El Temple.


RAÍCES DEL TEMPLE.
Raíz Cenobítica.
San Agustín S. IV y San Benito de Nursia, Palermo S. VI; son considerados fundadores de las Ordenes Monacales.

  • San Agustín. Se convierte al cristianismo al escuchar los sermones de Ambrosio en Milán, tras una juventud licenciosa luchando contra sí mismo por vencer los instintos bajos. Es célebre su pedido: Concédeme Dios castidad y continencia, pero no todavía. Una tarde ya pasados los treinta, oyó una voz como de niño que le decía: Toma y lee, toma y lee. Abrió al azar las escrituras cayendo justo en una Epístola de San Pablo a los Romanos: Andemos con decencia y honestidad, como se suele andar durante el día; no en comilonas y borracheras, no en deshonestidades y disoluciones, no en contiendas y envidias; más revestíos de Nuestro Señor Jesucristo y no busquéis cómo contentar los antojos de vuestra sensualidad. Transformado en sacerdote se trasladó a África; fue obispo de Hipona, vivió en comunidades monásticas para las que escribió una regla que fue la que básicamente adoptó el Temple en sus inicios. Asimismo, la teoría Agustina de la guerra justa fue la usada para defender la teoría de la lucha de las cruzadas. Los monjes (mono = solo) adoptan tres votos clásicos: Pobreza cuyo origen como virtud voluntaria se encuentra en la prédica permanente de Jesús a través de los Evangelios tanto canónicos como apócrifos; obediencia cuyo voto parece ser debido a Pachomius (286-346) y Castidad. La adopción del celibato data de los primeros cristianos posiblemente basado en las sectas Esenias y fue un cambio respecto de las enseñanzas judías basadas en Creced y Multiplicaos. Desde San Pablo, aunque no se condena al matrimonio, se consideró estado superior al celibato, porque libera al monje de las preocupaciones familiares para atender sólo a los asuntos de Dios.
    Benito de Nursia. Nació alrededor del 480 en el sur de Roma y tras vivir algún tiempo como eremita se trasladó a Cassino donde demolió un viejo templo a Apolo y fundó el monasterio de MONTECASSINO, escribió las reglas base de todos los conventos durante los siguientes siglos, que contemplaban la abstinencia de la carne, períodos de ayuno riguroso, cantar el oficio divino, dedicar tiempo al estudio, la enseñanza, el trabajo manual y sobre todo al agrario. La premisa era “Trabajar es orar”. Cada monasterio debía tener biblioteca y cada monje pluma y papel. Estableció la división del día en 3 períodos: oración, estudio y trabajo agrícola. Es probablemente la figura más importante del establecimiento del monacato en Europa Occidental. El movimiento benedictino constituyó en el plano económico el primer renacimiento revolucionario agrícola auténtico realizado con éxito en Italia, desde la destrucción de la economía aldeana en la II Guerra Púnica, porque obró no como lo hace una ley o acción estatal que actúa de arriba hacia abajo, bajando líneas directivas, sino que fue de abajo hacia arriba, provocando la iniciativa del individuo al despertar su entusiasmo religioso. A La Orden Benedictina, En Los Convulsionados Primeros Siglos Y También Durante La II Guerra Mundial, Le Cupo El Importante Papel De Salvaguardar Tesoros Culturales De La Antigüedad, Todo El Conocimiento De Pitágoras, Platón Y Aristóteles, la arquitectura con las piedras (románico), la construcción de puentes “pontífices”, el canto gregoriano, etc. Tras el engrandecimiento, enriquecimiento y proliferación de monasterios benedictinos en toda Europa, la orden entró en cierta decadencia producto de la prosperidad obtenida y el sometimiento a la voluntad y demanda de las noblezas locales que influían en el nombramiento de los abades (ABBA = padre, en hebreo).
