de la misión que le aguardaba cuando fuera más maduro. A pesar de estas limitaciones, su fidelidad religiosa y su lealtad nacional estaban puestas en entredicho directamente. Su familia se encontraba agitada, sus jóvenes amigos divididos y todo el contingente judío de la ciudad alborotado. ¡Y pensar que él era el culpable de todo esto! Qué lejos estaba de su intención causar cualquier alboroto y mucho menos una perturbación de este tipo. 1397:6 127:2.8 Había que hacer algo. Tenía que aclarar su postura, y lo hizo de manera valiente y diplomática, para satisfacción de muchos aunque no de todos. Se atuvo a los términos de su argumento original, sosteniendo que su primer deber era hacia su familia, que una madre viuda y ocho hermanos y hermanas necesitaban algo más que lo que simplemente se podía comprar con el dinero —lo necesario para la vida material—, que tenían derecho a los cuidados y a la dirección de un padre, y que en conciencia no podía eximirse de la obligación que un cruel accidente había arrojado sobre él. Elogió a su madre y al mayor de sus hermanos por estar dispuestos a exonerarlo de esta responsabilidad, pero reiteró que la fidelidad a la memoria de su padre le impedía dejar a la familia, independientemente de la cantidad de dinero que se recibiera para su sostén material, expresando entonces su inolvidable afirmación de que “el dinero no puede amar”. En el transcurso de esta declaración, Jesús hizo varias alusiones veladas a la “misión de su vida”, pero explicó que, con independencia de que fuera o no compatible con la acción militar, había renunciado a ella así como a todo lo demás para poder cumplir fielmente sus obligaciones hacia su familia. En Nazaret todos sabían muy bien que era un buen padre para su familia, y como esto era algo que tocaba la sensibilidad de todo judío bien nacido, la alegación de Jesús encontró una respuesta favorable en el corazón de muchos de sus oyentes. Algunos otros que no tenían las mismas disposiciones, fueron desarmados por un discurso que Santiago pronunció en ese momento, aunque no figuraba en el programa. Aquel mismo día, el chazán había hecho que Santiago ensayara su alocución, pero esto era un secreto entre ellos.
1398:1 127:2.9 Santiago declaró que estaba seguro de que Jesús ayudaría a liberar a su pueblo si él (Santiago) tuviera suficiente edad como para asumir la responsabilidad de la familia; si consentían en permitir a Jesús que permaneciera “con nosotros para ser nuestro padre y educador, la familia de José no sólo os dará un dirigente, sino en poco tiempo cinco nacionalistas leales, porque ¿no somos cinco varones que estamos creciendo y que saldremos de la tutela de nuestro hermano-padre para servir a nuestra nación?” De esta manera el muchacho llevó a un final bastante feliz una situación muy tensa y amenazadora.
1398:2 127:2.10 La crisis se había superado por el momento, pero este incidente nunca se olvidó en Nazaret. La agitación persistió; Jesús ya no volvió a contar con el favor universal; las diferencias de sentimiento nunca llegaron a superarse del todo. Este hecho, complicado con otros acontecimientos posteriores, fue uno de los motivos principales por los que Jesús se trasladó años más tarde a Cafarnaum. En adelante, los sentimientos respecto al Hijo del Hombre permanecieron divididos en Nazaret.
1398:3 127:2.11 Santiago terminó este año sus estudios en la escuela y empezó a trabajar a tiempo completo en el taller de carpintería de la casa. Se había convertido en un obrero diestro con las herramientas y se hizo cargo de la fabricación de los yugos y arados, mientras que Jesús empezó a hacer más trabajos delicados de ebanistería y de terminación de interiores.
1398:4 127:2.12 Durante este año Jesús progresó mucho en la organización de su mente. Gradualmente había conciliado su naturaleza divina con su naturaleza humana, y efectuó toda esta organización intelectual con la fuerza de sus propias decisiones y con la única ayuda de su Monitor interior, un Monitor semejante al que llevan dentro de su mente todos los mortales normales en todos los mundos donde se ha donado un Hijo. Hasta ahora no había sucedido nada sobrenatural en la carrera de este joven, excepto la visita de un mensajero enviado por su hermano mayor Manuel, que se le apareció una vez durante la noche en Jerusalén.
3. EL DECIMO OCTAVO AÑO (AÑO 12 d. de J.C.)
1398:5 127:3.1 En el transcurso de este año, todas las propiedades de la familia, excepto la casa y el huerto, fueron liquidadas. Se vendió la última parcela de una propiedad en Cafarnaum (excepto una parte de otra propiedad), que ya estaba hipotecada. Las ganancias se emplearon para pagar los impuestos, comprar algunas Herramientas nuevas para Santiago, y pagar una parte de la antigua tienda de reparaciones y abastecimientos de la familia, cercana a la parada de las caravanas. Jesús se proponía ahora comprar de nuevo esta tienda, pues Santiago ya tenía edad para trabajar en el taller de la casa y ayudar a María en el hogar. Liberado por el momento de la presión financiera, Jesús decidió llevar a Santiago a la Pascua. Partieron para Jerusalén un día antes para estar solos, y fueron por el camino de Samaria. Iban a pie y Jesús informó a Santiago sobre los lugares históricos que iban atravesando, como su padre lo había hecho con él cinco años antes en un viaje similar.
1399:1 127:3.2 Al pasar por Samaria observaron muchos espectáculos extraños. Durante este viaje conversaron sobre muchos de sus problemas personales, familiares y nacionales. Santiago era un muchacho con fuertes tendencias religiosas, y aunque no estaba plenamente de acuerdo con su madre sobre lo poco que conocía de los planes relacionados con la obra de la vida de Jesús, esperaba impaciente el momento en que sería capaz de asumir la responsabilidad de la familia, para que Jesús pudiera empezar su misión. Apreciaba mucho que Jesús lo llevara a la Pascua, y hablaron sobre el futuro con más profundidad de lo que nunca lo habían hecho antes.
1399:2 127:3.3 Jesús reflexionó mucho mientras atravesaban Samaria, especialmente en Betel y cuando estuvieron bebiendo en el pozo de Jacob. Examinó con su hermano las tradiciones de Abraham, Isaac y Jacob. Preparó bien a Santiago para lo que iba a presenciar en Jerusalén, tratando así de atenuar una conmoción semejante a la que él mismo había experimentado en su primera visita al templo. Pero Santiago no era tan sensible a algunos de estos espectáculos. Hizo comentarios sobre la manera superficial e indiferente con que algunos de los sacerdotes efectuaban sus deberes, pero en conjunto disfrutó enormemente de su estancia en Jerusalén.
1399:3 127:3.4 Jesús llevó a Santiago a Betania para la cena pascual. Simón había fallecido y descansaba con sus antepasados, y Jesús ocupó el lugar del cabeza de familia para la Pascua, pues había traído del templo el cordero pascual.
1399:4 127:3.5 Después de la cena pascual, María se sentó a charlar con Santiago mientras que Marta, Lázaro y Jesús estuvieron hablando hasta muy entrada la noche. Al día siguiente asistieron a los oficios del templo, y Santiago fue recibido en la comunidad de Israel. Aquella mañana, al detenerse en la cima del Olivete para mirar el templo, Santiago expresó su admiración mientras que Jesús contemplaba Jerusalén en silencio. Santiago no podía comprender el comportamiento de su hermano. Aquella noche regresaron de nuevo a Betania, y al día siguiente habrían partido para su casa, pero Santiago insistía en volver a visitar el templo, explicando que quería escuchar a los maestros. Y aunque esto era cierto, deseaba en secreto oir a Jesús participar en los debates, tal como se lo había oído contar a su madre. Así pues fueron al templo y escucharon los debates, pero Jesús no hizo ninguna pregunta. Todo aquello parecía pueril e insignificante para esta mente de hombre y Dios en
vías de despertarse —sólo podía apiadarse de ellos. A Santiago le decepcionó que Jesús no dijera nada. A sus preguntas, Jesús se limitó a responder: “Mi hora aún no ha llegado”.
1399:5 127:3.6 Al día siguiente emprendieron el viaje de vuelta por Jericó y el valle del Jordán. Jesús contó muchas cosas por el camino, entre ellas su primer viaje por esta carretera cuando tenía trece años.
1399:6 127:3.7 A su regreso a Nazaret, Jesús empezó a trabajar en el viejo taller de reparaciones de la familia, y se sintió muy contento de poder encontrarse a diario con tanta gente de todas partes del país y de las comarcas circundantes. Jesús amaba realmente a la gente —a la gente común y corriente. Cada mes pagaba la mensualidad de la compra del taller, y con la ayuda de Santiago, continuó manteniendo a la familia.
1399:7 127:3.8 Varias veces al año, cuando no había visitantes que lo hicieran, Jesús continuaba leyendo las escrituras del sábado en la sinagoga y muchas veces comentaba la lección; pero habitualmente seleccionaba los pasajes de tal manera que no necesitaban comentarios. Era tan hábil ordenando la lectura de los distintos pasajes, que éstos se iluminaban entre sí. Siempre que hacía buen tiempo, nunca dejaba de llevar a sus hermanos y hermanas a pasear por la naturaleza las tardes del sábado.
1400:1 127:3.9 Por esa época, el chazán inauguró una tertulia de discusiones filosóficas para jóvenes; éstos se reunían en la casa de los diversos miembros y a menudo en la del chazán. Jesús llegó a ser un miembro eminente de este grupo. De este manera pudo recobrar una parte del prestigio local que había perdido al producirse las recientes controversias nacionalistas.
1400:2 127:3.10 Su vida social, aunque restringida, no estaba descuidada por completo. Contaba con muy buenos amigos y fieles admiradores entre los jóvenes y las muchachas de Nazaret.
1400:3 127:3.11 En septiembre, Isabel y Juan vinieron a visitar a la familia de Nazaret. Juan, que había perdido a su padre, se proponía regresar a las colinas de Judea para dedicarse a la agricultura y a la cría de ovejas, a menos que Jesús le aconsejara quedarse en Nazaret para dedicarse a la carpintería o a cualquier otro oficio. Juan y su madre no sabían que la familia de Nazaret estaba prácticamente sin dinero. Cuanto más hablaban María e Isabel de sus hijos, más estaban convencidas de que sería bueno que los dos jóvenes trabajaran juntos y se vieran con más frecuencia.
1400:4 127:3.12 Jesús y Juan tuvieron varias conversaciones a solas y hablaron de algunos asuntos muy íntimos y personales. Al concluir esta visita, los dos decidieron no volver a verse hasta que se encontraran en su ministerio público, después de que “el Padre celestial los hubiera llamado” para cumplir con su misión. Juan se quedó enormemente impresionado por lo que vio en Nazaret, y comprendió que debía regresar a su casa y trabajar para mantener a su madre. Se convenció de que participaría en la misión de la vida de Jesús, pero vio que Jesús iba a estar ocupado muchos años cuidando a su familia. Por eso estaba mucho más contento de regresar a su hogar, dedicarse a cuidar su pequeña granja y atender las necesidades de su madre. Juan y Jesús no volvieron a verse nunca más hasta el día en que el Hijo del Hombre se presentó para ser bautizado en el Jordán.
1400:5 127:3.13 La tarde del sábado 3 de diciembre de este año, la muerte golpeó por segunda vez a esta familia de Nazaret. El pequeño Amós, su hermanito, murió después de una semana de enfermedad con fiebre alta. Después de atravesar este período doloroso con su hijo primogénito como único sostén, María reconoció finalmente y en todos los sentidos que Jesús era el verdadero jefe de la familia; y era en verdad un jefe valioso.
1400:6 127:3.14 Durante cuatro años, su nivel de vida había declinado constantemente; año tras año se sentían cada vez más atenazados por la pobreza. Hacia el final de este año se enfrentaron con una de las experiencias más difíciles de todas sus árduas luchas. Santiago todavía no había empezado a ganar mucho, y los gastos de un entierro sumados a todo lo demás les hizo tambalearse. Pero Jesús se limitó a decir a su madre ansiosa y afligida:
“Madre María, la tristeza no nos ayudará; todos hacemos lo mejor que podemos, y la sonrisa de mamá quizás podría inspirarnos para hacerlo aún mejor. Día tras día nos sentimos fortalecidos en nuestras tareas con la esperanza de tener más adelante tiempos mejores”. Su optimismo práctico y sólido era realmente contagioso; todos los niños vivían en un ambiente donde se esperaban tiempos y cosas mejores. Esta valentía llena de esperanza contribuyó poderosamente a desarrollar en ellos unos caracteres fuertes y nobles, a pesar de su pobreza deprimente.
1400:7 127:3.15 Jesús poseía la facultad de movilizar eficazmente todos los poderes de su mente, de su alma y de su cuerpo para efectuar la tarea que tenía entre manos. Podía concentrar su mente profunda en el problema concreto que deseaba resolver, y esto, unido a su paciencia incansable, le permitió soportar con serenidad las pruebas de una existencia mortal difícil —vivir como si estuviera “viendo a Aquel que es invisible”.
4. EL DECIMONOVENO AÑO (AÑO 13 d. de J.C.)
1401:1 127:4.1 Por esta época, Jesús y María se entendieron mucho mejor. Ella lo consideraba menos como un hijo; se había vuelto para ella como un padre para sus hijos. La vida cotidiana hervía de dificultades prácticas e inmediatas. Hablaban con menos frecuencia de la obra de su vida, porque a medida que pasaba el tiempo, todos sus pensamientos estaban mútuamente consagrados al mantenimiento y a la educación de su familia de cuatro niños y tres niñas.
1401:2 127:4.2 A principios de este año, Jesús había conseguido que su madre aceptara plenamente sus métodos para educar a los niños —la orden positiva de hacer el bien en lugar del antiguo método judío de prohibir hacer el mal. En su casa y durante toda su carrera de enseñanza pública, Jesús utilizó invariablemente la fórmula de exhortación positiva. Siempre y en todas partes
decía: “Haréis esto, deberíais hacer aquello”. Nunca empleaba la manera negativa de enseñar, derivada de los antiguos tabúes. Evitaba resaltar el mal prohibiéndolo, mientras que realzaba el bien ordenando su ejecución. En esta casa, la hora de la oración era el momento de debatir todos los asuntos relacionados con el bienestar de la familia.
1401:3 127:4.3 Jesús empezó a disciplinar sabiamente a sus hermanos y hermanas a una edad tan temprana que nunca tuvo necesidad de castigarlos mucho para conseguir su pronta y sincera obediencia. La única excepción era Judá, a quien en diversas ocasiones, Jesús estimó necesario imponer un castigo por sus infracciones a las reglas del hogar. En tres ocasiones en que se juzgó oportuno castigar a Judá por haber violado deliberadamente las reglas de conducta de la familia, y haberlo confesado, su castigo fue dictado por la decisión unánime de los niños mayores y aprobado por el mismo Judá antes de serle infligido.
1401:4 127:4.4 Aunque Jesús era muy metódico y sistemático en todo lo que hacía, había también, en todas sus decisiones administrativas, una elasticidad de interpretación refrescante y una adaptación individual que impresionaba enormemente a todos los niños por el espíritu de justicia con que actuaba su hermano – padre. Nunca castigó arbitrariamente a sus hermanos y hermanas; esta justicia constante y esta consideración personal hicieron que Jesús fuese muy querido por toda su familia.
1401:5 127:4.5 veces enfurecidos mediante la persuasión y la no resistencia, y muchas veces lo consiguieron; por el contrario, aunque José y Judá aceptaban estas enseñanzas en el hogar, se apresuraban a defenderse cuando eran agredidos por sus compañeros; Judá en particular era culpable de violar el espíritu de estas enseñanzas. Pero la no resistencia no era una regla de la familia. No se imponía ningún castigo por violar las enseñanzas personales.
1401:6 127:4.6 Todos los niños en general, pero sobre todo las niñas, consultaban a Jesús acerca de sus aflicciones infantiles y confiaban en él como lo harían en un padre cariñoso.
1401:7 127:4.7 A medida que crecía, Santiago se iba convirtiendo en un joven bien equilibrado y de buen carácter, pero no tenía tantas tendencias espirituales como Jesús. Era mucho mejor estudiante que José, y éste, aunque era un buen trabajador, tenía aún menos tendencias espirituales. José era constante y no llegaba al nivel intelectual de los otros niños. Simón era un muchacho bien intencionado, pero demasiado soñador. Fue lento para establecerse en la vida y causó considerables inquietudes a Jesús y María, pero siempre fue un chico bueno y bien intencionado. Judá era un cizañero. Tenía los ideales más elevados, pero poseía un temperamento inestable. Era tan decidido y dinámico como su madre o más aún, pero carecía mucho del sentido de la medida y de la discreción que ella tenía.
1402:1 127:4.8 Miriam era una hija bien equilibrada y sensata, con una aguda apreciación de las cosas nobles y espirituales. Marta pensaba y actuaba lentamente, pero era una chica muy eficiente y digna de confianza. La pequeña Rut era la alegría de la casa; aunque hablaba sin reflexionar, tenía un corazón de lo más sincero. Adoraba literalmente a su hermano mayor y padre, pero no la mimaban. Era una niña hermosa, pero no tan bien parecida como Miriam, que era la belleza de la familia, si no de la ciudad.
1402:2 127:4.9 A medida que pasaba el tiempo, Jesús contribuyó mucho a liberalizar y modificar las enseñanzas y las prácticas de la familia relativas a la observancia del sábado y a otros muchos aspectos de la religión; María dio su sincera aprobación a todos estos cambios. Por esta época Jesús se había convertido en el jefe incontestable de la casa.
1402:3 127:4.10 Judá empezó a ir a la escuela este año, y Jesús se vió obligado a vender su arpa para costear los gastos. Así desapareció el último de sus placeres recreativos. Le gustaba mucho tocar el arpa cuando tenía la mente cansada y el cuerpo fatigado, pero se consoló con la idea de que al menos el arpa no caería en manos del cobrador de impuestos.
REBECA, LA HIJA DE ESDRAS
1402:4 127:5.1 Aunque Jesús era pobre, su posición social en Nazaret no había disminuído en absoluto. Era uno de los jóvenes más destacados de la ciudad y muy considerado por la mayoría de las muchachas. Puesto que Jesús era un espléndido ejemplar de madurez física e intelectual, y dada su reputación como guía espiritual, no era de extrañar que Rebeca, la hija mayor de Esdras, un rico mercader y negociante de Nazaret, descubriera que se estaba enamorando poco a poco de este hijo de José. Primero confió sus sentimientos a Miriam, la hermana de Jesús, y Miriam a su vez se lo comentó a su madre. María se alarmó mucho. ¿Estaba a punto de perder a su hijo, que ahora era el cabeza indispensable de la familia? ¿Nunca se terminarían las dificultades? ¿Qué podría ocurrir después? Entonces se detuvo para meditar en el efecto que tendría el matrimonio sobre la futura carrera de Jesús. No muy a menudo, pero al menos de vez en cuando, recordaba el hecho de que Jesús era un “hijo de la promesa”. Después de discutir este asunto, María y Miriam decidieron hacer un esfuerzo para ponerle fin antes de que Jesús se enterara; fueron a ver directamente a Rebeca, le expusieron toda la historia y le contaron francamente su creencia de que Jesús era un hijo del destino, que iba a convertirse en un gran guía religioso, tal vez en el Mesías.
1402:5 127:5.2 Rebeca escuchó atentamente; se quedó pasmada con el relato y estuvo más decidida que nunca a unir su destino con el de este hombre de su elección y compartir su carrera de dirigente. Discurría (en su interior) que un hombre así tendría aún más necesidad de una esposa fiel y eficiente. Interpretó los esfuerzos de María por disuadirla como una reacción natural ante el temor de perder al jefe y único sostén de su familia; pero sabiendo que su padre aprobaba la atracción que sentía por el hijo del carpintero, suponía acertadamente que aquel proporcionaría con mucho gusto a la familia la renta suficiente con la que compensar ampliamente la pérdida de los ingresos de Jesús. Cuando su padre aceptó este proyecto, Rebeca mantuvo otras conversaciones con María y Miriam, pero al no conseguir su apoyo, tuvo el atrevimiento de acudir directamente a Jesús. Lo hizo con la cooperación de su padre, que invitó a Jesús a su casa para la celebración del decimoséptimo
cumpleaños de Rebeca.
1403:1 127:5.3 Jesús escuchó con atención y simpatía la narración de todo lo sucedido, primero por parte del padre de Rebeca, y luego por ella misma. Contestó con amabilidad que ninguna cantidad de dinero podría reemplazar su obligación personal de criar a la familia de su padre, “de cumplir con el deber humano más sagrado —la lealtad a la propia carne y a la propia sangre”. El padre de Rebeca se sintió profundamente conmovido por las palabras de devoción familiar de Jesús y se retiró de la entrevista. Su único comentario a su esposa María fue: “No podemos tenerlo como hijo; es demasiado noble para nosotros”.
1403:2 127:5.4 Entonces empezó la memorable conversación con Rebeca. Hasta ese momento de su vida, Jesús había hecho poca distinción en sus relaciones con los niños y las niñas, con los jóvenes y las muchachas. Su mente había estado demasiado ocupada con los problemas urgentes de los asuntos prácticos de este mundo y con la contemplación misteriosa de su carrera eventual “relacionada con los asuntos de su Padre”, como para haber considerado nunca seriamente la consumación del amor personal en el matrimonio humano. Pero ahora se encontraba frente a otro de los problemas que cualquier ser humano corriente tiene que afrontar y resolver. En verdad fue “probado en todas las cosas igual que vosotros”.
1403:3 127:5.5 Después de escuchar con atención, agradeció sinceramente a Rebeca la admiración que le expresaba, y añadió: “Esto me alentará y me confortará todos los días de mi vida”. Le explicó que no era libre de tener, con una mujer, otras relaciones que las de simple consideración fraternal y la de pura amistad. Precisó que su deber primero y supremo era criar a la familia de su padre, que no podía pensar en el matrimonio hasta que completara esta tarea; y entonces añadió: “Si soy un hijo del destino, no debo asumir obligaciones para toda la vida hasta el momento en que mi destino se haga manifiesto”.
1403:4 127:5.6 A Rebeca se le rompió el corazón. No quiso ser consolada, y pidió insistentemente a su padre que se fueran de Nazaret, hasta que éste consintió finalmente en mudarse a Séforis. En los años que siguieron, Rebeca sólo tuvo una respuesta para los numerosos hombres que la pidieron en matrimonio. Vivía con una sola finalidad —esperar la hora en que aquel que era para ella el hombre más grande que hubiera vivido nunca, empezara su carrera como maestro de la verdad viviente. Lo siguió con devoción durante los años extraordinarios de su ministerio público. Estuvo presente (sin que Jesús lo advirtiera) el día que entró triunfalmente en Jerusalén; y se hallaba “entre
las otras mujeres” al lado de María, aquella tarde fatídica y trágica en que el Hijo del Hombre fue suspendido en la cruz. Porque para ella, como para innumerables mundos de arriba, él era “el único enteramente digno de ser amado y el más grande entre diez mil”.
SU VIGÉSIMO AÑO (AÑO 14 d. de J.C.)
1403:5 127:6.1 La historia del amor de Rebeca por Jesús se murmuraba en Nazaret y posteriormente en Cafarnaum, de manera que, aunque en los años siguientes muchas mujeres amaron a Jesús como los hombres lo amaban, nunca más tuvo que rechazar la propuesta personal de la devoción de otra mujer de bien.
A partir de este momento, el amor humano por Jesús tuvo más bien la naturaleza de una consideración respetuosa y adoradora. Hombres y mujeres lo amaban con devoción por lo que él era, sin el menor matiz de satisfacción personal y sin el deseo de posesión afectiva. Pero durante muchos años, cada vez que se contaba la historia de la personalidad humana de Jesús, se mencionaba la devoción de Rebeca.
1404:1 127:6.2 Miriam, que conocía bien la historia de Rebeca y sabía cómo su hermano había renunciado incluso al amor de una hermosa doncella (sin percibir el factor de la carrera futura que sería su destino), llegó a idealizar a Jesús y a amarlo con un afecto tierno y profundo, tanto filial como fraternal.
1404:2 127:6.3 Aunque difícilmente podían permitírselo, Jesús tenía un extraño deseo de ir a Jerusalén para la Pascua. Conociendo su reciente experiencia con Rebeca, su madre lo animó sabiamente a que hiciera el viaje. Sin ser muy consciente de ello, lo que Jesús más deseaba era tener la oportunidad de hablar con Lázaro y visitar a Marta y María. Después de su propia familia, estas tres personas eran las que más amaba.
1404:3 127:6.4 En este viaje a Jerusalén fue por el camino de Meguido, Antípatris y Lida, recorriendo en parte la misma ruta que atravesó cuando fue traído a Nazaret a su regreso de Egipto. Empleó cuatro días para llegar a la Pascua y reflexionó mucho en los acontecimientos del pasado que se habían producido en Meguido y sus alrededores, el campo de batalla internacional de Palestina.
1404:4 127:6.5 Jesús atravesó Jerusalén, deteniéndose solamente para contemplar el templo y las multitudes de visitantes. Sentía una extraña y creciente aversión por este templo construido por Herodes, con sus sacerdotes elegidos por razones políticas. Lo que deseaba por encima de todo era ver a Lázaro, Marta y María. Lázaro tenía la misma edad que Jesús y ahora era el cabeza de familia; en el momento de esta visita, la madre de Lázaro había fallecido también. Marta era poco más de un año mayor que Jesús, mientras que María era dos años más joven. Y Jesús era el ideal que los tres idolatraban.
1404:5 127:6.6 Durante esta visita se produjo una de sus manifestaciones periódicas de rebelión contra la tradición —la expresión de un resentimiento contra aquellas prácticas ceremoniales que Jesús consideraba que representaban falsamente a su Padre celestial. Al no saber que Jesús iba a venir, Lázaro se había preparado para celebrar la Pascua con unos amigos en un pueblo vecino, más abajo en el camino de Jericó. Jesús proponía ahora que celebraran la fiesta allí donde estaban, en la casa de Lázaro. “Pero”, dijo Lázaro, “no tenemos cordero pascual”. Entonces Jesús emprendió una disertación prolongada y convincente para mostrar que el Padre celestial no se interesaba realmente por aquellos rituales infantiles y desprovistos de sentido. Después de una oración ferviente y solemne, se levantaron y Jesús dijo: “Dejad que las mentes infantiles e ignorantes de mi pueblo sirvan a su Dios como Moisés ordenó; es mejor que lo hagan. Pero nosotros, que hemos visto la luz de la vida, dejemos de acercarnos a nuestro Padre a través de las tinieblas de la muerte. Seamos libres al conocer la verdad del amor eterno de nuestro Padre”.
1404:6 127:6.7 Aquella tarde, a la hora del crepúsculo, los cuatro se sentaron y participaron en la primera fiesta de la Pascua que unos judíos piadosos hubieran celebrado nunca sin cordero pascual. El pan ácimo y el vino habían sido preparados para esta Pascua, y Jesús sirvió a sus compañeros estos símbolos, llamándolos “el pan de la vida” y el “agua de la vida”. Comieron en solemne conformidad con las enseñanzas que acababan de impartirse. Jesús cogió la costumbre de practicar este rito sacramental en cada una de sus visitas posteriores a Betania. Cuando volvió a su casa, se lo contó todo a su madre. Ésta se escandalizó al principio, pero gradualmente fue comprendiendo su punto de vista; sin embargo, se sintió muy aliviada cuando Jesús le aseguró que no tenía la intención de introducir en su familia esta nueva idea de la Pascua. Año tras año continuó comiendo la Pascua con los niños en el hogar “según la ley de Moisés”.
1404:7 127:6.8 Fue durante este año cuando María tuvo una larga conversación con Jesús acerca del matrimonio. Le preguntó francamente si se casaría en el caso de que estuviera libre de sus responsabilidades familiares. Jesús le explicó que, puesto que el deber inmediato le impedía el matrimonio, había pensado poco en este tema. Se expresó como dudando de que llegara a casarse nunca; dijo que todas estas cosas tenían que esperar “mi hora”, el momento en que “el trabajo de mi Padre tendrá que empezar”. Habiendo decidido ya mentalmente que no iba a ser padre de hijos carnales, dedicó muy poco tiempo a pensar en el tema del matrimonio humano.
1405:1 127:6.9 Este año reemprendió la tarea de unir más su naturaleza humana y su naturaleza divina en una individualidad humana simple y eficaz. Su estado moral y su comprensión espiritual continuaron creciendo.
1405:2 127:6.10 Aunque todas sus propiedades de Nazaret (a excepción de su casa) se habían vendido, este año recibieron una pequeña ayuda financiera por la venta de una participación en una propiedad de Cafarnaum. Esto era lo último que quedaba de todos los bienes de José. Este trato inmobiliario en Cafarnaum se efectuó con un constructor de barcas llamado Zebedeo.
José terminó sus estudios este año en la escuela de la sinagoga y se preparó para empezar a trabajar en el pequeño banco del taller de carpintería de su domicilio. Aunque la herencia de su padre se había agotado, las perspectivas de salir de la pobreza habían mejorado, porque ahora eran tres los que trabajaban con regularidad.
Jesús se hace hombre rápidamente, no simplemente un hombre joven sino un adulto. Ha aprendido bien a llevar sus responsabilidades. Sabe cómo seguir adelante en presencia de los contratiempos. Resiste con valentía cuando sus planes se contrarían y sus proyectos se frustran temporalmente. Ha aprendido a ser equitativo y justo incluso en presencia de la injusticia. Está aprendiendo a ajustar sus ideales de vida espiritual con las exigencias prácticas de la existencia terrestre. Está aprendiendo a hacer planes para alcanzar una meta idealista superior y distante, mientras trabaja duramente con el fin de satisfacer las necesidades más cercanas e inmediatas. Está adquiriendo con firmeza el arte de ajustar sus aspiraciones a las exigencias convencionales de las circunstancias humanas. Casi ha dominado la técnica de utilizar la energía del impulso espiritual para mover el mecanismo de las realizaciones materiales. Aprende lentamente a vivir la vida celestial mientras continúa con su existencia terrenal. Depende cada vez más de las directrices finales de su Padre celestial, mientras que asume el papel paternal de orientar y dirigir a los niños de su familia terrestre. Se está volviendo experto en el arte de arrancar la victoria de las mismas garras de la derrota; está aprendiendo a transformar las dificultades del tiempo en triunfos de la eternidad.
Así, a medida que pasan los años, este joven de Nazaret continúa experimentando la vida tal como se vive en la carne mortal de los mundos del tiempo y del espacio. Vive en Urantia una vida completa, representativa y plena. Dejó este mundo conociendo bien la experiencia que sus criaturas atraviesan durante los cortos y árduos años de su primera vida, la vida en la carne. Y toda esta experiencia humana es propiedad eterna del Soberano del Universo. Él es nuestro hermano comprensivo, nuestro amigo compasivo, nuestro soberano experimentado y nuestro padre misericordioso.
Siendo niño acumuló un enorme conjunto de conocimientos; cuando joven ordenó, clasificó y correlacionó esta información. Ahora como hombre del mundo, empieza a organizar estas posesiones mentales con vistas a utilizarlas en su futura enseñanza, ministerio y servicio para sus compañeros mortales de este mundo y de todas las demás esferas habitadas de todo el universo de Nebadon.
Nacido en el mundo como un niño del planeta, ha vivido su vida infantil y ha pasado por las etapas sucesivas de la adolescencia y de la juventud. Ahora se encuentra en el umbral de la plena edad adulta, con la rica experiencia de la vida humana, con la comprensión completa de la naturaleza humana y lleno de compasión por las flaquezas de la naturaleza humana. Se está volviendo experto en el arte divino de revelar su Padre del Paraíso a las criaturas mortales de todos los tiempos y de todos los estados de progreso.
1406:1 127:6.16 Ahora, como un hombre en posesión de todas sus facultades —como un adulto del mundo— se prepara para continuar su misión suprema de revelar Dios a los hombres y de conducir los hombres a Dios.
El libro de Urantia
1407:1 128:0.1 CUANDO Jesús de Nazaret comenzó los primeros años de su vida adulta, había vivido, y continuaba viviendo, una vida humana normal y corriente en la tierra. Jesús vino a este mundo exactamente como los demás niños; no participó para nada en la elección de sus padres. Había escogido este mundo concreto como planeta para llevar a cabo su séptima y última donación, su encarnación en la similitud de la carne mortal; pero aparte de esto, vino al mundo de una manera natural, creció como un niño del planeta y luchó contra las vicisitudes de su entorno de la misma manera que lo hacen los demás mortales en este mundo y en los mundos similares.
1407:2 128:0.2 Tened siempre presente que la donación de Miguel en Urantia tenía una doble finalidad: Comprender en todos sus detalles la experiencia de vivir la vida completa de una criatura humana en la carne mortal, para consumar su soberanía en Nebadon. Revelar el Padre Universal a los habitantes mortales de los mundos del tiempo y del espacio, y conducir con más eficacia a estos mismos mortales a comprender mejor al Padre Universal.
1407:5 128:0.3 Todos los demás beneficios para las criaturas y ventajas para el universo eran fortuitos y secundarios respecto a estas metas principales de la donación como mortal.
LOS PRIMEROS AÑOS DE LA VIDA ADULTA DE JESÚSÍNDICE
ESCRITO 128
EL VIGÉSIMO PRIMER AÑO (AÑO 15 d. de J.C.)
1407:6 128:1.1 Al llegar a la edad adulta, Jesús emprendió seriamente y con plena conciencia de sí mismo la tarea de completar la experiencia de conocer a fondo la vida de las formas más humildes de sus criaturas inteligentes; así adquiriría el derecho definitivo y completo a gobernar de manera incondicional el universo que él mismo había creado. Emprendió esta inmensa tarea con una conciencia total de su doble naturaleza. Pero ya había combinado eficazmente estas dos naturalezas en una sola —la de Jesús de Nazaret.
1407:7 128:1.2 Josué ben José sabía muy bien que era un hombre, un hombre mortal, nacido de una mujer. Esto queda demostrado en la elección de su primera denominación, el Hijo del Hombre. Compartió realmente la naturaleza de carne y sangre, e incluso ahora que preside con autoridad soberana los destinos de un universo, conserva todavía entre sus numerosos títulos bien ganados el de Hijo del Hombre. Es literalmente cierto que el Verbo creador —el Hijo Creador— del Padre Universal “se hizo carne y habitó en Urantia como un hombre del mundo”. Trabajaba, se cansaba, descansaba y dormía. Tuvo hambre y sació su apetito con alimentos; tuvo sed y apagó su sed con agua. Experimentó toda la gama de sentimientos y emociones humanas; fue “probado en todas las cosas de la misma manera que vosotros”, sufrió y murió.
1407:8 128:1.3 Obtuvo conocimientos, adquirió experiencia y combinó ambas cosas en sabiduría, como lo hacen otros mortales del mundo. Hasta después de su bautismo no utilizó ningún poder sobrenatural. No empleó ninguna influencia que no formara parte de su dotación humana como hijo de José y de María.
1408:1 128:1.4 En cuanto a los atributos de su existencia prehumana, se despojó de ellos. Antes de empezar su trabajo público, se impuso a sí mismo conocer a los hombres y a los acontecimientos exclusivamente por medios humanos. Era un verdadero hombre entre los hombres.
1408:2 128:1.5 Es una verdad eterna y gloriosa que: “Tenemos un alto gobernante que puede conmoverse con el sentimiento de nuestras debilidades. Tenemos un Soberano que fue, en todos los aspectos, probado y tentado como nosotros, pero sin pecar”. Y puesto que él mismo sufrió, habiendo sido probado y tentado, es perfectamente capaz de comprender y ayudar a los que se encuentran confundidos y afligidos.
1408:3 128:1.6 El carpintero de Nazaret comprendía ahora plenamente el trabajo que le esperaba, pero escogió dejar que su vida humana continuara su curso natural. En algunas de estas cuestiones es realmente un ejemplo para sus criaturas mortales, pues como está escrito: “Tened en vosotros la mente que estaba también en Cristo Jesús, el cual, siendo de la naturaleza de Dios, no
consideraba extraño ser igual a Dios. Sin embargo, se dio poca importancia, y tomando la forma de una criatura, nació en la similitud de los hombres. Habiendo sido modelado así como un hombre, se humilló y se hizo obediente hasta la muerte, incluso a la muerte en la cruz”.
1408:4 128:1.7 Vivió su vida mortal exactamente como todos los miembros de la familia humana pueden vivir la suya, como “aquel que en los días de su encarnación elevaba con tanta frecuencia oraciones y súplicas, incluso con una gran emoción y lágrimas, a Aquel que es capaz de salvar de todo mal, y sus oraciones fueron eficaces porque creía”. Por este motivo era necesario que se volviera en todos los aspectos semejante a sus hermanos, para poder llegar a ser un soberano misericordioso y comprensivo para ellos.
1408:5 128:1.8 Nunca dudó de su naturaleza humana; era evidente por sí misma y siempre estaba presente en su conciencia. En cuanto a su naturaleza divina, siempre había lugar para las dudas y las conjeturas; al menos fue así hasta el acontecimiento que se produjo en su bautismo. La autoconciencia de su divinidad fue una lenta revelación, y desde el punto de vista humano, una revelación evolutiva natural. Esta revelación y esta autoconciencia de su divinidad empezaron en Jerusalén con el primer acontecimiento sobrenatural de su existencia humana, cuando aún no tenía trece años. La experiencia de realizar esta autoconciencia de su naturaleza divina se completó en el momento de la segunda experiencia sobrenatural de su encarnación; este episodio se produjo cuando Juan lo bautizó en el Jordán, acontecimiento que marcó el principio de su carrera pública de servicio y de enseñanza.
1408:6 128:1.9 Entre estas dos visitas celestiales, una a los trece años y la otra en su bautismo, no ocurrió nada sobrenatural ni sobrehumano en la vida de este Hijo Creador encarnado. A pesar de esto, el niño de Belén, el muchacho, el joven y el hombre de Nazaret, eran en realidad el Creador encarnado de un universo; pero en el transcurso de su vida humana hasta el día en que Juan lo bautizó, ni una sola vez utilizó para nada este poder, ni siguió las directrices de personalidades celestiales, exceptuando las de su serafín guardián. Nosotros que atestiguamos esto sabemos lo que decimos.
1408:7 128:1.10 Sin embargo, durante todos estos años de su vida en la carne, era realmente divino. Era en efecto un Hijo Creador del Padre del Paraíso. Una vez que emprendió su carrera pública, después de completar técnicamente su experiencia puramente mortal para adquirir la soberanía, no dudó en admitir públicamente que era el Hijo de Dios. No dudó en declarar: “Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin, el primero y el último.” Años más tarde, no protestó cuando le llamaron Señor de la Gloria, Gobernante de un Universo, el Señor Dios de toda la creación, el Santo de Israel, el Señor de todo, nuestro Señor y nuestro Dios, Dios con nosotros, el que tiene un nombre por encima de todos los nombres y en todos los mundos, la Omnipotencia de un universo, la Mente Universal de esta creación, el Único en el que están ocultos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento, la plenitud de Aquel que llena todas las cosas, el Verbo eterno del Dios eterno, Aquel que era antes de todas las cosas y en quien todas las cosas consisten, el Creador de los cielos y de la tierra, el Sostén de un universo, el Juez de toda la tierra, el Dador de la vida eterna, el Verdadero Pastor, el Libertador de los mundos y el que Dirige nuestra salvación.
1409:1 128:1.11 Nunca puso objeción a ninguno de estos títulos cuando les fueron aplicados, después de emerger de su vida puramente humana para entrar en los años siguientes en los que tenía conciencia del ministerio de la divinidad en la humanidad, por la humanidad y para la humanidad, en este mundo y para todos los otros mundos. Jesús sólo puso objeción a un título que le aplicaron: cuando una vez le llamaron Manuel, simplemente replicó: “No soy yo, es mi hermano mayor”.
1409:2 128:1.12 Siempre, e incluso después de emerger a una vida más amplia en la tierra, Jesús permaneció humildemente sometido a la voluntad del Padre que está en los cielos.
1409:3 128:1.13 Después de su bautismo, no tuvo inconveniente en permitir que los que creían sinceramente en él y sus seguidores agradecidos lo adoraran. Incluso cuando luchaba contra la pobreza y trabajaba con sus manos para proporcionar las necesidades básicas a su familia, su conciencia de ser un Hijo de Dios iba en aumento; sabía que era el autor de los cielos y de esta misma tierra en la que ahora estaba viviendo su existencia humana. Y las huestes de seres celestiales de todo el enorme universo que lo observaba sabían igualmente que este hombre de Nazaret era su amado Soberano y su padre-Creador. Durante todos estos años, el universo de Nebadon permaneció en una profunda expectativa; todas las miradas celestiales estaban clavadas contínuamente en Urantia —en Palestina.
1409:4 128:1.14 Este año, Jesús se desplazó con José a Jerusalén para celebrar la Pascua. Como ya había llevado a Santiago al templo para la consagración, pensaba que tenía el deber de llevar a José. Jesús nunca mostró el menor grado de predilección en el trato con su familia. Fue con José a Jerusalén por la ruta habitual del valle del Jordán, pero regresó a Nazaret por el camino que pasaba por Amatus, al este del Jordán. Al bajar por el Jordán, Jesús le contó a José la historia de los judíos, y en el viaje de vuelta, le habló de las experiencias de las famosas tribus de Rubén, Gad y Gilead que tradicionalmente habían vivido en estas regiones al este del río.
1409:5 128:1.15 José hizo muchas preguntas capitales a Jesús en relación con la misión de su vida, pero a la mayoría de ellas, Jesús se limitó a responder: “Mi hora aún no ha llegado”. Sin embargo, en el transcurso de estas discusiones, Jesús dejó caer muchas palabras que José recordó durante los excitantes acontecimientos de los años siguientes. Jesús pasó esta Pascua, acompañado de José, con sus tres amigos en Betania, como tenía la costumbre de hacer cuando estaba en Jerusalén asistiendo a estas fiestas conmemorativas.
2. EL VIGÉSIMO SEGUNDO AÑO (AÑO 16 d. de J.C.)
1409:6 128:2.1 Éste fue uno de los años durante los cuales los hermanos y hermanas de Jesús se enfrentaron con las pruebas y tribulaciones propias de los problemas y reajustes de la adolescencia. Jesús tenía ahora hermanos y hermanas entre los siete y los dieciocho años de edad, y estaba muy ocupado ayudándolos a adaptarse a los nuevos despertares de su vida intelectual y emocional. Así pues, tuvo que luchar con los problemas de la adolescencia a medida que se presentaban en la vida de sus hermanos y hermanas menores.
1410:1 128:2.2 Simón terminó sus estudios en la escuela este año y empezó a trabajar con Jacobo el albañil, el antiguo compañero de juegos de la infancia y el defensor siempre dispuesto de Jesús. Después de varias conversaciones familiares, llegaron a la conclusión de que no era prudente que todos los muchachos se dedicaran a la carpintería. Pensaban que si escogían oficios diferentes estarían en disposiciones de aceptar contratos para construir edificios enteros. Además, habían pasado por períodos de paro forzoso desde que tres de ellos trabajaban como carpinteros a tiempo completo.
1410:2 128:2.3 Jesús continuó este año con la terminación de interiores y la ebanistería, pero dedicó la mayor parte de su tiempo al taller de reparaciones de las caravanas. Santiago empezaba a alternarse con él en el servicio del taller. Hacia finales de este año, cuando el trabajo de carpintería llegó a escasear en Nazaret, Jesús dejó a Santiago a cargo del taller de reparaciones y a José en el banco de carpintero de la casa, mientras que él se fue a Séforis para trabajar con un herrero. Estuvo trabajando seis meses en el metal y adquirió una habilidad considerable en el yunque.
1410:3 128:2.4 Antes de empezar en su nuevo empleo de Séforis, Jesús mantuvo una de sus conferencias familiares periódicas y nombró solemnemente a Santiago, que acababa de cumplir dieciocho años, como cabeza de familia. Prometió a su hermano un apoyo sincero y toda su cooperación, y exigió a cada miembro de la familia la promesa formal de obedecer a Santiago. A partir de este día, Santiago asumió toda la responsabilidad financiera de la familia, y Jesús entregaba a su hermano su paga semanal. Jesús nunca más recuperó de Santiago las riendas del hogar. Mientras trabajaba en Séforis podría haber regresado cada noche al hogar si hubiera sido necesario, pero permaneció ausente a propósito, echándole la culpa al tiempo y a otras causas, aunque su verdadero motivo era preparar a Santiago y a José para llevar la responsabilidad de la familia. Había empezado el lento proceso de separarse de su familia. Jesús volvía a Nazaret todos los sábados y a veces durante la semana cuando lo exigía la ocasión, para observar cómo funcionaba el nuevo plan, ofrecer consejos y aportar sugerencias útiles.
1410:4 128:2.5 El hecho de vivir la mayoría del tiempo en Séforis durante seis meses, proporcionó a Jesús una nueva oportunidad para conocer mejor el punto de vista que tenían los gentiles sobre la vida. Trabajó con ellos, vivió con ellos y de todas las maneras posibles estudió de cerca y con sumo cuidado los hábitos de vida y la mentalidad de los gentiles.
1410:5 128:2.6 El nivel moral de esta ciudad donde residía Herodes Antipas era tan inferior, incluso al de Nazaret, la ciudad de las caravanas, que después de permanecer seis meses en Séforis, Jesús no dudó en encontrar un pretexto para volver a Nazaret. El grupo para el que trabajaba iba a emprender unas obras públicas tanto en Séforis como en la nueva ciudad de Tiberiades, y Jesús estaba poco dispuesto a asumir cualquier tipo de empleo que estuviera bajo la supervisión de Herodes Antipas. También existían otras razones que hacían prudente, en opinión de Jesús, el regresar a Nazaret. Cuando volvió al taller de reparaciones, no asumió otra vez la dirección personal de los asuntos familiares. Trabajó en el taller en asociación con Santiago y, tanto como le fue posible, le permitió continuar supervisando el hogar. La gestión de los gastos familiares y la administración del presupuesto doméstico, que estaban en manos de Santiago, no sufrieron ningún cambio.
1410:6 128:2.7 Fue precísamente mediante esta planificación sabia y cuidadosa como Jesús preparó el camino para su retirada final de toda participación activa en los asuntos de su familia. Cuando Santiago tuvo dos años de experiencia como cabeza de familia —y dos años antes de que se casara— José fue encargado de los fondos de la casa y se le confió la dirección general del hogar.
ESCRITO 128
3. EL VIGÉSIMO TERCER AÑO (AÑO 17 d. de J.C.)
1411:1 128:3.1 La presión financiera cedió este año ligeramente, ya que cuatro miembros de la familia estaban trabajando. Miriam ganaba bastante con la venta de la leche y la mantequilla; Marta se había convertido en una tejedora experta. Habían pagado más de un tercio del precio de compra del taller de reparaciones. La situación era tal que Jesús dejó de trabajar durante tres semanas para llevar a Simón a la Pascua de Jerusalén; éste era el período más largo, libre de las faenas cotidianas, que había disfrutado desde la muerte de su padre.
1411:2 128:3.2 Viajaron a Jerusalén por el camino de la Decápolis y atravesaron Pella, Gerasa, Filadelfia, Hesbón y Jericó. Regresaron a Nazaret por la ruta costera, pasando por Lida, Jope, Cesarea, y desde allí, rodeando el Monte Carmelo, fueron a Tolemaida y Nazaret. Este viaje permitió a Jesús conocer bastante bien toda Palestina al norte de la región de Jerusalén.
1411:3 128:3.3 En Filadelfia, Jesús y Simón conocieron a un mercader de Damasco que experimentó tanta simpatía por los hermanos de Nazaret, que insistió para que se detuvieran con él en su sede de Jerusalén. Mientras Simón asistía al templo, Jesús pasó mucho tiempo conversando con este hombre de mundo bien educado y bastante viajero. Este mercader poseía más de cuatro mil camellos de caravanas; tenía intereses en todo el mundo romano y ahora estaba de camino hacia Roma. Le propuso a Jesús que viniera a Damasco para trabajar en su negocio de importaciones de oriente, pero Jesús le explicó que no tenía justificación para alejarse tanto de su familia en ese momento. Sin embargo, durante el camino de vuelta pensó mucho en aquellas ciudades lejanas y en los países aún más distantes del Lejano Occidente y del Lejano Oriente, países de los que había oído hablar con tanta frecuencia a los viajeros y conductores de las caravanas.
1411:4 128:3.4 Simón disfrutó mucho de su visita a Jerusalén. Fue admitido debidamente en la comunidad de Israel durante la consagración pascual de los nuevos hijos del mandamiento. Mientras Simón asistía a las ceremonias pascuales, Jesús se mezcló con las multitudes de visitantes y emprendió muchas conversaciones personales interesantes con numerosos prosélitos gentiles.
1411:5 128:3.5 El más notable de todos estos contactos fue quizás con un joven helenista llamado Esteban. Este joven visitaba Jerusalén por primera vez y se encontró casualmente con Jesús el jueves por la tarde de la semana de la Pascua. Mientras los dos paseaban contemplando el palacio asmoneo, Jesús inició una conversación fortuita que tuvo como resultado el sentirse interesados el uno por el otro, lo que les llevó a una discusión de cuatro horas sobre la manera de vivir y el verdadero Dios y su culto. Esteban se quedó enormemente impresionado por lo que Jesús le dijo, y nunca olvidó sus palabras.
1411:6 128:3.6 Este mismo Esteban es el que posteriormente se hizo creyente en las enseñanzas de Jesús, y cuya intrepidez predicando este evangelio incipiente provocó la ira de los judíos, que lo apedrearon hasta morir. Una parte de la extraordinaria audacia de Esteban proclamando su visión del nuevo evangelio provenía directamente de esta primera conversación con Jesús. Pero Esteban nunca tuvo la menor sospecha de que el galileo con quien había hablado unos quince años antes era precísamente la misma persona que más tarde proclamaría como Salvador del mundo, y por quien tan pronto daría su vida, convirtiéndose así en el primer mártir de la nueva fe cristiana en evolución. Cuando Esteban dio su vida como precio por su ataque al templo judío y a sus prácticas tradicionales, un tal Saulo, ciudadano de Tarso, se hallaba presente. Cuando Saulo vió cómo este griego podía morir por su fe, se despertaron en su corazón unos sentimientos que finalmente le llevaron a abrazar la causa por la que había muerto Esteban; más tarde se convirtió en el dinámico e indomable Pablo, el filósofo, si no el único fundador, de la religión cristiana.
1412:1 128:3.7 El domingo después de la semana pascual, Simón y Jesús emprendieron su viaje de regreso a Nazaret. Simón no olvidó nunca lo que Jesús le enseñó en este viaje. Siempre había amado a Jesús, pero ahora sentía que había empezado a conocer a su hermano-padre. Tuvieron muchas conversaciones íntimas y confidenciales mientras atravesaban el país y preparaban sus comidas al borde del camino. Llegaron a la casa el jueves a mediodía, y aquella noche Simón mantuvo despierta a la familia hasta tarde, contándoles sus experiencias.
1412:2 128:3.8 María se quedó trastornada cuando Simón le informó que Jesús había pasado la mayor parte del tiempo en Jerusalén “conversando con los extranjeros, especialmente de los países lejanos”. La familia de Jesús nunca pudo comprender su gran interés por la gente, su necesidad de hablar con ellos, de conocer su manera de vivir y de averiguar lo que pensaban.
1412:3 128:3.9 La familia de Nazaret estaba cada vez más absorbida por sus problemas inmediatos y humanos; no se mencionaba con frecuencia la futura misión de Jesús, y él mismo hablaba raras veces de su carrera futura. Su madre no se acordaba mucho de que era un hijo de la promesa. Poco a poco iba abandonando la idea de que Jesús tenía que cumplir una misión divina en la tierra, pero a veces su fe se reavivaba cuando se detenía a recordar la visita de Gabriel antes de que el niño naciera.
ESCRITO 128
4. EL EPISODIO DE DAMASCO
1412:4 128:4.1 Jesús pasó los cuatro últimos meses de este año en Damasco, como huésped del mercader que conoció por primera vez en Filadelfia, cuando iba camino de Jerusalén. Un representante de este mercader había buscado a Jesús al pasar por Nazaret y lo acompañó hasta Damasco. Este mercader, en parte judío, propuso consagrar una enorme cantidad de dinero para establecer una escuela de filosofía religiosa en Damasco. Proyectaba crear un centro de estudios que sobrepasara al de Alejandría. Le propuso a Jesús que emprendiera inmediatamente una larga gira por los centros de educación del mundo, como paso previo para convertirse en el director de este nuevo proyecto. Ésta fue una de las mayores tentaciones con las que Jesús tuvo que enfrentarse en el transcurso de su carrera puramente humana.
1412:5 128:4.2 Poco después, este mercader trajo ante Jesús a un grupo de doce mercaderes y banqueros que aceptaban financiar esta escuela recién proyectada. Jesús manifestó un profundo interés por la escuela que proponían y les ayudó a planificar su organización, pero siempre expresó el temor de que sus otras obligaciones anteriores, sin indicar cuáles, le impedirían aceptar la dirección de una empresa tan ambiciosa. El que deseaba ser su benefactor era obstinado y empleó provechosamente a Jesús en su casa haciendo algunas traducciones, mientras que él, su esposa y sus hijos e hijas trataban de
persuadirlo para que aceptara el honor que se le ofrecía. Pero no se dejó convencer. Sabía muy bien que su misión en la tierra no debía estar sostenida por instituciones de enseñanza; sabía que no debía comprometerse en lo más mínimo, para no ser dirigido por “asambleas de hombres”, por muy bien intencionadas que fueran.
1412:6 128:4.3 Él, que fue rechazado por los jefes religiosos de Jerusalén incluso después de haber demostrado su autoridad, fue reconocido y recibido como maestro instructor por los empresarios y banqueros de Damasco, y todo esto cuando era un carpintero oscuro y desconocido de Nazaret.
1412:7 128:4.4 Nunca habló de esta oferta a su familia, y al final de este año se encontraba de nuevo en Nazaret cumpliendo con sus deberes cotidianos, como si nunca hubiera sido tentado por las proposiciones halagadoras de sus amigos de Damasco. Estos hombres de Damasco tampoco asociaron nunca al futuro ciudadano de Cafarnaum, que puso boca abajo a toda la sociedad judía, con el antiguo carpintero de Nazaret que había osado rechazar el honor que sus riquezas combinadas hubieran podido procurarle.
1413:1 128:4.5 mundo, nunca fueran asociados y considerados como acciones realizadas por un mismo individuo. En los años posteriores escuchó muchas veces contar esta historia del extraño galileo que declinó la oportunidad de fundar en Damasco una escuela que rivalizara con Alejandría.
1413:2 128:4.6 Al tratar de aislar ciertos aspectos de su experiencia terrestre, uno de los objetivos que Jesús perseguía era evitar la reconstrucción de una carrera tan hábil y espectacular, que incitara a las futuras generaciones a venerar al maestro en lugar de someterse a la verdad que había vivido y enseñado. Jesús no quería que la reconstrucción de una historia humana tan sobresaliente desviara la atención de sus enseñanzas. Reconoció muy pronto que sus seguidores se sentirían tentados a formular una religión acerca de él, que podría hacerle la competencia al evangelio del reino que tenía la intención de proclamar al mundo. Por consiguiente, durante toda su carrera extraordinaria trató de suprimir convenientemente todo aquello que, en su opinión, pudiera favorecer esta tendencia humana natural de exaltar al maestro en lugar de proclamar sus enseñanzas.
