San Juan Bautista


SAN JUAN BAUTISTA. Se cree que Juan llamado El Bautista pertenecía a los iniciados de la secta Esenia lo cual si es posible no está certificado ni autentificado por la Escritura misma ni tampoco por fuente histórica externa esto es decir algún Historiador contemporáneo de la época como Flavio Josefo. Y cuando Isabel esposa de Zacarías Sumo Sacerdote del Templo de Salomón que había cuidado de María, madre de Jesús cuando ésta aún era una niña, tuvo un hijo a pesar de su avanzada edad, Zacarías en una acción comprensible lo envió al desierto con la más fiable comunidad, los Esenios, cuyo objetivo era vivir de manera agradable a ojos de Jehová; para que creciera con ellos. La historia lo conoce con el nombre de Juan el Bautista. María que era prima o sobrina de Isabel, esposa de Zacarías, fue criada por Zacarías puesto que María había sido confiada al cuidado del Templo cumpliendo así una promesa hecha por su madre llamada Hannah. Este era el marco y el clima social y político en el que nació Jesús. Entre los judíos existía una gran expectación por la llegada del Mesías, el nuevo líder que iba a ser bautizado y ungido como rey. El rumor que circulaba sobre su inminente nacimiento es lo que motivó la decisión de Herodes de matar a todos los recién nacidos de Belén lugar en el que según la tradición iba a aparecer el Mesías. La poderosa sociedad secreta Esenia se puso en movimiento por Zacarías e hizo posible que María escapara con éxito de las garras de las autoridades y soldados romanos sus perseguidores, trasladándose con Jesús a Egipto, donde los Esenios tenían otra comunidad. Este episodio que dio origen a muchas especulaciones puesto que ninguno de los Evangelios describe en detalle hasta el descubrimiento de los Rollos del Mar Muerto. En otras circunstancias, un niño que hablaba coherentemente y con autoridad desde la cuna, visitado por pastores y Magos, habría desaparecido fácilmente. En el año 4 A.C., según fechas oficiales, cuando Jesús tenía 3 o 4 años, Herodes muere y desaparece el peligro inmediato que se cernía sobre la vida de Jesús y éste ya puede moverse libremente. Se pone de manifiesto que Jesús había sido educado bajo la dura disciplina de los maestros Esenios y al ser un discípulo inteligente había aprendido la Toráh rápidamente. Al llegar a los doce años de edad Jesús es enviado al Templo de Salomón donde se descubre que en vez de limitarse a repetir las lecciones, habla con autoridad y confianza.
Juan Bautista Esenios Y Musulmanes. Mientras la adolescencia de Jesús, Juan dejó la comunidad Esenia y comenzó a vivir solo en el desierto. En Mateo 3:4 Juan tenía su vestido hecho de pelos de camello con cinturón de cuero que se ceñía y su comida eran langostas y miel silvestre. Comenzó a enseñar a la gente y no ponía demasiado énfasis en el largo período de aprendizaje que era comúnmente necesario para todo aquél que deseaba ser miembro de pleno derecho de la comunidad Esenia. Esto dio lugar a un movimiento de carácter público. Exhortaba a todos a que se volviesen a Jehová, asegurándoles que el Reino de Dios sería pronto establecido ya que el Mesías prometido se daría a conocer en un tiempo no muy lejano. Juan seguía una tradición común a todos los eremitas. En relación con esto, es interesante leer en la historia escrita las referencias a Bannus ermitaño del que era discípulo Josephus cuando estuvo de asceta tres años en el desierto. Durante ese tiempo permaneció bajo la guía del ermitaño que se vestía con lo que crecía en los árboles, comía alimentos silvestres y se disciplinaba en la castidad a partir de baños fríos. El desierto lugar de refugio para David y otros Profetas anteriores fue donde los judíos podían estar a salvo del dominio de los gobernantes extranjeros y de la influencia de lo falsos dioses. En esa atmósfera solamente existía la dependencia del Creador y la adoración debida sólo a Él. Fue la cuna del monoteísmo. Su soledad impedía la sensación de una falsa seguridad y la persona aprendía a confiar solamente en la Realidad porque en la desolación del desierto desaparece cualquier otra ayuda y uno se siente desnudo ante el Dios Único, el Poder, la Fuente Incesante de toda vida y la Base de toda seguridad. El esfuerzo personal que ocurre