    Fue entonces cuando ocurrió la renovación en Francia, con la fundación en el 910 Del Monasterio De Clunny Por Guillermo El Piadoso, Duque De Aquitania, “para expiar sus pecados juveniles y asegurarse la salvación” y más tarde con el Cister en la que intervino activamente Bernardo de Claraval. Para asegurar la dirección conventual, el Duque Guillermo puso a Clunny bajo la directa protección del Papa romano a la par que restauraba en todo su rigor la vieja regla original de Benito de Nursia. Su segundo Abad, Odo, estableció la tradición Clunny de monjes aristócratas genuinamente humildes, astutos e inteligentes, devotos, instruidos, sencillos y siempre alegres y divertidos. Este origen noble facilitaría en todo momento a Clunny un fluido contacto con reyes, nobles y papas. Su influencia en el Cristianismo fue enorme, de seis papas monjes entre 1073 y 1119, tres procedían del Clunny. El Convento De Fontévrault, Con un importante papel en la vida espiritual de Occidente fundado durante el pontificado de Urbano II.
    Orden Benedictina Cisterciense o del Cister, que tuvo origen en el monasterio de Citeaux o Cister (Francia) durante el papado de Urbano II en 1098 fundado por Roberto de Molesmes Junto a una veintena de monjes entre ellos Esteban Harding que se dirigió al sur para volver nuevamente a los preceptos originales de la regla benedictina y cuyo segundo fundador un siglo más tarde fue San Bernardo. Cambiaron las largas letanías por trabajo manual duro en su vida cotidiana. Como símbolo de pureza de la nueva vida cambió el hábito negro por el blanco.
  • Raíz Guerrera.La caballería y las órdenes militares comprenden estas raíces que se describen a continuación.
    • La Caballería. Es la fuerza armada al servicio de la verdad desarmada. Alfredo Sáenz, SJ. El verdadero caballero es amistoso pero no familiar, el hombre inferior es familiar pero no amistoso. Confucio. Artificiosamente se pueden establecer cinco etapas en la caballería: La anterior a las Cruzadas, la de las Cruzadas o de las Ordenes militares, la galante, la decadente y la actual. La profesión de caballero se aprendía mediante instrucción desde muy corta edad, primero como paje y luego como escudero. El momento central era la ceremonia de investidura u ordenamiento tomado como verdadera consagración a una nueva forma de vida, con elementos rituales propios de los germanos como la bendición de la espada y el golpe con ella, la herida ritual y la bofetada que evocan un antiguo procedimiento de iniciación: La herida y muerte ritual a lo que sigue el renacimiento a una vida nueva, la separación del joven del mundo de su infancia. Todo lo complejo del gesto y del vestido fue aceptado, englobado y cristianizado por la Iglesia en una sistemática litúrgica. A través del rito se crea una alianza indisoluble entre todos los miembros de la caballería y de acatamiento al mismo sistema de valores. La Caballería combinaba valores como nobleza de cuna, virtudes cristianas, coraje y amor cortés femenino. A los ojos de la Iglesia debía poner su espada al servicio del pobre, del humilde, del necesitado y especialmente de las Cruzadas. Del sur de Francia procedió la idea de que un caballero debía servir a una dama que inicialmente fue la Virgen, Nuestra Señora o Notre-Dame, luego reemplazada por una dama noble a la que el caballero amaría apasionadamente, aunque sin esperanzas. El caballero estaba dispuesto a brindar sus servicios a quién lo necesitara sin pretender por ello retribución alguna. De la misma manera resulta notable el respeto mutuo y las finas palabras que se dirigen los caballeros instantes antes de enfrentarse aún a muerte y la amistad instantánea y profunda que estalla entre ellos al terminar la lid si la lucha ha sido leal. Hay una interesante observación de Godes y es que por cuestiones de formación y procedencia, la verdadera lucha de la caballería, la lucha sin cuartel, se daba contra la infantería, lo que es recíproco. No ocurre lo mismo en cambio, entre caballeros, donde se batalla para vencer y no para matar. En ese caso, la gracia para el vencido es otorgada sin deshonor para ambos. El caballero es pues, una síntesis que parece paradójica: Posee Fe inquebrantable, es valiente, impío con sus enemigos, respetuoso con sus adversarios, capaz de emocionarse hasta las lágrimas con el Amor, caritativo y dulce con los pobres y débiles.
