LOS TEMPLARIOS


GENERALIDADES SOBRE LOS TEMPLOS.  Los romanos eran muy dados a observar y respetar los pronósticos de los augures y llamaban Templum, al espacio delimitado del cielo que señalaba el augur para observar en él los augurios. Los adivinos etruscos repartían el cielo en dos
líneas rectas que se cortaban sobre la cabeza del observador. La línea que iba de norte a sur se llamaba cardo y la de oeste a este decumanus. Los fenómenos celestes eran interpretados según su ubicación y trasladados al templo terrestre. En un comienzo prevaleció como idea que el templo ha de ubicarse en la cima de una montaña ya que es el foco de cruce de los mundos cielo y tierra, representado por el altar. En el Templo de Salomón según Filón y Flavio Josefo figuraba el cosmos y su interior se hallaba dispuesto de acuerdo a ello. El altar de los perfumes: acción de gracias; el candelabro de los 7 brazos que representa los 7 cielos planetarios; la mesa el orden terrestre. Sobre esta los 12 panes corresponden a los 12 meses del año. Los arquitectos romanos, góticos y renacentistas trataron de repetir ese arquetipo superior. En el Templo de Salomón y en otros es común la reiteración de algunos símbolos del eje del mundo: la montaña hueca, la escalera y la cumbre de los sacrificios, así como los números 3, 10 y 12. Las escaleras significan siempre la evolución espiritual, que es discontinua por naturaleza, nunca es un plano inclinado ascendente.

El sol. Tanto los templos judíos como cristianos de la primera etapa tenían el altar hacia el Este, clara alusión a la salida del astro. Muchas
culturas han adorado al Sol como a un Dios y en otras fue interpretado como el ojo de Dios. A través del sol Dios ve todo. Así pensaron en Persia, la India (Surya ojo de Varuna), Grecia (Helio ojo de Zeus), Egipto (ojo de RA), el Islam (ojo de ALÁ) y entre los aborígenes americanos especialmente México y Perú fue muy común la hierofanía solar. Se ha oído de labios de una machi mapuche doña Mercedes Nahuel Pam hoy fallecida que vivía en una fría colina junto a Lago Rosario en la Patagonia Andina Argentina que el sol era el ojo de Tachao y que daba diariamente una vuelta para ver como estaban sus hijos y que cuando se nublaba era que se había enojado y si llovía que lloraba. En una circunstancia cuando hiciéramos una investidura a un caballero junto al Lago, un cóndor nos sobrevoló largo rato haciendo círculos sobre nosotros. Al día siguiente Doña Mercedes que respondió: Se hacía el cóndor, era Tachao contento con ustedes que mandaba a uno de sus hijos a saludarlos. El sol es siempre fuente de vida, calor y energía.

JERUSALÉM Y EL TEMPLO DE SALOMÓN, EL TEMPLO DE LOS TEMPLOS. La mención de su nombre evoca leyenda, historia, pasión y drama. Ciudad mágica por excelencia madre de las tres grandes religiones monoteístas, parece destinada a ser escenario de guerras y luchas pero también a permanecer inmune a todas ellas y ganar la eternidad. Durante la historia de la Humanidad siempre ha existido un interés por cuidar y ser dueño de los lugares santos, específicamente Jerusalén y el Monte del Templo. Tres milenios atrás el rey guerrero David considerado impuro por Dios, por ser hombre de guerra que derramó mucha sangre (1 Corintios 28,3) pasó la tarea a su hijo Salomón rey de Israel, elegido por Jehová de entre todos los hijos de David, pues lo escogió por hijo y Salomón le fue a Jehová por Padre, para que se sentara en el trono del reino israelita de Jehová y edificara la casa y atrios. En el 962 a.C., sobre el Monte Moriah, el mismo en que según estudiosos judíos, Abraham patriarca israelita y profeta del Islam intentara ofrecer su hijo Isaac para el sacrificio, Acometió pues motivado, poco después de la muerte de David, la construcción del templo, ideado para alojar como último lugar de reposo, el Arca de la Alianza que llevara Moisés en su éxodo por el desierto (1 Corintios 28, 5-6). En 926 a. C. murió Salomón y el reino se dividió en dos: Al Sur, donde estaba el templo, gobernaba la tribu de Judá, estirpe de David y al norte rivalizan con los primeros adorando becerros de oro.

Tiempo de Construcción. Su construcción ocupó a los hebreos entre siete y trece años con avanzada ingeniería desplegada que recuerda la Gran Pirámide de Gizeh.

Algunos detalles sobre la construcción. El pueblo nómada de Israel practicaba labores agrarias y no estaba familiarizado con el arte de la
construcción. Salomón carecía de materia prima necesaria. Recurrió entonces a Hiram rey fenicio con quien tenía buenas relaciones y cuya capital era Tiro, puerto de entrada de ingente cantidad de materiales de ese orbe conocido. Los fenicios tenían grandes astilleros y buena experiencia en el trabajo de la madera que provenía de los bosques del Líbano. Se ejecutó un trato por el que Fenicia proveería de materiales y expertos en la construcción y Salomón pagaría con trigo, cebada, vino y aceite.

