Cristianismo y Catolicismo.


Mesías Se Creyeron Muchos sin escándalo alguno entre los judíos, pues su fe les hacía grandes guerreros luchando en estos años contra los romanos. Pero, si alguno se creía Mesías, optaría libremente por proclamarse descendiente de David o de Leví. San José el católico padre biológico de Jesús no de Cristo, efectivamente pudo llamarse Jesé apodado Panthera (pantera) según el Talmud, que no indica mucha santidad; trabajador en la construcción naval para los romanos, no exactamente carpintero sino un soldado romano no nacido en Roma sino en el Imperio. Nacido de Myriam violada, repudiada por su esposo gestó y parió a su posible primogénito en la clandestinidad y posteriormente reconciliada con su esposo al nacimiento de Jesús, tuvo otros cuatro varones, Jacob, Joset, Judas y Simón y dos o tres hembras, que según el Talmud no serían primos de Jesús como dice La Iglesia católica sino hermanos de madre. Jesús llegara a ser Maestro de Verdad o de Justicia Esenio, con hábitos y creencias budistas de fe judía y por lo tanto, junto con su familia que creyeran en reencarnaciones, Judeo budista en creencia como todos los Esenios, quienes distinguían entre un Mesianismo davídico descendiente de David o levítico sacerdotal descendiente de Leví, nació y vivió en Galilea, fue Esenio, predicador y taumaturgo un Mesías pacífico que por eso escandalizó a sus paisanos. El Talmud se escribe en Jerusalén a donde llegó para celebrar la Pascua judía hacia el 33 D.C., sin contacto con los gentiles, siendo procurador romano Poncio Pilatos. Jesús pudo enfrentarse a los saduceos en el Templo pero quienes administraban la Ley eran los fariseos. Su muerte sería por lapidación en Jerusalén sin crucifixión alguna por orden del Sanedrín pues los romanos no intervinieron ni en su vida, ni en su muerte. Ni la pasión de Jesús, ni su vida es la que narran los evangelios. Jesús no fue crucificado exactamente encima de la tumba de Adán. No hubo crucifixión sino lapidación; no hubo resurrección, ni ascensión a los cielos. Inexistente Cristo al ser mero nombre.
Estancia y muerte de san Pedro en Roma. Los Hechos cierran su narración sobre la actividad de Pedro en la comunidad primitiva de Jerusalén con la noticia de que “se encaminó hacia otro sitio” (Hch. 12,17). La tradición de la estancia y muerte de Pedro en Roma es demasiado fuerte como para poder ser puesta en duda por hipótesis demasiado débiles de algunos autores. Sin embargo, no son posibles afirmaciones concretas sobre las etapas del camino que lo condujo a Roma, la fecha de su llegada y la duración de su estancia. Lo seguro, es su participación en el “concilio” de los Apóstoles en Jerusalén (poco antes del 50) y su presencia, poco después, en Antioquía (Hch. 15,7). El fundamento de la tradición romana relativa a Pedro está constituido por tres testimonios de fuentes, cronológicamente próximas, que, juntas, adquieren el peso de la certeza histórica. El primer testimonio es de origen romano y se encuentra en la carta de Clemente a los Corintios: Clemente habla de hechos del pasado reciente, en que los cristianos, por “celos y envidias” fueron perseguidos y lucharon hasta la muerte. Entre ellos destacan Pedro y Pablo: “Pedro, que por injusta envidia tuvo que soportar no uno, sino muchos trabajos y después, dejándonos su testimonio de sangre, pasó al lugar que le correspondía en la gloria”. Con él sufrió el martirio un gran número de cristianos, entre ellos también mujeres, disfrazadas de Danaides y Dirces, alusión a la persecución de Nerón, lo que permite situar la muerte de Pedro en este contexto, fijándola cronológicamente en la mitad de la década de los sesenta. Sobre el modo y lugar de la ejecución, Clemente no dice nada, presuponiendo, evidentemente, que los lectores conocen los hechos, que han sido conocidos directamente por él, que pertenece a la misma generación y que vive en el mismo lugar. Veinte años más tarde llega una carta a Roma, procedente de Oriente: Ignacio de Antioquía, que más que ninguno podía conocer la suerte de los dos príncipes de los apóstoles, pide a los fieles de Roma que no le impidan sufrir el martirio, que debería sufrir en Roma; usa una frase llena de respeto: “No os mando, como Pedro y Pablo”: deja entender que éstos habían tenido dentro de la comunidad romana un puesto de autoridad, y que su presencia no fue ocasional. El tercer testimonio, contemporáneo del anterior, es la Ascensio Isaiae, cuya reelaboración cristiana se pone alrededor del año 100, y expresa en estilo profético el anuncio de que la obra de los doce apóstoles será perseguida por Beliar (Nerón), asesino de su propia madre, y que uno de los doce caerá en sus manos. Esta declaración profética viene aclarada por un fragmento del Apocalipsis de Pedro, de principios del s. II, que dice: “A ti, Pedro, he revelado y expuesto todo. Ve por tanto a la ciudad de la fornicación y bebe el cáliz que te he anunciado”. A estos tres testimonios hay que añadir otros dos: El redactor del capítulo último del Evangelio de Juan alude claramente al martirio de Pedro y conoce su crucifixión (Jn. 21,18s.) pero calla sobre el lugar de su martirio. Se alude a Roma en la 1ª epístola de Pedro, como lugar de su residencia, cuando se alude a Babilonia. La tradición romana de Pedro no fue nunca contestada a lo largo del siglo II, y está comprobada en gran cantidad de fuentes, de origen muy diverso (Dionisio de Corinto, Ireneo de Lyon, Tertuliano…) Pero aún más importante es que esta tradición no haya sido reivindicada por ninguna otra iglesia cristiana, ni puesta en duda por nadie. Este aspecto es algo decisivo.