    • Las Órdenes Militares. Son hijas de la conjunción del monasterio – caballero guerrero y tienen su origen en las Cruzadas; sus caballeros eran entonces monjes guerreros con los clásicos 3 votos de pobreza, obediencia y castidad, a los que podían agregar una 4ª: La defensa de Jerusalén guerreando contra el infiel. La Caballería encuentra en el S. XII su sacralización. En el Medioevo Orden significó organización u organismo corporativo que incluía la idea de una función social y pública. Entendámoslo como una ONG o una Fundación. Los hombres que seguían a una Orden, no seguían su destino personal sino que ocupaban un lugar en el sistema de gobierno cristiano. El Caballero iba a la guerra con la misión de triunfar sobre el infiel y si perdía la vida en esa empresa ganaba el cielo. Ese precepto tal vez sea el que transformó en épicas las campañas militares de las Órdenes de Caballería más conocidas. Sin embargo es necesario destacar que la mayor parte de esas Órdenes nacieron con fines caritativos: Policía de los caminos, morada y cuidado de peregrinos, etc. exteriormente las órdenes se diferenciaron por el color de su túnica y el de la cruz. Los templarios y teutones llevaban manto blanco con la cruz de color roja para los primeros y negra para los segundos. Los Hospitalarios vestían de color negro y la cruz era blanca. La de San Lázaro que fue un desprendimiento de éstos, se dedicaba al cuidado de los leprosos y su cruz era verde. No hacían voto de castidad. La Orden Monástico – Militar de mayor trascendencia y fama fue sin duda la de los Templarios.
      Orden De Los Caballeros De San Juan De Jerusalén. Es la 1ª Orden Militar o Soberana Orden Militar del Hospital de San Juan de Jerusalén, de Rodas y de Malta. Su labor histórica fue proteger un hospital construido en Jerusalén antes de las cruzadas con la colaboración de Amalfi. Durante un corto periodo fueron llamados hospitalarios o caballeros hospitalarios. Fue fundada después de la formación del Reino Latino de Jerusalén en 1113. Por motivos de necesidad, primó la actividad militar en la que los caballeros armados eran de origen noble. Se guiaban por la regla de San Agustín. En un principio se dedicaron al cuidado de los peregrinos y de los que iban a las cruzadas.
      Los Caballeros De Rodas. Desde 1309 la orden tuvo su sede central en la isla de Rodas donde formaba un estado territorial; su marina se encargaba de mantener libre de musulmanes el este del mar Mediterráneo. La orden recibió las propiedades de los templarios con la ascensión al trono de Suleimán I, sultán de los turcos otomanos, en 1522, los Caballeros fueron forzados a abandonar esta isla, tras lo cual, no lograron tener un lugar fijo donde vivir hasta 1530, año en el que les fue cedida la isla de Malta.
      Los Caballeros De Malta. Una vez convertidos en gobernantes de esa isla comenzaron su defensa ante la invasión otomana en 1565. La orden figuró en la historia europea hasta bastante entrado el S. XIX. Durante la Reforma los Caballeros de Malta perdieron sus propiedades en Inglaterra y en Alemania, durante la Revolución Francesa, sus bienes en Francia y bajo el gobierno de Napoleón en Malta. La orden cambió su sede a Trieste en 1798 y a Roma en 1834. En aquel entonces, los rusos ya habían confiscado todas las propiedades que la orden tenía en sus territorios. De acuerdo con el decreto de aprobación del Papa Juan XXIII en 1961, los caballeros de Malta forman una comunidad religiosa y una orden de caballería. Están organizados en cinco grandes organizaciones de priores que a su vez, se subdividen en un gran número de asociaciones nacionales. Mantienen relaciones diplomáticas con el Vaticano y con algunos otros estados. Con su trabajo como comunidad religiosa, mantienen hospitales, centros de primeros auxilios y otros donde atienden a las víctimas y refugiados de las guerras. Su vestimenta consta de una túnica negra en la que llevan bordada una cruz de Malta de ocho puntas de color rojo. El gran maestro tiene título de príncipe, y su rango eclesiástico equivale al de cardenales.
      Los Caballeros Teutónicos. Durante la tercera Cruzada, un grupo de cruzados provenientes de Lübeck y Bremen Alemania, fundaron en Jerusalén un hospital bajo el patronazgo de Santa María de los germanos, para atender a compatriotas heridos, asociándose bajo reglas muy similares a la de los hospitalarios. La Orden fue aprobada en 1191 o 1196 bajo el papa Celestino III. Su túnica era blanca pero su cruz negra, a diferencia de los templarios. Una leve deformación de esa cruz ostenta aún hoy el Ejército Alemán y fue el origen de la condecoración al valor (cruz de Hierro). Participaron brillantemente en el asedio de Damieta y más tarde en las campañas de Prusia.