Solicitud del Hombre Hábil. Era indispensable alguien que dominara los artes de arquitectura. Salomón solicitó un hombre hábil que supiera trabajar oro, plata, bronce, hierro, púrpura, grana azul y esculpir con los maestros de Judá y Jerusalén dispuestos por su padre. Hiram envió a Hiram-Abiiff hijo de una mujer de las hijas de Dan. Su padre de Tiro sabía trabajar en oro, plata, bronce y hierro, en piedra y en madera, en púrpura, en azul, lino y carmesí; asimismo sabe esculpir toda clase de figuras y sacar toda clase de diseño que se le pida.

Hiram-Abiiff. Hiram-Abiiff construyó dos enormes columnas de bronce, huecas, que colocó a ambos lados de la entrada principal del
Templo; Boaz a la izquierda y Jakim a la derecha. Medían 18 cúbitos de alto casi 10 metros y 12 de circunferencia. Según versiones su interior albergaba importantes secretos. Clásicamente las dos columnas simbolizan la eterna estabilidad por la oposición de los contrarios y el hueco, el portal entre ambas es el ingreso a la eternidad. Las dos unidades que integran el dos son de cualidad diferente. El uno corresponde al principio masculino, afirmativo y evolutivo, el dos al femenino, negativo e involutivo. De ahí que las dos columnas de ingreso a los templos hayan expresado siempre la dualidad evolución – involución, Bien – Mal. Según leyendas en el templo de Hércules en Tiro de donde provenía Hiram, había dos columnas, una era de oro y la otra de piedra semipreciosa. Hiram siguió ese recuerdo tradicional. Por fin recordemos las dos columnas de la tradición cabalística hebrea en el Sefirot, la de la Misericordia y la del Rigor. Hiram-Abiiff murió violentamente poco después que el templo
estuvo terminado. Tres aprendices entraron en el Templo que estaba desierto a excepción de Hiram y le exigieron revelara la contraseña de maestro para poder cobrar un jornal mayor. Hiram se negó y recibió un golpe en la cabeza; intentó escapar pero fue capturado y golpeado hasta darle muerte en la puerta flanqueada por las dos columnas a que se ha hecho referencia. Los asesinos sacaron su cuerpo y lo enterraron en una ladera cercana. Hasta aquí la leyenda masónica. Según otra leyenda el rey Salomón encargó a 9 (véase la similitud con los 9 templarios iniciales) maestros subordinados a Hiram la búsqueda del cadáver oculto en el mismo edificio y una vez hallado fue trasladado a Jerusalén con todos los honores. Sin embargo existe otra hipótesis responsabilizando a Salomón, celoso de que pudiera construir otro templo sombra del erigido a Yahvé.
Hay además una vieja tradición mediterránea de efectuar sacrificios animales y aún humanos para irrigar con la sangre la piedra angular y los cimientos, lo que según la creencia confería solidez y estabilidad al edificio. A veces se ha llegado a emparedar a una persona viva entre los muros con la esperanza de que su fantasma defendiera a los intrusos que pudieran intentar dañarlo. Cualquiera sea la versión real El Templo de Salomón ha sido ciertamente manchado Desde sus inicios con sangre de sacrificio humano.

La Columnas y Cámara Del Santo De Los Santos. De la propia estructura del templo formaban parte dos columnas denominadas Jakim y
Boaz que según algunas fuentes, contendrían grabadas en sus paredes información de capital importancia. En su corazón construyó la Cámara del Santo de los Santos, el Kodesh Hakodeshim, donde depositó el Arca, el santuario de Israel, símbolo monoteísta más importante del mundo.

Obreros y Jornales. Salomón destinó 70.000 extranjeros para llevar cargas, 80.000 para cortadores de monte y canteros en las montañas y 3.600 como capataces. El jornal que se pagaba a cada una de las diferentes clases de trabajadores, razonablemente habría de ser distinto. De ahí, lógico pensar que existieran códigos o contraseñas de identificación secretas para cada una de esas clases a fin de poder así percibir el jornal
correspondiente. Naturalmente el secreto de la contraseña era celosamente guardado por todo al grupo de pertenencia. Como es sabido, sobre este hecho se basa toda la tradición de la francmasonería.

Construcción Silenciosa. Por respeto al Señor, la construcción del Templo se hizo en el más completo silencio Desde que las piedras estaban ya labradas y talladas de tal forma que encajaban a la perfección una junto a la otra. No se oyó el golpe de ninguna herramienta de hierro. Si realmente se alcanzó esta perfección como dice Richard Andrews en Sangre en la Montaña, la escena en la cima del monte tuvo que ser extraordinariamente surrealista con miles de trabajadores moviéndose sin hacer ruido. Las medidas finales de ese primer templo fueron 60 cúbitos de largo por 20 de ancho y 30 de alto.

Ornamentación. En ornamentación se estima fueron empleadas 86 toneladas de oro, 126 de plata, multitud de piedras preciosas, las más exquisitas maderas y suntuosos materiales. El edificio deslumbra al contemplarlo. Multitud de tesoros, objetos sagrados y profanos muy valiosos se guardaban en el recinto del Templo, entre ellos el Candelabro de Siete Brazos llamado Menorah y la Mesa o Espejo de Salomón, Aparte del Arca de la Alianza.