1413:3 128:4.7 Este mismo motivo explica también por qué permitió que se le conociera por medio de nombres diferentes durante las diversas épocas de su variada vida en la tierra. Además, no quería ejercer ninguna influencia indebida sobre su familia u otras personas, para no inducirles a creer en él en contra de sus sinceras convicciones. Siempre rehusó sacar una ventaja indebida o injusta de la mente humana. No quería que los hombres creyeran en él, a menos que sus corazones fueran sensibles a las realidades espirituales reveladas en sus enseñanzas.
1413:4 128:4.8 A finales de este año, las cosas marchaban bastante bien en el hogar de Nazaret. Los niños crecían y María se iba acostumbrando a las ausencias de Jesús del hogar. Éste continuaba enviando su salario a Santiago para el sostén de la familia, reservándose sólo una pequeña parte para sus gastos personales más inmediatos.
1413:5 128:4.9 A medida que pasaban los años, resultaba más difícil percibir que este hombre era un Hijo de Dios en la tierra. Se parecía en todo a una persona cualquiera del planeta, a un hombre más entre los hombres. El Padre que está en los cielos había ordenado que la donación se desarrollara precísamente de esta manera.
LOS PRIMEROS AÑOS DE LA VIDA ADULTA DE JESÚSÍNDICE
El libro de Urantia
5. EL VIGÉSIMO CUARTO AÑO (AÑO 18 d. de J.C.)
1413:6 128:5.1 Éste fue el primer año en que Jesús estuvo relativamente libre de responsabilidades familiares. Santiago administraba con mucho éxito los asuntos del hogar, ayudado por los consejos y las rentas de Jesús.
1413:7 128:5.2 La semana siguiente a la Pascua de este año, un joven de Alejandría vino hasta Nazaret para organizar un encuentro, en el transcurso del año, entre Jesús y un grupo de judíos de Alejandría, en algún lugar de la costa de Palestina. La conferencia se fijó para mediados de junio, y Jesús se desplazó hasta Cesarea para reunirse con cinco judíos eminentes de Alejandría, que le rogaron que se estableciera en su ciudad como instructor religioso, ofreciéndole como aliciente, para empezar, el puesto de ayudante del chazán en la sinagoga principal de la ciudad.
1414:1 128:5.3 Los portavoces de esta comisión explicaron a Jesús que Alejandría estaba destinada a convertirse en el centro principal de la cultura judía para el mundo entero; que la tendencia helenista de los asuntos judíos había sobrepasado probablemente a la escuela de pensamiento babilónica. Recordaron a Jesús los siniestros rumores de rebelión que corrían por Jerusalén y toda Palestina, y le aseguraron que cualquier sublevación de los judíos palestinos equivaldría a un suicidio nacional, que la mano de hierro de Roma aplastaría la rebelión en tres meses, y que Jerusalén sería destruida y el templo demolido hasta que no quedara piedra sobre piedra.
1414:2 128:5.4 Jesús escuchó todo lo que tenían que decir, les agradeció su confianza, y al declinar su invitación para ir a Alejandría, les dijo en esencia: “Mi hora aún no ha llegado”. Se quedaron confundidos por su aparente indiferencia al honor que habían intentado conferirle. Antes de despedirse de Jesús le ofrecieron una bolsa de dinero como muestra de la estima de sus amigos de Alejandría, y en compensación por el tiempo y los gastos de venir hasta Cesarea para hablar con ellos. Pero rehusó también el dinero, diciendo: “La casa de José nunca ha recibido limosnas, y no podemos comernos el pan de otra persona mientras yo tenga buenos brazos y mis hermanos puedan trabajar”.
1414:3 128:5.5 Sus amigos de Egipto se embarcaron para su tierra; años después, cuando oyeron los rumores sobre el constructor de barcas de Cafarnaum que estaba creando tanta conmoción en Palestina, pocos de ellos imaginaron que se trataba del niño de Belén ya adulto y del mismo galileo singular que había declinado sin ningún formalismo la invitación de convertirse en un gran maestro en Alejandría.
1414:4 128:5.6 Jesús regresó a Nazaret. Los seis meses restantes de este año fueron los más tranquilos de toda su carrera. Disfrutó de este respiro temporal en su programa habitual de problemas a resolver y de dificultades a superar. Comulgó mucho con su Padre que está en los cielos e hizo enormes progresos en el dominio de su mente humana.
1414:5 128:5.7 Pero los asuntos humanos en los mundos del tiempo y del espacio no transcurren con tranquilidad durante mucho tiempo. En diciembre, Santiago tuvo una conversación privada con Jesús para explicarle que estaba muy enamorado de Esta, una joven de Nazaret, y que les gustaría casarse pronto si fuera posible. Atrajo la atención sobre el hecho de que José pronto cumpliría dieciocho años, y que sería una buena experiencia para él tener la oportunidad de servir como cabeza de familia. Jesús dió su consentimiento para que Santiago se casara dos años más tarde, siempre que durante este intervalo preparara adecuadamente a José para asumir la dirección del hogar.
1414:6 128:5.8 Entonces se produjeron otros hechos —los esponsales estaban en el ambiente. El éxito que tuvo Santiago al obtener el consentimiento de Jesús para casarse, animó a Miriam a presentarse con sus proyectos ante su hermano-padre. Jacobo, el joven albañil, antiguo defensor voluntario de Jesús y ahora socio de Santiago y José en los negocios, hacía tiempo que había intentado obtener la mano de Miriam para casarse. Después de que Miriam expuso sus planes a Jesús, éste ordenó que Jacobo viniera a verle para pedir oficialmente la mano de Miriam, y prometió su bendición al matrimonio en cuanto ella estimara que Marta estaba preparada para asumir sus deberes de hija mayor.
1414:7 128:5.9 Cuando estaba en casa, Jesús continuaba enseñando en la escuela nocturna tres veces por semana, leía a menudo las escrituras los sábados en la sinagoga, conversaba con su madre, enseñaba a los niños y se comportaba en general como un ciudadano digno y respetable de Nazaret, dentro de la comunidad de Israel.
ESCRITO 128
6. EL VIGÉSIMO QUINTO AÑO (AÑO 19 d. de J.C.)
1415:1 128:6.1 Este año empezó con toda la familia de Nazaret en buena salud y fue testigo del final de la escolaridad regular de todos los niños, a excepción de algunos trabajos que Marta tenía que hacer para Rut.
1415:2 128:6.2 Jesús era uno de los ejemplares humanos más vigorosos y refinados que habían aparecido en la tierra desde la época de Adán. Su desarrollo físico era espléndido. Su mente era activa, aguda y penetrante —comparada con la mentalidad media de sus contemporáneos, había alcanzado proporciones gigantescas— y su espíritu era en verdad humanamente divino.
1415:3 128:6.3 El estado financiero de la familia se encontraba en las mejores condiciones desde que se liquidaron las propiedades de José. Se habían efectuado los últimos pagos del taller de reparaciones de las caravanas; no debían nada a nadie y, por primera vez en muchos años, contaban con algunos fondos. Por todo ello, y puesto que había llevado a sus otros hermanos a Jerusalén para que participaran en sus primeras ceremonias pascuales, Jesús decidió acompañar a Judá (que acababa de terminar sus estudios en la escuela de la sinagoga) en su primera visita al templo.
1415:4 128:6.4 Fueron a Jerusalén por el valle del Jordán y regresaron por el mismo camino, porque Jesús se temía que podría tener algún problema si atravesaba Samaria con su joven hermano. En Nazaret, Judá ya había tenido varias veces pequeñas dificultades a causa de su carácter impulsivo, unido a sus violentos sentimientos patrióticos.
1415:5 128:6.5 Llegaron a Jerusalén a su debido tiempo e iban de camino para efectuar una primera visita al templo, cuya sola visión había excitado y entusiasmado a Judá hasta lo más profundo de su alma, cuando se encontraron por casualidad con Lázaro de Betania. Mientras Jesús charlaba con Lázaro y trataba de arreglar las cosas para celebrar juntos la Pascua, Judá inició un incidente muy serio para todos ellos. Cerca de allí se encontraba un guardia romano que hizo unos comentarios indecentes sobre una muchacha judía que pasaba en ese momento. Judá enrojeció de indignación y no tardó en expresar su resentimiento por esta descortesía, haciéndolo de manera directa y al alcance del oído del soldado. Los legionarios romanos eran muy sensibles a todo lo que se pareciera a una falta de respeto por parte de los judíos; así pues, el guardia arrestó inmediatamente a Judá. Esto fue demasiado para el joven patriota, y antes de que Jesús pudiera prevenirlo con una mirada de advertencia, ya había dado rienda suelta a una voluble declaración de sentimientos antirromanos reprimidos, lo que no hizo más que empeorar la situación. Judá, con Jesús a su lado, fue llevado de inmediato a la prisión militar.
1415:6 128:6.6 Jesús trató de conseguir una audiencia inmediata para Judá, o bien que lo liberaran a tiempo para poder celebrar la Pascua aquella noche, pero fracasó en sus esfuerzos. Puesto que el día siguiente era un día de “santa asamblea” en Jerusalén, ni siquiera los romanos se atrevían a oir acusaciones contra un judío. En consecuencia, Judá continuó encarcelado hasta la mañana del segundo día después de su arresto, y Jesús permaneció con él en la prisión. No estuvieron presentes en el templo en la ceremonia de recepción de los hijos de la ley como plenos ciudadanos de Israel. Judá no participó en esta ceremonia oficial hasta varios años después, cuando se encontró de nuevo en Jerusalén durante otra Pascua, en conexión con su trabajo de propaganda a favor de los celotes, la organización patriótica a la que pertenecía y en la que era muy activo.
1415:7 128:6.7 A la mañana siguiente de su segundo día en la cárcel, Jesús compareció ante el magistrado militar en nombre de Judá. Presentó sus excusas por la juventud de su hermano y efectuó una exposición aclaratoria, pero juiciosa, de la naturaleza provocativa del incidente que había llevado al arresto de su hermano. Jesús manejó el asunto de tal manera, que el magistrado expresó la opinión de que el joven judío pudiera haber tenido alguna excusa válida que justificara su violenta explosión. Después de advertir a Judá que no se atreviera otra vez a ser culpable de semejante temeridad, dijo a Jesús al despedirlos: “Harías bien en vigilar al muchacho; es capaz de crearos muchos problemas a todos”. El juez romano tenía razón. Judá causó muchísimos problemas a Jesús, y siempre eran de la misma naturaleza: encontronazos con las autoridades civiles a causa de sus estallidos patrióticos imprudentes e insensatos.
1416:1 128:6.8 Jesús y Judá se desplazaron hasta Betania para pasar la noche, explicaron por qué no habían acudido a la cena pascual, y al día siguiente salieron para Nazaret. Jesús no contó a la familia el arresto de su joven hermano en Jerusalén, pero unas tres semanas después de su regreso, tuvo una larga conversación con Judá sobre este incidente. Después de esta conversación con Jesús, el mismo Judá contó el suceso a la familia. Nunca olvidó la paciencia y la indulgencia que manifestó su hermano-padre durante toda esta penosa experiencia.
1416:2 128:6.9 Ésta fue la última Pascua en la que Jesús acompañó a un miembro de su propia familia. El Hijo del Hombre iba a desligarse cada vez más de los estrechos lazos que le unían a los de su propia carne y sangre.
1416:3 128:6.10 Este año, sus períodos de profunda meditación fueron interrumpidos a menudo por Rut y sus compañeros de juego. Jesús siempre estaba dispuesto a posponer la consideración de su trabajo futuro para el mundo y el universo, a fin de compartir la alegría infantil y el regocijo juvenil de estos mozalbetes, que nunca se cansaban de escucharle contar las experiencias de sus diversos viajes a Jerusalén. También disfrutaban mucho con sus historias sobre los animales y la naturaleza.
1416:4 128:6.11 Los niños siempre eran bienvenidos al taller de reparaciones. Jesús ponía arena, pedazos de madera y piedras al lado del taller, y los niños acudían en bandadas para entretenerse allí. Cuando se cansaban de sus juegos, los más atrevidos miraban a hurtadillas dentro del taller, y si el dueño no estaba ocupado, se arriesgaban a entrar diciendo: “Tío Josué, sal y cuéntanos un cuento largo”. Entonces lo hacían salir tirándole de las manos hasta que se sentaba en su piedra favorita junto a la esquina del taller, con los niños sentados en semicírculo en el suelo delante de él. ¡Cómo disfrutaban estos pequeñuelos con su tío Josué! Aprendían a reirse, y a reirse con ganas. Uno o dos de los más pequeños tenían la costumbre de trepar hasta sus rodillas y se sentaban allí, contemplando embelesados las expresiones de su rostro mientras narraba sus historias. Los niños amaban a Jesús, y Jesús amaba a los niños.
1416:5 128:6.12 A sus amigos les resultaba difícil comprender la amplitud de sus actividades intelectuales, cómo podía pasar de manera tan súbita y completa de las profundas discusiones sobre la política, la filosofía o la religión, a las travesuras alegres y gozosas de estos pequeños de cinco a diez años de edad. A medida que sus propios hermanos y hermanas crecían, a medida que disponía de más tiempo libre y antes de que llegaran los nietos, prestaba una gran atención a estos pequeños. Pero no vivió suficiente tiempo en la tierra como para disfrutar mucho de los nietos.
LOS PRIMEROS AÑOS DE LA VIDA ADULTA DE JESÚSÍNDICE
ESCRITO 128
7. EL VIGÉSIMO SEXTO AÑO (AÑO 20 d. de J.C.)
1416:6 128:7.1 Al empezar este año, Jesús de Nazaret se volvió poderosamente consciente de que poseía un poder potencial muy extenso. Pero también estaba totalmente persuadido de que este poder no debía ser empleado por su personalidad, como Hijo del Hombre, al menos hasta que llegara su hora.
1417:1 128:7.2 Por esta época reflexionó mucho en sus relaciones con su Padre que está en los cielos, aunque habló poco de ello. La conclusión de todas estas reflexiones la expresó una vez en su oración en la cima de la colina, cuando dijo: “Independientemente de quién sea yo y del poder que pueda o no ejercer, siempre he estado y siempre estaré sometido a la voluntad de mi Padre Paradisiaco”. Sin embargo, mientras este hombre iba y venía de su trabajo por Nazaret, era literalmente cierto —en lo que se refiere a un enorme universo— que “en él estaban ocultos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento”.
1417:2 128:7.3 Los asuntos de la familia fueron bien todo este año, excepto en lo que se refiere a Judá. Santiago tuvo dificultades, durante años, con su hermano menor, que no tenía inclinación por ponerse a trabajar ni se podía contar con él para que contribuyera a los gastos del hogar. Aunque vivía en la casa, no era consciente de que tenía que ganar su parte para el mantenimiento de la familia.
1417:3 128:7.4 Jesús era un hombre de paz, y de vez en cuando se sentía apenado por las explosiones belicosas y los numerosos arrebatos patrióticos de Judá. Santiago y José estaban a favor de echarlo de la casa, pero Jesús no quiso consentirlo. Cada vez que llegaban al límite de su paciencia, Jesús sólo les aconsejaba: “Tened paciencia. Sed sabios en vuestros consejos y elocuentes en vuestras vidas, para que vuestro hermano menor pueda conocer primero el mejor camino, y luego se sienta obligado a seguiros por él”. El consejo sabio y afectuoso de Jesús evitó una ruptura en la familia. Permanecieron juntos, pero Judá nunca adquirió la sensatez hasta después de casarse.
1417:4 128:7.5 María hablaba rara vez de la futura misión de Jesús. Cada vez que se mencionaba este asunto, Jesús se limitaba a contestar: “Mi hora aún no ha llegado”. Jesús casi había terminado la difícil tarea de destetar a su familia, para que no tuvieran que depender de la presencia inmediata de su personalidad. Se estaba preparando rápidamente para el día en que pudiera dejar convenientemente este hogar de Nazaret y empezar el preludio más activo de su verdadero ministerio para los hombres.
1417:5 128:7.6 No perdáis nunca de vista el hecho de que la misión principal de Jesús en su séptima donación era adquirir la experiencia de las criaturas, lograr la soberanía de Nebadon. En el acto de reunir los elementos de esta experiencia, efectuó la revelación suprema del Padre del Paraíso a Urantia y a todo su universo local. Concomitante con estos objetivos, también se dedicó a desenredar los complicados asuntos de este planeta en la medida en que estaban relacionados con la rebelión de Lucifer.
1417:6 128:7.7 Jesús disfrutó este año de más horas libres de lo habitual, y consagró mucho tiempo a enseñar a Santiago la administración del taller de reparaciones, y a José la dirección de los asuntos del hogar. María presentía que se estaba preparando para dejarlos. ¿Dejarlos para ir a dónde? ¿Para hacer qué? Casi había abandonado la idea de que Jesús era el Mesías. No podía comprenderlo; simplemente no podía sondear el interior de su hijo primogénito.
1417:7 128:7.8 Jesús pasó este año una gran parte de su tiempo con cada uno de los miembros de su familia. Salía con ellos para dar largos y frecuentes paseos por las colinas y a través del campo. Antes de la cosecha, llevó a Judá a casa de su tío granjero al sur de Nazaret, pero Judá no se quedó mucho tiempo después de la recolección. Huyó de allí y Simón lo encontró más tarde con los pescadores en el lago. Cuando Simón lo trajo de vuelta al hogar, Jesús mantuvo una conversación con el muchacho fugitivo y, puesto que quería ser pescador, fue con él hasta Magdala y lo puso en manos de un pariente que era pescador; desde aquel momento, Judá trabajó bastante bien y con regularidad hasta que contrajo matrimonio, y continuó como pescador después de casarse.
1418:1 128:7.9 Por fin había llegado el día en que todos los hermanos de Jesús habían elegido sus oficios y se habían establecido en ellos. El escenario se estaba preparando para que Jesús abandonara el hogar.
1418:2 128:7.10 En noviembre tuvo lugar una doble boda. Santiago se casó con Esta y Miriam se casó con Jacobo. Fue realmente un feliz acontecimiento. Incluso María estaba de nuevo feliz, excepto cuando se daba cuenta, de vez en cuando, que Jesús se estaba preparando para marcharse. Sufría el peso de una gran incertidumbre. Si Jesús quisiera sentarse y hablar francamente con ella de todo esto como cuando era niño… Pero se había vuelto muy reservado y mantenía un profundo silencio sobre el futuro.
1418:3 128:7.11 Santiago y su esposa Esta se instalaron en una linda casita, regalo del padre de ella, en la parte oeste de la ciudad. Aunque Santiago continuaba manteniendo el hogar de su madre, su contribución se redujo a la mitad a causa de su matrimonio, y José fue nombrado oficialmente por Jesús como cabeza de familia. Judá enviaba ahora fielmente su contribución mensual a la casa. Los enlaces de Santiago y de Miriam ejercieron una influencia muy beneficiosa sobre Judá, y al marcharse para la zona pesquera al día siguiente de la doble boda, le aseguró a José que podía confiar en él “para cumplir con todo mi deber y más si es necesario”. Y mantuvo su promesa.
1418:4 128:7.12 Miriam vivía en la casa de Jacobo, contigua a la de María, pues Jacobo padre había sido enterrado con sus antepasados. Marta ocupó el lugar de Miriam en el hogar, y la nueva organización funcionó sin problemas antes de que terminara el año.
1418:5 128:7.13 Al día siguiente de la doble boda, Jesús tuvo una importante conversación con Santiago. Le contó confidencialmente que se estaba preparando para dejar el hogar. Regaló a Santiago la escritura de propiedad del taller de reparaciones, abdicó de manera oficial y solemne como jefe de la casa de José, e instaló a su hermano Santiago de forma muy afectuosa como “jefe y protector de la casa de mi padre”. Redactó un pacto secreto, que luego firmaron los dos, en el que se estipulaba que a cambio de la donación del taller de reparaciones, Santiago asumiría en adelante toda la responsabilidad financiera de la familia, eximiendo a Jesús de cualquier obligación posterior en esta materia. Después de firmar el contrato y de arreglar el presupuesto de tal manera que la familia pudiera hacer frente a sus gastos reales sin ninguna contribución de Jesús, éste dijo a Santiago: “Hijo mío, no obstante continuaré enviándote algo todos los meses hasta que haya llegado mi hora, pero utiliza lo que yo te envíe según se presenten las circunstancias. Emplea mis fondos
para las necesidades o los placeres de la familia, como te parezca conveniente. Utilízalos en caso de enfermedad o para hacer frente a los incidentes inesperados que puedan sobrevenir a cualquier miembro de la familia”.
1418:6 128:7.14 Así es como Jesús se preparaba para emprender la segunda fase de su vida adulta, separado de los suyos, antes de empezar a ocuparse públicamente de los asuntos de su Padre.
CONTINUACIÓN DE LA VIDA ADULTA DE JESÚSÍNDICE
1419:1 129:0.1 JESÚS se había separado de manera completa y definitiva de la administración de los asuntos domésticos de la familia de Nazaret y de la dirección inmediata de sus miembros. Hasta el día de su bautismo continuó contribuyendo a las finanzas familiares y tomándose un vivo interés personal por el bienestar espiritual de cada uno de sus hermanos y hermanas. Y siempre estaba dispuesto a hacer todo lo que fuera humanamente posible por la comodidad y la felicidad de su madre viuda. Lo tenía ahora todo preparado para separarse de manera permanente del hogar de Nazaret; hacer esto no fue nada fácil para él porque amaba naturalmente a su gente; quería a su familia y este afecto natural había crecido enormemente debido a su extraordinaria dedicación a ellos. Cuanto más plenamente nos entregamos a nuestros semejantes más llegamos a amarlos; puesto que se había dado tan completamente a su familia, los quería con un afecto grande y ferviente. Poco a poco, toda la familia había empezado a comprender que se estaba preparando para dejarlos. La tristeza de la separación que se avecinaba sólo estaba atenuada por esta manera gradual de prepararlos para anunciarles su intención de partir. Durante más de cuatro años observaron que estaba proyectando esta separación final.
EL VIGÉSIMO SÉPTIMO AÑO (AÑO 21 d. de J.C.)
Una lluviosa mañana de domingo del mes de enero del año 21, Jesús se despidió sin ceremonias de su familia, explicándoles solamente que iba a Tiberiades y luego a visitar otras ciudades alrededor del Mar de Galilea. Así se separó de ellos, y nunca más volvió a ser un miembro regular de este hogar.
Pasó una semana en Tiberiades, la nueva ciudad que pronto iba a sustituir a Séforis como capital de Galilea. Como encontró pocas cosas que le interesaran, pasó sucesivamente por Magdala y Betsaida hasta llegar a Cafarnaum, donde se detuvo para visitar a Zebedeo, el amigo de su padre. Los hijos de Zebedeo eran pescadores y él mismo era constructor de barcas. Jesús de Nazaret era un experto en el arte de diseñar y en la construcción; era un maestro trabajando la madera, y Zebedeo conocía desde hacía tiempo la habilidad del artesano de Nazaret. Hacía mucho tiempo que Zebedeo tenía la intención de construir mejores barcas; expuso pues sus proyectos a Jesús, e invitó al carpintero visitante a que se uniera a él en esta empresa. Jesús aceptó con mucho gusto y sólo trabajó con Zebedeo poco más de un año creando un nuevo tipo de barcas con métodos completamente nuevos para su fabricación. Por medio de una técnica superior y de unos métodos mucho mejores para tratar las tablas al vapor, Jesús y Zebedeo empezaron a construir barcas de un tipo muy superior y mucho más seguras para navegar por el lago que los antiguos modelos. Durante varios años Zebedeo tuvo más trabajo, fabricando este nuevo tipo de barcas, del que su pequeña empresa podía producir; en menos de cinco años, prácticamente todas las embarcaciones que navegaban por el lago habían sido construidas en el taller de Zebedeo en Cafarnaum. Jesús se hizo famoso entre los pescadores de Galilea como el diseñador de estas nuevas barcas.
Zebedeo era un hombre medianamente adinerado; sus astilleros se encontraban al borde del lago al sur de Cafarnaum y su casa estaba situada a la orilla del lago cerca del centro de pesca de Betsaida. Jesús vivió en la casa de Zebedeo durante su estancia de más de un año en Cafarnaum. Durante mucho tiempo había trabajado solo en el mundo, es decir sin padre, y disfrutó mucho de este período de trabajo con un socio paternal.
Salomé, la mujer de Zebedeo, era pariente de Anás, antiguo sumo sacerdote en Jerusalén, que había sido destituido hacía sólo ocho años, pero que seguía siendo el miembro más influyente del grupo de los saduceos. Salomé se convirtió en una gran admiradora de Jesús. Lo quería tanto como a sus propios hijos, Santiago, Juan y David, mientras que sus cuatro hijas lo consideraban como su hermano mayor. Jesús salía a menudo a pescar con Santiago, Juan y David, los cuales descubrieron que era tan buen pescador como experto constructor de barcas.
Jesús envió dinero a Santiago todos los meses de este año. En octubre regresó a Nazaret para asistir a la boda de Marta, y durante más de dos años no volvió por Nazaret hasta poco antes de la doble boda de Simón y de Judá.
Jesús construyó barcas durante todo este año y continuó observando cómo vivían los hombres en la tierra. Iba a visitar con frecuencia la parada de las caravanas, pues la ruta directa de Damasco hacia el sur pasaba por Cafarnaum. Cafarnaum era un importante puesto militar romano, y el oficial que mandaba la guarnición era un gentil que creía en Yahvé, “un hombre piadoso”, como los judíos solían designar a estos prosélitos. Este oficial pertenecía a una rica familia romana, y se había echado la obligación de construir una hermosa sinagoga en Cafarnaum, que había donado a los judíos poco antes de que Jesús viniera a vivir con Zebedeo. Jesús dirigió los oficios en esta nueva sinagoga más de la mitad de las veces este año, y algunos de los viajeros de las caravanas que asistieron por casualidad, lo recordaban como el carpintero de Nazaret.
Cuando llegó el momento de pagar los impuestos, Jesús se inscribió como un “artesano cualificado de Cafarnaum”. Desde este día hasta el final de su vida terrestre, fue conocido como un habitante de Cafarnaum. Nunca pretendió tener otra residencia legal, aunque permitió, por diversas razones, que otros fijaran su domicilio en Damasco, Betania, Nazaret e incluso en Alejandría.
Encontró muchos libros nuevos en las arcas de la biblioteca de la sinagoga de Cafarnaum, y pasaba al menos cinco noches por semana estudiando intensamente. Dedicaba una noche a la vida social con los adultos y pasaba otra con los jóvenes. En la personalidad de Jesús había algo de agradable e inspirador que atraía invariablemente a los jóvenes. Siempre hacía que se
sintieran a gusto en su presencia. Quizás su gran secreto para permanecer entre ellos consistía en el doble hecho de que siempre se interesaba por lo que estaban haciendo, mientras que raramente les aconsejaba, a menos que se lo pidieran.
La familia de Zebedeo casi adoraba a Jesús, y nunca dejaban de asistir a las charlas con preguntas y respuestas que dirigía cada noche después de la cena, antes de irse a estudiar a la sinagoga. Los jóvenes de la vecindad también acudían con frecuencia a estas reuniones tras la cena. A estas pequeñas asambleas, Jesús les impartía una enseñanza variada y avanzada, tan avanzada como podían comprender. Hablaba con ellos sin ninguna reserva y exponía sus ideas e ideales sobre la política, la sociología, la ciencia y la filosofía, pero nunca pretendía hablar con una autoridad final excepto cuando discutía de religión —de las relaciones del hombre con Dios.
Una vez por semana, Jesús mantenía una reunión con toda la gente de la casa, el personal del taller y los ayudantes de la costa, pues Zebedeo tenía muchos empleados. Fueron precisamente estos trabajadores los que llamaron a Jesús por primera vez “el Maestro”. Todos lo querían. Le gustaba su trabajo en Cafarnaum con Zebedeo, pero echaba de menos a los niños jugando al lado del taller de carpintería de Nazaret.
De todos los hijos de Zebedeo, Santiago era el que más se interesaba por Jesús como maestro y como filósofo. Juan apreciaba más su enseñanza y sus opiniones sobre la religión. David lo respetaba como artesano, pero hacía poco caso de sus ideas religiosas y de sus enseñanzas filosóficas. 1421:3 129:1.13 Judá venía muchos sábados para escuchar lo que Jesús decía en la sinagoga, y se quedaba para charlar con él. Cuanto más veía a su hermano mayor, más se convencía de que Jesús era realmente un gran hombre.
Jesús hizo este año grandes progresos en la dominación ascendente de su mente humana, y alcanzó niveles nuevos y elevados de contacto consciente con su Ajustador del Pensamiento interior.
Éste fue su último año de vida estable. Jesús nunca más pasó un año entero en el mismo lugar o en la misma tarea. Se estaban acercando rápidamente los días de sus peregrinaciones terrestres. Los períodos de intensa actividad no estaban lejos en el futuro, pero entre su vida simple e intensamente activa del pasado y su ministerio público aún más intenso y arduo, iban a intercalarse ahora unos pocos años de grandes viajes y de actividad personal muy diversificada. Tenía que completar su formación como hombre del mundo antes de emprender su carrera de enseñanza y de predicación como hombre – Dios perfeccionado de las fases divina y posthumana de su donación en Urantia.
EL VIGÉSIMO OCTAVO AÑO (AÑO 22 d. de J.C.)
Jesús se despidió de Zebedeo y de Cafarnaum en marzo del año 22 d. de J.C. Pidió una pequeña suma de dinero para costear sus gastos de viaje hasta Jerusalén. Mientras trabajaba con Zebedeo, sólo había cobrado las pequeñas cantidades de dinero que enviaba mensualmente a su familia de Nazaret. José venía un mes a Cafarnaum para buscar el dinero, y al mes siguiente era Judá quien pasaba por Cafarnaum para recibir el dinero de Jesús y llevarlo a Nazaret. El centro pesquero donde trabajaba Judá sólo estaba a unos kilómetros al sur de Cafarnaum.
Cuando Jesús se despidió de la familia de Zebedeo, acordó con ellos permanecer en Jerusalén hasta la Pascua, y todos prometieron estar presentes para este acontecimiento. Incluso convinieron en celebrar juntos la cena pascual. Todos se entristecieron cuando Jesús se marchó, especialmente las hijas de Zebedeo.
Antes de dejar Cafarnaum, Jesús tuvo una larga conversación con su nuevo amigo e íntimo compañero Juan Zebedeo. Le dijo que pensaba viajar mucho hasta que “llegue mi hora”, y le pidió que cada mes enviara en su nombre algún dinero a la familia de Nazaret, hasta que se agotaran los fondos que se le debían. Juan le hizo esta promesa: “Maestro, dedícate a tus asuntos y haz tu trabajo en el mundo. Actuaré en tu lugar en éste y en cualquier otro asunto, y velaré por tu familia como si tuviera que mantener a mi propia madre y cuidar a mis propios hermanos y hermanas. Emplearé los fondos que te debe mi padre tal como has indicado y según se necesiten. Cuando tu dinero se haya agotado, si no recibo más de ti y tu madre se encontrara en la necesidad, entonces compartiré mi propio salario con ella. Puedes emprender tu camino en paz. Actuaré en tu lugar en todas estas cuestiones”.
Después de que Jesús partiera para Jerusalén, Juan consultó con su padre Zebedeo sobre el dinero que se le debía a Jesús, y se quedó sorprendido de que la suma fuera tan importante. Como Jesús había dejado el asunto completamente entre sus manos, acordaron que lo mejor sería invertir estos fondos en inmuebles y utilizar la renta para ayudar a la familia de Nazaret. Zebedeo conocía una casita de Cafarnaum que estaba hipotecada y en venta, por lo que recomendó a Juan que la comprara con el dinero de Jesús, y guardara la escritura en depósito para su amigo. Juan hizo lo que su padre le aconsejó. Durante dos años, el arrendamiento de la casa se utilizó para pagar la hipoteca, y esto, unido a una importante cantidad de dinero que Jesús envió a Juan poco después para que la familia lo utilizara según sus necesidades, fue casi suficiente para cancelar esta deuda. Zebedeo añadió la diferencia, de manera que Juan pagó el resto de la hipoteca a su vencimiento, consiguiendo así una escritura libre de cargas para esta casa de dos piezas. De esta manera Jesús se convirtió, sin saberlo, en propietario de una casa en Cafarnaum.
Cuando la familia de Nazaret se enteró de que Jesús se había marchado de Cafarnaum, como no sabían nada de este arreglo financiero con Juan, creyeron que les había llegado la hora de salir adelante sin contar con su ayuda. Santiago se acordó de su pacto con Jesús y, con la ayuda de sus hermanos, asumió inmediatamente toda la responsabilidad de cuidar a la familia.
Pero volvamos atrás para observar a Jesús en Jerusalén. Durante cerca de dos meses, pasó la mayor parte de su tiempo escuchando las discusiones en el templo, y realizando visitas ocasionales a las diversas escuelas de rabinos. La mayoría de los sábados los pasaba en Betania.
Jesús había llevado consigo a Jerusalén una carta de la mujer de Zebedeo, dirigida al antiguo sumo sacerdote Anás, en la que Salomé lo presentaba como “si fuera mi propio hijo”. Anás pasó mucho tiempo con él, llevándolo personalmente a visitar las numerosas academias de los educadores religiosos de Jerusalén. Jesús inspeccionó a fondo estas escuelas y observó cuidadosamente sus métodos de enseñanza, pero no hizo ni una sola pregunta en público. Aunque Anás consideraba a Jesús como un gran hombre, no sabía bien cómo aconsejarle. Reconocía que sería una tontería sugerirle que ingresara como estudiante en una de las escuelas de Jerusalén, y sin embargo sabía muy bien que nunca concederían a Jesús la categoría de profesor titular, ya que nunca se había formado en estas escuelas.
La época de la Pascua se estaba acercando, y junto con el gentío que venía de todas partes, Zebedeo y toda su familia llegaron a Jerusalén procedentes de Cafarnaum. Todos se alojaron en la espaciosa casa de Anás, donde celebraron la Pascua como una familia unida y feliz.
Antes de finalizar esta semana pascual, y aparentemente por casualidad, Jesús conoció a un rico viajero y a su hijo, un joven de unos diecisiete años. Estos viajeros procedían de la India, y mientras iban de camino para visitar Roma y otros diversos lugares del Mediterráneo, habían planeado llegar a Jerusalén durante la Pascua, con la esperanza de encontrar a alguien a quien poder contratar como intérprete para los dos y como preceptor para el hijo. El padre insistió para que Jesús consintiera en viajar con ellos. Jesús le habló de su familia y de que no era muy razonable marcharse por un período de casi dos años, durante los cuales podrían pasar necesidades. Entonces este viajero de Oriente le propuso a Jesús adelantarle el salario de un año, de manera que pudiera confiar estos fondos a sus amigos para proteger a su familia de la pobreza. Y Jesús aceptó hacer el viaje.
Jesús entregó esta importante cantidad a Juan, el hijo de Zebedeo. Y ya sabéis cómo utilizó este dinero para liquidar la hipoteca de la propiedad de Cafarnaum. Jesús confió a Zebedeo todo lo relacionado con este viaje por el Mediterráneo, pero le encargó que no se lo dijera a nadie, ni siquiera a los de su propia carne y sangre. Zebedeo no reveló nunca que conocía el paradero de Jesús durante este largo período de casi dos años. Antes de que Jesús regresara de este viaje, la familia de Nazaret estaba a punto de darlo por muerto. Solamente las aseveraciones de Zebedeo, que fue a Nazaret en diversas ocasiones con su hijo Juan, mantuvieron viva la esperanza en el corazón de María.
Durante este período, la familia de Nazaret se las arregló bastante bien. Judá había aumentado considerablemente su cuota y mantuvo esta contribución adicional hasta que se casó. A pesar del poco apoyo que necesitaban, Juan Zebedeo cogió la costumbre de presentarse cada mes con unos regalos para María y para Ruth, de acuerdo con las instrucciones de Jesús.
EL VIGÉSIMO NOVENO AÑO (AÑO 23 d. de J.C.)
Jesús pasó todo su vigésimo noveno año completando su periplo por el mundo mediterráneo. En la medida en que se nos ha permitido revelar estas experiencias, los principales acontecimientos de este viaje constituyen la materia de la narración que sigue inmediatamente a este capítulo.
Durante todo este recorrido por el mundo romano, a Jesús se le conoció, por muchas razones, como el escriba de Damasco. Sin embargo, en Corinto y en otras escalas del viaje de vuelta, fue conocido como el preceptor judío.
Éste fue un período extraordinario en la vida de Jesús. Durante este viaje efectuó muchos contactos con sus semejantes, pero esta experiencia es una fase de su vida que nunca reveló a ningún miembro de su familia y a ninguno de los apóstoles. Jesús vivió toda su vida en la carne y dejó este mundo sin que nadie supiera (excepto Zebedeo de Betsaida) que había hecho este gran viaje. Algunos de sus amigos pensaban que había vuelto a Damasco; otros creían que se había ido a la India. Su propia familia tendía a creer que estaba en Alejandría, porque sabían que una vez lo habían invitado a ir allí para convertirse en el ayudante del chazán.
Cuando Jesús volvió a Palestina, no hizo nada por cambiar la opinión de su familia de que había ido desde Jerusalén hasta Alejandría; les dejó que continuaran creyendo que todo el tiempo que había estado fuera de Palestina lo había pasado en aquella ciudad de erudición y de cultura. Únicamente Zebedeo, el constructor de barcas de Betsaida, conocía los hechos sobre esta cuestión, y Zebedeo no se lo dijo a nadie.
En todos vuestros esfuerzos por descifrar el significado de la vida de Jesús en Urantia, tenéis que recordar los motivos de la donación de Miguel. Si queréis comprender el significado de muchas de sus acciones aparentemente extrañas, tenéis que discernir el propósito de su estancia en vuestro mundo. Tuvo la constante cautela de no fabricar una carrera personal demasiado atractiva que acaparara toda la atención. No quería emplear recursos excepcionales o abrumadores con sus semejantes. Estaba dedicado al trabajo de revelar el Padre celestial a sus compañeros mortales, y al mismo tiempo se consagraba a la tarea sublime de vivir su vida terrestre mortal constantemente sometido a la voluntad de este mismo Padre del Paraíso.
Para comprender la vida de Jesús en la tierra, siempre será útil también que todos los mortales que estudian esta donación divina recuerden que, aunque vivió esta vida de encarnación en Urantia, la vivió para todo su universo. En la vida que vivió en la carne de naturaleza mortal, había algo especial e inspirador para cada una de las esferas habitadas de todo el universo de Nebadon. Esto también es así para todos aquellos mundos que se han vuelto habitables después de la época memorable de su estancia en Urantia. Y esto mismo será igualmente cierto en todos los mundos que puedan ser habitados por criaturas volitivas, en toda la historia futura de este universo local.
Gracias a las experiencias de este periplo por el mundo romano, y mientras duró el mismo, el Hijo del Hombre completó prácticamente su aprendizaje educativo por contacto con los pueblos tan diversos del mundo de su época y de su generación. En el momento de su regreso a Nazaret, y debido a lo que había aprendido viajando, ya conocía prácticamente cómo el hombre vivía
y forjaba su existencia en Urantia.
El verdadero objetivo de su recorrido alrededor de la cuenca del Mediterráneo era conocer a los hombres. Estuvo en estrecho contacto con centenares de seres humanos en este viaje. Conoció y amó a toda clase de hombres, ricos y pobres, poderosos y humildes, negros y blancos, instruidos e iletrados, cultos e incultos, brutos y espirituales, religiosos e irreligiosos, morales e inmorales.
En este viaje por el Mediterráneo, Jesús efectuó un gran avance en su tarea humana de dominar la mente material y mortal, y su Ajustador interior progresó mucho en la ascensión y la conquista espiritual de este mismo intelecto humano. Al finalizar este periplo, Jesús sabía implícitamente —con toda certidumbre humana— que era un Hijo de Dios, un Hijo Creador del Padre Universal. El Ajustador era cada vez más capaz de traer a la mente del Hijo del Hombre recuerdos nebulosos de su experiencia paradisiaca cuando estaba en asociación con su Padre divino, mucho antes de venir a organizar y administrar este universo local de Nebadon. Así, poco a poco, el Ajustador trajo a la conciencia humana de Jesús los recuerdos necesarios de su anterior existencia divina en las diversas épocas de un pasado casi eterno. El último episodio de su experiencia prehumana, puesto de manifiesto por el Ajustador, fue su conversación de despedida con Manuel de Salvington poco antes de abandonar su personalidad consciente para emprender su encarnación en
Urantia. La imagen de este último recuerdo de su existencia prehumana apareció con toda claridad en la conciencia de Jesús el mismo día que Juan lo bautizó en el Jordán.
EL JESÚS HUMANO
Para las inteligencias celestiales del universo local que lo observaban, este viaje por el Mediterráneo fue la más cautivadora de todas las experiencias terrestres de Jesús, al menos de toda su carrera hasta el momento de su crucifixión y de su muerte física. Éste fue el período fascinante de su ministerio personal, en contraste con la época de ministerio público que pronto le seguiría. Este episodio único en su género fue aún más sobresaliente porque en aquel momento era todavía el carpintero de Nazaret, el constructor de barcas de Cafarnaum, el escriba de Damasco; era todavía el Hijo del Hombre. Aún no había conseguido el dominio completo de su mente humana; el Ajustador no había dominado ni transcrito plenamente la identidad mortal. Era todavía un hombre entre los hombres.
La experiencia religiosa puramente humana del Hijo del Hombre el crecimiento espiritual personal alcanzó casi la cima de lo accesible durante este año, el vigésimo noveno de su vida. Esta experiencia de desarrollo espiritual fue un crecimiento permanentemente gradual desde el momento en que llegó su Ajustador del Pensamiento hasta el día en que finalizó y se confirmó esta relación humana normal y natural entre la mente material del hombre y la dotación mental del espíritu. El fenómeno de fundir estas dos mentes en una sola fue una experiencia que el Hijo del Hombre alcanzó de manera completa y final, como mortal encarnado del mundo, el día de su bautismo en el Jordán.
A través de todos estos años, aunque no parecía dedicarse a muchos períodos de comunión formal con su Padre celestial, perfeccionó unos métodos cada vez más eficaces para comunicarse personalmente con la presencia espiritual interior del Padre del Paraíso. Vivió una vida real, una vida plena y una verdadera vida en la carne, normal, natural y corriente. Conoce por experiencia personal lo equivalente a la actualidad de toda la suma y sustancia de la vida que viven los seres humanos en los mundos materiales del tiempo y del espacio.
Experimentó la amplia gama de emociones humanas que van desde la alegría más espléndida al dolor más profundo. Era un niño alegre y un ser con un buen humor poco común; era igualmente un “varón de dolores que conocía las aflicciones”. En un sentido espiritual, atravesó la vida mortal desde el punto más bajo hasta el más elevado, desde el principio hasta el fin. Desde un punto de vista material, podría parecer que evitó vivir en los dos extremos sociales de la existencia humana, pero intelectualmente se familiarizó totalmente con la experiencia entera y completa de la humanidad.
Conoce los pensamientos y los sentimientos, los deseos y los impulsos, de los mortales evolutivos y ascendentes de los mundos, desde el nacimiento hasta la muerte. Ha vivido la vida humana desde los principios del yo físico, intelectual y espiritual, pasando por la infancia, la adolescencia, la juventud y la madurez, llegando incluso hasta la experiencia humana de la muerte. No solamente pasó por estos períodos humanos, normales y conocidos, de avance intelectual y espiritual, sino que también experimentó plenamente las fases superiores y más avanzadas de aproximación entre el ser humano y su Ajustador, que tan pocos mortales de Urantia consiguen alcanzar. Así pues, experimentó en su plenitud la vida del hombre mortal, no sólo tal como se vive en vuestro mundo, sino también tal como se vive en todos los demás mundos evolutivos del tiempo y del espacio, e incluso en los más elevados y avanzados de los mundos establecidos en la luz y la vida.
Esta vida perfecta que vivió en la similitud de la carne mortal quizás no haya recibido la aprobación completa y universal de sus compañeros mortales, de aquellos que fueron casualmente sus contemporáneos en la tierra; sin embargo, la vida encarnada que Jesús de Nazaret vivió en Urantia sí recibió la plena y completa aprobación del Padre Universal, porque constituía, al mismo tiempo y en una sola y misma vida de personalidad, la plenitud de la revelación del Dios eterno al hombre mortal, y la presentación de una personalidad humana perfeccionada que satisfacía plenamente al Creador Infinito.
Éste fue su objetivo verdadero y supremo. No descendió para vivir como el ejemplo perfecto y detallado a seguir por cualquier niño o adulto, por cualquier hombre o mujer, de aquella época o de cualquier otra. En verdad es cierto que todos podemos encontrar en su vida plena, rica, hermosa y noble, muchos elementos exquisitamente ejemplares y divinamente inspiradores, pero esto es así porque vivió una vida verdadera y auténticamente humana. Jesús no vivió su vida en la tierra para establecer un ejemplo a imitar por todos los demás seres humanos. Vivió esta vida en la carne mediante el mismo ministerio de misericordia que todos vosotros podéis utilizar para vivir vuestra vida en la tierra. Al vivir su vida mortal en su época y tal como él era, estableció un ejemplo para que todos nosotros vivamos también la nuestra en nuestra época y tal como somos. Quizás no aspiréis a vivir su vida, pero podéis decidir vivir la vuestra como él vivió la suya, y por los mismos medios. Jesús puede que no sea el ejemplo técnico y detallado para todos los mortales de todos los tiempos en todos los planetas de este universo local, pero es eternamente la inspiración y guía de todos los peregrinos con destino paradisiaco procedentes de los mundos de ascensión inicial, que pasan a través del universo de universos y de Havona hasta el Paraíso. Jesús es el nuevo camino viviente que va desde el hombre hasta Dios, de lo parcial a lo perfecto, de lo terrenal a lo celestial, del tiempo a la eternidad.
Al final de su vigésimo noveno año, Jesús de Nazaret casi había terminado de vivir la vida que se exige a los mortales como residentes temporales en la carne. Trajo a la tierra toda la plenitud de Dios que se puede manifestar al hombre; ahora casi se había convertido en la perfección del hombre que espera la ocasión para manifestarse a Dios. Y realizó todo esto antes de cumplir los treinta años.
EL VIAJE por el mundo romano consumió la mayor parte del año veintiocho y todo el año veintinueve de la vida de Jesús en la tierra. Jesús y los dos nativos de la India Gonod y su hijo Ganid salieron de Jerusalén el domingo por la mañana 26 de abril del año 22. Llevaron a cabo su viaje tal como lo habían programado, y Jesús se despidió del padre y del hijo en la ciudad de Charax, en el Golfo Pérsico, el 10 de diciembre del año siguiente, el año 23. Desde Jerusalén se dirigieron a Cesaréa pasando por Jope.
DISCURSO SOBRE JONÁS. Durante su estancia en Jope, Jesús conoció a Gadía, un intérprete filisteo que trabajaba para un curtidor llamado Simón. Los agentes de Gonod en Mesopotamia habían hecho muchos negocios con este Simón; por eso Gonod y su hijo deseaban visitarlo camino de Cesaréa. Mientras permanecieron en Jope, Jesús y Gadía se hicieron buenos amigos. El joven filisteo era un buscador de la verdad. Jesús era un dador de la verdad; él era la verdad para esa generación en Urantia. Cuando un gran buscador y un gran dador de la verdad se encuentran, se produce una gran iluminación liberadora surgida de la experiencia de la nueva verdad.
Un día, después de la cena, Jesús y el joven filisteo paseaban por la orilla del mar y Gadía, sin saber que este “escriba de Damasco” estaba tan bien versado en las tradiciones hebreas, mostró a Jesús el lugar donde Jonás supuestamente había embarcado para su funesto viaje a Tarsis. Cuando concluyó sus comentarios, hizo a Jesús la pregunta siguiente: “¿Tú crees que el gran pez se tragó realmente a Jonás?”. Jesús percibió que la vida del joven había estado enormemente influenciada por esta tradición, y que sus reflexiones al respecto le habían inculcado la locura de intentar huir del
deber. Por lo tanto, Jesús no dijo nada que pudiera destruir repentinamente las motivaciones fundamentales que guiaban a Gadía en su vida práctica. En respuesta a la pregunta, Jesús dijo: “Amigo mío, todos somos como Jonás, con una vida que vivir de acuerdo con la voluntad de Dios. Cada vez que tratamos de esquivar el deber de la vida diaria para ir en busca de tentaciones lejanas, nos ponemos inmediatamente bajo el dominio de influencias que no están dirigidas por los poderes de la verdad ni por las fuerzas de la rectitud. Huir del deber es sacrificar la verdad. Evadirse del servicio de la luz y la vida sólo puede llevar a esos conflictos angustiosos con las temibles ballenas del egoísmo, que al final conducen a las tinieblas y a la muerte, a menos que esos Jonases que han abandonado a Dios deseen, incluso estando en lo más profundo de su desesperación, volver su corazón hacia la búsqueda de Dios y su bondad. Cuando estas almas desalentadas buscan sinceramente a Dios —con hambre de verdad y sed de rectitud— no hay nada que pueda retenerlas por más tiempo en cautiverio. Por muy profundos que sean los abismos donde puedan haber caído, cuando buscan la luz de todo corazón, el espíritu del Señor Dios de los cielos las libera de sus cadenas; las tribulaciones de la vida las arrojan a la tierra firme de las nuevas oportunidades para un servicio renovado y una vida más sabia”.
Gadía se sintió muy conmovido por la enseñanza de Jesús. Siguieron conversando a la orilla del mar hasta muy entrada la noche, y antes de regresar a sus alojamientos, rezaron juntos y el uno por el otro. Este mismo Gadía escuchó las predicaciones posteriores de Pedro, se convirtió en un profundo creyente en Jesús de Nazaret, y tuvo una noche una memorable controversia con Pedro en casa de Dorcas. Gadía también contribuyó mucho para que Simón, el rico mercader de cuero, se decidiera a abrazar el cristianismo.
(En este relato de la obra personal de Jesús con sus semejantes mortales durante su viaje por el Mediterráneo, y de acuerdo con el permiso que hemos recibido, traduciremos libremente sus palabras a la terminología moderna que se emplea en Urantia en el momento de esta presentación). La última conversación de Jesús con Gadía trató sobre el bien y el mal. Este joven filisteo estaba bastante desconcertado por el sentimiento de injusticia que le producía la presencia del mal conviviendo con el bien en el mundo. Dijo: “Si Dios es infinitamente bueno, ¿cómo puede permitir que suframos las penas del mal?. Después de todo, ¿quién crea el mal?” En aquellos tiempos, mucha gente creía todavía que Dios creaba a la vez el bien y el mal, pero Jesús nunca enseñó un error semejante. Al responder a esta pregunta, Jesús dijo: “Hermano mío, Dios es amor, por lo tanto debe ser bueno, y su bondad es tan grande y real que no puede contener las cosas pequeñas e irreales del mal. Dios es tan positivamente bueno que no hay absolutamente ninguna cabida en él para el mal negativo. El mal es la elección inmadura y el paso en falso irreflexivo de los que se resisten a la bondad, rechazan la belleza y traicionan la verdad. El mal sólo es la inadaptación de la inmadurez la influencia desintegradora y deformadora de la ignorancia. El mal es la inevitable oscuridad que sigue de cerca al rechazo imprudente de la luz. El mal es lo tenebroso y lo falso; cuando se abraza conscientemente y se aprueba voluntariamente, se convierte en pecado.
“Al dotarte de la facultad de escoger entre la verdad y el error, tu Padre celestial ha creado el potencial negativo de la vía positiva de la luz y la vida; pero los errores del mal no existen realmente hasta el momento en que una criatura inteligente quiere que existan, por una mala elección de su manera de vivir. Estos males se elevan posteriormente a la categoría de pecado mediante la elección consciente y deliberada de esa misma criatura obstinada y rebelde. Por eso, nuestro Padre que está en los cielos permite que el bien y el mal continúen juntos su camino hasta el final de la vida, al igual que la naturaleza permite que el trigo y la cizaña crezcan juntos hasta el momento de la siega”. Gadía quedó plenamente satisfecho con la respuesta de Jesús a su pregunta, después de que la discusión posterior clarificara en su mente el verdadero significado de estas importantes declaraciones.
EN CESAREA. Jesús y sus amigos permanecieron en Cesaréa más tiempo del que habían previsto, porque se descubrió que uno de los enormes remos que gobernaban la nave en la que pensaban embarcarse corría peligro de romperse. El capitán decidió permanecer en el puerto mientras fabricaban uno nuevo. Había escasez de carpinteros cualificados para esta tarea, y Jesús se ofreció voluntariamente para ayudar. Por las noches, Jesús y sus amigos paseaban por la hermosa muralla que servía de paseo alrededor del puerto. A Ganid le interesó mucho la explicación de Jesús sobre el sistema de canalización de las aguas de la ciudad y la técnica que utilizaban al emplear las mareas para lavar las calles y alcantarillas de la ciudad. El joven indio se sintió muy impresionado por el templo de Augusto, situado en una elevación y rematado con una estatua colosal del emperador romano. La segunda tarde de su estancia, los tres asistieron a un espectáculo en el enorme anfiteatro que podía contener veinte mil personas sentadas, y aquella misma noche fueron a ver una obra griega en el teatro. Estos eran los primeros espectáculos de este tipo que Ganid había visto en su vida, e hizo muchas preguntas a Jesús acerca de ellos. El tercer día por la mañana hicieron una visita oficial al palacio del gobernador, porque Cesaréa era la capital de Palestina y la residencia del procurador romano.
En su posada también estaba alojado un mercader de Mongolia, y como este oriental hablaba bastante bien el griego, Jesús mantuvo varias largas conversaciones con él. Este hombre se quedó muy impresionado con la filosofía de vida de Jesús y no olvidó nunca sus sabias palabras sobre “la manera de vivir la vida celestial en la tierra, sometiéndose diariamente a la voluntad del Padre celestial”. Este mercader era taoísta, y por ello se había convertido en un firme creyente en la doctrina de una Deidad universal. Al regresar a Mongolia, empezó a enseñar estas verdades avanzadas a sus vecinos y a sus asociados en los negocios, y como resultado directo de estas actividades, su hijo mayor decidió hacerse sacerdote taoísta. Durante toda su vida, este joven ejerció una gran influencia en favor de la verdad avanzada; fue sucedido en esta vía por un hijo y un nieto, que también se consagraron fielmente a la doctrina del Dios Único —el Soberano Supremo del Cielo.
Aunque la rama oriental de la iglesia cristiana primitiva, que tenía su centro en Filadelfia, permaneció más fiel a las enseñanzas de Jesús que la hermandad de Jerusalén, es lamentable que no hubiera nadie como Pedro que fuera a China, o como Pablo que viajara a la India, donde el terreno espiritual era entonces tan favorable para plantar la semilla del nuevo evangelio del reino. Estas mismas enseñanzas de Jesús, tal como las sostenían los filadelfianos, hubieran suscitado en las mentes de los pueblos asiáticos espiritualmente hambrientos, el mismo interés inmediato y efectivo que las predicaciones de Pedro y de Pablo suscitaron en occidente.