Tumba de Pedro. Las cosas se complican cuando se quiere precisar el lugar de la tumba del apóstol. Junto a las fuentes literarias, aquí aparece con mayor peso las fuentes arqueológicas. En el curso del tiempo, en Roma la tradición sobre el lugar de la tumba se había dividido. La indicación de la colina vaticana como lugar del martirio de Pedro, según los Annales de Tácito sobre la persecución neroniana, junto con la afirmación de la primera carta de Clemente, viene ampliada por el testimonio de Gayo, miembro culto de la iglesia romana bajo el papa Ceferino (199-217): Gayo se encontró implicado en una controversia con Proclo, jefe de la comunidad montanista de Roma. Se trataba de aducir, como prueba de las propias tradiciones apostólicas, la existencia en Roma de las tumbas de los apóstoles. Gayo dice: “Yo puedo aducir los tropaia de los apóstoles; en efecto, si quieres ir al Vaticano o a la vía Ostiense, encontrarás allí las tumbas gloriosas de los han fundado esta iglesia”. Hacia el 200, por lo tanto, existía la persuasión de que la tumba de Pedro estuviese en el Vaticano. En el calendario festivo romano del año 354, que se debe completar con el Martyrologium Hieronymianum (después del 341), se encuentra la noticia de que en el año 258, el 29 de junio, se celebraba la memoria de san Pedro en el Vaticano, y la de san Pablo en la vía Ostiense y la de ambos in catacumbas. Hacia el 260 existía sobre la vía Apia, bajo la más tardía basílica de san Sebastián (que en el siglo IV todavía se llamaba ecclesia apostolorum) un lugar dedicado al culto de los príncipes de los apóstoles. Un Carmen sepulcral compuesto por el papa san Dámaso, dice que allí habían “habitado” los dos apóstoles, y esto quiere decir que allí, en un tiempo, estuvieron sepultados los dos apóstoles. Excavaciones efectuadas en 1917 prueban la existencia, hacia el 260, de un tal lugar de culto, donde los apóstoles venían honrados con refrigeria, como lo atestiguan numerosos grafitti conservados sobre las paredes del ambiente de culto, aunque no se encontró ninguna tumba en que pudieran estar sepultados los apóstoles. Dos hipótesis: Que los apóstoles fueron sepultados allí, y sus cuerpos habrían sido trasladados al Vaticano y a la Ostiense con motivo de la construcción de las basílicas constantinianas. Que los cuerpos de los apóstoles fueran traídos a este lugar durante la persecución de Valeriano, y que allí permanecieran hasta la construcción de las basílicas. Las importantísimas excavaciones realizadas en los años 1940-1949 bajo la actual basílica de san Pedro, han llevado sobre todo al descubrimiento de una grandiosa necrópolis, en que se abría una calle sepulcral ascendente en dirección oeste y a través de la cual se llegaba a varios mausoleos, muchos de ellos ricos en obras de arte. De éstos sólo uno es netamente cristiano, con mosaicos muy antiguos, entre ellos uno de Cristo-Helios. Los mausoleos surgieron en un período entre los años 130-200, aunque las deposiciones de cuerpos en la zona este es más antigua. En la zona inmediatamente bajo y ante la confesión de san Pedro, se encontró un sepulcro descubierto de alrededor de 7×4 metros (el sepulcro P), anterior a la basílica constantiniana. Este estaba cerrado hacia el oeste por un muro rojo levantado hacia el 160. Sobre la pared oriental de este muro hay un doble nicho, con dos pequeñas columnas a los lados. Es fácil reconocer que nos encontramos ante una “edicola” sepulcral no muy rica, pero que fue considerada por los constructores de la basílica constantiniana como el monumento hacia el cual la nueva basílica debía ser orientada. En el margen inferior del muro se encontró un nicho con huesos pertenecientes a un hombre anciano. Algunas dificultades, aún no resueltas, hacen que no sea posible por el momento acoger la tesis de que las excavaciones hayan seguramente dado como resultado encontrar la tumba de Pedro o su lugar originario. Sin embargo, estas excavaciones han dado resultados muy importantes: los restos del tropaion de Gayo han sido encontrados, y ciertamente los cristianos que lo hicieron suponían la tumba del apóstol en la colina Vaticana, convencimiento con el que también trabajaron los constructores de la basílica constantiniana. Un gran enigma, no resuelto, es el del lugar de culto de los apóstoles en la vía Appia.
La Biblia. Ha sido editada a través de los siglos, pero pocos conocen exactamente lo que le ha sido quitado o agregado. Luego de la revuelta judía en Jerusalén durante el primer siglo después de Cristo, los guerreros romanos habían destruido todos los documentos relacionados con el legado Davidiano de la familia de Jesús … Sin embargo, la destrucción distaba mucho de ser total, siendo retenidos documentos relevantes por los herederos de Jesús, quienes llevaron la herencia Mesiánica desde el Cercano Oriente hacia Occidente.
Los Depositarios. Como lo confirmara la Historia eclesiástica de Eusebio el Obispo de Caesara del siglo IV, estos herederos fueron llamados los “Depositarios”. De ellos era el legado de La Casa Real de Judá, linaje dinástico que aun hoy existe. A través de los siglos, una conspiración continúa de La Iglesia y el gobierno ha prevalecido en contra de la herencia Mesiánica. Esta conspiración se agudizó cuando la Roma imperial desvió el curso de la Cristiandad hacia un ideal alternativo, situación que ha continuado hasta nuestros días.
Astoret. La Iglesia Cristiana no le presta atención a los descubrimientos y a las revelaciones y todavía conserva mucho del incongruente dogma que data de los tiempos medievales. La veneración de la primera deidad femenina existía desde hacía mucho tiempo en Canaán donde tomó la forma de la diosa Astoret abiertamente adorada por los israelitas hasta el siglo VI antes de Cristo. Como Dama Astoret fue la esposa sobrenatural de “El” la deidad masculina suprema y los dos eran la Pareja Divina. Tenían una hija llamada Anat la Reina de los Cielos, y un hijo llamado “He” el Rey de los cielos. A medida que pasó el tiempo, las personalidades separadas de El y He se fueron fusionando para luego convertirse en Jehová. De manera similar, Astoret (Asera) y Anat se fundieron entre sí dando lugar a la consorte de Jehová, conocida como la Shekina o Matronit. El nombre de Jehová es una transcripción tardía y de alguna manera castellanizada de la palabra Yahweh, la cual es en sí una forma de la raíz hebrea de cuatro consonantes YHWH dentro de la cual han sido interpoladas dos vocales. Originalmente estas cuatro consonantes más tarde una sigla para el único dios, representan los cuatro miembros de la familia celestial: “Y” representaba al padre, “H” Asera a la Madre, “W” al Hijo, y “H” la Hija Anat. De acuerdo a las tradiciones reales de la época y de la región, la novia misteriosa de D, la Shekina, también fue considerada su hermana. En términos prácticos, la consolidación del ideal hebreo de Dios único ocurrió realmente después de 50 años de cautiverio en Babilonia, 586-536 a.C., Cuando los israelitas deportados allí por Nabucodonosor, eran tribus dispares que pertenecían a por lo menos dos corrientes étnicas principales (Israel y Judá), pero luego regresaron a Tierra Santa con un propósito nacional común como los elegidos de Jehová.