en el desierto tiene dos aspectos: En primer lugar, ocurre en el interior del corazón del hombre que debe batallar contra sí mismo si quiere vivir de manera agradable a su Señor. Es cuestión de fe en Jehová y de incremento espiritual En segundo lugar, la elección de este tipo de práctica entraba ineludiblemente en conflicto con todos aquellos que querían vivir de otra manera independientemente de que se ganara o se perdiese. En Mateo 3: 7, la clara llamada de Juan empezó a atraer a una gran cantidad de gente porque había dejado de observar una de las normas más importantes del código de conducta Esenia cual era No divulgar secreto alguno incluso bajo tortura mortal posibilitando así que los romanos infiltrasen espías dentro del movimiento Esenio. No obstante y dada su visión profética era capaz de penetrar sus disfraces llamándoles víboras, quienes saldrían victoriosos antes de empezar la batalla. Juan el Bautista al hablar acerca de la proximidad del Juicio Final y de la gracia ofrecida por Dios a todos los arrepentidos sin excluir a nadie absolutamente ante ese momento último estaba socavando los cimientos del pesado tabú que había convertido en sospechosas a las masas populares y en consecuencia, las había excluido de cualquier posibilidad de ser integradas en el Israel de Dios. El bautismo conferido por Juan no puede ser comparado con el bautismo que acompañaba a la circuncisión en la ceremonia de iniciación de los paganos al judaísmo, porque de ningún modo Juan consideraba a sus oyentes judíos como si fuesen paganos. Es más acertado asemejarlo a ciertos ritos practicados por las comunidades judías marginales de Palestina y de Siria durante los primeros siglos como en el caso de los Esenios, conocidos a partir de los testimonios de Plinio el Viejo, de Filón de Alejandría y de Flavio Josefo, de su propia producción literaria y de los vestigios arqueológicos conservados en Qumran. A unos treinta kilómetros de Jerusalén ligeramente al sur del oasis de Jericó a orillas del río pocas cuadras antes de que éste desemboque en el Mar Muerto, fue la región donde Juan desarrolló su actividad profética y juntó a su alrededor, discípulos. El evangelio identifica el lugar con el nombre de Betania de Transjordania (No hay que confundirla con la Betania donde vivía Lázaro con sus dos hermanas), donde los judíos marcaron a la vez el sitio donde Josué sucesor de Moisés atravesó el Jordán ingresando en la Tierra prometida y el lugar en donde Elías, fue arrebatado al cielo. Lugar pues profundamente simbólico a la vez puerta del cielo y de la prometida tierra. El Jordán además en asociación con Elías había adquirido el simbolismo de ser el agua purificadora por excelencia. Había sido donde el sirio Naamán mandado por Eliséo, sucesor de Elías fue purificado de su lepra. Todo eso ha llevado desde hace tiempo a los estudiosos a afirmar que las ideas de Juan Bautista son tan semejantes a las de los Esenios que hasta es sumamente probable que al menos por un tiempo Juan haya pasado su vida en ese convento. De hecho en el relato de Lucas de la juventud del profeta, se dice: “el niño crecía y su espíritu se fortalecía y vivió en el desierto hasta el día de su manifestación a Israel”. Más, no podemos imaginar a un niño viviendo en un monasterio definido como desierto por sus propios moradores, a un joven abandonado por sus padres en un lugar árido y desamparado. Por otra parte ¿dónde habría Juan, en el páramo, recibido instrucción y sabido de escritura y llegado a profeta? Es verdad que la predicación de Juan no coincide totalmente con la de los Esenios pero es que Juan llamado un día por una voz superior se aparta de ellos y comienza a anunciar la inminente llegada del Reino cosa que los Esenios postergaban para mucho más adelante. Por otra parte los Esenios se habían cerrado orgullosamente en si mismos, habían formado una secta exclusiva en donde los únicos buenos y puros eran ellos y todos los demás destinados al fuego y al castigo. Juan rechaza esta posición exclusivista y en el desierto predica a todo el mundo en la concurrida ruta que lleva de Jerusalén a Jericó con palabras tronantes y urgentes ofreciendo la salvación que llegará por medio del Mesías que anuncia, pero para cuya recepción habrá que