Un día, uno de los jóvenes que trabajaban con Jesús en el remo del timón se mostró muy interesado por las palabras que este último dejaba caer de vez en cuando mientras trabajaban en el astillero. Cuando Jesús sugirió que el Padre que está en los cielos se interesaba por el bienestar de sus hijos en la tierra, este joven griego llamado Anaxando dijo: “Si los Dioses se interesan por mí, entonces ¿por qué no quitan al capataz cruel e injusto que dirige este taller?”. Se quedó sorprendido cuando Jesús replicó: “Puesto que conoces los caminos de la bondad y valoras la justicia, tal vez los Dioses han puesto este hombre equivocado cerca de ti para que puedas guiarlo por ese camino mejor. Quizás tú eres la sal que puede hacer a este hermano más agradable para todos los demás hombres, es decir, si no has perdido tu sabor. Tal como están las cosas, este hombre es tu amo porque sus malos procedimientos te influencian desfavorablemente. ¿Por qué no afirmar tu dominio sobre el mal mediante el poder de la bondad, convirtiéndote así en el amo de todas las relaciones entre vosotros dos?. Puedo predecir que el bien que hay en ti podría vencer al mal que hay en él, si le dieras una oportunidad honrada y vivificante. En el transcurso de la existencia mortal no hay aventura más apasionante que la alegría de asociarse, en la vida material, con la energía espiritual y la verdad divina en una de sus luchas victoriosas contra el error y el mal. Es una experiencia maravillosa y transformadora la de convertirse en el canal viviente de la luz espiritual para los mortales que permanecen en las tinieblas espirituales. Si estás más favorecido por la verdad que este hombre, su necesidad debería ser un desafío para ti. ¡Seguramente no serás un cobarde, capaz de permanecer en la orilla del mar mirando cómo perece un compañero que no sabe nadar!. ¡Cuánto más valiosa es el alma de este hombre que se debate en las tinieblas, comparada con su cuerpo que se ahoga en el mar!”.
Anaxando se sintió profundamente conmovido por las palabras de Jesús. No tardó en contar a su superior lo que Jesús le había dicho, y aquella misma noche, los dos pidieron a Jesús que les aconsejara sobre el bienestar de sus almas. Mucho más tarde, después de haberse proclamado en Cesaréa el mensaje cristiano, estos dos hombres, uno griego y el otro romano, creyeron en la predicación de Felipe y se convirtieron en miembros influyentes de la iglesia fundada por él. Posteriormente, este joven griego fue nombrado intendente de un centurión romano llamado Cornelio, que se hizo creyente a través del ministerio de Pedro. Anaxando continuó aportando la luz a los que estaban en las tinieblas hasta la época en que Pablo fue encarcelado en Cesaréa. Pereció accidentalmente mientras socorría a los heridos y moribundos, durante la gran masacre en la que murieron veinte mil judíos.
Por esta época, Ganid empezó a darse cuenta de que su tutor empleaba sus ratos libres en este ministerio personal inusual hacia sus semejantes, y el joven indio decidió descubrir el motivo de estas actividades incesantes. Preguntó: “¿Por qué te ocupas continuamente en hablar con extraños?” Y Jesús respondió: “Ganid, ningún hombre es un extraño para el que conoce a Dios. En la experiencia de encontrar al Padre que está en los cielos, descubres que todos los hombres son tus hermanos, y ¿no es normal que uno sienta alegría al encontrarse con un hermano recién descubierto?. Conocer a nuestros hermanos y hermanas, comprender sus problemas y aprender a amarlos, es la experiencia suprema de la vida”.
Fue una conversación que duró hasta bien entrada la noche, en el transcurso de la cual el joven pidió a Jesús que le explicara la diferencia entre la voluntad de Dios y el acto mental humano de elegir, que también se llama voluntad. En sustancia, Jesús dijo: La voluntad de Dios es el camino de Dios, el asociarse con la elección de Dios frente a cualquier alternativa potencial. En consecuencia, hacer la voluntad de Dios es la experiencia progresiva de parecerse cada vez más a Dios y Dios es el origen y el destino de todo lo que es bueno, bello y verdadero. La voluntad del hombre es el camino del hombre, la suma y la sustancia de lo que el mortal escoge ser y hacer. La voluntad es la elección deliberada de un ser auto – consciente, que lleva a la conducta decidida basada en la reflexión inteligente.
Aquella tarde, Jesús y Ganid habían disfrutado jugando con un perro pastor muy inteligente, y Ganid quiso saber si el perro tenía alma, si tenía voluntad. En respuesta a sus preguntas, Jesús dijo: “El perro tiene una mente que puede conocer al hombre material, su dueño, pero no puede conocer a Dios que es espíritu. Así pues, no posee naturaleza espiritual y no puede disfrutar de una experiencia espiritual. Puede tener una voluntad derivada de la naturaleza y acrecentada por el adiestramiento, pero este poder de la mente no es fuerza espiritual, ni tampoco es comparable con la voluntad humana, porque no es reflexiva, no es el resultado de la discriminación de los significados superiores y morales, o de la elección de los valores espirituales y eternos. La posesión de estos poderes de discriminación espiritual y de elección de la verdad es lo que convierte al hombre mortal en un ser moral, en criatura dotada de los atributos de la responsabilidad espiritual y del potencial de la supervivencia eterna”. Jesús siguió explicando que la ausencia de estos poderes mentales en los animales, es lo que hace imposible para siempre que el mundo animal pueda desarrollar un lenguaje en el tiempo o experimentar algo que se parezca a la supervivencia de la personalidad en la eternidad. Como consecuencia de la lección de este día, Ganid no creyó nunca más en la transmigración de las almas humanas a los cuerpos de los animales.
Al día siguiente, Ganid discutió de todo esto con su padre y en respuesta a una pregunta de Gonod, Jesús explicó que “las voluntades humanas que se dedican exclusivamente a tomar decisiones temporales relacionadas con los problemas materiales de la existencia animal, están condenadas a perecer en el tiempo. Las que toman decisiones morales sinceras y efectúan elecciones espirituales incondicionales, se identifican así progresivamente con el espíritu interior y divino, y se van transformando cada vez más en valores de supervivencia eterna: una progresión sin fin de servicio divino”. Fue este mismo día cuando oímos por primera vez esa verdad capital que, enunciada en términos modernos, significaría: “La voluntad es esa manifestación de la mente humana que permite a la conciencia subjetiva expresarse objetivamente y experimentar el fenómeno de aspirar a ser semejante a Dios”. Es en este mismo sentido como todo ser humano reflexivo e inclinado hacia el espíritu puede volverse creativo.
EN ALEJANDRÍA. La estancia en Cesaréa había estado llena de acontecimientos; cuando el barco estuvo listo, Jesús y sus dos amigos zarparon un día al mediodía hacia Alejandría en Egipto. En Cesaréa cogieron un barco para Alejandría. La travesía fue sumamente agradable para los tres. Ganid estaba encantado con el viaje y mantenía ocupado a Jesús contestando a sus preguntas. Al acercarse al puerto de la ciudad, el joven se emocionó al ver el gran faro de Faros, situado en la isla que Alejandro había unido con la tierra firme a través de un dique, creando así dos magníficas ensenadas que hicieron de Alejandría la encrucijada comercial marítima de África, Asia y Europa. Este gran faro era una de las siete maravillas del mundo y el precursor de todos los faros posteriores. Por la mañana se levantaron temprano para contemplar este magnífico dispositivo salvavidas creado por el hombre, y en medio de las exclamaciones de Ganid, Jesús dijo: “Y tú, hijo mío, te parecerás a este faro cuando regreses a la India, incluso cuando tu padre descanse en paz. Serás como la luz de la vida para los que estén a tu alrededor en las tinieblas, mostrando a todos los que lo deseen el camino seguro para llegar al puerto de la salvación”. Estrechando la mano de Jesús, Ganid le dijo: “Lo seré”.
Subrayamos de nuevo que los primeros maestros de la religión cristiana cometieron un grave error al concentrarse exclusivamente en la civilización occidental del mundo romano. Las enseñanzas de Jesús, tal como las conservaban los creyentes mesopotámicos del siglo primero, hubieran sido recibidas con placer por los diversos grupos religiosos de Asia.
A las cuatro horas de desembarcar, ya estaban instalados cerca del extremo oriental de la gran avenida, de treinta metros de ancha y ocho kilómetros de larga, que llegaba hasta los límites occidentales de esta ciudad de un millón de habitantes. Después de echar una primera ojeada a las principales atracciones de la ciudad —la universidad (museo), la biblioteca, el mausoleo real de Alejandro, el palacio, el templo de Neptuno, el teatro y el gimnasio— Gonod se dedicó a sus negocios mientras que Jesús y Ganid se fueron a la biblioteca, la más grande del mundo. Aquí había cerca de un millón de manuscritos de todos los países civilizados: Grecia, Roma, Palestina, Partia, India, China e incluso Japón. En esta biblioteca, Ganid vio la mayor colección de literatura india de todo el mundo, y durante su estancia en Alejandría pasaron en este lugar un rato cada día. Jesús contó a Ganid que las escrituras hebreas habían sido traducidas al griego en este lugar. Discutieron
una y otra vez de todas las religiones del mundo, y Jesús se esforzó en enseñar a esta mente joven la verdad que contenía cada una de ellas, añadiendo siempre: “Pero Yahvé es el Dios que surgió de las revelaciones de Melquisedec y del pacto con Abraham. Los judíos eran los descendientes de Abraham y ocuparon posteriormente la misma tierra en la que Melquisedec había vivido y enseñado, y desde la cual envió maestros a todo el mundo; y su religión acabó describiendo al Señor Dios de Israel como Padre Universal que está en los cielos, reconociéndolo de manera más clara que cualquier otra religión del mundo”.
Bajo la dirección de Jesús, Ganid hizo una recopilación de las enseñanzas de todas las religiones del mundo que reconocían a una Deidad Universal, aunque pudieran admitir también otras deidades subordinadas. Después de muchas discusiones, Jesús y Ganid decidieron que los romanos no tenían ningún verdadero Dios en su religión, la cual no era mucho más que un culto al emperador. Llegaron a la conclusión de que los griegos tenían una filosofía, pero difícilmente una religión con un Dios personal. Descartaron los cultos de misterio debido a la confusión de su multiplicidad, y a que sus conceptos variados de la Deidad parecían derivarse de otras religiones y de religiones más antiguas.
Aunque estas traducciones se hicieron en Alejandría, Ganid no arregló definitivamente esta selección y añadió sus propias conclusiones personales hasta finales de su estancia en Roma. Se sorprendió mucho al descubrir que los mejores autores de literatura sagrada del mundo reconocían todos, más o menos claramente, la existencia de un Dios eterno, y concordaban mucho en cuanto al carácter de este Dios y sus relaciones con el hombre mortal.
Jesús y Ganid pasaron mucho tiempo en el museo durante su estancia en Alejandría. Este museo no era una colección de objetos raros, sino más bien una universidad de bellas artes, ciencia y literatura. Profesores eruditos daban allí conferencias diarias, y en aquellos tiempos era el centro intelectual del mundo occidental. Día tras día, Jesús interpretaba las conferencias para Ganid. Cierto día, durante la segunda semana, el joven exclamó: “Maestro Josué, tú sabes más que todos estos profesores; deberías levantarte y decirles las grandes cosas que me has enseñado. Están confundidos porque piensan demasiado. Hablaré con mi padre para que arregle esto”. Jesús sonrió y le dijo: “Eres un alumno admirativo, pero estos maestros no están dispuestos a que tú y yo les enseñemos nada. El orgullo de la erudición no espiritualizada es una trampa en la experiencia humana. El verdadero maestro mantiene su integridad intelectual permaneciendo siempre como un alumno”.
Alejandría era el lugar donde se mezclaban las culturas occidentales, y la ciudad más grande y magnífica del mundo después de Roma. Aquí se encontraba la sinagoga judía más grande del mundo, con la sede administrativa del sanedrín de Alejandría, los setenta ancianos dirigentes. Entre las muchas personas con quienes Gonod hizo transacciones mercantiles, había cierto banquero judío llamado Alejandro, cuyo hermano Filón era un famoso filósofo religioso de esta época. Filón había emprendido la tarea elogiable, pero extremadamente difícil, de armonizar la filosofía griega con la teología hebrea. Ganid y Jesús conversaron mucho sobre las enseñanzas de Filón y esperaban asistir a algunas de sus conferencias, pero durante toda su estancia en Alejandría este famoso judío helenista estuvo enfermo en la cama.
Jesús elogió a Ganid muchos aspectos de la filosofía griega y de la doctrina de los estoicos, pero le inculcó la verdad de que estos sistemas de creencias, así como las enseñanzas imprecisas de algunos compatriotas de Ganid, sólo eran religiones en la medida en que conducían a los hombres a encontrar a Dios y a disfrutar la experiencia viviente de conocer al Eterno.
EL DISCURSO SOBRE LA REALIDAD. La noche antes de partir de Alejandría, Ganid y Jesús tuvieron una larga conversación con uno de los profesores del gobierno en la universidad, que daba una conferencia sobre las enseñanzas de Platón. Jesús hizo de intérprete para el erudito maestro griego, pero no insertó ninguna enseñanza propia que refutara la filosofía griega. Aquella noche, Gonod había salido para asuntos de negocios; por eso, después de la partida del profesor, el maestro y su alumno tuvieron una larga conversación, con el corazón en la mano, sobre las doctrinas de Platón. Jesús aprobó de manera moderada algunas de las enseñanzas griegas sobre la teoría de que las cosas materiales del mundo eran vagos reflejos de las realidades espirituales invisibles, pero más sustanciales. Sin embargo, trató de establecer cimientos más sólidos para las reflexiones del joven, y por eso se embarcó en una larga disertación sobre la naturaleza de la realidad en el universo. He aquí en esencia y en lenguaje moderno lo que Jesús dijo a Ganid:
El origen de la realidad universal es el Infinito. Las cosas materiales de la creación finita son las repercusiones espacio – temporales del Arquetipo Paradisíaco y de la Mente Universal del Dios eterno. La causalidad en el mundo físico, la conciencia de sí en el mundo intelectual y el yo progresivo en el mundo espiritual —estas realidades, proyectadas a escala universal, combinadas en una conexión eterna y experimentadas con cualidades perfectas y valores divinos— constituyen la realidad del Supremo. Pero en el universo siempre cambiante, la Personalidad Original de la causalidad, de la inteligencia y de la experiencia espiritual permanece inmutable, absoluta. Incluso en un universo eterno de valores ilimitados y de cualidades divinas, todas las cosas pueden cambiar y cambian con frecuencia, excepto los Absolutos y aquello que ha alcanzado el estado físico, el contenido intelectual o la identidad espiritual que son absolutos.
El nivel más alto que pueden alcanzar las criaturas finitas es el reconocimiento del Padre Universal y el conocimiento del Supremo. Incluso entonces, estos seres destinados a la finalidad continúan experimentando cambios en los movimientos del mundo físico y en sus fenómenos materiales. Así mismo, siguen siendo conscientes del progreso del yo en su continua ascensión por el universo espiritual, y experimentan una conciencia creciente de su apreciación cada vez más profunda del cosmos intelectual y de su reacción al mismo. La criatura solamente puede unificarse con el Creador mediante la perfección, la armonía y la unanimidad de la voluntad; este estado de divinidad sólo se puede alcanzar y mantener si la criatura continúa viviendo en el tiempo y en la eternidad, conformando constantemente su voluntad personal finita a la voluntad divina del Creador. El deseo de hacer la voluntad del Padre siempre ha de ser supremo en el alma y debe dominar la mente de un hijo ascendente de Dios.
Un tuerto nunca podrá percibir la profundidad de una perspectiva. De la misma manera, los científicos materialistas tuertos y los místicos y alegoristas espirituales tuertos tampoco pueden tener una visión correcta, ni pueden comprender adecuadamente las verdaderas profundidades de la realidad universal. Todos los valores auténticos de la experiencia de la criatura están ocultos en la profundidad del reconocimiento.
Una causación desprovista de mente no puede transformar lo rudimentario y lo simple en elementos refinados y complejos; la experiencia sin el espíritu tampoco puede hacer que las mentes materiales de los mortales del tiempo se conviertan en caracteres divinos de supervivencia eterna. El único atributo del universo que caracteriza tan exclusivamente a la Deidad infinita es la perpetua donación creativa de la personalidad, que puede sobrevivir alcanzando progresivamente a la Deidad.
La personalidad es esa dotación cósmica, esa fase de la realidad universal, que puede coexistir con unos cambios ilimitados y al mismo tiempo conservar su identidad en presencia misma de todos esos cambios, e indefinidamente después de ellos.
La vida es una adaptación de la causalidad cósmica original a las exigencias y posibilidades de las situaciones universales; surge a la existencia mediante la acción de la Mente Universal y la activación de la chispa espiritual del Dios que es espíritu. El significado de la vida es su adaptabilidad; el valor de la vida es su capacidad para el progreso incluso hasta las alturas de la conciencia de Dios.
La mala adaptación de la vida auto consciente al universo produce la desarmonía cósmica. Si la voluntad de la personalidad diverge definitivamente de la tendencia de los universos, termina en el aislamiento intelectual, en la segregación de la personalidad. La pérdida del piloto espiritual interior sobreviene con el cese espiritual de la existencia. Así pues, la vida inteligente y progresiva es, en sí misma y por sí misma, una prueba incontrovertible de la existencia de un universo intencional que expresa la voluntad de un Creador divino. Y esta vida, en su conjunto, lucha por alcanzar los valores superiores, teniendo como meta final al Padre Universal.
Aparte de los servicios superiores y casi espirituales del intelecto, la mente del hombre sólo sobrepasa el nivel animal en cuestión de grados. Por eso, los animales (que carecen de culto y de sabiduría) no pueden experimentar la super conciencia, la conciencia de la conciencia. La mente animal sólo es consciente del universo objetivo.
El conocimiento es la esfera de la mente material, la que discierne los hechos. La verdad es el dominio del intelecto espiritualmente dotado que es consciente de conocer a Dios. El conocimiento se puede demostrar; la verdad se experimenta. El conocimiento es una posesión de la mente; la verdad una experiencia del alma, del yo que progresa. El conocimiento es una función del nivel no espiritual; la verdad es una fase del nivel mental – espiritual de los universos. La visión de la mente material percibe un mundo de conocimiento basado en hechos; la visión del intelecto espiritualizado discierne un mundo de valores verdaderos. Estos dos puntos de vista, sincronizados y armonizados, revelan el mundo de la realidad, en el cual la sabiduría interpreta los fenómenos del universo en términos de experiencia personal progresiva.
El error (el mal) es el castigo de la imperfección. Las características de la imperfección, o los hechos de la mala adaptación, se revelan en el nivel material mediante la observación crítica y el análisis científico; en el nivel moral se revelan mediante la experiencia humana. La presencia del mal constituye la prueba de las inexactitudes de la mente y de la inmadurez del yo en evolución. Así pues, el mal es también una medida de la imperfección con que se interpreta el universo. La posibilidad de cometer errores es inherente a la adquisición de la sabiduría, el plan según el cual se progresa desde lo parcial y temporal a lo completo y eterno, desde lo relativo e imperfecto a lo definitivo y perfeccionado. El error es la sombra del estado incompleto relativo, que necesariamente debe proyectarse en medio del camino universal ascendente del hombre hacia la perfección del Paraíso. El error (el mal) no es una peculiaridad real del universo; es simplemente la observación de una relatividad en las relaciones entre la imperfección de lo finito incompleto y los niveles ascendentes del Supremo y del Último.
Aunque Jesús expuso todo esto al joven en el lenguaje más apropiado para su comprensión, Ganid tenía los párpados pesados al final de la explicación y pronto cayó presa del sueño.
A la mañana siguiente, se levantaron temprano para subir a bordo del barco con rumbo a Lasea, en la isla de Creta. Pero antes de embarcarse, el muchacho aún tenía que hacer más preguntas sobre el mal, a las cuales Jesús respondió:
El mal es un concepto de la relatividad. Surge al observarse las imperfecciones que aparecen en la sombra proyectada por un universo finito de cosas y de seres, cuando este cosmos oscurece la luz viviente de la expresión universal de las realidades eternas del Uno Infinito.
El mal potencial es inherente al estado necesariamente incompleto de la revelación de Dios como expresión, limitada por el espacio – tiempo, de la infinidad y de la eternidad. El hecho de lo parcial en presencia de lo completo constituye la relatividad de la realidad; crea la necesidad de escoger intelectualmente, y establece unos niveles de valores en nuestra capacidad para reconocer y responder al espíritu. El concepto incompleto y finito que la mente temporal y limitada de la criatura posee del Infinito es, en sí mismo y por sí mismo, el mal potencial Pero el error cada vez mayor de no efectuar, injustificadamente, una rectificación espiritual razonable de estas desarmonías intelectuales e insuficiencias espirituales, originalmente inherentes, equivale a cometer el mal efectivo.
Todos los conceptos estáticos y muertos son potencialmente malos. La sombra finita de la verdad relativa y viviente está en continuo movimiento. Los conceptos estáticos retrasan invariablemente la ciencia, la política, la sociedad y la religión. Los conceptos estáticos pueden representar cierto conocimiento, pero les falta sabiduría y están desprovistos de verdad. Sin embargo, no permitáis que el concepto de relatividad os desoriente tanto que no podáis reconocer la coordinación del universo bajo la dirección de la mente cósmica, y su control estabilizado mediante la energía y el espíritu del Supremo.
EN LA ISLA DE CRETA. Al ir a Creta, los viajeros no tenían otra intención que la de distraerse, pasear por la isla y escalar las montañas. Los cretenses de esta época no disfrutaban de una reputación envidiable entre los pueblos vecinos. Sin embargo, Jesús y Ganid consiguieron que muchas almas realzaran sus niveles de pensamiento y de vida, estableciendo así las bases para la rápida aceptación de las enseñanzas evangélicas posteriores, cuando llegaron los primeros predicadores de Jerusalén. Jesús amaba a estos cretenses, a pesar de las duras palabras que Pablo pronunció más tarde sobre ellos, cuando envió a Tito a la isla para reorganizar sus iglesias.
En la ladera de una montaña de Creta, Jesús tuvo su primera larga conversación con Gonod sobre la religión. El padre se quedó muy impresionado y dijo: “No me extraña que el chico se crea todo lo que le dices; pero yo no sabía que tuvieran una religión así en Jerusalén, y mucho menos en Damasco”. Fue durante la estancia en esta isla cuando Gonod propuso por primera vez a Jesús que fuera con ellos a la India, y Ganid estuvo encantado con la idea de que Jesús pudiera aceptar este arreglo.
Cierto día, Ganid preguntó a Jesús por qué no se había dedicado a enseñar públicamente, y éste le respondió: “Hijo mío, todo debe aguardar su hora. Has nacido en el mundo, pero ninguna cantidad de ansiedad y ninguna manifestación de impaciencia te ayudarán a crecer. En todos estos asuntos hay que darle tiempo al tiempo. Sólo el tiempo hace que la fruta verde madure en el árbol. Una estación sucede a la otra y el atardecer sigue al amanecer únicamente con el paso del tiempo. Ahora estoy camino de Roma con tu padre y contigo, y esto es suficiente por hoy. Mi mañana esta enteramente en las manos de mi Padre celestial”. Entonces contó a Ganid la historia de Moisés y de sus cuarenta años de espera vigilante y de preparación continua.
Durante la visita a Buenos Puertos se produjo un incidente que Ganid no olvidó nunca. El recuerdo de este episodio siempre le despertó el deseo de hacer algo para cambiar el sistema de castas de su India natal. Un borracho degenerado estaba atacando a una joven esclava en la vía pública. Cuando Jesús vio el apuro de la muchacha, se abalanzó y alejó a la doncella del asalto del perturbado. Mientras la niña aterrorizada se agarraba a él, Jesús mantuvo al hombre enfurecido a una distancia prudencial con su poderoso brazo derecho extendido, hasta que el pobre tipo se agotó de tanto lanzar golpes furiosos en el aire. Ganid sintió el fuerte impulso de ayudar a Jesús a manejar este incidente, pero su padre se lo prohibió. Aunque no hablaban el idioma de la muchacha, ésta podía entender su acto de misericordia y les manifestó su profunda gratitud mientras los tres la acompañaban hasta su casa. En toda su vida encarnada, probablemente Jesús nunca estuvo tan cerca de pelearse con uno de sus contemporáneos como en esta ocasión. Aquella tarde le costó trabajo hacer entender a Ganid por qué no había golpeado al borracho. Ganid pensaba que este hombre debería haber recibido por lo menos tantos golpes como había dado a la joven.
EL JOVEN QUE TENÍA MIEDO. Mientras estaban en las montañas, Jesús tuvo una larga conversación con un joven que estaba temeroso y abatido. No pudiendo encontrar consuelo y coraje en la relación con sus semejantes, este joven había buscado la soledad de las colinas; había crecido con un sentimiento de desamparo e inferioridad. Estas tendencias naturales se habían visto acrecentadas por las numerosas circunstancias difíciles que el muchacho había sufrido a medida que crecía, principalmente la pérdida de su padre cuando tenía doce años. Al encontrarse con él, Jesús le dijo: “¡Saludos, amigo mío!, ¿por qué estás tan triste en un día tan hermoso?. Si ha sucedido algo que te aflige, quizás pueda ayudarte de alguna manera. En todo caso, es para mi un placer ofrecerte mis servicios”.
El joven estaba poco dispuesto a hablar, por lo que Jesús intentó otra manera de acercarse a su alma, diciendo: “Comprendo que subas a estos montes para huir de la gente; por eso es natural que no quieras conversar conmigo, pero me gustaría saber si te son familiares estas colinas. ¿Conoces la dirección de estos senderos?. ¿Y podrías quizás indicarme cuál es el mejor camino para ir a Fénix?”. El joven conocía muy bien aquellas montañas, y se interesó tanto en mostrar a Jesús el camino de Fénix, que dibujó en la tierra todos los senderos, explicándolos con todo detalle. Pero se quedó sorprendido y lleno de curiosidad cuando Jesús, después de decirle adiós y hacer como si se fuera, se volvió repentinamente hacia él diciendo: “Sé muy bien que deseas quedarte a solas con tu desconsuelo; pero no sería ni amable ni justo por mi parte recibir de ti una ayuda tan generosa para
encontrar el mejor camino de llegar a Fénix, y luego alejarme despreocupadamente sin hacer el menor esfuerzo por responder a tu petición de ayuda y orientación para encontrar el mejor camino hacia el destino que buscas en tu corazón, mientras permaneces aquí en la ladera de la montaña. Al igual que tú conoces muy bien los senderos que conducen a Fénix, por haberlos recorrido muchas veces, yo conozco bien el camino de la ciudad de tus esperanzas frustradas y de tus ambiciones contrariadas. Y puesto que me has pedido ayuda, no te decepcionaré”. El joven se quedó prácticamente atónito, y apenas logró balbucear: “Pero… si no te he pedido nada”. Entonces Jesús, poniéndole suavemente la mano en el hombro, le dijo: “No, hijo, no con palabras, pero apelaste a mi corazón con tu mirada anhelante. Hijo mío, para el que ama a sus semejantes hay una elocuente petición de ayuda en tu actitud de desaliento y desesperación. Siéntate a mi lado mientras te hablo de los senderos del servicio y de los caminos de la felicidad, que conducen desde las penas del yo a las alegrías de las actividades afectuosas en la fraternidad de los hombres y en el servicio del Dios del cielo”.
A estas alturas, el joven sentía muchos deseos de hablar con Jesús, y se arrodilló a sus pies suplicándole que lo ayudara, que le mostrara el camino para escapar de su mundo de penas y fracasos personales. Jesús le dijo: “Amigo mío, ¡levántate!. ¡Ponte de pie como un hombre!. Puedes estar rodeado de enemigos mezquinos y muchos obstáculos pueden retrasar tu marcha, pero las cosas importantes y reales de este mundo y del universo están de tu parte. El sol sale todas las mañanas para saludarte exactamente igual que lo hace para el hombre más poderoso y próspero de la tierra. Mira tienes un cuerpo fuerte y músculos poderosos, tus facultades físicas son superiores a la media. Por supuesto, todo eso no sirve prácticamente para nada mientras te quedes aquí sentado en la ladera de la montaña, lamentándote de tus desgracias, reales o imaginarias. Pero podrías hacer grandes cosas con tu cuerpo si quisieras apresurarte hacia los lugares donde hay grandes cosas por hacerse. Tratas de huir de tu yo infeliz, pero eso no es posible. Tú y los problemas de tu vida son reales; no puedes huir de ellos mientras estés vivo. Pero mira además, tu mente es clara y capaz. Tu cuerpo robusto tiene una mente inteligente que lo dirige. Pon tu mente a trabajar para resolver sus problemas; enseña a tu intelecto a trabajar para ti. No te dejes dominar por el temor como un animal sin discernimiento. Tu mente debería ser tu valiente aliada en la resolución de los problemas de tu vida, en lugar de ser tú, como lo has sido, su abyecto esclavo atemorizado y el siervo de la depresión y de la derrota. Pero lo más valioso de todo, tu verdadero potencial de realización, es el espíritu que vive dentro de ti; él estimulará e inspirará tu mente para que se controle a sí misma y active a tu cuerpo si deseas liberarlo de las cadenas del temor; así permitirás que tu naturaleza espiritual comience a liberarte de los males de la indolencia, gracias a la presencia y al poder de la fe viviente. Verás entonces cómo esta fe vencerá tu miedo a los hombres mediante la presencia irresistible de ese nuevo y predominante amor por tus semejantes, que pronto llenará tu alma hasta rebosar, porque en tu corazón habrá nacido la conciencia de que eres un hijo de Dios.
En este día, hijo mío, has de nacer de nuevo, restablecido como un hombre de fe, de valor y de servicio consagrado a los hombres por amor a Dios. Cuando te hayas reajustado así a la vida, dentro de ti mismo, también te habrás reajustado con el universo; habrás nacido de nuevo nacido de espíritu y en adelante toda tu vida será una consecución victoriosa. Los problemas te fortificarán, las decepciones te espolearán, las dificultades serán un desafío y los obstáculos, un estímulo. ¡Levántate, joven!. Di adiós a la vida de temores serviles y de huidas cobardes. Regresa rápidamente a tu deber y vive tu vida en la carne como un hijo de Dios, como un mortal dedicado al servicio ennoblecedor del hombre en la tierra, y destinado al magnífico y perpetuo servicio de Dios en la eternidad”.
Este joven, llamado Fortunato, se convirtió más tarde en el jefe de los cristianos de Creta y en el íntimo asociado de Tito en sus esfuerzos por elevar a los creyentes cretenses. Los viajeros estaban realmente descansados y dispuestos cuando un buen día, a mediodía, se prepararon para zarpar hacia Cartago, en el norte de África, deteniéndose dos días en Cirene. Es aquí donde Jesús y Ganid prestaron sus primeros auxilios a un muchacho llamado Rufo, que había resultado herido al desplomarse una carreta de bueyes cargada. Lo llevaron a la casa de su madre, y en cuanto a su padre, Simón, jamás podía imaginar que el hombre cuya cruz llevaría más tarde, por orden de un soldado romano, era el mismo extranjero que en otro tiempo había socorrido a su hijo.
Desde Creta siguieron por mar hasta Cartago, haciendo escala en Cirene.
EN CARTAGO DISCURSO SOBRE EL TIEMPO Y EL ESPACIO. Durante la ruta hacia Cartago, Jesús pasó la mayoría del tiempo conversando con sus compañeros de viaje sobre temas sociales, políticos y comerciales, pero no se dijo casi nada sobre religión. Por primera vez, Gonod y Ganid descubrieron que Jesús era un buen narrador, y lo mantuvieron ocupado contando anécdotas de sus primeros años de vida en Galilea. También se enteraron de que se había criado en Galilea y no en Jerusalén ni en Damasco.
Ganid había notado que la mayoría de las personas que habían encontrado por casualidad se sentían atraídas por Jesús, y por ello preguntó qué tenía uno que hacer para ganar amigos. Su maestro le dijo: “Interésate por tus semejantes; aprende a amarlos y vigila la oportunidad de hacer algo por ellos que estás seguro que desean”; luego citó el antiguo proverbio judío: “Un hombre que quiere tener amigos debe mostrarse amistoso”.
En Cartago, Jesús tuvo una larga conversación memorable con un sacerdote mitríaco sobre la inmortalidad, el tiempo y la eternidad. Este persa se había educado en Alejandría y deseaba realmente aprender de Jesús. En respuesta a sus numerosas preguntas, y traducido a terminología moderna, Jesús dijo en sustancia lo siguiente:
El tiempo es la corriente de los acontecimientos temporales que fluyen, percibidos por la conciencia de la criatura. El tiempo es el nombre que se ha dado al orden en que suceden los acontecimientos, que permite reconocerlos y separarlos. El universo del espacio es un fenómeno relacionado con el tiempo cuando es observado desde cualquier posición interior, fuera de la morada fija del Paraíso. El movimiento del tiempo sólo se revela en relación con algo que no se mueve en el espacio como un fenómeno dependiente del tiempo. En el universo de universos, el Paraíso y sus Deidades trascienden tanto el tiempo como el espacio. En los mundos habitados, la personalidad humana (habitada y orientada por el espíritu del Padre del Paraíso) es la única realidad relacionada con lo físico que puede trascender la secuencia material de los acontecimientos temporales.
Los animales no perciben el tiempo como el hombre, e incluso para el hombre, debido a su punto de vista fragmentario y circunscrito, el tiempo aparece como una sucesión de acontecimientos. Pero a medida que el hombre asciende, que progresa interiormente, su visión de esta procesión de acontecimientos aumenta de tal manera que la discierne cada vez mejor en su totalidad. Lo que anteriormente aparecía como una sucesión de acontecimientos, se verá ahora como un ciclo completo y perfectamente relacionado. De esta manera, la simultaneidad circular desplazará cada vez más a la antigua conciencia de la secuencia lineal de los acontecimientos.
Hay siete conceptos diferentes del espacio tal como está condicionado por el tiempo. El espacio se mide por el tiempo y no el tiempo por el espacio. La confusión de los científicos surge al no reconocer la realidad del espacio. El espacio no es simplemente un concepto intelectual de la variación en la conexión de los objetos del universo. El espacio no está vacío, y la mente es la única cosa que el hombre conoce que puede trascender, aunque sea parcialmente, el espacio. La mente puede funcionar independientemente del concepto de la conexión espacial de los objetos materiales. El espacio es relativa y comparativamente finito para todos los seres que tienen condición de criatura. Cuanto más se aproxima la conciencia a la noción de las siete dimensiones cósmicas, el concepto de espacio potencial se aproxima más a la ultimidad. Pero el potencial del espacio sólo es realmente último en el nivel absoluto.
Debe ser evidente que la realidad universal tiene un significado siempre relativo y en expansión, en los niveles cósmicos ascendentes y en vías de perfeccionamiento. A fin de cuentas, los mortales supervivientes alcanzan la identidad en un universo de siete dimensiones.
El concepto espacio – temporal de una mente de origen material está destinado a soportar ampliaciones sucesivas a medida que la personalidad consciente que lo concibe asciende los niveles del universo. Cuando el hombre alcanza la mente intermedia entre el plano material y el plano espiritual de existencia, sus ideas del espacio – tiempo se amplían enormemente en cuanto a la calidad de percepción y a la cantidad de experiencia. Los conceptos cósmicos crecientes de una personalidad espiritual que progresa se deben al aumento de la profundidad de la perspicacia y del campo de la conciencia. A medida que la personalidad continúa su camino, hacia arriba y hacia dentro, hasta los niveles trascendentales de semejanza con la Deidad, el concepto del espacio – tiempo se acercará cada vez más a los conceptos desprovistos de tiempo y de espacio de los Absolutos. Relativamente, y según sus logros trascendentales, los hijos con destino último llegarán a percibir estos conceptos del nivel absoluto.
En Cartago tomaron un barco para Nápoles, deteniéndose en Malta, Siracusa y Mesina. Desde Nápoles fueron a Capua, y desde allí viajaron por la Vía Apia hasta Roma. Al terminar su estancia en Roma se dirigieron por vía terrestre a Tarento, donde se hicieron a la mar para Atenas en Grecia, deteniéndose en Nicópolis y Corinto. Desde Atenas fueron a Éfeso por la ruta de Troade. Desde Éfeso navegaron hacia Chipre, haciendo escala en Rodas. Pasaron mucho tiempo visitando Chipre y descansando, y luego se embarcaron para Antioquía en Siria. Desde Antioquía fueron hacia el sur hasta Sidón y pasaron después por Damasco. Desde Damasco viajaron en caravana hasta Mesopotamia, pasando por Tapsacos y Larisa. Permanecieron algún tiempo en Babilonia, visitaron Ur y otros lugares, y luego fueron a Susa. Desde Susa viajaron a Charax, donde Gonod y Ganid embarcaron para la India.
Jesús había aprendido los rudimentos del idioma que hablaban Gonod y Ganid cuando estuvo trabajando cuatro meses en Damasco. Mientras estuvo allí, pasó la mayoría del tiempo haciendo traducciones del griego a una de las lenguas de la India, con la ayuda de un nativo de la región donde vivía Gonod. Durante su viaje por el Mediterráneo, pasó aproximadamente la mitad del día enseñando a Ganid y sirviendo de intérprete a Gonod en sus entrevistas de negocios y en sus relaciones sociales. El resto del día lo tenía a su disposición y lo dedicaba a entablar estrechos contactos personales con sus semejantes, íntimas relaciones con los mortales de este mundo que tanto caracterizaron sus actividades de estos años inmediatamente anteriores a su ministerio público. Gracias a estas observaciones de primera mano y a estos contactos reales, trabó conocimiento con la civilización material e intelectual superior de Occidente y del Levante. De Gonod y de su brillante hijo aprendió mucho sobre la civilización y la cultura de la India y de China, ya que Gonod, que era ciudadano de la India, había hecho tres grandes viajes al imperio de la raza amarilla. El joven Ganid aprendió mucho de Jesús durante esta larga e íntima asociación. Llegaron a tenerse un gran afecto mutuo y el padre del muchacho trató muchas veces de persuadir a Jesús para que los acompañara a la India, pero él siempre declinó la invitación, alegando la necesidad de regresar con su familia en Palestina.

1355:1 123:0.1 debido a las incertidumbres y ansiedades de su estancia en Belén, María no destetó al niño hasta que llegaron sanos y salvos a Alejandría, donde la familia pudo llevar una vida normal. Vivieron con unos parientes, y José pudo mantener fácilmente a su familia porque consiguió trabajo poco después de su llegada. Estuvo empleado como carpintero durante varios meses y luego lo promovieron al puesto de capataz de un gran grupo de obreros que estaban ocupados en la construcción de un edificio público, entonces en obras. Esta nueva experiencia le dio la idea de hacerse contratista y constructor después de que regresaran a Nazaret.
1355:2 123:0.2 Durante todos estos primeros años de infancia en que Jesús estaba indefenso, María mantuvo una larga y constante vigilancia para que no le ocurriera nada a su hijo que pudiera amenazar su bienestar, o que pudiera obstaculizar, de alguna manera, su futura misión en la tierra; ninguna madre estuvo nunca más consagrada a su hijo. En el hogar donde se encontraba Jesús, había otros dos niños aproximadamente de su misma edad, y entre los vecinos cercanos, seis más cuyas edades se acercaban lo suficiente a la suya como para ser unos compañeros de juego aceptables. Al principio, María estuvo tentada de mantener a Jesús muy cerca de ella. Temía que le ocurriera algo si se le permitía jugar en el jardín con los otros niños, pero José, con la ayuda de sus parientes, consiguió convencerla de que esta actitud privaría a Jesús de la útil experiencia de aprender a adaptarse a los niños de su edad. Comprendiendo que un programa así de protección exagerada e inhabitual podría hacer que el niño se volviera cohibido y un tanto egocéntrico, María dio finalmente su consentimiento al plan que permitía al niño de la promesa crecer exactamente como todos los demás niños. Aunque cumplió con esta decisión, efectuó su papel de estar siempre vigilante mientras que los pequeños jugaban alrededor de la casa o en el jardín. Sólo una madre amorosa puede comprender la carga que María tuvo que soportar en su corazón por la seguridad de su hijo durante estos años de su infancia y de su niñez.
1355:3 123:0.3 Durante los dos años de su estancia en Alejandría, Jesús gozó de buena salud y siguió creciendo normalmente. Aparte de unos pocos amigos y parientes, no se dijo a nadie que Jesús era un “niño de la promesa”.
Uno de los parientes de José lo reveló a unos amigos de Menfis, descendientes del lejano Ikhnatón. Éstos se reunieron, con un pequeño grupo de creyentes de Alejandría, en la suntuosa casa del pariente y benefactor de José, poco antes de regresar a Palestina, para presentar sus mejores deseos a la familia de Nazaret y sus respetos al niño. En esta ocasión, los amigos reunidos regalaron a Jesús un ejemplar completo de la traducción al griego de las escrituras hebreas. Pero este ejemplar de los textos sagrados judíos no se lo entregaron a José hasta que él y María declinaron definitivamente la invitación de sus amigos de Menfis y Alejandría de permanecer en Egipto. Estos creyentes afirmaban que el hijo del destino podría ejercer una influencia mundial mucho mayor si residía en Alejandría que en cualquier lugar determinado de Palestina. Estos argumentos retrasaron algún tiempo su regreso a Palestina, después de recibir la noticia de la muerte de Herodes.
1356:1 123:0.4 Finalmente, José y María se despidieron de Alejandría en un barco propiedad de su amigo Esraeon, con destino a Jope, puerto al que llegaron a finales de agosto del año 4 a. de J.C. Se dirigieron directamente a Belén, donde pasaron todo el mes de septiembre en deliberaciones con sus amigos y parientes para decidir si debían quedarse allí o regresar a Nazaret.
1356:2 123:0.5 María nunca había abandonado por completo la idea de que Jesús debería crecer en Belén, la Ciudad de David. José no creía en realidad que su hijo estuviera destinado a ser un rey liberador de Israel. Además, sabía que él mismo no era un verdadero descendiente de David; el hecho de contar entre el linaje de David se debía a que uno de sus antepasados había sido adoptado por la línea de descendientes davídicos. María consideraba naturalmente que la Ciudad de David era el lugar más apropiado para criar al nuevo candidato al trono de David, pero José prefería tentar la suerte con Herodes Antipas antes que con su hermano Arquelao. Albergaba muchos temores por la seguridad del niño en Belén o en cualquier otra ciudad de Judea; suponía que era más probable que Arquelao continuara con la política amenazadora de su padre Herodes, a que lo hiciera Antipas en Galilea. Aparte de todas estas razones, José expresó abiertamente su preferencia por Galilea, porque lo consideraba un lugar más adecuado para criar y educar al niño, pero necesitó tres semanas para vencer las objeciones de María.
1356:3 123:0.6 El primero de octubre, José había convencido a María y a todos sus amigos de que era mejor para ellos regresar a Nazaret. En consecuencia, a principios de octubre del año 4 a. de J.C., partieron de Belén rumbo a Nazaret por el camino de Lida y Escitópolis. Salieron un domingo por la mañana temprano; María y el niño iban montados en la bestia de carga que acababan de adquirir, mientras que José y cinco parientes los acompañaban a pie; los parientes de José no consintieron que viajaran solos hasta Nazaret. Temían ir a Galilea pasando por Jerusalén y el valle del Jordán, y las rutas occidentales no eran del todo seguras para dos viajeros solitarios con un niño de poca edad.
DE REGRESO A NAZARET.
1356:4 123:1.1 Al cuarto día de viaje, el grupo llegó sano y salvo a su destino. Llegaron sin anunciarse a su casa de Nazaret, ocupada desde hacía más de tres años por uno de los hermanos casados de José, que en verdad se quedó sorprendido al verlos; lo habían hecho todo tan calladamente, que ni la familia de José ni la de María sabían siquiera que habían dejado Alejandría. Al día siguiente, el hermano de José se mudó con su familia, y María, por primera vez desde el nacimiento de Jesús, se instaló con su pequeña familia para disfrutar de la vida en su propio hogar. En menos de una semana, José consiguió trabajo como carpintero, y fueron extremadamente felices.
1356:5 123:1.2 Jesús tenía unos tres años y dos meses cuando volvieron a Nazaret. Había soportado muy bien todos estos viajes y gozaba de excelente salud; estaba lleno de alegría y entusiasmo infantil al tener una casa propia donde poder correr y disfrutar. Pero echaba mucho de menos la compañía de sus amigos de juego de Alejandría.
1356:6 123:1.3 Camino de Nazaret, José había persuadido a María de que sería imprudente divulgar, entre sus amigos y parientes galileos, la noticia de que Jesús era un niño de la promesa. Acordaron no mencionar a nadie este asunto, y ambos cumplieron fielmente esta promesa.
1357:1 123:1.4 Todo el cuarto año de Jesús fue un período de desarrollo físico normal y de actividad mental poco común. Mientras tanto, se había hecho muy amigo de un niño vecino, aproximadamente de su edad, llamado Jacobo. Jesús y Jacobo siempre eran felices jugando juntos, y crecieron siendo grandes amigos y leales compañeros.
1357:2 123:1.5 El siguiente acontecimiento importante en la vida de esta familia de Nazaret fue el nacimiento del segundo hijo, Santiago, al amanecer del 2 de abril del año 3 a. de J.C. Jesús estaba muy emocionado con la idea de tener un hermanito, y permanecía cerca de él durante horas simplemente para observar los primeros gestos del bebé.
1357:3 123:1.6 Fue a mediados del verano de este mismo año cuando José construyó un pequeño taller cerca de la fuente del pueblo y del solar donde paraban las caravanas. A partir de entonces hizo muy pocos trabajos de carpintería al día. Tenía como socios a dos de sus hermanos y a varios obreros más, a quienes enviaba a trabajar fuera mientras él permanecía en el taller fabricando arados, yugos y otros objetos de madera. También hizo algunos trabajos con el cuero, la soga y la lona. A medida que Jesús crecía, y cuando no estaba en la escuela, repartía su tiempo casi a partes iguales entre ayudar a su madre en los quehaceres del hogar y observar a su padre en el trabajo del taller, escuchando al mismo tiempo las conversaciones y las noticias de los conductores y viajeros de las caravanas procedentes de todos los rincones de la tierra.
1357:4 123:1.7 En julio de este año, un mes antes de cumplir Jesús los cuatro años, una epidemia maligna de trastornos intestinales, contagiada por los viajeros de las caravanas, se extendió por todo Nazaret. María se alarmó tanto por el peligro al que Jesús estaba expuesto con esta enfermedad epidémica, que preparó a sus dos hijos y huyó a la casa de campo de su hermano, a varios kilómetros al sur de Nazaret, en la carretera de Meguido, cerca de Sarid. Estuvieron fuera de Nazaret durante más de dos meses; Jesús disfrutó mucho con su primera experiencia en una granja.
2. EL QUINTO AÑO (AÑO 2 a. de J.C.)
1357:5 123:2.1 Poco más de un año después del regreso a Nazaret, el niño Jesús llegó a la edad de su primera decisión moral personal y sincera; fue entonces cuando vino a quedarse con él un Ajustador del Pensamiento, un don divino del Padre del Paraíso, que había servido anteriormente con Maquiventa Melquisedec, adquiriendo así la experiencia de las operaciones relacionadas con la encarnación de un ser supermortal que vive en la similitud de la carne mortal. Este acontecimiento sucedió el 11 de febrero del año 2 a. de J.C. Jesús no tuvo más conciencia de la llegada del Monitor divino que los millones y millones de otros niños que, antes y después de ese día, han recibido igualmente estos Ajustadores del Pensamiento para residir en su mente, trabajar para la espiritualización última de dicha mente y la supervivencia eterna de su alma inmortal evolutiva.
1357:6 123:2.2 En este día de febrero terminó la supervisión directa y personal de los Gobernantes del Universo en lo referente a la integridad de Miguel encarnado como niño. A partir de este momento y durante todo el desarrollo humano de su encarnación, la custodia de Jesús fue encomendada a este Ajustador interior y a los guardianes seráficos asociados, auxiliados de vez en cuando por el ministerio de las criaturas medianas, designadas para efectuar ciertas tareas específicas, de acuerdo con las instrucciones de sus superiores planetarios.
1357:7 123:2.3 Jesús cumplió cinco años en agosto de este año, y por ello nos referiremos a él como el quinto año de su vida (según el calendario). En este año 2 a. de J.C., poco más de un mes antes de su quinto cumpleaños, Jesús se sintió muy feliz con la llegada al mundo de su hermana Miriam, que nació en la noche del 11 de julio. Durante el atardecer del día siguiente, Jesús tuvo una larga conversación con su padre sobre la manera en que los diversos grupos de seres vivos nacen en el mundo como individuos diferentes. La parte más valiosa de la primera educación de Jesús la proporcionaron sus padres, respondiendo a sus preguntas reflexivas y penetrantes. José no dejó nunca de cumplir plenamente con su deber, tomándose el trabajo y encontrando el tiempo para contestar a las numerosas preguntas del niño. Desde los cinco hasta los diez años, Jesús fue una interrogación permanente. Aunque José y María no siempre podían contestar a sus preguntas, nunca dejaron de discutirlas a fondo, y lo ayudaban de todas las maneras posibles en sus esfuerzos por encontrar una solución satisfactoria al problema que su mente despierta le había sugerido.
1358:1 123:2.4 Desde su regreso a Nazaret, habían tenido una intensa vida familiar, y José había estado extraordinariamente ocupado con la construcción de su nuevo taller y la reanudación de sus negocios. Tenía tanto trabajo que no había encontrado tiempo para hacer una cuna para Santiago, pero esto pudo remediarlo mucho antes de que naciera Miriam, de manera que ella contó con una cuna muy cómoda en la cual se acurrucaba mientras que la familia la admiraba. El niño Jesús participaba de todo corazón en todas estas experiencias naturales y normales del hogar. Disfrutaba mucho con su hermanito y su hermanita, y ayudaba mucho a María cuidando de ellos.
1358:2 123:2.5 En el mundo de los gentiles de aquellos tiempos, había pocos hogares que pudieran proporcionar a un niño una educación intelectual, moral y religiosa mejor que la de los hogares judíos de Galilea. Estos judíos tenían un programa sistemático para criar y educar a sus hijos. Dividían la vida de los niños en siete etapas: El niño recién nacido hasta el octavo día. El niño de pecho. El destete del niño. El período de dependencia de la madre, hasta el final del quinto año. El comienzo de la independencia del niño, y en el caso de los hijos varones, el padre asumía la responsabilidad de su educación. Los chicos y las chicas adolescentes. Los hombres y las mujeres jóvenes.
1358:10 123:2.6 Los judíos de Galilea tenían la costumbre de que la madre se responsabilizara de la educación del niño hasta que éste cumplía los cinco años, y si el niño era varón, entonces el padre se encargaba en adelante de su educación. Así pues, aquel año Jesús entró en la quinta etapa de la carrera de un niño judío de Galilea; en consecuencia, el 21 de agosto del año 2 a. de J.C., María transfirió formalmente a José la educación futura de su hijo. 1358:11 123:2.7 Aunque José tenía que asumir ahora directamente la responsabilidad de la educación intelectual y religiosa de Jesús, su madre seguía ocupándose de su educación hogareña. Le enseñó a conocer y a cuidar las parras y las flores que crecían en las paredes del jardín, que rodeaban por completo el terreno de su hogar. María también se ocupó de poner en el techo de la casa (el dormitorio de verano) unos cajones de arena poco profundos, en los que Jesús dibujaba mapas y efectuó la mayoría de sus primeras prácticas de escritura en arameo, en griego y más tarde en hebreo, porque aprendió en su momento a leer, escribir y hablar perfectamente estos tres idiomas.
1358:12 123:2.8 Jesús tenía la apariencia física de un niño casi perfecto y continuaba progresando de manera normal en el aspecto mental y emocional. Tuvo un ligero problema digestivo, su primera enfermedad leve, a finales de este año, el quinto (según el calendario).
1359:1 123:2.9 Aunque José y María hablaban con frecuencia del futuro de su hijo mayor, si hubiérais estado allí, únicamente hubiérais observado el crecimiento de un niño normal de aquel tiempo y lugar, sano, sin preocupaciones, pero extremadamente ávido de saber.
3. LOS ACONTECIMIENTOS DEL SEXTO AÑO (AÑO 1 a. de J.C.)
1359:2 123:3.1 Con la ayuda de su madre, Jesús ya había dominado el dialecto galileo de la lengua aramea; ahora, su padre empezó a enseñarle el griego. María lo hablaba poco, pero José hablaba bien el griego y el arameo. El libro de texto para estudiar la lengua griega era el ejemplar de las escrituras hebreas —una versión completa de la ley y de los profetas, incluídos los salmos— que les habían regalado a su partida de Egipto. En todo Nazaret sólo había dos ejemplares completos de las escrituras en griego, y la posesión de uno de ellos por parte de la familia del carpintero hacía de la casa de José un lugar muy solicitado, lo que permitió a Jesús conocer, a medida que crecía, una procesión casi interminable de personas estudiosas serias y de sinceros buscadores de la verdad. Antes de terminar este año, Jesús había asumido la custodia de este manuscrito inestimable, habiéndose enterado el día de su sexto cumpleaños, que el libro sagrado se lo habían regalado los amigos y parientes de Alejandría. Muy poco tiempo después podía leerlo con toda facilidad.
1359:3 123:3.2 La primera gran conmoción en la joven vida de Jesús tuvo lugar cuando aún no tenía seis años. Al chico le parecía que su padre —o al menos su padre y su madre juntos— lo sabían todo. Imaginad pues la sorpresa que se llevó este niño indagador cuando preguntó a su padre la causa de un leve terremoto que acababa de producirse, y oyó que José le respondía: “Hijo mío, en verdad no lo sé”. Así empezó una larga y desconcertante cadena de desilusiones, durante la cual Jesús descubrió que sus padres terrestres no eran infinitamente sabios ni omniscientes.
1359:4 123:3.3 El primer pensamiento de José fue decirle a Jesús que el terremoto había sido causado por Dios, pero un instante de reflexión le advirtió que una respuesta semejante provocaría inmediatamente preguntas posteriores aún más embarazosas. Incluso a una edad muy temprana, era muy difícil contestar a las preguntas de Jesús sobre los fenómenos físicos o sociales, diciéndole a la ligera que el responsable era Dios o el diablo. De acuerdo con la creencia predominante del pueblo judío, hacía tiempo que Jesús estaba dispuesto a aceptar la doctrina de los buenos y de los malos espíritus como una posible explicación de los fenómenos mentales y espirituales; pero empezó a dudar muy pronto de que estas influencias invisibles fueran responsables de los acontecimientos físicos del mundo natural.
1359:5 123:3.4 Antes de que Jesús cumpliera los seis años de edad, a principios del verano del año 1 a. de J.C., Zacarías, Isabel y su hijo Juan vinieron a visitar a la familia de Nazaret. Jesús y Juan disfrutaron mucho durante esta visita, la primera que podían recordar. Aunque los visitantes sólo pudieron quedarse unos días, los padres hablaron de muchas cosas, incluyendo los planes para el futuro de sus hijos. Mientras que estaban ocupados en esto, los chicos jugaban en la azotea de la casa con trozos de madera en la arena, y se divertían juntos de otras muchas maneras, como hacen los niños.
1359:6 123:3.5 Después de conocer a Juan, que venía de los alrededores de Jerusalén, Jesús empezó a manifestar un interés extraordinario por la historia de Israel y comenzó a preguntar con mucho detalle por el significado de los ritos del sábado, los sermones de la sinagoga y las fiestas conmemorativas periódicas. Su padre le explicó el significado de todas estas celebraciones. La primera era la fiesta de la iluminación, a mediados del invierno, que duraba ocho días; la primera noche encendían una candela, y cada noche siguiente añadían una nueva. Con esto se conmemoraba la consagración del templo, después de que Judas Macabeo restaurara los oficios mosaicos. A continuación venía la celebración de Purim, a principios de la primavera, la fiesta de Ester que liberó a Israel. Luego seguía la solemne Pascua, que los adultos celebraban en Jerusalén siempre que era posible, mientras que en el hogar los niños debían recordar que no se podía comer pan con levadura en toda la semana. Más tarde venía la fiesta de los primeros frutos, la recogida de la cosecha; y por último la más solemne de todas, la fiesta del año nuevo, el día de la expiación. Algunas de estas celebraciones y ceremonias eran difíciles de comprender para la joven mente de Jesús, pero las examinó con seriedad, y luego participó con gran alegría en la fiesta de los tabernáculos, el período de las vacaciones anuales de todo el pueblo judío, la época en que acampaban en cabañas hechas con ramajes y se entregaban al júbilo y a los placeres.