Injertos del Antiguo Testamento. Gran parte de lo que hoy conocemos como el Antiguo Testamento fue primero escrito en Babilonia. Por lo tanto, apenas sorprende que los relatos de los sumerios y de los mesopotámicos fueran injertados en la tradición cultural cuando ésta se estaba formando, incluyendo El Jardín del Edén (El Paraíso de Eridu), la Inundación, y la Torre de Babel.
Historias como la de Adán y Eva no existían en la tradición hebrea. Algunas alternativas a la versión de la Biblia sobre Adán y Eva podrían encontrarse en escritos de griegos, egipcios, sumerios y abisinios (antiguos etíopes).
Cuando los israelitas regresaron desde Babilonia a Jerusalén, los primeros cinco libros de Moisés fueron compaginados dentro de la Toráh. El resto del Antiguo Testamento fue, sin embargo, mantenido en forma separada. Por varios siglos, éste fue considerado con varios grados de veneración y recelo pero, con el tiempo, los libros de los Profetas llegaron a ser especialmente significantes para estabilizar el patrimonio judío. La principal razón que daba lugar a la vacilación fue que, aunque los judíos entendían ser los elegidos de Dios, Jehová no los había tratado muy amablemente. Este era para ellos su señor tribal todopoderoso, y le había prometido al patriarca Abraham exaltar su raza por sobre las otras. Y aun así, con todo eso, ellos sólo habían enfrentado guerras, hambruna, deportación y cautiverio. Para contrarrestar el creciente desencantamiento de la nación, los Libros de los Profetas reforzaron la promesa de Jehová anunciando la llegada del Mesías, un rey ungido o un sacerdote quien serviría al pueblo conduciéndolo hacia la salvación. La profecía fue suficiente para asegurar la reconstrucción del Templo de Salomón y el Muro de Jerusalén, pero no apareció ningún salvador. El Antiguo Testamento concluye en este punto en el siglo IV A.C. Entretanto, el linaje de David continuaba aunque no reinaba en forma activa. Entonces, la historia soberana comenzó cuando el heredero revolucionario de Judá pasó audazmente a dominio público. El era Jesús, el Rey de jure de Jerusalén.
Ángeles. No hay nada de espiritual o etéreo en la palabra “ángel”. En griego original, aggelos significa “mensajero”. El Inglés moderno deriva la palabra ángel de la Iglesia latina, el término anglosajón “engel” provino originalmente del francés “angele”. El “ángel del Señor” era por tanto un mensajero o más correctamente un embajador. “Arcángel” era un embajador sacerdotal de más alto rango. Los ángeles en el Nuevo Testamento eran, sin excepción, todos hombres y sus nombramientos eran estrictamente dinásticos. La batalla del arcángel Miguel contra el dragón corresponde al conflicto entre la sucesión Zadokita y la Roma imperial que es la bestia de la blasfemia. La “segunda bestia” fue el rígido y estricto régimen de los fariseos, quienes frustraron las ambiciones de los judíos helenistas separando a los judíos de los Gentiles mediante la segregación. Esta era la bestia a la cual se le atribuyó el número 666.
El Evangelio de Juan. Difiere de los otros en contenido, estilo y concepto, siendo influenciado por las tradiciones de una particular secta de la comunidad. No obstante, lejos de ser “cándido” en su versión de la historia de Jesús, incluye innumerables y pequeños detalles que no aparecen en ningún otro lugar.
Evangelios Sinópticos. El Evangelio original de Marcos fue escrito en Roma alrededor del año 66 D.C. Clemente de Alejandría, eclesiástico del siglo II, confirmó que este Evangelio fue dictado en la época en que los judíos de Judea se alzaron contra los ocupantes romanos, quienes los crucificaron por miles. El escritor del Evangelio, por consiguiente, contaba con la propia seguridad de considerar y no poder negarse a presentar un documento abiertamente anti romano, un mensaje de apoyo fraternal, una promesa de salvación y de independencia para aquellos bajo la aplastante dominación de Roma. Ese pronóstico de liberación alivió las mentes de las personas y les quitó cierta presión a los gobernantes que se sentían bajo el yugo del creciente Imperio. Posteriormente llegó a ser fuente de referencia para los de Mateo y Lucas, autores que se expandieron sobre el tema en forma individual. Debido a esta razón, los tres juntos son conocidos como “los Evangelios Sinópticos” aunque no coincidan en muchos aspectos. El primer Evangelio publicado, el de Marcos, no hace mención del alumbramiento por parte de una virgen. Los Evangelios de Mateo y de Lucas introducen el tema con variados grados de énfasis, mientras que es totalmente ignorado por Juan. A los estudiantes simplemente se les dice que “la Biblia dice esto” o “la Biblia dice aquello” cuando en realidad, al enseñárseles sobre el Nacimiento de la Virgen se están dirigiendo a Mateo y a Lucas. Y cuando se les enseñan otros aspectos, les hablan de él o los Evangelios correspondientes, como si se hubiera resuelto constituir capítulos de una misma obra general cuando, por supuesto, no lo son. Según pasaron los siglos, varias especulaciones sobre el contenido bíblico se han convertido en interpretaciones establecidas por la Iglesia en forma de dogma, emergentes doctrinas integradas a la sociedad como si se tratase de hechos reales. También el Obispo Clemente de Alejandría (150-215 E.C.) escribió una carta a su colega Teodoro incluyendo contenido del Evangelio de Marcos generalmente desconocido y suprimido porque no satisfacía los requerimientos de la Iglesia. En la sección removida del Evangelio hay una versión de la resurrección de Lázaro (pero una explicación que presenta a Lázaro llamando a Jesús desde el sepulcro, dejando bien en claro que el hombre no murió en un sentido físico, lo cual por supuesto frustró la insistencia de la Iglesia de que debía aceptarse como milagro sobrenatural). Por otra parte, el Evangelio de Marcos no incluyó ningún detalle de los eventos de la Resurrección y de los períodos siguientes: los versos finales hoy publicados fueron falsamente incluidos en fecha posterior.