      Ordenes Militares Españolas. Al parecer la primera Orden Militar Española fue la de la Encina instituida en Navarra debió su origen a un suceso que el espíritu piadoso de aquéllos tiempos acogió favorablemente. Sucedió que un tal García Jiménez, famoso caballero guerrero de noble linaje después de haber permanecido retirado durante algún tiempo, volvió a emprender el ejercicio de las armas con el deseo de liberar su territorio de los infieles. Cuando preparaba su hueste para caer sobre sus enemigos, dirigió la vista al cielo impetrando auxilio y vio en una encina el símbolo de la cruz y a su alrededor, adorándola, numerosos ángeles rodeados de luz y gloria. El caballero interpretó aquello como una señal de victoria y poniéndose él mismo una cruz sobre el pecho y haciendo que sus hombres le imitaran, se lanzó contra los musulmanes obteniendo un gran triunfo. Después obtuvo tantas victorias que consiguió expulsar a los sarracenos de Navarra y sus hombres le proclamaron rey. El rey García Jiménez pidió y obtuvo permiso del Papa Gregorio II en 722 para fundar una Orden Militar con el nombre de la Encina, cuyo emblema era una cruz griega potentada de color rojo puesta sobre la encina, que se llevaban sobre una túnica que llegaba hasta las rodillas. La existencia de la orden fue breve pues se creyó en aquél tiempo que tenía analogías con la de los Caballeros de Constantino y al restablecerse ésta, la de la Encina quedó abolida para siempre. Bajo condiciones, compromisos y reglas bastante similares a las Ordenes del Temple o de San Juan, (regla Agustina) nacieron las Ordenes de Calatrava (1147), Alcántara (1177), Santiago de la Espada (1161), dedicados a la defensa de los caminos de Santiago de Compostela y Nuestra Señora de la Merced (1218), llamados mercedarios y dedicados sobre todo al rescate de cautivos. La Orden de Montesa fue fundada en el antiguo Reino de Valencia tras la desintegración de la Orden del Temple en 1312. El Rey de Aragón, Jaime II, persuadió al Papa Juan XXII, sucesor de Clemente V, para que le permitiese reunir los bienes templarios en sus territorios de Aragón y Valencia, receloso de que los Caballeros Hospitalarios de San Juan se hiciesen con un excesivo poder en su reino. El 10 de junio de 1317 el Papa aprobó la nueva Orden, bajo advocación de Nuestra Señora de Montesa y regida por la Regla Cisterciense. Dicha Orden no sólo recibió los bienes templarios de Valencia y de otras partes del Reino de Aragón, sino que se conformó por antiguos Caballeros Templarios, si bien sus primeros integrantes fueron voluntarios de la Orden de Calatrava. Esa orden ha persistido en forma no interrumpida hasta nuestros días.

ORGANIZACIÓN Y EXPANSIÓN. Las Ordenes militares y ordenes secretas, Órdenes militares españolas en su origen eran congregaciones de monjes soldados surgidas para colaborar en la lucha contra los infieles, en las que se daban cita el sentido religioso propio de las grandes órdenes monásticas y el espíritu caballeresco y militar de la época. Eran una amalgama de vida monástica guerrera donde sus integrantes hacían votos canónicos, mantenían su condición seglar y la guerra su actividad por excelencia. Desde El Punto De Vista Religioso Dependían Directamente De Los Pontífices, cuya autorización era necesaria para la creación de la orden, quedando al margen de cualesquier otra jurisdicción eclesiástica. Aunque suele pensarse que todos los templarios eran caballeros armados, La Orden Estaba Encabezada Por: Un Maestre Con Rango De Príncipe que sólo rendía cuentas al Papa, quien necesariamente validaba la elección habitualmente hecha por los caballeros reunidos en capítulo. Debido al enorme poder que alcanzaron las órdenes militares, fue frecuente la intervención directa de los monarcas en el nombramiento de los maestres particularmente en los últimos tiempos medievales para colocarlas bajo su control, tendencia que por ejemplo se agudizó cuando Fernando II el Católico obtuvo los nombramientos de maestre de Santiago (1476), Alcántara