1360:1 123:3.6 Durante este año, José y María tuvieron dificultades con Jesús a propósito de sus oraciones. Insistía en dirigirse a su Padre celestial como si estuviera hablando con José, su padre terrenal. Este abandono de las formas más solemnes y reverentes de comunicación con la Deidad era un poco desconcertante para sus padres, especialmente para su madre, pero no podían persuadirlo para que cambiara; recitaba sus oraciones tal como le habían enseñado, después de lo cual insistía en tener “una pequeña charla con mi Padre que está en los cielos”.
1360:2 123:3.7 En junio de este año, José cedió el taller de Nazaret a sus hermanos y empezó formalmente a trabajar como constructor. Antes de terminar el año, los ingresos de la familia se habían más que triplicado. La familia de Nazaret nunca más conoció el apuro de la pobreza hasta después de la muerte de José. La familia creció cada vez más y gastaron mucho dinero en estudios complementarios y en viajes, pero los ingresos crecientes de José siempre se mantuvieron a la altura de los gastos en aumento.
1360:3 123:3.8 Durante los pocos años que siguieron, José hizo trabajos considerables en Caná, Belén (de Galilea), Magdala, Naín, Séforis, Cafarnaum y Endor, así como muchas construcciones en Nazaret y sus alrededores. Como Santiago había crecido lo suficiente como para ayudar a su madre en los quehaceres domésticos y en el cuidado de los niños más pequeños, Jesús se desplazó frecuentemente con su padre a estas ciudades y pueblos vecinos. Jesús era un observador penetrante y adquirió muchos conocimientos prácticos en estos viajes lejos de su hogar; guardaba asíduamente los conocimientos relacionados con el hombre y su manera de vivir en la tierra.
1360:4 123:3.9 Este año Jesús hizo grandes progresos para adaptar sus sentimientos enérgicos y sus impulsos vigorosos a las exigencias de la cooperación familiar y de la disciplina del hogar. María era una madre amorosa pero bastante estricta en la disciplina. Sin embargo, en muchos aspectos, José era el que ejercía el mayor control sobre Jesús, porque solía sentarse con el muchacho y le explicaba íntegramente las razones reales y subyacentes por las cuales era necesario disciplinar los deseos personales para contribuir al bienestar y la tranquilidad de toda la familia. Cuando se le explicaba la situación, Jesús siempre cooperaba inteligente y voluntariamente con los deseos paternos y las reglas familiares.
1360:5 123:3.10 Cuando su madre no necesitaba su ayuda en la casa, Jesús dedicaba una gran parte de su tiempo libre a estudiar las flores y las plantas durante el día y las estrellas por la noche. Mostraba una tendencia molesta a permanecer acostado de espaldas contemplando con admiración el cielo estrellado, mucho después de la hora habitual de acostarse en esta casa bien organizada de Nazaret.
4. EL SÉPTIMO AÑO (AÑO 1 d. de J.C.)
1361:1 123:4.1 Éste fue en verdad un año lleno de acontecimientos en la vida de Jesús. A principios de enero, una gran tormenta de nieve cayó sobre Galilea. La nieve se acumuló hasta sesenta centímetros de espesor; fue la nevada más grande que Jesús conoció en toda su vida y una de las más importantes en Nazaret en los últimos cien años.
1361:2 123:4.2 Las distracciones de los niños judíos en los tiempos de Jesús eran más bien limitadas; con demasiada frecuencia, los niños imitaban en sus juegos las actividades más serias que observaban en los adultos. Jugaban mucho a las bodas y a los funerales, ceremonias que veían con tanta frecuencia y que resultaban tan espectaculares. Bailaban y cantaban, pero tenían pocos juegos organizados como los que gustan tanto a los niños de hoy.
1361:3 123:4.3 En compañía de un niño vecino, y más tarde de su hermano Santiago, a Jesús le encantaba jugar en el rincón más alejado del taller de carpintería de la familia, donde se divertían con el aserrín y los trozos de madera. A Jesús siempre le resultaba difícil comprender el mal que tenían ciertos tipos de juegos que estaban prohibidos el sábado, pero nunca dejó de conformarse a los deseos de sus padres. Tenía una capacidad para el humor y los juegos que pocas veces se podía expresar en el entorno de su época y de su generación; pero hasta la edad de catorce años, la mayor parte del tiempo estaba alegre y de buen humor.
1361:4 123:4.4 María tenía un palomar en el tejado del establo contiguo a la casa, y los beneficios de la venta de las palomas los utilizaban como fondo especial de caridad que Jesús administraba, después de deducir el diezmo y haberlo entregado al empleado de la sinagoga.
1361:5 123:4.5 El único accidente verdadero que Jesús sufrió hasta ese momento fue una caída por las escaleras de piedra del patio trasero que conducían al dormitorio con techo de lona. Sucedió en julio, durante una tormenta de arena inesperada procedente del este. Los vientos cálidos con ráfagas de arena fina soplaban por lo general durante la estación de las lluvias, particularmente en marzo y abril. Una tormenta de este tipo era totalmente inesperada en el mes de julio. Cuando se desencadenó la tormenta, Jesús estaba jugando como tenía costumbre en el techo de la casa, porque durante una gran parte de la temporada seca, éste era su lugar de juego habitual. Mientras bajaba las escaleras, la arena lo cegó y por eso se cayó. Después de este accidente, José construyó una balaustrada a ambos lados de la escalera.
1361:6 123:4.6 No había manera de prevenir este accidente. No se trató de una negligencia imputable a los guardianes temporales medianos, ya que un mediano primario y uno secundario habían sido asignados para custodiar al muchacho; tampoco se podía culpar al serafín guardián. Sencillamente no se pudo evitar. Pero este ligero accidente, ocurrido mientras que José estaba en Endor, ocasionó una ansiedad tan grande en la mente de María, que trató de manera poco razonable de mantener a Jesús pegado a ella durante varios meses.
1361:7 123:4.7 Las personalidades celestiales no intervienen arbitrariamente en los accidentes materiales, que son acontecimientos comunes de naturaleza física. En las circunstancias ordinarias, sólo las criaturas medianas pueden intervenir sobre las condiciones materiales para salvaguardar a las personas, hombres o mujeres, con un destino determinado; incluso en las situaciones especiales, estos seres sólo pueden actuar así en obediencia a las órdenes específicas de sus superiores.
1361:8 123:4.8 Éste no fue más que uno de los numerosos accidentes menores que le ocurrieron posteriormente a este joven intrépido e investigador. Si examináis la niñez y la juventud normal de un muchacho dinámico, tendréis una idea bastante buena de la carrera juvenil de Jesús, y casi podréis imaginar la cantidad de ansiedad que causó a sus padres, en particular a su madre.
1362:1 123:4.9 José, el cuarto hijo de la familia de Nazaret, nació la mañana del miércoles 16 de marzo del año 1 d. de J.C.
5. LOS AÑOS DE ESCUELA EN NAZARET
1362:2 123:5.1 Jesús tenía ahora siete años, la edad en que se suponía que los niños judíos empezaban su educación formal en las escuelas de la sinagoga. Por consiguiente, en agosto de este año comenzó su memorable vida escolar en Nazaret. El muchacho ya leía, escribía y hablaba con soltura dos idiomas, el arameo y el griego. Ahora tenía que imponerse la tarea de aprender a leer, escribir y hablar la lengua hebrea. Estaba realmente impaciente por empezar la nueva vida escolar que se abría ante él.
1362:3 123:5.2 Durante tres años —hasta que tuvo diez años— asistió a la escuela primaria de la sinagoga de Nazaret. Durante estos tres años estudió los rudimentos del Libro de la Ley, tal como estaba redactado en lengua hebrea. Durante los tres años siguientes estudió en la escuela superior y memorizó, por el método de repetición en voz alta, las enseñanzas más profundas de la ley sagrada. Se graduó en esta escuela de la sinagoga cuando tenía trece años, y los dirigentes de la sinagoga lo entregaron a sus padres como un “hijo del mandamiento” ya educado —en adelante, un ciudadano responsable de la comunidad de Israel, con derecho a asistir a la Pascua en Jerusalén; en consecuencia, ese año participó en su primera Pascua, en compañía de su padre y su madre.
1362:4 123:5.3 En Nazaret, los alumnos se sentaban en semicírculo en el suelo mientras que su profesor, el chazán, un empleado de la sinagoga, se sentaba enfrente de ellos. Empezaban por el Libro del Levítico, y luego pasaban al estudio de los demás libros de la ley, seguido del estudio de los Profetas y de los Salmos. La sinagoga de Nazaret poseía un ejemplar completo de las escrituras en hebreo. Hasta los doce años, lo único que estudiaban eran las escrituras. En los meses de verano, las horas escolares se reducían considerablemente.
1362:5 123:5.4 Jesús se convirtió muy pronto en un experto en hebreo. Siendo un hombre joven, cuando ningún visitante eminente se encontraba ocasionalmente en Nazaret, se le pedía a menudo que leyera las escrituras hebreas a los fieles reunidos en la sinagoga para los oficios regulares del sábado.
1362:6 123:5.5 Por supuesto, las escuelas de la sinagoga no tenían libros de texto. Para enseñar, el chazán efectuaba una exposición que los alumnos repetían al unísono detrás de él. Cuando tenían acceso a los libros escritos de la ley, los estudiantes aprendían su lección leyendo en voz alta y repitiendo constantemente.
1362:7 123:5.6 Además de su educación oficial, Jesús empezó a tomar contacto con la naturaleza humana de todos los rincones del mundo, ya que por el taller de reparaciones de su padre pasaban hombres de muy diversos países. Cuando tuvo más edad, se mezclaba libremente con las caravanas que se detenían cerca de la fuente para descansar y comer. Como hablaba muy bien el griego, tenía pocos problemas para conversar con la mayoría de los viajeros y conductores de las caravanas.
1362:8 123:5.7 Nazaret era una etapa en el camino de las caravanas y una travesía para los viajes; una gran parte de la población era gentil. Al mismo tiempo, Nazaret era bien conocida como centro de interpretación liberal de la ley tradicional judía. En Galilea, los judíos se mezclaban más libremente con los gentiles que en Judea. De todas las ciudades de Galilea, los judíos de Nazaret eran los más liberales en interpretar las restricciones sociales basadas en el miedo a contaminarse por estar en contacto con los gentiles. Esta situación dio origen a un dicho corriente en Jerusalén: “¿Puede salir algo bueno de Nazaret?”
1363:1 123:5.8 Jesús recibió su enseñanza moral y su cultura espiritual principalmente en su propio hogar. La mayor parte de su educación intelectual y teológica la adquirió del chazán. Pero su verdadera educación —el equipamiento de mente y corazón para la prueba real de afrontar los difíciles problemas de la vida— la obtuvo mezclándose con sus semejantes. Esta asociación estrecha con sus semejantes, jóvenes y viejos, judíos y gentiles, le proporcionó la oportunidad de conocer a la raza humana. Jesús estaba altamente educado, en el sentido de que comprendía a fondo a los hombres y los amaba con devoción.
1363:2 123:5.9 Durante todos sus años en la sinagoga fue un estudiante brillante, con una gran ventaja puesto que conocía bien tres idiomas. Con motivo de la finalización de los cursos de Jesús en la escuela, el chazán de Nazaret comentó a José que temía “haber aprendido más con las preguntas penetrantes de Jesús” de lo que él mismo había “sido capaz de enseñar al muchacho”.
1363:3 123:5.10 En el transcurso de sus estudios, Jesús aprendió mucho y obtuvo una gran inspiración de los sermones regulares del sábado en la sinagoga. Era costumbre solicitar a los visitantes distinguidos que se detenían el sábado en Nazaret que hablaran en la sinagoga. A medida que crecía, Jesús escuchó los puntos de vista de muchos grandes pensadores de todo el mundo judío, y también a muchos judíos poco ortodoxos, puesto que la sinagoga de Nazaret era un centro avanzado y liberal del pensamiento y de la cultura hebreos.
1363:4 123:5.11 Al ingresar en la escuela a los siete años (por aquella época los judíos acababan de sacar una ley sobre la educación obligatoria), era costumbre que los alumnos escogieran su “texto de cumpleaños”, una especie de regla de oro que los guiaría a lo largo de sus estudios, y sobre la cual muchas veces tenían que disertar en el momento de graduarse a la edad de trece años. El texto que Jesús escogió estaba sacado del profeta Isaías: “El espíritu del Señor Dios está sobre mí, porque el Señor me ha ungido; me ha enviado para traer la buena nueva a los mansos, para consolar a los afligidos, para proclamar la libertad a los cautivos y para liberar a los presos espirituales.”
1363:5 123:5.12 Nazaret era uno de los veinticuatro centros sacerdotales de la nación hebrea. Pero el clero de Galilea era más liberal que los escribas y rabinos de Judea en su interpretación de las leyes tradicionales. En Nazaret también eran más liberales en cuanto a la observancia del sábado. Por este motivo, José tenía la costumbre de llevarse de paseo a Jesús los sábados por la tarde; una de sus caminatas favoritas consistía en subir a la alta colina cercana a su casa, de donde podían contemplar una vista panorámica de toda Galilea. Al noroeste, en los días despejados, podían ver la larga cima del Monte Carmelo deslizándose hacia el mar; Jesús escuchó muchas veces a su padre contar la historia de Elías, uno de los primeros de la larga lista de los profetas hebreos, que criticó a Acab y desenmascaró a los sacerdotes de Baal. Al norte, el Monte Hermón levantaba su pico nevado con un esplendor majestuoso y dominaba el horizonte, con casi 1.000 metros de laderas superiores que resplandecían con la blancura de las nieves perpetuas. A lo lejos, por el este, podían discernir el valle del Jordán, y mucho más allá, las colinas rocosas de Moab. También hacia el sur y el este, cuando el sol iluminaba los muros de mármol, podían ver las ciudades greco-romanas de la Decápolis, con sus anfiteatros y sus templos presuntuosos. Y cuando se demoraban hasta la puesta del sol, podían distinguir al oeste los barcos de vela en el lejano Mediterráneo.
1364:1 123:5.13 Jesús podía observar las filas de caravanas que entraban y salían de Nazaret en cuatro direcciones, y hacia el sur podía ver la amplia y fértil llanura de Esdraelón, que se extendía hacia el Monte Gilboa y Samaria.
1364:2 123:5.14 Cuando no subían a las alturas para contemplar el paisaje lejano, se paseaban por el campo y estudiaban la naturaleza en sus distintas manifestaciones, según las estaciones. La educación más precoz de Jesús, exceptuando la del hogar familiar, había consistido en tomar un contacto respetuoso y comprensivo con la naturaleza.
1364:3 123:5.15 Antes de cumplir los ocho años de edad, era conocido por todas las madres y mujeres jóvenes de Nazaret, que lo habían encontrado y habían hablado con él en la fuente cercana a su casa, que era uno de los centros sociales de encuentro y de habladurías de toda la ciudad. Este año, Jesús aprendió a ordeñar la vaca de la familia y a cuidar de los demás animales. Durante este año y el siguiente, también aprendió a hacer queso y a tejer. Cuando llegó a los diez años era un experto tejedor. Aproximadamente por esta época, Jesús y Jacobo, el muchacho vecino, se hicieron grandes amigos del alfarero que trabajaba cerca del manantial; mientras observaban los hábiles dedos de Natán moldeando la arcilla en el torno, los dos decidieron muchas veces hacerse alfareros cuando fueran mayores. Natán quería mucho a los muchachos y a menudo les daba arcilla para que jugaran, tratando de estimular su imaginación creativa sugiriéndoles que compitieran en la modelación de objetos y animales diversos.
6. SU OCTAVO AÑO (AÑO 2 d. de J.C.)
1364:4 123:6.1 Éste fue un año interesante en la escuela. Aunque Jesús no era un estudiante excepcional, sí era un alumno aplicado y formaba parte del tercio más avanzado de la clase; hacía sus tareas tan bien que durante una semana al mes estaba exento de asistir a la escuela. Dicha semana la pasaba generalmente con su tío el pescador en las orillas del mar de Galilea, cerca de Magdala, o en la granja de otro tío suyo (hermano de su madre) a ocho kilómetros al sur de Nazaret.
1364:5 123:6.2 Aunque su madre se preocupaba exageradamente por su salud y su seguridad, poco a poco se iba habituando a estas ausencias fuera del hogar. Los tíos y las tías de Jesús lo querían mucho; entre ellos se produjo una viva rivalidad, durante todo este año y algunos de los siguientes, para asegurarse su compañía durante estas visitas mensuales. La primera vez (desde la infancia) que permaneció una semana en la granja de su tío fue en enero de este año; la primera semana de experiencia como pescador en el mar de Galilea tuvo lugar en el mes de mayo.
1364:6 123:6.3 Por esta época, Jesús conoció a un profesor de matemáticas de Damasco, y después de aprender algunas nuevas técnicas aritméticas, dedicó mucho tiempo a las matemáticas durante varios años. Desarrolló un agudo sentido de los números, de las distancias y de las proporciones.
1364:7 123:6.4 Jesús empezó a disfrutar mucho con la compañía de su hermano Santiago y al final de este año, había empezado a enseñarle el alfabeto.
1364:8 123:6.5 Jesús hizo planes este año para intercambiar productos lácteos por clases de arpa. Tenía una inclinación especial por todo lo musical. Más adelante contribuyó mucho a promover el interés por la música vocal entre sus jóvenes compañeros. A la edad de once años ya era un arpista hábil, y disfrutaba mucho entreteniendo a la familia y a los amigos con sus extraordinarias interpretaciones y con sus hábiles improvisaciones.
1365:1 123:6.6 Aunque Jesús continuaba haciendo progresos considerables en la escuela, no todo se desarrollaba fácilmente para sus padres o sus maestros. Persistía en hacer muchas preguntas embarazosas acerca de la ciencia y de la religión, particularmente en geografía y astronomía. Insistía especialmente en averiguar por qué había una temporada seca y una temporada de lluvias en Palestina. Una y otra vez buscó la explicación de la gran diferencia entre las temperaturas de Nazaret y las del valle del Jordán. Simplemente no paraba nunca de hacer preguntas de este tipo, inteligentes pero inquietantes.
1365:2 123:6.7 Su tercer hermano, Simón, nació la tarde del viernes 14 de abril de este año, el 2 d. de J.C.
1365:3 123:6.8 Nacor, un profesor de una academia rabínica de Jerusalén, vino en febrero a Nazaret para observar a Jesús, después de haber realizado una misión similar en casa de Zacarías, cerca de Jerusalén. Vino a Nazaret por insistencia del padre de Juan. Aunque al principio le disgustó un poco la franqueza de Jesús y su manera nada convencional de relacionarse con las cosas religiosas, lo atribuyó a que Galilea estaba lejos de los centros de instrucción y de cultura hebreos, y aconsejó a José y María que le permitieran llevarse a Jesús a Jerusalén, donde tendría las ventajas de la educación y de la enseñanza en el centro de la cultura judía. María estaba casi decidida a dar su consentimiento; estaba convencida de que su hijo mayor iba a ser el Mesías, el libertador de los judíos. José dudaba; él también estaba persuadido de que cuando Jesús creciera sería un hombre del destino, pero estaba profundamente inseguro en cuanto a cuál sería ese destino. Pero nunca dudó realmente de que su hijo tuviera que realizar alguna gran misión en la tierra. Cuanto más pensaba en el consejo de Nacor, más dudaba de la sabiduría de esta estancia que proponía en Jerusalén.
1365:4 123:6.9 Debido a esta diferencia de opinión entre José y María, Nacor solicitó permiso para someter todo el asunto a Jesús. Jesús escuchó con atención y habló con José, con María y con un vecino, Jacobo el albañil, cuyo hijo era su compañero de juego favorito. Dos días más tarde, les manifestó que había diferencias de opinión entre sus padres y sus consejeros, y que no se consideraba cualificado para asumir la responsabilidad de tal decisión, porque no se sentía fuertemente inclinado ni en un sentido ni en otro. En estas circunstancias, había decidido finalmente “hablar con mi Padre que está en los cielos”; y aunque no estaba totalmente seguro de la respuesta, sentía que debía más bien quedarse en casa “con mi padre y mi madre”, añadiendo: “Ellos que me quieren tanto, serán capaces de hacer más por mí y de guiarme con más seguridad que unos extraños que sólo pueden ver mi cuerpo y observar mi mente, pero que difícilmente pueden conocerme de verdad.” Todos se quedaron maravillados, y Nacor emprendió su camino de regreso a Jerusalén. Pasaron muchos años antes de que se volviera a considerar la posibilidad de que Jesús se fuera de su hogar.
ESCRITO 124. LOS ÚLTIMOS AÑOS DE LA INFANCIA DE JESÚS.
1366:1 124:0.1 AUNQUE Jesús podría haberse beneficiado en Alejandría de mejores oportunidades para instruirse que en Galilea, no hubiera tenido un entorno tan espléndido para resolver los problemas de su propia vida con un mínimo de guía educativa, disfrutando al mismo tiempo de la gran ventaja de un contacto permanente con una cantidad tan grande de hombres y mujeres de todas clases, procedentes de todos los lugares del mundo civilizado. Si hubiera permanecido en Alejandría, su educación hubiera sido dirigida por judíos y según principios exclusivamente judíos. En Nazaret consiguió una educación y recibió una instrucción que lo prepararon mucho mejor para comprender a los gentiles, y le proporcionaron una idea mejor y más equilibrada de los méritos respectivos de los puntos de vista de la teología hebrea oriental (babilónica) y occidental (helénica).
EL NOVENO AÑO DE JESÚS (AÑO 3 d. de J.C.)
1366:2 124:1.1 Aunque no se puede decir que Jesús estuviera nunca gravemente enfermo, este año sufrió algunas enfermedades menores de la infancia junto con sus hermanos y su hermanita.
1366:3 124:1.2 En la escuela continuaban las clases, y seguía siendo un estudiante favorecido, con una semana libre cada mes; continuaba dividiendo su tiempo en partes más o menos iguales entre los viajes con su padre a las ciudades vecinas, las estancias en la granja de su tío al sur de Nazaret y las excursiones de pesca fuera de Magdala.
1366:4 124:1.3 El incidente más grave ocurrido hasta entonces en la escuela se produjo a finales del invierno, cuando Jesús se atrevió a desafiar la enseñanza del chazán de que todas las imágenes, pinturas y dibujos eran de naturaleza idólatra. A Jesús le encantaba dibujar paisajes y modelar una gran variedad de objetos con arcilla de alfarero. Todo este tipo de cosas estaba estrictamente prohibido por la ley judía, pero hasta ese momento se las había arreglado para calmar las objeciones de sus padres, hasta tal punto que le habían permitido continuar con estas actividades.
1366:5 124:1.4 Pero un nuevo alboroto se produjo en la escuela cuando uno de los alumnos más retrasados descubrió a Jesús haciendo, al carbón, un retrato del profesor en el suelo de la clase. El retrato estaba allí, tan claro como la luz del día, y muchos de los ancianos lo pudieron contemplar antes de que el comité se presentara ante José para exigirle que hiciera algo para reprimir la desobediencia a la ley de su hijo mayor. Aunque no era la primera vez que José y María recibían quejas sobre las actividades de su hábil y dinámico hijo, ésta era la acusación más seria de todas las que hasta el momento habían presentado contra él. Sentado en una gran piedra junto a la puerta trasera, Jesús escuchó durante un rato cómo condenaban sus esfuerzos artísticos. Le irritó que culparan a su padre de sus pretendidas fechorías; entonces entró en la casa, enfrentándose sin temor a sus acusadores. Los ancianos se quedaron desconcertados. Algunos tendieron a considerar el incidente con humor, mientras que uno o dos parecían pensar que el chico era sacrílego, si no blasfemo. José estaba perplejo y María indignada, pero Jesús insistió para que se le escuchara. Lo dejaron hablar, defendió valientemente su punto de vista y anunció con un completo dominio de sí mismo que acataría la decisión de su padre, tanto en este asunto como en cualquier otra controversia. Y el comité
de ancianos partió en silencio.
1367:1 124:1.5 María intentó convencer a José para que permitiera a Jesús modelar la arcilla en casa, siempre que prometiera no realizar en la escuela ninguna de estas actividades problemáticas, pero José se vio obligado a ordenar que la interpretación rabínica del segundo mandamiento tenía que prevalecer. Así pues, desde ese día, Jesús no volvió a dibujar ni a modelar una forma cualquiera mientras vivió en la casa de su padre. Sin embargo, no estaba convencido de que lo que había hecho estuviera mal, y abandonar su pasatiempo favorito constituyó una de las grandes pruebas de su joven vida.
1367:2 124:1.6 A finales de junio, Jesús subió por primera vez a la cima del Monte Tabor en compañía de su padre. Era un día claro y la vista era magnífica. Este chico de nueve años tuvo la impresión de que había contemplado realmente el mundo entero, a excepción de la India, África y Roma.
1367:3 124:1.7 Marta, la segunda hermana de Jesús, nació el jueves 13 de septiembre por la noche. Tres semanas después del nacimiento de Marta, José, que se encontraba en casa por algún tiempo, empezó la construcción de una ampliación de su casa, una habitación que serviría como taller y dormitorio. Se construyó un pequeño banco de trabajo para Jesús, y por primera vez pudo disponer de sus propias herramientas. Durante muchos años trabajó en este banco en sus ratos libres y se volvió muy experto en la fabricación de yugos.
1367:4 124:1.8 Este invierno y el siguiente fueron los más fríos en Nazaret desde hacía varias décadas. Jesús había visto la nieve en las montañas y varias veces había nevado en Nazaret, aunque sin permanecer mucho tiempo en el suelo; pero hasta este invierno no había visto el hielo. El hecho de que el agua pudiera ser sólida, líquida y gaseosa —había meditado largamente sobre el vapor que se escapaba del agua hirviendo— dio al joven mucho que pensar sobre el mundo físico y su constitución; y sin embargo, la personalidad encarnada en este niño en pleno crecimiento era al mismo tiempo la verdadera creadora y organizadora de todas estas cosas a lo largo y a lo ancho de un vasto universo.
1367:5 124:1.9 El clima de Nazaret no era riguroso. Enero era el mes más frío, con una temperatura media alrededor de los 10° C. En julio y agosto, los meses más calurosos, la temperatura variaba entre 24° y 32° C. Desde las montañas hasta el Jordán y el valle del Mar Muerto, el clima de Palestina variaba entre el frío y el tórrido. Así pues, en cierto sentido, los judíos estaban preparados para vivir prácticamente en cualquiera de los climas variables del mundo.
1367:6 124:1.10 Incluso durante los meses más calurosos del verano, una brisa fresca del mar soplaba generalmente del oeste desde las 10 de la mañana hasta las 10 de la noche. Pero de vez en cuando, los temibles vientos cálidos procedentes del desierto oriental soplaban en toda Palestina. Estas ráfagas calientes aparecían por lo general en febrero y marzo, hacia el final de la temporada de las lluvias. En esos momentos, la lluvia caía en chaparrones refrescantes desde noviembre hasta abril, pero no llovía de manera continuada. En Palestina sólo había dos estaciones: el verano y el invierno, la temporada seca y la temporada lluviosa. Las flores empezaban a abrir en enero, y a finales de abril todo el país era un vergel florido.
1367:7 124:1.11 En mayo de este año, Jesús ayudó por primera vez a cosechar los cereales en la granja de su tío. Antes de cumplir los trece años, se las había arreglado para saber algo de casi todos los trabajos que realizaban los hombres y las mujeres alrededor de Nazaret, a excepción del trabajo de los metales; cuando fue mayor, después de la muerte de su padre, pasó varios meses en el taller de un herrero.
1368:1 124:1.12 Cuando disminuía el trabajo y el tránsito de las caravanas, Jesús hacía con su padre muchos viajes de placer o de negocios a las ciudades cercanas de Caná, Endor y Naín. Incluso siendo joven había visitado con frecuencia Séforis, situada sólo a cinco kilómetros al noroeste de Nazaret; desde el año 4 a. de J.C. hasta el año 25 d. de J.C. aproximadamente, esta ciudad fue la capital de Galilea y una de las residencias de Herodes Antipas.
1368:2 124:1.13 Jesús continuaba su crecimiento físico, intelectual, social y espiritual. Sus viajes fuera del hogar contribuyeron mucho a proporcionarle una comprensión mejor y más generosa de su propia familia; en esta época, sus mismos padres empezaron a aprender de él al mismo tiempo que le enseñaban. Incluso en su juventud, Jesús era un pensador original y un hábil educador. Se encontraba en un conflicto permanente con la llamada “ley oral”, pero siempre trataba de adaptarse a las prácticas de su familia. Se llevaba muy bien con los niños de su edad, pero a menudo se desalentaba por su lentitud mental. Antes de cumplir los diez años, se había convertido en el jefe de un grupo de siete muchachos que formaron una sociedad para adquirir los talentos de la edad adulta —físicos, intelectuales y religiosos. Jesús logró introducir entre estos chicos muchos juegos nuevos y diversos métodos mejorados de entretenimiento físico.
ESCRITO 124. 2. EL DÉCIMO AÑO (AÑO 4 d. de J.C.)
1368:3 124:2.1 El cinco de julio, el primer sábado del mes, mientras Jesús se paseaba por el campo con su padre, expresó por primera vez unos sentimientos y unas ideas que indicaban que estaba empezando a tomar conciencia de la naturaleza excepcional de su misión en la vida. José escuchó atentamente las importantes palabras de su hijo, pero hizo pocos comentarios y no dio ninguna información. Al día siguiente, Jesús tuvo una conversación similar con su madre, pero más larga. María escuchó igualmente las declaraciones del muchacho, pero ella tampoco proporcionó ninguna información. Pasaron casi dos años antes de que Jesús hablara nuevamente a sus padres de esta revelación creciente, dentro de su propia conciencia, sobre la naturaleza de su personalidad y el carácter de su misión en la tierra.
1368:4 124:2.2 En agosto ingresó en la escuela superior de la sinagoga. En la escuela, causaba continuas perturbaciones con las preguntas que persistía en hacer. Cada vez tenía más a todo Nazaret en un alboroto más o menos continuo. A sus padres les disgustaba prohibirle que hiciera esas preguntas inquietantes, y su profesor principal estaba muy intrigado por la curiosidad del muchacho, su perspicacia y su sed de conocimientos.
1368:5 124:2.3 Los compañeros de juego de Jesús no veían nada sobrenatural en su conducta; en la mayoría de los aspectos era totalmente como ellos. Su interés por el estudio era un poco superior a la media, pero no tan excepcional. Es verdad que en la escuela hacía más preguntas que los demás niños de su clase.
1368:6 124:2.4 Quizás su característica más excepcional y sobresaliente era su repugnancia a luchar por sus derechos. Aunque era un muchacho bien desarrollado para su edad, a sus compañeros de juego les resultaba extraño que tuviera aversión por defenderse incluso de las injusticias o cuando era sometido a abusos personales. A pesar de todo, no sufrió mucho por culpa de esta tendencia gracias a la amistad de Jacobo, el muchacho vecino, que era un año mayor. Se trataba del hijo del albañil asociado con José en los negocios. Jacobo admiraba mucho a Jesús y se encargaba de estar pendiente para que nadie se le impusiera, aprovechándose de su aversión por las peleas físicas. Varias veces atacaron a Jesús unos jóvenes mayores y violentos, contando con su notoria docilidad, pero siempre recibieron un castigo rápido y seguro de manos de Jacobo, el hijo del albañil, su campeón voluntario y defensor siempre dispuesto.
1369:1 124:2.5 Jesús era el jefe comúnmente aceptado por los muchachos de Nazaret que tenían los ideales más elevados de su tiempo y de su generación. Sus jóvenes amigos lo amaban realmente, no sólo porque era justo, sino también porque poseía una simpatía rara y comprensiva que revelaba el amor y se acercaba a la compasión discreta.
1369:2 124:2.6 Este año empezó a mostrar una marcada preferencia por la compañía de las personas mayores. Le encantaba hablar de temas culturales, educativos, sociales, económicos, políticos y religiosos con pensadores de más edad; la profundidad de sus razonamientos y la fineza de sus observaciones gustaban tanto a sus amigos adultos que siempre estaban más que dispuestos para conversar con él. Hasta que tuvo que hacerse cargo de mantener a la familia, sus padres trataron constantemente de inducirlo a que se asociara con los chicos de su misma edad, o más cercanos a ella, en lugar de personas mayores mejor informadas, por quienes mostraba tanta preferencia.
1369:3 124:2.7 A finales de este año tuvo con su tío una experiencia de dos meses de pesca en el Mar de Galilea, y se le dio muy bien. Antes de llegar a la edad adulta, se había convertido en un experto pescador.
1369:4 124:2.8 Su desarrollo físico continuaba; en la escuela era un alumno avanzado y privilegiado; en el hogar se llevaba francamente bien con sus hermanos y hermanas más jóvenes, contando con la ventaja de tener más de tres años y medio que el mayor de los otros niños. En Nazaret tenían una buena opinión de él, a excepción de los padres de algunos de los niños más torpes, que a menudo calificaban a Jesús de demasiado engreído, de que carecía de la humildad y de la reserva propias de la juventud. Manifestaba una tendencia creciente a orientar las actividades recreativas de sus jóvenes amigos hacia terrenos más serios y reflexivos. Era un instructor nato y sencillamente no podía dejar de actuar como tal, incluso cuando se suponía que estaba jugando.
1369:5 124:2.9 José empezó muy pronto a enseñar a Jesús las diversas maneras de ganarse la vida, explicándole las ventajas de la agricultura sobre la industria y el comercio. Galilea era una comarca más hermosa y próspera que Judea, y vivir allí apenas costaba la cuarta parte de lo que costaba en Jerusalén y Judea. Era una provincia de pueblos agrícolas y de ciudades industriales florecientes, con más de doscientas ciudades por encima de los cinco mil habitantes y treinta con más de quince mil.
1369:6 124:2.10 Durante su primer viaje con su padre para observar la industria pesquera en el lago de Galilea, Jesús casi había decidido hacerse pescador; pero la estrecha relación con el oficio de su padre le impulsó más adelante a hacerse carpintero, mientras que más tarde aún, una combinación de influencias le llevó a escoger definitivamente la carrera de educador religioso de un orden nuevo.
ESCRITO 124
LOS ÚLTIMOS AÑOS DE LA INFANCIA DE JESÚS
3. EL UNDÉCIMO AÑO (AÑO 5 d. de J.C.)
1369:7 124:3.1 Durante todo este año, el muchacho continuó haciendo viajes con su padre fuera del hogar, pero también visitaba con frecuencia la granja de su tío, y en ocasiones iba a Magdala para pescar con el tío que se había instalado cerca de aquella ciudad.
1369:8 124:3.2 José y María a veces estuvieron tentados de mostrar algún tipo de favoritismo especial por Jesús, o de revelar de alguna otra manera su conocimiento de que era un niño de la promesa, un hijo del destino. Pero sus padres eran, los dos, extraordinariamente sabios y sagaces en todos estos asuntos. Las pocas veces que mostraron de alguna manera una preferencia cualquiera por él, incluso en el más ínfimo grado, el muchacho rechazó de inmediato toda consideración especial.
1370:1 124:3.3 Jesús pasaba bastante tiempo en la tienda de abastecimiento de las caravanas; como conversaba con los viajeros de todas las partes del mundo, adquirió una cantidad de información sobre los asuntos internacionales sorprendente para su edad. Éste fue el último año en que pudo disfrutar mucho de los juegos y de la alegría juvenil; a partir de este momento, las dificultades y las responsabilidades se multiplicaron rápidamente en la vida de este joven.
1370:2 124:3.4 Judá nació al anochecer del miércoles 24 de junio del año 5 d. de J.C. El alumbramiento de este séptimo hijo estuvo acompañado de complicaciones. María estuvo tan enferma durante varias semanas que José se quedó en la casa. Jesús estuvo muy ocupado haciendo recados para su padre y realizando múltiples tareas ocasionadas por la grave enfermedad de su madre. A este joven no le fue posible nunca más volver al comportamiento infantil de sus primeros años. A partir de la enfermedad de su madre —poco antes de cumplir los once años— se vio obligado a asumir las responsabilidades de hijo mayor, y a hacer todo esto uno o dos años antes de la fecha en que esta carga hubiera recaído normalmente sobre sus hombros.
1370:3 124:3.5 El chazán pasaba una tarde por semana con Jesús ayudándole a estudiar en profundidad las escrituras hebreas. Le interesaba mucho el progreso de su prometedor alumno, y por eso estaba dispuesto a ayudarlo de muchas maneras. Este pedagogo judío ejerció una gran influencia sobre esta mente en crecimiento, pero nunca pudo comprender por qué Jesús era tan indiferente a todas sus sugerencias sobre la perspectiva de ir a Jerusalén para continuar su educación con los rabinos eruditos.
1370:4 124:3.6 Hacia mediados de mayo, el joven acompañó a su padre en un viaje de negocios a Escitópolis, la principal ciudad griega de la Decápolis, la antigua ciudad hebrea de Bet-seán. Por el camino, José le contó muchas cosas de la antigua historia del rey Saúl, los filisteos y los acontecimientos posteriores de la turbulenta historia de Israel. Jesús se quedó enormemente impresionado por la limpieza y el orden que reinaban en esta ciudad llamada pagana. Se maravilló del teatro al aire libre y admiró el hermoso templo de mármol consagrado a la adoración de los dioses “paganos”. A José le inquietó mucho el entusiasmo del joven y trató de contrarrestar estas impresiones favorables alabando la belleza y la grandeza del templo judío de Jerusalén. Desde la colina de Nazaret, Jesús había contemplado a menudo con curiosidad esta magnífica ciudad griega, y había preguntado muchas veces por sus amplias obras públicas y sus edificios adornados, pero su padre siempre había tratado de eludir estas preguntas. Ahora se encontraban cara a cara con las bellezas de esta ciudad gentil, y José ya no podía fingir que ignoraba las preguntas de Jesús.
1370:5 124:3.7 Se dio la circunstancia de que precisamente en aquel momento se estaban celebrando, en el anfiteatro de Escitópolis, los juegos competitivos anuales y las demostraciones públicas de proezas físicas entre las ciudades griegas de la Decápolis. Jesús insistió para que su padre lo llevara a ver los juegos, e insistió tanto que José no se atrevió a negárselo. El joven estaba entusiasmado con los juegos y entró de todo corazón en el espíritu de aquellas demostraciones de desarrollo físico y de habilidad atlética. José se escandalizó indeciblemente al observar el entusiasmo de su hijo mientras contemplaba aquellas exhibiciones de vanagloria “pagana”. Después de terminar los juegos, José recibió la mayor sorpresa de su vida cuando oyó a Jesús expresar su aprobación y sugerir que sería bueno que los jóvenes de Nazaret pudieran beneficiarse así de unas sanas actividades físicas al aire libre. José tuvo una larga y seria conversación con Jesús respecto a la naturaleza perversa de tales prácticas, pero supo muy bien que el joven no estaba convencido.
1371:1 124:3.8 La única vez que Jesús vio a su padre enfadado con él fue aquella noche en su habitación de la posada cuando, en el transcurso de su discusión, el chico olvidó los principios del pensamiento judío hasta el punto de sugerir que volvieran a casa y trabajaran a favor de la construcción de un anfiteatro en Nazaret. Cuando José escuchó a su primogénito expresar unos sentimientos tan poco judíos, perdió su calma habitual y, cogiéndolo por los hombros, exclamó encolerizado: “Hijo mío, que no te oiga nunca más expresar un pensamiento tan perverso en toda tu vida”. Jesús se quedó sobrecogido ante la manifestación emocional de su padre; nunca había sentido anteriormente el impacto personal de la indignación de su padre, y se quedó pasmado y conmocionado de manera indecible. Se limitó a contestar: “Muy bien, padre, así lo haré”. Y mientras vivió su padre, el muchacho no hizo nunca más la más pequeña alusión a los juegos y a las otras actividades atléticas de los griegos.
1371:2 124:3.9 Más tarde, Jesús vio el anfiteatro griego en Jerusalén y comprendió cuán odiosas eran estas cosas desde el punto de vista judío. Sin embargo, durante toda su vida se esforzó por introducir la idea de un esparcimiento sano en sus planes personales y, en la medida en que lo permitían las costumbres judías, también en el programa posterior de las actividades regulares de sus doce apóstoles.
1371:3 124:3.10 Al final de este undécimo año, Jesús era un joven vigoroso, bien desarrollado, con un moderado sentido del humor, y bastante alegre, pero a partir de este año empezó a pasar cada vez con más frecuencia por períodos peculiares de profunda meditación y de seria contemplación. Se dedicaba mucho a meditar sobre la manera en que iba a cumplir con sus obligaciones familiares y obedecer al mismo tiempo la llamada de su misión para con el mundo; ya había
comprendido que su ministerio no debía limitarse a mejorar al pueblo judío.
ESCRITO 124
LOS ÚLTIMOS AÑOS DE LA INFANCIA DE JESÚS
4. EL DUODÉCIMO AÑO (AÑO 6 d. de J.C.)
1371:4 124:4.1 Éste fue un año memorable en la vida de Jesús. Continuó haciendo progresos en la escuela y nunca se cansaba de estudiar la naturaleza; al mismo tiempo, se dedicaba cada vez más a estudiar los métodos que la gente utilizaba para ganarse la vida. Empezó a trabajar regularmente en el taller familiar de carpintería y se le autorizó para que gestionara su propio salario, un arreglo bastante excepcional en una familia judía. Este año aprendió también la conveniencia de guardar en familia el secreto de estas cosas. Se iba haciendo consciente de la manera en que había causado perturbación en el pueblo, y en adelante se volvió cada vez más discreto, ocultando todo lo que contribuyera a mostrarlo como diferente a sus compañeros.
1371:5 124:4.2 Durante todo este año experimentó numerosos períodos de incertidumbre, si no de verdadera duda, en cuanto a la naturaleza de su misión. Su mente humana, que se desarrollaba de manera natural, aún no captaba por completo la realidad de su doble naturaleza. El hecho de tener una sola personalidad hacía difícil que su conciencia reconociera el origen doble de los factores que componían la naturaleza asociada con esta misma personalidad.
1371:6 124:4.3 A partir de este momento logró entenderse mejor con sus hermanos y hermanas. Tenía cada vez más tacto, se mostraba siempre compasivo y considerado por su bienestar y felicidad, y mantuvo buenas relaciones con ellos hasta el principio de su ministerio público. Para ser más explícito, se llevó muy bien con Santiago, Miriam y los dos niños más pequeños, Amós y Rut (que aún no habían nacido). Siempre se llevó bastante bien con Marta. Los disgustos que tuvo en el hogar surgieron principalmente de las fricciones con José y Judá, en particular con éste último.
1372:1 124:4.4 Para José y María fue una experiencia difícil encargarse de criar a un ser que reunía esta combinación sin precedentes de divinidad y de humanidad; merecen admiración por haber cumplido con tanta fidelidad y con tanto éxito sus deberes paternos. Los padres de Jesús comprendieron cada vez más que había algo sobrehumano en su hijo mayor, pero jamás pudieron soñar ni siquiera un instante que este hijo de la promesa fuera en verdad el creador efectivo de este universo local de cosas y de seres. José y María vivieron y murieron sin enterarse nunca de que su hijo Jesús era realmente el Creador del Universo, encarnado en la carne mortal.
1372:2 124:4.5 Este año, Jesús se interesó más que nunca por la música, y continuó enseñando a sus hermanos y hermanas en el hogar. Aproximadamente por esta época, el muchacho se volvió intensamente consciente de la diferencia de puntos de vista entre José y María respecto a la naturaleza de su misión. Meditó mucho sobre la diferencia de opinión de sus padres, y a menudo escuchó sus discusiones cuando ellos creían que estaba profundamente dormido. Se inclinaba cada vez más por el punto de vista de su padre, de manera que su madre estaba destinada a sentirse herida al darse cuenta de que su hijo rechazaba poco a poco sus directrices en las cuestiones relacionadas con la carrera de su vida. A medida que pasaban los años, esta brecha de incomprensión fue incrementándose. María comprendía cada vez menos el significado de la misión de Jesús, y esta madre buena se sintió cada vez más herida porque su hijo favorito no llevaba a cabo sus esperanzas más acariciadas.
1372:3 124:4.6 José creía cada vez más en la naturaleza espiritual de la misión de Jesús; y si no fuera por otras razones más importantes, de hecho es una pena que no viviera lo suficiente como para ver realizarse su concepto de la donación de Jesús en la tierra.
1372:4 124:4.7 Durante su último año en la escuela, cuando tenía doce años, Jesús manifestó a su padre su protesta por la costumbre hebrea de tocar el trozo de pergamino clavado en el marco de la puerta, cada vez que entraban o salían de la casa, y besar después el dedo que lo había tocado. Como parte de este rito, era costumbre decir: “El Señor protegerá nuestra entrada y nuestra salida, de ahora en adelante y para siempre.” José y María habían enseñado repetidas veces a Jesús las razones por las cuales estaba prohibido hacer retratos o dibujar cuadros, explicando que estas creaciones se podían utilizar con fines idólatras. Aunque Jesús no llegaba a comprender por completo la prohibición de hacer retratos y dibujos, poseía una lógica superior, y por eso señaló a su padre la naturaleza esencialmente idólatra de esta reverencia habitual al pergamino de la puerta. Después de estas objeciones de Jesús, José retiró el pergamino.
1372:5 124:4.8 Con el paso del tiempo, Jesús contribuyó mucho a modificar las prácticas religiosas de los suyos, tales como las oraciones familiares y otras costumbres. Muchas de estas cosas se podían hacer en Nazaret porque su sinagoga estaba bajo la influencia de una escuela liberal de rabinos, representada por José, el famoso maestro de Nazaret.
1372:6 124:4.9 Durante este año y los dos siguientes, Jesús sufrió una gran aflicción mental como resultado de sus constantes esfuerzos por conciliar sus opiniones personales sobre las prácticas religiosas y las diversiones sociales, con las creencias enraizadas de sus padres. Estaba angustiado por el conflicto entre la necesidad de ser fiel a sus propias convicciones, y la exhortación de su conciencia a someterse obedientemente a sus padres; su conflicto supremo se encontraba entre dos grandes mandamientos que predominaban en su mente juvenil. El primero era: “Sé fiel a los dictámenes de tus convicciones más elevadas de la verdad y de la rectitud.” El otro era: “Honra a tu padre y a tu madre, porque ellos te han dado la vida y la nutrición de la vida”. Sin embargo, nunca eludió la responsabilidad de hacer cada día los ajustes necesarios entre la lealtad a sus convicciones personales y el deber hacia su familia. Consiguió la satisfacción de fundir cada vez más armoniosamente sus convicciones personales con las obligaciones familiares, en un concepto magistral de solidaridad colectiva basada en la lealtad, la justicia, la tolerancia y el amor.
ESCRITO 124
LOS ÚLTIMOS AÑOS DE LA INFANCIA DE JESÚS
5. SU DECIMOTERCER AÑO (AÑO 7 d. de J.C.)
1373:1 124:5.1 En este año, el muchacho de Nazaret pasó de la infancia a la adolescencia; su voz empezó a cambiar, y otros rasgos de la mente y del cuerpo revelaron la llegada de la virilidad.
1373:2 124:5.2 Su hermanito Amós nació la noche del domingo 9 de enero del año 7 d. de J.C. Judá no tenía todavía dos años, y su hermanita Rut aún no había nacido. Se puede ver pues que Jesús tenía una numerosa familia de niños pequeños que se quedó a su cuidado cuando su padre encontró la muerte al año siguiente en un accidente.
1373:3 124:5.3 Hacia mediados de febrero, Jesús adquirió humanamente la seguridad de que estaba destinado a efectuar una misión en la tierra para iluminar al hombre y revelar a Dios. En la mente de este joven se estaban formando importantes decisiones, junto con planes de gran envergadura, mientras que su apariencia exterior era la de un muchacho judío corriente de Nazaret. La vida inteligente de todo Nebadon observaba con fascinación y asombro cómo todo ésto empezaba a desarrollarse en el pensamiento y en los actos del hijo, ahora adolescente, del carpintero.
1373:4 124:5.4 El primer día de la semana, el 20 de marzo del año 7, Jesús se graduó en los cursos de enseñanza de la escuela local asociada con la sinagoga de Nazaret. Era un gran día en la vida de cualquier familia judía ambiciosa, el día en que el hijo primogénito era nombrado “hijo del mandamiento” y el primogénito rescatado del Señor Dios de Israel, un “hijo del Altísimo” y servidor del Señor de toda la tierra.
1373:5 124:5.5 El viernes de la semana anterior, José había regresado de Séforis, donde estaba encargado de construir un nuevo edificio público, para estar presente en esta feliz ocasión. El profesor de Jesús creía firmemente que su alumno alerta y aplicado estaba destinado a alguna carrera eminente, a alguna misión importante. Los ancianos, a pesar de todos sus disgustos con las tendencias no conformistas de Jesús, estaban muy orgullosos del muchacho y ya habían empezado a hacer planes para que pudiera ir a Jerusalén a continuar su educación en las famosas academias hebreas.
1373:6 124:5.6 A medida que Jesús oía de vez en cuando discutir estos planes, estaba cada vez más seguro de que nunca iría a Jerusalén para estudiar con los rabinos. Sin embargo, poco podía imaginar la tragedia tan próxima que aseguraría el abandono de todos estos proyectos, obligándole a asumir la responsabilidad de mantener y dirigir una familia numerosa que pronto iba a estar compuesta de cinco hermanos y tres hermanas, además de su madre y él mismo. Al tener que criar esta familia, Jesús pasó por una experiencia más extensa y prolongada que la que tuvo José, su padre; y se mantuvo a la altura del modelo que más tarde estableció para sí mismo: ser un educador y hermano mayor sabio, paciente, comprensivo y eficaz para esta familia —su familia—, tan repentinamente afligida por el dolor y tan inesperadamente acongojada.
LOS ÚLTIMOS AÑOS DE LA INFANCIA DE JESÚS
6. EL VIAJE A JERUSALÉN
1374:1 124:6.1 Como Jesús había llegado ahora al umbral de la vida adulta y se había graduado oficialmente en las escuelas de la sinagoga, reunía las condiciones necesarias para ir a Jerusalén con sus padres y participar con ellos en la celebración de su primera Pascua. La fiesta de la Pascua de este año caía el sábado 9 de abril del año 7. Un grupo numeroso (103 personas) se preparó para salir de Nazaret hacia Jerusalén el lunes 4 de abril por la mañana temprano. Viajaron hacia el sur en dirección a Samaria, pero al llegar a Jezreel se desviaron hacia el este, rodeando el Monte Gilboa por el valle del Jordán para evitar tener que cruzar Samaria. A José y a su familia les hubiera gustado atravesar Samaria por la ruta del pozo de Jacob y de Betel,
pero como los judíos no querían mezclarse con los samaritanos, decidieron continuar con sus vecinos por el valle del Jordán.
1374:2 124:6.2 El temible Arquelao había sido depuesto, y existía poco peligro en llevar a Jesús a Jerusalén. Habían pasado doce años desde que el primer Herodes había tratado de destruir al niño de Belén, y nadie pensaría ahora en asociar aquel asunto con este muchacho desconocido de Nazaret. 1374:3 124:6.3 Antes de llegar al cruce de Jezreel, prosiguiendo su viaje, muy pronto dejaron a la izquierda el antiguo pueblo de Sunem, y Jesús escuchó de nuevo la historia de la doncella más hermosa de todo Israel que vivió allí en otro tiempo, y también las obras maravillosas que Eliseo había realizado en aquel lugar. Al pasar por Jezreel, los padres de Jesús contaron las acciones de Acab y Jezabel y las hazañas de Jehú. Al pasar cerca del Monte Gilboa, hablaron mucho de Saúl que se suicidó en las vertientes de esta montaña, del rey David, y de los acontecimientos asociados con este lugar histórico.
1374:4 124:6.4 Al rodear la base del Gilboa, los peregrinos podían ver a la derecha la ciudad griega de Escitópolis. Admiraron desde lejos los edificios de mármol, pero no se acercaron a la ciudad gentil por temor a profanarse, lo que les impediría participar en las ceremonias solemnes y sagradas de la Pascua en Jerusalén. María no comprendía por qué ni José ni Jesús querían hablar de Escitópolis. No sabía nada de su controversia del año anterior, porque nunca le habían contado el incidente.
1374:5 124:6.5 Ahora la carretera descendía rápidamente hacia el valle tropical del Jordán, y Jesús pudo pronto contemplar admirado el serpenteante y tortuoso río Jordán, con sus aguas resplandecientes y ondulantes fluyendo hacia el Mar Muerto. Se quitaron los abrigos mientras viajaban hacia el sur por este valle tropical, disfrutando de los fértiles campos de cereales y de las hermosas adelfas cargadas de flores rosadas, mientras que hacia el norte el macizo del Monte Hermón cubierto de nieve se perfilaba a lo lejos, dominando majestuosamente el histórico valle. Poco más de tres horas después de haber pasado Escitópolis, llegaron a una fuente burbujeante y acamparon allí durante la noche bajo el cielo estrellado.
1374:6 124:6.6 En su segundo día de viaje pasaron por el lugar donde el Jaboc, procedente del este, desemboca en el Jordán; al contemplar este valle hacia el este, recordaron los tiempos de Gedeón, cuando los medianitas se extendieron por esta región para invadir el país. Hacia el final del segundo día de viaje, acamparon cerca de la base de la montaña más alta que domina el valle del Jordán, el Monte Sartaba, cuya cima estaba ocupada por la fortaleza alejandrina donde Herodes había encarcelado a una de sus esposas y enterrado a sus dos hijos estrangulados.
1375:1 124:6.7 Al tercer día pasaron por dos pueblos que habían sido construidos recientemente por Herodes y observaron su magnífica arquitectura y sus hermosos jardines de palmeras. Al anochecer llegaron a Jericó, donde permanecieron hasta el día siguiente. Aquella noche, José, María y Jesús caminaron unos dos kilómetros y medio hasta el emplazamiento del antiguo Jericó, donde según la tradición judía, Josué, de quien Jesús había tomado el nombre, había realizado sus famosas hazañas.
1375:2 124:6.8 Durante el cuarto y último día de viaje, la carretera era una procesión continua de peregrinos. Ahora empezaron a subir las colinas que conducían a Jerusalén. Al acercarse a la cumbre, pudieron ver las montañas al otro lado del Jordán, y hacia el sur, las aguas perezosas del Mar Muerto. Aproximadamente a mitad de camino de Jerusalén, Jesús vio por primera vez el Monte de los Olivos (la región que jugaría un papel tan importante en su vida futura). José le indicó que la Ciudad Santa estaba situada justo detrás de aquellas lomas, y el corazón del muchacho se aceleró ante la feliz expectativa de contemplar pronto la ciudad y la casa de su Padre celestial.
1375:3 124:6.9 Se detuvieron para descansar en las pendientes orientales del Olivete, junto a un pueblecito llamado Betania. Los lugareños hospitalarios salieron enseguida para atender a los peregrinos, y dio la casualidad de que José y su familia se habían detenido cerca de la casa de un tal Simón, que tenía tres hijos casi de la misma edad que Jesús —María, Marta y Lázaro. Éstos invitaron a la familia de Nazaret a que entraran a descansar, y entre las dos familias nació una amistad que duró toda la vida. Más adelante, en el transcurso de su vida llena de acontecimientos, Jesús se detuvo muchas veces en esta casa.