María. A los alumnos en las escuelas e iglesias raramente se les dice que Mateo dijo que María era una virgen y que Marcos no lo decía. La enseñanza selectiva de este tipo, se aplica no solo a la Natividad de Belén, sino a un número de incidentes. A los niños cristianos se les enseña un relato que ha sido totalmente dejado de lado; un cuento que extrae las más entretenidas características de cada Evangelio y las reúne en un adornado relato que no fue escrito nunca por nadie. La palabra semita traducida como virgen era almah que significa “mujer joven”. El término hebreo que se refería a una virgen en sentido físico era bethulah. La virginidad física atribuida a María llega a ser aun más increíble con relación a la aserción católica dogmática de que ella era “por siempre virgen”. No era un secreto que María tenía más de un descendiente. Estaba cumpliendo un período de prueba reglamentario como mujer casada de la jerarquía dinástica (un período de adhesión durante el cual las relaciones sexuales estaban prohibidas) y José tendría justa causa de padecer vergüenza cuando María descubrió que estaba embarazada. La situación fue resuelta cuando un sacerdote Abiater de alto rango quien dio el permiso para el ocultamiento. Desde los tiempos del Rey David, la dinastía de Abieter fue establecida como jerarquía de sacerdotes de alto rango. El linaje de Tzadok ocupó la jerarquía principal mientras la línea de Abiator fue segunda entre los superiores. La Anunciación no fue tanto una cuestión de anuncios sino más bien de sanciones. Las reglas dinásticas no eran algo común y corriente. Tres meses después de una ceremonia de compromiso matrimonial era formalizado un Primer matrimonio que comenzaría el enlace en el mes de Septiembre. Se permitían relaciones sexuales después de este, pero sólo en la primera mitad del mes de Diciembre. Esto era para asegurar que todo nacimiento mesiánico resultante tuviera lugar en el mes de Septiembre, mes de Expiación. Si la novia no daba a luz, las relaciones íntimas eran suspendidas hasta el mes de Diciembre próximo, y así. Una vez que la esposa a prueba hubiera concebido, era realizado un Segundo matrimonio con el fin de legalizar el enlace. Sin embargo, la novia aun era considerada como “almah” (mujer joven) hasta completar el Segundo Matrimonio, que no era celebrado hasta que la mujer no llegara a su tercer mes de embarazo. El propósito de esta demora era para ver si existía una posibilidad de aborto. Esto daba cabida a un cambio legal de esposa para el marido dinástico, si la primera joven hubiera sido no fértil. Las reglas del matrimonio dinástico fueron infringidas cuando María dio a luz a Jesús en un momento erróneo del año (1 ° domingo 1 ° de marzo del año 7 a.C.). Por lo que María concibió un hijo como una “almah” y dio a luz como una”almah”.
Jesús. La descripción de Jesús como el hijo de un carpintero es otro ejemplo de cómo una palabra fue posteriormente mal interpretada. No es necesariamente una traducción errónea, pero sí nos muestra cómo algunas palabras antiguas de raíces hebreas y arameas (dentro de textos griegos) no tienen equivalencias directas en otras lenguas. La expresión griega “ho tekton” es una interpretación de la palabra semita “naggar”, que definiría probablemente a un erudito o maestro. “Ho tekton” refiere a un “maestro de las artes”. Jesús pertenecía a la tribu de Judá, de la línea familiar del Rey David. Las escrituras también dicen que era Nazareno (elegido), es decir estrictamente sectario sin relación alguna con la ubicación geográfica de Nazaret, siendo tema de disputa si Nazaret existió durante el tiempo en que Jesús vivió. El término árabe para cristiano es Nasrani. El Corán utiliza la palabra Nazara. Estas variantes derivan del hebreo “Nozrim”, sustantivo plural de la expresión “Nazrie ha-Brit” = Guardianes de la Alianza, una designación de la comunidad Esenia de Qumran. Los nazarenos eran individuos ascetas comprometidos a realizar votos en períodos predeterminados, observando ciertas disciplinas extremadamente reguladas en relación con el compromiso matrimonial dinástico y con el matrimonio. Jesús era el descendiente primogénito de José dentro de la sucesión Davidiana. Era un candidato interesante y demandaba un trato especial como excepción a la regla. Esto permaneció envuelto en un manto de enigma. Uno de los problemas más importantes de Jesús era que había nacido en un ambiente de controversia sobre si era o no legítimo. Seis años más tarde nació su hermano Jaime, en orden con todas las reglas del matrimonio dinástico. Los helenistas (judíos occidentalizados) reclamaban que Jesús fuera el legítimo Cristo (del griego “Christos”, Rey). Los hebreos ortodoxos se conformaban conque el derecho a llamarse rey descansara en Jaime. En el año 23 d.C… Murió José, y comenzó a ser imperativo resolver la disputa. Los reyes dravidianos estaban aliados con los sacerdotes dinásticos zadokitas y el Tzadok preponderante era Juan el Bautista, el propio pariente de Jesús. Juan estaba familiarizado con las creencias hebreas, mientras que Jesús era un helenista. Por lo tanto Juan apoyaba a Jaime, aunque reconocía que Jesús era legítimo. Jesús sabía que debía ponerse firme ya que si la posibilidad de restablecer un reino judío iba a cobrar impulso, saldría definitivamente perdiendo frente a su hermano. En vista de esto, decidió crear su propio y organizado partido de seguidores: Un partido que no siguiera ninguna política social convencional. Su política fue directa, basada en la lógica de que una nación judía dividida nunca derrotaría al poderío de Roma. Percibía que los judíos no cumplirían su misión si continuaban manteniéndose separados de los Gentiles (nativos no judíos). Jesús fue frustrado por los inflexibles judíos de rígidos principios hebreos. Los Gentiles que buscaron afiliación con las tribus judías podían tomar parte en los bautismos, pero no podían ser bautizados en el agua. Aunque se reunían con los candidatos judíos que iban a ser bautizados en el mar, solo les era permitido recibir bendiciones sacerdotales luego de ser recogidos por grandes redes que los subían a bordo de las naves. Los curas que realizaban los bautismos fueron llamados “pescadores”. Era una alusión al propio sacerdocio liberal de Jesús cuando prometía a los Gentiles un ascenso canónico diciendo, “los convertiré en pescadores de hombres”. Jesús reconocía que Roma nunca podría ser derrotada mientras existieran extremos de competencia doctrinaria dentro de la comunidad judía. No había nada parecido a la Cristiandad en aquellos días. Su religión era el judaísmo y todos los judíos adoraban a un Dios, pero divididos en varias facciones, cada una con diferentes series de reglas comunitarias. Jesús aspiraba a compartir a Jehová con los Gentiles de una manera tal que no les fuera requerido hacerse cargo de todos los símbolos y ceremonias del judaísmo ortodoxo. Su gente no podía ser liberada de la opresión hasta que ubicaren abandonado su propio sectarismo intransigente. Jesús carecía de una designada autoridad social (no era un Rey con su reino ni un Alto Sacerdote). No obstante hizo poco caso a esos tecnicismos y procedió a implementar cambios en los rituales a pesar de su deficiencia en cuanto a títulos.
