El Cristianismo – La Toráh – San Pablo


EL CRISTIANISMO. Se debe tener una mente muy abierta con gran capacidad de tolerencia para aguantar la lectura de los siguientes párrafos porque a título de información se presentan algunos que son la absoluta negación del cristianismo desde sus más remotos comienzos. De todas maneras se presentan para de alguna forma armar un paralelo teórico y además mostrar el pensamiento antagónico sobre Dios (El PAdre) y Dios Humanado: Jesucrísto (El Hijo).
Orígenes. El cristianismo primitivo se originó a partir del pueblo judío (Hch 2.46), y poco a poco fue distinguiéndose de éste, hasta separarse del todo. La separación definitiva fue motivada por el mismo mensaje proclamado: no es requisito ser judío para ser cristiano (Hch 15.1-35). Así, muchas personas que no eran judías se integraron a la iglesia y contribuyeron a la separación (Ro 11.11-12). Esa separación era de esperarse de todas formas, pues la fe en Jesucristo, el Hijo de Dios, existe porque con su vida, muerte, resurrección, presencia y actuación subsiguientes, se ha realizado un acontecimiento totalmente nuevo. Es la nueva creación (Mc 1.27; 2.21-22; Jn 13.34; Gl 6.15; Ef 2.15). Además, este nuevo acontecimiento se transmitió con formas literarias nuevas, como los evangelios, y con la transformación de formas tradicionales, como las cartas. Los manuscritos del mar Muerto, no permiten conocer con exactitud el ambiente en el que vivió Jesús y como la iglesia ha ido cambiando sus ideas, pero los cronistas romanos de la época son de gran interés y ayuda. Al parecer Jesús conocía bien las costumbres Esenias a juzgar por la similitud de su doctrina y las costumbres de esta comunidad. Para conocer bien sus costumbres era preciso ser iniciado de ella. Por lo tanto Jesús tuvo una educación y llegó a cierto grado de importancia en esta comunidad Esenia. Veamos estas similitudes: Ambos están en contra del divorcio y la poligamia; limitando el matrimonio solo a La descendencia y no al disfrute. Aunque esto si esta admitido por el Judaísmo.
Asociaciones Del N. T. Y De Los Textos Del Qumran. Los textos fueron redactados con anterioridad y en la misma región. Los textos de San Juan y sus alusiones a los hijos de la luz y los hijos de las tinieblas. El único equipo de viaje, el bastón; así como la caridad de sus seguidores. La disposición de los bienes a la Comunidad. El baño ritual (Bautismo). El almuerzo de la Comunidad del Qumran con la última cena de Jesús.
Jesús era el hijo de un Rabino y gran mago; dado que carpintero significa el que moldea la madera fruto de la tierra y teniendo en cuenta que en esa época se utilizaban denominaciones metafóricas. Debía de hacer mención a un Rabino que moldea el espíritu del hombre”. De ahí su gran conocimiento de los textos antiguos y de la Ley; así como su rápida aparición hablando en el templo a una edad muy temprana, sus curaciones y su visión de los acontecimientos futuros.

  • Formó parte de los Esenios desde joven.
  • Estaba en contra de los dirigentes del templo (los Fariseos).
  • El nunca estuvo contra Roma. Dar al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios.
  • Pilatos fue cesado de su cargo por dejarse llevar por los sacerdotes del Templo y no hacer respetar la Ley romana en la causa contra un ciudadano romano.
  • Lo que él quiso fue abrir la religión Judía a todo el mundo y que no era necesario ser de origen judío para vivir el Judaísmo.
    Tuvo una gran cantidad de seguidores y detractores. Fue traicionado tanto por los dirigentes del templo que veían en el un peligro para conservar su status y por los propios Esenios que estaban empeñados en conservar la esencia de la tradición.
  • Fue una persona muy importante que marco época y molesto a muchos y en especial a su pueblo que no supo entender su mensaje.
  • Hoy día sus seguidores continúan sin entender el mensaje y creyendo en él cómo Dios Padre.
  • En la religión Judía es Maestro muy respetado y gran profeta. Esta religión está avanzando y evolucionando con gran facilidad, quizás lo que en aquella época no consiguió, hoy está recogiendo los frutos que sembró.
  • El nunca quiso formar una nueva religión y llegar a lo que se ha llegado hoy en día. La continuación del Imperio Romano, pero en su versión más oscura y depravada.
  • Por ultimo recordemos que el N. T. Se escribió a partir del S. IV D.C., que en la edad media también fue adaptado a la época. Parece mentira, ¿Donde están los escritos y comentarios de sus apóstoles directos? Si algo se escribió, no se ha encontrado nada. Fueron los seguidores de los seguidores de estos los que narran el Nuevo testamento. Que cada persona obtenga sus conclusiones y crea lo que su Fe, su conciencia o su razonamiento crea.

La iglesia en la época de los apóstoles. Para hacer una cronología aproximada de todos los acontecimientos importantes en la vida de la iglesia durante la época de los apóstoles, recurrimos a los únicos sucesos narrados en el libro de Hechos que pueden fecharse con precisión según fuentes judías y romanas. Es a partir de esas fechas como se pueden fechar los demás sucesos. Primero que todo mencionemos la muerte del rey Herodes Agripa I (Hch 12.23), ya que es la fecha que con más exactitud se puede fijar. Según el historiador judío Josefo, Agripa fue nombrado rey de Palestina poco después de que el emperador Claudio tomara el poder en Roma, en enero del año 41 D.C. Según Josefo, Agripa reinó durante tres años, por lo que la fecha de su muerte puede ser el 44 D.C.
Otro acontecimiento singular que se puede fechar es la hambruna mencionada en Hechos 11.28, pues varios autores antiguos la mencionan en sus libros (Josefo, Tácito y Suetonio), y en papiros egipcios se registra el alto precio que alcanzó el trigo en esa época. Según esas fuentes, hubo una gran hambruna entre los años 46 ó 47 D.C., cuando Tiberio Alejandro era procurador de Judéa. Aunque no se puede confiar mucho en un historiador tan tardío como Orosius (siglo V), cabe apuntar que él fecha el edicto del emperador Claudio para expulsar de Roma a los judíos (Hch 18.2), en el año 49 ó 50 D.C.
Por último, en Hechos 18.12 se menciona el juicio de Pablo ante el gobernador de Acaya, llamado Galión. Según una inscripción en latín encontrada en Delfos, Grecia, el gobierno de Galión puede ubicarse entre el 51 y 53 D.C.
Flavio Josefo. Los escritos de Flavio Josefo son bien conocidos y son muy importantes para los estudios del Nuevo Testamento desde hace más de mil años. Algunos sabios cristianos de antes de Calcedonia (451) lo admiran excesivamente. Jerónimo (324-420) lo saluda como “el Tito Livio griego”(Ep. 22 ad Eustochium 35,8). Josefo y Jesús eran judíos de Palestina, ambos ligados íntimamente a la Galilea. Aunque Josefo haya vivido después que Jesús en ese siglo primero, su carrera estuvo marcada al principio por la lucha contra y eventualmente la guerra con los Romanos. Es difícil saber lo que ocurrió en las quince horas previas a la crucifixión, pero está claro que Jesús fue crucificado por los Romanos, probablemente porque lo consideraban un rebelde político. Tanto a él como a sus discípulos se los veía como una amenaza para la precaria paz que existía alrededor de los años 30 en Palestina. La importancia de Josefo en lo que concierne a las investigaciones sobre Jesús, no consiste en su persona, sino en sus escritos. Él es el historiador del Judaísmo Primitivo. Y describe los tiempos turbulentos en los que vivía Jesús. Lo que es más importante, habla de Jesús. Su referencia a Jesús, el Testimonium Flavianum puede traducirse del griego como sigue: En estos tiempos estaba Jesús, un hombre sabio, si realmente se lo puede llamar un hombre porque era alguien que realizaba obras sorprendentes, un maestro de gente que con placer recibía lo inusual. Perturbó a muchos judíos y también a muchos de los griegos. Era el Cristo. Y cuando Pilatos lo condenó a la cruz, porque había sido acusado por los importantes de entre nosotros, los que lo habían amado desde el principio no cesaron de causar problemas, porque se les apareció al tercer día, teniendo nuevamente vida como los profetas de Dios habían anunciado estas y tantas otras incontables maravillas sobre él. Y hasta ahora la tribu de los cristianos, así llamados por su causa, no se han aún extinguido. (Ant 18.63-64). Esta traducción refleja, sin duda, la interpretación de un judío del siglo primero. Podemos estar seguros que, en su forma actual, sin embargo, esta referencia a Jesús revela ciertamente una mano cristiana, ya sea que un escriba cristiano haya agregado ese pasaje in toto, sea que uno o varios escribas cristianos lo hayan reescrito e interpolado. Un estudio del Testimonium Flavianum sólo permite avanzar conjeturas sobre una u otra de las hipótesis que, finalmente, se consideran fundadas sobre pruebas insuficientes. Parece probable que Josefo haya hecho referencia a Jesús, pero no en la forma preservada por los manuscritos griegos. Los críticos prefieren no abordar el problema de la autenticidad de las palabras de Jesús en esta sección de las Antiquitates. Prácticamente se ignora este pasaje en las investigaciones sobre el Jesús de la historia. El Kitab al-nwan que es una versión árabe del Testimonium Flavianum. Veamos la traducción de ese pasaje por S. Pines: Del mismo modo Josefo (Yusifus), el hebreo. Porque dice en los tratados que ha escrito sobre el gobierno de los judíos: Había en ese tiempo un hombre sabio llamado Jesús. Su conducta era buena y fue reconocido como justo. Y muchos de entre los judíos y los gentiles se hicieron sus discípulos. Pilatos lo condenó a ser crucificado y murió; pero los que se habían hecho sus discípulos no dejaron de seguirlo. Manifestaron que se les había aparecido tres días después de su crucifixión y que estaba vivo; por eso tal vez sea el Mesías del cual los profetas contaban cosas maravillosas. Lo que inmediatamente salta a la vista cuando comparamos la recensión en árabe con la griega es que los pasajes claramente cristianos están manifiestamente ausentes en la versión árabe. Las dos recensiones del Testimonium Flavianum deberían ser estudiadas por los estudiantes de teología, los sacerdotes y los pastores, los laicos y los profesores de seminarios. La recensión griega, después de la eliminación de las interpolaciones cristianas, revela cómo un judío del primer siglo podía clasificar a Jesús: un rebelde que venía a perturbar una paz precaria; pero también un sabio, que realizaba cosas «maravillosas» , tal vez hasta milagros; a quien siguieron muchos judíos y gentiles. La versión árabe trae una justificación textual de la eliminación de las interpolaciones cristianas y demuestra que Josefo, en Antiquitates seguramente pone en discusión a la persona de Jesús; pero, en su forma “completa”, ese texto es ciertamente demasiado favorable a Jesús. La aparición de esas dos recensiones nos permite colocar nuestros proyectores 2000 años atrás y enfocarlos sobre el Jesús de la historia. Y esto es de gran importancia. Hace que dejemos de preocuparnos con ideas de confrontación con un galileo del siglo primero. Quedamos momentáneamente protegidos de la eterna amenaza de dogmas y liberados para reflexionar sobre la especificidad de una persona, Jesús. Paradigmas claros se embrollan por una confrontación cobarde con realidad. Sueños históricos comienzan a fundamentarse en dramas históricos.
Jesús fue un judío del siglo primero subrayan hoy la brillantez de muchas de las enseñanzas de Jesús. Algunos ven en él al que enfatizó en su vida y pensamiento las extremas exigencias de la Ley (Toráh). La tarea consiste ahora en inculcar en la mente del público estas nuevas y refrescantes ideas. Seguramente nuestro mundo y cultura serán más pacíficos, más agradables y estarán más protegidos de grandes injusticias y miedos del pasado si se torna común el saber que Jesús fue un judío del siglo primero, que su proclamación de la Ley de Dios (o del Reino de los Cielos) y su oración son claramente judías. Sus discípulos fueron todos judíos, y muchos otros judíos estuvieron atraídos por su vida y su pensamiento. Como los Fariseos, Saduceos y Esenios, el Movimiento Palestino de Jesús fue un grupo judío distinto que ayudó a dar forma al vibrante mundo de la cultura judía de los años anteriores al 70. Jesús y los orígenes del cristianismo están inextricablemente unidos al Judaísmo.

ORÍGENES DEL CRISTIANISMO.Tras los descubrimientos arqueológicos en Nag-Hammadi, de algunos fragmentos de textos evangélicos apócrifos no aceptados por la Iglesia, relatos de origen árabe sobre la vida de Jesús y los de las cuevas de Qumran; los orígenes del cristianismo ya no se deben buscar entre los fariseos y los talmudistas, sino entre los Esenios, por la visión más amplia y profunda del origen doctrinal del cristianismo y el estudio científico de su historia mistificada por la propaganda doctrinal. El cristianismo no se distinguía inicialmente del judaísmo en el siglo I, ya que Los primeros cristianos, algunos de ellos incluido Jesús habían pasado por los monasterios Esenios en su etapa de instrucción religiosa, fueron una subsecta Fariséa próxima a los Esenios doctrinalmente no distinguida en nada del judaísmo y la predicación de Jesús en ningún momento atentó contra sus valores y doctrinas en ese momento y Él mismo se presentó como rabino ortodoxo respetuoso de la ley, con suficiente conocimiento y derecho como para poder explicarla o predicar sus textos sagrados. En aquel tiempo los elementos mas activos del judaísmo se dividían política y religiosamente en grupos o sectas no disidentes con la doctrina oficial en el sentido que se le da hoy a secta en el hinduismo actual o algo similar a partido tal como se conoce actualmente en el contexto político, es decir que una persona de inclinación religiosa entraba en una secta determinada como forma de participación en la vida religiosa de su comunidad, fundamentalmente:

  • Los Saduceos o Zacobitas, sacerdotes oficiales del Templo, profesionales de la religión y colaboradores en lo político de los romanos, usurpadores del puesto en el Templo a los Fariseos.
  • Los Fariseos más íntegros y moderados en la interpretación de la ley.
  • Los Zelotes nacionalistas extremistas, sicarios terroristas que portaban cuchillo y asesinaban en algún descuido entre las aglomeraciones urbanas a sus víctimas.
  • Los Esenios eran Fariseos muy conservadores de vida comunitaria en monasterios donde estudiaban los textos sagrados bajo la dirección de superiores o maestros. Es muy importante examinar la vida de Jesús dentro del contexto definido por los hechos sociales y políticos que se producían en la sociedad que le vio nacer. Era esta una época de gran agitación en el mundo judío. A lo largo de su historia los judíos han sufrido las consecuencias de invasiones constantes. Debido a las derrotas y a la impotencia provocada por éstas, el fuego del odio seguía ardiendo en sus corazones. Pero incluso en los días más negros de su desesperación, una gran mayoría de los judíos mantuvo el equilibrio mental y siguió esperando a un nuevo Moisés cuya venida estaba descrita en la Toráh. De él esperaban que bajo su mando consiguieran expulsar al invasor, anunciando con esto el reino de Jehová. El nuevo Moisés sería el Mesías el Ungido. Junto con este grupo coexistió, desde siempre, un sector de la nación judía dispuesto a adorar a cualquier nuevo sol naciente y a desplegar sus velas al viento dominante en cada situación para así sacar partido de su mala situación. Con esto conseguían riqueza y posición tanto temporal como religiosa, pero se hacían odiosos al resto de los judíos que los consideraban traidores. Aparte de estos dos grupos, había un tercero que se diferenciaba enormemente de los anteriores. Buscaban refugio en el desierto para practicar allí sin cortapisas las enseñanzas de la Toráh y prepararse para combatir a los invasores cuando se presentara la ocasión. Durante este período, los romanos fracasaron en sus intentos por descubrir sus escondites y el número de estos patriotas continuó aumentando. Josephus el Historiador describe a los tres grupos dándoles los nombres de Fariseos, Saduceos y Esenios respectivamente.

Otras Raíces. Por cierto que el cristianismo tiene raíces tan variadas como múltiples: Moisés, los profetas, la Toráh y otros aportes judíos; las sectas nazarena y ebionita, y las de los Esenios y terapeutas; la probable influencia de los astrólogos Caldeos; las religiones de Mitra, de Adonis, de Atis y de Osiris; el idealismo platónico; las escuelas filosóficas – místicas de Plotino y Porfirio con su ya alevoso y asiático volver la espalda al racionalismo griego, todo ello para no contar las más cavernarias supersticiones, las milagrerías más ñañamente ingenuas. Los Evangelios no son, fundamentalmente hablando, el producto de un espíritu o de varios espíritus individuales sino una creación colectiva y anónima, operada a lo largo de muchas décadas, enteramente emanada de los factores económicos, políticos y espirituales de la época y las circunstancias. La primera evidencia surgida de la lectura sin prejuicios de los Evangelios, es que ninguno de los presuntos cuatro evangelistas, conoció al biografiado. Como se desprende de la alusión hecha a personajes o sucesos muy posteriores a la supuesta fecha de la muerte de Jesús, los Evangelios fueron redactados entre fines del siglo I y mediados del II por personas que no conocieron a los discípulos ni menos al maestro. Son la versión escrita de una largüísima tradición oral y anónima o de alguna otra fuente desconocida. No hay, un solo testimonio escrito de alguien que haya conocido a Jesús. Los distintos Evangelios NO coinciden fervorosamente entre sí por la simplísima razón de ser la expresión de sentimientos, visiones y sectas distintas. De ahí las contradicciones, tajantes a veces:

  • En el Sermón del Monte se declara lisa y sencillamente que Jesús no ha venido a anular la Ley y los Profetas ni a menoscabarlos: “No a destruir sino a cumplir he venido”. “Quien observa la Ley y enseña a observarla, será grande en el reino de los cielos” (Mateo V, 17,19). Se trata pues, de un restaurador de la pureza mosaica.
  • Abiertamente, Jesús se coloca por encima de la Ley y los Profetas, con grande escándalo de los escribas (Mateo IX, 2; Lucas VII, 47).
  • Otra contradicción contundente es sobre la obligación de pagar tributo al romano, Jesús la aprueba con la sentencia famosa “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios’ (Marcos XII, 17; Lucas XX, 25). Ese mismo Rabí aparece más tarde como antitributario, al declararse rey de los judíos y los saduceos y ancianos del pueblo lo acusan ante Pilatos: “A éste hemos hallado que veda dar tributo a César” (Lucas XXIII, 2).
  • Si la caridad lo pide, Jesús viola tranquilamente el sacro reposo del sábado (Marcos XI, 22).
  • Va contra el tabú de los alimentos impuros, pues “lo que contamina al hombre es lo que sale de su boca no lo que entra”. Rechaza el divorcio mosaico, come con pecadores y publicanos, y si algo falta, un día anuncia la destrucción del templo, está en contra de la Ley que él dice venir a cumplir.
  • Rechazar hasta el deseo de lo impuro; oponer la dulzura y mansedumbre a la violencia al ofrecer la mejilla izquierda si nos golpean la derecha; no odiar sino amar a nuestros enemigos; proceder con el prójimo como quisiéramos que él procediese con nosotros; amar sin distinción a todos los hombres que son nuestros hermanos ¿No es tenido todo eso por la originalidad esencial del cristianismo?
  • Ese mismo varón de amor es el que dice: “yo no he venido para meter paz, sino espada» (Mateo X, 34); el que llama “sepulcros blanqueados” a los fariseos, discípulos del dulce Hillel con cuya doctrina concuerda sustancialmente la suya; el que un día arroja del templo a latigazo limpio a cambistas y chalanes; el rebelde que se apresta a oponer la violencia a la violencia; “Ahora el que tiene bolsa tómela y también la alforja y el que no tiene venda su capa y compre espada” (Lucas, XXII, 36, 38).
  • También es altamente contradictoria su actitud ante la mujer y la alegría de vivir. Mientras en Juan (II, 1, 10.) se muestra como un no asceta que come sin remilgos con publicanos y pecadores, y no sólo no rehuye a la mujer sino que acepta complacido su fastuoso homenaje de ungüento de nardo (Lucas III, 37) y perdona sin titubeos las reincidencias galantes de Magdalena y aun a la mujer sorprendida en adulterio (Juan VIII, 3), se muestra en otros pasajes más ávidamente rigorista que Moisés mismo, condenando el divorcio (X, 9) permitido por toda la antigüedad, llegando hasta condenar implícitamente aun el amor de mujer y hombre (Mateo XIX, 12).
  • Tampoco se ve claro cuál es su verdadera concepción de “el reino de Dios”. A veces parece ser el de las almas o conciencias limpias. A veces la realización de los sueños apocalípticos de Daniel y de Enoch. En ocasiones, el edén de los pobres y humillados: la visión de un demagogo socializante.

Versiones de Jesús. La verdad es que hay tantos Jesús como biógrafos, y aun más; pues no siempre hay congruencia consigo mismo en cada Evangelio. Por lo pronto el Jesús de Mateo es estrechamente antigentil; el de Marcos lo es menos; el de Lucas simpatiza con los paganos; el de Juan es antijudaico; el de Pablo es abiertamente antijudaico y universal No hay unidad doctrinal ni psicológica en el protagonista de los Evangelios, no es un personaje sino varios personajes. Este es el argumento clave contra su existencia personal. Pese a lo que sostuvieron los cristianos ortodoxos, y no pocos heterodoxos, como Renán y Straus, no hay verdadera “buena nueva” en los Evangelios; ello es, en ningún momento se distancia de las más altas enseñanzas del Viejo Testamento y de la sabiduría oriental o helénica o las supera, y no inventa uno solo de sus mitos y ritos. La vida y los hechos y palabras de Cristo tienen su fuente y justificación en el Viejo Testamento, o mejor, están casi totalmente cosidos con retazos del mismo. “El señor, tu Dios, hará de ti y del medio de ti, un profeta” (Deuteronomio XVII; 153). “Alégrate, oh hija de Jerusalén: he aquí que tu rey viene a ti: es justo y trae la salvación; viene a ti humilde montado en un asno” (Zacarías XX, 9). “Los malos me han cercado; agujerearon mis manos y mis pies” (Salmos XXIII, 16). “Se repartieron mis vestidos entre sí y sobre mi túnica echaron dados” (Salmos XXII, 18). “También me dieron hiel por comida y en mi sed me dieron vinagre” (Salmos VI, 9, 21). “Dios mío, Dios mío por qué me has abandonado” (Salmos XXII, 1). “Es un varón de dolores y está identificado con el agravio” (Isaías, LIII, 3). La misma traición de Judas está anunciada (Salmos XLI, 9). Es decir, como puede advertirse, se ha tomado el rábano por las hojas: la figura de Jesús fue fraguada para justificar las profecías.
En resumen, los Evangelios están eruditamente saturados de magia, astrología, taumaturgia, niñerías y absurdos más o menos sobrehumanos o infrahumanos: Jesús camina sobre las aguas a pie enjuto, resucita un cadáver que tira a carroña, trueca el agua en vino con mucha más gracia que un tabernero, arroja como por un balcón los demonios del cuerpo del poseso, tiene “hermanos según la carne” (Mateo XIII) pese a ser hijo de una virgen, admite como discípulo a Judas sabiendo que lo ha de traicionar y cien cosas de este jaez, aunque lo asombroso no son tantos absurdos, dados la época y el medio, sino el que dos mil años después, la humanidad que se supone más moderna, finja tomarlos en serio por pura inercia de espíritu, por puro temor al porvenir o por conveniencias inconfesables. El cristianismo engendra a Jesucristo y no al revés. La doctrina y creencia nacieron de la esperanza mesiánica de Israel combinada con el anhelo de justicia social de todas las plebes y de salvación de la pureza humana en una época en que, con el triunfo imperial de Roma, la tierra parecía haber hallado un amo definitivo y la servidumbre humana su mayor de profundis. Descreídos de este mundo, los hombres pusieron toda su fe en el cielo. La figura de Jesús nació (cuando los elementos estaban maduros) de la necesidad de personalizar y dar forma heroica e idílica a aquel sueño inmenso. Como cada evangelista recogió el folklore sacro según su escuela y su gusto, la figura de Jesús resultó tan contradictoria como inasible. Al Jesús judaico – Galileo de los Evangelios sinópticos se sobrepuso el Jesús del cuarto Evangelio y de las epístolas de Pablo, que es el fruto del judaísmo fecundado por lejanos vientos de Asia y Egipto y por las aguas grecorromanas. Hay, pues, varios Jesús creados por los númenes religiosos, pero ni uno solo por la realidad de la historia.
El Trasfondo Del Cristianismo Primitivo. Tras la catástrofe del 587, el núcleo de la población de Judá es deportado a Babilonia, aunque hubo quienes quedaron en el país y otros se exilaron en Egipto. Fue una deportación donde fraguó el judaísmo. Tras la crisis, los “judíos” mantienen su identidad religiosa y nacional recordando las tradiciones sacras de su fe monoteísta, centrándose en la fidelidad a la Ley y en particular en las prescripciones más distintivas, que podían observar aún en la deportación y el exilio: circuncisión, sábado y reglas alimenticias. Contaron con el aliento de profetas que siguen interpretando los sucesos presentes y el porvenir a la luz de la fe en las intervenciones de Dios en el pasado. La sustitución del dominio babilónico por el del Imperio Persa dio la oportunidad para un retorno, que no respondía a las expectativas ilusionadas de una grandiosa restauración. Pese a la modesta reconstrucción del Templo, el desánimo dio paso a la laxitud religiosa y moral. De los quedados en Babilonia vino de nuevo, con Nehemias y sobre todo con Esdras, el impulso para la reforma y la consolidación del judaísmo como comunidad religiosa, aglutinada en torno a su Toráh divina, con su propia identidad cultural, social y, limitadamente, política. La fe monoteísta quedó protegida de contaminaciones sincretistas. Las tradiciones sagradas fraguaron en una Toráh escrita. El puesto fundamental concedido a Moisés por la tradición llevó a distinguir primero entre la Ley y los Profetas y luego entre la Ley, los Profetas y los demás escritos. Esta triple división, ya atestiguada el 135 a. C. pudo originarse en la recolección de los libros sagrados (h. 164 a. C.) tras su intento de destrucción por el poder pagano. Los textos sagrados, al ser reconocidos como tales, eran guardados en el Templo. Esta recepción, lo mismo que las citas de la literatura judía contemporánea, son testimonio de la canonicidad reconocida al A.T. antes de la destrucción del Segundo Templo.
a Toráh. Pero para comprender por qué algunos de los líderes de los judíos también mostraban oposición a Jesús, es necesario examinar brevemente lo sucedido con la Toráh durante los 13 siglos transcurridos desde su revelación.