prepararse no a la manera de los Esenios aprendiendo y cumpliendo hasta el mínimo detalle de las leyes de Moisés y de pureza y sus múltiples abluciones rituales sino con sencillas reglas de elemental moral y sobre todo con la conversión, la apertura del corazón a Dios, el decisivo abandono del pecado, simbolizado por la única inmersión en el agua del Jordán, a la manera de Naamán el Sirio que después de su baño queda definitivamente librado de su lepra. Es lógico que los fariseos le pregunten que si él es El Mesías o Elías o El Profeta, figuras en las cuales diversos movimientos judíos depositaban la esperanza de la liberación política y terrena de su pueblo. Pero Juan se niega a aceptar que le atribuyan ese sublime papel. Él es simplemente el precursor de aquel que hará mucho más que bautizar con agua como dicen Marcos y Lucas, lo hará con fuego y espíritu santo. El bautismo de Jesús será infinitamente superior al de Juan no solamente de penitencia y purificación a la manera de Naamán sino de apertura de los cielos, de recreación del hombre, al modo de Elías que es arrebatado al cielo o del místico paso del Jordán hacia la verdadera tierra prometida, en esa escena sugerente del bautismo del propio Jesús, con el cielo que se abre a los hombres, el espíritu que baja sobre nosotros, y la voz del Padre, quien nos declara sus hijos. La expectativa de Jesús que crea este tiempo de adviento está soberbiamente tipificada en esta figura impar de Juan el Bautista. Él es la figura del hombre que busca sinceramente a Dios porque en el desierto del estudio y de la oración intenta oír su voz. Es sabido que el hombre de hoy que no sepa rescatar tiempo para orar y estar en silencio y leer y pensar se hace normalmente impermeable a la palabra de Dios. Uno no alcanza por sus propias fuerzas, con el estudio y el silencio, la fe, que es un don de la gracia, pero, ciertamente, sin ese estudio y esa oración y ese silencio y sin pensar es casi imposible que Dios pueda dárnosla. Juan también es vocero del adviento en cuanto nos exhorta a la conversión, al abandono de nuestras debilidades y pecados, de nuestras perezas y concesiones al ambiente, de todo aquello que nos debilita, nos asimila al mundo, y nos hace igual de obtusos a los demás. Pero es también aquel que a diferencia de los Esenios, de los estoicos, de los hindúes, del new age, de los fanáticos de la auto ayuda y de los que solo predican la ética y la moral o los derechos humanos, sabe que nada de eso que apenas sería allanar el camino del Señor, si no lo arruina la soberbia nada de eso vale si no viene realmente el Señor, aquel del cual ni el Bautista ni nuestras buenas obras ni nuestros pesebritos ni menos nuestros adornados arbolitos de Navidad, son dignos de desatar la correa de su sandalia. Pero hay otra asociación y otros personajes que vecinos a este lugar tienen que ver con la escena de hoy, los Esenios una de las tres o cuatro corrientes principales del judaísmo de los tiempos de Jesús y que curiosamente no son nunca mencionados en los evangelios. Jesús su primo más joven, miembro Esenio, es de los primeros bautizados junto con Bernabé su compañero íntimo y con Matías otro compañero, dejó todo para irse al encuentro de Juan el Bautista, con quien pasó un tiempo, hasta el extremo de ser tomado como un discípulo suyo y allí debió quedar fascinado no sólo por el magnetismo personal de Juan sino por el poder tremendo que intuyó detrás de su mensaje profundamente revolucionario. El bautismo de Jesús proporcionó a Juan la satisfacción de saber que su misión no había durado más que tres años pero que el movimiento continuaría incluso después de su muerte. Como el mismo Juan el Bautista había previsto, Al ser detenido en algún momento posterior al año 28 D.C. y anterior al final del año 35 D.C., el tetrarca Herodes lo hizo decapitar, con lo que su manto pasó a hombros de Jesús cuando tenía treinta años y fue consciente de que su período de formación había finalizado para dar inicio a la parte más importante de su vida. Jesús que ya apartado del círculo de Juan, tomó su misión como una continuación y ampliación de la de Juan, dejó de bautizar y comenzó a propagar que el Reino de Dios. No era algo a esperar en el futuro sino que había llegado ya.