Líderes Nacionalistas. Simón Mago o Zebedee era la cabeza de los Magos Manasseh occidentales, una casta de filósofos samaritanos que apoyaban la legitimidad de Jesús. Simón fue un empedernido defensor de la guerra contra Roma. Como Apóstol de Jesús, fue el más prominente en términos de status social. También fue un entusiasta comandante Zelote, a menudo llamado Simón Zelote. Los Zelotes eran guerreros que militaban por la libertad de la zona y empecinados en vengarse de los romanos. Sin embargo, para las autoridades romanas, los Zelotes eran simplemente lestai (bandidos). Otro líder nacionalista de clase alta y de renombre fue Judas, jefe de los Escribas. Los Manuscritos del Mar Muerto fueron creados bajo su tutela y de la de su predecesor, Judas de Galilea, fundador del movimiento Zelote. El Apóstol Judas fue la cabeza tribal de la Manasseh oriental y caudillo de Querrán. Los romanos tenían un sobrenombre para él: Judas Sicarius (una sica era una daga curvada para ser aun más letal). La forma griega de este mote era Iscariote que previa corrupción paso a “Iscariote”. Judas era segundo en grado de superiores respecto a Simón. En el año 32 D.C., Simón Zelote se puso en contra de las autoridades, habiendo liderado una revuelta sin éxito en contra de Poncio Pilatos con queja formal presentada a la corte en su contra porque había estado usando fondos públicos para mejorar su aprovisionamiento de agua y luego fueron asesinados conocidos demandantes por soldados romanos. La insurrección armada apareció inmediatamente liderada por los sobresalientes Zelotes, Simón Zelote, Judas Sicariote, y Tadeo. La revuelta falló y Simón fue excomulgado por edicto del Rey Herodes Agripa. Al oponente político de Simón, Jonàs Annas, le fue por lo tanto permitido seguir adelante con el supremo oficio del Padre. Sinembargo sucedió que Herodes Agripa entro en una disputa con los gobernadores romanos perdiendo su jurisdicción y beneficiando por corto tiempo a su tío Herodes Antipas, quien había apoyado la acción Zelote contra Pilatos. Aprovechando su oportunidad, Antipas dio marcha atrás a la orden de excomulgación y ordenó que Simón debiera ser “recusitado de la muerte”. Por consiguiente, Jesús entró en una especie de dilema. Era el heredero del linaje real aun sin título formal, pero deseaba ayudar a su amigo y seguidor y así lo hizo. Jesús presumió asumir una función sacerdotal y llevar a cabo la liberación, confirmando el rango del espiritualmente muerto Simón, como en el caso del Eliécer de Abraham Steward, historia corrompida en la forma de Lázaro en los evangelios. Y así fue que Lázaro resucitó de la muerte (rescindió la excomulgación) sin ninguna sanción oficial del Padre, ni del Alto Sacerdote, ni del Consejo del Sanedrín. Había desobedecido las reglas. Entonces, Herodes Antipas obligó a Jonás Annas a consentir el hecho consumado. Luego de la fallida revuelta, Judas se había transformado en un fugitivo. Jesús no le era muy útil políticamente, debido a esto “se la jugó” apoyando a su incontroversial hermano Jaime.
Tomando todo en cuenta, la visita a Jerusalén no fue un evento exitoso. Jesús no recibió la aclamación que esperaba. Su plan de crear una Judea idílica, libre de la opresión romana había fallado porque su sueño de unificar a la gente no era compartido por sus compatriotas sectarios, a saber, los fariseos y los saduceos También en aquellos tiempos ocurrio una seria escisión dentro del grupo apostólico. Simón Zelotes había estado por mucho tiempo en regla con Jonathan Annas (Jaime de Alfaeus) y la rivalidad política entre ellos pasó a primer plano. Habían nacido como contendientes por la posición suprema de Padre.
La Última Cena. Nunca tuvo lugar en Jerusalén, sino en Qumran. Los Esenios no guardaban las festividades judías en Jerusalén y por lo tanto, no respetaban el ritual de la Pascua del Cordero en el Pesah. A menudo se hacía referencia a Qumran como Jerusalén. La famosa Ultima Cena corresponde de hecho al Banquete Mesiánico (La Cena del Señor). Que ocurriera al mismo tiempo que la Pascua fue pura coincidencia. Los principales anfitriones del Banquete eran el Alto Sacerdote y Mesías de Israel. La gente de la comunidad estaba representada por oficiales nombrados que formaban juntos el Consejo de Apóstoles Delegados. Judas salió a hacer los arreglos finales para la traición. Aun quedaba tiempo para la profecía Bautista a cerca de la restauración del verdadero Mesías para ser consumada, pero el plazo final era aquella noche, el equinoccio primaveral del 20 de Marzo del año 33. Jesús sabía que si no se producía ninguna proclamación a su favor entonces no habría esperanza de satisfacer la predicción Mesiánica, y que él sería denunciado como fraudE.