1375:4 124:6.10 Se apresuraron en continuar su camino, y pronto llegaron al borde del Olivete; Jesús vio por primera vez (en su memoria) la Ciudad Santa, los palacios pretenciosos y el templo inspirador de su Padre. Jesús no experimentó nunca más en su vida un estremecimiento puramente humano comparable al que le embargó por completo esta tarde de abril, en el Monte de los Olivos, mientras estaba allí de pie bebiendo con su primera mirada a Jerusalén. Unos años más tarde estuvo en este mismo lugar, y lloró por la ciudad que estaba a punto de rechazar a otro profeta, al último y al más grande de sus educadores celestiales.
1375:5 124:6.11 Se dieron prisa por llegar a Jerusalén. Ahora era jueves por la tarde. Al llegar a la ciudad pasaron por delante del templo, y Jesús no había visto nunca una multitud así de seres humanos. Meditó profundamente sobre cómo estos judíos se habían reunido aquí desde los lugares más distantes del mundo conocido.
1375:6 124:6.12 Poco después llegaron al lugar previsto donde se alojarían durante la semana pascual, la amplia casa de un pariente rico de María, que sabía por Zacarías algo de la historia anterior de Juan y de Jesús. Al día siguiente, el día de la preparación, se dispusieron a celebrar convenientemente el sábado de la Pascua.
1375:7 124:6.13 Aunque todo Jerusalén estaba ocupado con las preparaciones de la Pascua, José encontró tiempo para llevar a su hijo a visitar la academia donde se había convenido que proseguiría su educación dos años más tarde, en cuanto cumpliera la edad requerida de quince años. José estaba realmente perplejo al observar el poco interés de Jesús por todos estos planes cuidadosamente elaborados.
1375:8 124:6.14 Jesús estaba profundamente impresionado por el templo y todos sus servicios y demás actividades asociadas. Por primera vez desde la edad de cuatro años, estaba demasiado preocupado por sus propias meditaciones como para hacer muchas preguntas. Sin embargo, hizo varias preguntas embarazosas a su padre (como ya había hecho en otras ocasiones) sobre por qué razón el Padre celestial exigía la carnicería de tantos animales inocentes e indefensos. Por la expresión del rostro del muchacho, su padre sabía bien que sus respuestas y sus tentativas de explicación no eran satisfactorias para la profundidad de pensamiento y la viveza de razonamiento de su hijo.
1376:1 124:6.15 El día anterior al sábado de la Pascua, una oleada de iluminación espiritual atravesó la mente mortal de Jesús e inundó su corazón humano de piedad afectuosa por las multitudes espiritualmente ciegas y moralmente ignorantes, reunidas para celebrar la antigua conmemoración de la Pascua. Éste fue uno de los días más extraordinarios que el Hijo de Dios vivió en la carne; y durante la noche, por primera vez en su carrera terrestre, un mensajero especial de Salvington, enviado por Manuel, apareció ante él y le dijo: “Ha llegado la hora. Ya es tiempo de que empieces a ocuparte de los asuntos de tu Padre.”
1376:2 124:6.16 Y así, incluso antes de que las pesadas responsabilidades de la familia de Nazaret recayeran sobre sus hombros juveniles, llegaba el mensajero celestial para recordar a este muchacho menor de trece años que había llegado la hora de reasumir las responsabilidades de un universo. Éste fue el primer acto de una larga serie de acontecimientos que culminaron finalmente en la terminación de la donación del Hijo en Urantia y en la restitución del “gobierno de un universo sobre sus hombros humano-divinos”.
1376:3 124:6.17 A medida que pasaba el tiempo, el misterio de la encarnación se volvía cada vez más insondable para todos nosotros. Apenas podíamos comprender que este muchacho de Nazaret fuera el creador de todo Nebadon. Y tampoco entendemos en la actualidad cómo están asociados el espíritu de este mismo Hijo Creador y el espíritu de su Padre Paradisiaco con las almas de la humanidad. Con el paso del tiempo, podíamos observar que su mente humana discernía cada vez mejor que, mientras estaba viviendo su vida en la carne, la responsabilidad de un universo reposaba en espíritu sobre sus hombros.
1376:4 124:6.18 Así termina la carrera del muchacho de Nazaret y comienza el relato del joven adolescente —el hombre divino cada vez más consciente de sí mismo— que empieza ahora a considerar su carrera en el mundo, mientras se esfuerza por integrar su proyecto de vida en desarrollo con los deseos de sus padres y las obligaciones hacia su familia y la sociedad de su tiempo.
JESÚS EN JERUSALÉN. De toda la extraordinaria carrera terrestre de Jesús, ningún acontecimiento fue más atractivo, más humanamente conmovedor, que esta visita a Jerusalén, la primera que recordaba. La experiencia de asistir solo a las discusiones del templo le resultó particularmente estimulante, y se grabó durante mucho tiempo en su memoria como el acontecimiento más importante del final de su infancia y del principio de su juventud. Ésta fue la primera oportunidad que tuvo de disfrutar de unos pocos días de vida independiente, de la alegría de ir y de venir sin sujeción ni restricciones. Este breve período viviendo a su aire, durante la semana siguiente a la Pascua, fue el primero totalmente libre de obligaciones que había disfrutado nunca. Pasaron muchos años antes de que volviera a disponer, aunque fuera por poco tiempo, de un período semejante libre de todo sentido de la responsabilidad.
Las mujeres asistían rara vez a la fiesta de la Pascua en Jerusalén, porque no se requería su presencia. Sin embargo, Jesús se negó prácticamente a partir a menos que su madre los acompañara. Cuando ella se decidió a ir, muchas mujeres de Nazaret se sintieron motivadas para hacer el viaje, de manera que la expedición pascual contenía, en proporción con los hombres, el mayor número de mujeres que había salido nunca de Nazaret para la Pascua. En el camino de Jerusalén, los viajeros cantaron de vez en cuando el Salmo ciento treinta.
Desde el momento en que salieron de Nazaret hasta que llegaron a la cima del Monte de los Olivos, Jesús experimentó todo el tiempo la tensión de la expectativa. Durante toda su alegre infancia, había oído hablar con respeto de Jerusalén y de su templo; ahora iba pronto a contemplarlos en la realidad. Visto desde el Monte de los Olivos, y al observarlo más de cerca desde el exterior, el templo había colmado con creces lo que Jesús esperaba; pero una vez que traspasó las puertas sagradas, la gran desilusión empezó.
En compañía de sus padres, Jesús atravesó los recintos del templo para reunirse con el grupo de los nuevos hijos de la ley que estaban a punto de ser consagrados como ciudadanos de Israel. Se sintió un poco decepcionado por el comportamiento general de la gente en el templo, pero la primera gran conmoción del día se produjo cuando su madre los dejó para dirigirse a la galería de las mujeres. A Jesús nunca se le había ocurrido que su madre no lo acompañaría a las ceremonias de la consagración, y estaba completamente indignado por que ella tuviera que soportar una discriminación tan injusta. Estaba enormemente enfadado por esto, pero aparte de unas palabras de protesta a su padre, no dijo nada. Sin embargo reflexionó, y reflexionó profundamente, como lo demostraron sus preguntas a los escribas y educadores una semana después.
Participó en los rituales de la consagración, pero le decepcionó su naturaleza superficial y rutinaria. Echaba de menos aquel interés personal que caracterizaba a las ceremonias de la sinagoga de Nazaret. A continuación regresó para saludar a su madre, y se preparó para acompañar a su padre en su primer recorrido por el templo y sus patios, galerías y corredores diversos. Los recintos del templo podían contener más de doscientos mil creyentes a la vez, y aunque la enormidad de estos edificios en comparación con otros que hubiera visto antes le causó una gran impresión, estaba más interesado en meditar sobre el significado espiritual de las ceremonias del templo y del culto asociado a las mismas.
Aunque muchos rituales del templo impresionaron vivamente su sentido de la belleza y de lo simbólico, continuaban decepcionándole las explicaciones que sus padres le ofrecían sobre el significado real de estas ceremonias, en respuesta a sus múltiples preguntas penetrantes. Jesús simplemente no podía aceptar unas explicaciones sobre el culto y la devoción religiosa, basadas en la creencia en la ira de Dios o en la cólera del Todopoderoso. Después de terminar la visita del templo, continuaron discutiendo estas cuestiones y su padre le insistía suavemente para que aceptara las creencias ortodoxas judías; Jesús se volvió repentinamente hacia sus padres y, mirando a los ojos de su padre de manera suplicante, le dijo: “Padre, no puede ser verdad el Padre que está en los cielos no puede mirar de ese modo a sus hijos desviados de la tierra. El Padre celestial no puede amar a sus hijos menos de lo que tú me amas. Por muy imprudentes que sean mis actos, sé muy bien que nunca derramarías tu ira sobre mi, ni descargarías tu cólera contra mi. Si tú, mi padre terrenal, posees esos reflejos humanos de lo Divino, cuánto más el Padre celestial deberá estar lleno de bondad y rebosante de misericordia. Me niego a creer que mi Padre celestial me ame menos que mi padre terrenal.”
Cuando José y María oyeron estas palabras de su hijo primogénito, se quedaron en silencio. Nunca más trataron de cambiar sus ideas sobre el amor de Dios y la misericordia del Padre que está en los cielos.
JESÚS VISITA EL TEMPLO. A Jesús le disgustó y le repugnó el espíritu de irreverencia que observó en todos los patios del templo que recorrió. Estimaba que la conducta de las multitudes en el templo no era consecuente con el hecho de estar presentes en “la casa de su Padre”. Pero recibió el mayor golpe de su joven vida cuando su padre lo acompañó al patio de los gentiles, donde la jerga ruidosa, las voces y las maldiciones se mezclaban indiscriminadamente con el balido de las ovejas y la cháchara ruidosa que revelaba la presencia de los cambistas y de los vendedores de animales para los sacrificios y otras mercancías diversas.
Pero por encima de todo, su sentido de lo adecuado se vio ultrajado al observar las frívolas cortesanas que se pavoneaban por este recinto del templo, iguales a las mujeres repintadas que había visto tan recientemente en una visita a Séforis. Esta profanación del templo suscitó toda su indignación juvenil y no titubeó en expresárselo claramente a José.
Jesús admiraba la atmósfera y el servicio del templo, pero le disgustaba la fealdad espiritual que observaba en el rostro de tantos adoradores irreflexivos.
A continuación descendieron al patio de los sacerdotes, bajo el borde rocoso delante del templo, donde estaba el altar, para observar la matanza de los rebaños de animales y las abluciones en la fuente de bronce para lavar la sangre de las manos de los sacerdotes que oficiaban la masacre. El pavimento manchado de sangre, las manos ensangrentadas de los sacerdotes y el gemido de los animales agonizantes sobrepasaron lo que podía soportar este muchacho amante de la naturaleza. El terrible espectáculo descompuso a este joven de Nazaret; se agarró al brazo de su padre y le rogó que lo sacara de allí. Regresaron atravesando el patio de los gentiles; incluso las risas groseras y las bromas profanas que escuchó allí fueron un alivio después de lo que acababa de presenciar.
José vio cuánto habían afectado a su hijo los ritos del templo y lo llevó sabiamente a ver “la hermosa puerta”, la puerta artística hecha con bronce corintio. Pero Jesús ya había visto bastante para esta primera visita al templo. Regresaron al patio superior en busca de María y caminaron durante una hora al aire libre, lejos del gentío, mirando el palacio Asmoneo, la residencia imponente de Herodes y la torre de los guardias romanos. Durante este paseo, José explicó a Jesús que sólo los vecinos de Jerusalén tenían permiso para asistir a los sacrificios diarios del templo, y que los habitantes de Galilea sólo venían al templo tres veces al año para participar en el culto: en la Pascua, en la fiesta de Pentecostés (siete semanas después de la Pascua) y en la fiesta de los tabernáculos en octubre. Estas fiestas habían sido establecidas por Moisés. Analizaron a continuación las dos últimas fiestas establecidas, la de la dedicación y la de Purim. Después regresaron a su alojamiento y se prepararon para celebrar la Pascua.
JESÚS Y LA PASCUA. Cinco familias de Nazaret habían sido invitadas por la familia de Simón de Betania, o se asociaron a ella, para celebrar la Pascua. Simón había comprado el cordero pascual para todo el grupo. La masacre de un número tan enorme de estos corderos es lo que había afectado tanto a Jesús en su visita al templo. Habían planeado comer la Pascua con los parientes de María, pero Jesús persuadió a sus padres para que aceptaran la invitación de ir a Betania. Aquella noche se reunieron para los ritos de la Pascua, comiendo la carne asada con el pan ázimo y las hierbas amargas. Como Jesús era un nuevo hijo de la alianza, se le pidió que relatara el origen de la Pascua, y lo hizo muy bien, pero desconcertó un poco a sus padres con la inclusión de numerosos comentarios que reflejaban moderadamente las impresiones que habían hecho en su mente joven, pero reflexiva, las cosas que había visto y oído tan recientemente. Éste fue el comienzo de los siete días de ceremonias de la fiesta pascual. Incluso en esta fecha temprana, y aunque no dijo nada a sus padres sobre este asunto, Jesús había empezado a darle vueltas en la cabeza a la idea de si sería adecuado celebrar la Pascua sin sacrificar el cordero. Estaba mentalmente seguro de que este espectáculo de la ofrenda de los sacrificios no complacía al Padre celestial y, con el paso de los años, estuvo cada vez más resuelto a establecer algún día la celebración de una Pascua sin derramamiento de sangre. Jesús durmió muy poco aquella noche. Su descanso se vio enormemente alterado por pesadillas de matanzas y sufrimientos. Tenía la mente aturdida y el corazón desgarrado por las inconsistencias y el carácter absurdo de la teología de todo el sistema ceremonial judío. Sus padres durmieron poco también. Estaban bastante desconcertados por los acontecimientos del día que acababa de terminar. Tenían el corazón completamente trastornado por la actitud del muchacho, que les parecía extraña y decidida. María estuvo nerviosamente agitada durante la primera parte de la noche, pero José permaneció tranquilo, aunque también estaba perplejo. Los dos temían hablar francamente con el joven de estos problemas, aunque Jesús hubiera conversado gustosamente con sus padres si se hubieran atrevido a estimularlo. Los oficios del día siguiente en el templo fueron más aceptables para Jesús y contribuyeron mucho a mitigar los recuerdos desagradables del día anterior. A la mañana siguiente, el joven Lázaro se hizo cargo de Jesús y empezaron a explorar sistemáticamente Jerusalén y sus alrededores. Antes de terminar el día, Jesús había descubierto los diversos lugares alrededor del templo donde se daban conferencias de enseñanza y respondían a las preguntas de los asistentes; aparte de algunas visitas al santo de los santos, donde se preguntaba maravillado qué había realmente detrás del velo de separación, la mayor parte del tiempo la pasó alrededor del templo en las conferencias de enseñanza. Durante toda la semana de la Pascua, Jesús ocupó su lugar entre los nuevos hijos del mandamiento; esto significaba que tenía que sentarse fuera de la barrera que separaba a todas las personas que no tenían la plena ciudadanía de Israel. Como se le recordaba de esta manera lo joven que era, se contuvo y no hizo todas las preguntas que se amontonaron en su mente; al menos se contuvo hasta que terminó la celebración de la Pascua y se levantaron las restricciones que se habían impuesto a los jóvenes recién consagrados. El miércoles de la semana de la Pascua, Jesús fue autorizado a ir a casa de Lázaro para pasar la noche en Betania. Aquella noche, Lázaro, Marta y María escucharon a Jesús disertar sobre las cosas temporales y eternas, humanas y divinas, y desde aquella noche los tres lo amaron como si hubiera sido su propio hermano. Al final de la semana, Jesús vio menos a Lázaro porque éste ni siquiera podía entrar en el círculo exterior de las discusiones del templo, aunque asistió a algunos discursos públicos que se pronunciaron en los patios exteriores. Lázaro tenía la misma edad que Jesús, pero en Jerusalén, los jóvenes eran admitidos raramente a la consagración de los hijos de la ley antes de que cumplieran los trece años de edad. Durante la semana de la Pascua, los padres de Jesús encontraron repetidas veces a su hijo sentado a solas y profundamente pensativo, con su joven cabeza entre las manos. Nunca lo habían visto comportarse de esta manera y estaban dolorosamente perplejos, sin saber hasta qué punto la confusión reinaba en su mente y la perturbación en su espíritu, a causa de la experiencia que estaba atravesando; no sabían qué hacer. Se alegraban de que terminara la semana de la Pascua y deseaban ver a su hijo, que actuaba de manera extraña, felizmente de regreso en Nazaret. Día tras día, Jesús volvía a pensar en todos sus problemas. Al final de la semana ya había efectuado muchos ajustes; pero cuando llegó la hora de regresar a Nazaret, su joven mente aún hervía de perplejidad y estaba acosada por un montón de preguntas sin respuestas y de problemas sin resolver. Antes de que José y María partieran de Jerusalén, tomaron las medidas oportunas, en compañía del maestro de Jesús en Nazaret, para que Jesús regresara a Jerusalén cuando cumpliera los quince años, a fin de empezar un largo ciclo de estudios en una de las academias rabínicas más famosas. Jesús acompañó a sus padres y a su profesor en sus visitas a la escuela, pero los tres se entristecieron al observar la indiferencia que aparentaba ante todo lo que hacían y decían. María estaba profundamente apenada por sus reacciones a la visita a Jerusalén, y José enormemente perplejo por los extraños comentarios y la conducta insólita del muchacho. Después de todo, la semana de la Pascua había sido un gran acontecimiento en la vida de Jesús. Había disfrutado de la oportunidad de conocer a decenas de muchachos de su misma edad, candidatos como él a la consagración, y utilizó estos contactos como medio para enterarse de cómo vivía la gente en Mesopotamia, Turquestán y Partia, así como en las provincias más occidentales de Roma. Ya conocía bastante bien cómo se desarrollaba la vida de los jóvenes de Egipto y de otras regiones cercanas a Palestina. En aquel momento había miles de jóvenes en Jerusalén, y el muchacho de Nazaret conoció personalmente y entrevistó de manera más o menos extensa a más de ciento cincuenta. Estaba particularmente interesado por los que venían de Extremo Oriente y de los países lejanos de Occidente. Como resultado de estos intercambios, el joven empezó a sentir el deseo de viajar por el mundo con objeto de aprender cómo trabajaban los diversos grupos de sus contemporáneos para ganarse la vida.
LA PARTIDA DE JOSÉ Y MARÍA 1381:1 125:3.1 El grupo de Nazaret había acordado reunirse cerca del templo, a media mañana del primer día de la semana después de terminar la fiesta pascual. Así lo hicieron y emprendieron su viaje de regreso a Nazaret. Jesús había entrado en el templo para escuchar los debates, mientras sus padres aguardaban la llegada de sus compañeros de viaje. La compañía se dispuso a partir enseguida, con los hombres formando un grupo y las mujeres en otro, como tenían la costumbre de hacer en sus viajes de ida y vuelta a las fiestas de Jerusalén. Jesús había venido a Jerusalén en compañía de su madre y de las mujeres. Pero ahora, como era un joven consagrado, se suponía que haría el viaje de vuelta a Nazaret con su padre y los hombres. Mientras el grupo de Nazaret partía hacia Betania, Jesús se había quedado en el templo completamente absorto en una discusión sobre los ángeles, totalmente inconsciente de que había pasado la hora de la partida de sus padres. No se dio cuenta de que se había quedado atrás hasta el mediodía, hora en que se suspendían las conferencias del templo.
1381:2 125:3.2 Los viajeros de Nazaret no se dieron cuenta de la ausencia de Jesús porque María suponía que viajaba con los hombres, mientras que José pensaba que iba con las mujeres, puesto que había ido a Jerusalén con las mujeres, conduciendo el asno de María. No descubrieron su ausencia hasta que llegaron a Jericó y se prepararon para pasar la noche. Después de preguntar a los rezagados del grupo que iban llegando a Jericó, y de haberse enterado que ninguno de ellos había visto a su hijo, pasaron la noche en blanco, haciendo conjeturas sobre qué podría haberle ocurrido, mencionando muchas de sus reacciones insólitas ante los acontecimientos de la semana pascual, y regañándose suavemente el uno al otro por no haberse asegurado de que estaba en el grupo antes de salir de Jerusalén.
EL PRIMER Y SEGUNDO DÍA EN EL TEMPLO 1381:3 125:4.1 Mientras tanto, Jesús había permanecido en el templo durante toda la tarde, escuchando las discusiones y disfrutando de un ambiente más tranquilo y decente, puesto que las grandes multitudes de la semana pascual casi habían desaparecido. Al concluir las discusiones de la tarde, en las cuales no participó, Jesús se dirigió a Betania, donde llegó en el preciso momento en que la familia de Simón se disponía a cenar. A los tres jóvenes les encantó acoger a Jesús, que pasó la noche en casa de Simón. Los vió muy poco durante la velada, pasando la mayor parte del tiempo meditando a solas en el jardín.
1381:4 125:4.2 Al día siguiente, Jesús se levantó temprano y se encaminó hacia el templo. Se detuvo en la cima del Olivete y lloró por el espectáculo que contemplaban sus ojos —el de un pueblo espiritualmente empobrecido, encadenado por las tradiciones y viviendo vigilado por las legiones romanas. Por la mañana temprano ya se encontraba en el templo, decidido a participar en los debates. Mientras tanto, José y María también se habían levantado al amanecer con la intención de desandar el camino hasta Jerusalén. Primero se dirigieron apresuradamente a la casa de sus parientes donde se habían alojado en familia durante la semana pascual, pero sus indagaciones revelaron que nadie había visto a Jesús. Después de buscarlo todo el día sin encontrar su rastro, regresaron a casa de sus parientes para pasar la noche.
1382:1 125:4.3 En la segunda conferencia, Jesús se había atrevido a hacer preguntas y participó en las discusiones del templo de una manera sorprendente, aunque siempre compatible con su juventud. A veces, sus preguntas incisivas ponían un poco en aprietos a los maestros eruditos de la
ley judía, pero mostraba tal espíritu de cándida honradez, unido a una sed evidente de aprender, que la mayoría de los maestros del templo estaban dispuestos a tratarle con consideración. Pero cuando se atrevió a poner en duda que fuera justo condenar a muerte a un gentil embriagado que se había extraviado fuera del patio de los gentiles, penetrando inadvertidamente en los recintos prohibidos supuestamente sagrados del templo, uno de los maestros más intolerantes se impacientó por las críticas implícitas del muchacho, lo miró con el ceño fruncido y le preguntó cuántos años tenía. Jesús replicó: “Me faltan poco más de cuatro meses para cumplir los trece años.” “Entonces”, añadió el maestro ahora encolerizado, “¿por qué estás aquí, si no tienes edad para ser un hijo de la ley?” Cuando Jesús explicó que había sido consagrado durante la Pascua y que era un estudiante graduado de las escuelas de Nazaret, los maestros replicaron al unísono, con aire burlón: “Deberíamos haberlo sabido; es de Nazaret.” Pero el presidente afirmó que Jesús no tenía la culpa de que los dirigentes de la sinagoga de Nazaret lo hubieran graduado formalmente a los doce años, en lugar de a los trece; aunque algunos de sus detractores se levantaron y se fueron, se decidió que el muchacho podía continuar tranquilamente como alumno en las discusiones del templo.
1382:2 125:4.4 Cuando terminó esta segunda jornada en el templo, Jesús fue otra vez a Betania para pasar la noche. Y salió de nuevo al jardín para meditar y orar. Era evidente que su mente estaba ocupada en la meditación de problemas importantes.
EL TERCER DÍA EN EL TEMPLO
1382:3 125:5.1 Durante el tercer día de Jesús en el templo con los escribas y maestros, se congregaron numerosos espectadores que habían oído hablar de este joven de Galilea, para disfrutar de la experiencia de ver a un muchacho confundir a los sabios de la ley. Simón también vino desde Betania para observar lo que hacía el muchacho. Durante toda la jornada, José y María continuaron buscando ansiosamente a Jesús e incluso entraron varias veces en el templo, pero nunca se les ocurrió escudriñar los diversos grupos de discusión, aunque en una ocasión se encontraron casi al alcance de su voz fascinante.
1382:4 125:5.2 Antes de terminar el día, toda la atención del principal grupo de debate del templo se había concentrado en las preguntas de Jesús. Entre sus muchas preguntas se encontraban éstas:
1382:5 125:5.3 1. ¿Qué hay realmente en el santo de los santos, detrás del velo?
1382:6 125:5.4 2. ¿Por qué las madres de Israel deben estar separadas de los creyentes varones en el templo?
1382:7 125:5.5 3. Si Dios es un padre que ama a sus hijos, ¿por qué toda esta carnicería de animales para obtener el favor divino? ¿Se ha interpretado erróneamente la enseñanza de Moisés?
1382:8 125:5.6 4. Puesto que el templo está consagrado al culto del Padre celestial, ¿no es incongruente tolerar la presencia de aquellos que se dedican al trueque y al comercio mundanos?
1382:9 125:5.7 5. ¿Será el Mesías esperado un príncipe temporal que ocupará el trono de David, o actuará como la luz de la vida en el establecimiento de un reino espiritual?
1383:1 125:5.8 A lo largo de todo el día, los espectadores se maravillaron con estas preguntas, pero ninguno estaba más asombrado que Simón. Durante más de cuatro horas, este joven de Nazaret acosó a aquellos maestros judíos con preguntas que daban que pensar y sondeaban el corazón. Hizo pocos comentarios a las observaciones de sus mayores. Trasmitía sus enseñanzas con las preguntas que hacía. Por medio del planteamiento hábil y sutil de sus preguntas, conseguía simultáneamente desafiar sus enseñanzas y sugerir las suyas propias. En su manera de preguntar combinaba con tal encanto la sagacidad y el humor, que se hacía amar incluso por aquellos que se indignaban más o menos por su juventud. Siempre era totalmente honrado y considerado cuando efectuaba estas preguntas penetrantes. Durante esta tarde memorable en el templo, mostró su reticencia característica, confirmada en todo su ministerio público posterior, a sacar ventaja desleal de un adversario. Como adolescente, y más tarde como hombre, parecía estar completamente libre de todo deseo egoísta de ganar una discusión simplemente por el placer de triunfar sobre sus compañeros por medio de la lógica. Una sola cosa le interesaba de manera suprema: proclamar la verdad eterna y efectuar así una revelación más completa del Dios eterno.
1383:2 125:5.8 Cuando terminó el día, Simón y Jesús regresaron a Betania. Durante la mayor parte del camino, el hombre y el niño guardaron silencio. Jesús se detuvo de nuevo en la cima del Olivete, pero al contemplar la ciudad y su templo no lloró; solamente inclinó la cabeza en un gesto de devoción silenciosa.
1383:3 125:5.10 Después de la cena en Betania, rehusó una vez más unirse a la alegre reunión; en lugar de eso, salió al jardín, donde permaneció hasta altas horas de la noche. Se esforzó inútilmente en elaborar un plan definido para abordar el problema de su misión en la vida, y para escoger la mejor manera de trabajar para revelar, a sus compatriotas espiritualmente ciegos, un concepto más hermoso del Padre celestial, y liberarlos así de su terrible esclavitud a la ley, a los ritos, a las ceremonias y a las tradiciones arcaicas. Pero la luz esclarecedora no se le presentó a este joven que buscaba la verdad.
JESÚS EN JERUSALÉN
6. EL CUARTO DÍA EN EL TEMPLO
1383:4 125:6.1 Jesús se había olvidado, extrañamente, de sus padres terrenales. Incluso en el desayuno, cuando la madre de Lázaro comentó que sus padres debían estar llegando ahora al hogar, Jesús no pareció darse cuenta de que estarían un poco preocupados porque él se había quedado atrás.
1383:5 125:6.2 De nuevo se dirigió hacia el templo, pero no se detuvo en la cima del Olivete para meditar. Durante las discusiones de la mañana, dedicaron mucho tiempo a la ley y a los profetas, y los maestros se asombraron de que Jesús conociera tan bien las escrituras, tanto en hebreo como en griego. Pero estaban más perplejos por su juventud que por su conocimiento de la verdad.
1383:6 125:6.3 En la conferencia de la tarde, apenas habían empezado a responder a su pregunta sobre la finalidad de la oración cuando el presidente invitó al muchacho a que se acercara, y una vez sentado a su lado, le pidió que expusiera su propio punto de vista respecto a la oración y la adoración.
1383:7 125:6.4 La noche anterior, los padres de Jesús habían oído hablar de un extraño joven que se batía muy hábilmente con los intérpretes de la ley, pero no se les había ocurrido que este muchacho pudiera ser su hijo. Casi habían decidido dirigirse a la casa de Zacarías, pues imaginaban que Jesús podría haber ido allí para ver a Isabel y a Juan. Pensando que Zacarías quizás estuviera en el templo, se detuvieron allí camino de la Ciudad de Judá. Mientras deambulaban por los patios del templo, imaginad su sorpresa y asombro cuando reconocieron la voz del muchacho extraviado, y lo vieron sentado entre los maestros del templo.
1384:1 125:6.5 José se quedó mudo, pero María dio rienda suelta a su temor y ansiedad largo tiempo reprimidos; se abalanzó hacia el joven, que ahora se había levantado para saludar a sus sorprendidos padres, y le dijo: “Hijo mío, ¿por qué nos has tratado así? Hace ya más de tres días que tu padre y yo te buscamos angustiados. ¿Qué te ha llevado a abandonarnos?” Fue un momento de tensión. Todas las miradas se volvieron hacia Jesús para ver qué iba a contestar. Su padre lo miraba con desaprobación pero no dijo nada.
1384:2 125:6.6 Hay que recordar que se suponía que Jesús era un hombre joven. Había terminado la escolaridad normal de un niño, había sido reconocido como hijo de la ley y había recibido la consagración como ciudadano de Israel. Sin embargo, su madre le regañaba duramente delante de todo el público reunido, precísamente en mitad del esfuerzo más serio y sublime de su joven vida, poniendo fin de manera poco gloriosa a una de las mayores oportunidades que jamás se le habían presentado de enseñar la verdad, predicar la rectitud y revelar el carácter amoroso de su Padre celestial.
1384:3 125:6.7 Pero el joven se mostró a la altura de las circunstancias. Si tenéis en cuenta con imparcialidad todos los factores que se combinaron para dar lugar a esta situación, estaréis mejor preparados para examinar la sabiduría de la respuesta del chico a la reprimenda inintencionada de Su madre. Después de reflexionar un momento, Jesús le dijo: “¿Por qué me habéis buscado durante tanto tiempo? ¿Acaso no esperábais encontrarme en la casa de mi Padre, puesto que ha llegado la hora de que me ocupe de los asuntos de mi Padre?”
1384:4 125:6.8 Todo el mundo se asombró de la manera de hablar del muchacho. Todos se alejaron en silencio y lo dejaron a solas con sus padres. El joven suavizó enseguida la embarazosa situación de los tres diciendo tranquilamente: “Vamos, padres míos, cada cual ha hecho lo que consideraba mejor. Nuestro Padre que está en los cielos ha ordenado estas cosas; regresemos a casa.”
1384:5 125:6.9 Partieron en silencio y por la noche llegaron a Jericó. Sólo se detuvieron una vez, en la cima del Olivete, donde el joven levantó su cayado hacia el cielo y, temblando de los pies a la cabeza con la agitación de una intensa emoción, dijo: “Oh Jerusalén, Jerusalén y sus habitantes, ¡cuán esclavizados estáis —sometidos al yugo romano y víctimas de vuestras propias tradiciones— pero volveré para purificar el templo y liberar a mi pueblo de esta esclavitud!”
1384:6 125:6.10 Durante los tres días de viaje hasta Nazaret, Jesús no dijo casi nada; sus padres tampoco hablaron mucho en su presencia. Estaban realmente desorientados por la conducta de su hijo primogénito, pero atesoraron sus palabras en su corazón, aunque no pudieran comprender plenamente su significado.
1384:7 125:6.11 Al llegar al hogar, Jesús hizo una breve declaración a sus padres, reiterándoles su afecto y dándoles a entender que no tenían que temer pues no volvería a ocasionarles nuevas ansiedades con su conducta. Concluyó esta importante declaración diciendo: “Aunque debo hacer la voluntad de mi Padre celestial, también obedeceré a mi padre terrenal. Esperaré a que llegue mi hora.”
1384:8 125:6.12 Aunque mentalmente Jesús rehusaba muchas veces aprobar los esfuerzos bien intencionados, pero descaminados, de sus padres por dictarle el rumbo de sus reflexiones o establecer el plan de su obra en la tierra, sin embargo, de todas las maneras compatibles con su consagración a hacer la voluntad de su Padre del Paraíso, se conformaba con mucho agrado a los deseos de su padre terrenal y a las costumbres de su familia carnal. Incluso cuando no podía aprobarlos, hacía todo lo posible por conformarse a ellos. Era un artista en la cuestión de conciliar su consagración al deber con sus obligaciones de lealtad familiar y de servicio a la sociedad.
1385:1 125:6.13 José estaba perplejo, pero María, después de reflexionar sobre estas experiencias, se sintió fortificada, acabando por considerar las palabras de Jesús en el Olivete como proféticas de la misión mesiánica de su hijo como liberador de Israel. Se dedicó con renovada energía a moldear los pensamientos de Jesús dentro de canales nacionalistas y patrióticos, y recurrió a la ayuda de su hermano, el tío favorito de Jesús. De todas las maneras posibles, la madre de Jesús se dedicó a la tarea de preparar a su hijo primogénito para que asumiera el mando de los que querían restaurar el trono de David y rechazar para siempre la esclavitud política del yugo de los gentiles.
LOS DOS AÑOS CRUCIALES 1386:1 126:0.1 DE TODAS las experiencias de la vida terrestre de Jesús, su decimocuarto y decimoquinto años fueron los más cruciales. Los dos años comprendidos entre el momento en que empezó a tomar conciencia de su divinidad y de su destino, y el momento en que logró un alto grado de comunicación con su Ajustador interior, fueron los más penosos de su extraordinaria vida en Urantia. Este período de dos años es el que debería llamarse la gran prueba, la verdadera tentación. Ningún joven humano que haya experimentado las primeras confusiones y los problemas de adaptación de la adolescencia, ha tenido que someterse nunca a una prueba más crucial que la que Jesús atravesó durante su paso de la infancia a la juventud.
1386:2 126:0.2 Este importante período en el desarrollo juvenil de Jesús empezó con el final de la visita a Jerusalén y su regreso a Nazaret. Al principio, María estaba feliz con la idea de haber recobrado a su hijo, de que Jesús había vuelto al hogar para ser un hijo obediente —aunque nunca hubiera sido otra cosa— y que en adelante sería más receptivo a los planes que ella forjaba para su vida futura. Pero no se iba a calentar durante mucho tiempo al sol de las ilusiones maternas y del orgullo familiar no reconocido; muy pronto se iba a desilusionar mucho más. El muchacho vivía cada vez más en compañía de su padre; cada vez acudía menos a ella con sus problemas. Al mismo tiempo, sus padres comprendían cada vez menos sus frecuentes alternancias entre los asuntos de este mundo y las meditaciones sobre su relación con los asuntos de su Padre. Francamente, no lo comprendían, pero lo amaban sinceramente.
1386:3 126:0.3 A medida que Jesús crecía, su compasión y su amor por el pueblo judío se hicieron más profundos, pero con el paso de los años, se fue acentuando en su mente un justo resentimiento contra la presencia, en el templo del Padre, de los sacerdotes nombrados por razones políticas. Jesús tenía un gran respeto por los fariseos sinceros y los escribas honestos, pero sentía un gran menosprecio por los fariseos hipócritas y los teólogos deshonestos; miraba con desdén a todos los jefes religiosos que no eran sinceros. Cuando examinaba a fondo la conducta de los dirigentes de Israel, a veces se sentía tentado a ver con buenos ojos la posibilidad de convertirse en el Mesías que esperaban los judíos, pero nunca cedió a esta tentación.
1386:4 126:0.4 El relato de sus hazañas entre los sabios del templo en Jerusalén era gratificante para todo Nazaret, en especial para sus antiguos maestros de la escuela de la sinagoga. Durante algún tiempo, los elogios hacia Jesús estuvieron en boca de todos. Todo el pueblo contaba su sabiduría infantil y su conducta ejemplar, y predecía que estaba destinado a convertirse en un gran jefe de Israel; por fin saldría de Nazaret de Galilea un maestro realmente superior. Todos esperaban el momento en que cumpliera los quince años para que se le permitiera leer regularmente las escrituras en la sinagoga el día del sábado.
SU DECIMOCUARTO AÑO (AÑO 8 d. de J.C.)
1387:1 126:1.1 Este año 8 es, según el calendario, el de su decimocuarto cumpleaños. Había aprendido muy bien a hacer yugos y a trabajar bien con la lona y el cuero. También se estaba convirtiendo rápidamente en un experto carpintero y ebanista. Este verano subía con frecuencia a la cima de la colina, situada al noroeste de Nazaret, para orar y meditar. Gradualmente, se iba haciendo más conciente de la naturaleza de su donación en la tierra. 1387:2 126:1.2 Hacía poco más de cien años que esta colina había sido el “alto lugar de Baal”, y ahora se encontraba allí la tumba de Simeón, un santo varón famoso en Israel. Desde la cumbre de la colina de Simeón, Jesús dominaba con la vista todo Nazaret y la región circundante. Divisaba Meguido y recordaba la historia del ejército egipcio que ganó allí su primera gran victoria en Asia; y cómo posteriormente, un ejército semejante derrotó a Josías, el rey de Judea. No lejos de allí podía divisar Taanac, donde Débora y Barac derrotaron a Sísara. En la distancia podía ver las colinas de Dotán donde, según le habían enseñado, los hermanos de José lo vendieron como esclavo a los egipcios. Luego, al volver la vista hacia Ebal y Gerizim, rememoraba las tradiciones de Abraham, Jacob y Abimelec. Así es como recordaba y repasaba en su mente los acontecimientos históricos y tradicionales del pueblo de su padre José.
1387:3 126:1.3 Continuó con sus cursos superiores de lectura bajo la dirección de los profesores de la sinagoga, y también se ocupaba de la educación familiar de sus hermanos y hermanas a medida que iban alcanzando la edad apropiada.
1387:4 126:1.4 A primeros de este año, José empezó a ahorrar los ingresos procedentes de sus propiedades de Nazaret y Cafarnaum, para pagar el largo ciclo de estudios de Jesús en Jerusalén; se había planeado que Jesús iría a Jerusalén en agosto del año siguiente, cuando cumpliera los quince años.
1387:5 126:1.5 Desde los comienzos de este año, José y María tuvieron dudas frecuentes sobre el destino de su hijo primogénito. Era ciertamente un muchacho brillante y amable, pero muy difícil de comprender y muy arduo de sondear; además, nunca había sucedido nada de extraordinario o de milagroso. Su madre, orgullosa, había permanecido decenas de veces en una expectativa sin aliento, esperando ver a su hijo realizar alguna acción milagrosa o sobrehumana; pero sus esperanzas siempre terminaban en una cruel decepción. Todo esto era desalentador e incluso descorazonador. La gente piadosa de aquellos tiempos creía sinceramente que los profetas y los hombres de la promesa demostraban siempre su vocación, y establecían su autoridad divina, realizando milagros y haciendo prodigios. Pero Jesús no hacía nada de esto; por ello, la confusión de sus padres aumentaba sin cesar a medida que consideraban su futuro.
1387:6 126:1.6 El mejoramiento de la situación económica de la familia de Nazaret se reflejaba de muchas maneras en el hogar, especialmente en el aumento del número de tablillas blancas y lisas que se utilizaban como pizarras para escribir; la escritura la efectuaban con un carboncillo. A Jesús también se le permitió reanudar sus clases de música, pues le encantaba tocar el arpa.
1387:7 126:1.7 Se puede decir en verdad que, a lo largo de este año, Jesús “creció en el favor de los hombres y de Dios”. Las perspectivas de la familia parecían buenas y el futuro se presentaba resplandeciente.
LA MUERTE DE JOSÉ
1388:1 126:2.1 Todo fue bien hasta aquel martes fatal 25 de septiembre, cuando un mensajero de Séforis trajo a esta casa de Nazaret la trágica noticia de que José había sufrido graves lesiones al caerse una grúa de pescante, mientras trabajaba en la residencia del gobernador. El mensajero de Séforis se había detenido en el taller antes de llegar al domicilio de José. Informó a Jesús del accidente de su padre, y los dos juntos fueron a la casa para comunicar la triste noticia a María. Jesús deseaba ir inmediatamente al lado de su padre, pero María no quería saber nada que no fuera salir corriendo para estar junto a su marido. Decidió que iría a Séforis en compañía de Santiago, que por entonces tenía diez años, mientras que Jesús permanecería en la casa con los niños más pequeños hasta su regreso, pues no conocía la gravedad de las heridas de José. Pero José había muerto a consecuencia de sus lesiones antes de que llegara María. Lo trajeron a Nazaret y al día siguiente fue enterrado con sus antepasados.
1388:2 126:2.2 Justo en el momento en que las perspectivas eran buenas y el futuro parecía sonreírles, una mano aparentemente cruel golpeaba al cabeza de familia de Nazaret. Los asuntos de este hogar saltaron en pedazos y todos los planes con respecto a Jesús y su futura educación quedaron destruidos. Este joven carpintero, que acababa de cumplir catorce años, tomó conciencia de que no sólo tenía que cumplir la misión recibida de su Padre celestial, o sea revelar la naturaleza divina en la tierra y en la carne, sino que su joven naturaleza humana tenía que asumir también la responsabilidad de cuidar de su madre viuda y de sus siete hermanos y hermanas —sin contar la que aún no había nacido. Este joven de Nazaret se convertía ahora en el único sostén y consuelo de esta familia tan súbitamente afligida. Así se permitió que sucedieran en Urantia unos acontecimientos de tipo natural que forzaron a este joven del destino a asumir bien pronto unas responsabilidades considerables, pero altamente pedagógicas y disciplinarias. Se convirtió en el jefe de una familia humana, en el padre de sus propios hermanos y hermanas; tenía que sostener y proteger a su madre y actuar como guardián del hogar de su padre, el único hogar que llegaría a conocer mientras estuvo en este mundo.
1388:3 126:2.3 Jesús aceptó de buena gana las responsabilidades que cayeron tan repentinamente sobre él y las asumió fielmente hasta el final. Al menos un gran problema y una dificultad prevista en su vida se habían resuelto trágicamente —ya no se esperaba que fuera a Jerusalén para estudiar con los rabinos. Siempre fue verdad que Jesús “no era el discípulo de nadie”. Siempre estaba dispuesto a aprender incluso del niño más humilde, pero su autoridad para enseñar la verdad nunca la obtuvo de fuentes humanas.
1388:4 126:2.4 Aún no sabía nada de la visita de Gabriel a su madre antes de su nacimiento; sólo lo supo por Juan el día de su bautismo, al comienzo de su ministerio público.
1388:5 126:2.5 A medida que pasaban los años, este joven carpintero de Nazaret valoraba cada vez mejor las instituciones de la sociedad y las costumbres de la religión con un criterio invariable: ¿Qué hacen por el alma humana? ¿Traen a Dios más cerca del hombre? ¿Llevan al hombre hacia Dios? Aunque este joven no descuidaba por completo los aspectos recreativos y sociales de la vida, cada vez consagraba más su tiempo y sus energías a dos únicas metas: cuidar a su familia y prepararse para hacer en la tierra la voluntad celestial de su Padre.
1389:1 126:2.6 Este año, los vecinos cogieron la costumbre de dejarse caer por la casa durante las noches de invierno, para escuchar a Jesús tocar el arpa, oír sus historias (pues el muchacho era un excelente narrador) y escuchar cómo leía las escrituras en griego.
1389:2 126:2.7 Los asuntos económicos de la familia continuaron rodando bastante bien, porque disponían de una suma considerable de dinero en el momento de la muerte de José. Jesús no tardó en demostrar que poseía un juicio penetrante para los negocios y sagacidad financiera. Era desprendido, pero moderado, y ahorrativo, pero generoso. Demostró ser un administrador prudente
y eficaz de los bienes de su padre.
1389:3 126:2.8 Pero a pesar de todo lo que hacían Jesús y los vecinos de Nazaret para traer alegría a la casa, María, e incluso los niños, estaban llenos de tristeza. José ya no estaba. Había sido un marido y un padre excepcional, y todos lo echaban de menos. Su muerte les parecía aun más trágica cuando pensaban que no habían podido hablar con él o recibir su última bendición.
3. EL DECIMOQUINTO AÑO (AÑO 9 d. de J.C.)
1389:4 126:3.1 A mediados de este decimoquinto año —contamos el tiempo de acuerdo con el calendario del siglo veinte, y no según el año judío— Jesús había cogido firmemente las riendas de la administración de los asuntos de su familia. Antes de finalizar este año, sus ahorros casi habían desaparecido, y se encontraron en la necesidad de vender una de las casas de Nazaret que José poseía en común con su vecino Jacobo.
1389:5 126:3.2 Rut, la más pequeña de la familia, nació la noche del miércoles 17 de abril del año 9. En la medida de sus posibilidades, Jesús se esforzó por ocupar el lugar de su padre, consolando y cuidando a su madre durante esta prueba penosa y particularmente triste. Durante cerca de veinte años (hasta que empezó su ministerio público) ningún padre ha podido amar y educar a su hija con más afecto y fidelidad de como Jesús cuidó a la pequeña Rut. Fue igualmente un buen padre para todos los demás miembros de su familia.
1389:6 126:3.3 Durante este año, Jesús formuló por primera vez la oración que enseñó posteriormente a sus apóstoles, y que muchos conocen con el nombre de “Padre Nuestro”. En cierto modo, fue una evolución del culto familiar; tenían muchas fórmulas de alabanza y diversas oraciones formales. Después de la muerte de su padre, Jesús trató de enseñar a los niños mayores a que se expresaran de manera individual en sus oraciones —como a él tanto le gustaba hacer— pero no podían comprender su pensamiento y retrocedían invariablemente a sus formas de rezar aprendidas de memoria. En este esfuerzo por estimular a sus hermanos y hermanas mayores para que dijeran oraciones individuales, Jesús trató de mostrarles el camino con frases sugerentes; y pronto se descubrió que, sin intención alguna por su parte, todos utilizaban una forma de rezar ampliamente basada en las ideas directrices que Jesús les había enseñado.
1389:7 126:3.4 Al final, Jesús renunció a la idea de que cada miembro de la familia formulara oraciones espontáneas. Una noche de octubre, se sentó cerca de la pequeña lámpara rechoncha, junto a la mesa baja de piedra; cogió una tablilla de cedro pulido de unos cincuenta centímetros de lado, y con un trozo de carboncillo escribió la oración que sería en adelante la súplica modelo de toda la familia.
1389:8 126:3.5 Durante este año, Jesús estuvo muy inquieto debido a sus reflexiones confusas. Sus responsabilidades familiares habían alejado, de manera bastante eficaz, toda idea de desarrollar enseguida un plan que se adecuara al mandato recibido en la visita de Jerusalén para que “se ocupara de los asuntos de su Padre”. Jesús razonaba, con acierto, que velar por la familia de su padre terrenal debía tener prioridad sobre cualquier otro deber, que mantener a su familia debía ser su primera obligación.
1390:1 126:3.6 En el transcurso de este año, Jesús encontró en el llamado Libro de Enoc un pasaje que le incitó más tarde a adoptar la expresión “Hijo del Hombre” para designarse durante su misión donadora en Urantia. Había estudiado cuidadosamente la idea del Mesías judío y estaba firmemente
convencido de que él no estaba destinado a ser ese Mesías. Deseaba intensamente ayudar al pueblo de su padre, pero nunca pensó en ponerse al frente de los ejércitos judíos para liberar Palestina de la dominación extranjera. Sabía que nunca se sentaría en el trono de David en Jerusalén. Tampoco creía que su misión como liberador espiritual o educador moral se limitaría exclusivamente al pueblo judío. Así pues, la misión de su vida no podía ser de ninguna manera el cumplimiento de los deseos intensos y de las supuestas profecías mesiánicas de las escrituras hebreas, al menos no de la manera en que los judíos comprendían estas predicciones de los profetas. Asímismo, estaba seguro de que nunca debería aparecer como el Hijo del Hombre descrito por el profeta Daniel.
1390:2 126:3.7 Pero cuando le llegara la hora de presentarse públicamente como educador del mundo, ¿cómo se llamaría a sí mismo? ¿De qué manera definiría su misión? ¿Con qué nombre lo llamarían las gentes que se pondrían a creer en sus enseñanzas?
1390:3 126:3.8 Mientras le daba vueltas a estos problemas en su cabeza, encontró en la biblioteca de la sinagoga de Nazaret, entre los libros apocalípticos que había estado estudiando, el manuscrito llamado “El Libro de Enoc”. Aunque estaba seguro que no había sido escrito por el Enoc de los
tiempos pasados, le resultó muy interesante, y lo leyó y releyó muchas veces. Había un pasaje que le impresionó particularmente, aquel en el que aparecía la expresión “Hijo del Hombre”. El autor del pretendido Libro de Enoc continuaba hablando de este Hijo del Hombre, describiendo la obra que debería hacer en la tierra y explicando que este Hijo del Hombre, antes de descender a esta tierra para aportar la salvación a la humanidad, había cruzado los atrios de la gloria celestial con su Padre, el Padre de todos; y había renunciado a toda esta grandeza y a toda esta gloria para descender a la tierra y proclamar la salvación a los mortales necesitados. A medida que Jesús leía estos pasajes (sabiendo muy bien que gran parte del misticismo oriental incorporado en estas enseñanzas era falso), sentía en su corazón y reconocía en su mente que, de todas las predicciones mesiánicas de las escrituras hebreas y de todas las teorías sobre el libertador judío, ninguna estaba tan cerca de la verdad como esta historia incluída en el Libro de Enoc, el cual sólo estaba parcialmente acreditado; allí mismo y en ese momento decidió adoptar como título inaugural “el Hijo del Hombre”. Y esto fue lo que hizo cuando empezó posteriormente su obra pública. Jesús tenía una habilidad infalible para reconocer la verdad, y nunca dudaba en abrazarla, sin importarle la fuente de la que parecía emanar.
1390:4 126:3.9 Por esta época ya tenía decididas muchas cosas relacionadas con su futuro trabajo en el mundo, pero no dijo nada de estas cuestiones a su madre, que seguía aferrada a la idea de que él era el Mesías judío.
1390:5 126:3.10 Jesús pasó ahora por la gran confusión de su época juvenil. Después de haber definido un poco la naturaleza de su misión en la tierra, o sea “ocuparse de los asuntos de su Padre” —mostrar la naturaleza amorosa de su Padre hacia toda la humanidad— empezó a examinar de nuevo las numerosas declaraciones de las escrituras referentes a la venida de un libertador nacional, de un rey o educador judío. ¿A qué acontecimiento se referían estas profecías? Él mismo, ¿era o no era judío? ¿Pertenecía o no a la casa de David? Su madre afirmaba que sí; su padre había indicado que no. Él decidió que no. Pero, ¿habían confundido los profetas la naturaleza y la misión del Mesías?
1391:1 126:3.11 Después de todo, ¿sería posible que su madre tuviera razón? En la mayoría de los casos, cuando en el pasado habían surgido diferencias de opinión, era ella quien había tenido razón. Si él era un nuevo educador y no el Mesías, ¿cómo podría reconocer al Mesías judío si éste aparecía en Jerusalén durante el tiempo de su misión terrestre, y cuál sería entonces su relación con este Mesías judío? Después de que hubiera emprendido la misión de su vida, ¿cuáles serían sus relaciones con su familia, con la religión y la comunidad judías, con el Imperio Romano, con los gentiles y sus religiones? El joven galileo le daba vueltas en su mente a cada uno de estos importantes problemas y los examinaba seriamente mientras continuaba trabajando en el banco de carpintero, ganándose laboriosamente su propia vida, la de su madre y la de otras ocho bocas hambrientas.
1391:2 126:3.12 Antes de finalizar este año, María vio que los fondos de la familia disminuían. Transfirió la venta de las palomas a Santiago. Poco después compraron una segunda vaca y, con la ayuda de Miriam, empezaron a vender leche a sus vecinos de Nazaret.
1391:3 126:3.13 Los profundos períodos de meditación de Jesús, sus frecuentes
desplazamientos a lo alto de la colina para orar y todas las ideas extrañas que insinuaba de vez en cuando, alarmaron considerablemente a su madre. A veces pensaba que el joven estaba fuera de sí, pero luego dominaba sus temores al recordar que, después de todo, era un hijo de la promesa y, de alguna manera, diferente a los demás jóvenes.
1391:4 126:3.14 Pero Jesús estaba aprendiendo a no expresar todos sus pensamientos, a no exponer todas sus ideas al mundo, ni siquiera a su propia madre. A partir de este año, sus informaciones sobre lo que pasaba por su mente fueron reduciéndose cada vez más; es decir, hablaba menos sobre cosas que las personas corrientes no podían comprender, y que podían conducirle a ser considerado como un tipo raro o diferente de la gente común. Según las apariencias, se volvió vulgar y convencional, aunque anhelaba encontrar a alguien que pudiera comprender sus problemas. Deseaba vivamente tener un amigo fiel y de confianza, pero sus problemas eran demasiado complejos para que pudieran ser comprendidos por sus compañeros humanos. La singularidad de esta situación excepcional le obligó a soportar solo el peso de su carga.
4. EL PRIMER SERMÓN EN LA SINAGOGA
1391:5 126:4.1 A partir de los quince años, Jesús podía ocupar oficialmente el púlpito de la sinagoga el día del sábado. En muchas ocasiones anteriores, cuando faltaban oradores, habían pedido a Jesús que leyera las escrituras, pero ahora había llegado el día en que la ley le permitía oficiar el servicio. Por consiguiente, el primer sábado después de su decimoquinto cumpleaños, el chazán arregló las cosas para que Jesús dirigiera los oficios matutinos de la sinagoga. Cuando todos los fieles de Nazaret estuvieron congregados, el joven, que ya había seleccionado un texto de las escrituras, se levantó y comenzó a leer:
1391:6 126:4.2 “El espíritu del Señor Dios está sobre mí, porque el Señor me ha ungido; me ha enviado para traer buenas nuevas a los mansos, para vendar a los doloridos, para proclamar la libertad a los cautivos y liberar a los presos espirituales; para proclamar el año de la gracia de Dios y el día del ajuste de cuentas de nuestro Dios; para consolar a todos los afligidos y darles belleza en lugar de ceniza, el óleo de la alegría en lugar del luto, un canto de alabanza en vez de un espíritu angustiado, para que puedan ser llamados árboles de rectitud, la plantación del Señor, destinada a glorificarlo.
1392:1 126:4.3 “Buscad el bien y no el mal para que podáis vivir, y así el Señor, el Dios de los ejércitos, estará con vosotros. Aborreced el mal y amad el bien; estableced el juicio en la puerta. Quizá el Señor Dios será benévolo con el remanente de José.
1392:2 126:4.4 “Lavaos, purificaos; la maldad de vuestras obras quitad la de delante de mis ojos; dejad de hacer el mal y aprended a hacer el bien; buscad la justicia, socorred al oprimido. Defended al huérfano y amparad a la viuda.