  • La Toráh original o el Pentateuco fue destruida durante las invasiones lideradas por Nabucodonosor en el siglo VI a. C., junto con el resto de los libros originales que formaban el Antiguo Testamento. Durante el exilio en Babilonia Esdras puso por escrito la Toráh que había memorizado, pero esta versión fue destruida durante el saqueo a Jerusalén por Antíoco Epeplianus en el año 161 a.C.
  • Durante los 4 siglos comprendidos entre el 450 y el 50 a. C., después de la destrucción de los textos de Esdras en manos de Antíoco, el libro conocido como la Toráh, junto con los libros adicionales que pretendían recoger la historia de las Tribus de Israel desde la época de Moisés, fueron a menudo escritos y compilados de restos de fuentes siglos después de que ocurrieran los sucesos que narran. Siguió siendo revisada y re-escrita y lo que iba a convertirse en la religión conocida como Judaísmo tomó forma definitiva bajo la dirección de un fuerte sacerdocio Levítico que se consideraba a sí mismo el auténtico guardián del antiguo conocimiento.
  • Cuando por primera vez la Toráh fue traducida al griego por setenta y dos eruditos de Alejandría, aproximadamente entre el 275 y el 150 a. C., la versión hebrea ya había sido re-escrita dos veces de memoria introduciéndose en ella cambios importantes durante el proceso y ya no representaban las enseñanzas originales de Moisés, ni lo habían hecho durante un periodo de tiempo considerable.
  • El Talmud, donde se pretende recoger las tradicionales orales de Moisés, apareció en forma escrita 17 siglos después de la muerte de Moisés y al menos 9 siglos después de que la Toráh hubiese dejado de existir en su forma original.
  • El Mishná, la forma escrita de las supuestas tradiciones orales de Moisés, no se compiló en su forma actual hasta comienzos del siglo III, D.C. Los dos comentarios sobre el Mishná, el Jerusalén Cemara y el Babylonian Gemara no se completaron hasta los siglos V y VII D.C. respectivamente, y los comentarios escritos sobre estos dos comentarios, la extensa literatura Midrash, fueron escritos entre los años 400 y 1.200 D.C.
  • El Antiguo Testamento es una colección de obras de longitud y estilos también diferentes escritos basándose en tradiciones orales en varias lenguas y durante un periodo de más de novecientos años. Muchas de estas obras fueron corregidas y completadas según lo exigían acontecimientos o requisitos especiales y a menudo en períodos muy distantes unos de otros.
  • Los primeros cinco libros de esta colección conocida generalmente con el nombre de Pentateuco están directamente conectados con Moisés aunque está claro que no son la Toráh originalmente revelada ni fueron escritos por él.

Versiones de la Toráh.Es de notar que con anterioridad a las versiones escritas durante y después del exilio de Babilonia la primera de las cuales fue compilada por Esdras, existía una comúnmente conocida como la versión Sacerdotal basada en por lo menos 3 fuentes: la versión Yahvista, la versión Elohista y el Deuteronomio. Estas utilizadas junto con otras 9 para producir la versión Sacerdotal, la que se enseñaba en el Templo tras su reconstrucción en el año 515 a.C. La versión Sacerdotal procede entonces del período del exilio o de después del exilio en el siglo VI a.C. Además incluye adiciones repartidas a lo largo de ocho autores diferentes.

  • Más recientemente se ha considerado que muchas de las leyes o constituciones contenidas en el Pentateuco tenían paralelo fuera de la Biblia y se remontaban en el tiempo mucho más que las fechas atribuidas a los documentos en si y que muchas de las historias del Pentateuco evidencian un escenario diferente y más antiguo, que aquél del que se supone procedían estos documentos.
  • Todo esto hace pensar en motivos interesados en la formación de las tradiciones. Al llegar a este punto la cuestión se complica de tal manera que ya nadie sabe donde está. La multiplicidad de estas fuentes trae aparejada consigo gran cantidad de desacuerdos y repeticiones. El Padre de Vaux da ejemplos de esta superposición de tradiciones en el caso del Diluvio, el secuestro de José y sus aventuras en Egipto; desacuerdos respecto a los nombres relacionados con un mismo protagonista además de descripciones diferentes de acontecimientos importantes. De igual manera se muestra cómo el Pentateuco ha sido compuesto a partir de varias tradiciones reunidas por sus autores con mayor o menor pericia. En ocasiones estos autores yuxtaponen unas recopilaciones con otras e incluso llegan a adaptar las historias en aras de la síntesis. Así se Permitió la introducción de improbabilidades y desacuerdos en los textos tales que han producido en el hombre moderno la exigencia de un estudio objetivo de las fuentes.
  • Las 3 principales versiones han sido fechadas y localizadas en cuanto a tiempo y lugar:
    • La Yahvista donde Dios tiene el nombre de Yahvé procede del siglo X a IX a. C. escrita en Judá basada en otras 3 fuentes y terminada en el siglo VI a. C.
    • La Elohista donde Dios se llama Elohin era probablemente algo más reciente escrito en Israel y se basaba en 4 fuentes.
    • El Deuteronomio procede según algunos del siglo VIII (E. Jacob) o de la época de Josías en el siglo VII a.C., basada en 6 fuentes.
  • Estudio Crítico De Los Textos. El Pentateuco ilustra lo que puede definirse como el ejemplo más evidente de adaptaciones hechas por la mano del hombre en diferentes épocas de la historia judía a partir de tradiciones orales y de textos procedentes de generaciones anteriores. Comienza su redacción en el siglo X o IX a.C. con la tradición Yahvista que toma la historia a partir de sus inicios. Esta tradición esboza el destino específico de Israel a fin de hacerlo encajar en el Gran Diseño Divino para la humanidad según el Padre de Vaux. Fue concluido en el siglo VI a.C. con la tradición Sacerdotal, sumamente meticulosa a la hora de mencionar fechas y genealogía. En el caso del Génesis, la división del Libro según tres fuentes de procedencia ha sido establecida categóricamente: En el comentario del Padre de Vaux a su traducción del Génesis, se proporciona una lista de pasajes y su relación respectiva con cada una de las fuentes de procedencia sobre las que se basan. A partir de estos datos es posible determinar la contribución hecha por cada fuente a cada uno de los capítulos. Por ejemplo: en el caso de la Creación, el Diluvio y el período comprendido entre el Diluvio y Abraham, que ocupan los primeros once capítulos del Génesis, puede distinguirse en el texto Bíblico la alternancia de una sección de textos Yahvista y de una sección Sacerdotal. En estos primeros capítulos no existen textos Elohistas, sin embargo la yuxtaposición de contribuciones Yahvistas y Sacerdotales es bastante evidente. Desde la Creación hasta Noé (primeros cinco capítulos), la disposición de los textos es sencilla: desde el inicio hasta el fin de la narración, un pasaje Yahvista se alterna con uno Sacerdotal. En el caso del Diluvio y especialmente en los capítulos 7 y 8, la relación del texto con cada una de las fuentes se minimiza a pasajes muy cortos o incluso frases aisladas. En el espacio de poco más de cien páginas de la versión inglesa, el texto cambia diecisiete veces. Esto es lo que da origen a las improbabilidades y contradicciones que encontramos en la versión que existe en nuestros días.
    Es evidente en consecuencia, que la versión de la Toráh existente en la época en la que Jesús vino a este mundo no era la Toráh original que había sido revelada a Moisés en el monte Sinaí. Era una colección de obras con contenidos muy dispares, escritas a lo largo de casi siete siglos y para las que antes de ser amalgamadas en un único texto, se utilizaron fuentes extremadamente diversas pero igualmente de contenidos casi ciertos. Sin embargo sabemos por el Corán que Dios no sólo dio a Jesús su propia revelación el Inyil, sino que también le dio conocimiento de la Toráh original revelada a Moisés confirmando en cada uno de los casos el primero a ésta última. Jesús estaba pues en una posición privilegiada guiado por la Divinidad, para poder ver cómo y dónde se habían alterado y distorsionado las enseñanzas originales de Moisés. Esto complicaba las cosas al sacerdocio judío que con anterioridad a la venida de Jesús se había arrogado casi sin discusión alguna la posición de ser los auténticos guardianes de las enseñanzas originales de Moisés. Esta pretensión era la base de su liderazgo y de sus medios de vida. Jesús desveló su hipocresía poniendo con ello en peligro la fuente de su riqueza y autoridad. De ahí nace la virulencia mostrada por el sacerdocio judío en su oposición a Jesús. En el volumen segundo de su obra “Los Profetas en el Corán – Los Últimos Profetas”, la Sra. Iftejar Bano Hussein dice: No existe copia conocida de la revelación original, el Inyil, dada a sayyidina Iza Jesús, la paz sea con él, lo cual explica en parte por qué sus enseñanzas han sido tantas veces vueltas a escribir y redefinidas en los dos últimos milenios. Según el Evangelio de Bernabé, el Inyil jamás fue recogido en forma escrita, era como un pozo de sabiduría dentro de] corazón de Jesús del que se abastecía cada vez que era necesario, pero es evidente que además de hablar el Arameo, sayyidina ‘Iza conocía también el hebreo ya que su objetivo era restablecer entre las Tribus de Israel las enseñanzas originales de Moisés, según la Toráh. Este libro escrito en hebreo antiguo había sido cambiado y corrompido hasta tal punto que cuando Jesús nació, fue rechazado por la misma clase sacerdotal judía que se auto proclamaba guardiana celosa de las enseñanzas de Moisés. Es posible que una de las razones principales por las que el sacerdocio judío se oponía a sayyidina Iza y deseaba su muerte, se debía a que Jesús conocía las partes de la Toráh revelada originalmente a sayyidina Musa Moisés, que habían sido cambiadas posteriormente por los judíos, puesto que Jesús había recibido de Allah el conocimiento directo de la Toráh. Es también más que probable que sayyidina ‘Iza estuviera al corriente de las distorsiones y correcciones contenidas en los textos adicionales que habían sido escritos tras la muerte de sayyidina Musa y en los que se pretendía recoger fielmente la historia de las Tribus de Israel a partir de ese entonces. Dicho con otras palabras: con la llegada de sayyidina ‘Iza, los cambios y distorsiones introducidos en las enseñanzas originales de ayyidina Musa, introducidos gradualmente por la clase sacerdotal judía durante los nueve siglos transcurridos desde finales del reinado de sayyidina Suleymán Salomón, estaban ahora en grave peligro de ser desvelados y puestos de manifiesto; y con ello, la jerarquía sacerdotal quedaría destruida. Esta es la razón del rechazo contra sayyidina ‘Iza, la paz sea con él, y de aquí la alianza del sacerdocio con los romanos con el fin de planear su muerte.
  • La Toráh Escrita.Como conjunto de las instrucciones divinas, era interpretada y explicada, no sólo en nuevas composiciones escritas, algunas anteriores al s. I a. C., que pudieron quedar integradas en el canon (la mayoría quedaron fuera), sino mediante una tradición o Toráh Oral, que admitía gran diversidad y flexibilidad en el encuadre de lo comúnmente aceptado. El afán por mantener esta enseñanza oralmente se explica tanto por la fidelidad a los textos canónicos, como por asegurar la vitalidad creativa de la vida religiosa (el caso de las oraciones y las traducciones bíblicas) y para garantizar la flexibilidad de adaptación a cambio y desarrollo. Las sinagogas, sobre todo después de la destrucción del Templo, llegaron a ser el hogar de un culto comunitario de confesión y alabanzas de Dios, de lectura y predicación a partir de las Escrituras. Pudieron dar una primera oportunidad al anuncio del Evangelio; pero las comunidades cristianas configuraron sus propias asambleas. La distinción entre synagôgê y ekklesía se hizo cada vez más explícita, con un contraste más o menos tajante según diversas situaciones. Subyace la contraposición de toracentrismo (exclusivismo) y cristocentrismo (universalismo). Fueron los escribas (soferim) eruditos de la Ley, quienes formados en una relación maestro – discípulo, estudiaron religiosamente la Toráh, como un acto de culto, y la enseñaron al pueblo. Pudieron ser sacerdotes como Ben Sira; pero llegaron a ser predominantemente laicos. Los sabios (hakamim) que, prosiguiendo la tradición sapiencial, conectaron la revelación divina con las circunstancias cambiantes de la vida, se propusieron transmitir oralmente sus instrucciones. Las enseñanzas de estos transmisores (tanaítas) del s. I y II d. C. fueron recopiladas en la Misná a comienzos del s. III. Las de sus comentaristas (amoraitas) fueron recogidas en los Talmud de Palestina (s. IV) y Babilonia (s. V). El pluralismo del judaísmo anterior al 70 d. C. se bifurcó entre el s. I y II.:
    • Por un lado culmina un proceso de formación del judaísmo, aglutinado en torno la tradición rabínica, heredera de los fariseos, que fragua en el adoctrinamiento misnáico y talmúdico. Se remiten a las escrituras de la Biblia Hebrea, interpretándola desde la tradición talmúdica. Para los judíos su centro sigue siendo la Ley, escrita y oral, como condensación de la fidelidad a las actuaciones decisivas de Dios en el pasado. La visión del rabino se queda en Israel.
    • Por otro, creyentes en Jesucristo, al comienzo todos judíos, ganan crecientemente a paganos a su fe y se multiplican las comunidades cristianas. Se remiten a las Escrituras o A.T., interpretándola desde el N.T. El acontecimiento de Cristo, entendido como cumplimiento y culminación de la Escritura, se sitúa en el arranque de la tradición cristiana que fragua en el N.T. Los cristianos tienen como foco al Mesías, confesado en Jesucristo, entendido como la prometida y definitiva actuación del Dios salvador. Se entiende que no es la obediencia a la Toráh, sino el reconocimiento de la actuación de Dios en Jesucristo lo que da acceso a la salvación. La visión del Apóstol se extiende a todos los pueblos. Pablo no entiende su conversión como una apostasía del judaísmo, sino como reconocimiento de la actuación del Dios que había prometido la salvación también para los paganos y ha mostrado su voluntad de salvar no por las obras de la Ley sino por la fe en Cristo. Judeocristianos de las primeras generaciones se sintieron justificados para reclamar en exclusiva el nombre judío. Sin embargo, el desarrollo histórico llevó a que fuese la «Iglesia de los gentiles» la heredera de la reclamación de ser «el verdadero Israel».
  • La Interpretación De La Escritura En El Judaísmo. Targum (/im) es la traducción de la Biblia hebrea al arameo, que desborda la versión literal mediante retoques y paráfrasis complementarias, en que aparecen, como en una predicación actualizante, cuestiones de doctrina, moral, espiritualidad y pastoral, específicas de la mentalidad religiosa del judaísmo antiguo. Suelen ser relecturas de La Biblia con interpolaciones, que reflejan intereses del judaísmo de la época. En el culto sinagogal la lectura sistemática de secciones de la Toráh (seder) iba seguida de porciones muy limitadas de los profetas (haftarot). Los targumes conservados del Pentateuco derivan de la lectura sinagogal y los de los Profetas parecen tener un origen más académico. Midrash (/im) es la explicación de la Escritura. La vida religiosa del judío quedaba centrada en la Toráh, recopilación de las antiguas tradiciones sacras, que precisaba de interpretaciones y complementos en la nueva situación del judaísmo. La literatura midrásica se inicia ya en libros tardíos del A.T. (Eclo, Sab). Factores que influyen son la fijación del texto bíblico, el recurso al Pentateuco como programa de restauración y reforma, y el estudio intenso de la palabra de Dios. Lo que escribían nuevos autores se ponía de varios modos en relación con el canon bíblico recibido (pseudepígrafos, imitaciones, Apocalipsis, trenzados de textos escriturísticos). La exégesis derásica trataba de lograr la actualización de La Escritura, mediante la halakhah, la haggadah o el pesher. Halakhah (halakhot) es la interpretación y aplicación de la Ley para precisar las normas de vida. Se realiza no sólo mediante exégesis derásica de los textos de la Toráh y el recurso a los ejemplos bíblicos, sino también por la autoridad de la tradición, costumbres aceptadas, precedentes reconocidos o discusión de los maestros. Hicieron halaká todas las sectas judías y de modo intensivo los sectarios de Qumran y los fariseos. Haggadah (/haggadot) es toda explicación de la Escritura que no sea haláquica. Abarca todos los demás ámbitos de lo doctrinal, moral, espiritual y pastoral. Va desde las simples glosas a los desarrollos que se siguen de acoplar textos de La Ley y de los profetas. Se realiza también mediante la relectura de libros bíblicos en nuevos escritos, como es el caso del Libro de los Jubileos, el Génesis Apocryphon de Qumran y el Libro de las Antigüedades Bíblicas del Pseudo – Filón. No es extraño que floreciese en nuevas obras, que se componen haciendo ampliaciones fantásticas de pequeños episodios (Literatura de Enoch) o siguiendo modelos de La Escritura, como los diversos Testamentos. Ha sido recientemente discutida la relevancia de la sección de las Parábolas del 1 Hen para la cristología del N.T. Los Test y otras composiciones pueden corresponder a la vez a la leyenda hagádica, la exhortación moral y la apocalíptica. Esta literatura pseudepígrafa, muchas veces recopilaciones de tradiciones en curso y con interpolaciones de otros escritos, es pues una literatura midrásica, sobre todo hagádica, en que los protagonistas o presuntos autores son personajes de la historia salvifica ya pasada o aún remota. En su nombre se actualiza un mensaje, que se estima válido y aún urgente para el pueblo de Dios o un grupo de escogidos. Son producto de grupos muy divergentes dentro del primitivo judaísmo y testigos de la importancia de La Toráh en la vida cotidiana del judío religioso antes del 70. Aunque esta literatura cayó en descrédito en el ámbito del judaísmo rabínico, se ha conservado parte por una selección espontánea de los textos que resultaron más atractivos para lectores cristianos, con un desplazamiento centrífugo del interés por ellos. Pesher (/Pesharim) es la interpretación del acontecer histórico (pasado, presente y próximo futuro) como realización de la voluntad de Dios en la historia inmediata a la luz del anuncio de los profetas. Se considera una lectura inspirada del pleno sentido de las profecías. El judaísmo rabínico desarrolló una técnica exegética conforme a reglas bien definidas (middôt). Los midrases rabínicos tratan de forjar un vínculo entre la Toráh escrita y la oral, apoyando su exégesis en la autoridad de los maestros tanaítas o amoraítas. La exposición puede ser frase por frase (Sifré Nm y Sifré Dt), entremezclada con unidades discursivas (GnR, LvR) o con exposición de base temática en los midrases a los «Escritos».
    Tras la crisis del 70 el judaísmo rabínico fijó el canon de la Biblia hebrea que rejudaizó al reinterpretarla desde sus tradiciones orales. Cuando estas comenzaron a fijarse por escrito, el sistema de La Toráh dual derivó, de algún modo, en un doble canon. El cristianismo primitivo mantuvo un canon bíblico amplio, que reinterpretó tomando como clave hermenéutica el acontecimiento de Cristo. Al fijarse por escrito las tradiciones de y sobre Jesucristo fraguó el canon dual del A.T. y del N.T. Los autores del N.T. utilizan su Biblia con procedimientos actualizantes, targúmicos. La reproducción exacta de las frases del texto queda subordinada, en las nuevas composiciones, a los objetivos doctrinales o pastorales. Marcos narra la historia evangélica como una historia bíblica con pocas citas escriturísticas, más bien interpretativas. Mateo (que maneja las diversas tradiciones textuales del AT) apuntala acontecimientos de Jesús con citas del A.T., dentro del esquema «predicción – cumplimiento». Lucas es quien más llamativamente contiene material tipo pesher destinado a la teología de la Iglesia. LC. 4 presenta a Jesús como iniciador del pesher cristiano, base del discurso misionero de apóstoles y evangelistas. Es el acontecimiento cristiano el que interpreta los textos. LC 24 traza un programa del método de demostración cristiana a partir de las Escrituras, del que el mismo Lucas da abundantes muestras en Hch. Jn. insiste también en esta comprensión cristiana posterior. En sus citas, adaptadas al nuevo contexto, trata de mostrar que el ministerio de Jesús corresponde a las Escrituras y que la pasión del Señor tiene el objetivo de cumplirlas. Hay secciones haláquicas en los evangelios (también en las cartas apostólicas) que reflejan la situación de Jesús (Cf. MC. 2,23-28), su doctrina como maestro y profeta y sus controversias con determinadas interpretaciones de la voluntad divina, así como situaciones de controversia y catequesis en las comunidades cristianas primitivas (Cf. MT 5,17‑20). Mateo, el más judeocristiano de los evangelistas, enseña la justicia superior que trae Jesús, desplazando el toracentrismo por el cristocentrismo. El cristianismo fue el heredero de la literatura pseudepígrafa desechada por el judaísmo rabínico. Algunos autores cristianos interpolaron o compusieron nuevos desarrollos hagádicos con atribución a personajes del A.T. Se discute la amplitud de la redacción cristiana en obras como Test12P o AscIs. Hay que dejar claro que los evangelios no son composiciones midrásicas hagádicas, con unos pocos pasajes haláquicos. Sin embargo, podemos sospechar que hay composición hagádica en los mismos relatos evangélicos cuando la divergencia entre los relatos evidencia que la tradición más primitiva había conservado un dato importante sin su encuadre histórico concreto o cuando hay huellas de que el vigor del dato suscitó de modos diversos una dramatización más detallada. Los midrashim homiléticos judíos tipo yelammedenu se reflejan en algunos pasajes haláquicos del N.T. Los de tipo «texto proemio» (con su seder, haftarah y haruzim), pueden haber sido el modelo de algunos discursos de evangelios y Hch y de algunos desarrollos doctrinales de las cartas apostólicas. San Pablo no sólo parte del principio hermenéutico de que la Escritura remite a Cristo, sino que descubre su actuación ya en la historia narrada por el A.T. En 1 Cor. 10,1-12, usa una exégesis tipológica moralizante para describir la generación del Éxodo como el modelo a evitar, narrado para amonestación de los cristianos: que también podrían perecer, si prevaricaran como aquellos israelitas pese a haber sido agraciados con bienes espirituales. En 2 Cor 2,14-4,6 el Apóstol sostiene su idoneidad para el ministerio por serlo de la nueva alianza. Se muestra familiarizado con las reglas exegéticas rabínicas al aproximar textos bíblicos por asociación de términos y por el recurso al argumento a fortiori. Con retoques de tipo targúmico a Ex 34 explica el velo con que Moisés cubría su rostro, tras su encuentro con el Señor, como recurso prudencial para encubrir lo transitorio de la antigua alianza, en contraste con la franqueza con que, llegado el tiempo final, el Apóstol lo predica abiertamente. Ese velo se quita con Cristo. El mismo velo le sirve, pues, de símbolo de lo que aún deja opaco el conocimiento de Moisés para los judíos y les impide descubrir, en su lectura de La Escritura, todo lo que con Cristo ha llegado a término. Hace también de Moisés, quitándose el velo al entrar ante Dios, tipo del desvelamiento que implica el convertirse a Dios en su actuación escatológica como Espíritu Santo, que realiza la adhesión a Cristo. El cristianismo primitivo expresa su convicción de que lo referente a Jesús recibe su sentido teológico del plan de Dios mostrado por las Escrituras ya en la confesión de fe prepaulina (1 Cor 15,3‑5). El misterio pascual y esta hermenéutica son el sustrajo de la teología del N.T. En 1 Cor 10, 11 y 1 Pe 1,9-12 encontramos expresiones muy claras de la convicción de que las Escrituras apuntan a la realización cristiana. La idea apocalíptica de cumplimiento y actualización de profecía constituye el vínculo entre los pesharim de Qumran y el N.T.