Semejanzas Y Diferencias. Con mucha frecuencia se ha querido relacionar a Juan con los Esenios de Qumran, dadas las semejanzas existentes entre su pensamiento y prácticas y los de la secta y también debido a la cercanía de dicho monasterio respecto al lugar donde Juan realizaba su actividad.
Predicación.Seguramente debió conocerlos, pero no es muy probable que se hubiese formado con ellos. La predicación de Juan a diferencia de la enseñanza Esenia, fue pública, no – privada. Al tenor del texto de la Regla y la cita de Isaías se recuerda inmediatamente la predicación de Juan el bautista y el rito del bautismo de Juan que es asombrosamente paralelo a los lavados rituales que los Esenios de Qumran practicaban para purificarse.

  • El Juicio. El juicio anunciado por los Esenios llegaría en un futuro indeterminado y no de manera inminente. Por otro lado, existen también otros personajes distintos de los Esenios con los cuales se podría comparar a Juan.
  • Morada. Puesto que la soledad ayudaba a la oración y al sacrificio en medio de una vida muy austera, muchos hombres sabios y santos elegían el desierto como morada. Por ejemplo Josefo menciona a un maestro suyo: Habiendo oído hablar de un tal Bannus que vivía en el desierto, contentándose para vestir con lo que le proporcionaban los árboles y para comer con lo que la tierra produce espontáneamente, usando frecuentes abluciones de día y de noche por amor a la pureza, me convertí en émulo suyo. (Autobiografía II, 9-11). Tal aspereza de vida se asemejaría mucho a la de Juan. Tenía Juan su vestido hecho de pelos de camello, con un cinturón de cuero a sus lomos y su comida eran langostas y miel silvestre (Mateo 3,4).
  • Bautismo. Finalmente el bautismo Esenio era sólo un rito de incorporación a la secta para los nuevos miembros y el primero de una continua serie de baños rituales. En cambio, el bautismo de Juan era único y definitivo. En el contexto de su predicación del tiempo final y de la llegada del Reino de Dios. El bautismo hay que entenderlo como la última preparación, como el sello que habría de encontrar en cada uno el Juez que estaba por llegar para ser hallados dignos del Espíritu renovador y no del fuego de la condena. Las fuentes cristianas presentaron el rito practicado por Juan como bautismo de conversión para el perdón de los pecados (MC 1,4). En esto se diferencian del testimonio transmitido por Josefo para quien el bautismo servía no ya para hacerse absolver de ciertos pecados sino para purificar el cuerpo después de que el alma había quedado previamente purificada por la justicia (Antigüedades XVIII, 117). Si bien Marcos y Lucas señalaron como requisito previo el arrepentimiento y la voluntad de conversión manifestada en la confesión de los pecados (MC 1,5), no negaron que se tratara de un signo eficaz que otorga el perdón. Representaba para ellos una oferta de gracia divina que permitía acceder a la salvación cuando no quedaba ya ninguna oportunidad a través de otros ritos de penitencia u obras de misericordia. Un bautismo conferido por un hombre y capaz de otorgar el perdón era ciertamente escandaloso. Por eso es comprensible que se haya buscado hacer relativo posteriormente la eficacia que Juan atribuía a su rito. Así sucede con el silencio de la fórmula para el perdón de los pecados en MT. 3,6, que fue desplazada hacia la última cena de Jesús a través de “la sangre de la Alianza que es derramada por muchos para perdón de los pecados” (MT 26,28). Otro tanto sucede con la designación de Jesús como “el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo” (Jn. 1,29), puesta en labios del Bautista.