1392:3 126:4.5 “¿Con qué me presentaré ante el Señor, para inclinarme ante el Señor de toda la tierra? ¿Vendré ante él con holocaustos, con becerros de un año? ¿Le agradarán al Señor millares de carneros, decenas de millares de ovejas, o ríos de aceite? ¿Daré mi primogénito por mi transgresión, el fruto de mi cuerpo por el pecado de mi alma? ¡No!, porque el Señor nos ha mostrado, oh hombres, lo que es bueno. ¿Y qué os pide el Señor si no que seáis justos, que améis la misericordia y que caminéis humildemente con vuestro Dios?
1392:4 126:4.6 “¿Con quién, entonces, compararéis a Dios que está sentado en el círculo de la tierra? Levantad los ojos y mirad quién ha creado todos estos mundos, quién produce sus huestes por multitudes y las llama a todas por su nombre. Él hace todas estas cosas por la grandeza de su poder, y debido a la fuerza de su poder, ninguna fallará. Él da vigor al débil, y multiplica las fuerzas de los que están fatigados. No temáis, porque estoy con vosotros; no desmayéis, porque soy vuestro Dios. Os fortificaré y os ayudaré; sí, os sustentaré con la diestra de mi justicia, porque yo soy el Señor vuestro Dios. Y sostendré vuestra mano derecha, diciéndoos: no temáis, porque yo os ayudaré.
1392:5 126:4.7 “Y tú eres mi testigo, dice el Señor, y mi siervo a quien he escogido para que todos puedan conocerme, creerme y entender que yo soy el Eterno. Yo, sólo yo, soy el Señor, y fuera de mí no hay salvador”.
1392:6 126:4.8 Cuando terminó de leer así, se sentó, y la gente se fue a sus casas meditando las palabras que les había leído con tanto agrado. Sus paisanos nunca lo habían visto tan magníficamente solemne; nunca lo habían oído con una voz tan seria y tan sincera; nunca lo habían visto tan varonil y decidido, con tanta autoridad.
1392:7 126:4.9 Ese sábado por la tarde Jesús subió con Santiago a la colina de Nazaret, y cuando regresaron a casa, con un carboncillo escribió los Diez Mandamientos en griego sobre dos tablillas. Más tarde, Marta coloreó y adornó estas tablillas y estuvieron colgadas mucho tiempo en la pared, encima del pequeño banco de trabajo de Santiago.
5. LA LUCHA FINANCIERA
1392:8 126:5.1 Jesús y su familia volvieron gradualmente a la vida simple de sus primeros años. Sus ropas e incluso sus alimentos se simplificaron. Tenían leche, mantequilla y queso en abundancia. Según la estación, disfrutaban de los productos de su huerto, pero cada mes que pasaba les obligaba a practicar una mayor frugalidad. Su desayuno era muy simple; los mejores alimentos los reservaban para la cena. Sin embargo, la falta de riqueza entre estos judíos no implicaba una inferioridad social.
1392:9 126:5.2 Este joven ya poseía una comprensión casi completa de cómo vivían los hombres de su tiempo. Sus enseñanzas posteriores muestran hasta qué punto comprendía bien la vida en el hogar, en el campo y en el taller; revelan plenamente su contacto íntimo con todas las fases de la experiencia humana.
1392:10 126:5.3 El chazán de Nazaret continuaba aferrado a la creencia de que Jesús estaba destinado a convertirse en un gran educador, probablemente en el sucesor del famoso Gamaliel de Jerusalén.
1393:1 126:5.4 Todos los planes de Jesús para su carrera aparentemente se habían desbaratado. Tal como se desarrollaban las cosas, el futuro no parecía muy brillante. Sin embargo, no vaciló ni se desanimó. Continuó viviendo día tras día, desempeñando bien su deber cotidiano y cumpliendo fielmente con las responsabilidades inmediatas de su posición social en la vida. La vida de Jesús es el consuelo eterno de todos los idealistas decepcionados.
1393:2 126:5.5 El salario diario de un carpintero corriente disminuía poco a poco. A finales de este año, y trabajando de sol a sol, Jesús sólo podía ganar el equivalente de un cuarto de dólar al día. Al año siguiente les resultó difícil pagar los impuestos civiles, sin mencionar las contribuciones a la sinagoga y el impuesto de medio siclo para el templo. Durante este año, el recaudador de impuestos intentó arrancarle a Jesús una renta suplementaria, e incluso le amenazó con llevarse su arpa.
1393:3 126:5.6 Temiendo que el ejemplar de las escrituras en griego pudiera ser descubierto y confiscado por los recaudadores de impuestos, Jesús lo donó a la biblioteca de la sinagoga de Nazaret el día de su decimoquinto cumpleaños, como su ofrenda de madurez al Señor.
1393:4 126:5.7 El gran disgusto de su decimoquinto año se produjo cuando Jesús fue a Séforis para recibir el veredicto de Herodes, relacionado con la apelación que habían interpuesto ante él por la controversia sobre la cantidad de dinero que le debían a José en el momento de su muerte accidental. Jesús y María habían esperado recibir una considerable suma de dinero, pero el tesorero de Séforis les había ofrecido una cantidad irrisoria. Los hermanos de José apelaron ante el mismo Herodes, y ahora Jesús se encontraba en el palacio y oyó a Herodes decretar que a su padre no se le debía nada en el momento de su muerte. A causa de esta decisión tan injusta, Jesús nunca más confió en Herodes Antipas. No es extraño que en una ocasión se refiriera a Herodes como “ese zorro”.
1393:5 126:5.8 Durante este año y los siguientes, el duro trabajo en el banco de carpintero privó a Jesús de la posibilidad de relacionarse con los viajeros de las caravanas. Un tío suyo ya se había hecho cargo de la tienda de provisiones de la familia y Jesús trabajaba todo el tiempo en el taller de la casa, donde estaba cerca para ayudar a María con la familia. Por esta época empezó a enviar a Santiago a la parada de las caravanas para obtener información sobre los acontecimientos mundiales, intentando así mantenerse al corriente de las noticias del día.
1393:6 126:5.9 A medida que crecía hacia la madurez, pasó por los mismos conflictos y confusiones que todos los jóvenes normales de todos los tiempos anteriores y posteriores. La rigurosa experiencia de tener que mantener a su familia era una salvaguardia segura contra el exceso de tiempo libre para dedicarlo a la meditación ociosa o abandonarse a las tendencias místicas.
1393:7 126:5.10 Éste fue el año en que Jesús arrendó una gran parcela de terreno justo al norte de su casa, que dividieron en huertos familiares. Cada uno de los hermanos mayores tenía un huerto individual, y se hicieron una viva competencia en sus esfuerzos agrícolas. Durante la temporada de cultivo de las legumbres, su hermano mayor pasó cada día algún tiempo con ellos en el huerto. Mientras Jesús trabajaba en el huerto con sus hermanos y hermanas menores, acarició muchas veces la idea de que todos podían vivir en una granja en el campo, donde podrían disfrutar de la libertad y la independencia de una vida sin trabas. Pero no estaban creciendo en el campo, y Jesús, que era un joven totalmente práctico a la vez que idealista, atacó su problema de manera vigorosa e inteligente según se presentaba. Hizo todo lo que estuvo en su mano para adaptarse con su familia a las realidades de su situación, y acomodar su condición para la mayor satisfacción posible de sus deseos individuales y colectivos.
1393:8 126:5.11 En un momento determinado, Jesús tuvo la débil esperanza de que podría reunir los recursos suficientes para justificar la tentativa de comprar una pequeña granja, con tal que pudieran recaudar la considerable suma de dinero que le debían a su padre por sus trabajos en el palacio de Herodes. Había pensado muy seriamente en este proyecto de establecer a su familia en el
campo. Pero cuando Herodes se negó a pagarles el dinero que le debían a José, abandonaron el deseo de poseer una casa en el campo. Tal como estaban las cosas, se las ingeniaron para disfrutar de muchas de las experiencias de la vida campesina, pues ahora tenían tres vacas, cuatro ovejas, un montón de polluelos, un asno y un perro, además de las palomas. Incluso los más pequeños tenían sus tareas regulares que hacer dentro del plan de administración bien organizado que caracterizaba la vida familiar de este hogar de Nazaret.
1394:1 126:5.12 Al finalizar su decimoquinto año, Jesús concluyó la travesía de este período peligroso y difícil de la existencia humana, de esta época de transición entre los años más placenteros de la infancia y la conciencia de la edad adulta que se aproxima, con sus mayores responsabilidades y oportunidades para adquirir una experiencia avanzada en el desarrollo de un carácter noble. El período de crecimiento mental y físico había terminado, y ahora empezaba la verdadera carrera de este joven de Nazaret.
LOS AÑOS DE ADOLESCENCIA 1395:1 127:0.1 AL EMPEZAR los años de su adolescencia, Jesús se encontró como jefe y único sostén de una familia numerosa. Pocos años después de la muerte de su padre, habían perdido todas sus propiedades. A medida que pasaba el tiempo, se volvió cada vez más consciente de su preexistencia; al mismo tiempo empezó a comprender más plenamente que estaba presente en la tierra y en la carne con la finalidad expresa de revelar su Padre Paradisiaco a los hijos de los hombres.
1395:2 127:0.2 Ningún adolescente que haya vivido o que podrá vivir en este mundo o en cualquier otro mundo, ha tenido ni tendrá nunca que resolver unos problemas más graves o desenredar unas dificultades más complicadas. Ningún joven de Urantia tendrá nunca que pasar por unos conflictos más probatorios o por unas situaciones más penosas que las que Jesús mismo tuvo que soportar durante el arduo período comprendido entre sus quince y sus veinte años de edad.
1395:3 127:0.3 Tras haber saboreado así la experiencia efectiva de vivir estos años de adolescencia en un mundo acosado por el mal y perturbado por el pecado, el Hijo del Hombre llegó a poseer un conocimiento pleno de la experiencia que vive la juventud de todos los dominios de Nebadon. Así se convirtió para siempre en el refugio comprensivo de los adolescentes angustiados y perplejos de todos los tiempos, en todos los mundos del universo local.
1395:4 127:0.4 De manera lenta pero segura, y por medio de la experiencia efectiva, este Hijo divino va ganando el derecho a convertirse en el soberano de su universo, en el gobernante supremo e incontestable de todas las inteligencias creadas en todos los mundos del universo local, en el refugio comprensivo de los seres de todos los tiempos, cualquiera que sea el grado de sus dones y experiencias personales.
EL DECIMOSEXTO AÑO (AÑO 10 d. de J.C.)
1395:5 127:1.1 El Hijo encarnado pasó por la infancia y experimentó una niñez exentas de acontecimientos notables. Luego emergió de la penosa y probatoria etapa de transición entre la infancia y la juventud —se convirtió en el Jesús adolescente.
1395:6 127:1.2 Este año alcanzó su máxima estatura física. Era un joven viril y bien parecido. Se volvió cada vez más formal y serio, pero era amable y compasivo. Tenía una mirada bondadosa pero inquisitiva; su sonrisa era siempre simpática y alentadora. Su voz era musical pero con autoridad; su saludo cordial, pero sin afectación. En todas las ocasiones, incluso en los contactos más comunes, parecía ponerse de manifiesto la esencia de una doble naturaleza, la humana y la divina. Siempre mostraba esta combinación de amigo compasivo y de maestro con autoridad. Y estos rasgos de su personalidad comenzaron a manifestarse muy pronto, incluso desde los años de su adolescencia.
1395:7 127:1.3 Este joven físicamente fuerte y robusto también había adquirido el crecimiento completo de su intelecto humano, no la experiencia total del pensamiento humano, sino la plena capacidad para ese desarrollo intelectual. Poseía un cuerpo sano y bien proporcionado, una mente aguda y analítica, una disposición de ánimo generosa y compasiva, un temperamento un poco fluctuante pero dinámico; todas estas cualidades se estaban organizando en una personalidad fuerte, sorprendente y atractiva.
1396:1 127:1.4 A medida que pasaba el tiempo, su madre y sus hermanos y hermanas tenían más dificultades para comprenderlo; tropezaban con lo que decía e interpretaban mal sus acciones. Todos eran incapaces de comprender la vida de su hermano mayor, porque su madre les había dado a entender que estaba destinado a ser el libertador del pueblo judío. Después de haber recibido estas insinuaciones de María como secretos de familia, imaginad su confusión cuando Jesús desmentía francamente todas estas ideas e intenciones.
1396:2 127:1.5 Este año Simón empezó a ir a la escuela, y la familia se vio obligada a vender otra casa. Santiago se encargó ahora de la enseñanza de sus tres hermanas, dos de las cuales eran lo bastante mayores como para empezar a estudiar en serio. En cuanto Rut creció, la pusieron en manos de Miriam y Marta. Habitualmente, las muchachas de las familias judías recibían poca educación, pero Jesús sostenía (y su madre estaba de acuerdo) que las chicas tenían que ir a la escuela lo mismo que los varones, y puesto que la escuela de la sinagoga no las admitiría, lo único que se podía hacer era habilitar una escuela en casa especialmente para ellas.
1396:3 127:1.6 Durante todo este año, Jesús no pudo separarse de su banco de carpintero. Afortunadamente tenía mucho trabajo; lo realizaba de una manera tan superior que nunca se encontraba en paro, aunque la faena escaseara por aquella región. A veces tenía tanto que hacer que Santiago lo ayudaba.
1396:4 127:1.7 A finales de este año tenía casi decidido que, después de haber criado a los suyos y de verlos casados, emprendería su trabajo público como maestro de la verdad y revelador del Padre celestial para el mundo. Sabía que no se convertiría en el Mesías judío esperado, y llegó a la conclusión de que era prácticamente inútil discutir estos asuntos con su madre. Decidió permitirle que siguiera manteniendo todas las ilusiones que quisiera, puesto que todo lo que él había dicho en el pasado había hecho poca o ninguna mella en ella; recordaba que su padre nunca había podido decir algo que la hiciera cambiar de opinión. A partir de este año habló cada vez menos con su madre, o con otras personas, sobre estos problemas. Su misión era tan especial que nadie en el mundo podía darle consejos para realizarla.
1396:5 127:1.8 A pesar de su juventud, era un verdadero padre para su familia. Pasaba todas las horas que podía con los pequeños, y éstos lo amaban sinceramente. Su madre sufría al verlo trabajar tan duramente; le apenaba que estuviera día tras día atado al banco de carpintero para ganar la vida de la familia, en lugar de estar en Jerusalén estudiando con los rabinos, tal como habían planeado con tanto cariño. Aunque María no podía comprender muchas cosas de su hijo, lo amaba de verdad; lo que más apreciaba era la buena voluntad con que asumía la responsabilidad del hogar.
EL DECIMOSÉPTIMO AÑO (AÑO 11 d. de J.C.)
1396:6 127:2.1 Por esta época se produjo una agitación considerable, especialmente en Jerusalén y Judea, a favor de una rebelión contra el pago de los impuestos a Roma. Estaba creándose un fuerte partido nacionalista, que poco después se conocería como los celotes. Los celotes, al contrario que los fariseos, no estaban dispuestos a esperar la llegada del Mesías. Proponían resolver la situación mediante una revuelta política.
1396:7 127:2.2 Un grupo de organizadores de Jerusalén llegó a Galilea y fueron teniendo mucho éxito hasta que se presentaron en Nazaret. Cuando fueron a ver a Jesús, éste los escuchó atentamente y les hizo muchas preguntas, pero rehusó incorporarse al partido. No quiso explicar en detalle todas las razones que le impedían adherirse, y su negativa tuvo por efecto que muchos de sus jóvenes amigos de Nazaret tampoco se afiliaran.
1397:1 127:2.3 María hizo lo que pudo para inducirle a que se afiliara, pero no logró hacerle cambiar de parecer. Llegó incluso a insinuarle que su negativa a abrazar la causa nacionalista, como ella se lo ordenaba, equivalía a una insubordinación, a una violación de la promesa que había hecho, cuando regresaron de Jerusalén, de que obedecería a sus padres; pero en respuesta a
esta insinuación, Jesús se limitó a poner una mano cariñosa en su hombro y mirándola a la cara le dijo: “Madre, ¿cómo puedes?” Y María se retractó.
1397:2 127:2.4 Uno de los tíos de Jesús (Simón, el hermano de María) ya se había unido a este grupo, y posteriormente llegó a convertirse en oficial de la sección galilea. Durante varios años, se produjo cierto distanciamiento entre Jesús y su tío.
1397:3 127:2.5 Pero el alboroto se estaba fraguando en Nazaret. La actitud de Jesús en este asunto había dado como resultado la creación de una división entre los jóvenes judíos de la ciudad. Aproximadamente la mitad se había unido a la organización nacionalista, y la otra mitad empezó a formar un grupo opuesto de patriotas más moderados, esperando que Jesús asumiera la dirección. Se quedaron asombrados cuando rehusó el honor que le ofrecían, alegando como excusa sus pesadas responsabilidades familiares, lo que todos reconocían. Pero la situación se complicó aún más cuando poco después se presentó Isaac, un judío rico prestamista de los gentiles, que propuso mantener a la familia de Jesús si éste abandonaba sus herramientas de trabajo y asumía la dirección de estos patriotas de Nazaret.
1397:4 127:2.6 Jesús, que apenas tenía entonces diecisiete años, tuvo que enfrentarse con una de las situaciones más delicadas y difíciles de su joven vida. Siempre es difícil para los dirigentes espirituales relacionarse con las cuestiones patrióticas, especialmente cuando éstas se complican con unos opresores extranjeros que recaudan impuestos; en este caso era doblemente cierto, puesto que la religión judía estaba implicada en toda esta agitación contra Roma.
1397:5 127:2.7 La posición de Jesús era aún más delicada porque su madre, su tío e incluso su hermano menor Santiago, lo instaban a abrazar la causa nacionalista. Los mejores judíos de Nazaret ya se habían afiliado, y los jóvenes que aún no se habían incorporado al movimiento lo harían en cuanto Jesús cambiara de opinión. Sólo tenía un consejero sabio en todo Nazaret, su viejo maestro el chazán, que le aconsejó sobre cómo responder al comité de ciudadanos de Nazaret cuando vinieran a pedirle su respuesta a la petición pública que se había hecho. En toda la juventud de Jesús, ésta fue la primera vez que tuvo que recurrir conscientemente a una estratagema pública. Hasta entonces, siempre había contado con una exposición sincera de la verdad para esclarecer la situación, pero ahora no podía proclamar toda la verdad. No podía insinuar que era más que un hombre; no podía revelar su idea de la misión que le aguardaba cuando fuera más maduro. A pesar de estas limitaciones, su fidelidad religiosa y su lealtad nacional estaban puestas en entredicho directamente. Su familia se encontraba agitada, sus jóvenes amigos divididos y todo el contingente judío de la ciudad alborotado. ¡Y pensar que él era el culpable de todo esto! Qué lejos estaba de su intención causar cualquier alboroto y mucho menos una perturbación de este tipo. 1397:6 127:2.8 Había que hacer algo. Tenía que aclarar su postura, y lo hizo de manera valiente y diplomática, para satisfacción de muchos aunque no de todos. Se atuvo a los términos de su argumento original, sosteniendo que su primer deber era hacia su familia, que una madre viuda y ocho hermanos y hermanas necesitaban algo más que lo que simplemente se podía comprar con el dinero —lo necesario para la vida material—, que tenían derecho a los cuidados y a la dirección de un padre, y que en conciencia no podía eximirse de la obligación que un cruel accidente había arrojado sobre él. Elogió a su madre y al mayor de sus hermanos por estar dispuestos a exonerarlo de esta responsabilidad, pero reiteró que la fidelidad a la memoria de su padre le impedía dejar a la familia, independientemente de la cantidad de dinero que se recibiera para su sostén material, expresando entonces su inolvidable afirmación de que “el dinero no puede amar”. En el transcurso de esta declaración, Jesús hizo varias alusiones veladas a la “misión de su vida”, pero explicó que, con independencia de que fuera o no compatible con la acción militar, había renunciado a ella así como a todo lo demás para poder cumplir fielmente sus obligaciones hacia su familia. En Nazaret todos sabían muy bien que era un buen padre para su familia, y como esto era algo que tocaba la sensibilidad de todo judío bien nacido, la alegación de Jesús encontró una respuesta favorable en el corazón de muchos de sus oyentes. Algunos otros que no tenían las mismas disposiciones, fueron desarmados por un discurso que Santiago pronunció en ese momento, aunque no figuraba en el programa. Aquel mismo día, el chazán había hecho que Santiago ensayara su alocución, pero esto era un secreto entre ellos.
1398:1 127:2.9 Santiago declaró que estaba seguro de que Jesús ayudaría a liberar a su pueblo si él (Santiago) tuviera suficiente edad como para asumir la responsabilidad de la familia; si consentían en permitir a Jesús que permaneciera “con nosotros para ser nuestro padre y educador, la familia de José no sólo os dará un dirigente, sino en poco tiempo cinco nacionalistas leales, porque ¿no somos cinco varones que estamos creciendo y que saldremos de la tutela de nuestro hermano-padre para servir a nuestra nación?” De esta manera el muchacho llevó a un final bastante feliz una situación muy tensa y amenazadora.
1398:2 127:2.10 La crisis se había superado por el momento, pero este incidente nunca se olvidó en Nazaret. La agitación persistió; Jesús ya no volvió a contar con el favor universal; las diferencias de sentimiento nunca llegaron a superarse del todo. Este hecho, complicado con otros acontecimientos posteriores, fue uno de los motivos principales por los que Jesús se trasladó años más tarde a Cafarnaum. En adelante, los sentimientos respecto al Hijo del Hombre permanecieron divididos en Nazaret.
1398:3 127:2.11 Santiago terminó este año sus estudios en la escuela y empezó a trabajar a tiempo completo en el taller de carpintería de la casa. Se había convertido en un obrero diestro con las herramientas y se hizo cargo de la fabricación de los yugos y arados, mientras que Jesús empezó a hacer más trabajos delicados de ebanistería y de terminación de interiores.
1398:4 127:2.12 Durante este año Jesús progresó mucho en la organización de su mente. Gradualmente había conciliado su naturaleza divina con su naturaleza humana, y efectuó toda esta organización intelectual con la fuerza de sus propias decisiones y con la única ayuda de su Monitor interior, un Monitor semejante al que llevan dentro de su mente todos los mortales normales en todos los mundos donde se ha donado un Hijo. Hasta ahora no había sucedido nada sobrenatural en la carrera de este joven, excepto la visita de un mensajero enviado por su hermano mayor Manuel, que se le apareció una vez durante la noche en Jerusalén.
3. EL DECIMO OCTAVO AÑO (AÑO 12 d. de J.C.)
1398:5 127:3.1 En el transcurso de este año, todas las propiedades de la familia, excepto la casa y el huerto, fueron liquidadas. Se vendió la última parcela de una propiedad en Cafarnaum (excepto una parte de otra propiedad), que ya estaba hipotecada. Las ganancias se emplearon para pagar los impuestos, comprar algunas Herramientas nuevas para Santiago, y pagar una parte de la antigua tienda de reparaciones y abastecimientos de la familia, cercana a la parada de las caravanas. Jesús se proponía ahora comprar de nuevo esta tienda, pues Santiago ya tenía edad para trabajar en el taller de la casa y ayudar a María en el hogar. Liberado por el momento de la presión financiera, Jesús decidió llevar a Santiago a la Pascua. Partieron para Jerusalén un día antes para estar solos, y fueron por el camino de Samaria. Iban a pie y Jesús informó a Santiago sobre los lugares históricos que iban atravesando, como su padre lo había hecho con él cinco años antes en un viaje similar.
1399:1 127:3.2 Al pasar por Samaria observaron muchos espectáculos extraños. Durante este viaje conversaron sobre muchos de sus problemas personales, familiares y nacionales. Santiago era un muchacho con fuertes tendencias religiosas, y aunque no estaba plenamente de acuerdo con su madre sobre lo poco que conocía de los planes relacionados con la obra de la vida de Jesús, esperaba impaciente el momento en que sería capaz de asumir la responsabilidad de la familia, para que Jesús pudiera empezar su misión. Apreciaba mucho que Jesús lo llevara a la Pascua, y hablaron sobre el futuro con más profundidad de lo que nunca lo habían hecho antes.
1399:2 127:3.3 Jesús reflexionó mucho mientras atravesaban Samaria, especialmente en Betel y cuando estuvieron bebiendo en el pozo de Jacob. Examinó con su hermano las tradiciones de Abraham, Isaac y Jacob. Preparó bien a Santiago para lo que iba a presenciar en Jerusalén, tratando así de atenuar una conmoción semejante a la que él mismo había experimentado en su primera visita al templo. Pero Santiago no era tan sensible a algunos de estos espectáculos. Hizo comentarios sobre la manera superficial e indiferente con que algunos de los sacerdotes efectuaban sus deberes, pero en conjunto disfrutó enormemente de su estancia en Jerusalén.
1399:3 127:3.4 Jesús llevó a Santiago a Betania para la cena pascual. Simón había fallecido y descansaba con sus antepasados, y Jesús ocupó el lugar del cabeza de familia para la Pascua, pues había traído del templo el cordero pascual.
1399:4 127:3.5 Después de la cena pascual, María se sentó a charlar con Santiago mientras que Marta, Lázaro y Jesús estuvieron hablando hasta muy entrada la noche. Al día siguiente asistieron a los oficios del templo, y Santiago fue recibido en la comunidad de Israel. Aquella mañana, al detenerse en la cima del Olivete para mirar el templo, Santiago expresó su admiración mientras que Jesús contemplaba Jerusalén en silencio. Santiago no podía comprender el comportamiento de su hermano. Aquella noche regresaron de nuevo a Betania, y al día siguiente habrían partido para su casa, pero Santiago insistía en volver a visitar el templo, explicando que quería escuchar a los maestros. Y aunque esto era cierto, deseaba en secreto oir a Jesús participar en los debates, tal como se lo había oído contar a su madre. Así pues fueron al templo y escucharon los debates, pero Jesús no hizo ninguna pregunta. Todo aquello parecía pueril e insignificante para esta mente de hombre y Dios en
vías de despertarse —sólo podía apiadarse de ellos. A Santiago le decepcionó que Jesús no dijera nada. A sus preguntas, Jesús se limitó a responder: “Mi hora aún no ha llegado”.
1399:5 127:3.6 Al día siguiente emprendieron el viaje de vuelta por Jericó y el valle del Jordán. Jesús contó muchas cosas por el camino, entre ellas su primer viaje por esta carretera cuando tenía trece años.
1399:6 127:3.7 A su regreso a Nazaret, Jesús empezó a trabajar en el viejo taller de reparaciones de la familia, y se sintió muy contento de poder encontrarse a diario con tanta gente de todas partes del país y de las comarcas circundantes. Jesús amaba realmente a la gente —a la gente común y corriente. Cada mes pagaba la mensualidad de la compra del taller, y con la ayuda de Santiago, continuó manteniendo a la familia.
1399:7 127:3.8 Varias veces al año, cuando no había visitantes que lo hicieran, Jesús continuaba leyendo las escrituras del sábado en la sinagoga y muchas veces comentaba la lección; pero habitualmente seleccionaba los pasajes de tal manera que no necesitaban comentarios. Era tan hábil ordenando la lectura de los distintos pasajes, que éstos se iluminaban entre sí. Siempre que hacía buen tiempo, nunca dejaba de llevar a sus hermanos y hermanas a pasear por la naturaleza las tardes del sábado.
1400:1 127:3.9 Por esa época, el chazán inauguró una tertulia de discusiones filosóficas para jóvenes; éstos se reunían en la casa de los diversos miembros y a menudo en la del chazán. Jesús llegó a ser un miembro eminente de este grupo. De este manera pudo recobrar una parte del prestigio local que había perdido al producirse las recientes controversias nacionalistas.
1400:2 127:3.10 Su vida social, aunque restringida, no estaba descuidada por completo. Contaba con muy buenos amigos y fieles admiradores entre los jóvenes y las muchachas de Nazaret.
1400:3 127:3.11 En septiembre, Isabel y Juan vinieron a visitar a la familia de Nazaret. Juan, que había perdido a su padre, se proponía regresar a las colinas de Judea para dedicarse a la agricultura y a la cría de ovejas, a menos que Jesús le aconsejara quedarse en Nazaret para dedicarse a la carpintería o a cualquier otro oficio. Juan y su madre no sabían que la familia de Nazaret estaba prácticamente sin dinero. Cuanto más hablaban María e Isabel de sus hijos, más estaban convencidas de que sería bueno que los dos jóvenes trabajaran juntos y se vieran con más frecuencia.
1400:4 127:3.12 Jesús y Juan tuvieron varias conversaciones a solas y hablaron de algunos asuntos muy íntimos y personales. Al concluir esta visita, los dos decidieron no volver a verse hasta que se encontraran en su ministerio público, después de que “el Padre celestial los hubiera llamado” para cumplir con su misión. Juan se quedó enormemente impresionado por lo que vio en Nazaret, y comprendió que debía regresar a su casa y trabajar para mantener a su madre. Se convenció de que participaría en la misión de la vida de Jesús, pero vio que Jesús iba a estar ocupado muchos años cuidando a su familia. Por eso estaba mucho más contento de regresar a su hogar, dedicarse a cuidar su pequeña granja y atender las necesidades de su madre. Juan y Jesús no volvieron a verse nunca más hasta el día en que el Hijo del Hombre se presentó para ser bautizado en el Jordán.
1400:5 127:3.13 La tarde del sábado 3 de diciembre de este año, la muerte golpeó por segunda vez a esta familia de Nazaret. El pequeño Amós, su hermanito, murió después de una semana de enfermedad con fiebre alta. Después de atravesar este período doloroso con su hijo primogénito como único sostén, María reconoció finalmente y en todos los sentidos que Jesús era el verdadero jefe de la familia; y era en verdad un jefe valioso.
1400:6 127:3.14 Durante cuatro años, su nivel de vida había declinado constantemente; año tras año se sentían cada vez más atenazados por la pobreza. Hacia el final de este año se enfrentaron con una de las experiencias más difíciles de todas sus árduas luchas. Santiago todavía no había empezado a ganar mucho, y los gastos de un entierro sumados a todo lo demás les hizo tambalearse. Pero Jesús se limitó a decir a su madre ansiosa y afligida:
“Madre María, la tristeza no nos ayudará; todos hacemos lo mejor que podemos, y la sonrisa de mamá quizás podría inspirarnos para hacerlo aún mejor. Día tras día nos sentimos fortalecidos en nuestras tareas con la esperanza de tener más adelante tiempos mejores”. Su optimismo práctico y sólido era realmente contagioso; todos los niños vivían en un ambiente donde se esperaban tiempos y cosas mejores. Esta valentía llena de esperanza contribuyó poderosamente a desarrollar en ellos unos caracteres fuertes y nobles, a pesar de su pobreza deprimente.
1400:7 127:3.15 Jesús poseía la facultad de movilizar eficazmente todos los poderes de su mente, de su alma y de su cuerpo para efectuar la tarea que tenía entre manos. Podía concentrar su mente profunda en el problema concreto que deseaba resolver, y esto, unido a su paciencia incansable, le permitió soportar con serenidad las pruebas de una existencia mortal difícil —vivir como si estuviera “viendo a Aquel que es invisible”.
4. EL DECIMONOVENO AÑO (AÑO 13 d. de J.C.)
1401:1 127:4.1 Por esta época, Jesús y María se entendieron mucho mejor. Ella lo consideraba menos como un hijo; se había vuelto para ella como un padre para sus hijos. La vida cotidiana hervía de dificultades prácticas e inmediatas. Hablaban con menos frecuencia de la obra de su vida, porque a medida que pasaba el tiempo, todos sus pensamientos estaban mútuamente consagrados al mantenimiento y a la educación de su familia de cuatro niños y tres niñas.
1401:2 127:4.2 A principios de este año, Jesús había conseguido que su madre aceptara plenamente sus métodos para educar a los niños —la orden positiva de hacer el bien en lugar del antiguo método judío de prohibir hacer el mal. En su casa y durante toda su carrera de enseñanza pública, Jesús utilizó invariablemente la fórmula de exhortación positiva. Siempre y en todas partes
decía: “Haréis esto, deberíais hacer aquello”. Nunca empleaba la manera negativa de enseñar, derivada de los antiguos tabúes. Evitaba resaltar el mal prohibiéndolo, mientras que realzaba el bien ordenando su ejecución. En esta casa, la hora de la oración era el momento de debatir todos los asuntos relacionados con el bienestar de la familia.
1401:3 127:4.3 Jesús empezó a disciplinar sabiamente a sus hermanos y hermanas a una edad tan temprana que nunca tuvo necesidad de castigarlos mucho para conseguir su pronta y sincera obediencia. La única excepción era Judá, a quien en diversas ocasiones, Jesús estimó necesario imponer un castigo por sus infracciones a las reglas del hogar. En tres ocasiones en que se juzgó oportuno castigar a Judá por haber violado deliberadamente las reglas de conducta de la familia, y haberlo confesado, su castigo fue dictado por la decisión unánime de los niños mayores y aprobado por el mismo Judá antes de serle infligido.
1401:4 127:4.4 Aunque Jesús era muy metódico y sistemático en todo lo que hacía, había también, en todas sus decisiones administrativas, una elasticidad de interpretación refrescante y una adaptación individual que impresionaba enormemente a todos los niños por el espíritu de justicia con que actuaba su hermano – padre. Nunca castigó arbitrariamente a sus hermanos y hermanas; esta justicia constante y esta consideración personal hicieron que Jesús fuese muy querido por toda su familia.
1401:5 127:4.5 veces enfurecidos mediante la persuasión y la no resistencia, y muchas veces lo consiguieron; por el contrario, aunque José y Judá aceptaban estas enseñanzas en el hogar, se apresuraban a defenderse cuando eran agredidos por sus compañeros; Judá en particular era culpable de violar el espíritu de estas enseñanzas. Pero la no resistencia no era una regla de la familia. No se imponía ningún castigo por violar las enseñanzas personales.
1401:6 127:4.6 Todos los niños en general, pero sobre todo las niñas, consultaban a Jesús acerca de sus aflicciones infantiles y confiaban en él como lo harían en un padre cariñoso.
1401:7 127:4.7 A medida que crecía, Santiago se iba convirtiendo en un joven bien equilibrado y de buen carácter, pero no tenía tantas tendencias espirituales como Jesús. Era mucho mejor estudiante que José, y éste, aunque era un buen trabajador, tenía aún menos tendencias espirituales. José era constante y no llegaba al nivel intelectual de los otros niños. Simón era un muchacho bien intencionado, pero demasiado soñador. Fue lento para establecerse en la vida y causó considerables inquietudes a Jesús y María, pero siempre fue un chico bueno y bien intencionado. Judá era un cizañero. Tenía los ideales más elevados, pero poseía un temperamento inestable. Era tan decidido y dinámico como su madre o más aún, pero carecía mucho del sentido de la medida y de la discreción que ella tenía.
1402:1 127:4.8 Miriam era una hija bien equilibrada y sensata, con una aguda apreciación de las cosas nobles y espirituales. Marta pensaba y actuaba lentamente, pero era una chica muy eficiente y digna de confianza. La pequeña Rut era la alegría de la casa; aunque hablaba sin reflexionar, tenía un corazón de lo más sincero. Adoraba literalmente a su hermano mayor y padre, pero no la mimaban. Era una niña hermosa, pero no tan bien parecida como Miriam, que era la belleza de la familia, si no de la ciudad.
1402:2 127:4.9 A medida que pasaba el tiempo, Jesús contribuyó mucho a liberalizar y modificar las enseñanzas y las prácticas de la familia relativas a la observancia del sábado y a otros muchos aspectos de la religión; María dio su sincera aprobación a todos estos cambios. Por esta época Jesús se había convertido en el jefe incontestable de la casa.
1402:3 127:4.10 Judá empezó a ir a la escuela este año, y Jesús se vió obligado a vender su arpa para costear los gastos. Así desapareció el último de sus placeres recreativos. Le gustaba mucho tocar el arpa cuando tenía la mente cansada y el cuerpo fatigado, pero se consoló con la idea de que al menos el arpa no caería en manos del cobrador de impuestos.
REBECA, LA HIJA DE ESDRAS
1402:4 127:5.1 Aunque Jesús era pobre, su posición social en Nazaret no había disminuído en absoluto. Era uno de los jóvenes más destacados de la ciudad y muy considerado por la mayoría de las muchachas. Puesto que Jesús era un espléndido ejemplar de madurez física e intelectual, y dada su reputación como guía espiritual, no era de extrañar que Rebeca, la hija mayor de Esdras, un rico mercader y negociante de Nazaret, descubriera que se estaba enamorando poco a poco de este hijo de José. Primero confió sus sentimientos a Miriam, la hermana de Jesús, y Miriam a su vez se lo comentó a su madre. María se alarmó mucho. ¿Estaba a punto de perder a su hijo, que ahora era el cabeza indispensable de la familia? ¿Nunca se terminarían las dificultades? ¿Qué podría ocurrir después? Entonces se detuvo para meditar en el efecto que tendría el matrimonio sobre la futura carrera de Jesús. No muy a menudo, pero al menos de vez en cuando, recordaba el hecho de que Jesús era un “hijo de la promesa”. Después de discutir este asunto, María y Miriam decidieron hacer un esfuerzo para ponerle fin antes de que Jesús se enterara; fueron a ver directamente a Rebeca, le expusieron toda la historia y le contaron francamente su creencia de que Jesús era un hijo del destino, que iba a convertirse en un gran guía religioso, tal vez en el Mesías.
1402:5 127:5.2 Rebeca escuchó atentamente; se quedó pasmada con el relato y estuvo más decidida que nunca a unir su destino con el de este hombre de su elección y compartir su carrera de dirigente. Discurría (en su interior) que un hombre así tendría aún más necesidad de una esposa fiel y eficiente. Interpretó los esfuerzos de María por disuadirla como una reacción natural ante el temor de perder al jefe y único sostén de su familia; pero sabiendo que su padre aprobaba la atracción que sentía por el hijo del carpintero, suponía acertadamente que aquel proporcionaría con mucho gusto a la familia la renta suficiente con la que compensar ampliamente la pérdida de los ingresos de Jesús. Cuando su padre aceptó este proyecto, Rebeca mantuvo otras conversaciones con María y Miriam, pero al no conseguir su apoyo, tuvo el atrevimiento de acudir directamente a Jesús. Lo hizo con la cooperación de su padre, que invitó a Jesús a su casa para la celebración del decimoséptimo
cumpleaños de Rebeca.
1403:1 127:5.3 Jesús escuchó con atención y simpatía la narración de todo lo sucedido, primero por parte del padre de Rebeca, y luego por ella misma. Contestó con amabilidad que ninguna cantidad de dinero podría reemplazar su obligación personal de criar a la familia de su padre, “de cumplir con el deber humano más sagrado —la lealtad a la propia carne y a la propia sangre”. El padre de Rebeca se sintió profundamente conmovido por las palabras de devoción familiar de Jesús y se retiró de la entrevista. Su único comentario a su esposa María fue: “No podemos tenerlo como hijo; es demasiado noble para nosotros”.
1403:2 127:5.4 Entonces empezó la memorable conversación con Rebeca. Hasta ese momento de su vida, Jesús había hecho poca distinción en sus relaciones con los niños y las niñas, con los jóvenes y las muchachas. Su mente había estado demasiado ocupada con los problemas urgentes de los asuntos prácticos de este mundo y con la contemplación misteriosa de su carrera eventual “relacionada con los asuntos de su Padre”, como para haber considerado nunca seriamente la consumación del amor personal en el matrimonio humano. Pero ahora se encontraba frente a otro de los problemas que cualquier ser humano corriente tiene que afrontar y resolver. En verdad fue “probado en todas las cosas igual que vosotros”.
1403:3 127:5.5 Después de escuchar con atención, agradeció sinceramente a Rebeca la admiración que le expresaba, y añadió: “Esto me alentará y me confortará todos los días de mi vida”. Le explicó que no era libre de tener, con una mujer, otras relaciones que las de simple consideración fraternal y la de pura amistad. Precisó que su deber primero y supremo era criar a la familia de su padre, que no podía pensar en el matrimonio hasta que completara esta tarea; y entonces añadió: “Si soy un hijo del destino, no debo asumir obligaciones para toda la vida hasta el momento en que mi destino se haga manifiesto”.
1403:4 127:5.6 A Rebeca se le rompió el corazón. No quiso ser consolada, y pidió insistentemente a su padre que se fueran de Nazaret, hasta que éste consintió finalmente en mudarse a Séforis. En los años que siguieron, Rebeca sólo tuvo una respuesta para los numerosos hombres que la pidieron en matrimonio. Vivía con una sola finalidad —esperar la hora en que aquel que era para ella el hombre más grande que hubiera vivido nunca, empezara su carrera como maestro de la verdad viviente. Lo siguió con devoción durante los años extraordinarios de su ministerio público. Estuvo presente (sin que Jesús lo advirtiera) el día que entró triunfalmente en Jerusalén; y se hallaba “entre
las otras mujeres” al lado de María, aquella tarde fatídica y trágica en que el Hijo del Hombre fue suspendido en la cruz. Porque para ella, como para innumerables mundos de arriba, él era “el único enteramente digno de ser amado y el más grande entre diez mil”.
SU VIGÉSIMO AÑO (AÑO 14 d. de J.C.)
1403:5 127:6.1 La historia del amor de Rebeca por Jesús se murmuraba en Nazaret y posteriormente en Cafarnaum, de manera que, aunque en los años siguientes muchas mujeres amaron a Jesús como los hombres lo amaban, nunca más tuvo que rechazar la propuesta personal de la devoción de otra mujer de bien.
A partir de este momento, el amor humano por Jesús tuvo más bien la naturaleza de una consideración respetuosa y adoradora. Hombres y mujeres lo amaban con devoción por lo que él era, sin el menor matiz de satisfacción personal y sin el deseo de posesión afectiva. Pero durante muchos años, cada vez que se contaba la historia de la personalidad humana de Jesús, se mencionaba la devoción de Rebeca.
1404:1 127:6.2 Miriam, que conocía bien la historia de Rebeca y sabía cómo su hermano había renunciado incluso al amor de una hermosa doncella (sin percibir el factor de la carrera futura que sería su destino), llegó a idealizar a Jesús y a amarlo con un afecto tierno y profundo, tanto filial como fraternal.
1404:2 127:6.3 Aunque difícilmente podían permitírselo, Jesús tenía un extraño deseo de ir a Jerusalén para la Pascua. Conociendo su reciente experiencia con Rebeca, su madre lo animó sabiamente a que hiciera el viaje. Sin ser muy consciente de ello, lo que Jesús más deseaba era tener la oportunidad de hablar con Lázaro y visitar a Marta y María. Después de su propia familia, estas tres personas eran las que más amaba.
1404:3 127:6.4 En este viaje a Jerusalén fue por el camino de Meguido, Antípatris y Lida, recorriendo en parte la misma ruta que atravesó cuando fue traído a Nazaret a su regreso de Egipto. Empleó cuatro días para llegar a la Pascua y reflexionó mucho en los acontecimientos del pasado que se habían producido en Meguido y sus alrededores, el campo de batalla internacional de Palestina.
1404:4 127:6.5 Jesús atravesó Jerusalén, deteniéndose solamente para contemplar el templo y las multitudes de visitantes. Sentía una extraña y creciente aversión por este templo construido por Herodes, con sus sacerdotes elegidos por razones políticas. Lo que deseaba por encima de todo era ver a Lázaro, Marta y María. Lázaro tenía la misma edad que Jesús y ahora era el cabeza de familia; en el momento de esta visita, la madre de Lázaro había fallecido también. Marta era poco más de un año mayor que Jesús, mientras que María era dos años más joven. Y Jesús era el ideal que los tres idolatraban.
1404:5 127:6.6 Durante esta visita se produjo una de sus manifestaciones periódicas de rebelión contra la tradición —la expresión de un resentimiento contra aquellas prácticas ceremoniales que Jesús consideraba que representaban falsamente a su Padre celestial. Al no saber que Jesús iba a venir, Lázaro se había preparado para celebrar la Pascua con unos amigos en un pueblo vecino, más abajo en el camino de Jericó. Jesús proponía ahora que celebraran la fiesta allí donde estaban, en la casa de Lázaro. “Pero”, dijo Lázaro, “no tenemos cordero pascual”. Entonces Jesús emprendió una disertación prolongada y convincente para mostrar que el Padre celestial no se interesaba realmente por aquellos rituales infantiles y desprovistos de sentido. Después de una oración ferviente y solemne, se levantaron y Jesús dijo: “Dejad que las mentes infantiles e ignorantes de mi pueblo sirvan a su Dios como Moisés ordenó; es mejor que lo hagan. Pero nosotros, que hemos visto la luz de la vida, dejemos de acercarnos a nuestro Padre a través de las tinieblas de la muerte. Seamos libres al conocer la verdad del amor eterno de nuestro Padre”.
1404:6 127:6.7 Aquella tarde, a la hora del crepúsculo, los cuatro se sentaron y participaron en la primera fiesta de la Pascua que unos judíos piadosos hubieran celebrado nunca sin cordero pascual. El pan ácimo y el vino habían sido preparados para esta Pascua, y Jesús sirvió a sus compañeros estos símbolos, llamándolos “el pan de la vida” y el “agua de la vida”. Comieron en solemne conformidad con las enseñanzas que acababan de impartirse. Jesús cogió la costumbre de practicar este rito sacramental en cada una de sus visitas posteriores a Betania. Cuando volvió a su casa, se lo contó todo a su madre. Ésta se escandalizó al principio, pero gradualmente fue comprendiendo su punto de vista; sin embargo, se sintió muy aliviada cuando Jesús le aseguró que no tenía la intención de introducir en su familia esta nueva idea de la Pascua. Año tras año continuó comiendo la Pascua con los niños en el hogar “según la ley de Moisés”.
1404:7 127:6.8 Fue durante este año cuando María tuvo una larga conversación con Jesús acerca del matrimonio. Le preguntó francamente si se casaría en el caso de que estuviera libre de sus responsabilidades familiares. Jesús le explicó que, puesto que el deber inmediato le impedía el matrimonio, había pensado poco en este tema. Se expresó como dudando de que llegara a casarse nunca; dijo que todas estas cosas tenían que esperar “mi hora”, el momento en que “el trabajo de mi Padre tendrá que empezar”. Habiendo decidido ya mentalmente que no iba a ser padre de hijos carnales, dedicó muy poco tiempo a pensar en el tema del matrimonio humano.
1405:1 127:6.9 Este año reemprendió la tarea de unir más su naturaleza humana y su naturaleza divina en una individualidad humana simple y eficaz. Su estado moral y su comprensión espiritual continuaron creciendo.
1405:2 127:6.10 Aunque todas sus propiedades de Nazaret (a excepción de su casa) se habían vendido, este año recibieron una pequeña ayuda financiera por la venta de una participación en una propiedad de Cafarnaum. Esto era lo último que quedaba de todos los bienes de José. Este trato inmobiliario en Cafarnaum se efectuó con un constructor de barcas llamado Zebedeo.
José terminó sus estudios este año en la escuela de la sinagoga y se preparó para empezar a trabajar en el pequeño banco del taller de carpintería de su domicilio. Aunque la herencia de su padre se había agotado, las perspectivas de salir de la pobreza habían mejorado, porque ahora eran tres los que trabajaban con regularidad.
Jesús se hace hombre rápidamente, no simplemente un hombre joven sino un adulto. Ha aprendido bien a llevar sus responsabilidades. Sabe cómo seguir adelante en presencia de los contratiempos. Resiste con valentía cuando sus planes se contrarían y sus proyectos se frustran temporalmente. Ha aprendido a ser equitativo y justo incluso en presencia de la injusticia. Está aprendiendo a ajustar sus ideales de vida espiritual con las exigencias prácticas de la existencia terrestre. Está aprendiendo a hacer planes para alcanzar una meta idealista superior y distante, mientras trabaja duramente con el fin de satisfacer las necesidades más cercanas e inmediatas. Está adquiriendo con firmeza el arte de ajustar sus aspiraciones a las exigencias convencionales de las circunstancias humanas. Casi ha dominado la técnica de utilizar la energía del impulso espiritual para mover el mecanismo de las realizaciones materiales. Aprende lentamente a vivir la vida celestial mientras continúa con su existencia terrenal. Depende cada vez más de las directrices finales de su Padre celestial, mientras que asume el papel paternal de orientar y dirigir a los niños de su familia terrestre. Se está volviendo experto en el arte de arrancar la victoria de las mismas garras de la derrota; está aprendiendo a transformar las dificultades del tiempo en triunfos de la eternidad.
Así, a medida que pasan los años, este joven de Nazaret continúa experimentando la vida tal como se vive en la carne mortal de los mundos del tiempo y del espacio. Vive en Urantia una vida completa, representativa y plena. Dejó este mundo conociendo bien la experiencia que sus criaturas atraviesan durante los cortos y árduos años de su primera vida, la vida en la carne. Y toda esta experiencia humana es propiedad eterna del Soberano del Universo. Él es nuestro hermano comprensivo, nuestro amigo compasivo, nuestro soberano experimentado y nuestro padre misericordioso.
Siendo niño acumuló un enorme conjunto de conocimientos; cuando joven ordenó, clasificó y correlacionó esta información. Ahora como hombre del mundo, empieza a organizar estas posesiones mentales con vistas a utilizarlas en su futura enseñanza, ministerio y servicio para sus compañeros mortales de este mundo y de todas las demás esferas habitadas de todo el universo de Nebadon.
Nacido en el mundo como un niño del planeta, ha vivido su vida infantil y ha pasado por las etapas sucesivas de la adolescencia y de la juventud. Ahora se encuentra en el umbral de la plena edad adulta, con la rica experiencia de la vida humana, con la comprensión completa de la naturaleza humana y lleno de compasión por las flaquezas de la naturaleza humana. Se está volviendo experto en el arte divino de revelar su Padre del Paraíso a las criaturas mortales de todos los tiempos y de todos los estados de progreso.
1406:1 127:6.16 Ahora, como un hombre en posesión de todas sus facultades —como un adulto del mundo— se prepara para continuar su misión suprema de revelar Dios a los hombres y de conducir los hombres a Dios.
El libro de Urantia
1407:1 128:0.1 CUANDO Jesús de Nazaret comenzó los primeros años de su vida adulta, había vivido, y continuaba viviendo, una vida humana normal y corriente en la tierra. Jesús vino a este mundo exactamente como los demás niños; no participó para nada en la elección de sus padres. Había escogido este mundo concreto como planeta para llevar a cabo su séptima y última donación, su encarnación en la similitud de la carne mortal; pero aparte de esto, vino al mundo de una manera natural, creció como un niño del planeta y luchó contra las vicisitudes de su entorno de la misma manera que lo hacen los demás mortales en este mundo y en los mundos similares.
1407:2 128:0.2 Tened siempre presente que la donación de Miguel en Urantia tenía una doble finalidad: Comprender en todos sus detalles la experiencia de vivir la vida completa de una criatura humana en la carne mortal, para consumar su soberanía en Nebadon. Revelar el Padre Universal a los habitantes mortales de los mundos del tiempo y del espacio, y conducir con más eficacia a estos mismos mortales a comprender mejor al Padre Universal.
1407:5 128:0.3 Todos los demás beneficios para las criaturas y ventajas para el universo eran fortuitos y secundarios respecto a estas metas principales de la donación como mortal.
LOS PRIMEROS AÑOS DE LA VIDA ADULTA DE JESÚSÍNDICE
ESCRITO 128
EL VIGÉSIMO PRIMER AÑO (AÑO 15 d. de J.C.)
1407:6 128:1.1 Al llegar a la edad adulta, Jesús emprendió seriamente y con plena conciencia de sí mismo la tarea de completar la experiencia de conocer a fondo la vida de las formas más humildes de sus criaturas inteligentes; así adquiriría el derecho definitivo y completo a gobernar de manera incondicional el universo que él mismo había creado. Emprendió esta inmensa tarea con una conciencia total de su doble naturaleza. Pero ya había combinado eficazmente estas dos naturalezas en una sola —la de Jesús de Nazaret.
1407:7 128:1.2 Josué ben José sabía muy bien que era un hombre, un hombre mortal, nacido de una mujer. Esto queda demostrado en la elección de su primera denominación, el Hijo del Hombre. Compartió realmente la naturaleza de carne y sangre, e incluso ahora que preside con autoridad soberana los destinos de un universo, conserva todavía entre sus numerosos títulos bien ganados el de Hijo del Hombre. Es literalmente cierto que el Verbo creador —el Hijo Creador— del Padre Universal “se hizo carne y habitó en Urantia como un hombre del mundo”. Trabajaba, se cansaba, descansaba y dormía. Tuvo hambre y sació su apetito con alimentos; tuvo sed y apagó su sed con agua. Experimentó toda la gama de sentimientos y emociones humanas; fue “probado en todas las cosas de la misma manera que vosotros”, sufrió y murió.
1407:8 128:1.3 Obtuvo conocimientos, adquirió experiencia y combinó ambas cosas en sabiduría, como lo hacen otros mortales del mundo. Hasta después de su bautismo no utilizó ningún poder sobrenatural. No empleó ninguna influencia que no formara parte de su dotación humana como hijo de José y de María.
1408:1 128:1.4 En cuanto a los atributos de su existencia prehumana, se despojó de ellos. Antes de empezar su trabajo público, se impuso a sí mismo conocer a los hombres y a los acontecimientos exclusivamente por medios humanos. Era un verdadero hombre entre los hombres.
1408:2 128:1.5 Es una verdad eterna y gloriosa que: “Tenemos un alto gobernante que puede conmoverse con el sentimiento de nuestras debilidades. Tenemos un Soberano que fue, en todos los aspectos, probado y tentado como nosotros, pero sin pecar”. Y puesto que él mismo sufrió, habiendo sido probado y tentado, es perfectamente capaz de comprender y ayudar a los que se encuentran confundidos y afligidos.
1408:3 128:1.6 El carpintero de Nazaret comprendía ahora plenamente el trabajo que le esperaba, pero escogió dejar que su vida humana continuara su curso natural. En algunas de estas cuestiones es realmente un ejemplo para sus criaturas mortales, pues como está escrito: “Tened en vosotros la mente que estaba también en Cristo Jesús, el cual, siendo de la naturaleza de Dios, no
consideraba extraño ser igual a Dios. Sin embargo, se dio poca importancia, y tomando la forma de una criatura, nació en la similitud de los hombres. Habiendo sido modelado así como un hombre, se humilló y se hizo obediente hasta la muerte, incluso a la muerte en la cruz”.
1408:4 128:1.7 Vivió su vida mortal exactamente como todos los miembros de la familia humana pueden vivir la suya, como “aquel que en los días de su encarnación elevaba con tanta frecuencia oraciones y súplicas, incluso con una gran emoción y lágrimas, a Aquel que es capaz de salvar de todo mal, y sus oraciones fueron eficaces porque creía”. Por este motivo era necesario que se volviera en todos los aspectos semejante a sus hermanos, para poder llegar a ser un soberano misericordioso y comprensivo para ellos.
1408:5 128:1.8 Nunca dudó de su naturaleza humana; era evidente por sí misma y siempre estaba presente en su conciencia. En cuanto a su naturaleza divina, siempre había lugar para las dudas y las conjeturas; al menos fue así hasta el acontecimiento que se produjo en su bautismo. La autoconciencia de su divinidad fue una lenta revelación, y desde el punto de vista humano, una revelación evolutiva natural. Esta revelación y esta autoconciencia de su divinidad empezaron en Jerusalén con el primer acontecimiento sobrenatural de su existencia humana, cuando aún no tenía trece años. La experiencia de realizar esta autoconciencia de su naturaleza divina se completó en el momento de la segunda experiencia sobrenatural de su encarnación; este episodio se produjo cuando Juan lo bautizó en el Jordán, acontecimiento que marcó el principio de su carrera pública de servicio y de enseñanza.