El Apocalpsismo Judío. Cuando Israel se vio sometido a poderes extranjeros, confrontado con el sufrimiento del justo y el triunfo del impío, resultaba apremiante entender la relación entre las promesas divinas y las realidades históricas. La literatura apocalíptica responde a la inquietud del piadoso judío por una respuesta divina a sus preocupaciones. Un Apocalipsis es una obra literaria, que narra revelaciones celestes a través de símbolos que suele interpretar un ser sobrehumano. Puede tratar tanto de un proceso histórico que apunta a una pronta salvación escatológica (tras una última etapa de intensas tribulaciones), como de las realidades celestes en referencia a nuestro mundo. Hay que distinguir, pues, apocalíptica y escatología. La literatura apocalíptica es propia de disconformes con la situación dominante en su tiempo. El apocalipticismo es mentalidad de oprimidos esperanzados en una próxima intervención de Dios a su favor. El apocalipticismo judío es una nueva visión de la historia mundana concebida como proceso cerrado frente al Reino de Dios venidero. Aunque hay quienes han destacado su raigambre sapiencial, es más bien una prosecución de la profecía clásica: algunos de sus temas distintivos están ya en Is., y Ez. le proporciona su repertorio expresivo de visiones y símbolos. Los apocalípticos toman de la profecía su aspecto de predicción del futuro y, más aún, su función de amonestación a la perseverancia en medio de una crisis, con el consuelo de una mirada de esperanza más allá de la historia. Trasmiten su mensaje en un cuadro narrativo de tipo hagádico combinando diversas formas literarias. Los autores apocalípticos, serían de los doctos del pueblo (maskilim), también herederos de tradiciones sapienciales con intereses especulativos y místicos, dentro del sector, amplios y heterogéneos de los piadosos (hassidim). Buscan inspirar confianza y, por ello, suelen dar cauce a su carisma con el recurso a la pseudonimia. Rasgos del género literario apocalíptico (y su llamativa mezcla de formas literarias) son la pseudonimia (recurso literario muy difundido y que expresaba un sentido genuino de la tradición), el lenguaje simbólico (necesario para describir realidades trascendentes, un presente comprometedor y un futuro elusivo), un gran desarrollo de la narración de visiones (que tiene precedentes bíblicos y depende mucho de Ez l), que a veces implican ascensiones celestes. Uno de los rasgos más significativos es la mirada sobre la historia en forma futura (el autor real narra la historia pasada como predicción del remoto autor seudónimo). Características de la mentalidad apocalíptica son el dualismo (que no es teológico ni metafísico, sino moral e histórico, y, en definitiva, escatológico). El rechazo radical del mundo presente se expresa en el pesimismo apocalíptico, que culmina en la representación de la soberanía de Satán sobre un mundo moralmente degenerado y físicamente envejecido, hasta que una catástrofe cósmica dé paso al mundo futuro. Aunque también aparece la idea de un preludio del futuro trascendente en el mundo presente trasformado (milenarismo). Trazo vinculante de estas ideas es un providencialismo extremado: un determinismo (que salvaguarda la inalterable soberanía de Dios, cuya presciencia fundamenta el conocimiento apocalíptico). La mirada a la creación y a la historia conduce a un universalismo. La apelación a la propia responsabilidad acentúa un individualismo.
Apocalipsismo y Cristianismo. Se ha discutido si el apocalipticismo es la matriz del cristianismo, o bien lo que hay de apocalíptico en el N.T. son resabios judíos ajenos al Evangelio. Lo característico de la escatología cristiana es la tensión entre el presente ya salvífico y la culminación futura. El cristianismo participa del mundo de representaciones de la mentalidad apocalíptica (dualismo escatológico y moral, algo de pesimismo, tiempo final, juicio); pero con un cambio radical de perspectiva debido a la fe en Jesucristo. El contraste queda claro en la cristología, que hace mirar en el pasado el acontecimiento decisivo de la salvación. Ello permite recobrar la visión de la historia y el mundo como el campo de la continua donación de Dios. También la tradición literaria apocalíptica es relativamente escasa en el N.T. La tradición sinóptica trasluce que Juan Bautista fue profeta mesiánico en el encuadre de una predicación apocalíptica de juicio inminente (MT 3,7-12/ LC 3,7-9.15-17). Es prototípico de cómo el acontecimiento de Cristo desborda las expectativas apocalípticas (MT 11,2-6/LC 7,18-23). En la misma tradición hay relatos de exorcismo (MC 1,23-28; 5,1-20 y par) por los que se advierte que el ministerio de Jesús y la predicación de la Iglesia contradicen algunos de los presupuestos apocalípticos: como el que este mundo, dejado de la mano de Dios, ha quedado bajo el poder de Satán. Si los posesos eran vistos como señal evidente de tal dominio, al liberarlos Jesús reclama para Dios lo que es suyo. Satán está ya derrotado, aunque la lucha prosiga en el tiempo intermedio hasta la victoria final. El discurso escatológico de MC 13, apocalíptico en forma y contenidos, tiene mucho de correctivo de los cálculos apocalípticos. No hay que confundir con su final las crisis en el curso de la historia (13,5-23). Su interés primordial parenético es llenar de sentido el tiempo presente, el de la misión universal entre persecuciones y contradicciones (13,9-13), el del seguimiento del camino de cruz de Cristo (Cf. MC 8,34-38). Da la alerta ante los riesgos de engaños (13,5-6.21-22) e insiste en la perseverancia vigilante hasta el fin (13,13.33. 35.37) que trasciende nuestra historia (13,24-26).
San Pablo.San Pablo utiliza el lenguaje del dualismo apocalíptico, moral y escatológico. Recoge también la consideración pesimista del mundo presente en cuanto caído en el pecado y sometido a Satanás y por tanto objeto de la cólera divina; pero ya en contraste con la comunidad cristiana y su sobrepujante dinamismo de santificación. Es el acontecimiento de Cristo el que, al ofrecernos la reconciliación con Dios, nos ha librado del juicio de condena. Por eso su muerte, que ha tenido esa eficacia soteriológica, ha sido el acontecimiento decisivo en nuestra historia y nos hace criaturas nuevas por el bautismo. Si la predicación de la fe y la operación del Espíritu nos trasmiten el mensaje de salvación, el discurso de sabiduría puede introducirnos, también mediante el Espíritu, a una comprensión mayor de lo revelado sobre el plan realizado por Dios en Cristo. Su resurrección nos da la prenda de esa salvación definitiva, que implica la transfiguración gloriosa de nuestra corporeidad y que se manifestará de lleno en la venida gloriosa del Señor. El Apóstol mantiene la tensión entre Él «ya, pero todavía no» de la salvación; pero se detiene más a ponderar los dones de gracia y las exigencias éticas de la vida cristiana que en otear esa culminación en Dios que es, sin embargo, su horizonte permanente. El vidente del Apóstol actúa como un profeta neotestamentario en la tradición literaria de los últimos profetas de Israel. Es el profeta del tiempo de cumplimiento de lo ya atisbado por aquéllos. Enfrenta como a «falso profeta» a la alternativa religiosa que ofrece el mundo pagano. Denuncias y promesas atañen tanto la situación presente como el desenlace definitivo, con un paso flexible de la una al otro. Mira el presente y el futuro desde el pasado de la victoria redentora del Cristo pascual. Su centro de interés no son los cálculos apocalípticos sino la Iglesia, triunfante con el Cordero victorioso, pero aún combatida por el Dragón derrocado. La contempla en su realidad gloriosa definitiva y en su irradiación actual en la historia de la humanidad.

  • Las Doctrinas Paulinas.Las persecuciones antisemitas que se originaron en la época de la aparición del cristianismo fueron muy violentas y los gobiernos romanos las justificaban como medidas antiterroristas contra los militantes judíos más extremistas, los Zelotes. En ese ambiente es razonable pensar que las facciones cristianas que mas se iban apartando de sus origines judíos, las comunidades seguidoras de las doctrinas paulinas, fueron las que tuvieron mas oportunidades de crecimiento y expansión. Aunque la afinidad aprecia natural al principio, la entrada de nuevos creyentes del lado de gentiles o no judíos fue provocando cada vez mas la ruptura hasta que Pablo tomo una serie de decisiones que le llevaron a una situación irreconciliable con los cristianos de procedencia judía.
    • Suprimió la obligación de la circuncisión de los nuevos adeptos enfrentándose abiertamente con los cristianos judíos pero asegurando la adhesión de numerosos nuevos creyentes que sentían temor a ese rito no exento de cierto peligro y que producía repugnancia a muchos;
    • Instituyó la eucaristía para atraer a los paganos acostumbrados a la comida sacramental del cuerpo de Tamuz o de Dionisios en sus ritos de iniciación. Esta innovación poco ortodoxa la apartaba de los cristianos judíos quienes veían en ese rito teofágico la mayor de las abominaciones.
    • Fue precisamente este eclecticismo, su facilidad de adaptación a los nuevos creyentes lo que la hizo mas aceptable o digerible por las nuevas comunidades que se adherían, como sucedía entre los primeros cristianos gentiles a quienes la ortodoxia judaica les aprecia muy difícil de aceptar.
  • El Apóstol. Era necesario un terremoto para que el judeo – cristianismo reconociese que era necesario anunciar al mundo pagano la salvación obrada por Jesucristo: tan fuerte era aún la conciencia de la elección de los israelitas. La primera aceptación de un pagano en la comunidad de los creyentes, el bautismo del eunuco etíope, administrado por Felipe (Hch. 8, 26-39) no parece haber causado una toma de posición por parte de la comunidad primitiva. Sin embargo, fue fortísimo el eco producido por el bautismo del centurión Cornelio y su familia, en Cesaréa (Hch. 10, 1-11). Pedro, que había decidido dar el paso, tuvo que dar cuentas ante la comunidad y sólo el reclamo a la orden recibida de Dios hizo que los judeo – cristianos aceptaran lo que había sucedido. Sin embargo, esto no hizo que se siguiera inmediatamente una mayor actividad misionera entre los gentiles. El impulso decisivo en esta dirección vino de un grupo de judeo – cristianos helenistas originarios de Chipre y de la Cirenaica, que abandonaron Jerusalén tras la muerte de Esteban, dirigiéndose a Antioquía, donde convirtieron a un gran número (Hch. 11, 19 SS.). Esta importante nueva comunidad puso alerta a la Iglesia de Jerusalén, que mandó a Bernabé a comprobar la situación, procedente de la diáspora judía de Chipre, que estaba libre de prejuicios para poder evaluar y aprobó la acogida de los griegos en la iglesia y se formó una idea que tendría consecuencias históricas para el mundo: Que en este lugar debería predicar Saulo – Pablo de Tarso, que tras su conversión a Cristo se había retirado a su patria. La comunidad antioqueña se consolidó; sus miembros recibieron, por primera vez, el nombre de “cristianos” (Hch. 11, 22-26).
  • El camino religioso del apóstol Pablo. Pablo era originario de la diáspora judía, natural de Tarso de Cilicia, ciudadano romano. Para su apostolado será importantísimo el hecho de que durante su juventud hubiera conocido el mundo helenístico y el griego de la koiné. Su familia era judía observante, con un rigorismo propio de los fariseos, a los que pertenecía. Pablo vino a Jerusalén, para formarse como doctor de la Ley en la escuela de Gamaliel. Participó ardientemente en la persecución de los seguidores de Cristo en Jerusalén, participando en la lapidación de Esteban. El convertirse de perseguidor en ardiente seguidor de Cristo se debió, según los Hch., a una aparición de Jesús en el camino de Damasco. Tras el bautismo y una breve estancia en la Arabia nabatea, Pablo comenzó a anunciar en las sinagogas de Damasco y más tarde en Jerusalén el mensaje de su vida: “Jesús es el Mesías y el Hijo de Dios” (Hch. 9, 20.22.26-29). En ambos sitios encontró gran oposición, que hizo temer por su vida; se retiró a Tarso, donde reflexionó sobre la predicación que se sentía llamado a realizar. Tras algunos años de silencio, volvió a Antioquía, comprendiendo que su acción debía dirigirse a los paganos, los cuales, como los judíos, podían encontrar su salvación sólo en Jesucristo.
  • La Misión Paulina. Pablo vio ante sí, como campo de misión, el Imperio Romano, con hombres unificados por una misma cultura y una misma lengua (Koiné). Aún guiado por el Espíritu Santo, hay que admitir un plan de misión pensado y seguido por él. Sus viajes misioneros vienen preparados en una misión – base: Antioquía, para el período anterior al Concilio de los Apóstoles, donde fue sostenido por aquella comunidad, llevando como compañeros y colaboradores a Bernabé y Juan Marcos. El método misionero Paulino partía de las sinagogas de la ciudad que se tratase, donde se encontraban los judíos de la diáspora, los prosélitos y los temerosos de Dios. La patrulla misionera fue primero a Chipre, misionando en Salamina; después pasó al Asia Menor (Antioquía de Pisidia, Iconio, Listra, Derbe de Licaonia y Perge de Panfilia). Pablo suscitaba irremediablemente la discusión, encontrando acogida o rechazo; la mayoría de los judíos de la diáspora rechazó el nuevo mensaje, mientras que la mayoría de las conversiones venía de parte de los prosélitos y de los temerosos de Dios. En la mayoría de las ciudades donde misionaron, surgieron comunidades cristianas, para las que se nombraron jefes. Este era el plan de Pablo: una vez fundadas comunidades en ciudades de cierta importancia, deberían ser ellas las que continuaran en el lugar la tarea de evangelización. Pablo, conforme a su profunda intuición teológica sobre la liberación del vínculo de la Ley, traída por Cristo como Hijo de Dios, no había impuesto a las comunidades del Asia Menor, provenientes del paganismo, ni la circuncisión ni la observancia de otras prescripciones rituales judías. Esto trajo el rechazo de una corriente judeocristiana: los judaizantes, que pretendían que la circuncisión fuera una condición esencial para la salvación. La gran envergadura que alcanzó el problema, motivó el “Concilio de los Apóstoles”, aunque siempre tendrá que luchar por esta convicción, y los judaizantes tratarán de marginarlo y de arrebatarle el consenso de las comunidades por él fundadas. La segunda fase del trabajo de Pablo se desarrolla en las provincias de Macedonia, Acaya y Asia Proconsular, en el corazón mismo del helenismo. En vez de Bernabé, ahora le acompañará Silas, y más tarde Timoteo. En Filipos encontraron muy pronto adhesiones, formando un primer núcleo de la que será una comunidad floreciente. Predica en las sinagogas de Tesalónica, Berea, Atenas y Corinto; en esta última ciudad, Pablo se detiene un año y medio, convirtiéndose en centro misionero. Serían los años 51-52 o 52-53. De allí pasó a Éfeso, y de Éfeso a Palestina. En el verano del año 54 Pablo se traslada a Éfeso, donde morará durante dos años; será su nuevo centro de misión. La comunidad efesia se separó rápidamente de la sinagoga. Pablo tuvo graves problemas con los vendedores de imágenes de Diana. En Éfeso escribió las cartas a los Gálatas y 1 Corintios. En el otoño del 57 Pablo marchó a Macedonia y Grecia, después a Tróade y Corintio (donde escribió la carta a los Romanos, anunciando su intención de visitarlos, después de ir a España). Marcha por tierra a Macedonia, pasa por Tróade, Mileto, y llega a Jerusalén. Allí le espera un giro crucial para su misión: en el Templo es reconocido por algunos judíos de la diáspora, que intentan asesinarlo; la guardia romana lo salva, y es trasladado a Cesaréa, y de allí a Roma, ya que se había apelado al Cesar: allí, continúa su labor misionera. Los Hechos callan sobre la suerte posterior de Pablo. Muchas razones hacen pensar que su proceso acabó con la absolución, y que pudo realizar su proyecto de viaje a España (como sugiere la 1 Clem., 5,7), e incluso que volviera al oriente helenístico. Una segunda prisión romana le llevó al martirio, bajo Nerón.
  • La Organización De Las Comunidades Paulinas. Las fuentes de que se dispone, hacen imposible al historiador abrazar toda la realidad de la organización de las comunidades paulinas. No hay ningún escrito de estas comunidades que hable de este tema. Los Hechos no tratan el tema. Las cartas de san Pablo ofrecen sólo algunos datos esporádicos. La organización es sui generis, no comparable a los estatutos de una corporación pagana; el orden se basa sobre el fundamento sobrenatural sobre el que la Iglesia sabe que ha sido fundada, o sea, su Señor, que es quien dirige su Iglesia a través de su Espíritu. Es el Espíritu quien hace crecer la joven Iglesia, dirige a Pablo en su camino misionero, da éxito a su actividad, crea el orden de la vida comunitaria, se sirve, como de instrumentos, de algunos miembros de la comunidad que asumen deberes especiales que sirven a este orden y organización. En este orden, su fundador, Pablo, ocupa un puesto único, que tiene su última motivación en su inmediata llamada a ser apóstol de las Gentes. El es consciente de tener autoridad y plenos poderes para ello, tomando decisiones que vinculan a su comunidad; Pablo es para sus comunidades la máxima autoridad como maestro, como juez y legislador: es el vértice de un orden jerárquico. En este orden jerárquico aparecen hombres dedicados a la asistencia de los pobres o a dirigir el culto; a sus disposiciones deben someterse los otros miembros de la comunidad (1Cor. 6,15 s.) Los que tienen estos cargos son llamados “ancianos, presbíteros”, “episcopoi” (=que deben regir la Iglesia de Dios como pastores con su rebaño, Hch. 20, 17.28). En Filipenses se nombra también a los diáconos. Junto a los miembros de la jerarquía, se encuentran en las comunidades paulinas los carismáticos, cuya función es substancialmente diversa: sus dones, especialmente la profecía y la glosolalia, son dados directamente por el Espíritu a cada persona. Los carismáticos intervienen en las reuniones cultuales con sus discursos proféticos y sus acciones de gracias llenas de fervor, infunden entusiasmo a los seguidores de la nueva fe. Esto trae algunos problemas: algunos llegan a sobrevalorar su propia fe, y Pablo tiene que intervenir (1 Cor.14). Las comunidades paulinas no se consideran independientes las unas de las otras; un cierto nexo se había construido ya con la persona de su fundador. Este les había inculcado el fuerte ligamen que les unía con la comunidad de Jerusalén. Pablo era consciente de que todos los bautizados de todas las iglesias constituyen el “único Israel de Dios” (Gal. 6, 16), que son miembros de un único cuerpo (1Cor. 12,27), la iglesia formada por judíos y gentiles (Ef. 2, 13.17).
  • La Vida Religiosa En Las Comunidades Paulinas. La vida religiosa en las comunidades paulinas tiene su centro en la fe en el Señor glorificado, que confiere tanto a su culto como a su vida religiosa cotidiana la impronta decisiva. Esto correspondía a la predicación de Pablo, en cuyo centró está y debe estar Cristo. La predicación relativa a Cristo debe ser aceptada con real fe, de lo que depende la salvación. Esta fe en el Kyrios, incluye el convencimiento de que en él habita corporalmente la plenitud de la divinidad. A la comunión de los creyentes en el Señor se es acogido mediante el bautismo, que hace eficaz la muerte expiatoria que Jesús tomó sobre sí por nuestros pecados (1Cor. 15,3). Con el bautismo se renace a una nueva vida: esta convicción hace que el bautismo tenga un puesto esencial en el culto del cristianismo Paulino. Los fieles se reunían en sus casas privadas “el primer día de la semana” (Hch. 20,7) abandonando el sábado y se produce una separación cultual con el judaísmo. Se cantan himnos de alabanza y salmos, con los que se expresa la alabanza al Padre en el nombre del Señor Jesucristo (Ef. 5, 18).
  • Núcleo central del culto. La celebración eucarística. La cena del Señor. Particulares sobre su celebración no se encuentran en san Pablo: se une a una comida que debe reforzar la íntima cohesión de los fieles, pero en que infelizmente, en algunas ocasiones, se ostentaba la diferencia social entre los miembros de la comunidad. La fractio panis se presenta como la real participación del cuerpo y la sangre del Señor, sacrificio incomparablemente mayor que los del Antiguo Testamento; es prenda de la comunión definitiva con él, que se realizará en la segunda venida, ardientemente deseada como muestra la exclamación de la comunidad en el banquete eucarístico: Maranà-tha. La asamblea comunitaria era también la sede en que se predicaba la salvación: los contenidos de esta predicación era una instrucción sobre lo que los apóstoles habían enseñado sobre el Crucificado y Resucitado, el deber de los fieles de alabar al Padre, y perseverar en la espera de la vuelta del Señor, ayudándose mutuamente con la caridad fraterna. El contacto con el mundo pagano, exigía que las comunidades nacientes ejercitaran una ascesis y autodisciplina mayores aún que las del judaísmo de la diáspora. Que hubiera faltas dentro de las comunidades, lo revela el hecho de las continuas amonestaciones de Pablo en sus cartas. A la muerte del apóstol, en el mundo helenístico había una red de células cristianas cuya vitalidad aseguró la ulterior propagación de la fe cristiana.
  • Cristianismo En El Mundo Pagano De La Esfera Paulina. La labor de los otros misioneros que trabajaron en oriente y en el Imperio Romano, comparada con la de Pablo, es menos conocida. El mismo Pablo atestigua esta labor cuando afirma que no quiere edificar sobre los cimientos que otros han edificado (Rom. 15,19). Aún así, Pablo no menciona nombres de fundadores, ni de ciudades. Los Hechos, sólo accidentalmente, mencionan misiones no paulinas, como cuando Bernabé, tras separarse de Pablo, fue a Chipre; en Pozzuoli (cerca de Nápoles) existía otra comunidad cristiana, donde se alojó Pablo; así mismo salieron a su encuentro miembros de la comunidad romana, a su llegada a la Urbe. Otros signos de misiones extrapaulinas: la 1 Pedro, se dirige a los cristianos del Ponto, de la Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia. Las lagunas de las fuentes para la historia del cristianismo en los primerísimos tiempos son particularmente evidentes cuando se buscan noticias sobre la actividad o simplemente sobre la suerte de los apóstoles (exceptuando Pedro, Juan y Santiago el Menor). Sólo en los siglos II y III se ha buscado colmar estas lagunas con los llamados hechos apócrifos, que más o menos exactamente, dan noticias de la vida y muerte de diversos apóstoles. Desde el punto de vista histórico, como fuentes para conocer estos aspectos biográficos de los apóstoles, los datos que proporcionan son incontrolables. Lo más, sí se puede decir que las noticias de carácter geográfico sobre particulares provincias o ciudades en que viene colocada la acción de los apóstoles se basan sobre una tradición con fundamento. Sólo en el caso de Santiago, Pedro y Juan tenemos testimonios de fuentes que permiten adquirir algunas noticias concretas sobre su actividad.
  • Saulo De Tarso Tarso (San Pablo).Fue en el 64 D.C. cuando Saulo de Tarso de ambición desmedida, el fariseo de más prestigio, discípulo de Gamaliel, discípulo del fariseo Hillel, inició su invento del cristianismo, la religión del amor al prójimo (la teología Paulina) y todo lo que hace decir a Cristo (en griego = ungido), Inspirado en Jesús de Nazaret, Josué pronunciado Jeshúa, Jeshú en galileo; para robustecer la fe de los Mesías judíos del momento, los Zelotes que se estaban enfrentando al sanguinario procurador Cesio Floro, un terrible tirano contra el que se sublevó todo el pueblo judío; no existiendo entonces en Jerusalén ni recuerdo de Jesús, apenas era recordado en Judea, aunque sí existía un muy escaso grupo de seguidores partidarios que no debían pasar de veinte, incluidos los hermanos de Jesús que se refugiaron en Pel-la Galilea su patria después de la lapidación. No consta que Saulo persiguiera a los discípulos de Jesús que no pasaban de doce y no pudo perseguir a los cristianos porque fue él el que los inventó. Si Saulo no tiene la ocurrencia de predicar que en él se cumplieron las Escrituras, no habría pasado a la historia. Saulo pudo entrar en contacto con parientes, amigos, partidarios o conocidos de Simón Bar Giora y es incluso admisible que éste sea el Simón Pedro evangélico, Pedro sólo por piedra,”sobre la que había que edificar la Iglesia” aunque fuera su rival.
    • ¿San Pablo Inventaba Cosas? Muy bien, no podemos culpar a “generaciones posteriores” por inventarse la historia de la Resurrección. Por lo tanto, dicen algunos, echémosle la culpa a Pablo. El problema de esta teoría es que el mismo Pablo, y los testigos que conocen a Pablo (como Lucas), así como testigos no influenciados por Pablo (como Mateo y Juan) parecen tener la impresión de que el núcleo básico de la historia que cuenta Pablo no es invención de Pablo. “Os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí”, o más prosaicamente, “os estoy dando la Tradición que me enseñaron”. ¿Que le enseñó y quién? En el caso de Pablo, los apóstoles (Gálatas 1:18-21) y la catequesis primitiva normal, que se impartía en lugares como la Iglesia de Antioquia, donde Pablo vivió muchos años antes de empezar misión alguna (Hechos 13). Pablo dice este tipo de cosas continuamente y parece que da por hecho no solamente que lo que tiene que decir sobre Jesús es conocimiento común a todos los cristianos (no sólo aquellos que él ha convertido) sino que ninguno de los otros apóstoles que se paseaban por el Mediterráneo y ninguna de las Iglesias que ellos fundaron iban a pelearse con Él por decir que Cristo ha resucitado. Si Pablo se hubiese inventado el mito del Cristo Resucitado mientras el resto de los apóstoles vagaban de aquí para allá compartiendo anécdotas sobre Su Amigo el Mártir Nazareno, podríamos pensar que alguien se habría dado cuenta. En resumen, si la fe en la Resurrección es tan vieja como Pablo, es que es tan viejo como los apóstoles mismos. Él la predica por la misma razón que lo hacen ellos: realmente cree que él vio al Cristo Resucitado, igual que ellos dicen que vieron al Cristo Resucitado.
    • Es en Antioquía donde primero se habla de los cristianos en forma despectiva, porque las predicaciones de Saulo sólo son creídas por esclavos a quienes quiere igualar con los libertos y señores, Saulo y no Pedro, es quien al final de su predicación llega a Italia (Reggio, Puteoli, Roma) y se convierte en jefe de esa iglesia cristiana (catacumbas, etc.). Por supuesto estos cristianos hacen referencia ya a las predicaciones de Saulo y no a los acontecimientos que tuvieron lugar en Judea y Galilea. Con el tiempo y durante hasta tres siglos, sobre Jesús y Cristo se escriben unos 80 evangelios, relatos literarios sin belleza literaria alguna, de entre los que la iglesia reconoce como auténticos sólo cuatro porque cuatro son los puntos cardinales y cuatro los que quedaron sobre el altar cuando el Espíritu Santo, creencia Esenia, en forma de paloma blanca tira los 76 restantes. Tampoco son auténticos el resto de textos del nuevo Testamento, casi todos gnósticos, aunque el gnosticismo es una de las corrientes filosóficas que conoce muy bien y acepta a Saulo, además de las creencias Esenias sobre las almas: El universo está lleno de almas, unas más lejanas, otras más cercanas y son éstas las que se reencarnan en los mortales. De ahí que para ellos, fuera fácil ser reencarnación: Concretamente Juan el Bautista se creía reencarnación del profeta Elías y Jesús reencarnación de Yahvé y por tanto Mesías. Saulo no inventó el catolicismo: La iglesia de Roma inventa el catolicismo después de muy fallecido Saulo, con evangelios del siglo III D.C., cristianizando el mitraismo y el mazdeísmo. San Pedro primer Pontífice o Papa romano, fue crucificado boca abajo por no ser digno de ser crucificado como Cristo. San Pablo convirtiéndose de fariseo perseguidor de cristianos a apóstol porque se le aparece Cristo y le dice que no tire coces contra el aguijón; Constantino convirtiéndose al cristianismo porque Dios Padre o Dios Hijo se le aparece también en forma de Cruz, y le dice “in hoc signo vinces” (con esta cruz vencerás). Cristo o su Padre también habló en latín a Santo Tomás de Aquino:”Bene scripsisti de me, Thomas” (bien has escrito de mí, Tomás). Clemente XII, papa y pontífice romano, muy buen conocedor del catolicismo habla de lo “absurdo de la religión”. León X, Papa romano, había dicho:”Desde tiempos inmemoriales, es sabido cuán provechosa nos ha resultado la fábula de Jesucristo”. Y los primeros siglos del papado son escandalosos, no sólo en costumbres licenciosas y mercantilistas, sino por luchas feroces por ocupar la silla de Pedro que en realidad es de Saulo. Falso y no histórico el Nuevo Testamento, falsos los dogmas, falsas las reliquias, falsos los Santos Lugares, falso todo el catolicismo creído aún por muchos. Lo que queda claro es que de Espíritus Santos, y por tanto de cristianismos y catolicismos absolutamente nada es verdadero ya. Lo que importa es que no existe tampoco Mesianismo alguno, pues el judaísmo como religión y fe, es invento de Abraham confirmado por Moisés, inventado como cualquier otra religión. Sin nacimiento de Cristo, sin nacimiento virginal de Jesús, sin milagro alguno en cuanto a Jesús se refiere, sin resurrección ni salvación, sin almas y sin dogmas, sin paraísos religiosos de ultratumba, sin historia incluso, catolicismo y cristianismos pueden seguir siendo creídos, El poder temporal no procede del Dios Padre tan cruel como el Yahvé en el que se inspira. El cristianismo en realidad es una adquisición accionaria estratégica que Roma utilizó como una herramienta de control.