El Juicio a Jesús. El elemento de mayor fuerza del éxito del plan de Judas residía en mantener el apoyo de Jonàs Annas. La hija de este se había casado con el Alto Sacerdote Fariseo, José Caifás. El juicio a Jesús a duras penas puede considerarse un juicio. Se consideraba fuera de la ley el hecho que el consejo judío sesionara de noche. El Sanedrín no sesionaba sino hasta el amanecer. Pero la reunión sería aun ilegal ya que al Consejo Sanedrín no le estaba permitido sesionar durante la Pascua. Los Evangelios dicen que Pilatos le ofreció un indulto a Jesús porque “era costumbre del gobernador liberar a un prisionero en la festividad de la Pascua”. Esto, simplemente, no es verdad. Nunca existió tal costumbre. Tadeo era diputado de la Sucesión (“de Alfaeus”), un devoto “hijo del Padre” (incorporando los elementos “bar” (hijo) y “abba” (padre). Así, Tadeo fue descripto como Barrabba. Cuando los tres prisioneros Simón, Tadeo, y Jesús fueron llevados ante Pilatos, los casos contra Simón y Tadeo eran bien claros: ellos fueron conocidos líderes Zelotes y eran hombres condenados desde el alzamiento. Jesús estaba allí sólo porque el contingente judío había pasado por alto su sentencia. Herodes Antipas llegó a la escena. No era amigo de ninguno de los sacerdotes de Annas y eso encajaba perfectamente con su propósito de liberar a Jesús, con el fin de provocar a su sobrino, el rey Herodes Agrippa. Por lo tanto, Antipas cerró un trato con Pilatos para asegurar la liberación de Jesús. El pacto entre Judas Sicariote y Jonás Annas fue entonces reemplazado, sin involucrarlos, por medio de un acuerdo entre la Tetrarca Herodiano y el Gobernador romano. Desde allí en adelante, Judas perdió toda oportunidad de perdón por sus actividades como Zelote, y sus días estaban contados. Habiendo esperado hasta pasada la Pascua, los miembros del Sanedrín podrían conducir su propio juicio contra Jesús en forma perfectamente legal. Pero le habían pasado estratégicamente la responsabilidad a Pilatos ya que sabían que no existían cargos reales. No habían tenido en cuenta el sentido de justicia de Pilatos ni tampoco la intervención de Herodes – Antipas El viejo Tadeo fue liberado, pero tanto Simón como Jesús permanecieron bajo custodia junto a Judas Iscariote. En última instancia, el más grande traicionero de todos fue el preponderante Padre, Jonàs Annas, el antiguo apóstol conocido como Jaime de Alfeus, o Nataniel.
La Crucifixión. Un antiguo tratado Copto denominado El Segundo Tratado del Gran Set, descubierto entre los libros de Nag-Hammadi, explica que hubo una sustitución de al menos una de las víctimas de la Crucifixión y menciona a un Cirene conectado a este hecho. La sustitución aparentemente fue llevada a cabo, desde el momento que declara el hecho que Jesús no murió en la cruz como se suponía. El mismo Jesús dijo textualmente después del evento: “En cuanto a mi muerte, que fue lo suficiente real para ellos, fue real para ellos por su incomprensión y ceguera”. El Corán especifica que Jesús no murió en la cruz, estableciendo que: “Aún no le dieron muerte, ni lo crucificaron, sino que fue substituido por alguien de su imagen y semejanza. Realmente no lo mataron”. El historiador del segundo siglo, Basilides de Alejandría, escribió que la crucifixión fue arreglada. El líder gnóstico Mani nacido cerca de Bagdad en el 214 D.C., expresó precisamente la misma aserción. Claramente la ejecución de tales hombres como Jesús y Simón no podían quedar sin respuesta, por lo que fue implementada una estrategia para burlar a las autoridades judías: El uso de veneno comatoso y a la actuación de un engaño físico.
El Cristianismo En Los Escritos Joaneos. Recorriendo la historia del cristianismo en el primer siglo, al final, se encuentra un grupo de escritos que muy pronto la tradición ha atribuido al apóstol Juan, hijo del Zebedeo y hermano pequeño de Santiago el Mayor. Estos escritos comprenden un Evangelio, una carta larga de exhortación, dos cartas más breves y un Apocalipsis: ofrecen un panorama del cristianismo que representa en su desarrollo un estadio de por sí. Aquí se trata de poner de relieve aquellos rasgos que son relevantes para la historia eclesiástica, sobre todo dos: la imagen de Cristo en el cuarto evangelio y la imagen de la Iglesia en el Apocalipsis. Aunque la cuestión relativa al autor no ha podido encontrar hasta ahora una solución universalmente aceptada, existen dificultades para considerar que el Evangelio y el Apocalipsis sean, en su forma actual, obra de un mismo autor; se los puede situar al final del siglo I, en las comunidades cristianas de la costa occidental del Asia Menor. En este tiempo, la figura dominante en esta región es el apóstol Juan, por lo que estos escritos llevan seguramente su espíritu, aunque puedan haber recibido su forma definitiva de manos de un discípulo. El Evangelio debía existir ya hacia el año 100, porque probablemente Ignacio de Antioquía lo conocía, y un fragmento de papiro con Jn. 18, 31ss., datado hacia el 130, así lo postula. Más o menos del mismo período es la 1 Juan, como lo demuestra la utilización por Papías y el hecho de que la cite Policarpo de Esmirna en su carta a los filipenses. El Apocalipsis, según Ireneo, se habría escrito en los últimos años del emperador. Domiciano; y ciertamente, las cartas a las iglesias hacen pensar en un desarrollo de las comunidades, impensable antes del año 70. El fin de Juan, al escribir su Evangelio es éste: “Estos signos han sido escritos para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre” (20,31). El Evangelio, según su contenido, puede ir dirigido a cristianos, y así se podría leer como un profundizar en la fe en el Mesías y en su condición de Hijo de Dios (los caps. 13-17 parecen dirigidos a personas que no tienen ninguna duda sobre Jesús como Mesías); o bien, iría dirigido a los ambientes en que se ponía en duda tal mesianidad, sobre todo a los judíos de la diáspora, entre lo cuales había quienes decían que el Mesías era Juan el Bautista, por lo que en el Evangelio adquiere gran importancia el testimonio de éste. Sean unos u otros los destinatarios del Evangelio, Juan busca transmitirles una idea de Cristo de singular profundidad y grandeza, cuando lo anuncia como el Logos existente desde toda la eternidad, de naturaleza divina, que desde su preexistencia se ha encarnado en este mundo (cf. prólogo, que podría ser un himno de alguna comunidad cristiana del Asia Menor). Con esta imagen de Cristo como Logos, el evangelista da a entender una clara conciencia de la misión universal del cristianismo, de su carácter de religión universal. Esto se ve más claramente a la hora de hablar de la muerte de Jesús, como salvación para todos los hombres. Junto a esta imagen de Cristo, aparece una imagen de la Iglesia en los escritos joáneos que ofrece nuevos aspectos: el Evangelio no deja ninguna duda sobre el hecho de que mediante un acto sacramental se es acogido en la comunidad de los que consiguen la vida eterna creyendo en Jesús: “Si uno no nace del agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios” (3,5). El Espíritu que el Señor exaltado mandará, obrará un renacimiento y comunicará la nueva vida divina. Los bautizados constituyen la sociedad de aquellos que tienen la recta fe y que son purificados por la sangre de Jesús. De la comunión con éstos son excluidos los “anticristos”, porque no confiesan verazmente a Cristo y no observan el amor fraterno. Sólo en esta comunidad se hace uno partícipe de la Eucaristía, que junto con el Bautismo es la fuente de la vida que da el Espíritu. En la idea del evangelista, la Iglesia está llamada, en medio de un mundo hostil, a dar testimonio del Resucitado y de la salvación que él ha traído; esto significa la lucha con este mundo, y en esto consiste el verdadero martyrium: la iglesia es una iglesia de mártires. Esta es una imagen típica del Apocalipsis, que trata de fortificar la lucha de los que viven en la tierra su condición de cristianos, con la imagen de los que murieron en la lucha, “despreciando su vida hasta morir” y vencieron a Satanás “por medio de la sangre del Cordero y gracias al testimonio de su martirio” (12,11). Se cierra así el arco entre la iglesia del cielo y la de la tierra, que como esposa del Cordero, va en camino hacia las bodas. Cuando haya alcanzado la meta de su peregrinación, ésta continuará viviendo como nueva Jerusalén en el reino de Dios del fin de los tiempos. Es ésta una imagen de Iglesia destinada, como mensaje de ánimo, a los cristianos de finales del siglo I, que vivían bajo la pesadilla de la persecución de Domiciano.