Una Gruta. El sabio árabe Maimónides cita la existencia de una gruta secreta muy profunda bajo el primer Templo construida por decisión y mandato de Salomón pronosticando la futura destrucción del Templo y proveyendo un escondite seguro para el Arca. Existe otra prueba de ese enterramiento. Como los alimentos de las ofrendas entraban en contacto con los rollos sagrados de la Toráh, los sacerdotes no admitían que aquellos fueran arrojados a la basura y crearon un cementerio de objetos sagrados llamado Guenizá. Cuando el Arca fue enterrada también se llevó la Guenizá el recipiente que contenía el maná porque había tenido contacto con las Tablas de la Ley.

Destrucción Tesoros y Transformaciones. Destruido, incendiado y expoliado por los persas con las tropas de Nabucodonosor II en el 587 a.C., luego de tres meses de asedio a Jerusalén. Si bien no destruyeron el templo se adueñaron de los tesoros y utensilios del templo aunque no se conserva ningún documento que haga referencia al botín, al tesoro porque El Arca está escondida. Fue enviado a Babilonia junto con unos 10.000 judíos esclavizados. Unos diez años después estalló una rebelión judía contra los dominadores. Esta vez tras un sitio de 1 ½ años, los soldados entraron en el templo y lo destruyeron completamente. Fue incendiado y el Arca desapareció. Reconstruido con autorización de Ciro II tampoco se sabe si el tesoro fue restituido por su parte o si permaneció escondido en Jerusalén todo ese tiempo y Hacia 516 a.C. se logró una modesta reconstrucción bajo la conducción de Zorobabel. Vuelto a destruir fue reconstruido y engrandecido por Herodes el Grande durante su reinado hacia el 19 a.C., es el Templo existente en la época de Jesús, es el segundo Templo inferior en tamaño al primero es arrasado nuevamente por el emperador romano Tito y sus legiones, junto con la ciudad de Jerusalén en el año 70 D.C., ordenando dejar en pie un solo muro como muestra del poderío de Roma en la actualidad conocido como El Muro de las Lamentaciones. Tampoco se sabe cual fue el botín que logró en el saqueo, se menciona el traslado de la Menorah y de la Mesa de Salomón. Sin embargo, existen indicios que hacen pensar en que el elemento más importante del tesoro del Templo, el Arca de la Alianza, fue escondido por los hebreos en un refugio previsto en caso de extrema necesidad. En 132 ocurrió un segundo gran levantamiento judío contra el Imperio romano bajo la conducción de Simón Bar Kokhba, que en el 135 fue aplastada. En el Siglo IV el cristianismo bajo Constantino se transforma en la religión oficial y se privilegiaron los lugares por los que anduvo o tocó Jesús. En general el Templo y el Monte Moriah fueron dejados de lado. La cristiandad bizantina se mantuvo más bien apartada del Templo; más aún cuando en el 637 lo entregaron al califa musulmán Omar los nuevos señores árabes se escandalizaron del estado en que lo encontraron un verdadero basural y vertedero de desechos de la ciudad. Los musulmanes lo transformaron y construyeron la Cúpula de la Roca “la Shakra” una de las maravillas arquitectónicas del mundo en el lugar en que Mahoma recibió la revelación, ascendiendo a través de las siete esferas celestiales. Transcurrieron unos pocos siglos de paz hasta que el 15 de julio de 1099, la primera Cruzada con Godofredo de Bouillón a la cabeza tomó cruelmente Jerusalén
y avanzaron hacia el Monte del Templo. A diferencia de lo ocurrido anteriormente, los reinos europeos reconocieron de inmediato la importancia
histórica – espiritual del Templo. La Cúpula de la Roca fue transformada hacia 1142 en el Templum Domini, un edificio cristiano. A pocos metros de allí se instalaron dentro de la mezquita de Al-Aqsa los Caballeros del Templo de Salomón los Templarios. Menos de un siglo después de la toma de Jerusalén por los Cristianos (1187), la ciudad cayó en manos del legendario Saladino y con muy pequeñas excepciones ha continuado hasta el día de hoy en manos islámicas. Hoy, especialmente a partir de septiembre de 2000, ese monte sagrado ha generado enfrentamientos entre judíos y palestinos, que son del conocimiento público.

Las Mezquitas. Muy cerca a la explanada del Templo se alzan hoy en día dos mezquitas. Una es la de Omar de cúpula dorada erguida sobre la roca basáltica donde los musulmanes aseguran que Mahoma apoyó los pies al realizar el viaje nocturno de ascenso al Cielo y que la tradición hebrea relaciona con el lugar donde Abraham fue a cumplir el mandato divino de sacrificar a su hijo Isaac. Se sospecha que su ubicación es precisamente la que correspondía a la sala de la Santa Santuario del antiguo templo donde se guardaba el Arca. La otra es la mezquita blanca de Al-Aqsa, construida por el emperador Justiniano de Bizancio sobre las enormes caballerizas de Salomón.

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