y Calatrava (1485), confirmados por Alejandro VI en 1492, concesión que además fue perpetuada para los sucesores de los Reyes Católicos. León X otorgó a Carlos I la administración vitalicia de los tres maestrazgos (1515), que quedó incorporada a la Corona (1526). Para finalizar el proceso, Felipe II obtuvo la extensión de esta medida a la orden de Montesa (1587). Desde el momento que las órdenes ingresaron en la Corona en 1495 se había creado un Consejo de Órdenes, encargado de las cuestiones jurisdiccionales y los nombramientos y dado que, además, se había relajado su función religioso militar, se convirtieron en organizaciones honoríficas que tenían el valor añadido de su carácter nobiliario y las rentas aparejadas a encomiendas y mesas maestrales. De esta forma, la posesión de un hábito se convirtió en una aspiración de los que buscaban estima social y rentas sustanciosas. Su significado se reforzó porque la pertenencia a una orden era prueba positiva de limpieza de sangre. En el siglo XVII, cuando las imperiosas necesidades de la Hacienda obligaron a toda clase de soluciones, el conde duque de Olivares llegó a poner en venta hábitos de órdenes, medida tan mal recibida por los caballeros que el conde – duque hubo de suspenderla pronto. Las desamortizaciones del siglo XIX afectaron a las cuantiosas propiedades de las órdenes. La I República las suprimió (1873) y, aunque en la Restauración fueron restablecidas, se redujeron a un instituto nobiliario de carácter honorífico regido por un Consejo Superior dependiente del Ministerio de la Guerra, que se extinguió tras la proclamación de la II República (1931). Al finalizar la Guerra Civil en 1939, las órdenes fueron reinstaladas de nuevo y, desde la transición a la democracia, son simplemente organizaciones nobiliarias de carácter honorífico y religioso. Los Comendadores Mayores O Priores se encontraban En un orden inferior. Por último, las distintas encomiendas de las órdenes tenían a su frente un comendador. Por Debajo Del Maestre Existían 4 Jerarquías: El grueso de las órdenes estaba integrado por caballeros, los miembros de mayor rango y los únicos que llevaban la característica indumentaria de la Orden, formada por un manto blanco con una gran cruz latina de color rojo; capellanes, sargentos y artesanos, aunque algunos autores prefieren descontar a los artesanos con tal de reducir las categorías a 3. El Cuartel General De Los Templarios Se Mantuvo En Jerusalén Hasta La Caída De La Ciudad En Manos De Los Musulmanes En 1187 y posteriormente se trasladó sucesivamente a Antioquía, Acre, Cesaréa y Chipre. Para el primer tercio del siglo XII, la Orden Templaria se había establecido en Aragón, Cataluña y Navarra, y más tarde se extendió a Castilla y León. Participó en la defensa fronteriza frente a los musulmanes, las empresas bélicas de Valencia y Mallorca, la conquista de Cuenca, la batalla de las Navas de Tolosa y la toma de Sevilla. Junto con la orden de San Juan de Jerusalén estuvieron también presentes en tierras hispanas en donde recibieron importantes donaciones. No obstante, en el transcurso del siglo XII se constituyeron diversas órdenes militares en los territorios de la actual España por el hecho del conflicto militar permanente entre cristianos y musulmanes. Quizá influyó también el ejemplo de los conventos musulmanes de ascetas que se encargaban de defender las fronteras del Islam. En España medieval se crearon numerosas órdenes militares pero sólo cuatro alcanzaron notable relevancia, las de Calatrava, Alcántara, Santiago y Montesa. La Orden De Más Antigua Fundación Fue La De Calatrava, nacida el año 1158 cuando el abad cisterciense de Fitero, Raimundo Serrat y el monje Diego Velásquez tomaron la decisión de defender la plaza que les dio nombre sometida a duro asedio por los almohades. Fue aprobada por el pontífice Alejandro III en 1164 y se acogía a la regla cisterciense. Poco tiempo después se creó en tierras de Salamanca. La orden se extendió ante todo por tierras de La Mancha