Judaísmo y Helenismo. El impacto de la cultura helenística en la cuenca oriental del Mediterráneo, se intensificó tras las conquistas de Alejandro Magno y perduró muchos siglos. También entre la aristocracia judía se hizo notar pronto el interés por la educación y modo de vida griego. La influencia helenística sobre sabios avistas se percibe en la vigorización de un pensamiento racional, esfuerzos de sistematización y una mayor atención a lo cosmológico y antropológico. Se entremezclan corrientes ideológicas un tanto diversas: búsqueda de la fusión de una sabiduría supranacional y de la piedad tradicional, tendencias universalistas críticas y un esfuerzo de fidelidad a la herencia profética. A la par, se va incrementando la creencia popular en una vida futura bienaventurada. Ben Sira representa el fin de la época de encuentro predominantemente positivo del judaísmo con el helenismo y el comienzo de una defensa crítica. Una generación después, al estallar conflictos entre los partidarios de una asimilación total a la cultura helenística y los más fieles a la religión tradicional, Antioco IV Epífanes intervino a favor de los primeros (a. 167). Trató de imponer la política de asimilación con fuertes medidas represivas contra el triple bastión de la religión judía. Contra la fe monoteísta en Yahvé, la identificación sincretista con el Zeus Olímpico y Hospitalario, a quien fueron dedicados los templos judíos de Jerusalén y el santuario samaritano del Garizim. Contra las tradiciones sacras, la destrucción de los libros de la Ley. Prohibición también bajo la máxima pena de las prácticas específicas, como la circuncisión, la guarda del sábado y la abstención de ciertos alimentos. La persecución provocó apostasías, fugas, martirios y el estallido de la rebelión liderada por los Macabéos. La guerra de liberación religiosa tuvo éxito gracias a la debilidad del Imperio Seléucida y la determinación y acierto de los combatientes judíos. Esta lucha por la Ley contribuye a explicarnos la peculiar vinculación con la Toráh que marca la evolución posterior del judaísmo. La religión judía acentuó sus rasgos de religión nacional. Conseguido su primer objetivo, la lucha prosiguió como guerra de liberación política. El cambio de sentido de la lucha se acentuó con los sucesores de Judas Macabeo. Sus hermanos Jonatan y Simón, lograda una cierta independencia, completaron su autoridad militar y política con el sumo sacerdocio. Lo que fue considerado una usurpación por algunos sectores del judaísmo. El victorioso hijo de Simón, Juan Hircano I, pudo llegar a creerse un nuevo David. Un hijo suyo, Aristóbulo I toma ya el título de rey. Otro, Alejandro Janneo, se mantuvo en el poder pese a la oposición de su propio pueblo, gracias al apoyo seléucida y con un régimen de terror. La dinastía hasmonea se hundió al coincidir las rivalidades entre sus hijos Hircano II y Aristóbulo II con la conquista de los Estados helenísticos vecinos por el poder romano. Las guerras civiles entre los príncipes Hasmonéos, y los avatares de la política internacional, facilitaron la entronización del idumeo Herodes. Roma alternó la política de situar en Palestina reyes clientes (Herodes y sus sucesores) y de administrar directamente el territorio por medio de procuradores, dependientes del gobernador de Siria. La falta de tacto o el despotismo y corrupción de los gobernantes romanos, combinados con la exacerbación de las pasiones nacionalistas y el fanatismo religioso de los judíos, ocasionó muchos motines y dos grandes sublevaciones. Las dos grandes guerras que acarrearon sucesivas catástrofes para la nación judía. La primera (66 – 73) llevó a la ruina de Jerusalén y, con la destrucción del Templo (a. 70), al fin de las instituciones sacerdotales. La segunda (132 – 135), ocasionó la exclusión de los judíos de Jerusalén y su pérdida del solar patrio. Tras las catástrofes, los fariseos lograron aglutinar a los judíos en torno a la ley y sus propias tradiciones. Los rabinos de Jamnia después del 70, y los de Galilea tras el 135, llegaron a ser el foco espiritual del judaísmo. Como otros judíos desligados del movimiento Zelote (Johanan Ben Zakkai), los cristianos de Jerusalén habían abandonado la ciudad antes de su ruina. También del lado cristiano se pudo interpretar la tragedia como un juicio divino y algunos, pronto corregidos, la pudieron sentir como una obertura de la Parusía. La escisión de judíos y cristianos quedó consumada después del 135. Comprensible, visto en línea con el rechazo a Jesús, la persecución a los judeocristianos por los judíos, desde los comienzos y durante la segunda guerra, fue una causa de la ruptura y un resultado del reconocimiento de lo distintivo del cristianismo. En la medida en que se separaban de los judíos, los cristianos quedaron a su vez expuestos a la persecución por parte de las autoridades romanas.
Literatura Del Judaísmo Helenístico. La traducción de la Biblia al griego se hizo necesaria para la vida religiosa de la comunidad en el judaísmo de la diáspora. La Biblia de los LXX, documento fundamental de judaísmo helenístico, es también expresión del encuentro de ambas culturas e, indirectamente, vehículo de proselitismo judío en el mundo pagano. La Carta de Aristeas es el primero de los intentos de conferir un carácter sagrado a la versión. La traducción de los LXX, de diversos traductores y períodos, subraya la fe monoteísta y la trascendencia divina; pero también un concepto de la religión como observancia legal. El judaísmo posterior se distanció de esta traducción porque 1) no encajaba con el estrechamiento de sus criterios bíblicos y 2) por el uso que hacían de ella los cristianos. Judíos de lengua y cultura griega trataron de utilizar propagandísticamente las formas literarias griegas para temas de su fe religiosa. En muchos casos sólo nos han llegado fragmentos de estos autores. Es lo ocurrido con varios historiadores (Demetrio, Artapano, Eupolemo), aunque algunas de sus obras pudieron servir de fuente a otras conocidas, como los libros de Jasón de Cirene para 2 Mac. Hubo también épicos, dramaturgos (Ezequiel), novelistas (José y Aseneth) y filósofos: como Aristóbulo y los autores de 4 Mac y Sab. Filón de Alejandría, devoto judío y filósofo helenista, encuentra en la verdad revelada la verdad de la filosofía entendida como conversión a la vida del espíritu. Afirma la existencia de un doble contenido en la Escritura. Lo captado por el sentido literal y lo descubierto por la alegoría. El mundo bíblico se comunica en dos niveles: el del mundo material y el del espiritual. En su exégesis y mediante la alegoría se mueve en el ámbito del eclecticismo propio del Platonismo Medio, de orientación religiosa mística y con ética estoica. Escribe muchos tratados centrados en secciones de Gen 1-17. Hace de los personajes bíblicos modelos de virtudes en el proceso de apartamiento de lo sensorial que culmina en la unión con Dios. Ha sido precedente y maestro de un sector destacado de la tradición alegórica cristiana, que, sin embargo, le sobrepasa al tener como clave de interpretación el acontecimiento de Cristo. Esto es particularmente claro en la explicación tipológica que relaciona el A.T. y el N.T. como prefiguración y cumplimiento. Flavio Josefo, sacerdote aristócrata; luego fariseo, actor y testigo de la guerra judía, defendió en sus obras históricas la nación judía a la par que promovía la colaboración con Roma. Se pone al servicio de la propaganda de los Flavios en el De Bello Iudáico, en que culpa de la catástrofe a los Zelotes. Destaca más su defensa del judaísmo en Antiquitates Iudaicae, descripción de la historia israelita y judía con ampliaciones sobre el A.T. Su Vita es una apología personal y el Contra Apionem un salir al paso del antijudaísmo de intelectuales paganos. Fue silenciado por el judaísmo rabínico, pero muy estimado por la posteridad cristiana. Pese a sus fallos como historiador, por acomodaciones propagandísticas y tendenciosidad, es nuestra fuente principal y, a veces, única para algunos períodos del judaísmo antiguo. Es la primera fuente no cristiana sobre el Bautista, Santiago de Jerusalén y Jesús; si bien esta última y breve reseña (testimonium flavianum) nos ha llegado interpolada.
Dispersión Judía Y Expansión Cristiana. La primera gran dispersión tuvo lugar a la caída del reino de Judá. El crecimiento demográfico impulsó luego la movilidad de individuos y grupos, favorecida por los movimientos de población que siguieron a la conquista del Próximo Oriente por el Helenismo. En el ámbito grecorromano, Egipto y Asia Menor, y fuera Babilonia, fueron donde se dio una mayor implantación judía. Algunas colonias Judías contaron con una organización jurídica peculiar como políteuma, sin integración en la pólis griega. Es el caso de Alejandría, el foco más activo de la diáspora judía. No faltaron tensiones, que se acentuaron con violencia en el s. I, entre la población judía y la de origen o cultura griega, como las que tuvieron lugar bajo el gobernador Flaco, en tiempos de Calígula, y a raíz de la primera guerra judía. El políteuma judío alejandrino quedó aniquilado por su sublevación en tiempos de Trajano. También tuvo importancia numérica, social e intelectual el políteuma judío de Cirenaica (donde al concluir la primera guerra judía hubo un intento de sublevación Zelote), que participó en la gran rebelión bajo Trajano. En Roma mismo la colonia judía había engrosado repetidas veces por la llegada de cautivos judíos. Aunque contó con el apoyo de César, reiteradas turbulencias le acarrearon medidas represivas. Entre otras la de Claudio para acabar con los tumultos impulsore Chresto (¿a.49?). Cuándo san Pablo escribe Roma (¿a58?) ya había en la ciudad una comunidad cristiana notable. En ciudades de Grecia había también asentamientos judíos, que sirvieron de anclaje a la misión paulina. Corinto fue la primera de sus bases misioneras. Pablo era un judío de Tarso de Cilicia. En su viaje con Bernabé, ya predicó a judíos en diversas regiones de Asia Menor. Hizo de Éfeso su base en su segundo viaje como líder de la misión. Los judíos de Siria se mantenían en contacto con los de Palestina y Babilonia, Antioquía y Damasco fueron importantes centros judíos, que tuvieron que sufrir también las repercusiones de la primera guerra judía. Antioquía fue después de Jerusalén el primer gran foco de expansión cristiana. Palestina era el solar de Israel, pero tenía población griega insertada y el judaísmo de parte de sus habitantes (Galilea, Idumea) carecía de solera para uno de Judea. La tolerancia grecorromana del judaísmo como religión lícita motivó privilegios y exenciones de la comunidad (exención de servicio militar y actos del culto oficial, cierto grado de jurisdicción civil y penal y la colecta para Jerusalén; luego trasformada en el represivo fiscus iudaicus). Conjunto de peculiaridades y prácticas chocantes (como la circuncisión y el reposo sabático) que dieron ocasión a su vez a violentas quiebras de tal tolerancia. El estatuto jurídico de los judíos de la Diáspora se mantuvo en principio independiente de los avatares y ruina del Estado judío. La organización interna de las comunidades Judías siguió el doble modelo del consejo de ancianos (presbyteroi) palestino y de la gerousía helenística, en los casos en que pudieron constituir un políteuma en la pólis helenística. Las simples congregaciones (synagôgai) tenían un modelo más asequible, para la administración de la comunidad, en los collegia paganos. Celebraban sus reuniones religiosas en la proseukhê, bajo la dirección específica de un archisinagogo y su ayudante. Lo más distintivo de las congregaciones judías eran los ritos religiosos – nacionales como la circuncisión que delimitaban a sus miembros, fueron un freno a la misión judía universal, demasiado ligada al nacionalismo. La literatura apologética del judaísmo helenístico atestigua indirectamente el objetivo misionero. La exigencia de plena integración resultó en que, junto a los conversos que la aceptaron (prosélitos), se constituyese una clase intermedia de semiconversos («adoradores» y «temerosos de Dios»), que resultaron particularmente receptivos para la misión cristiana. Jesús limitó su misión terrena a Israel; pero con acogidas y previsiones que llevaron a sus discípulos, después de Pascua, a reflexionar sobre el curso de la misión cristiana, ilustrados por las Escrituras, y entender que Cristo estaba destinado a ser la luz de las gentes. Los mandatos evangélicos de misión universal (MT .28, 18-20; LC. 24,45-48) son expresión de esta toma de conciencia. Los cristianos helenistas de Jerusalén forzados a la dispersión, se dedicaron a la misión de amplitud geográfica y, en un segundo estadio, comenzaron la de los paganos (Hch. 11,20-21). Un tercer estadio lo marca la misión de Bernabé y Pablo (Hch 13-14) y la proseguida luego por Bernabé. Resuelto en principio el problema de la libertad respecto a la Ley judía, Pablo es el líder de una misión a los paganos, a través de Asia Menor y Grecia, con una doble estrategia de roturar terreno y alejarse del ya misionado, que le lleva a planear ir a España. Con los ganados mediante una primera predicación sinagogal, crea una red de iglesias ciudadanas (trenzadas por iglesias domésticas), focos a su vez de irradiación misionera. Truncado su plan por larga prisión, murió mártir en Roma. Pedro preside primero la iglesia madre de Jerusalén. Pudo ser el pionero de la misión gentil (Hch 10); pero se hace cargo de la misión a los judíos, de primaria importancia teológica (Cf. ROM. 1,16). Si bien su éxito en la misión judeocristiana debió ser muy relativo, tras morir mártir en Roma, esta iglesia irá asumiendo conscientemente en su nombre el liderazgo de la misión universal y de la comunión católica. En Asia Menor se entrecruzaron diversas líneas misionales, expresión del pluralismo que se habría de integrar en la Gran Iglesia. Fue campo de la misión de Bernabé, de Pablo, de un cristianismo petrino (antioqueño y romano) y de círculos joánicos: una corriente peculiar, muy profética, de elevada cristología, en fuerte ruptura con el judaísmo y abierta a conversos paganos. Tras una grave crisis, confluye de lleno con la tradición católica o deriva en el gnosticismo. Santiago el hermano del Señor quedó al frente de la iglesia de Jerusalén. Pronto le hicieron bandera de un judeocristianismo estricto. Tras su muerte y las dos guerras judías, muchos de estos judeocristianos, dispersos, acabaron separados tanto del judaísmo como de la Gran Iglesia. Eran judíos que reconocían la mesianidad de Jesús, aunque no todos la divinidad de Cristo, y que continuaban observando la Toráh. Los Nazarenos reconocían ambas y fueron sus prácticas las que les separaron de la Iglesia católica. Los Ebionitas, además, no admitían la divinidad de Cristo. Hubo un cristianismo siríaco, que se retrotraía a un tal Addai y luego al apóstol Tomás, y que al menos en parte, quedó muy influido por el gnosticismo. Así se completó una tradición judeocristiana de dichos del Señor con dichos gnósticos (EvTom). Esta impronta gnóstica, cargada de encratismo, fue borrándose a medida que se acentuaba el encratismo como característica del cristianismo siríaco.
A. Jerusalén, Del Año 33 Al Siglo V D.C. Jerusalén significa “ciudad de la paz” y hay razón de sospechar que la ciudad real en Israel fue nombrada después de que la ciudad santa de la paz en los textos sagrados egipcios que existían ya cuando la ciudad fue fundada. Yarasalem fundada por el dios Salem es Yaruhshalam en La Biblia, ciudad de paz, pues hasta en eso tergiversan la historia las religiones. En vez de ciudad de paz lo ha sido de guerra, desde Abraham hasta hoy día. Fortaleciéndose los Zelotes en Massada bajo la capitanía de Menajem y también en el Templo, del año 66 al 70 D.C. libraron con Roma cruentos combates en la fortaleza Antonia con derrotas romanas, pero con asesinatos en masa de judíos sobre todo en Cesaréa. Cetio Galo intervino personalmente en la guerra, sitió Jerusalén, pero se retiró al ser derrotado en Bet Horon. En el 68. D.C., intervinieron unos meses Vespasiano y después su hijo Tito, bajo la defendida Jerusalén por los Zelotes Simón Bar Giora y Iojanán de Giscala dos nuevos Mesías. Pero sí hubo un Mesías judío que no escandalizó a nadie, fue Simón Bar Giora, Zelote, vencido por Tito y Cetio Galio hacia el 67 D.C., llevado cautivo a Roma y degollado en el Foro romano. Tito crucificaba a los prisioneros ante las murallas de Jerusalén para debilitar la moral de los Zelotes y cuando tomó la torre Antonia, rindió a Jerusalén pero sin capitulaciones, pues se inmolaron todos sus defensores y continuaron la lucha el resto en el Templo. Al final Tito arrasó la ciudad y el Templo degollando a niños, mujeres y ancianos. Al mes tomó el palacio de Herodes deportando a Roma a los que quedaron vivos para que murieran o al menos pelearan como gladiadores en los circos romanos. El centro cultural de los judíos se desplazó a Iabne, y comenzó el culto en las sinagogas. En 132 D.C. surgió otro Mesías, Bar Kokeba o Bar Kojba, vencido por Julio Severo. Adriano ordenó arrasar Jerusalén de nuevo, Aró la ciudad no dejando piedra sobre piedra y construyó a Aelia Capitolina sobre la antigua Jerusalén dedicada a Júpiter y prohibió a los judíos acercarse a Jerusalén. En el siglo IV D.C. se permitió a los judíos visitar Jerusalén un día al año y la emperatriz Eudosia suprimió la orden en el siglo V, desapareciendo Aelia Capitolina con Constantino. Jerusalén se convirtió en centro de peregrinación para judíos y cristianos y la emperatriz Helena financió la construcción de supuestos Lugares Santos pero todo fue también invento cristiano y católico pues la ciudad había sido varias veces arrasada y arada por los romanos a partir del 70 D.C.
B. Epoca Romana La Diáspora. Imperio Romano. Levantamiento De Bar Kojba D.C. – La Palestina Romana. Año 66. Sublevación de los Judíos de Alejandría. Tiberio Alejandro, prefecto por entonces de Egipto, mata a varios millares de judíos. Verano del 66. En Jerusalén el procurador Floro manda crucificar algunos judíos, pero una sublevación lo obliga a abandonar la ciudad. Hay disturbios en Cesaréa y en todo el país. COMIENZO DE LA GRAN DIASPORA. Una parte de la comunidad judía se negó a comprometerse en la guerra mesiánica contra los Romanos y huyó en el año 66 a Transjordania, otros marcharon a refugiarse en las ciudades de Siria, del Asia Menor o en Alejandría.- El más importante dirigente religioso de aquel siglo, Rabí Yochanan Ben Zaccai, que se oponía enérgicamente a la insurrección armada, fue sacado de la ciudad asediada en un ataúd. Poco tiempo después obtuvo de Tito autorización para establecer una escuela elemental en Yabné. Gracias a esta escuela se salvarían los valores espirituales del pueblo judío, vencido en el plano nacional y amenazado de desaparición. La segunda destrucción del Templo marcó profundamente la evolución del Judaísmo; privados del santuario, el único lugar sagrado en donde podía oficiarse el culto, los fieles se vieron reducidos a las plegarias y a la instrucción religiosa. 66-67. Nerón designa a Vespasiano y a su hijo Tito para restablecer el orden en Palestina. Comienza el éxodo de notables. 67. Vespasiano, al frente de 60.000 hombres, reconquista Galilea. 68. Vespasiano ocupa la zona baja del litoral y el valle del Jordán, destruyendo Qumran. 69-79. Vespasiano Emperador. Confía a Tito el sitio de Jerusalén. 70. Pascua del 70 hay numerosos peregrinos en Jerusalén. Poco después Tito sitia la ciudad con cuatro legiones. Toma la tercera y luego la segunda muralla. Circunvala la ciudad y la sitia por hambre. Tito Flavio Vespasiano conquista y destruye Jerusalén. Judea se convierte en provincia imperial, confiada al legado de la Legión Décima, acuartelada en Jerusalén. 29 de Agosto del 7º. Toma el Templo y lo incendia. Los habitantes son muertos, vendidos o condenados a trabajos públicos. 70-200 D.C. LA MISHNA. En esta época se elaboraron las estructuras fundamentales del judaísmo normativo. Se reemplaza la peregrinación al Templo y el sacrificio, por el estudio de la Ley, la plegaria y la piedad. La continuidad con el tiempo pasado quedaba asegurada mediante el estudio de la Biblia y la observancia de las prescripciones relativas a la pureza ritual. Para precisar, explicar y unificar las innumerables tradiciones orales relacionadas con las prácticas rituales y con las interpretaciones de la Escritura y las cuestiones jurídicas, Rabí Judá se esforzó por recopilarlas y ordenarlas en un solo corpus de normas legales. Esta vasta compilación, llamada Mishná, contiene materiales elaborados entre los siglos I a. C. y II D.C. Toda la obra comprende seis partes: agricultura, fiestas, vida familiar, ley civil, prescripciones sacrificiales y dietéticas, normas sobre la pureza ritual. La Mishná persigue unificar y reforzar el judaísmo y en consecuencia la integridad del pueblo judío en todo lugar donde se halle disperso.
C. Exilio: Mesopotamia. En esta época muchos exiliados judíos se afincan en Babilonia, donde, durante el dominio de los partos, alcanzan un notable bienestar económico y una amplia autonomía, gobernados por un Exilarca, a quién el rey de Persia concedía grandes poderes. Año 117. Levantamiento judío en todo el oriente y rebelión de las nuevas provincias. Años 117-138. Adriano (el hispano) es el nuevo Emperador. Anteriormente fue gobernador de Siria. Su proyecto de reconstrucción de Jerusalén como Colonia Aelia Capitolina, provoca la rebelión de los judíos, acaudillados por Bar Kojba. Del 132 al 135 se da el LEVANTAMIENTO DE BAR KOJBA siendo la Segunda rebelión judía: Bar Kojba toma Jerusalén y en el 135 es derrotado por los romanos. El Emperador Adriano, comprendiendo que de La Toráh los judíos sacaban su fuerza, suprimió el Sanedrín, prohibió bajo pena de muerte el estudio de La Ley, la práctica de sus preceptos, del sábado y de la circuncisión. Algunos de los más grandes Maestros pagaron con la vida su negativa a someterse al decreto imperial. La población judía que había sobrevivido a los combates y persecuciones tuvo que abandonar una Judea desbastada y refugiarse en Galilea. En su pobreza absoluta, los emigrados buscaron consuelo en el estudio y las escuelas volvieron a abrirse. Jerusalén queda convertida ahora en colonia romana y el Templo se verá dedicado a Júpiter y Venus consumando la disolución del Estado Hebreo. La Sinagoga (lugar de reunión) será el núcleo aglutinado y símbolo de la continuidad de la tradición hebrea. Año 192. ISRAEL COLONIA ROMANA La primera comunidad judía en Roma parece haber tenido su origen en la venta de esclavos en 192 a. C. Año 193. LA DINASTÍA DE LOS SEVEROS. Comienza el gobierno de la dinastía de los Severos. Septimio Severo funda su propia dinastía derrotando a los emperadores rivales y proclamando una adopción ficticia con Marco Aurelio. Año 211. Su hijo Caracala II es co-emperador. Año 212. Con CARACALLA obtienen el derecho de ciudadanía. Año 212. Por medio de la Constitutio Antoniana se le concede plena ciudadanía romana a todos los provincianos libres. Se establecen principalmente en Asia Menor, Balcanes, Norte de África, y España. Año 300. EMPERADORES CRISTIANOS. Las leyes sobre los judíos promulgada por los emperadores cristianos Constantino, Teodosio. 417-423. y Justiniano (534) suponen una reducción de derechos con relación a los reconocidos por Caracala a los demás ciudadanos del Imperio.500. EDAD MEDIA (11) La Iglesia sigue una política discriminatoria en los Concilios desde el siglo IV hasta el siglo VII.- (12) El Papa Gregorio Magno (590-604) revoca a los hebreos la obligatoriedad del bautismo y les reconoce el derecho de practicar libremente su culto. Son considerados extranjeros, pero tienen derecho a una protección especial. La prohibición canónica de prestar dinero con interés transforma a los judíos en únicos prestamistas: pasan a ser acreedores y los cristianos deudores, lo que determina un sentimiento de hostilidad que desemboca en persecuciones o progroms. 500 D.C. Se completa la redacción del Talmud Babilonio, que incluye la Mishná (doctrina) y la Guemara (comentarios). Se unifican innumerables tradiciones orales respecto de: Prescripciones rituales, Interpretaciones de las Escrituras y Cuestiones jurídicas. El Talmud de Babilonia está constituido por la Mishná y sus comentarios, que incluyen a las doctrinas esotéricas, así como las prácticas de orden Iniciáticas preservadas en el Talmud. Desde Babilonia emigran grupos judíos a Afganistán, Persia, India, Armenia y a toda el área Caucásica.