1408:6 128:1.9 Entre estas dos visitas celestiales, una a los trece años y la otra en su bautismo, no ocurrió nada sobrenatural ni sobrehumano en la vida de este Hijo Creador encarnado. A pesar de esto, el niño de Belén, el muchacho, el joven y el hombre de Nazaret, eran en realidad el Creador encarnado de un universo; pero en el transcurso de su vida humana hasta el día en que Juan lo bautizó, ni una sola vez utilizó para nada este poder, ni siguió las directrices de personalidades celestiales, exceptuando las de su serafín guardián. Nosotros que atestiguamos esto sabemos lo que decimos.
1408:7 128:1.10 Sin embargo, durante todos estos años de su vida en la carne, era realmente divino. Era en efecto un Hijo Creador del Padre del Paraíso. Una vez que emprendió su carrera pública, después de completar técnicamente su experiencia puramente mortal para adquirir la soberanía, no dudó en admitir públicamente que era el Hijo de Dios. No dudó en declarar: “Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin, el primero y el último.” Años más tarde, no protestó cuando le llamaron Señor de la Gloria, Gobernante de un Universo, el Señor Dios de toda la creación, el Santo de Israel, el Señor de todo, nuestro Señor y nuestro Dios, Dios con nosotros, el que tiene un nombre por encima de todos los nombres y en todos los mundos, la Omnipotencia de un universo, la Mente Universal de esta creación, el Único en el que están ocultos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento, la plenitud de Aquel que llena todas las cosas, el Verbo eterno del Dios eterno, Aquel que era antes de todas las cosas y en quien todas las cosas consisten, el Creador de los cielos y de la tierra, el Sostén de un universo, el Juez de toda la tierra, el Dador de la vida eterna, el Verdadero Pastor, el Libertador de los mundos y el que Dirige nuestra salvación.
1409:1 128:1.11 Nunca puso objeción a ninguno de estos títulos cuando les fueron aplicados, después de emerger de su vida puramente humana para entrar en los años siguientes en los que tenía conciencia del ministerio de la divinidad en la humanidad, por la humanidad y para la humanidad, en este mundo y para todos los otros mundos. Jesús sólo puso objeción a un título que le aplicaron: cuando una vez le llamaron Manuel, simplemente replicó: “No soy yo, es mi hermano mayor”.
1409:2 128:1.12 Siempre, e incluso después de emerger a una vida más amplia en la tierra, Jesús permaneció humildemente sometido a la voluntad del Padre que está en los cielos.
1409:3 128:1.13 Después de su bautismo, no tuvo inconveniente en permitir que los que creían sinceramente en él y sus seguidores agradecidos lo adoraran. Incluso cuando luchaba contra la pobreza y trabajaba con sus manos para proporcionar las necesidades básicas a su familia, su conciencia de ser un Hijo de Dios iba en aumento; sabía que era el autor de los cielos y de esta misma tierra en la que ahora estaba viviendo su existencia humana. Y las huestes de seres celestiales de todo el enorme universo que lo observaba sabían igualmente que este hombre de Nazaret era su amado Soberano y su padre-Creador. Durante todos estos años, el universo de Nebadon permaneció en una profunda expectativa; todas las miradas celestiales estaban clavadas contínuamente en Urantia —en Palestina.
1409:4 128:1.14 Este año, Jesús se desplazó con José a Jerusalén para celebrar la Pascua. Como ya había llevado a Santiago al templo para la consagración, pensaba que tenía el deber de llevar a José. Jesús nunca mostró el menor grado de predilección en el trato con su familia. Fue con José a Jerusalén por la ruta habitual del valle del Jordán, pero regresó a Nazaret por el camino que pasaba por Amatus, al este del Jordán. Al bajar por el Jordán, Jesús le contó a José la historia de los judíos, y en el viaje de vuelta, le habló de las experiencias de las famosas tribus de Rubén, Gad y Gilead que tradicionalmente habían vivido en estas regiones al este del río.
1409:5 128:1.15 José hizo muchas preguntas capitales a Jesús en relación con la misión de su vida, pero a la mayoría de ellas, Jesús se limitó a responder: “Mi hora aún no ha llegado”. Sin embargo, en el transcurso de estas discusiones, Jesús dejó caer muchas palabras que José recordó durante los excitantes acontecimientos de los años siguientes. Jesús pasó esta Pascua, acompañado de José, con sus tres amigos en Betania, como tenía la costumbre de hacer cuando estaba en Jerusalén asistiendo a estas fiestas conmemorativas.
2. EL VIGÉSIMO SEGUNDO AÑO (AÑO 16 d. de J.C.)
1409:6 128:2.1 Éste fue uno de los años durante los cuales los hermanos y hermanas de Jesús se enfrentaron con las pruebas y tribulaciones propias de los problemas y reajustes de la adolescencia. Jesús tenía ahora hermanos y hermanas entre los siete y los dieciocho años de edad, y estaba muy ocupado ayudándolos a adaptarse a los nuevos despertares de su vida intelectual y emocional. Así pues, tuvo que luchar con los problemas de la adolescencia a medida que se presentaban en la vida de sus hermanos y hermanas menores.
1410:1 128:2.2 Simón terminó sus estudios en la escuela este año y empezó a trabajar con Jacobo el albañil, el antiguo compañero de juegos de la infancia y el defensor siempre dispuesto de Jesús. Después de varias conversaciones familiares, llegaron a la conclusión de que no era prudente que todos los muchachos se dedicaran a la carpintería. Pensaban que si escogían oficios diferentes estarían en disposiciones de aceptar contratos para construir edificios enteros. Además, habían pasado por períodos de paro forzoso desde que tres de ellos trabajaban como carpinteros a tiempo completo.
1410:2 128:2.3 Jesús continuó este año con la terminación de interiores y la ebanistería, pero dedicó la mayor parte de su tiempo al taller de reparaciones de las caravanas. Santiago empezaba a alternarse con él en el servicio del taller. Hacia finales de este año, cuando el trabajo de carpintería llegó a escasear en Nazaret, Jesús dejó a Santiago a cargo del taller de reparaciones y a José en el banco de carpintero de la casa, mientras que él se fue a Séforis para trabajar con un herrero. Estuvo trabajando seis meses en el metal y adquirió una habilidad considerable en el yunque.
1410:3 128:2.4 Antes de empezar en su nuevo empleo de Séforis, Jesús mantuvo una de sus conferencias familiares periódicas y nombró solemnemente a Santiago, que acababa de cumplir dieciocho años, como cabeza de familia. Prometió a su hermano un apoyo sincero y toda su cooperación, y exigió a cada miembro de la familia la promesa formal de obedecer a Santiago. A partir de este día, Santiago asumió toda la responsabilidad financiera de la familia, y Jesús entregaba a su hermano su paga semanal. Jesús nunca más recuperó de Santiago las riendas del hogar. Mientras trabajaba en Séforis podría haber regresado cada noche al hogar si hubiera sido necesario, pero permaneció ausente a propósito, echándole la culpa al tiempo y a otras causas, aunque su verdadero motivo era preparar a Santiago y a José para llevar la responsabilidad de la familia. Había empezado el lento proceso de separarse de su familia. Jesús volvía a Nazaret todos los sábados y a veces durante la semana cuando lo exigía la ocasión, para observar cómo funcionaba el nuevo plan, ofrecer consejos y aportar sugerencias útiles.
1410:4 128:2.5 El hecho de vivir la mayoría del tiempo en Séforis durante seis meses, proporcionó a Jesús una nueva oportunidad para conocer mejor el punto de vista que tenían los gentiles sobre la vida. Trabajó con ellos, vivió con ellos y de todas las maneras posibles estudió de cerca y con sumo cuidado los hábitos de vida y la mentalidad de los gentiles.
1410:5 128:2.6 El nivel moral de esta ciudad donde residía Herodes Antipas era tan inferior, incluso al de Nazaret, la ciudad de las caravanas, que después de permanecer seis meses en Séforis, Jesús no dudó en encontrar un pretexto para volver a Nazaret. El grupo para el que trabajaba iba a emprender unas obras públicas tanto en Séforis como en la nueva ciudad de Tiberiades, y Jesús estaba poco dispuesto a asumir cualquier tipo de empleo que estuviera bajo la supervisión de Herodes Antipas. También existían otras razones que hacían prudente, en opinión de Jesús, el regresar a Nazaret. Cuando volvió al taller de reparaciones, no asumió otra vez la dirección personal de los asuntos familiares. Trabajó en el taller en asociación con Santiago y, tanto como le fue posible, le permitió continuar supervisando el hogar. La gestión de los gastos familiares y la administración del presupuesto doméstico, que estaban en manos de Santiago, no sufrieron ningún cambio.
1410:6 128:2.7 Fue precísamente mediante esta planificación sabia y cuidadosa como Jesús preparó el camino para su retirada final de toda participación activa en los asuntos de su familia. Cuando Santiago tuvo dos años de experiencia como cabeza de familia —y dos años antes de que se casara— José fue encargado de los fondos de la casa y se le confió la dirección general del hogar.
ESCRITO 128
3. EL VIGÉSIMO TERCER AÑO (AÑO 17 d. de J.C.)
1411:1 128:3.1 La presión financiera cedió este año ligeramente, ya que cuatro miembros de la familia estaban trabajando. Miriam ganaba bastante con la venta de la leche y la mantequilla; Marta se había convertido en una tejedora experta. Habían pagado más de un tercio del precio de compra del taller de reparaciones. La situación era tal que Jesús dejó de trabajar durante tres semanas para llevar a Simón a la Pascua de Jerusalén; éste era el período más largo, libre de las faenas cotidianas, que había disfrutado desde la muerte de su padre.
1411:2 128:3.2 Viajaron a Jerusalén por el camino de la Decápolis y atravesaron Pella, Gerasa, Filadelfia, Hesbón y Jericó. Regresaron a Nazaret por la ruta costera, pasando por Lida, Jope, Cesarea, y desde allí, rodeando el Monte Carmelo, fueron a Tolemaida y Nazaret. Este viaje permitió a Jesús conocer bastante bien toda Palestina al norte de la región de Jerusalén.
1411:3 128:3.3 En Filadelfia, Jesús y Simón conocieron a un mercader de Damasco que experimentó tanta simpatía por los hermanos de Nazaret, que insistió para que se detuvieran con él en su sede de Jerusalén. Mientras Simón asistía al templo, Jesús pasó mucho tiempo conversando con este hombre de mundo bien educado y bastante viajero. Este mercader poseía más de cuatro mil camellos de caravanas; tenía intereses en todo el mundo romano y ahora estaba de camino hacia Roma. Le propuso a Jesús que viniera a Damasco para trabajar en su negocio de importaciones de oriente, pero Jesús le explicó que no tenía justificación para alejarse tanto de su familia en ese momento. Sin embargo, durante el camino de vuelta pensó mucho en aquellas ciudades lejanas y en los países aún más distantes del Lejano Occidente y del Lejano Oriente, países de los que había oído hablar con tanta frecuencia a los viajeros y conductores de las caravanas.
1411:4 128:3.4 Simón disfrutó mucho de su visita a Jerusalén. Fue admitido debidamente en la comunidad de Israel durante la consagración pascual de los nuevos hijos del mandamiento. Mientras Simón asistía a las ceremonias pascuales, Jesús se mezcló con las multitudes de visitantes y emprendió muchas conversaciones personales interesantes con numerosos prosélitos gentiles.
1411:5 128:3.5 El más notable de todos estos contactos fue quizás con un joven helenista llamado Esteban. Este joven visitaba Jerusalén por primera vez y se encontró casualmente con Jesús el jueves por la tarde de la semana de la Pascua. Mientras los dos paseaban contemplando el palacio asmoneo, Jesús inició una conversación fortuita que tuvo como resultado el sentirse interesados el uno por el otro, lo que les llevó a una discusión de cuatro horas sobre la manera de vivir y el verdadero Dios y su culto. Esteban se quedó enormemente impresionado por lo que Jesús le dijo, y nunca olvidó sus palabras.
1411:6 128:3.6 Este mismo Esteban es el que posteriormente se hizo creyente en las enseñanzas de Jesús, y cuya intrepidez predicando este evangelio incipiente provocó la ira de los judíos, que lo apedrearon hasta morir. Una parte de la extraordinaria audacia de Esteban proclamando su visión del nuevo evangelio provenía directamente de esta primera conversación con Jesús. Pero Esteban nunca tuvo la menor sospecha de que el galileo con quien había hablado unos quince años antes era precísamente la misma persona que más tarde proclamaría como Salvador del mundo, y por quien tan pronto daría su vida, convirtiéndose así en el primer mártir de la nueva fe cristiana en evolución. Cuando Esteban dio su vida como precio por su ataque al templo judío y a sus prácticas tradicionales, un tal Saulo, ciudadano de Tarso, se hallaba presente. Cuando Saulo vió cómo este griego podía morir por su fe, se despertaron en su corazón unos sentimientos que finalmente le llevaron a abrazar la causa por la que había muerto Esteban; más tarde se convirtió en el dinámico e indomable Pablo, el filósofo, si no el único fundador, de la religión cristiana.
1412:1 128:3.7 El domingo después de la semana pascual, Simón y Jesús emprendieron su viaje de regreso a Nazaret. Simón no olvidó nunca lo que Jesús le enseñó en este viaje. Siempre había amado a Jesús, pero ahora sentía que había empezado a conocer a su hermano-padre. Tuvieron muchas conversaciones íntimas y confidenciales mientras atravesaban el país y preparaban sus comidas al borde del camino. Llegaron a la casa el jueves a mediodía, y aquella noche Simón mantuvo despierta a la familia hasta tarde, contándoles sus experiencias.
1412:2 128:3.8 María se quedó trastornada cuando Simón le informó que Jesús había pasado la mayor parte del tiempo en Jerusalén “conversando con los extranjeros, especialmente de los países lejanos”. La familia de Jesús nunca pudo comprender su gran interés por la gente, su necesidad de hablar con ellos, de conocer su manera de vivir y de averiguar lo que pensaban.
1412:3 128:3.9 La familia de Nazaret estaba cada vez más absorbida por sus problemas inmediatos y humanos; no se mencionaba con frecuencia la futura misión de Jesús, y él mismo hablaba raras veces de su carrera futura. Su madre no se acordaba mucho de que era un hijo de la promesa. Poco a poco iba abandonando la idea de que Jesús tenía que cumplir una misión divina en la tierra, pero a veces su fe se reavivaba cuando se detenía a recordar la visita de Gabriel antes de que el niño naciera.
ESCRITO 128
4. EL EPISODIO DE DAMASCO
1412:4 128:4.1 Jesús pasó los cuatro últimos meses de este año en Damasco, como huésped del mercader que conoció por primera vez en Filadelfia, cuando iba camino de Jerusalén. Un representante de este mercader había buscado a Jesús al pasar por Nazaret y lo acompañó hasta Damasco. Este mercader, en parte judío, propuso consagrar una enorme cantidad de dinero para establecer una escuela de filosofía religiosa en Damasco. Proyectaba crear un centro de estudios que sobrepasara al de Alejandría. Le propuso a Jesús que emprendiera inmediatamente una larga gira por los centros de educación del mundo, como paso previo para convertirse en el director de este nuevo proyecto. Ésta fue una de las mayores tentaciones con las que Jesús tuvo que enfrentarse en el transcurso de su carrera puramente humana.
1412:5 128:4.2 Poco después, este mercader trajo ante Jesús a un grupo de doce mercaderes y banqueros que aceptaban financiar esta escuela recién proyectada. Jesús manifestó un profundo interés por la escuela que proponían y les ayudó a planificar su organización, pero siempre expresó el temor de que sus otras obligaciones anteriores, sin indicar cuáles, le impedirían aceptar la dirección de una empresa tan ambiciosa. El que deseaba ser su benefactor era obstinado y empleó provechosamente a Jesús en su casa haciendo algunas traducciones, mientras que él, su esposa y sus hijos e hijas trataban de
persuadirlo para que aceptara el honor que se le ofrecía. Pero no se dejó convencer. Sabía muy bien que su misión en la tierra no debía estar sostenida por instituciones de enseñanza; sabía que no debía comprometerse en lo más mínimo, para no ser dirigido por “asambleas de hombres”, por muy bien intencionadas que fueran.
1412:6 128:4.3 Él, que fue rechazado por los jefes religiosos de Jerusalén incluso después de haber demostrado su autoridad, fue reconocido y recibido como maestro instructor por los empresarios y banqueros de Damasco, y todo esto cuando era un carpintero oscuro y desconocido de Nazaret.
1412:7 128:4.4 Nunca habló de esta oferta a su familia, y al final de este año se encontraba de nuevo en Nazaret cumpliendo con sus deberes cotidianos, como si nunca hubiera sido tentado por las proposiciones halagadoras de sus amigos de Damasco. Estos hombres de Damasco tampoco asociaron nunca al futuro ciudadano de Cafarnaum, que puso boca abajo a toda la sociedad judía, con el antiguo carpintero de Nazaret que había osado rechazar el honor que sus riquezas combinadas hubieran podido procurarle.
1413:1 128:4.5 mundo, nunca fueran asociados y considerados como acciones realizadas por un mismo individuo. En los años posteriores escuchó muchas veces contar esta historia del extraño galileo que declinó la oportunidad de fundar en Damasco una escuela que rivalizara con Alejandría.
1413:2 128:4.6 Al tratar de aislar ciertos aspectos de su experiencia terrestre, uno de los objetivos que Jesús perseguía era evitar la reconstrucción de una carrera tan hábil y espectacular, que incitara a las futuras generaciones a venerar al maestro en lugar de someterse a la verdad que había vivido y enseñado. Jesús no quería que la reconstrucción de una historia humana tan sobresaliente desviara la atención de sus enseñanzas. Reconoció muy pronto que sus seguidores se sentirían tentados a formular una religión acerca de él, que podría hacerle la competencia al evangelio del reino que tenía la intención de proclamar al mundo. Por consiguiente, durante toda su carrera extraordinaria trató de suprimir convenientemente todo aquello que, en su opinión, pudiera favorecer esta tendencia humana natural de exaltar al maestro en lugar de proclamar sus enseñanzas.
1413:3 128:4.7 Este mismo motivo explica también por qué permitió que se le conociera por medio de nombres diferentes durante las diversas épocas de su variada vida en la tierra. Además, no quería ejercer ninguna influencia indebida sobre su familia u otras personas, para no inducirles a creer en él en contra de sus sinceras convicciones. Siempre rehusó sacar una ventaja indebida o injusta de la mente humana. No quería que los hombres creyeran en él, a menos que sus corazones fueran sensibles a las realidades espirituales reveladas en sus enseñanzas.
1413:4 128:4.8 A finales de este año, las cosas marchaban bastante bien en el hogar de Nazaret. Los niños crecían y María se iba acostumbrando a las ausencias de Jesús del hogar. Éste continuaba enviando su salario a Santiago para el sostén de la familia, reservándose sólo una pequeña parte para sus gastos personales más inmediatos.
1413:5 128:4.9 A medida que pasaban los años, resultaba más difícil percibir que este hombre era un Hijo de Dios en la tierra. Se parecía en todo a una persona cualquiera del planeta, a un hombre más entre los hombres. El Padre que está en los cielos había ordenado que la donación se desarrollara precísamente de esta manera.
LOS PRIMEROS AÑOS DE LA VIDA ADULTA DE JESÚSÍNDICE
El libro de Urantia
5. EL VIGÉSIMO CUARTO AÑO (AÑO 18 d. de J.C.)
1413:6 128:5.1 Éste fue el primer año en que Jesús estuvo relativamente libre de responsabilidades familiares. Santiago administraba con mucho éxito los asuntos del hogar, ayudado por los consejos y las rentas de Jesús.
1413:7 128:5.2 La semana siguiente a la Pascua de este año, un joven de Alejandría vino hasta Nazaret para organizar un encuentro, en el transcurso del año, entre Jesús y un grupo de judíos de Alejandría, en algún lugar de la costa de Palestina. La conferencia se fijó para mediados de junio, y Jesús se desplazó hasta Cesarea para reunirse con cinco judíos eminentes de Alejandría, que le rogaron que se estableciera en su ciudad como instructor religioso, ofreciéndole como aliciente, para empezar, el puesto de ayudante del chazán en la sinagoga principal de la ciudad.
1414:1 128:5.3 Los portavoces de esta comisión explicaron a Jesús que Alejandría estaba destinada a convertirse en el centro principal de la cultura judía para el mundo entero; que la tendencia helenista de los asuntos judíos había sobrepasado probablemente a la escuela de pensamiento babilónica. Recordaron a Jesús los siniestros rumores de rebelión que corrían por Jerusalén y toda Palestina, y le aseguraron que cualquier sublevación de los judíos palestinos equivaldría a un suicidio nacional, que la mano de hierro de Roma aplastaría la rebelión en tres meses, y que Jerusalén sería destruida y el templo demolido hasta que no quedara piedra sobre piedra.
1414:2 128:5.4 Jesús escuchó todo lo que tenían que decir, les agradeció su confianza, y al declinar su invitación para ir a Alejandría, les dijo en esencia: “Mi hora aún no ha llegado”. Se quedaron confundidos por su aparente indiferencia al honor que habían intentado conferirle. Antes de despedirse de Jesús le ofrecieron una bolsa de dinero como muestra de la estima de sus amigos de Alejandría, y en compensación por el tiempo y los gastos de venir hasta Cesarea para hablar con ellos. Pero rehusó también el dinero, diciendo: “La casa de José nunca ha recibido limosnas, y no podemos comernos el pan de otra persona mientras yo tenga buenos brazos y mis hermanos puedan trabajar”.
1414:3 128:5.5 Sus amigos de Egipto se embarcaron para su tierra; años después, cuando oyeron los rumores sobre el constructor de barcas de Cafarnaum que estaba creando tanta conmoción en Palestina, pocos de ellos imaginaron que se trataba del niño de Belén ya adulto y del mismo galileo singular que había declinado sin ningún formalismo la invitación de convertirse en un gran maestro en Alejandría.
1414:4 128:5.6 Jesús regresó a Nazaret. Los seis meses restantes de este año fueron los más tranquilos de toda su carrera. Disfrutó de este respiro temporal en su programa habitual de problemas a resolver y de dificultades a superar. Comulgó mucho con su Padre que está en los cielos e hizo enormes progresos en el dominio de su mente humana.
1414:5 128:5.7 Pero los asuntos humanos en los mundos del tiempo y del espacio no transcurren con tranquilidad durante mucho tiempo. En diciembre, Santiago tuvo una conversación privada con Jesús para explicarle que estaba muy enamorado de Esta, una joven de Nazaret, y que les gustaría casarse pronto si fuera posible. Atrajo la atención sobre el hecho de que José pronto cumpliría dieciocho años, y que sería una buena experiencia para él tener la oportunidad de servir como cabeza de familia. Jesús dió su consentimiento para que Santiago se casara dos años más tarde, siempre que durante este intervalo preparara adecuadamente a José para asumir la dirección del hogar.
1414:6 128:5.8 Entonces se produjeron otros hechos —los esponsales estaban en el ambiente. El éxito que tuvo Santiago al obtener el consentimiento de Jesús para casarse, animó a Miriam a presentarse con sus proyectos ante su hermano-padre. Jacobo, el joven albañil, antiguo defensor voluntario de Jesús y ahora socio de Santiago y José en los negocios, hacía tiempo que había intentado obtener la mano de Miriam para casarse. Después de que Miriam expuso sus planes a Jesús, éste ordenó que Jacobo viniera a verle para pedir oficialmente la mano de Miriam, y prometió su bendición al matrimonio en cuanto ella estimara que Marta estaba preparada para asumir sus deberes de hija mayor.
1414:7 128:5.9 Cuando estaba en casa, Jesús continuaba enseñando en la escuela nocturna tres veces por semana, leía a menudo las escrituras los sábados en la sinagoga, conversaba con su madre, enseñaba a los niños y se comportaba en general como un ciudadano digno y respetable de Nazaret, dentro de la comunidad de Israel.
ESCRITO 128
6. EL VIGÉSIMO QUINTO AÑO (AÑO 19 d. de J.C.)
1415:1 128:6.1 Este año empezó con toda la familia de Nazaret en buena salud y fue testigo del final de la escolaridad regular de todos los niños, a excepción de algunos trabajos que Marta tenía que hacer para Rut.
1415:2 128:6.2 Jesús era uno de los ejemplares humanos más vigorosos y refinados que habían aparecido en la tierra desde la época de Adán. Su desarrollo físico era espléndido. Su mente era activa, aguda y penetrante —comparada con la mentalidad media de sus contemporáneos, había alcanzado proporciones gigantescas— y su espíritu era en verdad humanamente divino.
1415:3 128:6.3 El estado financiero de la familia se encontraba en las mejores condiciones desde que se liquidaron las propiedades de José. Se habían efectuado los últimos pagos del taller de reparaciones de las caravanas; no debían nada a nadie y, por primera vez en muchos años, contaban con algunos fondos. Por todo ello, y puesto que había llevado a sus otros hermanos a Jerusalén para que participaran en sus primeras ceremonias pascuales, Jesús decidió acompañar a Judá (que acababa de terminar sus estudios en la escuela de la sinagoga) en su primera visita al templo.
1415:4 128:6.4 Fueron a Jerusalén por el valle del Jordán y regresaron por el mismo camino, porque Jesús se temía que podría tener algún problema si atravesaba Samaria con su joven hermano. En Nazaret, Judá ya había tenido varias veces pequeñas dificultades a causa de su carácter impulsivo, unido a sus violentos sentimientos patrióticos.
1415:5 128:6.5 Llegaron a Jerusalén a su debido tiempo e iban de camino para efectuar una primera visita al templo, cuya sola visión había excitado y entusiasmado a Judá hasta lo más profundo de su alma, cuando se encontraron por casualidad con Lázaro de Betania. Mientras Jesús charlaba con Lázaro y trataba de arreglar las cosas para celebrar juntos la Pascua, Judá inició un incidente muy serio para todos ellos. Cerca de allí se encontraba un guardia romano que hizo unos comentarios indecentes sobre una muchacha judía que pasaba en ese momento. Judá enrojeció de indignación y no tardó en expresar su resentimiento por esta descortesía, haciéndolo de manera directa y al alcance del oído del soldado. Los legionarios romanos eran muy sensibles a todo lo que se pareciera a una falta de respeto por parte de los judíos; así pues, el guardia arrestó inmediatamente a Judá. Esto fue demasiado para el joven patriota, y antes de que Jesús pudiera prevenirlo con una mirada de advertencia, ya había dado rienda suelta a una voluble declaración de sentimientos antirromanos reprimidos, lo que no hizo más que empeorar la situación. Judá, con Jesús a su lado, fue llevado de inmediato a la prisión militar.
1415:6 128:6.6 Jesús trató de conseguir una audiencia inmediata para Judá, o bien que lo liberaran a tiempo para poder celebrar la Pascua aquella noche, pero fracasó en sus esfuerzos. Puesto que el día siguiente era un día de “santa asamblea” en Jerusalén, ni siquiera los romanos se atrevían a oir acusaciones contra un judío. En consecuencia, Judá continuó encarcelado hasta la mañana del segundo día después de su arresto, y Jesús permaneció con él en la prisión. No estuvieron presentes en el templo en la ceremonia de recepción de los hijos de la ley como plenos ciudadanos de Israel. Judá no participó en esta ceremonia oficial hasta varios años después, cuando se encontró de nuevo en Jerusalén durante otra Pascua, en conexión con su trabajo de propaganda a favor de los celotes, la organización patriótica a la que pertenecía y en la que era muy activo.
1415:7 128:6.7 A la mañana siguiente de su segundo día en la cárcel, Jesús compareció ante el magistrado militar en nombre de Judá. Presentó sus excusas por la juventud de su hermano y efectuó una exposición aclaratoria, pero juiciosa, de la naturaleza provocativa del incidente que había llevado al arresto de su hermano. Jesús manejó el asunto de tal manera, que el magistrado expresó la opinión de que el joven judío pudiera haber tenido alguna excusa válida que justificara su violenta explosión. Después de advertir a Judá que no se atreviera otra vez a ser culpable de semejante temeridad, dijo a Jesús al despedirlos: “Harías bien en vigilar al muchacho; es capaz de crearos muchos problemas a todos”. El juez romano tenía razón. Judá causó muchísimos problemas a Jesús, y siempre eran de la misma naturaleza: encontronazos con las autoridades civiles a causa de sus estallidos patrióticos imprudentes e insensatos.
1416:1 128:6.8 Jesús y Judá se desplazaron hasta Betania para pasar la noche, explicaron por qué no habían acudido a la cena pascual, y al día siguiente salieron para Nazaret. Jesús no contó a la familia el arresto de su joven hermano en Jerusalén, pero unas tres semanas después de su regreso, tuvo una larga conversación con Judá sobre este incidente. Después de esta conversación con Jesús, el mismo Judá contó el suceso a la familia. Nunca olvidó la paciencia y la indulgencia que manifestó su hermano-padre durante toda esta penosa experiencia.
1416:2 128:6.9 Ésta fue la última Pascua en la que Jesús acompañó a un miembro de su propia familia. El Hijo del Hombre iba a desligarse cada vez más de los estrechos lazos que le unían a los de su propia carne y sangre.
1416:3 128:6.10 Este año, sus períodos de profunda meditación fueron interrumpidos a menudo por Rut y sus compañeros de juego. Jesús siempre estaba dispuesto a posponer la consideración de su trabajo futuro para el mundo y el universo, a fin de compartir la alegría infantil y el regocijo juvenil de estos mozalbetes, que nunca se cansaban de escucharle contar las experiencias de sus diversos viajes a Jerusalén. También disfrutaban mucho con sus historias sobre los animales y la naturaleza.
1416:4 128:6.11 Los niños siempre eran bienvenidos al taller de reparaciones. Jesús ponía arena, pedazos de madera y piedras al lado del taller, y los niños acudían en bandadas para entretenerse allí. Cuando se cansaban de sus juegos, los más atrevidos miraban a hurtadillas dentro del taller, y si el dueño no estaba ocupado, se arriesgaban a entrar diciendo: “Tío Josué, sal y cuéntanos un cuento largo”. Entonces lo hacían salir tirándole de las manos hasta que se sentaba en su piedra favorita junto a la esquina del taller, con los niños sentados en semicírculo en el suelo delante de él. ¡Cómo disfrutaban estos pequeñuelos con su tío Josué! Aprendían a reirse, y a reirse con ganas. Uno o dos de los más pequeños tenían la costumbre de trepar hasta sus rodillas y se sentaban allí, contemplando embelesados las expresiones de su rostro mientras narraba sus historias. Los niños amaban a Jesús, y Jesús amaba a los niños.
1416:5 128:6.12 A sus amigos les resultaba difícil comprender la amplitud de sus actividades intelectuales, cómo podía pasar de manera tan súbita y completa de las profundas discusiones sobre la política, la filosofía o la religión, a las travesuras alegres y gozosas de estos pequeños de cinco a diez años de edad. A medida que sus propios hermanos y hermanas crecían, a medida que disponía de más tiempo libre y antes de que llegaran los nietos, prestaba una gran atención a estos pequeños. Pero no vivió suficiente tiempo en la tierra como para disfrutar mucho de los nietos.
LOS PRIMEROS AÑOS DE LA VIDA ADULTA DE JESÚSÍNDICE
ESCRITO 128
7. EL VIGÉSIMO SEXTO AÑO (AÑO 20 d. de J.C.)
1416:6 128:7.1 Al empezar este año, Jesús de Nazaret se volvió poderosamente consciente de que poseía un poder potencial muy extenso. Pero también estaba totalmente persuadido de que este poder no debía ser empleado por su personalidad, como Hijo del Hombre, al menos hasta que llegara su hora.
1417:1 128:7.2 Por esta época reflexionó mucho en sus relaciones con su Padre que está en los cielos, aunque habló poco de ello. La conclusión de todas estas reflexiones la expresó una vez en su oración en la cima de la colina, cuando dijo: “Independientemente de quién sea yo y del poder que pueda o no ejercer, siempre he estado y siempre estaré sometido a la voluntad de mi Padre Paradisiaco”. Sin embargo, mientras este hombre iba y venía de su trabajo por Nazaret, era literalmente cierto —en lo que se refiere a un enorme universo— que “en él estaban ocultos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento”.
1417:2 128:7.3 Los asuntos de la familia fueron bien todo este año, excepto en lo que se refiere a Judá. Santiago tuvo dificultades, durante años, con su hermano menor, que no tenía inclinación por ponerse a trabajar ni se podía contar con él para que contribuyera a los gastos del hogar. Aunque vivía en la casa, no era consciente de que tenía que ganar su parte para el mantenimiento de la familia.
1417:3 128:7.4 Jesús era un hombre de paz, y de vez en cuando se sentía apenado por las explosiones belicosas y los numerosos arrebatos patrióticos de Judá. Santiago y José estaban a favor de echarlo de la casa, pero Jesús no quiso consentirlo. Cada vez que llegaban al límite de su paciencia, Jesús sólo les aconsejaba: “Tened paciencia. Sed sabios en vuestros consejos y elocuentes en vuestras vidas, para que vuestro hermano menor pueda conocer primero el mejor camino, y luego se sienta obligado a seguiros por él”. El consejo sabio y afectuoso de Jesús evitó una ruptura en la familia. Permanecieron juntos, pero Judá nunca adquirió la sensatez hasta después de casarse.
1417:4 128:7.5 María hablaba rara vez de la futura misión de Jesús. Cada vez que se mencionaba este asunto, Jesús se limitaba a contestar: “Mi hora aún no ha llegado”. Jesús casi había terminado la difícil tarea de destetar a su familia, para que no tuvieran que depender de la presencia inmediata de su personalidad. Se estaba preparando rápidamente para el día en que pudiera dejar convenientemente este hogar de Nazaret y empezar el preludio más activo de su verdadero ministerio para los hombres.
1417:5 128:7.6 No perdáis nunca de vista el hecho de que la misión principal de Jesús en su séptima donación era adquirir la experiencia de las criaturas, lograr la soberanía de Nebadon. En el acto de reunir los elementos de esta experiencia, efectuó la revelación suprema del Padre del Paraíso a Urantia y a todo su universo local. Concomitante con estos objetivos, también se dedicó a desenredar los complicados asuntos de este planeta en la medida en que estaban relacionados con la rebelión de Lucifer.
1417:6 128:7.7 Jesús disfrutó este año de más horas libres de lo habitual, y consagró mucho tiempo a enseñar a Santiago la administración del taller de reparaciones, y a José la dirección de los asuntos del hogar. María presentía que se estaba preparando para dejarlos. ¿Dejarlos para ir a dónde? ¿Para hacer qué? Casi había abandonado la idea de que Jesús era el Mesías. No podía comprenderlo; simplemente no podía sondear el interior de su hijo primogénito.
1417:7 128:7.8 Jesús pasó este año una gran parte de su tiempo con cada uno de los miembros de su familia. Salía con ellos para dar largos y frecuentes paseos por las colinas y a través del campo. Antes de la cosecha, llevó a Judá a casa de su tío granjero al sur de Nazaret, pero Judá no se quedó mucho tiempo después de la recolección. Huyó de allí y Simón lo encontró más tarde con los pescadores en el lago. Cuando Simón lo trajo de vuelta al hogar, Jesús mantuvo una conversación con el muchacho fugitivo y, puesto que quería ser pescador, fue con él hasta Magdala y lo puso en manos de un pariente que era pescador; desde aquel momento, Judá trabajó bastante bien y con regularidad hasta que contrajo matrimonio, y continuó como pescador después de casarse.
1418:1 128:7.9 Por fin había llegado el día en que todos los hermanos de Jesús habían elegido sus oficios y se habían establecido en ellos. El escenario se estaba preparando para que Jesús abandonara el hogar.
1418:2 128:7.10 En noviembre tuvo lugar una doble boda. Santiago se casó con Esta y Miriam se casó con Jacobo. Fue realmente un feliz acontecimiento. Incluso María estaba de nuevo feliz, excepto cuando se daba cuenta, de vez en cuando, que Jesús se estaba preparando para marcharse. Sufría el peso de una gran incertidumbre. Si Jesús quisiera sentarse y hablar francamente con ella de todo esto como cuando era niño… Pero se había vuelto muy reservado y mantenía un profundo silencio sobre el futuro.
1418:3 128:7.11 Santiago y su esposa Esta se instalaron en una linda casita, regalo del padre de ella, en la parte oeste de la ciudad. Aunque Santiago continuaba manteniendo el hogar de su madre, su contribución se redujo a la mitad a causa de su matrimonio, y José fue nombrado oficialmente por Jesús como cabeza de familia. Judá enviaba ahora fielmente su contribución mensual a la casa. Los enlaces de Santiago y de Miriam ejercieron una influencia muy beneficiosa sobre Judá, y al marcharse para la zona pesquera al día siguiente de la doble boda, le aseguró a José que podía confiar en él “para cumplir con todo mi deber y más si es necesario”. Y mantuvo su promesa.
1418:4 128:7.12 Miriam vivía en la casa de Jacobo, contigua a la de María, pues Jacobo padre había sido enterrado con sus antepasados. Marta ocupó el lugar de Miriam en el hogar, y la nueva organización funcionó sin problemas antes de que terminara el año.
1418:5 128:7.13 Al día siguiente de la doble boda, Jesús tuvo una importante conversación con Santiago. Le contó confidencialmente que se estaba preparando para dejar el hogar. Regaló a Santiago la escritura de propiedad del taller de reparaciones, abdicó de manera oficial y solemne como jefe de la casa de José, e instaló a su hermano Santiago de forma muy afectuosa como “jefe y protector de la casa de mi padre”. Redactó un pacto secreto, que luego firmaron los dos, en el que se estipulaba que a cambio de la donación del taller de reparaciones, Santiago asumiría en adelante toda la responsabilidad financiera de la familia, eximiendo a Jesús de cualquier obligación posterior en esta materia. Después de firmar el contrato y de arreglar el presupuesto de tal manera que la familia pudiera hacer frente a sus gastos reales sin ninguna contribución de Jesús, éste dijo a Santiago: “Hijo mío, no obstante continuaré enviándote algo todos los meses hasta que haya llegado mi hora, pero utiliza lo que yo te envíe según se presenten las circunstancias. Emplea mis fondos
para las necesidades o los placeres de la familia, como te parezca conveniente. Utilízalos en caso de enfermedad o para hacer frente a los incidentes inesperados que puedan sobrevenir a cualquier miembro de la familia”.
1418:6 128:7.14 Así es como Jesús se preparaba para emprender la segunda fase de su vida adulta, separado de los suyos, antes de empezar a ocuparse públicamente de los asuntos de su Padre.
CONTINUACIÓN DE LA VIDA ADULTA DE JESÚSÍNDICE
1419:1 129:0.1 JESÚS se había separado de manera completa y definitiva de la administración de los asuntos domésticos de la familia de Nazaret y de la dirección inmediata de sus miembros. Hasta el día de su bautismo continuó contribuyendo a las finanzas familiares y tomándose un vivo interés personal por el bienestar espiritual de cada uno de sus hermanos y hermanas. Y siempre estaba dispuesto a hacer todo lo que fuera humanamente posible por la comodidad y la felicidad de su madre viuda. Lo tenía ahora todo preparado para separarse de manera permanente del hogar de Nazaret; hacer esto no fue nada fácil para él porque amaba naturalmente a su gente; quería a su familia y este afecto natural había crecido enormemente debido a su extraordinaria dedicación a ellos. Cuanto más plenamente nos entregamos a nuestros semejantes más llegamos a amarlos; puesto que se había dado tan completamente a su familia, los quería con un afecto grande y ferviente. Poco a poco, toda la familia había empezado a comprender que se estaba preparando para dejarlos. La tristeza de la separación que se avecinaba sólo estaba atenuada por esta manera gradual de prepararlos para anunciarles su intención de partir. Durante más de cuatro años observaron que estaba proyectando esta separación final.
EL VIGÉSIMO SÉPTIMO AÑO (AÑO 21 d. de J.C.)
Una lluviosa mañana de domingo del mes de enero del año 21, Jesús se despidió sin ceremonias de su familia, explicándoles solamente que iba a Tiberiades y luego a visitar otras ciudades alrededor del Mar de Galilea. Así se separó de ellos, y nunca más volvió a ser un miembro regular de este hogar.
Pasó una semana en Tiberiades, la nueva ciudad que pronto iba a sustituir a Séforis como capital de Galilea. Como encontró pocas cosas que le interesaran, pasó sucesivamente por Magdala y Betsaida hasta llegar a Cafarnaum, donde se detuvo para visitar a Zebedeo, el amigo de su padre. Los hijos de Zebedeo eran pescadores y él mismo era constructor de barcas. Jesús de Nazaret era un experto en el arte de diseñar y en la construcción; era un maestro trabajando la madera, y Zebedeo conocía desde hacía tiempo la habilidad del artesano de Nazaret. Hacía mucho tiempo que Zebedeo tenía la intención de construir mejores barcas; expuso pues sus proyectos a Jesús, e invitó al carpintero visitante a que se uniera a él en esta empresa. Jesús aceptó con mucho gusto y sólo trabajó con Zebedeo poco más de un año creando un nuevo tipo de barcas con métodos completamente nuevos para su fabricación. Por medio de una técnica superior y de unos métodos mucho mejores para tratar las tablas al vapor, Jesús y Zebedeo empezaron a construir barcas de un tipo muy superior y mucho más seguras para navegar por el lago que los antiguos modelos. Durante varios años Zebedeo tuvo más trabajo, fabricando este nuevo tipo de barcas, del que su pequeña empresa podía producir; en menos de cinco años, prácticamente todas las embarcaciones que navegaban por el lago habían sido construidas en el taller de Zebedeo en Cafarnaum. Jesús se hizo famoso entre los pescadores de Galilea como el diseñador de estas nuevas barcas.
Zebedeo era un hombre medianamente adinerado; sus astilleros se encontraban al borde del lago al sur de Cafarnaum y su casa estaba situada a la orilla del lago cerca del centro de pesca de Betsaida. Jesús vivió en la casa de Zebedeo durante su estancia de más de un año en Cafarnaum. Durante mucho tiempo había trabajado solo en el mundo, es decir sin padre, y disfrutó mucho de este período de trabajo con un socio paternal.
Salomé, la mujer de Zebedeo, era pariente de Anás, antiguo sumo sacerdote en Jerusalén, que había sido destituido hacía sólo ocho años, pero que seguía siendo el miembro más influyente del grupo de los saduceos. Salomé se convirtió en una gran admiradora de Jesús. Lo quería tanto como a sus propios hijos, Santiago, Juan y David, mientras que sus cuatro hijas lo consideraban como su hermano mayor. Jesús salía a menudo a pescar con Santiago, Juan y David, los cuales descubrieron que era tan buen pescador como experto constructor de barcas.
Jesús envió dinero a Santiago todos los meses de este año. En octubre regresó a Nazaret para asistir a la boda de Marta, y durante más de dos años no volvió por Nazaret hasta poco antes de la doble boda de Simón y de Judá.
Jesús construyó barcas durante todo este año y continuó observando cómo vivían los hombres en la tierra. Iba a visitar con frecuencia la parada de las caravanas, pues la ruta directa de Damasco hacia el sur pasaba por Cafarnaum. Cafarnaum era un importante puesto militar romano, y el oficial que mandaba la guarnición era un gentil que creía en Yahvé, “un hombre piadoso”, como los judíos solían designar a estos prosélitos. Este oficial pertenecía a una rica familia romana, y se había echado la obligación de construir una hermosa sinagoga en Cafarnaum, que había donado a los judíos poco antes de que Jesús viniera a vivir con Zebedeo. Jesús dirigió los oficios en esta nueva sinagoga más de la mitad de las veces este año, y algunos de los viajeros de las caravanas que asistieron por casualidad, lo recordaban como el carpintero de Nazaret.
Cuando llegó el momento de pagar los impuestos, Jesús se inscribió como un “artesano cualificado de Cafarnaum”. Desde este día hasta el final de su vida terrestre, fue conocido como un habitante de Cafarnaum. Nunca pretendió tener otra residencia legal, aunque permitió, por diversas razones, que otros fijaran su domicilio en Damasco, Betania, Nazaret e incluso en Alejandría.
Encontró muchos libros nuevos en las arcas de la biblioteca de la sinagoga de Cafarnaum, y pasaba al menos cinco noches por semana estudiando intensamente. Dedicaba una noche a la vida social con los adultos y pasaba otra con los jóvenes. En la personalidad de Jesús había algo de agradable e inspirador que atraía invariablemente a los jóvenes. Siempre hacía que se
sintieran a gusto en su presencia. Quizás su gran secreto para permanecer entre ellos consistía en el doble hecho de que siempre se interesaba por lo que estaban haciendo, mientras que raramente les aconsejaba, a menos que se lo pidieran.
La familia de Zebedeo casi adoraba a Jesús, y nunca dejaban de asistir a las charlas con preguntas y respuestas que dirigía cada noche después de la cena, antes de irse a estudiar a la sinagoga. Los jóvenes de la vecindad también acudían con frecuencia a estas reuniones tras la cena. A estas pequeñas asambleas, Jesús les impartía una enseñanza variada y avanzada, tan avanzada como podían comprender. Hablaba con ellos sin ninguna reserva y exponía sus ideas e ideales sobre la política, la sociología, la ciencia y la filosofía, pero nunca pretendía hablar con una autoridad final excepto cuando discutía de religión —de las relaciones del hombre con Dios.
Una vez por semana, Jesús mantenía una reunión con toda la gente de la casa, el personal del taller y los ayudantes de la costa, pues Zebedeo tenía muchos empleados. Fueron precisamente estos trabajadores los que llamaron a Jesús por primera vez “el Maestro”. Todos lo querían. Le gustaba su trabajo en Cafarnaum con Zebedeo, pero echaba de menos a los niños jugando al lado del taller de carpintería de Nazaret.
De todos los hijos de Zebedeo, Santiago era el que más se interesaba por Jesús como maestro y como filósofo. Juan apreciaba más su enseñanza y sus opiniones sobre la religión. David lo respetaba como artesano, pero hacía poco caso de sus ideas religiosas y de sus enseñanzas filosóficas. 1421:3 129:1.13 Judá venía muchos sábados para escuchar lo que Jesús decía en la sinagoga, y se quedaba para charlar con él. Cuanto más veía a su hermano mayor, más se convencía de que Jesús era realmente un gran hombre.
Jesús hizo este año grandes progresos en la dominación ascendente de su mente humana, y alcanzó niveles nuevos y elevados de contacto consciente con su Ajustador del Pensamiento interior.
Éste fue su último año de vida estable. Jesús nunca más pasó un año entero en el mismo lugar o en la misma tarea. Se estaban acercando rápidamente los días de sus peregrinaciones terrestres. Los períodos de intensa actividad no estaban lejos en el futuro, pero entre su vida simple e intensamente activa del pasado y su ministerio público aún más intenso y arduo, iban a intercalarse ahora unos pocos años de grandes viajes y de actividad personal muy diversificada. Tenía que completar su formación como hombre del mundo antes de emprender su carrera de enseñanza y de predicación como hombre – Dios perfeccionado de las fases divina y posthumana de su donación en Urantia.
EL VIGÉSIMO OCTAVO AÑO (AÑO 22 d. de J.C.)
Jesús se despidió de Zebedeo y de Cafarnaum en marzo del año 22 d. de J.C. Pidió una pequeña suma de dinero para costear sus gastos de viaje hasta Jerusalén. Mientras trabajaba con Zebedeo, sólo había cobrado las pequeñas cantidades de dinero que enviaba mensualmente a su familia de Nazaret. José venía un mes a Cafarnaum para buscar el dinero, y al mes siguiente era Judá quien pasaba por Cafarnaum para recibir el dinero de Jesús y llevarlo a Nazaret. El centro pesquero donde trabajaba Judá sólo estaba a unos kilómetros al sur de Cafarnaum.
Cuando Jesús se despidió de la familia de Zebedeo, acordó con ellos permanecer en Jerusalén hasta la Pascua, y todos prometieron estar presentes para este acontecimiento. Incluso convinieron en celebrar juntos la cena pascual. Todos se entristecieron cuando Jesús se marchó, especialmente las hijas de Zebedeo.
Antes de dejar Cafarnaum, Jesús tuvo una larga conversación con su nuevo amigo e íntimo compañero Juan Zebedeo. Le dijo que pensaba viajar mucho hasta que “llegue mi hora”, y le pidió que cada mes enviara en su nombre algún dinero a la familia de Nazaret, hasta que se agotaran los fondos que se le debían. Juan le hizo esta promesa: “Maestro, dedícate a tus asuntos y haz tu trabajo en el mundo. Actuaré en tu lugar en éste y en cualquier otro asunto, y velaré por tu familia como si tuviera que mantener a mi propia madre y cuidar a mis propios hermanos y hermanas. Emplearé los fondos que te debe mi padre tal como has indicado y según se necesiten. Cuando tu dinero se haya agotado, si no recibo más de ti y tu madre se encontrara en la necesidad, entonces compartiré mi propio salario con ella. Puedes emprender tu camino en paz. Actuaré en tu lugar en todas estas cuestiones”.
Después de que Jesús partiera para Jerusalén, Juan consultó con su padre Zebedeo sobre el dinero que se le debía a Jesús, y se quedó sorprendido de que la suma fuera tan importante. Como Jesús había dejado el asunto completamente entre sus manos, acordaron que lo mejor sería invertir estos fondos en inmuebles y utilizar la renta para ayudar a la familia de Nazaret. Zebedeo conocía una casita de Cafarnaum que estaba hipotecada y en venta, por lo que recomendó a Juan que la comprara con el dinero de Jesús, y guardara la escritura en depósito para su amigo. Juan hizo lo que su padre le aconsejó. Durante dos años, el arrendamiento de la casa se utilizó para pagar la hipoteca, y esto, unido a una importante cantidad de dinero que Jesús envió a Juan poco después para que la familia lo utilizara según sus necesidades, fue casi suficiente para cancelar esta deuda. Zebedeo añadió la diferencia, de manera que Juan pagó el resto de la hipoteca a su vencimiento, consiguiendo así una escritura libre de cargas para esta casa de dos piezas. De esta manera Jesús se convirtió, sin saberlo, en propietario de una casa en Cafarnaum.
Cuando la familia de Nazaret se enteró de que Jesús se había marchado de Cafarnaum, como no sabían nada de este arreglo financiero con Juan, creyeron que les había llegado la hora de salir adelante sin contar con su ayuda. Santiago se acordó de su pacto con Jesús y, con la ayuda de sus hermanos, asumió inmediatamente toda la responsabilidad de cuidar a la familia.
Pero volvamos atrás para observar a Jesús en Jerusalén. Durante cerca de dos meses, pasó la mayor parte de su tiempo escuchando las discusiones en el templo, y realizando visitas ocasionales a las diversas escuelas de rabinos. La mayoría de los sábados los pasaba en Betania.
Jesús había llevado consigo a Jerusalén una carta de la mujer de Zebedeo, dirigida al antiguo sumo sacerdote Anás, en la que Salomé lo presentaba como “si fuera mi propio hijo”. Anás pasó mucho tiempo con él, llevándolo personalmente a visitar las numerosas academias de los educadores religiosos de Jerusalén. Jesús inspeccionó a fondo estas escuelas y observó cuidadosamente sus métodos de enseñanza, pero no hizo ni una sola pregunta en público. Aunque Anás consideraba a Jesús como un gran hombre, no sabía bien cómo aconsejarle. Reconocía que sería una tontería sugerirle que ingresara como estudiante en una de las escuelas de Jerusalén, y sin embargo sabía muy bien que nunca concederían a Jesús la categoría de profesor titular, ya que nunca se había formado en estas escuelas.
La época de la Pascua se estaba acercando, y junto con el gentío que venía de todas partes, Zebedeo y toda su familia llegaron a Jerusalén procedentes de Cafarnaum. Todos se alojaron en la espaciosa casa de Anás, donde celebraron la Pascua como una familia unida y feliz.
Antes de finalizar esta semana pascual, y aparentemente por casualidad, Jesús conoció a un rico viajero y a su hijo, un joven de unos diecisiete años. Estos viajeros procedían de la India, y mientras iban de camino para visitar Roma y otros diversos lugares del Mediterráneo, habían planeado llegar a Jerusalén durante la Pascua, con la esperanza de encontrar a alguien a quien poder contratar como intérprete para los dos y como preceptor para el hijo. El padre insistió para que Jesús consintiera en viajar con ellos. Jesús le habló de su familia y de que no era muy razonable marcharse por un período de casi dos años, durante los cuales podrían pasar necesidades. Entonces este viajero de Oriente le propuso a Jesús adelantarle el salario de un año, de manera que pudiera confiar estos fondos a sus amigos para proteger a su familia de la pobreza. Y Jesús aceptó hacer el viaje.
Jesús entregó esta importante cantidad a Juan, el hijo de Zebedeo. Y ya sabéis cómo utilizó este dinero para liquidar la hipoteca de la propiedad de Cafarnaum. Jesús confió a Zebedeo todo lo relacionado con este viaje por el Mediterráneo, pero le encargó que no se lo dijera a nadie, ni siquiera a los de su propia carne y sangre. Zebedeo no reveló nunca que conocía el paradero de Jesús durante este largo período de casi dos años. Antes de que Jesús regresara de este viaje, la familia de Nazaret estaba a punto de darlo por muerto. Solamente las aseveraciones de Zebedeo, que fue a Nazaret en diversas ocasiones con su hijo Juan, mantuvieron viva la esperanza en el corazón de María.
Durante este período, la familia de Nazaret se las arregló bastante bien. Judá había aumentado considerablemente su cuota y mantuvo esta contribución adicional hasta que se casó. A pesar del poco apoyo que necesitaban, Juan Zebedeo cogió la costumbre de presentarse cada mes con unos regalos para María y para Ruth, de acuerdo con las instrucciones de Jesús.
EL VIGÉSIMO NOVENO AÑO (AÑO 23 d. de J.C.)
Jesús pasó todo su vigésimo noveno año completando su periplo por el mundo mediterráneo. En la medida en que se nos ha permitido revelar estas experiencias, los principales acontecimientos de este viaje constituyen la materia de la narración que sigue inmediatamente a este capítulo.
Durante todo este recorrido por el mundo romano, a Jesús se le conoció, por muchas razones, como el escriba de Damasco. Sin embargo, en Corinto y en otras escalas del viaje de vuelta, fue conocido como el preceptor judío.
Éste fue un período extraordinario en la vida de Jesús. Durante este viaje efectuó muchos contactos con sus semejantes, pero esta experiencia es una fase de su vida que nunca reveló a ningún miembro de su familia y a ninguno de los apóstoles. Jesús vivió toda su vida en la carne y dejó este mundo sin que nadie supiera (excepto Zebedeo de Betsaida) que había hecho este gran viaje. Algunos de sus amigos pensaban que había vuelto a Damasco; otros creían que se había ido a la India. Su propia familia tendía a creer que estaba en Alejandría, porque sabían que una vez lo habían invitado a ir allí para convertirse en el ayudante del chazán.
Cuando Jesús volvió a Palestina, no hizo nada por cambiar la opinión de su familia de que había ido desde Jerusalén hasta Alejandría; les dejó que continuaran creyendo que todo el tiempo que había estado fuera de Palestina lo había pasado en aquella ciudad de erudición y de cultura. Únicamente Zebedeo, el constructor de barcas de Betsaida, conocía los hechos sobre esta cuestión, y Zebedeo no se lo dijo a nadie.