por la comarca denominada Campo de Calatrava. La Hermandad De Los Caballeros De San Julián De Pereiro, Germen De La Orden De Alcántara, que también se hallaba bajo la regla del Cister. Su aprobación en 1177 fue obra del papa Alejandro III. El patrimonio territorial de esta orden se localizaba preferentemente en Extremadura. En cuanto a La Orden De Santiago, En Un Principio Llamada Freires De Cáceres; nació como una cofradía de caballeros creada por Fernando II de León en el 1170 y dirigida por el caballero leonés Pedro Fernández, pasó a denominarse poco después caballeros de la orden de Santiago. Con aprobación pontificia del año 1175, a diferencia de las anteriores, se acogía a la regla de San Agustín y añadía a la actividad militar, la hospitalaria, acogiendo a los peregrinos que se dirigían a Santiago de Compostela. En cuanto a su patrimonio territorial que estaba muy disperso hay que señalar el hecho de que alcanzara una proyección fuera de la Península. En los últimos años del siglo XII estas 3 órdenes fueron auténticos baluartes en la defensa de los territorios fronterizos de la Meseta Sur, La Mancha y la actual Extremadura. Tras la conquista de la Andalucía Bética, en el siglo XIII, pasaron asimismo a ocupar puestos claves en la defensa de la frontera que separaba a la Corona de Castilla de la Granada nazarí. Pero también llevaron a cabo una importante labor pobladora en las tierras que controlaban. Las amplias donaciones que fueron recibiendo tanto de reyes como de particulares, convirtieron a las órdenes militares de Calatrava, Alcántara y Santiago en protagonistas tanto en el terreno económico como en el político en la historia de los reinos de Castilla y León. En 1317, por iniciativa del rey Jaime II, se constituyó en la Corona de Aragón La Orden Militar De Santa María De Montesa Inspirada en la regla cisterciense y nacida como una filial de la de Calatrava que vino a ocupar el vacío dejado unos años antes por la suprimida orden del Temple. A finales del siglo XIV, al integrarse con la orden de San Jorge de Alfama, pasó a denominarse de Santa María de Montesa y San Jorge de Alfama, recibió importantes concesiones territoriales en Aragón y Cataluña. El Hospital de San Juan. Desde el 1022, cuando aun eran soberanos de Siria los califas fatimitas, algunos ricos mercaderes de Amalfi habían construido a sus expensas enfrente del Santo Sepulcro, un hospicio para los peregrinos, llamado Hospital de San Juan, porque los monjes que lo servían escogieron por patrono a San Juan Bautista, de donde tomaron el nombre de hospitalarios de San Juan. Ya existía una orden anterior: Los hospitalarios de Toscana, en el lugar celebre de Alto Poseio mencionada en un documento de Luca en 1056 de fundador desconocido. Tenían la obligación de recibir a los peregrinos, asistir a los viajeros, mantener en buen estado los puentes y las calzadas. Todas las noches se tocaba una campana en la magnifica torre que domina todo el valle de Niévola, para dirigir la planta de los que al anochecer no habían pasado aun los pantanosos valles de Cerbaia. Hospitalarios de San Juan Bautista. Cuando tuvo lugar la primera cruzada, el prior Gerardo salió de este convento para instituir una regla particular, adoptando un vestido negro con una cruz blanca de ocho nudos al pecho. El Papa Pascual II toma bajo su patrocinio tanto la regla como los bienes dados a la orden. Con posterioridad Raimundo Du Puy, segundo superior, redacto los estatutos que obtuvieron la sanción de Calixto II (1120) y completo una sociedad militar y religiosa, rica de posesiones y privilegios. Comprendía tres clases de Freires: los eclesiásticos para los socorros espirituales, los legos para los servicios corporales y los caballeros de armas para proteger a los peregrinos. En 1252 el Papa Inocencio IV confirió a su jefe el titulo de Gran Maestre. La Asociación Iglesia, Caballería, Guerra Y Devoción Se Consumó En Una Institución Desconocida Antes Que Se Enlaza Con Las Cruzadas: Las ÓRDENES Militares Religiosas.