Misión De Juan El Bautista. Es probada la integridad austera de San Juan Bautista inducido a renunciar a toda consideración por el cumplimiento de sus obligaciones con Dios; la firmeza y fidelidad inmutables con que soportó el martirio antes que cometer una falta o traicionar a su Maestro; su reprobación continua, constante y sistemática al vicio y su continua predica del arrepentimiento y la virtud. Pero la verdadera misión de San Juan Bautista fue Iniciar a Jesús el más grande Avatar que haya tenido la humanidad, el Maestro de Maestros que desde entonces se convirtió en Cristo. Fue la de convertir a un ser humano mortal en Inmortal, en Divino Dios. Dos Esenios que volvían del Jordán a EnGaddi, anunciaron que Juan el Bautista predicaba el arrepentimiento de los pecados a orillas del río entre una turba inmensa y Anunciaba al Mesías, diciendo: “Yo Os Bautizo Con Agua, Aquel Que Vendrá Os Bautizara Con Fuego”. Una mañana, paseaba el centenario Maestro de los Esenios con el Maestro Jesús por la playa de EnGaddi quien dijo: Juan Bautista anuncia al Mesías, ¿quién será? Contempló el anciano durante largo rato a su discípulo y le respondió: ¿Por qué preguntas si ya lo sabes? Jesús replicó: Quiero escucharlo de tus labios. Y el Esenio dijo Pues bien, ¡Tu Serás! Te hemos preparado durante diez años, La luz se ha hecho en tu alma, pero falta todavía la actuación de tu voluntad. ¿Te hallas presto? Por toda respuesta Jesús extendió los brazos en forma de cruz y bajó la cabeza. Entonces el viejo terapeuta se Prosternó ante su discípulo y besó sus pies que inundó con un torrente de lágrimas mientras decía: ¡Estoy presto! ; En ti pues descenderá el Salvador Del Mundo. Mirándose de nuevo, la misma luz e idéntica Resolución brillaron en los húmedos ojos del Maestro y en la ardorosa mirada del discípulo Jesús. Ve al Jordán (dijo el anciano), Juan te espera para el Bautismo, ¡Ve En Nombre De Adonai! ! ! ! . Y el Maestro Jesús partió acompañado de dos jóvenes Esenios. Juan vio llegar a los tres Esenios que no conocía pero reconoció la orden a la que pertenecían por sus blancas vestiduras. El más joven de los tres se dirigió diciendo: El Patriarca de los Esenios ruega a Juan el Profeta que administre el Bautismo a nuestro Hermano Elegido, el Nazareno Jesús, sobre cuya testa jamás a pasado el hierro. ¡Que El Eterno Lo Bendiga! ¡Que Penetre En La Onda Sacra!! Dijo Juan sobrecogido de respeto ante la majestad del desconocido de elevada talla, bello como un ángel y pálido como un muerto que avanzaba ante él con los ojos bajos. Titubeó un instante el Maestro Jesús antes de penetrar en el estanque que formaba un leve remanso del Jordán. Luego se sumergió resueltamente el él y desapareció bajo sus ondas. Juan tendía su mano sobre el agua limosa, murmurando las palabras sacramentales. En la orilla opuesta, presos de mortal angustia, los dos Esenios permanecían inmóviles pues no se permitía ayudar al bautizado a salir del agua. Se Creía que un efluvio del Divino Espíritu entraba en El por influjo de la mano del profeta y del agua del río. La mayoría salían reavivados de la prueba algunos morían y otros enloquecían como posesos. A estos se los llamaba endemoniados. ¿Por qué tardaba Jesús en salir del Jordán donde el siniestro remanso continuaba burbujeando en el lugar fatídico? En aquel momento en el silencio solemne tenía lugar un acontecimiento de trascendencia incalculable para el mundo. Si