Conflicto Entre Cristianismo Y Poder Estatal. Las comunidades cristianas, por su imperativo de mantenerse apartadas de los cultos paganos, debían, antes o después, atraer sobre sí la atención de la sociedad. Pero esta atención fue desde el principio negativo, hostil, algo llamativo si tenemos en cuenta el éxito popular que obtenían los cultos orientales que se expandían por el Imperio. Los motivos, por lo tanto, que están en el origen de la persecución contra el cristianismo, se encuentran en esta misma religión, el principal de los cuales es la pretensión absoluta que lleva dentro de sí. Era la primera vez en el Imperio Romano que se presentaba una religión que consideraba a su Dios, no uno entre los demás, sino como el único Dios del mundo y su único Redentor; junto a este culto no podía existir ningún otro. Ya que de esta religión se derivaban consecuencias para la vida práctica cotidiana, poco a poco los cristianos fueron apareciendo al mundo pagano como enemigos declarados de toda la vida civil antigua, que tenía una impronta religiosa. Esta atmósfera hostil fue alimentada por el judaísmo de la diáspora, que no podía perdonar a los judeo-cristianos la apostasía de la fe de sus padres. La segregación de los cristianos daba auge a los rumores sobre degeneraciones y aberraciones de su culto, y sobre su fama como gentuza. Los cristianos vivieron todo esto como una injusticia, aunque también parece que no llegaron a comprender que sus características religiosas ofrecían algún motivo para la persecución. La mayor parte de las fuentes cristianas ofrecen este panorama. Falta un estudio desde el punto de vista pagano. De hecho, la historiografía cristiana ha hecho que se vea el fenómeno de la persecución reducido a una parte, la pagana, cruel, brutal, castigada por Dios, y la cristiana como los elegidos y justos que por su constancia merecen la corona del cielo. La visión de un Lactancio o de un Eusebio han dominado el cuadro de las persecuciones contra los cristianos. Hay que tener en cuenta, en primer lugar, que es inadmisible ver en cada emperador o gobernador romano en cuyo período se hayan dado persecuciones, a un hombre de ciego furor que los haya perseguido sólo a causa de su fe: hay que examinar caso por caso. En segundo lugar, la iniciativa de las represalias contra los cristianos no venía, generalmente, de la autoridad estatal: era algo contrario a los principios fundamentales de la política religiosa romana el perseguir a los seguidores de un movimiento religioso sólo por motivo de su confesión. El culto a los emperadores, nacido bajo Augusto, se fue desarrollando muy poco a poco: por ello, no se puede aducir esta razón como motivo general de las persecuciones contra los cristianos en el siglo I; sólo en algunos casos, como Nerón o Domiciano, que llevaron adelante exageradamente algunas prerrogativas del culto imperial, se dieron algunos desórdenes, que no pueden ser achacados sólo a los cristianos. Fue a causa de enfrentamientos entre judíos y cristianos, o entre cristianos y población pagana por lo que las autoridades se fijaron en el nuevo movimiento religioso, debiendo intervenir para controlar los tumultos. Poco a poco, las autoridades se fueron convenciendo de que la paz religiosa gozada hasta entonces estaba amenazada por el cristianismo, y que por lo tanto constituían una amenaza para la política religiosa llevada hasta entonces adelante. Así, sucesivamente se persuadieron de que los cristianos rechazaban de plano la religión de estado, y que por lo tanto se ponía en peligro, según su óptica, el mismo estado romano. Por todo ello, el poder estatal puede ser citado en las persecuciones con un carácter restringido. En primer lugar se encuentra el totalitarismo de la religión cristiana, y en segundo la actitud hostil del paganismo. Sólo en el III siglo, cuando el estado romano llegue a ver en el cristianismo una fuerza que mina su existencia, será cuando el conflicto entre cristianismo y estado se convierta en una oposición de principio. Ello no quita que los mártires cristianos confesaran con gran heroísmo su fe y sostuvieran en todo tiempo y frente a cualquier poder terreno la libertad de decisión de la conciencia en campo religioso.