CEREMONIA DE INICIACIÓN. En la historia de los Templarios siempre quedaran incógnitas por resolver y el verdadero ritual de ingreso en la Orden es una de ellas pero existen escritos sobre el particular mas o menos fiables teniendo en cuenta que se ha escrito muchísimo sobre los Caballeros del Temple y buena parte de todo ello sin datos ciertos o verídicos. Se procedía a un examen completo del recién llegado ante el Tribunal de Doce Hermanos Mayores, leyéndose anteriormente las Reglas. Escenario habitual era la Iglesia de la Orden, con velas encendidas al ser de noche. En caso de que el candidato contestase de forma y manera convincente, la pareja de primeros examinadores, volvía con los otros diez caballeros que completaban el Capitulo. Explicaban lo sucedido con palabras ritualizadas y sé hacia entrar al candidato en la Iglesia que debía presentarse de la forma más humilde, acto seguido se le hacían las primeras aclaraciones y después de escuchar sus breves respuestas aprobatorias se continuaba de este modo: “Hermano, nunca has de ingresar en la Orden con el deseo de conseguir riquezas ni honores, tampoco por que creáis que vais a situaros en un plano mas alto o podréis encontraros rodeado de comodidades. Tened en cuenta de que se os exigirán tres cosas: La primera es que dejéis atrás los pecados del mundo, la segunda que os pongáis al servicio de Nuestro Señor y la tercera que seréis él más pobre de los mortales, y siempre estaréis sometido a una penitencia por la salvación de vuestra alma. Nada más que por este motivo debéis solicitar vuestro ingreso. ¿Estáis dispuestos durante todos los días de vuestra vida, desde hoy en adelante, a convertiros en servidor y esclavo de la Orden? ¿Os halláis dispuesto a renunciar a vuestra voluntad para siempre, obedeciendo todo lo que vuestro comandante disponga en todo momento?” El recién iniciado debía responder: “Sí Señor; Si Dios me lo permite”. Llegados a este punto, el candidato debía ser llevado fuera de la Iglesia. Acto seguido el Maestre se adelantaba, ponía las manos sobre los Evangelios y con voz firme se dirigía al Capitulo con estas palabras: “En el caso que alguno de vosotros conociera una o varias causas por las que este hombre no mereciera ser un hermano nuestro que lo declare ahora mismo, por que será mejor escucharlo ahora que no cuando el aspirante vuelva a encontrarse ante nuestra presencia…” “¿Deseáis que le hagamos regresar en el nombre de Dios?” Normalmente respondían: “Que regrese en el nombre de Dios.” Y una vez el candidato volvía a encontrarse ante el capitulo de la orden, hacia publica renuncia a su vida anterior y aceptaba convertirse en un esclavo de la orden. Acto seguido el maestre le hacia varias preguntas que concernían a su condición militar, a su estado social, a su salud, sí tenia deudas o le movían otros intereses. Como lo normal es que todas las respuestas fuesen afirmativas, se le obligaba a hacer sus votos. Nada mas que escuchar estas nuevas afirmaciones y el candidato ya era admitido en la orden del temple. Se le recordaba que solo tendría derecho a pan y agua, a un ropaje pobre, a una cama muy sencilla, a vivir casi en la miseria y a realizar duros trabajos. Por ultimo se le entregaba el manto de los templarios, una cruz y una espada. Una vez los había recogido, el maestre y el capellán le daban el beso de la fraternidad y se rezaba el himno que era común en casi todas las ordenes religiosas. De esta manera se daba por concluida la ceremonia de ingreso del candidato, que pasaba a ser templario con todos los derechos y obligaciones de los demás. Debía atenerse a un corto periodo de aprendizaje y adaptación a su nueva vida. Nunca se le dejaba solo y a su lado iba el mejor profesor.
Indumentarias. Durante los primeros años, estas órdenes secretas y religiosas contaban con un gran prestigio. Las familias reales y la nobleza se esforzaban para que sus hijos pudieran pertenecer a estas órdenes o estrechar vínculos con estos caballeros tan legendarios. Felipe IV el Hermoso que había elegido a Jacques de Molay gran maestre de la orden de los caballeros templarios como padrino de su hijo. El atuendo de estos caballeros llamaba mucho la atención y se los criticó. Los caballeros templarios vestían de manto blanco. Los caballeros de Enrique IV la cruz de oro con ocho puntas y una cinta verde. Los lazaristas, que se habían separado de los hospitalarios de San Juan Bautista llevaron como señal simbólica una cruz verde y también estaban consagrados a la defensa de los Santos Lugares. Los hospitalarios de San Juan Bautista llevaban él hábito negro. San Bernardo les dijo por su excesivo lujo: “Cubrís vuestros caballos con seda, revestís vuestras corazas de no sé que telas flotantes, pintáis vuestras lanzas, esmaltáis de plata y de oro y pedrería vuestras sillas, espuelas, frenos y escudos.

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