bien lo apreciaron millares de invisibles testigos, solo lo vieron cuatro sobre la tierra: ambos Esenios llegados desde EnGaddi, el Bautista y el mismo Jesús Tres mundos experimentaron como el surcar de un rayo proveniente del mundo espiritual atravesó la Atmósfera Astral y la terrena hasta repercutir en el físico mundo humano. Los terrestres actores de aquel Drama Cósmico fueron afectados en diversa forma aunque con idéntica intensidad. ¿Qué pasó desde el primer instante en la conciencia del Maestro Jesús? Una sensación de ahogo bajo la inmersión, seguida de una convulsión terrible. El cuerpo etéreo se desprende violentamente de la envoltura física y durante algunos segundos toda la vida de la humanidad pasa arremolinada como en un caos luego un alivio inmenso y la oscuridad de la inconsciencia. Él Yo, Trascendente, El Alma Inmortal Del Maestro Jesús Ha Abandonado Para Siempre El Cuerpo Físico, Sumergida De Nuevo En El Aura Solar Que La Inspira Pero Simultáneamente Por Un Movimiento Inverso El Genio Solar, El Ser Sublime Que Llamamos Cristo Se Apodera Del Abandonado Cuerpo Y Se Posesiona De Él Hasta La Médula Para Animar Con Nueva Llama esta lira humana preparada durante centenares de generaciones para el holocausto. Fue este acontecimiento el que hizo fulgurar el cielo azul con el resplandor de un rayo. Los dos Esenios contemplaron iluminado todo el valle del Jordán y ante su lumbre cegadora cerraron sus ojos como si hubieran visto un esplendoroso Arcángel precipitándose al río, la cabeza baja, dejando tras de sí, miríadas de espíritu, como un reguero de llamas. El Bautista nada vio Aguardaba con profunda angustia la reaparición del sumergido. Cuando por fin el bautizado salió del agua, un escalofrío sagrado recorrió el cuerpo de Juan porque del Esenio parecía chorrear la luz y la sombra que velaba su semblante, se había trocado en Majestad Serena. Un resplandor, una dulzura tal emanaba de su mirada que en un instante el hombre del desierto sintió que desaparecía toda la amargura de su vida. Cuando… ayudado de sus discípulos vistió otra vez el Maestro Jesús el manto de los Esenios, hizo al profeta merced de su bendición y despedida. Entonces Juan, sobrecogido, vio la inmensa aureola que flotaba en torno al cuerpo de Jesús. Luego sobre su cabeza, como milagrosa aparición, vio planear una paloma de incandescente luz, semejante a fundido argento al salir del crisol. Sabía Juan por la tradición de los profetas que la Paloma Yona simboliza en el mundo astral El Eterno Femenino Celeste, El Arcano Del Amor Divino, Fecundador Y Transformador De Almas, Al Que Llaman Los Cristianos El Espíritu Santo. Simultáneamente Oyó, La Palabra Primordial, Aquella Que Resuena En Los Arcanos Del Ser Y Que Lo Había Impulsado Antaño Hacia El Desierto, Como Toque De Trompeta Y Que Ahora Retumbaba Con Un Sonar Melódico. Su Significado Era; “He Aquí Mi Hijo Bien Amado. Hoy Lo He Engendrado”; Solamente Entonces Comprendió Juan, Que Jesús Era El Mesías Predestinado. Vio como se alejaba a pesar suyo seguido de sus discípulos. Cuando hubo desaparecido Jesús, creyó ver flotando en los aires la aureola sutil, cuyos rayos se proyectaban en la lejanía. Entonces el Profeta entristecido, se sentó sobre un montículo de arena y ocultó su frente entre las manos, de sus ojos brotó un llanto incontenible, lo que estaba escrito se había cumplido. Esta fue queridos hermanos La Misión De Juan El Bautista.