MESIANISMO Y CRISTOLOGÍA. El “mesianismo regio” es la esperanza de un futuro mejor puesta en el rey o la dinastía, como instrumentos de Dios, para una salvación histórica próxima o imprecisa y mesianismo a la esperanza de salvación escatológica, como realización de Dios por medio de una figura salvífica. La transición del «mesianismo regio» al escatológico es muy fluida y ambigua en los intentos históricos para forzar su realización. Ambos derivan del ideal de realeza del antiguo Israel. El Mesías es el rey ideal proyectado en el futuro definitivo. Con David como prototipo, la expectativa del rey ideal pudo renovarse en diversas entronizaciones o en reinados como los de Ezequías y Josías. Tras el fin del reino de Judá, el exilio y el regreso, pudo animar ilusiones de restauración con Zorobabel; pero muchos judíos se fueron conformando con la comunidad religiosa, nacional y teocrática, en torno al Segundo Templo y su culto sacerdotal, acomodándose en los buenos tiempos a un régimen político multinacional. En tiempos difíciles ello dio origen a una alternancia o combinación de «mesianismos» davídico y sacerdotal. La esperanza en el régimen real de Yavé acaba por desembocar en la escatología, a medida que las ilusiones de restauración quedan confrontadas con la dura realidad de la historia. La masa del pueblo sigue soñando en obtener venganza de sus opresores en el ámbito político, terreno. Otros alimentan expectativas más religiosas y de un carácter transmundano creciente. Si el Dt – Is mantiene todavía la conexión con los sucesos históricos, el Trito – Is subraya el aspecto milagroso de la salvación definitiva. En una tercera línea, la redención final acaba por verse como una trasfiguración celeste, una vez que el mundo presente deje lugar al venidero. Esta pluralidad de perspectivas sobre la realización final del Reino de Dios puede contar o no con una figura humana mediadora. El Mesías no es parte indispensable de la esperanza escatológica judía. No aparece en una serie de escritos bíblicos tardíos ni en varios pseudepígrafós. En tiempos de bonanza, hubo quienes se dieron por satisfechos con las instituciones de la comunidad teocrática (Eclo). Otros, en tiempos de crisis, confiaron como vindicación divina en un dominio universal de los piadosos (Dn), esperaron la resurrección (Dn, 2 Mac) o la inmortalidad bienaventurada (Sab). Mientras Jub centra el dominio mundial en la posteridad de Jacob, AsMos espera la ascensión de Israel al cielo. No hay figura mesiánica en la guerra escatológica de 1QM. La pervivencia de la expectación de un Mesías nacional queda asegurada por la excitación y aún levantamientos suscitados por figuras históricas desde Zorobabel hasta Bar Kochba. Ha dejado también testimonios literarios (LXX, Targumes, OrSyb, PsSol, Test12P, plegarias y literatura rabínica). El mismo Josefo, que nos da noticia de intentos anteriores a la primera guerra judía, atestigua que el incentivo para ésta provino de un texto bíblico entendido como oráculo mesiánico. La tradición sacerdotal y el comienzo de la dinastía hasmonea pudieron llevar a una conjugación del mesianismo regio con uno sacerdotal o, en reacción contra los Hasmoneos, a una separación y subordinación del uno al otro (Qumrán, Test12P). En la documentación de Qumrán entran en escena el Profeta, el Mesías de Israel y el Mesías de Aarón. El Profeta del tiempo final (Dt 18,15), esperado por los medios populares, no acaba de encajar en la revalorización de Moisés y la interpretación de la Torá por los escribas; pero aún aquí deja su huella en la espera del retorno de Elías (Mal 3,23-24; Eclo 48,10-11) como heraldo de los tiempos mesiánicos. El theologoumenon de que Elías debía venir primero, debió servir de objeción al reconocimiento de la mesianidad de Jesús (Mc 9,11-13). Los Sinópticos, pero no Jn, responden atribuyendo al Bautista el papel de Elías. Aparte de esto, parece que los sectarios de Qumrán identificaron con el Profeta a su fundador, el Maestro de Justicia. La secta conoce también un liberador angélico, el Melquisedec celeste, análogo al Hijo del hombre de otras tradiciones. El Hijo del hombre, originalmente símbolo del Pueblo de Dios (Dn 7), sufriente y vindicado, pasa a identificarse con su figura representativa (Henoc en las Similitudines). Como éste, es preexistente, reservado en los cielos hasta su manifestación al fin de los días, como representante mesiánico de Israel para ejercer el juicio divino escatológico. En 4Esd y 2Bar queda identificado con el222 Mesías davídico. El Siervo de Yavé del DtIs, maestro y predicador, luz de salvación para todas las gentes, que sufre en propiciación por los pecadores, es un verdadero mediador de salvación mediante la conversión religiosa y moral. Es una figura que recapitula el entero movimiento profético. Desde Judas el Galileo hace irrupción violenta el ideal teocrático que desembocará en el movimiento zelote, varios conatos de levantamiento y las dos grandes guerras judías, sin duda animadas por la excitación mesiánica. Esta persistió entre ambas, como lo muestran, entre otros datos, el intento de Jonatán en Cirenaíca y la gran sublevación de los judíos de los antiguos dominios de los Lágidas bajo Trajano. La corroboran literariamente 2Bar, 4Esd y OrSyb V. Tras los repetidos fracasos, la Misná recordará al Mesías como simple elemento tradicional de su Jerusalén imaginaria, alternativa simbólica de la histórica desaparecida. El judaísmo talmúdico tendrá en cuenta al Mesías, con variedad de opiniones, en sus especulaciones sobre el futuro. En este cuadro histórico, precediendo en tres decenios a la primera gran explosión, se sitúa la entrada en escena de Jesús. Su conciencia de filiación divina y de ser el mediador definitivo de salvación es el punto de partida de la cristología, que arranca de la fe pascual y es resultado del mismo proceso interpretativo por el que se recogieron las tradiciones de Jesús. Las apariciones del Resucitado dan su impulso inicial a la cristología de ensalzamiento. Jesús fue un maestro de autoridad única y su enseñanza marca la vida cristiana y la misión de la Iglesia. Se alinea con los profetas, pero delimita su tiempo de cumplimiento del de preparación profética. Las gentes llegaron a reconocerle como profeta, como antes al Bautista. El cristianismo antiguo lo presenta como nuevo Moisés que sobrepuja al primero. Es el Profeta escatológico. La creencia prepascual en Jesús Mesías es el presupuesto de la cristología desarrollada desde la fe en la resurrección. Jesús había esquivado una comprensión política de su mesianismo; pero fue a la muerte por este reconocimiento. Ya en vida se le aclamó como el Mesías Hijo de David. Había combinado su mensaje con las expectativas puestas sobre el Hijo del hombre. Se había identificado con el destino de la figura derivada de Dn 7. Ya en su vida terrena, había comenzado a realizar la misión del Siervo de Yavé. El cristianismo primitivo recurrió, pues, a esta figura profética para interpretar el acontecimiento de Jesús. La primitiva confesión cristiana Kyrios Iesus explica no sólo que el cristianisrno primitivo vea en el acontecimiento de Cristo la culminación y la clave hermenéutica del A.T. sino que se le apliquen textos del A.T. originalmente reservados a Yavé. Implica una comprensión de Jesucristo en unidad de rango divino con el Dios del A.T. y a la par en distinción personal. Esa identidad y distinción se expresa también con el título Hijo de Dios. Ello lleva muy pronto a añadir la cristología de preexistencia y de función cósmica a la de soteriología y de culminación escatológica. Para elaborar la primera se recurrió a la tradición bíblica de la Sabiduría y de la Palabra de Dios y a la tradición judeo – helenista del Logos. Para la segunda prestaron su contribución los cantos del Siervo y la figura del Hijo del hombre escatológico.
Katholiké Ekklesía. Los Doce y un círculo primitivo de apóstoles fueron los primeros testigos cualificados del Resucitado. Pronto el círculo se amplió con otros comisionados para la obra misionera. Pablo primero y Lucas después desarrollan una teología propia del apostolado y se reconoció también como apóstoles a itinerantes carismáticos. Tras las primeras generaciones el apostolado es visto como una institución del pasado. Se los aprecia como misioneros del mundo y se los valora como el eslabón entre Jesucristo y la Iglesia posterior. Núcleo del kerygma primitivo fue el acontecimiento de Jesucristo como clave para un pesher cristiano de las Escrituras. Esta predicación trasmite a la par las tradiciones de y sobre Jesús, que se desarrollan en las diversas formas de catequesis. El Evangelio empieza a fraguar por escrito sin que cese por ello la vitalidad de su tradición oral. Esta situación se mantiene hasta bien entrado el siglo II, cuando se hace cada vez más explícita la referencia a documentos evangélicos y otros escritos apostólicos, de cuya común recepción se hacen conscientes las comunidades más conectadas entre sí. Las confesiones de fe se desarrollaron en formulaciones más amplias. La confesión trinitaria bautismal favoreció las de estructura ternaria. Unas sirvieron para presentar la regla de fe de la predicación apostólica frente a las tergiversaciones heréticas. Otras se formularon como credos declaratorios para la catequesis y el rito bautismal. La tradición de fe se trasmite por la autoridad del Señor y la acción del Espíritu. La trasmisión se hace con atención al doble polo de la fidelidad y la actualización. Se buscan criterios para discernir la derivación auténtica. El de la simple genealogía de trasmisores (Papías) es pronto abandonado por el abuso que comienzan a hacer de él los gnósticos. Los católicos la localizaron en la regla de fe de la predicación apostólica y los escritos integrados en lo que se delimitará como canon del N.T., que completa el del A.T. Los obispos como sucesores de los apóstoles son los garantes de la continuidad en la tradición. Los cristianos habían heredado del judaísmo helenístico el canon de la Biblia griega. Sin embargo hubo cristianos helenistas que chocaron con esta herencia judía. Se trató de superar las dificultades mediante el recurso a la interpretación alegórica. Marción y los suyos prefirieron rechazar el A.T. y con él al Dios de los judíos. En general los gnósticos optaron más que por el rechazo frontal por diversos modos de devaluación del uno y el otro. Entre tanto la Iglesia, que mantenía su fidelidad al A.T., había delimitado el canon de su propia tradición fijada en documentos cada vez más comúnmente aceptados. No debió resultarle difícil deslindarlos, como canon del N.T., de la exuberante literatura apócrifa. Lo que quedaba de válido en ella se reconocía ya integrado en el N.T. Fuera de éste quedaba demasiado contaminado por composiciones heréticas o se trataba de composiciones demasiado recientes, que no podían reclamar la apostolicidad. La antigüedad de la recepción, la coincidencia con otras comunidades y la coherencia con la regla de fe fueron los criterios decisivos de la recepción. La consiguiente devaluación de la literatura apócrifa acarreó la pérdida de muchos de estos escritos. Un número suficientemente significativo se mantuvo hasta nuestros días, en que descubrimientos ocasionales de algunos de ellos ha impulsado a algunos estudiosos a una revalorización histórica de esa literatura, desde el presupuesto de un pluralismo radical del cristianismo primitivo. Hay gente que intenta dar un vuelco a la selección hecha por las primeras generaciones cristianas. La continuidad en la tradición ha sido tarea de responsables eclesiásticos. Comenzaron los testigos oculares convertidos en predicadores, aunque no parece que los Doce actuaran como una academia rabínica. En el proceso de actualización del mensaje intervinieron la libertad profética y los precedentes hagádicos, como también pesaron las situaciones concretas que vivían las comunidades. Los cristianos eclesiásticos fueron incrementando su interés por el Jesús terreno, en un proceso inverso al que siguieron los gnósticos. Los textos reconocidos como inspirados integran los diversos estadios de trasmisión del mensaje en la época fundante, la del canon neotestamentario. San Pablo no hace distinción neta entre los carismas del Espíritu para edificación de la Iglesia: los dones ocasionales y las funciones permanentes. La tríada primordial fueron los apóstoles, profetas y maestros. Todos los que intervienen en la fundación o crecimiento de las comunidades no son sino ministros de la fe. El tránsito entre las funciones carismáticas debió ser muy flexible. La función específica de los apóstoles fue cayendo en desuso, aunque se mantuvo algún tiempo más la de los carismáticos itinerantes en algunas comunidades (Did), que actuaban más bien como los primitivos profetas cristianos. El profetismo específico fue perdiendo relevancia por el riesgo de contaminación con el de tipo pagano y acabó desprestigiado por la pretensión de profetismo por parte de gnósticos y sobre todo de montanistas. A diferencia de los profetas, y pese a los denunciados como maestros de error, los maestros siguieron desempeñando sus funciones y otras que ya no desempeñaban apóstoles y profetas. Los maestros gnósticos contribuyen también al descrédito de la función; sin embargo, ésta se mantiene. Más que como una función específica, como la común a pastores, catequistas y teólogos. La misión encuentra un nuevo cauce en la labor académica de filósofos cristianos. Los que presiden la comunidad empiezan a recibir nombres específicos: epíscopos y diáconos en comunidades paulinas y presbíteros en las judeocristianas y de la misión de Bernabé. Esta jerarquía local se fue afianzando, en tanto que se desvanecían los ministerios itinerantes de apóstoles y profetas. Pronto se combina la terminología ministerial de presbíteros con la de epíscopos y diáconos. El término de esta combinación, reflejado en las Pastorales, es la distinción entre obispos, presbíteros y diáconos. La emergencia del episcopado monárquico, que se remonta a los orígenes de algunas comunidades, está ya afianzada en otras en tiempos de Ignacio; aunque en Alejandría se retrase a fines del s. II. Se veía como ideal que las funciones ministeriales integrasen dotes carismáticas. La confesión de fe tuvo que ser pronto precisada contra tergiversaciones heréticas con formulaciones que hacían la función de reglas de fe. Su contenido queda delimitado por las doctrinas de fe en que coinciden las iglesias de tradición apostólica. Garante de esta tradición es la cadena de obispos sucesores de los apóstoles (Hegesipo, Ireneo). La regla de fe pasa a ser un sumario explícito de la doctrina tradicional que se contrapone a los sistemas gnósticos, como única clave auténtica para la interpretación de la Escritura (Ireneo, Tertuliano). Los pastores cerraron filas contra las amenazas a la identidad cristiana. La confesión de fe trinitaria, que había dado oportunidad al sincretismo gnóstico, se prestaba a acentuaciones teológicas contradictorias. La tendencia monarquiana cuajó ya en el giro de los ss. II al III en herejías adopcionistas (Teodoto de Bizancio) o modalistas (Sabelio). La tendencia subordinacionista desembocó en el s. IV en el arrianismo y sus secuelas. Los concilios de Nicea y Constantinopla les salieron al paso con expresiones que precisaban la regla de fe en un credo bautismal. La Iglesia en el N.T. no es sólo un conjunto de comunidades sino una (cf. Mt 16, 18), como lo expresan también diversas imágenes (Templo de Dios, Cuerpo de Cristo, Esposa), que más allá de la realidad empírica remiten al misterio. El mismo pan eucarístico es símbolo de su unidad. Ignacio la denomina katholikê ekklesía. Lo es también la comunidad local ortodoxa en contraste con el conventículo sectario. Eclesiología y pneumatología van a una. Las comunidades dispersas realizan ampliamente la conciencia de su koinônía católica, mediante encuentros, correspondencia y sínodos. Escritura, Regla de Fe y Tradición fueron sus señas de identidad garantizadas por instancias sucesivas (obispo, sínodo local, concilio ecuménico) hasta acabar más tarde por descubrir todas las implicaciones del primado romano.
El Nuevo Testamento Y El Ambiente Judío. En el Nuevo Testamento no encontramos fechas que nos ayuden a escribir una cronología tal como se hace hoy, con el calendario moderno de uso universal. Sin embargo, encontramos detalles cronológicos propios de la forma en que los judíos medían el tiempo. Esos detalles del Nuevo Testamento, así como otros encontrados en obras seculares escritas en aquellos tiempos, nos ayudan a fijar fechas aproximadas para los sucesos de la vida de Jesús y la vida de la iglesia en el tiempo de los apóstoles. Sin conocimiento del factor cultural judío, es imposible comprender el Nuevo Testamento. Esto es cierto porque gran parte de los personajes de la época del Nuevo Testamento son judíos: Jesús, sus discípulos y sus apóstoles, y los primeros creyentes de la iglesia. Jesús habló el arameo, vivió en Galilea y Judea, y murió en Jerusalén. Hay tres aspectos del ambiente judío que son importantes destacar aquí: el religioso, el social y el literario.
Aspecto Religioso. Hay estrecha relación entre iglesia cristiana y pueblo judío en lo que a religión respecta. En el centro de la fe judía está la afirmación de que «Dios es el único Señor» (Dt 6.4; MC 12.29; DHH), que sus leyes son sabias y dignas de obediencia (Sal 78.5-8), y que él ha escogido un pueblo para sí mismo. Nada de eso está ausente en la fe cristiana. Las Escrituras de Israel donde los profetas dejaron registrado el mensaje de Dios para su pueblo, son las Escrituras de la iglesia cristiana. Después se agrega el Nuevo Testamento que registra muchas costumbres religiosas judías y menciona a los grupos judíos más influyentes de la época (MT 22.23-33; Hch 23.6-8; 1 Co 15.12-58). La esperanza en la venida del Mesías significaba para los judíos el deseo de ver cumplida la justicia por la mano misma de Dios de modo que las naciones e individuos que se oponían al pueblo judío recibirían su castigo; y el pueblo escogido y los justos tendrían su recompensa. Con la muerte y resurrección de Cristo los primeros cristianos entendieron que la salvación prometida y el juicio mismo incluían a todos los seres humanos de todas las épocas (Jn 3.14-18; 12.32; 1 Ti 1.15; 2.4).
Aspecto social. En la sociedad israelita de la época de Jesús había tres clases sociales: una alta, una media y otra pobre. La clase alta se componía de las familias de los jefes políticos y religiosos, de los comerciantes solventes y terratenientes, y de los recaudadores de impuestos (publicanos). La clase media contaba con los medianos y pequeños comerciantes, los artesanos, los sacerdotes y los maestros de la ley. Por último, la clase pobre, la más numerosa, estaba formada por jornaleros que vivían al día (MT 20.1-16), y por muchos otros que vivían al margen de la sociedad, como los mendigos, los leprosos y los paralíticos (MC 10.46). Según las leyes, el lugar más bajo en la escala social lo ocupaban los esclavos y su situación real dependía de la posición y carácter de sus amos. Los esclavos no judíos rara vez recuperaban su libertad. Los esclavos israelitas podían recuperar su libertad en el año sabático que se celebraba cada siete años y su objetivo era que no se cultivara la tierra durante un año para celebrar así un año en honor a Dios (Ex 23.10-11; Lv 25.1-7; 26.34, 43). Como no se debía cultivar, no se podían saldar las deudas, y éstas se perdonaban. Del mismo modo, eran liberados los esclavos israelitas que habían trabajado durante seis años. Los principales oficios eran la agricultura, la ganadería, la pesca (en el lago de Galilea), trabajos artesanales (alfarería, zapatería, carpintería, albañilería, etc.) y el comercio. También la atención del templo daba trabajo a un gran número de sacerdotes y levitas. Se dice que la población de Palestina en la época de Jesús pudo haber sido de aproximadamente un millón de personas. Los judíos no formaban un grupo religioso y político unido. Decimos religioso y político porque ambos aspectos estaban muy relacionados. En este sentido, los judíos se habían dividido en muchos grupos. En el Nuevo Testamento se mencionan varios de ellos: los fariseos, los saduceos, los herodianos y los maestros de la ley. Los fariseos eran un grupo más que todo religioso. Defendían la estricta obediencia de la ley de Moisés, de las tradiciones y de la piedad popular (Flp 3.5-6). Representaban el grupo con más autoridad entre el pueblo. Eran influyentes y participaban en la dirección política. Después de la destrucción del templo de Jerusalén (año 70 D.C.), fue el grupo que predominó entre los judíos. Este grupo sostuvo la idea de la vida eterna, el libre albedrío y la providencia. Los saduceos, en su mayoría, venían de familias de sacerdotes aristocráticos. El grupo se asociaba con los sacerdotes y con el Sanedrín o tribunal judicial israelí. Negaban la vida futura y la existencia de los ángeles y espíritus (MT 22.23-33; Hch 23.6-8). También desaparecieron con la caída de Jerusalén. Un grupo menor fue el de los herodianos (partidarios de Herodes; MT 22.16) y el de los Esenios que no se menciona en el Nuevo Testamento; sin embargo, historiadores y testigos de la época (Filón de Alejandría, Flavio Josefo, Plinio), e incluso los primeros padres de la iglesia (Justino, Clemente de Alejandría, Orígenes), reconocieron su importancia. Cultivaban una vida comunitaria muy organizada, los bienes eran comunes, exigían el celibato, la rectitud moral, la modestia, los vestidos blancos, las comidas comunitarias, las abluciones o ritos de purificación con agua, y el separarse del resto de los judíos. Creían en las doctrinas hebreas y en la necesidad de purificarse con persistencia. Tenían muchas creencias paganas: el determinismo universal, la adoración del sol como dios, y la reencarnación. Este grupo, como los dos anteriores, desapareció al luchar contra Roma en el año 66 D.C. por los zelotes («los celosos») fanáticos de la libertad y una exagerada espera en los momentos culminantes de la vida y de la historia. Por último, mencionaremos a un grupo importante por su influencia literaria: los maestros de la ley (escribas, letrados o rabinos). Ellos enseñaban la religión y las tradiciones, y explicaban las Escrituras. En su mayoría eran laicos. Enseñaban en el templo (LC 2.46) o en las sinagogas (Hch 15.21). Ejercían mucha influencia por su piedad y erudición. Hacían estrictas interpretaciones de la ley, creían en cierta libertad humana, pero limitada por la providencia. Creían en la resurrección y en los ángeles, en la venida del Mesías y en la reunión final de todas las tribus de Israel. Su marcado carácter separatista los volvió presumidos, y con eso disminuyeron su fuerza espiritual. Junto con los fariseos, se opusieron fuertemente a Jesús (MT 23). Sus enseñanzas se conservaron en la llamada «literatura rabínica», escrita después del Nuevo Testamento.
Aspecto literario. La literatura cristiana, ante todo el Nuevo Testamento, se inspira en el Antiguo Testamento y en el judaísmo contemporáneo. Esto es llamativo, porque el Nuevo Testamento y los primeros escritos cristianos se hicieron en griego. En efecto, sin importar la influencia griega, muchas palabras, mensajes y enseñanzas corresponden al espíritu hebreo. La enseñanza era primero oral y en arameo, luego se vertió al griego, pero conservando su cualidad judía. Así, en el Nuevo Testamento conservamos palabras como: abbá y marana ta. Las grandes conquistas militares de Alejandro Magno en Asia (año 333 a.C.) hicieron que la cultura griega se difundiera por el occidente asiático, por el norte de África, por el sur de Europa y por Roma misma. No es de extrañar que, para el siglo I D.C., el griego fuera el idioma de las personas cultas de la zona del mar Mediterráneo, e incluso la lengua popular en muchas de las regiones de la zona. Esta difusión de la cultura griega es lo que se ha denominado «helenismo». Dado que el pueblo de Israel sufrió diversas deportaciones masivas a lo largo de la historia, era común encontrar comunidades judías fuera de Palestina que constituyeron lo que se llama el judaísmo de la «diáspora» o dispersión. Aunque estas comunidades siguieron fieles a sus tradiciones religiosas (por ejemplo, Hch 16.13), adoptaron el griego como idioma propio. Hoy se acepta que después del año 70 D.C. eran más los judíos de la diáspora, que los que vivían en Israel. Fue así como en la comunidad judía de Alejandría (Egipto) se tradujeron al griego las Escrituras israelitas. La principal de estas traducciones es la «versión de los Setenta» o Septuaginta (LXX), la cual se convirtió en el texto de uso común de los cristianos de habla griega. También en Jerusalén hubo un grupo de judíos cristianos que hablaban griego (Hch 6.1). Eso hizo posible la difusión del evangelio en las comunidades de la diáspora y entre los paganos (Hch 11.19-20). El judío más notable entre la diáspora es, sin duda, Pablo de Tarso primero perseguidor de cristianos y luego convertido, fue seguidor y propagador celoso de Cristo entre los paganos (Gl 1.14). Sus viajes misioneros abarcaron la mayoría del mundo conocido hasta entonces y sus cartas constituyen una parte muy importante del Nuevo Testamento. Por todas estas razones no es extraño que el Nuevo Testamento se hubiera escrito en griego, aunque algunos manuscritos y tradiciones anteriores puedan sugerir que al inicio se escribieron en hebreo y arameo. Sin embargo, lo cierto es que su redacción y texto definitivos se hicieron y se conservaron en griego.
El Nuevo Testamento y el ambiente romano. Alrededor del siglo II a.C. el poder militar de Roma se había apoderado de todo el Mediterráneo. A partir del 63 a.C. Palestina quedó sometida al poderío militar y político de Roma. Al inicio, los gobernantes judíos conservaron el título de reyes, aunque estuvieran sometidos al poder romano. El Nuevo Testamento destaca a Herodes el Grande, quien gobernó Palestina del 37 al 4 a.C. Fue bajo su mandato cuando nació Jesús (MT 2.1-20; LC 1.5). Cuando Herodes murió, el reino se dividió entre sus tres hijos: Arquelao gobernó Judea y Samaria hasta el año 6 D.C., Herodes Antipas en Galilea y Perea, hasta el 39 D.C., y Filipo en el nordeste del Jordán, hasta el 34 D.C. (MT 2.22; LC 3.1). Hacia el año 6 D.C., el emperador romano Augusto quitó del reino a Arquelao, y Judea y Samaria pasaron a ser propiedades del Imperio Romano. Los nuevos cambios administrativos incluyeron nuevas autoridades romanas (los prefectos y los procuradores). El más conocido de todos en la historia cristiana es Poncio Pilato, prefecto de Judea (26-36 D.C.) que condenó a muerte a Jesús (MT 27.1-26). Para el año 37 D.C., el rey Herodes Agripa sustituía a Filipo, y en el 40 D.C. a Herodes Antipas. En el año 41 D.C. Herodes Agripa extendió su dominio hacia Judea y así reconquistó un reino tan grande como el que había tenido su abuelo Herodes el Grande (Hch 12.1-19). Herodes Antipas murió en el año 44 D.C. (Hch 12.19-23), y con ello toda Palestina pasó a manos de los romanos. Esto duró hasta el año 66 D.C., cuando se produjo la guerra judía (Hch 23.24; 24.27). Entonces Roma desplegó su fuerza militar por todo Israel. Los soldados se organizaban por «compañías», las que tenían a su cargo velar por la adoración del emperador en todo el imperio. Diez compañías formaban una legión (unos 6.000 hombres). Los soldados debían facilitar las conquistas y aplacar las rebeliones. Vigilaban las fiestas judías, las prisiones y las ejecuciones (MT 28.11-15; LC 23.47; Jn 19.2, 23-24,34). Pese a ello, también los soldados se acercaban a Jesús y al cristianismo (MT 8.5-13; 27.54; LC 23.47; Hch 10; 27.3-11). En su carta a los efesios, Pablo compara al cristiano con un soldado romano (Ef. 6.10-18). El creciente descontento del pueblo judío hacia los romanos llegó a su punto máximo en el año 66 D.C. En ese año, los «celotes» organizaron una rebelión contra Roma. La lucha duró cuatro años. En el primer año de guerra, Roma decidió que los gobernadores de Palestina debían seguir siendo generales del ejército, a quienes llamaron «legados». El primero de ellos fue Vespasiano, quien en el año 69 D.C. fue proclamado emperador. La rebelión judía fue aplacada con la intervención de los ejércitos romanos que conquistaron Jerusalén y destruyeron el templo en septiembre del año 70 D.C. (MT 24.2; LC 21.20). Esta derrota se debió a la superioridad militar de los romanos y a las irreconciliables disputas internas de los judíos. Con la caída de Jerusalén también desaparecieron las autoridades del Sanedrín, o Junta Suprema de los judíos; las familias sacerdotales se vieron diezmadas, y el grupo de los maestros de la ley empezó a desaparecer. El cargo de sumo sacerdote resultó obsoleto, al igual que el culto del templo. Las enseñanzas religiosas, tradicionales y culturales se reorganizaron alrededor de los rabinos y sus escuelas. Fuera de Palestina, la iglesia cristiana supo aprovechar bien los beneficios que ofrecía el Imperio Romano. La unidad política y cultural facilitó la rápida propagación del evangelio por el mundo pagano (Ro 15.19, 28; 1 P 1.1). Esto se debió en parte a que en un principio las autoridades romanas no se oponían a la práctica de la religión judía ni de la religión cristiana, hasta cuando la fidelidad a Cristo entró en conflicto con los intereses de Roma y los primeros cristianos empezaron a ser martirizados y perseguidos porque Los cristianos se resistían a dar culto al emperador y a sus dioses, agregándose a esto que muchas disposiciones contra los judíos también se aplicaron a los cristianos (Hch 18.2). Esta tensa situación en que vivieron los cristianos de los siglos I y II se refleja en 1 P 4.12-16 y en el libro de Apocalipsis, donde Roma aparece como el enemigo número uno del cristianismo.
La Huida Al Mar Muerto. La huida se realizó por el valle del Jordán hacia el Mar Muerto –la ruta menos vigilada- donde encontraron acogida entre los monjes Esenios. En aquellos tiempos la separación entre judaísmo y cristianismo estaba en sus comienzos por lo que no debe extrañarnos esta convivencia. Temerosos de que tras la toma de Jerusalén los ejércitos romanos descendieran hacia el sur, Esenios y cristianos escondieron sus objetos más preciados en las cuevas de Qumran. No sólo se han encontrado objetos y escritos de los Esenios en ánforas de creta precintadas, en las grietas del valle, sino también de los judeocristianos fugitivos, compañeros de los ascetas durante unos meses, o años quizás. Los fragmentos del evangelio de S. Marcos allí hallados atestiguan la presencia de cristianos por aquellos territorios. Hay pruebas indirectas –aparte de las que aportaremos más adelante deducidas del estudio de los granos de polen de la Santa Sábana- de la presencia del sudario de Cristo, entre las reliquias escondidas en aquellos tiempos de confusión. Nos consta el testimonio del peregrino cristiano Antonino –año 530- que afirma que le fue enseñado un monasterio construido entre los peñascos que dan al valle del Jordán. El convento había sido erigido allí porque, según la tradición, entre aquellas peñas se había escondido el sudario que envolvió el cuerpo muerto del Señor. “Yo no lo he visto”, afirma Antonino refiriéndose al sudario, porque ya no estaba allí. Otro testimonio es el de S. Jerónimo, traductor de la Vulgata, que vivió en Tierra Santa largos años como eremita y estudió hebreo con un rabino judío. Tuvo ocasión de viajar a la actual Alepo donde conoció a un grupo cristiano descendiente de los evadidos del 66. Allí tuvo en sus manos una obra de la que sólo quedan fragmentos, el Evangelio de los Judíos. Nos dice que en ese libro se afirmaba que el sudario de Cristo se había confiado a Pedro. Esto lo descubrió el inglés Dodd en 1930. Lo que él tradujo por petros –Pedro- se había traducido hasta entonces por pueros – niño – La falta de sentido del texto hizo que a lo largo de los siglos no se le prestara importancia. Los judeocristianos huidos tras esconder junto al Mar Muerto sus objetos mas preciados siguieron camino hacia Pella y el lugar del escondite de las santas reliquias se conservó en piadoso secreto. Tras el levantamiento de Bar Kocheba, la segunda guerra judía y la total destrucción de Jerusalén por Adriano en el 131, muchos judeocristianos refugiados en la Decápolis huyeron más lejos, a los límites septentrionales del imperio. Dada la continuación de esta historia, que veremos en los siguientes apartados, y, nuevamente, el análisis de los pólenes, lo lógico es pensar que antes de marchar hacia el norte alguien fuera a recoger los objetos sagrados escondidos- entre ellos el Santo Lienzo- a las escarpadas montañas que dan al Yam Hammélah, el mar Muerto. Sólo para un cristiano tenía valor aquel sudario: Para los judíos el lienzo que había cubierto un cadáver ensangrentado era Shatnez, impuro legalmente.
Repensando El Judaísmo De Jesús. Los judíos y cristianos bien informados ya no abordan los evangelios como si fueran biografías; sin embargo, como reacción contra lo que les parece una crítica sin matices o excesivamente liberal de los evangelios, algunos estudiantes tendian a leer el Nuevo Testamento como las acciones y palabras de Jesús registradas sin alteración. Desde hace más de un siglo, los especialistas protestantes y católicos del Nuevo Testamento han mostrado que esta interpretación no es apropiada. Desgraciadamente hoy en día muchos se sienten confundidos por lo que les parece ser una elección entre las acciones auténticas de Jesús y las redacciones no auténticas de la Iglesia. Algunos especialistas se sentirán tentados de preguntarse lo siguiente: Las investigaciones realizadas sobre el Nuevo Testamento, ¿no nos llevan a una conclusión evidente, a saber: que no se puede conocer nada con certeza del Jesús de la historia? La respuesta parece ser NO; Bultmann y Tillich aunque radicales, afirman la existencia de Jesús y la realidad, imposible de negar, de su crucifixión en Jerusalén antes del 70 de nuestra era. Además el hecho de no entender la particularidad histórica de Jesús, con todo lo que ella incluye de escandaloso, nos lleva a reducir la religión a una filosofía de la existencia, tal como muy bien lo vio Fritz Buri en su crítica a Bultmann. Los obstáculos más importantes han desaparecido: Cayó el obstáculo teológico que se fundaba sobre una doble afirmación: Que solamente la fe era suficiente para el cristiano y que se podía tener de Jesús el Cristo, un conocimiento existencial. Una fe no acompañada de cierto conocimiento histórico no es una fe en Jesús. Las respuestas de fe a Jesús, como los credos y los himnos primitivos, están impregnados de hechos históricos, típicamente diferentes de la superstición, no importa cuán sofisticados nos parezcan. Es evidente para los especialistas del Nuevo Testamento que poseen autoridad, algunos datos prepascuales han sido preservados en los evangelios. Si nos sentimos incómodos en nuestra investigación por el aspecto ‘confesión de fe’ característica de los evangelios, es porque los primeros cristianos no estaban paralizados por el hecho de la crucifixión sino animados por el poder de la resurrección. A pesar de su carácter incómodo, algunos datos como la traición de Judas, la negación de Pedro y la crucifixión de Jesús se mantuvieron, a pesar de todo, en los relatos. Estos datos dieron forma a la Iglesia; no fueron inventados para responder a sus necesidades. La única explicación persuasiva de la identificación de Simón de Cirene como el padre de Alejandro y de Rufus (MC. 15,21) es que éstos debían ser importantes y tal vez estuvieran presentes en el seno de la comunidad de Marcos. Debemos entender que la historia sólo es accesible por la vía de la tradición y sólo se comprende por la vía de la interpretación. La crítica a la redacción sólo es posible porque se han conservado las tradiciones que han podido ser puestas por escrito. Se encuentra el hecho de que estábamos perdidos en un terreno histórico desierto, porque teníamos muy pocas fuentes para el judaísmo anterior al 70. Ahora, desde 1940 tenemos cientos de documentos anteriores al 70 de origen judío: Los Apócrifos y a los Manuscritos del Mar Muerto. De cierta manera en las décadas de una apologética confusa, de ensayos bien intencionados para llevar a cabo una metodología infalible, nos olvidamos de dos dimensiones que son esenciales para las investigaciones sobre el hijo de José. La investigación histórica es científica por su metodología pero no por su conclusión y lo que más se pretende del historiador es una probabilidad y no una certeza. Por consiguiente todo lo que se pueda decir sobre la investigación de las ipsissima verba de Jesús (sus palabras exactas) y sobre la absoluta certeza de que se encuentren, es impreciso, limitado e imposible. Las nuevas investigaciones sobre Jesús serán diferentes y estarán mejor informadas que los ensayos anteriores, primeramente por la cantidad de testimonios documentales y por los fenomenales descubrimientos arqueológicos. Es importantísimo ver donde estamos situados con relación a esos documentos. Nuestra discusión se centrará esencialmente sobre los Pseudoepígrafes del Nuevo Testamento, sobre los Manuscritos del Mar Muerto, Josefo y la arqueología. Como el campo es amplio y complejo, el acercamiento debe centrarse, ser selectivo y el desarrollo subsiguiente supone evidentemente, varios juicios personales. Veremos solamente dos cuestiones: Los datos significativos sobre el Jesús de la historia, por qué y de qué maneras son importantes.
Los Pseudoepígrafes del Antiguo Testamento. En 1913 Clarendon publicaba la primera edición inglesa de los Pseudoepígrafes del Antiguo Testamento. Era selectiva, estaba dirigida a los investigadores y contenía 17 pseudoepígrafes. En 1983 y 1985 Doubleday publicaba los dos volúmenes de The Old Testament Pseudepigrapha, con 52 documentos más 13 escritos preservados solamente en citaciones antiguas y agregadas como suplemento al segundo volumen. El salto espectacular en la cantidad de documentos de 17 a 65, perturbará a los investigadores que hasta ese momento se habían contentado con la interpretación corriente del judaísmo de los primeros siglos. Ahora es mucho más difícil separar los escritos judíos de los escritos cristianos y poco a poco la importancia de afirmar que durante por lo menos cuarenta años, del 30 al 70 de la era común, el cristianismo fue un grupo dentro del judaísmo. Cuando se evalúa la importancia de los Pseudoepígrafes para la investigación sobre Jesús, aparece un aspecto que no puede ser controvertido y que resulta obvio. Muchos de los Pseudoepígrafes son contemporáneos de Jesús y son palestinos. Lo mismo que los Manuscritos del Mar Muerto, constituyen fuentes especialmente importantes cuando se trata de describir los fenómenos religiosos en el seno del judaísmo de antes del 70. Sin embargo, a diferencia de los Manuscritos del Mar Muerto, los Pseudoepígrafes no son primera o simplemente la producción literaria de un pequeño grupo de judíos que se hubieran retirado y aislado en el desierto. Los Pseudoepígrafes judíos más antiguos aclaran el paisaje intelectual de la época de los judíos como Jesús antes del 70. Y esto es de suma importancia, porque los genios creadores como Jesús tienen horizontes que desbordan los de un solo país. Viven en un mundo intelectual. Ayudan a comprender a Jesús de Nazaret, la apocalíptica y la escatología judías. E. Käseman concluye que el pensamiento apocalíptico es la madre de la teología cristiana. J. Christian Baker, tuvo la perspicacia de ver que el corazón de la teología paulina está constituida por la apocalíptica judía. En esencia la visión de los autores de Apocalipsis es que los justos pueden volver a casa. Pueden volver al paraíso que debe estar o lo está ya reabierto para ellos (4 Esdras, 8 y 2 Enoch, 8-9). Es ahí que gozarán de una plenitud de paz y de amistad con todos, especialmente cuando estén nuevamente con Dios. Los Pseudoepígrafes y la literatura apocalíptica que incluyen tienen una importancia decisiva para comprender a Jesús de Nazaret, pero obviamente él no fue uno de los autores de los Apocalipsis. Estos fueron invitados, varias veces, a escribir lo que habían escuchado o entendido; Jesús no escribió nada. Los autores de Apocalipsis estaban animados de una furia vengadora, llamando a menudo la cólera de Dios sobre los enemigos de los judíos (Cf. 2 En. 52). Eran a menudo escribas que trabajaban en un beth Midrash, influenciados por la literatura de la sabiduría y se preocupaban por conocimientos enciclopédicos y científicos. Tenían tendencia a menospreciar la tierra; Hablaban de la próxima venida del mundo futuro; Y lo que es más importante, tenían tendencia a presentar a Dios como lejos del mundo viviente de la humanidad. Jesús fue un maestro itinerante que anunciaba la venida inminente y la importancia del Reino de Dios. Ponía más el acento sobre las disposiciones interiores, sobre la actitud de compasión y de un amor abierto a todos: Animaba a sus discípulos a “amar a sus enemigos” (MT 5,4). Celebraba la creación de Dios y veía en los lirios del campo un ejemplo del cuidado que Dios tiene por su pueblo (MT 6,25-33). De forma a veces contradictoria, según los evangelistas afirmaba que Dios solo conoce el momento del fin (MC 13,22), pero que éste comienza a aparecer en su ministerio (MC 9,1), especialmente en sus milagros y sus palabras (MC 1,14-15). Jesús ponía el acento sobre la proximidad, la presencia misma de un Padre compasivo, que debe ser llamado Abba (palabra semítica que significa padre). Los autores de Apocalipsis y Jesús comparten una misma preocupación por los oprimidos (Cf. 1 En. 102-104 y 2 En. 63) y todos pronuncian maldiciones contra los ricos complacientes y opresores (1 En 94,8-9; 96,4-8; 97,8-10; MC 10,23-25). Ambos presuponen un profundo dualismo, especialmente el de las dos edades categóricamente diferentes; ambos finalmente son optimistas; las promesas de Dios y el mayor de todos los sueños humanos la paz y la armonía universales que se realizarán por la acción misma de Dios, tal vez a través de un mediador. Ambos transfieren su fidelidad a otro mundo y redefinen las prioridades. Por ejemplo, Jesús declara que los primeros serán los últimos (MC 10,3). Ambos toman partido por los pobres (MC 10,21) contra los ricos, animan a conducirse según la justicia (Ej. 1 En 104,6; 2 En 61), formulan bienaventuranzas (ver En 42,52; MT 5) y exigen la pureza de corazón (Cf. 2 En 45; MC 7,14-23). El hecho más sorprendente y asombroso que marca la investigación sobre los Pseudoepígrafes es que se produjo un cambio esencial en la evaluación de la fecha y del carácter de las Parábolas de Enoch (1 En 37-71). Ese libro es importantísimo para los especialistas del Nuevo Testamento porque describe al Hijo del hombre que viene del cielo, el Mesías, el Elegido y el Justo. Estos cuatro términos designan al mismo mediador de Dios. J.T. Milik que tuvo la responsabilidad de publicar los fragmentos Arameos de Enoch encontrados entre los Manuscritos del Mar Muerto, subraya que para las Parábolas de Enoch, tan claramente paralelas a las palabras atribuidas a Jesús, serían una composición cristiana de alrededor del comienzo del siglo tercero de la era común. Prácticamente todos los especialistas del Nuevo Testamento han concordado con él y se han negado a utilizar 1 Enoch 37-71 para dar un juicio sobre la vida de Jesús y la teología de los primeros cristianos. En los seminarios internacionales de Tübingen y de París, más de una docena de expertos admitieron que seguramente se trata de un documento judío. Todos los miembros de estos seminarios, salvo uno, estaban convencidos que este escrito judío debían ser anteriores a la destrucción de Jerusalén en el año 70 de la era común. Es por eso que el término y, tal vez, el título de “Hijo del Hombre” ya se usaba entre los judíos de Palestina mucho antes del 70.
Los Apócrifos Judeocristianos. Se trata de evangelios usados por las comunidades judías que habían reconocido en Jesús al Mesías de Israel. En unos casos de claro carácter herético y en otros no, son considerados como apócrifos, esto es no fueron reconocidos por las diferentes comunidades ortodoxas Paleocristianas (S.I, II y III) herederas de la tradición de los Apóstoles, ni más tarde por la Iglesia Católica Antigua (¿S. IV y SS.?) al establecer oficialmente el Canon (Que todo hay que decirlo, ya estaba bien establecido y definido desde el S. II por la inmensa mayoría de las diferentes comunidades Cristianas Primitivas). Su referencia nos ha llegado casi siempre en citas muy fragmentarias de los Padres de la Iglesia. Por eso es muy difícil sacar conclusiones sobre el carácter de cada una de las obras y sus mutuas relaciones.
El Evangelio De Los Nazarenos (Evnaz), escrito en lenguaje semita (arameo siríaco). Según San Jerónimo lo utilizaban los judeocristianos sirios y mostraba un estrecho parentesco con el Mateo canónico. Según Vielhauer muestra respecto a Mateo un carácter secundario tanto en las narraciones con frecuente ampliación novelesca de la tradición como en la materia de los discursos. Lo ve más que como una ampliación independiente de la tradición aramea más antigua, como una retraducción ampliada de la materia del evangelio griego. En cambio Klijn opina que Mateo y el EvNaz representan desarrollos separados de la misma comunidad básica. El EvNaz es un documento que respira el espíritu del judaísmo con el que parece estar en constante debate. El círculo judeocristiano que lo usaba no parece ser peculiarmente herético. De hecho la iglesia gentil (Irenéo de Lyón los cita en el S. II) consideraba a los “Nazarenos” como verdaderos creyentes aunque ciertas prácticas de carácter judaico como celebración del Shabbat, fiestas judías, etc., les llamaran más o menos la atención.
El Evangelio De Los Ebionitas (Eveb) era un evangelio compuesto en griego, de una secta judeocristiana considerada herética. Está próximamente emparentado con el Mateo canónico aunque con divergencias esenciales. Es un documento que presupone los sinópticos. Sus variaciones respecto a la tradición sinóptica son en parte literarias (Jesús mismo narra la vocación de los doce apóstoles) y en parte dogmáticas. Se explica la supresión de Mateo 1-2 porque los Ebionitas negaban el nacimiento virginal de Jesús. Según su propia cristología, la filiación divina de Jesús no radica en su generación divina ni en su nacimiento milagroso, sino en la unión del Espíritu Santo con él en el bautismo. La unión del ser celeste con el hombre Jesús lo hace Hijo de Dios, Mesías. Esta cristología adopcionista, la oposición al culto y el vegetarianismo diferencian al judeocristianismo de los Ebionitas del de los nazarenos y lo marcan como una secta herética.
El Evangelio De Los Hebreos (Evheb). Es el tercero y más citado. Los pocos fragmentos conservados no translucen un parentesco peculiar con alguno de los evangelios canónicos. Contienen elementos sincretistas y muestran el carácter herético de sus utilizadores judeocristianos. Destaca el interés por Santiago representante de un judeocristianismo estricto y líder de la primitiva comunidad de Jerusalén, que sería el primer testigo de las apariciones del Resucitado y la autoridad más destacada del círculo de Jesús. Este judeocristianismo contiene elementos sincretistas gnósticos. El Espíritu Santo es identificado con la Madre de Jesús, encarnación de la potencia celeste. Y el mismo Espíritu Santo se identifica con el arcángel Miguel. Probablemente era el evangelio usado por judeocristianos egipcios y estaba escrito en griego. Su concepción teológica queda dominada por la teología de Sabiduría judeocristiana. Era propio de gente que se consideraba en posesión del Espíritu. Compuesto con ayuda de las tradiciones canónicas, puede reflejar también material corriente en el período precanónico.
El Casaítas. Vecinos de los anteriores. En el siglo III habían alcanzado alguna extensión sus comienzos se remonta al siglo II en la frontera siripártica. SE extendió especialmente hacia el Tigris y el Eúfrates, así como en Palestina. También lo intento en Roma de la mano de Alcicibiades de Apatema. La base de su predicación un libro sagrado sobrenatural. En el aparece el Espíritu Santo como femenino y otro que era el hijo de dios llamado Cristo. Mantenían el bautismo con ropa y los lavatorios sagrados como purificación de las faltas. Circuncisión, el sábado y la orientación hacia Jerusalén, eran necesarias, pues su observancia, les daba una característica especial. Rechazaban determinadas partes de la escritura y los sacrificios. También mantenían cierto secretismo referente a su movimiento. Su tendencia es claramente gnóstica.
Mandeos. Desarrollados en Siria y Palestina conjuntamente con las sectas bautismales que proliferaban por aquel momento. En papel relevante, se encuentra su bautismo realizado por triple inmersión y con carácter reiterativo. Importante, es la ascensión o rito de as almas de los difuntos al reino de la luz. Seres buenos, dependientes del “mana” principal y deones, dependientes del “deón “del mal, del “agua negra”. La figura de Juan el Bautista, tiene mucha importancia. Jesús es falso profeta, desenmascarado por el bautista. Hasta el siglo VII Y VIII no desarrollan literatura propia. Para el mandeísmo, que subsiste en la actualidad, judaísmo, cristianismo y el Islam son religiones falsas.