Las persecuciones bajo Nerón y Domiciano. El primer caso documentado en que la autoridad estatal romana haya debido ocuparse de un cristiano, ha sido el del apóstol Pablo, que en el año 59, ante el procurador Porcio Festo, valiéndose de la propia ciudadanía romana se apeló al Cesar y fue trasladado a Roma. Sin embargo, en tiempos recientes se ha creído encontrar indicios de una toma de posición del estado romano contra los cristianos, que se remontaría a los primeros años del emperador Claudio: se trata de un papiro, una carta encontrada en 1920, que respondía a una doble delegación judía (¿y griega?) de Alejandría. Prohibe a los judíos de Alejandría que introduzcan gente en el campo, proveniente de Siria o Egipto, “porque lo obligarían a actuar contra ellos, porque difundirían una especie de epidemia en todo el universo”. Bajo esta epidemia se ha querido ver la religión cristiana, que venía entonces propagada en Egipto y en todo el Imperio. Sin embargo, no es necesario hacer esta interpretación, sino que es más fácil ver una alusión a las continuas contiendas entre los judíos alejandrinos. Es inverosímil que en un momento así los alejandrinos llevaran una embajada a Roma para protestar contra el cristianismo. Más segura, en relación con el cristianismo en Roma, es una medida adoptada por el mismo emperador, referida por Suetonio y Dión Casio: Claudio habría mandado expulsar a los judíos de Roma a causa de los litigios surgidos entre ellos “a causa de un cierto Chrestos”. Una identificación con Cristo es evidente. Por esta expulsión salieron de Roma Aquila y Priscila, que se fueron a Corinto, donde acogieron a Pablo (Hch. 18, 2-4). El más antiguo ejemplo de persecución de los seguidores de la fe cristiana es la que se abatió sobre ellos en conexión con el incendio de Roma bajo Nerón, en el año 64. Tacito nos informa de estos hechos en los Annales. Entre la población corría el rumor de que el emperador era el causante del incendio que devastó Roma la noche del 16 de julio del 64. Para librarse de la sospecha, hizo recaer las culpas sobre los cristianos. Estos fueron arrestados en gran número y fueron ajusticiados con los sistemas en uso contra los incendiarios: arrojados a los perros o quemados vivos. Para Tácito no existe la menor duda de que fueran inocentes, aunque no existe tampoco compasión por ellos. Este testimonio nos hace ver que en la década de los setenta los cristianos en Roma no eran un grupito, sino una ingens multitudo. A esta persecución se refieren los escritos de Clemente Romano, aludiendo también a que en esta persecución cayeron Pedro y Pablo (aunque queda abierta la discusión sobre si su muerte se produjo en el año 64).
Lactancio es el único que afirma que la persecución de Nerón no se redujo sólo a Roma, sino a todo el Imperio: esto es improbable, porque es el único que lo dice, y además porque no estaba precisamente informado de lo ocurrido bajo Nerón. Sin embargo, es verdad que Tertuliano, hablando de la persecución neroniana, dice que la proscripción del nombre cristiano era el único institutum neronianum que no había sido anulado tras su muerte. En esto se apoyan los que afirman que Nerón promulgó un edicto de persecución general. Sin embargo, es algo más que improbable, por el silencio de las fuentes, que deberían haber conservado alguna memoria, sobre todo en Oriente, y sobre todo porque ninguna actuación estatal posterior contra el cristianismo hace memoria de esta disposición. Sin embargo, sí es cierto que popularmente se difundió el conectar la idea de cristianos con la persecución neroniana en Roma.
Más parcas son las noticias sobre la persecución de Domiciano, aunque es indudable su realidad. Existe sobre todo el testimonio de un hombre muy próximo a los hechos, Melitón de Sardes, el cual, en su Apología dirigida al emperador. Marco Aurelio, pone junto a Nerón, como enemigo del nombre cristiano, a Domiciano. Junto a esto hay que situar las palabras de Clemente en su primera carta a los Corintios, en que dice que no les ha escrito antes por las calamidades y adversidades vividas por los cristianos, lo que se refiere a una acción del emperador contra los cristianos. Alusiones de escritores no cristianos pueden confirmar los hechos (Epícteto, Plinio el Joven, Dión Casio1), así como algunos pasajes del Apocalipsis. Sobre la extensión de la persecución y sobre algunas víctimas concretas, hay pocos datos concretos: Flavio Clemente y Domitila, Acilio Glabrión (cónsul)…
Mercadéo y Turismo. Tres siglos más tarde, varios sitios dentro de Jerusalén y en sus alrededores fueron creados como lugares provistos de supuesto significado para el Nuevo Testamento. En muchas ocasiones fue el simple caso de encontrar un adecuado lugar para colocarle un nombre (como lo demandaban los pobladores y el mercado de los turistas). La Crucifixión Fue un asunto de pequeña escala sobre un terreno controlado, en Qumran y no fue un espectáculo en la cima de las colinas con enormes cruces, con el horizonte como fondo y un épico elenco de espectadores.
El Vaticano. Reescribirán La Biblia. Destacó el diario La Stampa que El Vaticano encargó a una comisión teológica la tarea de Incluir en la Biblia algunas revelaciones de antiguos pergaminos descubiertos entre 1946 y 1957 en las proximidades del Mar Muerto, anuncio oficial dado en Módena durante un simposio internacional programado entre el 26 y 30 de septiembre. La intención es incluir pasajes de los pergaminos del Mar Muerto, descubiertos por pastores de Qumran en la Margen Occidental a partir de 1947. Los pergaminos están compuestos de 800 documentos escritos por la secta judía de los Esenios, que testimonian la ocupación romana de Judea entre los años 170 a.C. y 69 D.C. Es justo revisar las Sagradas Escrituras a la luz de textos de Qumran, pues entre más se conoce de los orígenes del cristianismo mejor podemos entender la figura de Jesús” dijo Vittorino Grossi, secretario del Pontificio Comité de Ciencias Históricas. Los manuscritos de Qumran hacen retroceder a las Sagradas Escrituras mil años es decir muy cerca a la fecha en que fue escrito el texto original de la Biblia. Los Esenios vivían en los territorios palestinos y cultivaban una fe asceta separada del Templo de Jerusalén. Según los especialistas, acogieron a Cristo durante su juventud y lo interrogaron sobre su pasado. De acuerdo con el teólogo Pier María Mazzola, también citado por La Stampa, el encuentro con los Esenios podría haber introducido a Jesús a la vida de comunidad a través del aprendizaje de varias disciplinas y el descubrimiento de sus propios poderes hasta el inicio de su predicación cuando a los 30 años de edad, dejó la secta porque consideraba que vivía lejano del mundo verdadero y estaba muy ligad a sus reglas mientras en el exterior dominaba el mal. En la nueva Biblia figuraría entonces la influencia de los grupos hebreos que intentaron derribar el gobierno de Roma, avalando la tesis según la cual Jesucristo habría sido un revolucionario que combatió contra la opresión política. En los pergaminos se demuestra que el Cristo de la narración evangélica tuvo mucho que ver con movimientos de la disidencia hebrea dijo Mazzola. Aseguró que la inclusión en los pergaminos de Qumran de pasajes del Nuevo Testamento en particular versos del Evangelio de San Marco, sería lo más relevante de los textos y demostraría que los Esenios eran una comunidad precristiana. En los pergaminos también se habla de los demonios como figuras creadas por Dios que inmediatamente se alejaron de él y se convirtieron en sus adversarios. Los pergaminos del Mar Muerto constituyen el más grande descubrimiento de manuscritos en la era moderna. Pueden ser divididos en dos categorías: bíblicos y no bíblicos. Contienen comentarios del Antiguo Testamento, explicaciones de las leyes, salmos, bendiciones o textos litúrgicos.

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