Jesús Y Juan El Bautista. Juan Bautista y Jesús unos de los más sobresalientes Esenios destinados a cambiar el curso de la existencia humana, brindaron una enseñanza coherente y simbólica, plasmando el desarrollo interno del ser humano en la exteriorización de la enseñanza para que todos los hombres cultos, doctos o ignorantes vieran con claridad las enseñanzas sublimes que eran destinadas solo para personas elegidas. El Jesús presentado en los cuatro evangelios no menciona respecto a su comportamiento frente a la naturaleza circundante y sobre todo a los seres que le rodeaban, pero en el Evangelio de los Esenios, el Evangelio de los Doce Santos, se menciona que por encima de todo comportamiento humano Jesús y nosotros debemos respetar, cuidar y amar a todos los seres vivientes que nos rodean. Jesús antes de su nacimiento es consagrado al Señor, la antigua comunidad de los Esenios, llamados Yessenes, Essenes, Nazaritas, Nazirs o nazarenos, se encargó de educar y conducir las potencialidades para el despertar interior de la Divinidad. Estos seres consagrados vestían de lino blanco, no bebían licor, eran completamente vegetarianos y por encima de todo eran la vivencia interna de Dios, que se expresaba mediante un servicio a la comunidad de almas, ignorantes de la verdad Divina. Juan Bautista representaba la conciencia del ser humano natural que descubrió la ilusión en la cual vivía, para tal fin hizo un desierto de su vida, es decir, murió en vida para consagrarse a la búsqueda espiritual, eliminando toda traza de ilusión, apego, condicionamiento, y todos los miedos que el hombre natural posee, él abrió y allanó el camino para la manifestación del Alma Espiritual, del ser interno en él. Jesús, representa el Alma Consciente de la Divinidad, desde su nacimiento hasta la crucifixión en el Gólgota, muestra el desarrollo interno del ser humano que transforma todo su ser, impulsa a la lucha crucial con el ser eónico del Karma, el Satán en nosotros, venciéndolo mediante la entrega plena al servicio a Dios, la Crucifixión es la consumación de un trabajo arduo lleno de gratitud y fuerza, es una entrega de lo que queda del ser natural y su conciencia a la fuerza cósmica, al verbo solar, la sustancia Espiritual. Cristo es la consumación, es la fuerza espiritual que transforma y conduce todo nuestro campo de vida a un solo fin, la unión con Dios – Padre – Madre y la libertad espiritual del cosmos dialéctico sometido por la dualidad el árbol del bien y del mal. Cristo es la Fuente de Luz, el Agua de la Vida. Este proceso Juan – Jesús – Cristo, conciencia o alma natural, Alma Nueva y Alma Espiritual, debe desarrollarse hasta su culminación en el ser humano que se ha abierto a la verdad única, este desarrollo es solo para los fuertes, es el morir para alcanzar la vida eterna. No sería suficiente la relación de Jesús con Juan para explicar el surgir de su mensaje, ya que según el testimonio en Lucas 3, 23, habría entrado en contacto con él en la edad de su plenitud. “tenía Jesús, al comenzar, unos treinta años, y era según se creía hijo de José”. Es decir que no habría acudido al Bautista como un joven aprendiz, sino llevando consigo ya una cierta experiencia de vida. Debemos, por tanto, tener en cuenta la situación de la tierra que lo vio crecer y la conformación del hogar en el que se crió para conocer mejor al hombre adulto que continuó la predicación del profeta del desierto. Según Marcos 1,9 el lugar de procedencia de Jesús era la región de Galilea. Desde allí habría partido en busca del Bautista: “Y sucedió que por aquellos días vino Jesús desde Nazaret de Galilea, y fue bautizado por Juan en el Jordán”. No existía ninguna referencia en las Escrituras judías acerca de Nazaret, como así tampoco fue nombrada por Josefo al describir la región de Galilea. Posiblemente este silencio se debió a la poca importancia de la aldea, cuya vida propia seguramente transcurriría a la sombra de la vecina y próspera ciudad de Séforis, la capital de la región durante los primeros años de la vida de Jesús.

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