Los Procesos A Los Cristianos Bajo Trajano Y Adriano.
Sobre la situación jurídica de los cristianos bajo Trajano (98-117) no sabríamos nada si tuviéramos que contar sólo con fuentes cristianas. La petición oficial de un gobernador de la provincia de Bitinia al emperador, de instrucciones sobre cómo tratar a los cristianos en determinados casos límite, nos hace saber que en esta provincia del Asia Menor muchos cristianos fueron denunciados ante la administración estatal como cristianos, llamados a juicio, interrogados y condenados a muerte. Además de la respuesta del emperador al gobernador, el carteo de Trajano con Plinio el Joven nos da una idea de cómo estaban las cosas a principios del siglo II.
Plinio empezó su cargo de gobernador en el año 111 o 112. Allí se encuentra con que el cristianismo se ha difundido tanto en las ciudades como en el campo, entre gente de toda edad y condición social. El problema es que muchos de estos cristianos no se atenían a una orden imperial que prohibía las hetaeriae, sodalicios (cofradías, corporaciones) no reconocidos por el estado, ni sus reuniones. Estos cristianos fueron denunciados al gobernador. Plinio empezó a interrogarlos, preguntándoles si eran cristianos; les intimaba después a apostatar, bajo pena de muerte: si éstos persistían,, eran enviados al suplicio, exceptuando los que eran ciudadanos romanos, que eran trasladados a Roma. Lo que llevó al gobernador a pedir instrucciones fue el hecho de constatar que muchas denuncias estaban dictadas por venganzas personales.
Una cosa resulta clara en esta carta: Plinio no conoce una ley que pueda servirle de norma contra los cristianos. Su dilema es: para la persecución, ¿es suficiente probar que son cristianos, o bien que hay otros delitos? La respuesta de Trajano deja ver que, efectivamente, no existía ninguna ley universal al respecto: la situación actual es tal, a juicio del emperador, que no conviene establecer ninguna disposición general al respecto. La solución al problema: no se busque a los cristianos ni se admita ninguna denuncia anónima. Quien es denunciado oficialmente como cristiano, debe ser interrogado: quien lo niega (aunque lo sea) no será castigado; quien lo afirme, es castigado. Por tanto, el simple hecho de ser cristiano es motivo para ser perseguido.
Por tanto, las palabras de Trajano dejan ver que él ve la cosa como natural, dada la opinión pública sobre los cristianos. Se ha creado, desde Nerón, la conciencia de que no es lícito ser cristianos. Y es obvio que lo que se dice en la carta de Trajano va contra los principios del derecho penal romano. Sobre los efectos de la carta de Trajano las fuentes dan poquísimas noticias. De esta época sólo se conocen dos mártires: el obispo Simeón de Jerusalén, crucificado cuando contaba con 120 años de edad, e Ignacio de Antioquía, trasladado a Roma, como ciudadano romano, y allí martirizado, siendo todavía Trajano emperador.
Bajo Adriano (117-136). De nuevo un gobernador se dirige a él para pedirle instrucciones. Se trata del procónsul de la provincia del Asia Proconsular, Getulio Serenio Graniano; su carta se ha perdido, pero sí conocemos la carta de Adriano a su sucesor, Minucio Fundano, que se encuentra en la Apología de san Justino. Adriano es más duro que su antecesor contra las denuncias anónimas: sólo si uno responde con su nombre de la denuncia, el cristiano debe ser procesado, y sólo si alguno puede probar que los denunciados han transgredido las leyes, el gobernador puede pronunciar la condena, según la gravedad del reato. En realidad, y según la interpretación de Justino, la postura de Adriano supuso una mejora para los cristianos, ya que sólo podían ser castigados si se comprobaba que habían transgredido las leyes del estado. En efecto, Adriano no descarta que se pueda acusar a uno de ser cristiano, pero para que se le condene, se exige que se pruebe un delito contra una ley romana. El principio de que el solo hecho de ser cristiano fuera perseguible siguió vigente durante el siglo II, como lo demuestran algunos martirios bajo Antonino Pío (138-161): datos en la Apología de Justino, en el Pastor de Hermas, actas del martirio de san Policarpo.
Conclusión: durante el siglo II no existe una ley que regule, con disciplina uniforme en todo el Imperio, la conducta del estado romano hacia los cristianos. La hostilidad del pueblo contra los cristianos forma la idea de que ser cristiano sea inconciliable con los usos del imperio romano, y esta idea da origen a una máxima jurídica que hace posible que las autoridades castiguen el ser cristiano. Las persecuciones que se derivan son sólo locales y esporádicas, y se dirigen contra individuos. Son provocadas por tumultos populares que obligan a la autoridad a intervenir. El número de las víctimas es relativamente bajo.
EL MUNDO RELIGIOSO EN LA ÉPOCA POSTAPOSTÓLICA. De los escritos del NT a los escritos de esta nueva era, empiezan a ser verdaderamente diferentes, porque diferentes son las necesidades y problemas de las nacientes comunidades cristianas. Entendemos por padres apostólicos, aquellos que todavía se encuentran próximos al tiempo y mundo de los apóstoles, aunque ellos mismos, entiendan con claridad, la diferencia entre ellos y los apóstoles como sin duda alguna lo indica San Ignacio de Antioquía, el más famoso de los padres apostólicos. El prestigio de los apóstoles permanecerá intacto, prueba de ello, es la cantidad de escritos, que aparecerán de carácter apócrifo, y esto debido a la atribución a los apóstoles, como la mejor forma de dar prestigio a un texto atrayendo la atención de los posibles lectores. Podemos decir sin lugar a dudas que la literatura de este tiempo se nutre mucho de la herencia de los apóstoles, del recuerdo cercano de sus figuras y de sus influyentes escritos. En este apartado, se tratarán algunos de los más importantes con breves reseñas.
  • Clemente Romano. Autor de una larga carta, que la comunidad de Roma dirige a la de Corinto a finales del siglo 1º El motivo, es: la lamentable situación de escisión en la que se encuentra esta Iglesia y tanto es así, que se llegará incluso a la deposición, de algunos de los presbíteros dirigentes de dicha comunidad. La carta les invita a restablecer la unidad perdida. En su contenido se ve una apertura hacia lo helenístico especialmente al mundo estoico. Aunque su verdadera proximidad es hacia el mundo del AT y a la mentalidad judía.
  • Ignacio De Antioquía. Obispo de una gran iglesia en Oriente, sufre el martirio en tiempo del emperador Trajano. De camino a Roma, escribe 7 cartas: A Efeso, Magnesia Y Tarles desde la ciudad de Esmirna, también desde aquí una a los romanos. A los filadelfos y esmirnotas y al obispo de estos, Policarpo les escribe desde Troas. Se trata de consideraciones de fe de altísimo contenido espiritual, más que de desarrollos teológicos. Su contenido es interesantísimo cara a la fe y la piedad de este tiempo.
  • POLICARPO DE ESMIRNA. Obispo de la ciudad de Esmirna en Asia Menor. Según Ireneo, discípulo suyo, estuvo en directa relación con varios apóstoles. Así pues, es un testigo de excepción de los apóstoles y su tradición, que se prolongan hasta la segunda mitad del siglo II. Sus cartas, casi en su totalidad se han perdido solo se conserva una a la comunidad de Filipos. Después de la muerte de IG.A.
  • LA DIDAKHÉ O DOCTRINA DE LOS APÓSTOLES. Algunos de los escritos importantes de esta época, son de carácter anónimo, como en este caso, EL documento llamado también doctrina de los Apóstoles que es muy interesante, para conocer la vida religiosa de las comunidades de estos primeros momentos. Su intención es dar una guía precisa de ordenación interna de la vida a estás comunidades de reciente nacimiento. En esta obra, importantísima, se dan las pautas de como ha de celebrarse dignamente este sacramento, todos los autores coinciden en definirlo, como el sacramento de la purificación e incorporación a la comunidad de ahi, la insistencia de los autores de este momento, en mostrar y perfilar, con claridad su particular teología. La Eucaristía también sería tratada, como sacramento de unión de la comunidad, ya aquí se empieza a plantear el problema de la comunión cuando se ha caído nuevamente en pecado. El apartarse de ella es condena a muerte segura, entendida como falta de salvación. (S. Ignacio. A). El referimiento a los mandamientos y a la imitación de Cristo, son datos importantes en estas obras. La importancia de estos mandamientos, de la penitencia, de la vida sencilla, apartándose del deseo de poder, de los puestos importantes etc., será tema usual de alguna de ellas debido, sin duda a los problemas ya existentes en el seno de estas primeras comunidades. (Especialmente el Pastor de Hermas).
  • LA CARTA A BERNABÉ. Polemiza con el judaísmo haciendo una interpretación errónea del A.T. Pero su contenido es interesante.
  • EL PASTOR DE HERMAS. La figura central de esta obra es: un pastor que anima a su rebaño, exhortándolos a la importancia de la penitencia a través de parábolas. Su importancia es grande, para ver la fundamentación de la penitencia en este momento.
  • 2ª CARTA DE CLEMENTE. El ejemplo más antiguo de una homilía pronunciada a mediados del siglo II.
Aparte de todo esto hay que recordar, la importancia de las tradiciones orales de los antiguos presbíteros remontadas hasta la edad de los apóstoles. Especialmente atestiguadas por Papías y Clemente Alejandrino. No cabe duda que ya desde este momento las comunidades cristianas entran en polémica con las judías. Estos últimos afirman su carácter particular de pueblo escogido. Por el contrario, los cristianos afirman ser ellos el pueblo, que recoge la herencia despreciada por los judíos a causa de sus infidelidades. Este es el tema central de mucho de los escritos y dichos de esta época, como lo demuestra por ejemplo la cata a Bernabé o los demás autores mencionados.( Contenido específico en las pp. 227 y 228.)
LA FORMACIÓN DE LA CONSTRUCCIÓN ECLESIÁSTICA. LAS IGLESIAS PARTICULES Y SUS MINISTROS. EL EPISCOPADO MONÁRQUICO. LA IGLESIA UNIVERSAL. LA POSICIÓN DE LA IGLESIA DE ROMA. Cierto es, que esta peculiar forma de organizar se llama la atención a diferencia del judaísmo, donde en un mismo lugar existen diversas sinagogas. En estos momentos, son muchos los ejemplos que nos hablan de comunidades, con nombres propios de los que se tiene noticias precisas. Se puede decir claramente, que no hay cristiano, que no pertenezca a estas comunidades precisas (Roma, Esmirna, Corinto, etc.) y como la más clara afirmación de la unidad tenemos la celebración de la eucaristía, el mejor e los signos de unidad en estos momentos.
Desde la carta a los corintios, queda claro que dentro de la comunidad cada uno tiene su función dentro de la comunidad formando así una armonía especial. (Por todos es conocido el ejemplo del cuerpo y sus miembros, como ejemplo del cristianismo). Esta unidad es considerada como el bien más precisado, de este modo todo lo que lleve a la separación, es especialmente temido. Muchas veces, el puro capricho personal puede llevar a una separación de la comunidad. El gran problema de estas comunidades nacientes, son: el cisma y la herejía que poco a poco hacen su aparición dentro del mapa eclesial causando como veremos más adelante, verdaderos problemas a las comunidades. No sólo esto, también las envidias, las ansias de poder etc., crean en muchas ocasiones rivalidades peligrosas y desuniones dentro de las comunidades.
Se recuerda el caso de la Iglesia de Corinto, seriamente dividida debido a los celos y la envidia. (Recordemos lo ya comentado). Herejías, como el docetismo, no tardarán en hacer estragos dentro de las comunidades especialmente en Asia Menor. Las iglesias, conscientes de este problema se avisan unas a otras de todo esto, lo prueba, gran cantidad de cartas mandas de un responsable de la comunidad a otro.
ORGANIZACIÓN DE LA IGLESIA EN LOS PRIMEROS TIEMPOS. El “Pastor de Hermas” uno de los documentos más antiguos al respecto, nos habla de dos terminologías para denominar a los máximos representantes de la comunidad. Presbítero y episcopo, son una misma cosa, claramente diferenciada del diácono.
La “Didakhé” solo nombre episcopos y diáconos.
Policarpo solo presbíteros y diáconos.
Solo Ignacio de Antioquía hace una clara distinción entre los tres ministerios. Dice claramente, que la iglesia solamente tiene un obispo y subordinado a este tiene presbíteros y diáconos.
Lo cierto es que poco después del 150, parece que el episcopado monárquico, se impuso ampliamente en todo el ámbito de propagación del cristianismo. Desde un principio, la unidad entre presbíteros y diáconos con su obispo es necesaria para el buen funcionamiento de las comunidades. Su autoridad es querida por Dios, bajo la dirección y moción del Espíritu. Apoyados en esto dirigen la liturgia de la eucaristía, presiden los ágapes, predican la verdadera doctrina del evangelio y son los guardianes de las tradiciones apostólicas.
No se puede olvidar, que nos encontramos en una iglesia, donde todavía proliferan los carismas muchos de ellos relacionados con la posesión especial del Espíritu (el caso del autor del Pastor de Hermas que afirma haber recibido una “ciencia” especial que le capacita, para este cometido). Por causa de este carisma, por la posesión del mismo, se dará más de un problema en el seno de la comunidad, especialmente, entre carismáticos y dirigentes de la comunidad. El caso más patente es el de los “maestros” a los cuales se les exige una determinada función dentro de la comunidad precisamente para evitar posibles abusos de todos los órdenes relacionados generalmente, con falsas ideas y ganas de lucro. Tanto la actuación del maestro como la del profeta han de estar debidamente encauzadas, para que provoquen un verdadero beneficio dentro de la comunidad (Didakhé y Pastor de Hermás).
Es de destacar que en este momento, la hospitalidad de las iglesias para todos los miembros es muy grande y es un campo donde no aparecen diferencias en cuanto a la posición que se ostente dentro de la comunidad. El sentido de pertenecía se refuerza por el sentido universal a través de un abundante epistolario en las que se reciben múltiples informaciones de los acontecimientos de casa una de las comunidades.
FACTORES QUE GUARDAN EL SENTIDO UNIVERSAL DE IGLESIA.