En todos vuestros esfuerzos por descifrar el significado de la vida de Jesús en Urantia, tenéis que recordar los motivos de la donación de Miguel. Si queréis comprender el significado de muchas de sus acciones aparentemente extrañas, tenéis que discernir el propósito de su estancia en vuestro mundo. Tuvo la constante cautela de no fabricar una carrera personal demasiado atractiva que acaparara toda la atención. No quería emplear recursos excepcionales o abrumadores con sus semejantes. Estaba dedicado al trabajo de revelar el Padre celestial a sus compañeros mortales, y al mismo tiempo se consagraba a la tarea sublime de vivir su vida terrestre mortal constantemente sometido a la voluntad de este mismo Padre del Paraíso.
Para comprender la vida de Jesús en la tierra, siempre será útil también que todos los mortales que estudian esta donación divina recuerden que, aunque vivió esta vida de encarnación en Urantia, la vivió para todo su universo. En la vida que vivió en la carne de naturaleza mortal, había algo especial e inspirador para cada una de las esferas habitadas de todo el universo de Nebadon. Esto también es así para todos aquellos mundos que se han vuelto habitables después de la época memorable de su estancia en Urantia. Y esto mismo será igualmente cierto en todos los mundos que puedan ser habitados por criaturas volitivas, en toda la historia futura de este universo local.
Gracias a las experiencias de este periplo por el mundo romano, y mientras duró el mismo, el Hijo del Hombre completó prácticamente su aprendizaje educativo por contacto con los pueblos tan diversos del mundo de su época y de su generación. En el momento de su regreso a Nazaret, y debido a lo que había aprendido viajando, ya conocía prácticamente cómo el hombre vivía
y forjaba su existencia en Urantia.
El verdadero objetivo de su recorrido alrededor de la cuenca del Mediterráneo era conocer a los hombres. Estuvo en estrecho contacto con centenares de seres humanos en este viaje. Conoció y amó a toda clase de hombres, ricos y pobres, poderosos y humildes, negros y blancos, instruidos e iletrados, cultos e incultos, brutos y espirituales, religiosos e irreligiosos, morales e inmorales.
En este viaje por el Mediterráneo, Jesús efectuó un gran avance en su tarea humana de dominar la mente material y mortal, y su Ajustador interior progresó mucho en la ascensión y la conquista espiritual de este mismo intelecto humano. Al finalizar este periplo, Jesús sabía implícitamente —con toda certidumbre humana— que era un Hijo de Dios, un Hijo Creador del Padre Universal. El Ajustador era cada vez más capaz de traer a la mente del Hijo del Hombre recuerdos nebulosos de su experiencia paradisiaca cuando estaba en asociación con su Padre divino, mucho antes de venir a organizar y administrar este universo local de Nebadon. Así, poco a poco, el Ajustador trajo a la conciencia humana de Jesús los recuerdos necesarios de su anterior existencia divina en las diversas épocas de un pasado casi eterno. El último episodio de su experiencia prehumana, puesto de manifiesto por el Ajustador, fue su conversación de despedida con Manuel de Salvington poco antes de abandonar su personalidad consciente para emprender su encarnación en
Urantia. La imagen de este último recuerdo de su existencia prehumana apareció con toda claridad en la conciencia de Jesús el mismo día que Juan lo bautizó en el Jordán.
EL JESÚS HUMANO
Para las inteligencias celestiales del universo local que lo observaban, este viaje por el Mediterráneo fue la más cautivadora de todas las experiencias terrestres de Jesús, al menos de toda su carrera hasta el momento de su crucifixión y de su muerte física. Éste fue el período fascinante de su ministerio personal, en contraste con la época de ministerio público que pronto le seguiría. Este episodio único en su género fue aún más sobresaliente porque en aquel momento era todavía el carpintero de Nazaret, el constructor de barcas de Cafarnaum, el escriba de Damasco; era todavía el Hijo del Hombre. Aún no había conseguido el dominio completo de su mente humana; el Ajustador no había dominado ni transcrito plenamente la identidad mortal. Era todavía un hombre entre los hombres.
La experiencia religiosa puramente humana del Hijo del Hombre el crecimiento espiritual personal alcanzó casi la cima de lo accesible durante este año, el vigésimo noveno de su vida. Esta experiencia de desarrollo espiritual fue un crecimiento permanentemente gradual desde el momento en que llegó su Ajustador del Pensamiento hasta el día en que finalizó y se confirmó esta relación humana normal y natural entre la mente material del hombre y la dotación mental del espíritu. El fenómeno de fundir estas dos mentes en una sola fue una experiencia que el Hijo del Hombre alcanzó de manera completa y final, como mortal encarnado del mundo, el día de su bautismo en el Jordán.
A través de todos estos años, aunque no parecía dedicarse a muchos períodos de comunión formal con su Padre celestial, perfeccionó unos métodos cada vez más eficaces para comunicarse personalmente con la presencia espiritual interior del Padre del Paraíso. Vivió una vida real, una vida plena y una verdadera vida en la carne, normal, natural y corriente. Conoce por experiencia personal lo equivalente a la actualidad de toda la suma y sustancia de la vida que viven los seres humanos en los mundos materiales del tiempo y del espacio.
Experimentó la amplia gama de emociones humanas que van desde la alegría más espléndida al dolor más profundo. Era un niño alegre y un ser con un buen humor poco común; era igualmente un “varón de dolores que conocía las aflicciones”. En un sentido espiritual, atravesó la vida mortal desde el punto más bajo hasta el más elevado, desde el principio hasta el fin. Desde un punto de vista material, podría parecer que evitó vivir en los dos extremos sociales de la existencia humana, pero intelectualmente se familiarizó totalmente con la experiencia entera y completa de la humanidad.
Conoce los pensamientos y los sentimientos, los deseos y los impulsos, de los mortales evolutivos y ascendentes de los mundos, desde el nacimiento hasta la muerte. Ha vivido la vida humana desde los principios del yo físico, intelectual y espiritual, pasando por la infancia, la adolescencia, la juventud y la madurez, llegando incluso hasta la experiencia humana de la muerte. No solamente pasó por estos períodos humanos, normales y conocidos, de avance intelectual y espiritual, sino que también experimentó plenamente las fases superiores y más avanzadas de aproximación entre el ser humano y su Ajustador, que tan pocos mortales de Urantia consiguen alcanzar. Así pues, experimentó en su plenitud la vida del hombre mortal, no sólo tal como se vive en vuestro mundo, sino también tal como se vive en todos los demás mundos evolutivos del tiempo y del espacio, e incluso en los más elevados y avanzados de los mundos establecidos en la luz y la vida.
Esta vida perfecta que vivió en la similitud de la carne mortal quizás no haya recibido la aprobación completa y universal de sus compañeros mortales, de aquellos que fueron casualmente sus contemporáneos en la tierra; sin embargo, la vida encarnada que Jesús de Nazaret vivió en Urantia sí recibió la plena y completa aprobación del Padre Universal, porque constituía, al mismo tiempo y en una sola y misma vida de personalidad, la plenitud de la revelación del Dios eterno al hombre mortal, y la presentación de una personalidad humana perfeccionada que satisfacía plenamente al Creador Infinito.
Éste fue su objetivo verdadero y supremo. No descendió para vivir como el ejemplo perfecto y detallado a seguir por cualquier niño o adulto, por cualquier hombre o mujer, de aquella época o de cualquier otra. En verdad es cierto que todos podemos encontrar en su vida plena, rica, hermosa y noble, muchos elementos exquisitamente ejemplares y divinamente inspiradores, pero esto es así porque vivió una vida verdadera y auténticamente humana. Jesús no vivió su vida en la tierra para establecer un ejemplo a imitar por todos los demás seres humanos. Vivió esta vida en la carne mediante el mismo ministerio de misericordia que todos vosotros podéis utilizar para vivir vuestra vida en la tierra. Al vivir su vida mortal en su época y tal como él era, estableció un ejemplo para que todos nosotros vivamos también la nuestra en nuestra época y tal como somos. Quizás no aspiréis a vivir su vida, pero podéis decidir vivir la vuestra como él vivió la suya, y por los mismos medios. Jesús puede que no sea el ejemplo técnico y detallado para todos los mortales de todos los tiempos en todos los planetas de este universo local, pero es eternamente la inspiración y guía de todos los peregrinos con destino paradisiaco procedentes de los mundos de ascensión inicial, que pasan a través del universo de universos y de Havona hasta el Paraíso. Jesús es el nuevo camino viviente que va desde el hombre hasta Dios, de lo parcial a lo perfecto, de lo terrenal a lo celestial, del tiempo a la eternidad.
Al final de su vigésimo noveno año, Jesús de Nazaret casi había terminado de vivir la vida que se exige a los mortales como residentes temporales en la carne. Trajo a la tierra toda la plenitud de Dios que se puede manifestar al hombre; ahora casi se había convertido en la perfección del hombre que espera la ocasión para manifestarse a Dios. Y realizó todo esto antes de cumplir los treinta años.
EL VIAJE por el mundo romano consumió la mayor parte del año veintiocho y todo el año veintinueve de la vida de Jesús en la tierra. Jesús y los dos nativos de la India Gonod y su hijo Ganid salieron de Jerusalén el domingo por la mañana 26 de abril del año 22. Llevaron a cabo su viaje tal como lo habían programado, y Jesús se despidió del padre y del hijo en la ciudad de Charax, en el Golfo Pérsico, el 10 de diciembre del año siguiente, el año 23. Desde Jerusalén se dirigieron a Cesaréa pasando por Jope.
DISCURSO SOBRE JONÁS. Durante su estancia en Jope, Jesús conoció a Gadía, un intérprete filisteo que trabajaba para un curtidor llamado Simón. Los agentes de Gonod en Mesopotamia habían hecho muchos negocios con este Simón; por eso Gonod y su hijo deseaban visitarlo camino de Cesaréa. Mientras permanecieron en Jope, Jesús y Gadía se hicieron buenos amigos. El joven filisteo era un buscador de la verdad. Jesús era un dador de la verdad; él era la verdad para esa generación en Urantia. Cuando un gran buscador y un gran dador de la verdad se encuentran, se produce una gran iluminación liberadora surgida de la experiencia de la nueva verdad.
Un día, después de la cena, Jesús y el joven filisteo paseaban por la orilla del mar y Gadía, sin saber que este “escriba de Damasco” estaba tan bien versado en las tradiciones hebreas, mostró a Jesús el lugar donde Jonás supuestamente había embarcado para su funesto viaje a Tarsis. Cuando concluyó sus comentarios, hizo a Jesús la pregunta siguiente: “¿Tú crees que el gran pez se tragó realmente a Jonás?”. Jesús percibió que la vida del joven había estado enormemente influenciada por esta tradición, y que sus reflexiones al respecto le habían inculcado la locura de intentar huir del
deber. Por lo tanto, Jesús no dijo nada que pudiera destruir repentinamente las motivaciones fundamentales que guiaban a Gadía en su vida práctica. En respuesta a la pregunta, Jesús dijo: “Amigo mío, todos somos como Jonás, con una vida que vivir de acuerdo con la voluntad de Dios. Cada vez que tratamos de esquivar el deber de la vida diaria para ir en busca de tentaciones lejanas, nos ponemos inmediatamente bajo el dominio de influencias que no están dirigidas por los poderes de la verdad ni por las fuerzas de la rectitud. Huir del deber es sacrificar la verdad. Evadirse del servicio de la luz y la vida sólo puede llevar a esos conflictos angustiosos con las temibles ballenas del egoísmo, que al final conducen a las tinieblas y a la muerte, a menos que esos Jonases que han abandonado a Dios deseen, incluso estando en lo más profundo de su desesperación, volver su corazón hacia la búsqueda de Dios y su bondad. Cuando estas almas desalentadas buscan sinceramente a Dios —con hambre de verdad y sed de rectitud— no hay nada que pueda retenerlas por más tiempo en cautiverio. Por muy profundos que sean los abismos donde puedan haber caído, cuando buscan la luz de todo corazón, el espíritu del Señor Dios de los cielos las libera de sus cadenas; las tribulaciones de la vida las arrojan a la tierra firme de las nuevas oportunidades para un servicio renovado y una vida más sabia”.
Gadía se sintió muy conmovido por la enseñanza de Jesús. Siguieron conversando a la orilla del mar hasta muy entrada la noche, y antes de regresar a sus alojamientos, rezaron juntos y el uno por el otro. Este mismo Gadía escuchó las predicaciones posteriores de Pedro, se convirtió en un profundo creyente en Jesús de Nazaret, y tuvo una noche una memorable controversia con Pedro en casa de Dorcas. Gadía también contribuyó mucho para que Simón, el rico mercader de cuero, se decidiera a abrazar el cristianismo.
(En este relato de la obra personal de Jesús con sus semejantes mortales durante su viaje por el Mediterráneo, y de acuerdo con el permiso que hemos recibido, traduciremos libremente sus palabras a la terminología moderna que se emplea en Urantia en el momento de esta presentación). La última conversación de Jesús con Gadía trató sobre el bien y el mal. Este joven filisteo estaba bastante desconcertado por el sentimiento de injusticia que le producía la presencia del mal conviviendo con el bien en el mundo. Dijo: “Si Dios es infinitamente bueno, ¿cómo puede permitir que suframos las penas del mal?. Después de todo, ¿quién crea el mal?” En aquellos tiempos, mucha gente creía todavía que Dios creaba a la vez el bien y el mal, pero Jesús nunca enseñó un error semejante. Al responder a esta pregunta, Jesús dijo: “Hermano mío, Dios es amor, por lo tanto debe ser bueno, y su bondad es tan grande y real que no puede contener las cosas pequeñas e irreales del mal. Dios es tan positivamente bueno que no hay absolutamente ninguna cabida en él para el mal negativo. El mal es la elección inmadura y el paso en falso irreflexivo de los que se resisten a la bondad, rechazan la belleza y traicionan la verdad. El mal sólo es la inadaptación de la inmadurez la influencia desintegradora y deformadora de la ignorancia. El mal es la inevitable oscuridad que sigue de cerca al rechazo imprudente de la luz. El mal es lo tenebroso y lo falso; cuando se abraza conscientemente y se aprueba voluntariamente, se convierte en pecado.
“Al dotarte de la facultad de escoger entre la verdad y el error, tu Padre celestial ha creado el potencial negativo de la vía positiva de la luz y la vida; pero los errores del mal no existen realmente hasta el momento en que una criatura inteligente quiere que existan, por una mala elección de su manera de vivir. Estos males se elevan posteriormente a la categoría de pecado mediante la elección consciente y deliberada de esa misma criatura obstinada y rebelde. Por eso, nuestro Padre que está en los cielos permite que el bien y el mal continúen juntos su camino hasta el final de la vida, al igual que la naturaleza permite que el trigo y la cizaña crezcan juntos hasta el momento de la siega”. Gadía quedó plenamente satisfecho con la respuesta de Jesús a su pregunta, después de que la discusión posterior clarificara en su mente el verdadero significado de estas importantes declaraciones.
EN CESAREA. Jesús y sus amigos permanecieron en Cesaréa más tiempo del que habían previsto, porque se descubrió que uno de los enormes remos que gobernaban la nave en la que pensaban embarcarse corría peligro de romperse. El capitán decidió permanecer en el puerto mientras fabricaban uno nuevo. Había escasez de carpinteros cualificados para esta tarea, y Jesús se ofreció voluntariamente para ayudar. Por las noches, Jesús y sus amigos paseaban por la hermosa muralla que servía de paseo alrededor del puerto. A Ganid le interesó mucho la explicación de Jesús sobre el sistema de canalización de las aguas de la ciudad y la técnica que utilizaban al emplear las mareas para lavar las calles y alcantarillas de la ciudad. El joven indio se sintió muy impresionado por el templo de Augusto, situado en una elevación y rematado con una estatua colosal del emperador romano. La segunda tarde de su estancia, los tres asistieron a un espectáculo en el enorme anfiteatro que podía contener veinte mil personas sentadas, y aquella misma noche fueron a ver una obra griega en el teatro. Estos eran los primeros espectáculos de este tipo que Ganid había visto en su vida, e hizo muchas preguntas a Jesús acerca de ellos. El tercer día por la mañana hicieron una visita oficial al palacio del gobernador, porque Cesaréa era la capital de Palestina y la residencia del procurador romano.
En su posada también estaba alojado un mercader de Mongolia, y como este oriental hablaba bastante bien el griego, Jesús mantuvo varias largas conversaciones con él. Este hombre se quedó muy impresionado con la filosofía de vida de Jesús y no olvidó nunca sus sabias palabras sobre “la manera de vivir la vida celestial en la tierra, sometiéndose diariamente a la voluntad del Padre celestial”. Este mercader era taoísta, y por ello se había convertido en un firme creyente en la doctrina de una Deidad universal. Al regresar a Mongolia, empezó a enseñar estas verdades avanzadas a sus vecinos y a sus asociados en los negocios, y como resultado directo de estas actividades, su hijo mayor decidió hacerse sacerdote taoísta. Durante toda su vida, este joven ejerció una gran influencia en favor de la verdad avanzada; fue sucedido en esta vía por un hijo y un nieto, que también se consagraron fielmente a la doctrina del Dios Único —el Soberano Supremo del Cielo.
Aunque la rama oriental de la iglesia cristiana primitiva, que tenía su centro en Filadelfia, permaneció más fiel a las enseñanzas de Jesús que la hermandad de Jerusalén, es lamentable que no hubiera nadie como Pedro que fuera a China, o como Pablo que viajara a la India, donde el terreno espiritual era entonces tan favorable para plantar la semilla del nuevo evangelio del reino. Estas mismas enseñanzas de Jesús, tal como las sostenían los filadelfianos, hubieran suscitado en las mentes de los pueblos asiáticos espiritualmente hambrientos, el mismo interés inmediato y efectivo que las predicaciones de Pedro y de Pablo suscitaron en occidente.
Un día, uno de los jóvenes que trabajaban con Jesús en el remo del timón se mostró muy interesado por las palabras que este último dejaba caer de vez en cuando mientras trabajaban en el astillero. Cuando Jesús sugirió que el Padre que está en los cielos se interesaba por el bienestar de sus hijos en la tierra, este joven griego llamado Anaxando dijo: “Si los Dioses se interesan por mí, entonces ¿por qué no quitan al capataz cruel e injusto que dirige este taller?”. Se quedó sorprendido cuando Jesús replicó: “Puesto que conoces los caminos de la bondad y valoras la justicia, tal vez los Dioses han puesto este hombre equivocado cerca de ti para que puedas guiarlo por ese camino mejor. Quizás tú eres la sal que puede hacer a este hermano más agradable para todos los demás hombres, es decir, si no has perdido tu sabor. Tal como están las cosas, este hombre es tu amo porque sus malos procedimientos te influencian desfavorablemente. ¿Por qué no afirmar tu dominio sobre el mal mediante el poder de la bondad, convirtiéndote así en el amo de todas las relaciones entre vosotros dos?. Puedo predecir que el bien que hay en ti podría vencer al mal que hay en él, si le dieras una oportunidad honrada y vivificante. En el transcurso de la existencia mortal no hay aventura más apasionante que la alegría de asociarse, en la vida material, con la energía espiritual y la verdad divina en una de sus luchas victoriosas contra el error y el mal. Es una experiencia maravillosa y transformadora la de convertirse en el canal viviente de la luz espiritual para los mortales que permanecen en las tinieblas espirituales. Si estás más favorecido por la verdad que este hombre, su necesidad debería ser un desafío para ti. ¡Seguramente no serás un cobarde, capaz de permanecer en la orilla del mar mirando cómo perece un compañero que no sabe nadar!. ¡Cuánto más valiosa es el alma de este hombre que se debate en las tinieblas, comparada con su cuerpo que se ahoga en el mar!”.
Anaxando se sintió profundamente conmovido por las palabras de Jesús. No tardó en contar a su superior lo que Jesús le había dicho, y aquella misma noche, los dos pidieron a Jesús que les aconsejara sobre el bienestar de sus almas. Mucho más tarde, después de haberse proclamado en Cesaréa el mensaje cristiano, estos dos hombres, uno griego y el otro romano, creyeron en la predicación de Felipe y se convirtieron en miembros influyentes de la iglesia fundada por él. Posteriormente, este joven griego fue nombrado intendente de un centurión romano llamado Cornelio, que se hizo creyente a través del ministerio de Pedro. Anaxando continuó aportando la luz a los que estaban en las tinieblas hasta la época en que Pablo fue encarcelado en Cesaréa. Pereció accidentalmente mientras socorría a los heridos y moribundos, durante la gran masacre en la que murieron veinte mil judíos.
Por esta época, Ganid empezó a darse cuenta de que su tutor empleaba sus ratos libres en este ministerio personal inusual hacia sus semejantes, y el joven indio decidió descubrir el motivo de estas actividades incesantes. Preguntó: “¿Por qué te ocupas continuamente en hablar con extraños?” Y Jesús respondió: “Ganid, ningún hombre es un extraño para el que conoce a Dios. En la experiencia de encontrar al Padre que está en los cielos, descubres que todos los hombres son tus hermanos, y ¿no es normal que uno sienta alegría al encontrarse con un hermano recién descubierto?. Conocer a nuestros hermanos y hermanas, comprender sus problemas y aprender a amarlos, es la experiencia suprema de la vida”.
Fue una conversación que duró hasta bien entrada la noche, en el transcurso de la cual el joven pidió a Jesús que le explicara la diferencia entre la voluntad de Dios y el acto mental humano de elegir, que también se llama voluntad. En sustancia, Jesús dijo: La voluntad de Dios es el camino de Dios, el asociarse con la elección de Dios frente a cualquier alternativa potencial. En consecuencia, hacer la voluntad de Dios es la experiencia progresiva de parecerse cada vez más a Dios y Dios es el origen y el destino de todo lo que es bueno, bello y verdadero. La voluntad del hombre es el camino del hombre, la suma y la sustancia de lo que el mortal escoge ser y hacer. La voluntad es la elección deliberada de un ser auto – consciente, que lleva a la conducta decidida basada en la reflexión inteligente.
Aquella tarde, Jesús y Ganid habían disfrutado jugando con un perro pastor muy inteligente, y Ganid quiso saber si el perro tenía alma, si tenía voluntad. En respuesta a sus preguntas, Jesús dijo: “El perro tiene una mente que puede conocer al hombre material, su dueño, pero no puede conocer a Dios que es espíritu. Así pues, no posee naturaleza espiritual y no puede disfrutar de una experiencia espiritual. Puede tener una voluntad derivada de la naturaleza y acrecentada por el adiestramiento, pero este poder de la mente no es fuerza espiritual, ni tampoco es comparable con la voluntad humana, porque no es reflexiva, no es el resultado de la discriminación de los significados superiores y morales, o de la elección de los valores espirituales y eternos. La posesión de estos poderes de discriminación espiritual y de elección de la verdad es lo que convierte al hombre mortal en un ser moral, en criatura dotada de los atributos de la responsabilidad espiritual y del potencial de la supervivencia eterna”. Jesús siguió explicando que la ausencia de estos poderes mentales en los animales, es lo que hace imposible para siempre que el mundo animal pueda desarrollar un lenguaje en el tiempo o experimentar algo que se parezca a la supervivencia de la personalidad en la eternidad. Como consecuencia de la lección de este día, Ganid no creyó nunca más en la transmigración de las almas humanas a los cuerpos de los animales.
Al día siguiente, Ganid discutió de todo esto con su padre y en respuesta a una pregunta de Gonod, Jesús explicó que “las voluntades humanas que se dedican exclusivamente a tomar decisiones temporales relacionadas con los problemas materiales de la existencia animal, están condenadas a perecer en el tiempo. Las que toman decisiones morales sinceras y efectúan elecciones espirituales incondicionales, se identifican así progresivamente con el espíritu interior y divino, y se van transformando cada vez más en valores de supervivencia eterna: una progresión sin fin de servicio divino”. Fue este mismo día cuando oímos por primera vez esa verdad capital que, enunciada en términos modernos, significaría: “La voluntad es esa manifestación de la mente humana que permite a la conciencia subjetiva expresarse objetivamente y experimentar el fenómeno de aspirar a ser semejante a Dios”. Es en este mismo sentido como todo ser humano reflexivo e inclinado hacia el espíritu puede volverse creativo.
EN ALEJANDRÍA. La estancia en Cesaréa había estado llena de acontecimientos; cuando el barco estuvo listo, Jesús y sus dos amigos zarparon un día al mediodía hacia Alejandría en Egipto. En Cesaréa cogieron un barco para Alejandría. La travesía fue sumamente agradable para los tres. Ganid estaba encantado con el viaje y mantenía ocupado a Jesús contestando a sus preguntas. Al acercarse al puerto de la ciudad, el joven se emocionó al ver el gran faro de Faros, situado en la isla que Alejandro había unido con la tierra firme a través de un dique, creando así dos magníficas ensenadas que hicieron de Alejandría la encrucijada comercial marítima de África, Asia y Europa. Este gran faro era una de las siete maravillas del mundo y el precursor de todos los faros posteriores. Por la mañana se levantaron temprano para contemplar este magnífico dispositivo salvavidas creado por el hombre, y en medio de las exclamaciones de Ganid, Jesús dijo: “Y tú, hijo mío, te parecerás a este faro cuando regreses a la India, incluso cuando tu padre descanse en paz. Serás como la luz de la vida para los que estén a tu alrededor en las tinieblas, mostrando a todos los que lo deseen el camino seguro para llegar al puerto de la salvación”. Estrechando la mano de Jesús, Ganid le dijo: “Lo seré”.
Subrayamos de nuevo que los primeros maestros de la religión cristiana cometieron un grave error al concentrarse exclusivamente en la civilización occidental del mundo romano. Las enseñanzas de Jesús, tal como las conservaban los creyentes mesopotámicos del siglo primero, hubieran sido recibidas con placer por los diversos grupos religiosos de Asia.
A las cuatro horas de desembarcar, ya estaban instalados cerca del extremo oriental de la gran avenida, de treinta metros de ancha y ocho kilómetros de larga, que llegaba hasta los límites occidentales de esta ciudad de un millón de habitantes. Después de echar una primera ojeada a las principales atracciones de la ciudad —la universidad (museo), la biblioteca, el mausoleo real de Alejandro, el palacio, el templo de Neptuno, el teatro y el gimnasio— Gonod se dedicó a sus negocios mientras que Jesús y Ganid se fueron a la biblioteca, la más grande del mundo. Aquí había cerca de un millón de manuscritos de todos los países civilizados: Grecia, Roma, Palestina, Partia, India, China e incluso Japón. En esta biblioteca, Ganid vio la mayor colección de literatura india de todo el mundo, y durante su estancia en Alejandría pasaron en este lugar un rato cada día. Jesús contó a Ganid que las escrituras hebreas habían sido traducidas al griego en este lugar. Discutieron
una y otra vez de todas las religiones del mundo, y Jesús se esforzó en enseñar a esta mente joven la verdad que contenía cada una de ellas, añadiendo siempre: “Pero Yahvé es el Dios que surgió de las revelaciones de Melquisedec y del pacto con Abraham. Los judíos eran los descendientes de Abraham y ocuparon posteriormente la misma tierra en la que Melquisedec había vivido y enseñado, y desde la cual envió maestros a todo el mundo; y su religión acabó describiendo al Señor Dios de Israel como Padre Universal que está en los cielos, reconociéndolo de manera más clara que cualquier otra religión del mundo”.
Bajo la dirección de Jesús, Ganid hizo una recopilación de las enseñanzas de todas las religiones del mundo que reconocían a una Deidad Universal, aunque pudieran admitir también otras deidades subordinadas. Después de muchas discusiones, Jesús y Ganid decidieron que los romanos no tenían ningún verdadero Dios en su religión, la cual no era mucho más que un culto al emperador. Llegaron a la conclusión de que los griegos tenían una filosofía, pero difícilmente una religión con un Dios personal. Descartaron los cultos de misterio debido a la confusión de su multiplicidad, y a que sus conceptos variados de la Deidad parecían derivarse de otras religiones y de religiones más antiguas.
Aunque estas traducciones se hicieron en Alejandría, Ganid no arregló definitivamente esta selección y añadió sus propias conclusiones personales hasta finales de su estancia en Roma. Se sorprendió mucho al descubrir que los mejores autores de literatura sagrada del mundo reconocían todos, más o menos claramente, la existencia de un Dios eterno, y concordaban mucho en cuanto al carácter de este Dios y sus relaciones con el hombre mortal.
Jesús y Ganid pasaron mucho tiempo en el museo durante su estancia en Alejandría. Este museo no era una colección de objetos raros, sino más bien una universidad de bellas artes, ciencia y literatura. Profesores eruditos daban allí conferencias diarias, y en aquellos tiempos era el centro intelectual del mundo occidental. Día tras día, Jesús interpretaba las conferencias para Ganid. Cierto día, durante la segunda semana, el joven exclamó: “Maestro Josué, tú sabes más que todos estos profesores; deberías levantarte y decirles las grandes cosas que me has enseñado. Están confundidos porque piensan demasiado. Hablaré con mi padre para que arregle esto”. Jesús sonrió y le dijo: “Eres un alumno admirativo, pero estos maestros no están dispuestos a que tú y yo les enseñemos nada. El orgullo de la erudición no espiritualizada es una trampa en la experiencia humana. El verdadero maestro mantiene su integridad intelectual permaneciendo siempre como un alumno”.
Alejandría era el lugar donde se mezclaban las culturas occidentales, y la ciudad más grande y magnífica del mundo después de Roma. Aquí se encontraba la sinagoga judía más grande del mundo, con la sede administrativa del sanedrín de Alejandría, los setenta ancianos dirigentes. Entre las muchas personas con quienes Gonod hizo transacciones mercantiles, había cierto banquero judío llamado Alejandro, cuyo hermano Filón era un famoso filósofo religioso de esta época. Filón había emprendido la tarea elogiable, pero extremadamente difícil, de armonizar la filosofía griega con la teología hebrea. Ganid y Jesús conversaron mucho sobre las enseñanzas de Filón y esperaban asistir a algunas de sus conferencias, pero durante toda su estancia en Alejandría este famoso judío helenista estuvo enfermo en la cama.
Jesús elogió a Ganid muchos aspectos de la filosofía griega y de la doctrina de los estoicos, pero le inculcó la verdad de que estos sistemas de creencias, así como las enseñanzas imprecisas de algunos compatriotas de Ganid, sólo eran religiones en la medida en que conducían a los hombres a encontrar a Dios y a disfrutar la experiencia viviente de conocer al Eterno.
EL DISCURSO SOBRE LA REALIDAD. La noche antes de partir de Alejandría, Ganid y Jesús tuvieron una larga conversación con uno de los profesores del gobierno en la universidad, que daba una conferencia sobre las enseñanzas de Platón. Jesús hizo de intérprete para el erudito maestro griego, pero no insertó ninguna enseñanza propia que refutara la filosofía griega. Aquella noche, Gonod había salido para asuntos de negocios; por eso, después de la partida del profesor, el maestro y su alumno tuvieron una larga conversación, con el corazón en la mano, sobre las doctrinas de Platón. Jesús aprobó de manera moderada algunas de las enseñanzas griegas sobre la teoría de que las cosas materiales del mundo eran vagos reflejos de las realidades espirituales invisibles, pero más sustanciales. Sin embargo, trató de establecer cimientos más sólidos para las reflexiones del joven, y por eso se embarcó en una larga disertación sobre la naturaleza de la realidad en el universo. He aquí en esencia y en lenguaje moderno lo que Jesús dijo a Ganid:
El origen de la realidad universal es el Infinito. Las cosas materiales de la creación finita son las repercusiones espacio – temporales del Arquetipo Paradisíaco y de la Mente Universal del Dios eterno. La causalidad en el mundo físico, la conciencia de sí en el mundo intelectual y el yo progresivo en el mundo espiritual —estas realidades, proyectadas a escala universal, combinadas en una conexión eterna y experimentadas con cualidades perfectas y valores divinos— constituyen la realidad del Supremo. Pero en el universo siempre cambiante, la Personalidad Original de la causalidad, de la inteligencia y de la experiencia espiritual permanece inmutable, absoluta. Incluso en un universo eterno de valores ilimitados y de cualidades divinas, todas las cosas pueden cambiar y cambian con frecuencia, excepto los Absolutos y aquello que ha alcanzado el estado físico, el contenido intelectual o la identidad espiritual que son absolutos.
El nivel más alto que pueden alcanzar las criaturas finitas es el reconocimiento del Padre Universal y el conocimiento del Supremo. Incluso entonces, estos seres destinados a la finalidad continúan experimentando cambios en los movimientos del mundo físico y en sus fenómenos materiales. Así mismo, siguen siendo conscientes del progreso del yo en su continua ascensión por el universo espiritual, y experimentan una conciencia creciente de su apreciación cada vez más profunda del cosmos intelectual y de su reacción al mismo. La criatura solamente puede unificarse con el Creador mediante la perfección, la armonía y la unanimidad de la voluntad; este estado de divinidad sólo se puede alcanzar y mantener si la criatura continúa viviendo en el tiempo y en la eternidad, conformando constantemente su voluntad personal finita a la voluntad divina del Creador. El deseo de hacer la voluntad del Padre siempre ha de ser supremo en el alma y debe dominar la mente de un hijo ascendente de Dios.
Un tuerto nunca podrá percibir la profundidad de una perspectiva. De la misma manera, los científicos materialistas tuertos y los místicos y alegoristas espirituales tuertos tampoco pueden tener una visión correcta, ni pueden comprender adecuadamente las verdaderas profundidades de la realidad universal. Todos los valores auténticos de la experiencia de la criatura están ocultos en la profundidad del reconocimiento.
Una causación desprovista de mente no puede transformar lo rudimentario y lo simple en elementos refinados y complejos; la experiencia sin el espíritu tampoco puede hacer que las mentes materiales de los mortales del tiempo se conviertan en caracteres divinos de supervivencia eterna. El único atributo del universo que caracteriza tan exclusivamente a la Deidad infinita es la perpetua donación creativa de la personalidad, que puede sobrevivir alcanzando progresivamente a la Deidad.
La personalidad es esa dotación cósmica, esa fase de la realidad universal, que puede coexistir con unos cambios ilimitados y al mismo tiempo conservar su identidad en presencia misma de todos esos cambios, e indefinidamente después de ellos.
La vida es una adaptación de la causalidad cósmica original a las exigencias y posibilidades de las situaciones universales; surge a la existencia mediante la acción de la Mente Universal y la activación de la chispa espiritual del Dios que es espíritu. El significado de la vida es su adaptabilidad; el valor de la vida es su capacidad para el progreso incluso hasta las alturas de la conciencia de Dios.
La mala adaptación de la vida auto consciente al universo produce la desarmonía cósmica. Si la voluntad de la personalidad diverge definitivamente de la tendencia de los universos, termina en el aislamiento intelectual, en la segregación de la personalidad. La pérdida del piloto espiritual interior sobreviene con el cese espiritual de la existencia. Así pues, la vida inteligente y progresiva es, en sí misma y por sí misma, una prueba incontrovertible de la existencia de un universo intencional que expresa la voluntad de un Creador divino. Y esta vida, en su conjunto, lucha por alcanzar los valores superiores, teniendo como meta final al Padre Universal.
Aparte de los servicios superiores y casi espirituales del intelecto, la mente del hombre sólo sobrepasa el nivel animal en cuestión de grados. Por eso, los animales (que carecen de culto y de sabiduría) no pueden experimentar la super conciencia, la conciencia de la conciencia. La mente animal sólo es consciente del universo objetivo.
El conocimiento es la esfera de la mente material, la que discierne los hechos. La verdad es el dominio del intelecto espiritualmente dotado que es consciente de conocer a Dios. El conocimiento se puede demostrar; la verdad se experimenta. El conocimiento es una posesión de la mente; la verdad una experiencia del alma, del yo que progresa. El conocimiento es una función del nivel no espiritual; la verdad es una fase del nivel mental – espiritual de los universos. La visión de la mente material percibe un mundo de conocimiento basado en hechos; la visión del intelecto espiritualizado discierne un mundo de valores verdaderos. Estos dos puntos de vista, sincronizados y armonizados, revelan el mundo de la realidad, en el cual la sabiduría interpreta los fenómenos del universo en términos de experiencia personal progresiva.
El error (el mal) es el castigo de la imperfección. Las características de la imperfección, o los hechos de la mala adaptación, se revelan en el nivel material mediante la observación crítica y el análisis científico; en el nivel moral se revelan mediante la experiencia humana. La presencia del mal constituye la prueba de las inexactitudes de la mente y de la inmadurez del yo en evolución. Así pues, el mal es también una medida de la imperfección con que se interpreta el universo. La posibilidad de cometer errores es inherente a la adquisición de la sabiduría, el plan según el cual se progresa desde lo parcial y temporal a lo completo y eterno, desde lo relativo e imperfecto a lo definitivo y perfeccionado. El error es la sombra del estado incompleto relativo, que necesariamente debe proyectarse en medio del camino universal ascendente del hombre hacia la perfección del Paraíso. El error (el mal) no es una peculiaridad real del universo; es simplemente la observación de una relatividad en las relaciones entre la imperfección de lo finito incompleto y los niveles ascendentes del Supremo y del Último.
Aunque Jesús expuso todo esto al joven en el lenguaje más apropiado para su comprensión, Ganid tenía los párpados pesados al final de la explicación y pronto cayó presa del sueño.
A la mañana siguiente, se levantaron temprano para subir a bordo del barco con rumbo a Lasea, en la isla de Creta. Pero antes de embarcarse, el muchacho aún tenía que hacer más preguntas sobre el mal, a las cuales Jesús respondió:
El mal es un concepto de la relatividad. Surge al observarse las imperfecciones que aparecen en la sombra proyectada por un universo finito de cosas y de seres, cuando este cosmos oscurece la luz viviente de la expresión universal de las realidades eternas del Uno Infinito.
El mal potencial es inherente al estado necesariamente incompleto de la revelación de Dios como expresión, limitada por el espacio – tiempo, de la infinidad y de la eternidad. El hecho de lo parcial en presencia de lo completo constituye la relatividad de la realidad; crea la necesidad de escoger intelectualmente, y establece unos niveles de valores en nuestra capacidad para reconocer y responder al espíritu. El concepto incompleto y finito que la mente temporal y limitada de la criatura posee del Infinito es, en sí mismo y por sí mismo, el mal potencial Pero el error cada vez mayor de no efectuar, injustificadamente, una rectificación espiritual razonable de estas desarmonías intelectuales e insuficiencias espirituales, originalmente inherentes, equivale a cometer el mal efectivo.
Todos los conceptos estáticos y muertos son potencialmente malos. La sombra finita de la verdad relativa y viviente está en continuo movimiento. Los conceptos estáticos retrasan invariablemente la ciencia, la política, la sociedad y la religión. Los conceptos estáticos pueden representar cierto conocimiento, pero les falta sabiduría y están desprovistos de verdad. Sin embargo, no permitáis que el concepto de relatividad os desoriente tanto que no podáis reconocer la coordinación del universo bajo la dirección de la mente cósmica, y su control estabilizado mediante la energía y el espíritu del Supremo.
EN LA ISLA DE CRETA. Al ir a Creta, los viajeros no tenían otra intención que la de distraerse, pasear por la isla y escalar las montañas. Los cretenses de esta época no disfrutaban de una reputación envidiable entre los pueblos vecinos. Sin embargo, Jesús y Ganid consiguieron que muchas almas realzaran sus niveles de pensamiento y de vida, estableciendo así las bases para la rápida aceptación de las enseñanzas evangélicas posteriores, cuando llegaron los primeros predicadores de Jerusalén. Jesús amaba a estos cretenses, a pesar de las duras palabras que Pablo pronunció más tarde sobre ellos, cuando envió a Tito a la isla para reorganizar sus iglesias.
En la ladera de una montaña de Creta, Jesús tuvo su primera larga conversación con Gonod sobre la religión. El padre se quedó muy impresionado y dijo: “No me extraña que el chico se crea todo lo que le dices; pero yo no sabía que tuvieran una religión así en Jerusalén, y mucho menos en Damasco”. Fue durante la estancia en esta isla cuando Gonod propuso por primera vez a Jesús que fuera con ellos a la India, y Ganid estuvo encantado con la idea de que Jesús pudiera aceptar este arreglo.
Cierto día, Ganid preguntó a Jesús por qué no se había dedicado a enseñar públicamente, y éste le respondió: “Hijo mío, todo debe aguardar su hora. Has nacido en el mundo, pero ninguna cantidad de ansiedad y ninguna manifestación de impaciencia te ayudarán a crecer. En todos estos asuntos hay que darle tiempo al tiempo. Sólo el tiempo hace que la fruta verde madure en el árbol. Una estación sucede a la otra y el atardecer sigue al amanecer únicamente con el paso del tiempo. Ahora estoy camino de Roma con tu padre y contigo, y esto es suficiente por hoy. Mi mañana esta enteramente en las manos de mi Padre celestial”. Entonces contó a Ganid la historia de Moisés y de sus cuarenta años de espera vigilante y de preparación continua.
Durante la visita a Buenos Puertos se produjo un incidente que Ganid no olvidó nunca. El recuerdo de este episodio siempre le despertó el deseo de hacer algo para cambiar el sistema de castas de su India natal. Un borracho degenerado estaba atacando a una joven esclava en la vía pública. Cuando Jesús vio el apuro de la muchacha, se abalanzó y alejó a la doncella del asalto del perturbado. Mientras la niña aterrorizada se agarraba a él, Jesús mantuvo al hombre enfurecido a una distancia prudencial con su poderoso brazo derecho extendido, hasta que el pobre tipo se agotó de tanto lanzar golpes furiosos en el aire. Ganid sintió el fuerte impulso de ayudar a Jesús a manejar este incidente, pero su padre se lo prohibió. Aunque no hablaban el idioma de la muchacha, ésta podía entender su acto de misericordia y les manifestó su profunda gratitud mientras los tres la acompañaban hasta su casa. En toda su vida encarnada, probablemente Jesús nunca estuvo tan cerca de pelearse con uno de sus contemporáneos como en esta ocasión. Aquella tarde le costó trabajo hacer entender a Ganid por qué no había golpeado al borracho. Ganid pensaba que este hombre debería haber recibido por lo menos tantos golpes como había dado a la joven.
EL JOVEN QUE TENÍA MIEDO. Mientras estaban en las montañas, Jesús tuvo una larga conversación con un joven que estaba temeroso y abatido. No pudiendo encontrar consuelo y coraje en la relación con sus semejantes, este joven había buscado la soledad de las colinas; había crecido con un sentimiento de desamparo e inferioridad. Estas tendencias naturales se habían visto acrecentadas por las numerosas circunstancias difíciles que el muchacho había sufrido a medida que crecía, principalmente la pérdida de su padre cuando tenía doce años. Al encontrarse con él, Jesús le dijo: “¡Saludos, amigo mío!, ¿por qué estás tan triste en un día tan hermoso?. Si ha sucedido algo que te aflige, quizás pueda ayudarte de alguna manera. En todo caso, es para mi un placer ofrecerte mis servicios”.
El joven estaba poco dispuesto a hablar, por lo que Jesús intentó otra manera de acercarse a su alma, diciendo: “Comprendo que subas a estos montes para huir de la gente; por eso es natural que no quieras conversar conmigo, pero me gustaría saber si te son familiares estas colinas. ¿Conoces la dirección de estos senderos?. ¿Y podrías quizás indicarme cuál es el mejor camino para ir a Fénix?”. El joven conocía muy bien aquellas montañas, y se interesó tanto en mostrar a Jesús el camino de Fénix, que dibujó en la tierra todos los senderos, explicándolos con todo detalle. Pero se quedó sorprendido y lleno de curiosidad cuando Jesús, después de decirle adiós y hacer como si se fuera, se volvió repentinamente hacia él diciendo: “Sé muy bien que deseas quedarte a solas con tu desconsuelo; pero no sería ni amable ni justo por mi parte recibir de ti una ayuda tan generosa para
encontrar el mejor camino de llegar a Fénix, y luego alejarme despreocupadamente sin hacer el menor esfuerzo por responder a tu petición de ayuda y orientación para encontrar el mejor camino hacia el destino que buscas en tu corazón, mientras permaneces aquí en la ladera de la montaña. Al igual que tú conoces muy bien los senderos que conducen a Fénix, por haberlos recorrido muchas veces, yo conozco bien el camino de la ciudad de tus esperanzas frustradas y de tus ambiciones contrariadas. Y puesto que me has pedido ayuda, no te decepcionaré”. El joven se quedó prácticamente atónito, y apenas logró balbucear: “Pero… si no te he pedido nada”. Entonces Jesús, poniéndole suavemente la mano en el hombro, le dijo: “No, hijo, no con palabras, pero apelaste a mi corazón con tu mirada anhelante. Hijo mío, para el que ama a sus semejantes hay una elocuente petición de ayuda en tu actitud de desaliento y desesperación. Siéntate a mi lado mientras te hablo de los senderos del servicio y de los caminos de la felicidad, que conducen desde las penas del yo a las alegrías de las actividades afectuosas en la fraternidad de los hombres y en el servicio del Dios del cielo”.
A estas alturas, el joven sentía muchos deseos de hablar con Jesús, y se arrodilló a sus pies suplicándole que lo ayudara, que le mostrara el camino para escapar de su mundo de penas y fracasos personales. Jesús le dijo: “Amigo mío, ¡levántate!. ¡Ponte de pie como un hombre!. Puedes estar rodeado de enemigos mezquinos y muchos obstáculos pueden retrasar tu marcha, pero las cosas importantes y reales de este mundo y del universo están de tu parte. El sol sale todas las mañanas para saludarte exactamente igual que lo hace para el hombre más poderoso y próspero de la tierra. Mira tienes un cuerpo fuerte y músculos poderosos, tus facultades físicas son superiores a la media. Por supuesto, todo eso no sirve prácticamente para nada mientras te quedes aquí sentado en la ladera de la montaña, lamentándote de tus desgracias, reales o imaginarias. Pero podrías hacer grandes cosas con tu cuerpo si quisieras apresurarte hacia los lugares donde hay grandes cosas por hacerse. Tratas de huir de tu yo infeliz, pero eso no es posible. Tú y los problemas de tu vida son reales; no puedes huir de ellos mientras estés vivo. Pero mira además, tu mente es clara y capaz. Tu cuerpo robusto tiene una mente inteligente que lo dirige. Pon tu mente a trabajar para resolver sus problemas; enseña a tu intelecto a trabajar para ti. No te dejes dominar por el temor como un animal sin discernimiento. Tu mente debería ser tu valiente aliada en la resolución de los problemas de tu vida, en lugar de ser tú, como lo has sido, su abyecto esclavo atemorizado y el siervo de la depresión y de la derrota. Pero lo más valioso de todo, tu verdadero potencial de realización, es el espíritu que vive dentro de ti; él estimulará e inspirará tu mente para que se controle a sí misma y active a tu cuerpo si deseas liberarlo de las cadenas del temor; así permitirás que tu naturaleza espiritual comience a liberarte de los males de la indolencia, gracias a la presencia y al poder de la fe viviente. Verás entonces cómo esta fe vencerá tu miedo a los hombres mediante la presencia irresistible de ese nuevo y predominante amor por tus semejantes, que pronto llenará tu alma hasta rebosar, porque en tu corazón habrá nacido la conciencia de que eres un hijo de Dios.
En este día, hijo mío, has de nacer de nuevo, restablecido como un hombre de fe, de valor y de servicio consagrado a los hombres por amor a Dios. Cuando te hayas reajustado así a la vida, dentro de ti mismo, también te habrás reajustado con el universo; habrás nacido de nuevo nacido de espíritu y en adelante toda tu vida será una consecución victoriosa. Los problemas te fortificarán, las decepciones te espolearán, las dificultades serán un desafío y los obstáculos, un estímulo. ¡Levántate, joven!. Di adiós a la vida de temores serviles y de huidas cobardes. Regresa rápidamente a tu deber y vive tu vida en la carne como un hijo de Dios, como un mortal dedicado al servicio ennoblecedor del hombre en la tierra, y destinado al magnífico y perpetuo servicio de Dios en la eternidad”.
Este joven, llamado Fortunato, se convirtió más tarde en el jefe de los cristianos de Creta y en el íntimo asociado de Tito en sus esfuerzos por elevar a los creyentes cretenses. Los viajeros estaban realmente descansados y dispuestos cuando un buen día, a mediodía, se prepararon para zarpar hacia Cartago, en el norte de África, deteniéndose dos días en Cirene. Es aquí donde Jesús y Ganid prestaron sus primeros auxilios a un muchacho llamado Rufo, que había resultado herido al desplomarse una carreta de bueyes cargada. Lo llevaron a la casa de su madre, y en cuanto a su padre, Simón, jamás podía imaginar que el hombre cuya cruz llevaría más tarde, por orden de un soldado romano, era el mismo extranjero que en otro tiempo había socorrido a su hijo.
Desde Creta siguieron por mar hasta Cartago, haciendo escala en Cirene.
EN CARTAGO DISCURSO SOBRE EL TIEMPO Y EL ESPACIO. Durante la ruta hacia Cartago, Jesús pasó la mayoría del tiempo conversando con sus compañeros de viaje sobre temas sociales, políticos y comerciales, pero no se dijo casi nada sobre religión. Por primera vez, Gonod y Ganid descubrieron que Jesús era un buen narrador, y lo mantuvieron ocupado contando anécdotas de sus primeros años de vida en Galilea. También se enteraron de que se había criado en Galilea y no en Jerusalén ni en Damasco.
Ganid había notado que la mayoría de las personas que habían encontrado por casualidad se sentían atraídas por Jesús, y por ello preguntó qué tenía uno que hacer para ganar amigos. Su maestro le dijo: “Interésate por tus semejantes; aprende a amarlos y vigila la oportunidad de hacer algo por ellos que estás seguro que desean”; luego citó el antiguo proverbio judío: “Un hombre que quiere tener amigos debe mostrarse amistoso”.
En Cartago, Jesús tuvo una larga conversación memorable con un sacerdote mitríaco sobre la inmortalidad, el tiempo y la eternidad. Este persa se había educado en Alejandría y deseaba realmente aprender de Jesús. En respuesta a sus numerosas preguntas, y traducido a terminología moderna, Jesús dijo en sustancia lo siguiente:
El tiempo es la corriente de los acontecimientos temporales que fluyen, percibidos por la conciencia de la criatura. El tiempo es el nombre que se ha dado al orden en que suceden los acontecimientos, que permite reconocerlos y separarlos. El universo del espacio es un fenómeno relacionado con el tiempo cuando es observado desde cualquier posición interior, fuera de la morada fija del Paraíso. El movimiento del tiempo sólo se revela en relación con algo que no se mueve en el espacio como un fenómeno dependiente del tiempo. En el universo de universos, el Paraíso y sus Deidades trascienden tanto el tiempo como el espacio. En los mundos habitados, la personalidad humana (habitada y orientada por el espíritu del Padre del Paraíso) es la única realidad relacionada con lo físico que puede trascender la secuencia material de los acontecimientos temporales.
Los animales no perciben el tiempo como el hombre, e incluso para el hombre, debido a su punto de vista fragmentario y circunscrito, el tiempo aparece como una sucesión de acontecimientos. Pero a medida que el hombre asciende, que progresa interiormente, su visión de esta procesión de acontecimientos aumenta de tal manera que la discierne cada vez mejor en su totalidad. Lo que anteriormente aparecía como una sucesión de acontecimientos, se verá ahora como un ciclo completo y perfectamente relacionado. De esta manera, la simultaneidad circular desplazará cada vez más a la antigua conciencia de la secuencia lineal de los acontecimientos.
Hay siete conceptos diferentes del espacio tal como está condicionado por el tiempo. El espacio se mide por el tiempo y no el tiempo por el espacio. La confusión de los científicos surge al no reconocer la realidad del espacio. El espacio no es simplemente un concepto intelectual de la variación en la conexión de los objetos del universo. El espacio no está vacío, y la mente es la única cosa que el hombre conoce que puede trascender, aunque sea parcialmente, el espacio. La mente puede funcionar independientemente del concepto de la conexión espacial de los objetos materiales. El espacio es relativa y comparativamente finito para todos los seres que tienen condición de criatura. Cuanto más se aproxima la conciencia a la noción de las siete dimensiones cósmicas, el concepto de espacio potencial se aproxima más a la ultimidad. Pero el potencial del espacio sólo es realmente último en el nivel absoluto.
Debe ser evidente que la realidad universal tiene un significado siempre relativo y en expansión, en los niveles cósmicos ascendentes y en vías de perfeccionamiento. A fin de cuentas, los mortales supervivientes alcanzan la identidad en un universo de siete dimensiones.
El concepto espacio – temporal de una mente de origen material está destinado a soportar ampliaciones sucesivas a medida que la personalidad consciente que lo concibe asciende los niveles del universo. Cuando el hombre alcanza la mente intermedia entre el plano material y el plano espiritual de existencia, sus ideas del espacio – tiempo se amplían enormemente en cuanto a la calidad de percepción y a la cantidad de experiencia. Los conceptos cósmicos crecientes de una personalidad espiritual que progresa se deben al aumento de la profundidad de la perspicacia y del campo de la conciencia. A medida que la personalidad continúa su camino, hacia arriba y hacia dentro, hasta los niveles trascendentales de semejanza con la Deidad, el concepto del espacio – tiempo se acercará cada vez más a los conceptos desprovistos de tiempo y de espacio de los Absolutos. Relativamente, y según sus logros trascendentales, los hijos con destino último llegarán a percibir estos conceptos del nivel absoluto.
En Cartago tomaron un barco para Nápoles, deteniéndose en Malta, Siracusa y Mesina. Desde Nápoles fueron a Capua, y desde allí viajaron por la Vía Apia hasta Roma. Al terminar su estancia en Roma se dirigieron por vía terrestre a Tarento, donde se hicieron a la mar para Atenas en Grecia, deteniéndose en Nicópolis y Corinto. Desde Atenas fueron a Éfeso por la ruta de Troade. Desde Éfeso navegaron hacia Chipre, haciendo escala en Rodas. Pasaron mucho tiempo visitando Chipre y descansando, y luego se embarcaron para Antioquía en Siria. Desde Antioquía fueron hacia el sur hasta Sidón y pasaron después por Damasco. Desde Damasco viajaron en caravana hasta Mesopotamia, pasando por Tapsacos y Larisa. Permanecieron algún tiempo en Babilonia, visitaron Ur y otros lugares, y luego fueron a Susa. Desde Susa viajaron a Charax, donde Gonod y Ganid embarcaron para la India.
Jesús había aprendido los rudimentos del idioma que hablaban Gonod y Ganid cuando estuvo trabajando cuatro meses en Damasco. Mientras estuvo allí, pasó la mayoría del tiempo haciendo traducciones del griego a una de las lenguas de la India, con la ayuda de un nativo de la región donde vivía Gonod. Durante su viaje por el Mediterráneo, pasó aproximadamente la mitad del día enseñando a Ganid y sirviendo de intérprete a Gonod en sus entrevistas de negocios y en sus relaciones sociales. El resto del día lo tenía a su disposición y lo dedicaba a entablar estrechos contactos personales con sus semejantes, íntimas relaciones con los mortales de este mundo que tanto caracterizaron sus actividades de estos años inmediatamente anteriores a su ministerio público. Gracias a estas observaciones de primera mano y a estos contactos reales, trabó conocimiento con la civilización material e intelectual superior de Occidente y del Levante. De Gonod y de su brillante hijo aprendió mucho sobre la civilización y la cultura de la India y de China, ya que Gonod, que era ciudadano de la India, había hecho tres grandes viajes al imperio de la raza amarilla. El joven Ganid aprendió mucho de Jesús durante esta larga e íntima asociación. Llegaron a tenerse un gran afecto mutuo y el padre del muchacho trató muchas veces de persuadir a Jesús para que los acompañara a la India, pero él siempre declinó la invitación, alegando la necesidad de regresar con su familia en Palestina.

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