  • Unidad de culto: La fidelidad a la tradición será la norma común en estos casos. Y el factor al que más se apele ante posibles cambios dentro de estos cultos.
  • La figura del obispo: La perfecta delimitación del campo de actuación de este. Entre ellos existe un contacto, pero es cada uno el que está llamado a resolver los problemas dentro de su jurisdicción.
  • La iglesia romana: La carta de Clemente a la Iglesia de Corinto. El tono de esta en muchas ocasiones denota cierta fuerza, como de alguien con autoridad superior, que desea ser obedecido especialmente por su cargo. Poco a poco el amor a la iglesia de Roma se va haciendo especial, suscitando dentro de la cristiandad una especial veneración y un sentido de especial de preeminencia.
  • También es a destacar la gran afluencia de cristianos de todas las partes hacia la capital del imperio y hacia su iglesia, no cabe duda que esta suscita una especial atracción a todos los cristianos. También los fundadores de nuevos movimientos dentro del cristianismo, verán con especiales “buenos ojos” a esta iglesia como centro. Lugar de apoyo y de reconocimiento. Todo esto en conjunto va explicando la posición señera de la iglesia de Roma.

CORRIENTES HETERODOXAS CRISTIANAS. Ya desde fechas muy tempranas, al mismo tiempo que el Judeocristianismo, de la iglesia naciente, de Jerusalén y de la era postapostólica, se desarrollaron otros grupos judíos que aceptaron, tanto la doctrina, como el culto cristiano. Las fuentes parecen afirmar, que ya algunos judíos, desintegrados del judaísmo oficial, pudieron optar algunos de los parámetros de la religión cristiana y de sus ideas nacientes. No obstante, la separación primordial de estos grupos, con respecto al judeocristianismo ortodoxo, va más en línea de posturas doctrinales diferentes, fundamentalmente distintas, cuanto de prácticas puramente religiosas.
Prueba de todo esto, ya desde antiguo es el problema que plantea ya Pablo, de aquellos que quieren mantener ritos como el caso de la circuncisión. Pronto se verán obligados a separarse unas corrientes de otras debido a las notables diferencias. Desde los primeros momentos las diferencias empiezan a aparecer en el seno de las comunidades, debido a las diferentes formas de entender planteamientos que afectan a la figura de Jesús mismo, caso de Cerinto y su cristología, que afirmaba a Jesús, como hijo natural de María y José. Sobre este hombre bueno, había descendido Cristo, para luego salir del nuevamente momento antes de la muerte negando así la participación de Cristo en la cruz. Así pues, sería Jesús, el puramente humano, el que habría muerto y resucitado. (Posiblemente, así se percibe en Ireneo, fue esta cristología una de las causas para la elaboración del evangelio de Juan). Hablaremos aquí de un modo resumido de los principales grupos en estos momentos.

  • EBIONITAS. De ellos nos dan noticias Ireneo y los primeros expertos en herejías que tratan de hacer derivar este nombre de un tal Ebión, pero lo más probable es que se trate de la palabra hebrea “ebionim” con la que se definió a esta comunidad de judíos creyentes en Yeshua (Jesús) el Mesías (el Cristo), significa pobres aludiendo seguramente al modo de vivir pobre y sencillo, adoptado por esta secta y que luego sería una de sus principales características. Posiblemente se trate de un grupo de judeocristianos que más tarde debido a sus posturas se separaron de la iglesia formal, Por informaciones de Justino mártir hacia el 150.
    No hay unidad en los estudiosos sobre el origen de este grupo. Hay quien los hace descendientes de la primera iglesia judía de Jerusalén, que huyó a Decápolis poco antes de la destrucción del Templo por Tito en el 70 D.C. otros sitúan sus orígenes en tiempos anteriores al mismo Jesús, en grupos Esenios o en discípulos del mismo Juan el Bautista. Hoy día algunos judíos remontan sus orígenes al mismo profeta Samuel y la escuela que él creó, siendo también ebionitas otros profetas como Elías.
    Justino Mártir habla diferenciadamente de algunos que solo ven a Jesús como hombre, y otros que también lo reconocen como Mesías.
    El evangelio de éstos hecho propio sería posiblemente el de San Mateo refundido en sentido de secta. Otros escritos, son: una traducción de la Biblia hecha por un al Simanco (este texto lo conoció Orígenes) y un texto llamado “las predicaciones de Pedro”.
    Se puede afirmar no obstante, que no se trata de un grupo homogéneo, dado que entre los asiduos a esta tendencia, existen diversos modos de ver las cosas. En teoría tenían ideas completamente dualistas. El bien estaría representado en Cristo profeta mesiánico prometido, Hijo natural de padres terrenos, consagrado por Dios como Mesías, cuya misión era predicar la palabra de Dios y la salvación.
    Rechazan la muerte en cruz. La idea de estos es pues puramente adopcionista. Para un seguimiento perfecto, la ley mosaica, debía de purgarse de todas las deficiencias y Jesús es el que hace esta purificación. Rechazaran los sacrificios rituales siendo sustituidos por una vida pobre y sencilla. Por la comunidad de bienes. Gracias a la participación en la comida sagrada, se limpia de todas sus faltas (pan agua) y también por las celebraciones del sábado y domingo. Por supuesto rechazan al apóstol Pablo como el gran enemigo de la ley. También rechazan la teología trinitaria.
  • LA IGLESIA JUDíA Y EL MISTERIO DE LOS EBIONITAS. LOS APÓCRIFOS JUDEO-CRISTIANOS. Los Ebionitas son citados por Ireneo de Lyon discípulo de Policarpo, que a su vez lo fue del apóstol Juan, en la segunda mitad del siglo II D.C. en “;Contra las Herejías”; en estos términos: Los ebionitas utilizan únicamente el evangelio que es según San Mateo y rechazan al apóstol Pablo, llamándole apóstata de la Ley. Pues los ebionitas, sirviéndose solamente del evangelio que es según San Mateo, se dejan persuadir por él y no piensan rectamente del Señor.
    Obras tempranas como el apócrifo de finales del siglo I d.c. “Los viajes de Pedro” hacen ya referencia a ellos. Este libro, del que se conservan partes, es citado profusamente por Epifanio cuando habla de los Ebionitas, y nos muestra un muy probable acercamiento de sus enseñanzas a los ideales Esenios.
    Justino el Mártir, en el 150 d.c. comenta que existen dos grupos de judeocristianos, por un lado los que participan de la “fe común”, pero siguen permaneciendo fieles a las tradiciones judías y son descendientes de las comunidades de Santiago; y por otro lado otros que reconocen a Jesús como Mesías pero que solo afirman que fue “Hombre entre los hombres”, y los llama “Ebionitas”.
    Sabemos poco de los Ebionitas, que eran mirados con no pocos recelos por sus contemporáneos cristianos procedentes de los gentiles (no judíos), quizás debido a su insistencia en guardar la Ley de Moisés y circuncidarse, aunque no sacrificaban pero si celebraban el Sábado y el Domingo, (cosa que no contradice lo practicado por la iglesia judía de Jerusalén y que se nos describe en los hechos de los Apóstoles).
    Insistían en alejarse del aspecto ceremonioso de la Ley, atendiendo más a su contenido moral, en lo que se parecen mucho a los Esenios. Consideraban al apóstol Pablo como un apóstata y un traidor al judaísmo, debido a sus enseñanzas acerca de que los gentiles no debían circuncidarse ni guardar la Ley.
    Respecto a Jesús, lo consideraban hijo de José y María pero no Divino, aunque si superior a los Ángeles, y que su título de “;Hijo de Dios”; le vino como adopción en el momento de ser bautizado, perdiéndolo en el momento de la crucifixión. Por esto mismo rechazaron los libros de Pablo, usando el llamado “Evangelio de los Hebreos”, actualmente en estudio por parte de los eruditos.
    En fechas más tardías el Ebionismo se confunde con el Gnosticismo, seguramente por influencias de éste en sus doctrinas.
    Interesantes son los comentarios que sobre ellos hace Eusebio de Cesaréa en su “Historia Eclesiástica”, de principios del s. III d.c.: “;A otros el maligno demonio, no pudiendo arrebatarles de su dedicación para con el Cristo de Dios, se los hizo suyos al encontrarles algún otro punto débil. Los primeros fueron llamados ebionitas acertadamente, pues consideraban a Cristo de un modo pobre y bajo. Creían que era un hombre simple y común, que iba justificándose a medida que creca en su carácter, y que nació como fruto de la unión de un hombre (José) y de María. Les parecía indispensable cumplir la Ley, como si no pudieran salvarse con la sola fe en Cristo y una vida conforme a ella. Además de éstos, existieron otros con el mismo nombre que estaban libres de las cosas absurdas de los anteriores (¿Quizás la iglesia judía descendiente de la de Jerusalén?). No rechazaban el hecho de que el Señor naciera de una virgen y del Espíritu Santo, pero, del mismo modo que aquellos, no confesaban que ya preexistía puesto que él era el mismo Dios, el Verbo y la Sabiduría. También volvían a la impiedad de los primeros, principalmente cuando, como ellos, se afanaban en honrar el culto a la Ley escrita. También creían que se debían de rechazar definitivamente las epístolas del apóstol Pablo, al que llamaron apóstata de la Ley, pero hacían uso exclusivo del llamado “;Evangelio de los Hebreos”;, ignorando los demás.

    • Guardaban el sábado (como los primeros) y toda la conducta judaica, pero el domingo observaban prácticas parecidas a las nuestras en memoria de la resurrección del Salvador.
    • Por esta causa de estos hechos llevan esta denominación, porque el apelativo ebionita expresa la pobreza de su mentalidad, pues los hebreos llaman con ese nombre al pobre”; (“;Historia Eclesiástica”; Eusebio de Cesaréa, Libro III, cap. 27, Págs. 178-179. Ed. Clíe, 1988, Terrassa, España)

    Las últimas noticias que se tienen de ellos proceden de fechas tardías como el siglo V d.c. Así Epifanio habla de ellos a principios de dicho siglo en l os siguientes términos: Está en poder de [los nazarenos] el Evangelio según San Mateo, completísimo, y en hebreo. Pues entre ellos se conserva, sin duda, todavía éste tal como fue compuesto originariamente, en caracteres hebreos. Lo que no sé es si han suprimido las genealogías desde Abraham hasta Cristo.
    Jerónimo, traductor de la Biblia a la lengua común el Latín, llamada por eso “Vulgata” dice de ellos hacia el año 420 d.c. los siguiente: Como podemos también leer en el Evangelio Hebreo, el Señor habla a los discípulos diciéndoles: Nunca estéis contentos sino cuando miréis a vuestro hermano con amor. Pero quien leyere el Cantar de los Cantares y entendiere que el esposo del alma es el Verbo de Dios, y diere crédito al evangelio publicado según los Hebreos, que recientemente hemos traducido en el que, refiriéndose a la persona del Salvador, se dice:

    • Hace poco me tomó mi madre, el Espíritu Santo, por uno de mis cabellos-, no tendrá reparo en decir que el Verbo de Dios precede del Espíritu, y que, por tanto, el alma, que es esposa del Verbo, tiene por suegra al Espíritu Santo, cuyo nombre entre los hebreos es de género femenino, RUAH.
    • También el evangelio llamado según los hebreos, traducido recientemente al griego y al latín, del que Orígenes se sirve con frecuencia, después de la resurrección refiere lo siguiente: Mas el Señor, después de haber dado la sábana al criado del sacerdote, se fue hacia Santiago y se le apareció.
    • Pues es de saber que éste había hecho voto de no comer pan desde aquella hora en que bebió el cáliz del Señor hasta tanto que le fuera dado verle resucitado de entre los muertos). Y poco después: Traed, dijo el Señor, la mesa y el pan. Y a continuación se añade:Tomó un poco de pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio a Santiago el justo, diciéndole: Hermano mío, come tu pan, porque el Hijo del hombre ha resucitado de entre los muertos (Cf. Mt. 28; I Cor. I5, 7). Aun el texto mismo hebreo se conserva hasta hoy en la biblioteca de Cesaréa, que el mártir Pánfilo formó con muchísimo empeño.
    • También a mí, los nazarenos que viven en Berea (Alepo), ciudad de Siria, y que se sirven de este libro, me proporcionaron ocasión de copiarlo. En el cual es de notar que, siempre que el evangelista, ya por cuenta propia, ya poniéndolo en boca del Salvador, aduce testimonies del Antiguo Testamento, no sigue la interpretación de los 70, sino la antigua hebraica. Entre los cuales están aquellos dos:
    • Ignacio… escribió… a los de Esmirna y a Policarpo en particular. En esta carta se aduce un testimonio acerca de la persona de Cristo, sacado del evangelio recientemente traducido por mí, en estos términos: Yo a mi vez pude verle en su propia carne después de la resurrección, y estoy convencido de que vive. Y cuando se dirigió a Pedro y a los que con él estaban, les dijo: Palpad y ved que no soy un fantasma sin cuerpo. Y al momento le tocaron y creyeron.
    • En Belén de Judéa: Es éste un error de los copistas, pues creemos que el evangelista dijo, como leemos en el texto hebreo, de Judá, y no de Judéa.
    • En el evangelio llamado según los Hebreos se encuentra mahar, que quiere decir de mañana, en lugar de sobresustancial; de manera que el sentido resulta así: Danos hoy el pan de mañana, esto es, el del futuro.
    • En el evangelio hebreo según San Mateo se dice: Danos hoy el pan de mañana, esto es, danos hoy el pan que vas a darnos en tu reino.
    • En el evangelio usado por nazarenos y ebionitas (que recientemente hemos traducido del hebreo al griego y que la mayoría llaman el auténtico de San Mateo), este hombre que tiene la mano seca, se dice ser un albañil, y se le describe pidiendo socorro con estas exclamaciones: Era albañil y me ganaba el sustento con mis manes; te ruego, ¡oh Jesús!, que me devuelvas la salud para no verme obligado a mendigar vergonzosamente mi sustento (Cf. Mt. 12,9-13).
    • En el evangelio que usan los nazarenos encontramos escrito, en lugar de hijo de Baraquías, hijo de Joyada. Este (Barrabas), que había sido condenado por rebelión y homicidio, se interpreta hijo de su maestro en el evangelio llamado según los Hebreos.
    • En (ese) evangelio, que repetidas veces hemos mencionado, leemos que el arquitrabe del templo, de tamaño extraordinario, se rompió y se partió. Y en el evangelio escrito con caracteres hebreos leemos, no que se rasgó el velo del templo, sino que se vino abajo el arquitrabe del citado temple, cuya magnitud causaba admiración.
    • Más según el evangelio escrito en lengua hebrea, leído por los nazarenos, descenderá sobre él toda la fuente del Espíritu Santo. El Señor es espíritu; y donde el espíritu del Señor, allí está la libertad… Y a propósito, en el evangelio del que hace poco hicimos mención, encontramos escrito: Y sucedió que, cuando hubo subido el Señor del agua, descendió toda la fuente del Espíritu Santo, descansó sobre El, y le dijo: Hijo mío, a través de todos los profetas te estaba esperando para que vinieras y pudiera descansar en ti. Pues tú eres mi descanso, mi Hijo primogénito, que reinas por siempre (Cf. Mt. 3,16-17).
    • Pues como los apóstoles le tuvieran por un espíritu o como dice el evangelio que entre los hebreos leen los nazarenos, por un fantasma sin cuerpo… (Cf. Lc. 24, 39) Y en el evangelio que acostumbraron a leer los nazarenos según los Hebreos, se cuenta entre los crímenes mayores el haber causado tristeza al alma de su hermano. En el Evangelio según los Hebreos, escrito en lengua caldea y siríaca con caracteres hebreos, del que se sirven hasta hoy los nazarenos, según los apóstoles o como prefiere la mayor parte, según San Mateo, conservado en la biblioteca de Cesárea, se cuenta esta historia: He aquí que la madre del Señor y sus hermanos le decían: Juan el Bautista bautiza en remisión de los pecados; vayamos también nosotros: y seamos bautizados por él. Mas El les dijo: ¿Qué pecados he cometido yo para que tenga que ir y ser bautizado? De no ser que esto que acabo de decir sea una ignorancia mía (Cf. Mt. 3, IIss.). Y en el mismo libro: Si pecare, dice, tu hermano de palabra y te diere satisfacción, recíbele siete veces al día. Díjole Simón, su discípulo: ¿Siete veces al día? Respondió el Señor y le dijo: Te digo que sí y aun setenta veces siete. Puesto que aun en los mismos profetas después de haber sido ungidos por el Espíritu Santo, se han encontrado faltas (Cf. Mt. I8, 2I-22; Lc. I7, 4·).

    Existen numerosos testimonios sobre los Ebionitas y los Nazarenos hasta bien entrado el siglo VI D. C. Respecto a qué fue de ellos. Esta cuestión es un misterio aunque se supone que desaparecieron con las invasiones islámicas del siglo VIII.

SITUACIÓN DEL CRISTIANISMO BAJO LOS EMPERADORES MARCO AURELIO Y CÓMODO. Ya en la primera apologética cristiana se atribuyó al emperador MARCO AURELIO (161-180) un edicto favorable a los cristianos, quitando las partes de leyenda que se puedan atribuir, para explicar su protección pero lo cierto es que su cercanía al estoicismo, pudo ser la verdadera razón a esta mitigación de las leyes anteriores, pues de sus escritos se desprende, con certeza, el desprecio que sentía hacia esta religión dado que consideraba el sacrificio de sus propias vidas, me refiero a los cristianos, una ilusión falsa y necia.
En el 176-77 emite un escrito, donde deja claro, que no está dispuesto a poner en peligro la religión de estado por causa de iluminados de diversas religiones. Lo que si parece cierto, es el constante saqueo, al que somete las propiedades de los cristianos en todas partes y es por ello, que algunos autores cristianos famosos del tiempo, se quejan al emperador como demuestra el caso de Melitón de Sardes o Atenágoras
Por está época, se dan algunos de los martirios más significativos de todo este periodo, caso de Justino entre los años 163-67, debido a las intrigas del filósofo Crescente y multitud de martirios quedaron certificados en esta época.
Pero si duda, el caso más significativo de este periodo es la persecución en Liyon y Vienne en las Galias. Eusebio de Cesaréa recoge la carta del relato casi intacta en su obra de Historia de la Iglesia. Una parte de esta iglesia procedía de oriente. También había sujetos de clases inferiores, como esclavos, artesanos etc., pero de una intensa vida espiritual. En el verano del 177 se habían reunido en Lyón representantes de todas las Gálias, para las fiestas del culto imperial. En este preciso momento estallo un furor, en contra de los cristianos a los que como en otras partes del imperio se les acusaba de ateísmo etc. Conducidos a la plaza mayor fueron abucheados y de allí conducidos a la cárcel, para ser juzgados por el legado imperial. Esclavos al servicio de sus señores cristianos, por afán de lucro, los acusaron de las mayores atrocidades. Fontino, viejo obispo de la ciudad, tras los tratos brutales que le dieron, expiro en la cárcel. Los demás fueron echados a las fieras. Todos se mostraron constantes en su intención aplicándose el castigo impuesto en la ley, para los que no renegaban de su religión de modo que todos también Attalo noble romano, fueron conducidos a la muerte.
Bajo este emperador, muchos cristianos fueron condenados a trabajos en las minas, como castigo por su pertenecía y perseverancia en está religión. No cabe duda que a la agudización de las persecuciones se debió, en gran parte, al malestar generalizado de las gentes contra el imperio, eran acosados por las guerras que mantenía el emperador contra los bárbaros; a esto, añadamos las catástrofes naturales y la peste. Todo ello, hace que la gente se descargue contra los cristianos, como forma de atribuir los males y para saciar su ansiedad.
Desde dentro, las luchas contra los paganos, el excesivo afán de martirio de los montanistas, y la vida misma separada que mantenían los cristianos, del resto del mundo, sin duda atrajo, la ira de las gentes.
BAJO CÓMODO. Este emperador, resulto más bien favorable, debido a la influencia de su esposa Marcia, que mantenía como amistades a algunos cristianos influyentes. Los pocos martirios en este mandato se deben a las legislaciones anteriores, caso de los mártires de la ciudad africana de Ccillium de la que se puede decir es la primera documentación latina conservada de origen cristiano.

POLÉMICA LITERARIA CONTRA EL CRISTIANISMO. Debido a la creciente fama de los cristianos, las diversas partes de la sociedad romana van tomando partido en esta historia particular del desarrollo de esta religión; veamos algo de la participación en el terreno intelectual, sobre la lucha contra esta naciente religión. En los ambientes intelectuales romanos, se fue creando poco a poco un ambiente de verdadera repulsa hacia el cristianismo. La sátira, la hoja volante y el libro este último, más extenso, se convierten en armas de una polémica, que se inicia a mediados del siglo II y muy pronto alcanza uno de los puntos culminantes en los escritos satíricos de Luciano de Samotasa y en le discurso a la verdad de Celso. Este acontecimiento es importante porque habrá una reacción de defensa o apología dentro del sector culto cristiano, como réplica a estos escritos. Podemos decir que el primer precedente es el escrito de Tácito, sobre los acontecimientos acaecidos en Roma durante el incendio provocado por Nerón, escritos que denotan claramente el odio de este hacia los cristianos acusándolos de criminales, supersticiosos y en contra del género humano. En Suetonio y Épiceto hay parecidas acusaciones. Pero es el siglo II con el auge del cristianismo y ante la imposibilidad de poner cotas a su crecimiento pese a los edictos imperiales, es cuando las clases cultas ante la creciente preocupación por la pérdida de identidad de las filosofías paganas, toman partido en contra para discutir, posicionándose en contra de este movimiento… El primer ejemplo de esta lucha entre un pagano y un cristiano puede ser el de Justino y el cínico Crescende en Roma.
Según relato de Justino, Crescende va diciendo que los cristianos son ateos, gente sin religión, poco menos que criminales. Frontón, en publica sesión del Senado, da por buenas las afirmaciones del populacho sobre los cristianos. Despreciando así publicamnete ante las gentes importantes la religión y el pensamiento cristiano. Tratemos:

  • LUCIANO DE SAMOTASA. En su obra satírica “De morte peregrini”, la imagen satírica que da de los cristianos no puede considerarse propiamente como polémica. No los considera un peligro, simplemente le place poner en la palestra las locuras y aberraciones humanas su género de escritura favorito, se trate de quien se trate. Sólo parece que le interesaban las cosas que podían resultarles, prácticas, para su obra cómica. No le interesaron ni los escritos cristianos ni el mundo interno de la iglesia. La imagen del “peregrino”, es la de un hombre aprovechado, que realiza unas falsas escrituras y se ríe de todo el mundo, enriqueciéndose especialmente de los beneficios de los pobres infelices que le prestan atención. Mira con desprecio, la actitud cristiana de creer, en la resurrección, se ríe de su desprecio por las riquezas. El desconocimiento de Luciano de la fe cristiana parece claro incluido el conocimiento de la figura de Jesús de Nazaret. Lo cierto es que, la desfiguración de todo esto bien pudo suponer una forma de entender el cristianismo para los lectores paganos tan asiduos a las lecturas de sus obras.
  • CELSO. En su obra, “discurso de la verdad”, perdida y solo conocida en algunas partes recogidas por Orígenes. Se puede decir, que comparte la idea del dios platónico único, transcendente, del cual participan cantidad de dioses inferiores. Toda religión ha de demostrar su justificación o bien ligada a un pueblo o como culto local. Está informado, de las escrituras, de algunos escritos cristianos y también ha tenido un contacto personal con algunos adeptos de esta nueva religión. Sus conclusiones, son negativas y terriblemente mordaces, lo demuestra el hecho de que 70 años más tarde el mejor teólogo del siglo III Orígenes, lo sometiese a una refutación intensiva.
    La idea de la creación y del conocer realizada en el AT, le parece impropia del Dios, uno transcendente y todo poderoso de la filosofía. El dualismo platónico y la cosmología estóica son las materias y la base de Celso. La idea de la encarnación le parece verdaderamente ignominiosa. Jesús era un mero hombre que como un mago de los de Egipto, había ganado el prestigio. Lo acusa de chalatán y fanfarrón de moral deprabada. La adoración de los cristianos es a un muerto no a un vivo, esto tuvo que doler verdaderamente a las comunidades cristianas. (Ya sabía este autor, donde golpear, para hacer daño).
    Afirma que los cristianos son personas espiritualmente limitadas. Acusa a los maestros cristianos de depreciar las filosofías y las cosas terrenas sin ningún topo de fundamentación. Es por esto, que los cristianos mayoritariamente son incultos esclavos o de clases sociales bajas no obstante, no es nada de maravilloso si tenemos en cuenta que a esta clase baja social pertenecía el mismo fundador. Son verdaderos agresores contra la idea del logos y de monos griega, es por esto que los cristianos son considerados como criminales.
    Para Celso el desprestigio de la persona de Jesús es una de los puntos principales. No cabe duda que una de las mil motivaciones de esta lucha de Celso es el salvar los ideales de la filosofía, pero insultar de este modo, prestó flaco favor a tan altos ideales. Lo cierto es que con estas luchas las defensas cristianas, antes de achicarse, hicieron lo contrario, fortalecerse en su intención.
  • PRIMERA APOLOGÉTICA CRISTIANA DEL SIGLO II. Ya antes de la mitad del siglo II se inicia del lado cristiano el trabajo de ciertos escritores que posteriormente por el tipo de obras se llamaron “apologistas” en lengua griega, que poco a poco van dando un cariz diferente a la literatura cristiana. A diferencia de los padres apostólicos, no se refieren únicamente a la exposición de la fe de una forma sencilla. Su ámbito helenístico, le abre cada vez más a nuevos horizontes diferentes, a temas nuevos. Debido a la hostilidad creciente hacia ellos se ven obligados a dirigir también su reflexión a ambientes no cristianos, intentando dar una imagen fiel de la nueva religión, en contra de las imágenes extendidas por parte de los autores paganos pertenecientes a las clases cultas de la sociedad romana. En cierto sentido tampoco se debe negar el sentido misional y propagandístico de estos textos. Tener que realizar el discurso del logos, delante del público pagano, dio muchas oportunidades a estos escritores de preparar discursos de cara al público pagano.
    También se dieron diálogos con el judaísmo de la diáspora aunque aquí el tema central está puesto de antemano: Jesús. La vida cotidiana de los cristianos también dio mucho que hacer, contraponiéndola con los gentiles y sus creencias y en algunos casos explicando o intentado la búsqueda de Dios en los autores gentiles.

    • CUADRATO. Este ateniense está considerado el primero de todos, dirigió una apología al emperador Adriano. Es lo único cierto, ya que otras posibles obras no se sabe con certeza su verdadera procedencia.
    • ARÍSTIDES. Recientemente descubierto, le falta la verdadera idea de Dios, intenta de modo poco preciso, distinguir 4 tipos de hombres, judíos, bárbaros, griegos y los cristianos que poseen la rectitud y la verdad moral. Toma ideas de aquí y de allá en un intento de aproximación interesante en todos los sentidos gracias a la misma lengua y está plenamente convencido de que solo el cristianismo puede traer la salvación a la humanidad.
    • TACIANO. Discípulo de Justino. A diferencia de este, supone una regresión, ya que en vez de ver lo bueno de la filosofía y hacer una síntesis desde aquí, este solo encuentra burlas y desprecio, para las conquistas de la filosofía griega. En algunos momentos, llega a afirmar, que todo ha sido tomado de los bárbaros restando así toda originalidad a dicha filosofía. Todo es un juicio condenatorio. En cuanto a su teología nada de especial aporta a lo de su maestro.
    • ATENÁGORAS. “El filósofo de cristianismo de Atenas” reclama para el cristianismo, la igualdad de los derechos que las demás corrientes filosóficas. Lo más destacable, es la afirmación de que a Dios se le puede demostrar racionalmente. La resurrección especialmente dificultosa para los griegos, es tratada por esta autor, de un modo special, en un escrito también especial.
    • TEÓFILO. De el sólo se conservan “los tres libros a Autolico” este, es un amigo pagano, al cual quiere acercar los escritos del AT afirmando: que estos son más antiguos y tienen más fondo filosófico que otros muchos escritos.
    • Destacamos a Melitón de Sardes, mencionado por Eusebio, sin duda sus escritos debieron de ser importantes en su época. También otros como Apolinar, tuvieron su importancia en este campo. Mencionar sin más el anónimo “Discurso a Diogneto”.
    • JUSTINO.Se trató de una de las grandes figuras dentro de este género. Convertido de una familia gentil de Palestina. Su apología está dirigida a los emperadores Antonio Pío y su hijo Marco Aurelio. Es importante también el dialogo con el judío Trifon. Gran parte de su obra se ha perdido. El grado de formación del autor, dio a está apología una categoría especial ya que Revisó todas las corrientes de su tiempo en un intento de buscar la verdad y hasta que no encontró el cristianismo y lo aceptó, no encontró la verdadera paz, después de esto dedicó toda su vida a predicarlo con las siguientes ideas principales:
      • Buscando cierto parentesco, con las ideas filosóficas, habla de dios al igual que los filósofos griegos, como el “padre del universo” .Es la unidad sin nombre, sentada encima de este mundo, que no puede hacerse inmediatamente visible. Justino relaciona este Dios con ideas trinitarias. El Logos, estaba desde el principio en el, paro es inferior a este. es mandado, conforma indica el AT y también algunos de los anteriores filósofos, recibieron esta inspiración del “Ángel del Señor” , de modo que todos estos que han vivido, conforme a su inspiración pueden ser contados de algún modo ya como cristianos. (La idea del logos, tiene una clara influencia estoica).
      • Los Ángeles caídos, corrompidos por el orgullo, tientan al hombre y de ellos son la obra de las religiones paganas y ellos son los culpables de la desorientación de los judíos. Los cristianos en el nombre de Jesucristo, están protegidos, contra estos deones.
      • El alto nivel de compromiso y de verdad ética, obrado siempre con rectitud, de los cristianos, demuestra que están en posesión de la verdad. El cumplimiento en Cristo de todas las escrituras, es prueba también de verdad absoluta.
      • El bautismo y la eucaristía, serán signos de esta permanencia de dios entre los cristianos. Estos ritos, sustituyen a los antiguos ritos judíos de sacrificios etc.
      • La doctrina de la cruz y la muerte y resurrección de Cristo, son otros de los puntos doctrinales de importancia dentro de su apología. Su obra es importante como eslabón entre la primera teología cristiana y el desarrollo paulatino de esta.
    • CONCLUSIóN. En este tipo de literatura, de este siglo, vemos un paulatino desarrollo de la fe y de la teología con respecto a la época anterior. Nos proporcionan datos, de la vida interna en este siglo II, Desde luego la intención del cese de las persecuciones, uno de sus propósitos, no se logró. Pero la intención misionera y desde luego el autovalimiento se reforzaron enormemente gracias a estos escritos.
A %d blogueros les gusta esto: