La Geografía Bíblica.


Contexto Geográfico. Ante todo debemos darnos cuenta de que el mundo de la Biblia no es sólo el territorio conocido como Tierra Santa, es decir Palestina. Si bien es cierto que Palestina es de suma importancia en la historia bíblica, el contexto geográfico que la rodea no lo es menos.
Babilonia. En un principio, el territorio de Babilonia se extendía desde el Golfo Pérsico hasta la latitud 34º norte y se encontraba rodeado por los ríos Tigris y Éufrates. Limitaba al norte con Asiria y Mesopotamia y al sur con el Golfo Pérsico. Al este, separado por una cadena montañosa, estaba Elam, y al oeste, el desierto Arábigo. Las conquistas babilonias extendieron su territorio, hasta ocupar Nínive y toda Asiria, Armenia, Palestina, Siria y Egipto. Su privilegiada situación geográfica entre los ríos Éufrates y Tigris, le dio mucha prosperidad, pues su territorio era irrigado por numerosos canales que hacían de esa tierra un lugar fértil, que alimentaba a una gran población.
Asiria. Asiria fue en un principio una provincia Babilonia. Su independencia ocurrió en algún momento de la vida del rey Babilonio Hammurabi (1728-1686 a.C.). Su primera capital fue Asur y posteriormente fue sustituida por Nínive. Asiria se encontraba en el llano de Mesopotamia. Su límite norte eran los lagos Van y Urmia; al este tenía a Media, y al oeste el río Éufrates; en el sur, su límite era Babilonia. Su territorio medía unos 450 Km. de norte a sur, y unos 257 Km. de este a oeste. Era un territorio altamente fértil y poblado. Sus habitantes fueron prósperos y civilizados.
Egipto. Se encuentra al nordeste de África. Su territorio se extendía desde la costa del Mar Mediterráneo (norte) hasta la primera catarata del río Nilo (sur). Al este, sus límites son Arabia y el Mar Rojo, y al oeste está el gran desierto. La población de Egipto se situó siempre alrededor del río Nilo. La fertilidad del territorio se debe al Nilo y a su inundación anual, la cual es provocada por las lluvias que caen en el territorio donde nace el río. En Egipto nunca llueve, pero el río riega toda la región, manteniéndola fértil, pues la inundación deja depósitos de agua cada año.
Asia Menor. En la época del Nuevo Testamento, Asia Menor estaba dividida en varias provincias romanas y estados clientes: Asia, Bitinia y Ponto, Galacia, Cilicia y Capadocia. Dentro de su geografía se incluyen también varias islas cercanas: Chipre, Patmos, Rodas, Samotracia, Cos, Asón, Mitilene, Quio, Cnido. En toda la región de Asia Menor ubicamos ciudades que, de una u otra manera, jugaron un papel importante en la historia del Nuevo Testamento, como Tarso, Derbe, Listra, Iconio, Antioquía de Pisidia, Perge, Atalia, Hierápolis, Laodicea, Colosas, Filadelfia, Sardis, Esmirna, Tiatira, Éfeso, Pérgamo y Tróade.
Siria. Fue toda la región comprendida entre el continente asiático y el continente africano, entre la costa del Mediterráneo y el río Éufrates. Políticamente la región se dividió en Siria al norte y Palestina al sur. Toda la región de Siria está conformada por la costa oriental del Mediterráneo y el territorio que va desde el monte Tauro hasta cerca del Mar Rojo que a su vez consta de dos cadenas montañosas y un extenso valle entre ambas. Las montañas son el límite con el desierto Sinaí que está formado por todo el territorio entre Egipto y Edom. Tiene forma de triángulo, con el Mar Rojo al oeste y el Golfo de Aqaba al este. Su área total consta de unos 51.800 km2. Dos terceras partes de su territorio carecen totalmente de agua, y su suelo es duro. Hay una franja de unos 32 Km. de terreno arenoso situado entre el Mar Rojo y los lagos Amargos (al este), y varias lomas de piedra caliza (al oeste). También encontramos la Cordillera de Granito, que es la parte más regada del desierto, y por eso constituyó la mejor región de paso entre Egipto y Edom. Luego está el valle de Arabá, entre el Mar Muerto y el Golfo de Akaba (16 Km. de ancho por 193 de largo), rodeado de montañas y con numerosos manantiales.
Palestina. Durante el tiempo de Jesús, Palestina tenia características sociales, religiosas y culturales que es necesario explicar para una mejor comprensión de ciertos pasajes del nuevo testamento que se refieren a personajes o lugares que ameritan nuestra atención para entender mas cabalmente el escenario histórico en que dios hecho hombre vivió.
La Sociedad. En esa época los grupos sociales existentes eran: el clero, compuesto del sumo sacerdote, la figura mas importante, que representaba al pueblo ante los romanos, el jefe supremo del templo, los guardianes del templo, los jefes de secciones semanales, los jefes de turnos diarios, los tesoreros, simples sacerdotes la mayoría de ellos diseminados por los pueblos y levitas o bajo clero que eran los encargados de la música, limpieza, vigilancia y otras funciones subalternas. La aristocracia laica o los llamados ancianos algunos de los cuales formaban parte del sanedrín. Los escribas o doctores de la ley, cuya influencia derivaba de su estudio y conocimiento de la ley. Tenían derecho a ser jueces y a ser llamados rabí que significa maestro. Los publicanos que eran los arrendadores de los impuestos públicos, lo que les valió el repudio de los judíos.
Instituciones. Las instituciones que tuvieron relación con Jesús eran:
El Templo. Edificio construido en un principio por el rey David y restaurado poco antes del nacimiento de Jesús por Herodes el grande. En el se encontraba el sancta sanctorum, lugar visitado por el gran sacerdote una vez al año. Estaba dividido en patios y había un lugar apartado para las mujeres. En el patio exterior se hacia cambio de monedas romanas por monedas judías ya que en el interior del templo no podían circular monedas con la efigie del emperador. También se vendían los animales que eran destinados al sacrificio. Fue a estos vendedores y cambistas a los que Jesús expulsó violentamente.
El Sanedrín. Estaba compuesto de 71 miembros: el sumo sacerdote, los ancianos y los escribas. Aquí residía el poder político y religioso. Es en este lugar donde se decide la suerte final de Jesús, precisamente porque los componentes del sanedrín vieron amenazados su poder con la predica y obra del hijo de Dios.
La Sinagoga. Era el lugar de reunión de la comunidad judía difundido durante la cautividad del pueblo judío en babilonia o cuando se produce la diáspora, después de la destrucción del templo. Aquí Jesús acude cuando niño a ocuparse de “las cosas de su padre” y aquí empieza su predica cuando lee a Isaías y declara que la profecía se ha cumplido ese ida. Aquí empieza la predicación de los apóstoles.
Grupos Religiosos. Entre los grupos religiosos que tanta importancia tuvieron durante la predicación de Jesús y en su posterior aprehensión, juicio y crucifixión, se pueden mencionar:
Los saduceos. Grupo que solo aceptaba la ley escrita y creían en la resurrección de los muertos.
Los fariseos. Grupo intermedio entre los Esenios y los Zelotes, formado por artesanos, comerciantes, empleados. Eran estrictos observantes del sábado, de la pureza de los alimentos y del diezmo. Su nombre significa separados, que quiere decir puros y santos, por encima del resto.
Esenios. Grupo que se retiro al desierto para huir de la influencia griega y esperar sin contaminarse la venida del justo que vendría a ellos, que se consideraban justos, no contaminados. Su centro estaba en Qumran, donde a mediados de este siglo se descubrieron los famosos rollos del mar muerto. Juan el bautista era muy probablemente del grupo Esenio, pues su predica así lo revela.
Zelotes. Grupo fariseo radical que no reconocía otra autoridad que la de Dios, lo que los llevó a iniciar una revuelta el año 66 d. c. que terminó con la destrucción de Jerusalén. Este grupo nace con ocasión del censo ordenado por roma para el cobro de impuestos, el año 6 a. C. para algunos estudiosos, Judas era un Zelote desilusionado de Jesús, pues no era el Mesías guerrero que esperaban y por ello lo vendió. Los samaritanos grupos rechazados por los judíos que los consideraban casi como paganos. Solo reconocían el Pentateuco como libros sagrados (génesis, éxodo, levítico, números y Deuteronomio) y eran apegados a la letra de la ley. En varios pasajes Jesús se relaciona con samaritanos dando ejemplo a los judíos de que la salvación es para todos, sin exclusiones.
El Territorio. Pasemos ahora a considerar el territorio donde se desarrolla la mayor parte de la historia bíblica.
Nombre. El nombre de Palestina está relacionado con la palabra filisteos, cuyo país se llamó Palesto (800 a.C.) y Palóshet (Ex 15.14; Is 14.29, 31). Sin embargo, este no es el nombre utilizado en la Biblia. Surgió más bien del lenguaje administrativo del Imperio Romano, cuando la provincia de Judea comenzó a llamarse «Siria – Palestina» o «Palestina». En el Antiguo Testamento se le llama de diferentes maneras: «La tierra que yo, el Señor, juré dar a los antepasados de ustedes» «Tierra prometida» «Tierra de Canaán» «Tierra de Israel» (el término más utilizado) «Tierra de los hebreos» «Tierra santa» «Siria – Palestina».
Canaán. (Gén. 12.5; Ex 15.15) es el término que se usó cuando ese territorio era sólo una esperanza o una promesa. Luego que los israelitas ocuparon la tierra, el término dejó de usarse. El nombre «Canaán» probablemente significa «rojo – púrpura», en alusión a un tipo de tinte que se elaboraba en la región.
Límites. Los límites de Palestina, de norte a sur, son conocidos en la Biblia así: «Desde Dan hasta Beerseba» (Jue 20.1), y en algunos textos es algo más amplia: «Desde el río de Egipto hasta el río grande, el Éufrates» (Gen 15.18; estos son conocidos como los límites ideales). Mide, más o menos, entre 320 y 380 Km., desde Dan, al norte, hasta el límite sur en la península de Sinaí. La frontera norte se extendía desde Tiro, en la costa del Mar Mediterráneo, hasta Damasco. La frontera sur va desde el río de Egipto hasta la parte sur del Mar Muerto. De oeste a este, los límites van desde la costa mediterránea hasta la depresión del Jordán. La longitud varía, de 50 Km. por el norte a unos 80 Km. por la zona sur del Mar Muerto. Como la meseta montañosa al este del Jordán (unos 30 Km.) por Transjordania no debiera considerarse territorio israelita, toda la extensión sería de unos 23.000 km2. (Un poco mayor que Bélgica y mucho menor que Suiza; Costa Rica mide aproximadamente 50.000 km2).
División. Palestina está claramente dividida en cuatro franjas casi paralelas, que corren de norte a sur (Mapa 6). Desde el este hacia el oeste, esas franjas son:
Montañas de Transjordania. Cordillera, situada al este de Palestina, forma una sección alta de terreno que se divide en subregiones por los ríos Yarmuk, Jaboc, Arnón y Zereb. La región, de acuerdo con los relatos bíblicos (Jos 18.7-10), perteneció por algún tiempo a Rubén, Gad y Manasés, durante el período de los jueces. El control israelita de esta región fue esporádico. Los cuatro ríos que se encuentran en sus suelos señalaron, durante diversos períodos, las fronteras orientales de los pueblos vecinos de Israel. Desde el sur, el primer pueblo es Edom, que ocupaba 170 Km. de territorio entre el golfo de Akaba y el río Zereb. Los edomitas fueron sometidos por David (2 S 8.13-14) y, posteriormente, durante el reinado de Salomón, los israelitas explotaron sus minas de cobre y de hierro. Al norte se encuentran los pueblos de Moab y Amón, cuyos dominios se extendían 130 Km. entre el Zereb y el Jacob. Entre estos pueblos no existía una frontera natural definida. Y finalmente, más al norte, entre el Jaboc y el Yarmuk, a unos 55 Km. de distancia, se encuentra la región de Galaad: rica en bosques, ganadería y agricultura; famosa también por sus perfumes y sus hierbas medicinales (Jer 8.22; 46.11).
Depresión del Jordán. Es la parte geográfica más distintiva de Palestina. La depresión llega hasta 400 m. bajo el nivel del mar, y se extiende desde el norte, en Siria y el Líbano, y continúa al sur del Mar Muerto, por el desierto de Arabá, por la costa este de África. El río Jordán, que divide la región en Cisjordania y Transjordania, recibe sus aguas de las faldas del Monte Hermòn y de la región de Dan, y desemboca finalmente en el Mar Muerto. A través de su trayectoria, se producen tres lagos: el antiguo lago Huleh o Aguas de Merom (Jos 11.5,7)- drenado por Israel en 1967 -; el de Galilea – también conocido como Tiberias o Genesaret, a 260 m. bajo el nivel del mar, y el Mar Muerto a 390 m. bajo el nivel del mar. El lago de Galilea se consideraba como el centro de la provincia de Galilea. En su lado occidental son frecuentes los remolinos, pero su agua es dulce y abundante en peces. El Mar Muerto es salobre y rico en aguas sulfurosas, y quizá contenga en sus profundidades fuentes termales; su amargor y concentración de substancias es notable debido a la constante evaporación. El río Jordán fluye a través de una franja geológica excepcional. Partiendo de Turquía, el valle que enmarca el río continúa a través de Siria, Líbano, Palestina y el mar Rojo; finalmente resurge en el continente africano. Es la falla geológica más profunda y larga de la tierra: su extensión es de 6.500 Km. Las aguas del Jordán viajan en rápido y lodoso zigzag. Debido a su profundidad no se puede utilizar con facilidad para el riego, pero son sus afluentes los que favorecen el riego, la humedad y las cosechas de la zona. La vista que se despliega en torno a Nazaret es una de las más hermosas de Israel. La región de Galilea aparece como una prolongación de las raíces montañosas del Líbano. La abundancia de rocas de basalto gris manifiesta su carácter volcánico. No es el Líbano, sin embargo, el que domina la vista, sino la cordillera de enfrente, el Hermón. Hacia sus nieves levantaban los ojos los sofocados segadores durante el verano, esperando de él su intenso rocío por la noche. A esa dependencia respecto de las altas cordilleras Galilea debe sus aguas y la fertilidad de su tierra en comparación con Judéa y Samaria. Josefo describía la bondad de esta tierra en la que se desempeñó como revolucionario contra Roma: “Toda la región es fértil, rica en pastos, plantada de árboles de toda clase, de manera que el hombre más perezoso para las tareas de la tierra siente necesariamente una vocación de labrador ante tantas facilidades. De hecho, toda la superficie está cultivada por los habitantes, sin que haya una sola parcela sin barbecho. Los poblados son muy numerosos y todas las aldeas tienen también una población muy densa, debido a la fertilidad del suelo, de manera que la más pequeña de ellas cuenta con más de quince mil habitantes”. Allí, envuelto en la belleza de las montañas y rodeado de los labradores que trabajan la tierra, Jesús había pasado muchos años en silencio, trabajando también él con sus propias manos. Cuando comenzase a predicar evocaría todo ese mundo de imágenes que contemplado con sus propios ojos: “Observad los lirios del campo, cómo crecen; no se fatigan, ni hilan. Pero yo os digo que ni Salomón, en toda su gloria, se vistió como uno de ellos” (Mt 6,28-29). “El Reino de los Cielos es semejante a un hombre que sembró buena semilla en su campo” (Mt 13,24). “Un hombre plantó una viña, la rodeó de una cerca, cavó un lagar y edificó una torre” (MC 12,1). “De la higuera aprended esta parábola: cuando ya sus ramas están tiernas y brotan las hojas, sabéis que el verano está cerca. Así también vosotros, cuando veáis que sucede esto, sabed que Él (el Hijo del hombre) está cerca, a las puertas” (MC 13,28-29). Las encantadoras colinas de Galilea que, aún hoy, infunden una sensación apacible al peregrino que las visita, debieron hablar por sí mismas al corazón del joven Jesús de la misericordia y generosidad de Dios, y permitía pensar en su Reinado como una participación de tanta paz y bondad. Del mismo modo, las despojadas montañas de Judéa, con su aspecto terrible y su clima tan duro, no podían menos que templar el carácter de un profeta como Juan y llevarle a formular la llegada del Reino de Dios en términos tan trágicos. Las colinas de Galilea y el desierto del Jordán sirven adecuadamente de escenario para las Bienaventuranzas de Jesús (Mt 5,3-12) y para las amenazas de Juan (Mt 3,7-12). Sus respectivos ambientes naturales ayudaron a cada uno de los dos profetas a diferenciar con rasgos propios el único mensaje sobre la llegada del Reino y la necesidad de conversión. Además de esta influencia de la naturaleza, también debió intervenir en el interior de Jesús el peso de la secular tradición histórica de su patria. Galilea coincide estrechamente con los territorios que Josué había asignado a las antiguas tribus hebreas de Isacar, Zabulón, Aser y Neftalí durante la conquista de Canaán. El país había presenciado el sacrificio del profeta Elías en el monte Carmelo (1 Re 18,20-40), la muerte del rey Ajab por él anunciada en el valle de Yisreel (1 Re 22,34-35) y la muerte del justo rey Josías en Meguido (2 Re 23,29). La cercanía y presencia de población pagana, especialmente a partir de la incorporación al imperio asirio bajo Tiglatpileser III (734 a.C.), había hecho que la región fuera denominada Galil ha-Goyim (hebr. Región de los Gentiles: Is 8,23). La población en los tiempos de Jesús se componía de judíos principalmente en las aldeas y en el interior de la región. Las ciudades helenizadas y los dominios en el oeste estaban poblados mayoritariamente por paganos. El proceso de helenización había sido promovido grandemente por Herodes el Grande y sus hijos, como así también por los terratenientes de las ciudades helenizadas que habían comprado amplias zonas del campo. Pero esta circunstancia había ido fortaleciendo la identidad nacional y religiosa de los habitantes judíos, como refirió Josefo: “Con esta superficie tan limitada, y rodeadas como están por naciones extranjeras muy poderosas, las dos Galileas han resistido siempre las sucesivas invasiones; porque los galileos se forman para el combate desde sus años más jóvenes y han sido siempre numerosos. Nunca les ha faltado coraje a esos hombres ni faltó nunca allí gentes” (Guerra Judía III,3,2). La naturaleza de los galileos era, pues, tan volcánica como el suelo que habitaban: “siempre amigos de innovaciones y por naturaleza dispuestos a los cambios, disfrutan con las sediciones” (Josefo, Autobiografía 17). Su fama se había hecho célebre a causa de sus pendencias y de entre ellos surgieron los más aguerridos rebeldes contra Roma. Tal era el caso de Judas de Gamala, más conocido como Judas el Galileo. En el año 4 a.C., aprovechando la falta de gobierno a causa de la muerte de Herodes, en Séforis “reunió una banda numerosa, rompió las puertas de los arsenales del rey y, distribuyendo las armas a sus partidarios, atacó a los demás candidatos al poder” (Josefo, Guerra Judía II,56). Más tarde, unido al fariseo Sadok había encabezado una revuelta contra los romanos a causa del censo que en el año 6 D.C. había ordenado el emperador Augusto para la nueva provincia de Judéa. En efecto, el censo tenía como fin elaborar la nómina de los contribuyentes de la nueva provincia del Imperio: “Decían que el censo llevaba a un resultado concreto: implicaba el derecho a hacerlos esclavos. Por eso llamaban al pueblo a volar en apoyo de la libertad. Si se presentaba la ocasión de vencer -aseguraban- pondrían las bases de la prosperidad; y si les privaban de los bienes que les quedaban, obtendrían el honor y la gloria de haber obrado con magnanimidad. La divinidad no podría hacer otra cosa más que colaborar en el éxito de su proyecto y actuaría ciertamente en favor de ellos, con tal que, apasionados por los grandes hechos y firmes en su resolución, no dudaran en derramar la sangre necesaria para este fin” (Josefo, Antigüedades XVIII,4). Judas fundó así un partido que se caracterizaría por el celo por la defensa de la libertad y por la aceptación de la sola soberanía divina (de ahí el nombre de Zelotes): “decía que era una vergüenza aceptar pagar tributo a Roma y soportar, después de Dios, a unos dueños mortales” (Josefo, Guerra de los Judíos II,118). Josefo describió este movimiento llamándola la cuarta filosofía (después de los fariseos, saduceos y Esenios): “Sus adeptos están en muchos puntos de acuerdo con el pensamiento fariseo, pero sienten un amor casi invencible a la libertad, porque creen que Dios es el único dueño y señor. Les importa poco padecer cualquier tipo de muerte, hasta el más inaudito, lo mismo que el castigo que están dispuestos a infligir hasta a sus parientes y amigos; el único objetivo que tienen es no dar el nombre de señor a ningún ser humano” (Josefo, Antigüedades XVIII,23). La revuelta contra Roma ciertamente fracasó, como refiere el libro de los Hechos de los Apóstoles: “En los días del empadronamiento, se levantó Judas el Galileo, que arrastró al pueblo en pos de sí; también éste pereció y todos los que le habían seguido se dispersaron” (5,37). Sin embargo, el partido sobrevivió varias generaciones y los descendientes de Judas continuaron su causa. Entre los años 46 y 48 dos de sus hijos fueron ajusticiados por orden del gobernador romano: “Los nombres de aquellos hijos eran Jacob y Simón, a quienes Alejandro condenó a ser crucificados” (Ant. XX,102). En el año 66 otro hijo suyo (o tal vez nieto) se proclamaría directamente como el rey Mesías para conquistar Jerusalén y rebelarse contra el Imperio: “Menahem, el hijo de Judas, aquel llamado el Galileo, tomó algunos hombres importantes con él y se retiró a Masada, donde forzó el ingreso a la armería de rey Herodes y dio armas no sólo a su propia gente, sino también a otros bandidos. Con ellos organizó una guardia y regresó en condición de rey a Jerusalén. Y constituido en líder de la sedición dio órdenes de continuar con el asedio” (Guerra Judía II,433). Finalmente sería asesinado por la oposición (id. II,446). La dinastía de los líderes Zelotes proveniente de Judas el Galileo acabaría recién en el año 73 con Eleazar ben Yaír, el organizador de la célebre defensa de Masada: “El era descendiente de aquel Judas que había persuadido a muchos judíos, como hemos anteriormente relatado, a no inscribirse en el censo cuando Quirino ordenó hacerlo en Judéa” (Guerra Judía VII,252). Josefo nos transmitió lo que habría sido su larga exhortación final al suicidio colectivo: “… ¡Muramos sin haber sido esclavos del enemigo y, como hombres libres, dejemos juntos esta vida con nuestras esposas e hijos! Esto es lo que las leyes nos ordenan, esto es lo que nuestras esposas e hijos nos suplican. Esta es la necesidad que nos viene de Dios y lo contrario es precisamente lo que los romanos desean. El temor que ellos tienen es que muera uno solo de nosotros antes de que sea tomada la ciudadela. Así, pues, apresurémonos a dejarles, en vez de la satisfacción que ellos esperan de nuestra captura, el asombro ante nuestra muerte y la admiración por nuestra valentía!” (Guerra VII, 337-388). Bajando hacia el Sur llegamos al Mar Muerto en la desembocadura del Río Jordán y debe su nombre a la gran concentración de minerales de sus aguas, no hay vida en él, sin embargo el barro de sus costas tiene grandes propiedades curativas. La zona del mar Muerto es el punto más profundo del planeta con casi 400 metros por debajo del nivel del mar. Pasamos en ruta por Jericó, ciudad bíblica famosa por sus murallas y seguimos hasta Qumram paraje en cuyas colinas antiguamente habitaban los Esenios en cuevas talladas en las laderas de las montaña. Este grupo de judíos vivía en renuncia, castidad y observancia de los secretos más ocultos de su religión, los cuales tenían prohibidos revelar. No ingerían alcohol, cuidaban de su cuerpo y de su espíritu y su carácter esotérico los perpetuó en el tiempo como uno de los misterios más cautivantes de la actualidad. Juan el Bautista, José y hasta el mismo Jesús pertenecieron a sus filas y cuando fueron invadidos por los romanos guardaron sus enseñanza en vasijas de barro que enterraron en sus cuevas. Las reliquias llamadas Los Rollos del Mar Muerto se encuentran resguardadas en una zona de extrema seguridad del Museo de Israel en Jerusalén. Cuando estos rollos sean totalmente traducidos ampliaremos muchas facetas de la vida de Jesús y María que no se conocen a cabalidad.
Montañas de Palestina o Cisjordania. Esta franja geográfica ha sido testigo de gran parte de la historia bíblica. Incluye una serie de montañas, colinas y valles entre el Jordán y el Mediterráneo. Por esta cordillera se riega la región. A un lado de sus pendientes, las aguas llegan a la llanura de la costa del Mediterráneo; y al otro, al valle del Jordán. Esta sección central de Palestina se ha dividido en tres secciones: Galilea, al norte; al centro Samaria; y Judá, al sur. Entre Galilea y Samaria se interponen las llanuras de Esdraelón y Jezreel. La región de Galilea se divide en dos secciones de importancia. La alta Galilea, que mantiene una altura media de 600 m., cuenta con la cima más alta de la región: el monte Yermac, o Merom, con una altura aproximada de 1.208 m. La parte baja, cuyos montes no superan los 600 m., cuenta con el Tabor, con una altura de 588 m. Sobre las famosas «Alturas de Golán» se levanta el monte Hermòn, con sus nieves perpetuas. La cadena de montañas que incluye el Monte Carmelo, escenario de la gran lucha de Elías con los profetas de Baal (1 R 18.1-40), se extiende a lo largo de 24 km., y alcanza una altura de 546 m. Luego de la llanura de Jezreel se encuentran las montañas de Samaria, con sus montes Ebal y Gerizim, cuyas cimas llegan a los 940 y 881 m. respectivamente. Hacia Jerusalén, en Baal Jasor, al norte de Betel, la altura alcanza los 1.016 m.; y el monte de los Olivos se alza a 818 m. Por último, los montes de Judá se extienden por una región de 70 km. de largo por 20 km. de ancho, desde Jerusalén hasta Beerseba. Las ciudades y poblados más importantes de Palestina se encontraban en esta región de la cordillera central. De norte a sur se pueden identificar, entre otras, las siguientes: en la región de Galilea, Nazaret y Cafarnaúm; cerca del monte Carmelo se identifica a Meguido; Jezreel está emplazada en las faldas de los montes Gelboé (2 R 9-10); en la región de Samaria se encuentran Siquem, Tirsa y Samaria; hacia el sur se distinguen Silo, Betel, Mizpa, Rama, Geba, Gabaón, Gibea y Jerusalén; finalmente, hacia el sur de la Santa Ciudad, Belén, Hebrón y Beerseba. Nazaret es una aldea meridional de las sierras de Baja Galilea, sobre la llanura de Esdraelón. Allí tuvo su viña Nabot, y su tierra fue testigo de las derrotas de Saúl. Allí estuvo la casa de Eliseo, se dieron los sacrificios del profeta Elías, y creció Jesús como «el hijo del carpintero». «Llanura costera del Mediterráneo»: Esta se encuentra al oeste de Palestina. De norte a sur, la llanura se presenta casi en forma rectilínea desde el golfo de Alejandreta-en la sección noreste de la cuenca-, hasta Gaza y Rafia, donde gira hacia el oeste (Mapa 8). Cruza las costas de Siria, Líbano-antigua Fenicia-y Palestina. Por la costa, los límites naturales de Palestina lo señalan la desembocadura del río Leontes, en el norte, y del río de Egipto al sur: 340 km. de costa. Sus playas no incluyen ningún puerto natural de importancia; por esa razón los habitantes de esa sección de Palestina no desarrollaron vías marítimas de importancia, cosa que sí hicieron los fenicios, sus vecinos del norte. Durante la monarquía del Antiguo Testamento, el puerto principal estaba en Jafa (2 Cr 2.15; Jon 1.3). El monte Carmelo divide la región en dos secciones: el tramo norte es estrecho; el sur se ensancha y presenta tres llanuras: la de Dor, la de Sarón y la de Filistea. En esta última llanura se encuentran las cinco ciudades filisteas: Ecrón, Azoto, Ascalón, Gat y Gaza. La Región Sefela. Entre las montañas de Judá y la costa del Mediterráneo la Biblia identifica una región con el nombre de «Sefela» – término hebreo para «tierras bajas» -. Es una zona intermedia entre la llanura y la montaña, que incluye ciudades de importancia como Gezer, Bet-semes, Azeca, Maresá y Laquis. Su fertilidad (1 R 10.27; 2 Cr 1.15; 9.27) es proverbial, y su posición estratégica le dio celebridad. Es aquí donde se desarrolló la historia bíblica casi en su totalidad. Un escenario muy pequeño: de Jerusalén a Samaria sólo hay 55 km. de distancia. A pesar de sus limitaciones físicas, Palestina es una región de importancia múltiple. Desde comienzos de la historia ha jugado un papel protagónico en la vida política, comercial y cultural de la región. Tiene una superficie configurada por mares, ríos, montañas y valles. En sus terrenos se encuentran la tierra de Jericó – la ciudad más baja de toda la tierra -, que es quizás el asentamiento urbano más antiguo de la humanidad, y el Mar Muerto, que es el punto más profundo del globo terráqueo. En esa región tan pequeña, cada ciudad, cada monte y cada río tiene una potencialidad arqueológica de importancia. Y la evaluación e interpretación de los descubrimientos arqueológicos en Palestina han contribuido sustancialmente a una mejor comprensión de las culturas que vivieron en esos territorios. La ubicación geográfica de Palestina pone de manifiesto su importancia geopolítica. La región donde se llevaron a cabo muchos de los grandes acontecimientos descritos en la Biblia está situada en el punto de confluencia entre Eurasia y África, entre Oriente y Occidente, entre los valles del Nilo y el Río Éufrates.
Clima. El clima de Palestina está determinado por la posición geográfica, la configuración de la región y la proximidad al desierto. Aunque posee variedad en el clima, por lo general se reconocen en la región dos estaciones fundamentales: el invierno, con su temporada de lluvias; y el verano, que es un período de gran sequía. Las llamadas «lluvias tempranas» llegan en el otoño, y con ellas comienza el calendario agrícola. El período de mayor lluvias en Palestina se manifiesta desde diciembre hasta marzo; y las llamadas «lluvias tardías», tan importantes para la cosecha, se producen en abril y mayo (Jer 3.3; Am 4.7). Palestina está enclavada entre el mar y el desierto, y las lluvias se producen en el mar, desde el oeste de la región. La precipitación pluvial decrece de oeste a este, aunque ese efecto es aminorado por la altura de las montañas. La lluvia se precipita mayormente al oeste de la cordillera de Cisjordania y de Transjordania. La precipitación pluvial anual en la costa y en Jerusalén es de 24-26 pulgadas; en Meguido, 16, y al sur de Hebrón, 12. La temperatura en la costa durante los veranos es por lo general caliente, aunque en las montañas es más placentera. En la cordillera, como en Jerusalén, a veces cae nieve. Durante el verano es común ver incendios forestales. En el desierto, arden los cardos y la hierba en varios kilómetros, lo que hace que muchos animales salgan de sus madrigueras. Durante el año del oeste soplan vientos que, con la ayuda del mar, cumplen dos funciones importantes en la vida de Palestina. En el invierno, esos vientos húmedos provenientes del mar hacen contacto con las montañas frías y dejan caer su humedad, causando las lluvias invernales. En el verano, esos vientos vienen del noroeste y, por eso, son más secos. Al entrar en contacto con el calor del verano no se producen lluvias, pero sí una brisa fresca que reduce el calor del día. Al este del Jordán y al sur del Neguev está el desierto, donde es mínima la precipitación pluvial. En esa región los cambios bruscos de temperatura producen vientos cálidos y secos que pueden tener efectos devastadores para la agricultura palestina. De particular importancia son los vientos «sirocos», que se producen al comenzar el otoño y al finalizar la primavera. Los profetas de Israel identificaron esos vientos con la ira de Dios (Is 27.8; Ez 17.10; Os 13.15). El clima de Palestina hace de la región uno de los lugares más saludables del mundo. La temperatura promedio anual varía entre los 17º C. y 22º C. Los días más calientes no pasan de los 33oC, y el frío durante el invierno rara vez baja al punto de congelación. En febrero la temperatura promedio es de 8º C, sube a lo largo de marzo y abril, de 13oC a 16oC. Para mayo y junio la temperatura sube de 18oC a 25oC; en julio y agosto se mantiene cerca de los 27oC; en septiembre y octubre baja de 27oC a 22oC. Después de las lluvias de noviembre la temperatura baja casi a 17oC, y en diciembre llega a bajar hasta casi 11oC. Luego, en enero, debido a la nieve, los vientos fríos y el poco sol, la temperatura llega a bajar hasta 8º C. Esa variación de temperatura a lo largo del año ha hecho de los habitantes de Palestina personas sumamente adaptables y resistentes. Su contextura corporal es lo bastante elástica para resistir los cambios.
Flora y Fauna. La flora de Palestina puede brevemente listarse bajo tres grandes divisiones. Cereales: Trigo, cebada y mijo (millo). Frutas: Olivos, uvas, manzanas, almendros, granados, higos, moras, nueces, plátanos y naranjas. Árboles: Pinos, cedros, terebintos, robles, tamariscos, sicómoros, eucaliptos y palmeras. Algo similar se puede hacer con la fauna. Animales no domesticados: Leones, hienas, chacales, gacelas, jabalíes, lobos, zorros, osos, ciervos, corzos, escorpiones, langostas. Aves: cigüeñas, gavilanes, halcones, águilas, cuervos, perdices, palomas y tórtolas. Peces: se han contado hasta hoy 30 especies diferentes. Animales domésticos: ganado vacuno, bueyes, caballos, asnos, cerdos, ovejas, cabras, camellos.
Geografía Humana Y Económica. Desde la antigüedad hasta ahora, el país se ha ido empobreciendo por culpa del hombre. En épocas antiguas las zonas montañosas de ambos lados del Jordán fueron bosques que, debido a la deforestación, ya no existen. Esto ha provocado la erosión de sus suelos. De hecho, el país nunca fue rico. La economía del país es esencialmente pastoril y agrícola. La estepa y la montaña no le permitieron producir tanto para una población grande.
Población. En la primera parte del siglo VIII a.C. (época de prosperidad económica) había menos de 800.000 habitantes. La población del Reino del Norte no llegaba a 300.000 habitantes, y Judá era tres veces menor. Agregando la población de Amón, Moab y Edom, nunca llegaron a más de un millón de habitantes.
Tipos de oficio en la población. Los habitantes en su mayoría eran campesinos dedicados a la agricultura, sobre todo en la parte norte del país. Los cultivos de esta región eran trigo, cebada, olivos, uvas e higueras. Los habitantes de la parte sur eran pastores dedicados a la cría de ovejas y cabras, y poco ganado mayor. Las irregularidades físicas de la región (clima – relieve) producen en parte falta de unidad en la población. El terreno es muy quebrado (tiene elevaciones desde el nivel del mar hasta 1.000 m. de altura en una distancia de 25 km. ; esto se da constantemente a lo largo del territorio), por lo que ciudades y pueblos forjaron estilos de vida e intereses distintos.
Vías de comunicación. Por su ubicación entre las grandes civilizaciones que se desarrollaron entre los ríos Tigris – Éufrates y el Nilo, y por estar enclavada al sur de los reinos del Asia Menor, Palestina desempeñó un papel preponderante en la historia del Próximo Oriente Antiguo. En las caravanas de comerciantes y en los carros de guerra se transmitían valores culturales y comerciales que influyeron de forma destacada en la región. Esos intercambios culturales, comerciales y bélicos pusieron en contacto a los pueblos palestinos con sus vecinos del Próximo Oriente Antiguo. Las relaciones entre los pueblos se efectuaban a través de una serie de caminos, de los cuales se mencionan algunos en la Biblia. Desde el cuarto milenio a. C. fue importante la influencia de la cultura mesopotámica en Egipto. La ruta comercial entre estas culturas se conoce como «el camino de la tierra de los filisteos» (Ex 13.17); los egipcios lo llamaban «el camino de Horus». Comenzaba en Zilu, Egipto, y seguía cerca de la costa, a través del desierto, para llegar a Rafia, Gaza, Ascalón, Asdod y Jope; hacia el norte cruzaba el Carmelo, por Meguido, y llegaba a la llanura de Esdraelón; proseguía al norte, hacia Damasco, por el sur del antiguo lago Huleh, o al sur del Mar de Galilea. Otra ruta de importancia se conoce como «el camino de Shur» (Gen 16.7). Nace en el lago Timsah, en dirección de Cades-barnea, desde donde prosigue hacia el norte, a través del Néguev, para llegar a Beerseba, Hebrón, Jerusalén y Siquem; también llega a la llanura de Esdraelón. La tercera de las más importantes rutas comerciales que pasaban por Palestina es «el camino real» (Nm 20.17-21). Procedente de Egipto, cruzaba Ezión-geber, al norte del golfo de Akaba, pasaba por Edom y Moab, para subir por Transjordania y llegar a Damasco.
Ciudades. Las ciudades del Antiguo Testamento eran muy pequeñas y poco pobladas. Las ciudades importantes eran de unas cuantas hectáreas y algunos millares de habitantes. Otras poblaciones (en este caso, por sus características se les consideraría aldeas) medían menos de una hectárea y contaban con menos de mil habitantes. Jerusalén en Judá, y Samaria en Israel, eran ciudades de gran extensión, pero no contaban con más de 30.000 habitantes. Las ciudades se construían cerca de una fuente, o sobre una capa de agua subterránea. En cuanto a Palestina, las regiones más pobladas eran: el borde de la llanura de Esdraelón, la baja Galilea, la vertiente oeste de la montaña de Judéa, y la Sefela.
Cesaréa. bordeando la costa desde Tel Aviv es el Puerto de Cesaréa que en la época de Jesús y de María este era el puerto más importante de la región bajo dominio Romano. La construcción de esos días era monumental y fue erigida por Herodes el Grande. Su playa bañada de arenas doradas y regada con las aguas azules del Mediterráneo es de donde salieron María, José de Arimatea y otros discípulos de Jesús para llevar el Santo Grial símbolo de la Conciencia Crística predicada por Jesús y así llevar esta enseñanza por Europa y el mundo entero. Sabemos que luego pasarían por Gibraltar, Lourdes, Fátima y entre otros lugares, las costas de Bretaña. Todavía se oyen en el viento las voces de aquellos desconocidos cargando bolsas de alimentos, aparejos, redes y herramientas. En ese barco viajaría la Madre María con la Santa Copa iniciando la expansión de la enseñanza del Cristo por el planeta.
Nazaret. Es una pequeña ciudad enclavada en las montañas de Galilea al Noreste del país sitio de origen de la Madre María y si bien Jesús nació en Bethlehem Belén al Sur en la región de Judéa, este fue el lugar de su infancia, predica y muchos de sus milagros. La Basílica de la Anunciación de estilo neo – bizantino fue erigida sobre los restos de la casita donde María recibió la anunciación por el Arcángel Gabriel. La humildad y sencillez del lugar, conmueven e invade el amor de ese maravilloso ser que fue la madre del Maestro Jesús. Esta casa de piedra con columnas, era el estilo de vivienda que solo habitaban los ricos de aquellos tiempos ya que el resto de la población vivía en casas de madera y barro o simplemente vagaban por el desierto. Recordemos que aunque la historia se empeña a veces en mostrar la pobreza de María, ella era descendiente al igual que José del Rey David. Su padre Joaquín era sacerdote perteneciente a una familia rica pero humilde perfectamente de la mano. Recordemos que el arcángel vino a recordarle a María el compromiso asumido en los planos internos y así se transformó en un Ser que produce admiración y un inmenso amor. En este preciso lugar dio inicio a su tarea de traer a la encarnación al Maestro Jesús y sostenerle el Concepto Inmaculado hasta Su Ascensión. Esa energía se percibe en el ambiente y todo ser sensible puede atestiguarla. Al salir de la casa de María caminamos por un pequeño y florido jardín y casi sin saberlo estábamos en el Taller de José. Las escrituras dicen que el era constructor y no se refieren al término de carpintero específicamente. El lugar es muy apacible y no es difícil el imaginar como María y José que eran vecinos se enamoraron paseando por aquí.
Canaán de Galilea. A pocos kilómetros de Nazaret en dirección este se encuentra la famosa ciudad de Canaá, en la cual Jesús realizó uno de sus primeros milagros convirtiendo el agua en vino. Este hecho tiene como mensaje oculto que usando el poder de Dios dentro nuestro, del Cristo, podemos hacer el milagro de la alquimia divina de transformar nuestra vida rutinaria en la experiencia más maravillosa. Poco se sabe de los detalles de las Bodas, si eran familiares de la familia de Jesús y María, si eran amigos, o si ellos estaban por allí circunstancialmente. Donde hoy vemos una hermosa Iglesia Cristiana en aquellos tiempos estaba la Sinagoga del pueblo en la que se celebraban los esponsales según la tradición judía. Las fiestas se hacían en los salones laterales al Templo. Si tenemos en cuenta la técnica Pesher el vino representa un elixir espiritual que los Esenios reservaban solo a los iniciados y Jesús era Esenio.
Tiberíades. Entre la arena dorada la brisa suave mueve las palmeras todo parece una postal y se llega a un gran lago el de Tiberíades más conocido como el mar de Galilea extensión grande de agua en realidad lago y no un mar. La ciudad principal de estas riveras es Tiberías o Tiberíades desde hace muchos siglos ciudad de pescadores. El lago recibe las aguas del río Jordán que se origina en las Alturas del Golán al Norte del país en el límite con Siria y Jordania. El Jordán pasa por el Lago y sigue su curso en descenso hacia el sur para desembocar en el Mar Muerto en el desierto de Judéa marcando así la que actualmente es la frontera oriental que separa a Israel de Jordania. La vida de Jesús y sus amigos gira en torno a este mar porque ellos eran pescadores y recorrían estas colinas verdes y arboladas en su diario vivir. Montados en una barca el paisaje es el mismo que vieron sus ojos, el cielo es tan azul como el agua, las gaviotas sobrevuelan buscando las migas, hacia el Norte se divisan las montañas del Golán y las tierras del Líbano, hacia el Este Jordania y el Monte Nevo desde donde Moisés condujese al pueblo de Israel a la Tierra Prometida.
Tabgha. Jesús hablaba con sus amigos de todo lo que había aprendido de sus viajes de estudio en la India, Egipto y Grecia. En una de esas ocasiones en que les enseñaba se percató de que llegaba la hora de la comida y la gente era demasiada para pocos peces y menos panes. El número de gente y de panes y peces es variable según sea el Evangelio pero muchos de los estudiosos de las escrituras afirman que estas multiplicaciones se realizaron en varias ocasiones. Lo cierto es que El hizo el milagro y todos pudieron comer. Si retomamos la técnica Pesher sabremos que el alimento simboliza la enseñanza vital para la vida del alma y su multiplicación connota la expansión de la misma y el dársela al pueblo de forma abierta y abundante. Este punto nos ilustra las bases de la Oración Científica que nos enseñan tanto Emmet Fox como Conny Méndez: pedir con fe en que recibiremos y dar gracias de antemano a la manifestación física del milagro por venir. Hoy hay aquí un bella Iglesia Bizantina con bellos mosaicos alusivos al milagro. A pocos metros de este lugar más precisamente en Taghba, se encuentra la Iglesia del Primado de Pedro y en su interior la roca en que los apóstoles comían con Jesús cuando bajaba de sus barcas luego de un arduo día de trabajo. Desde aquí pasaban las tardes mirando como el mar mecía sus barcos a la luz del crepúsculo. Uno de esos atardeceres Jesús miró a Pedro y le dijo: “Simón, ahora serás Pedro (piedra) y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. La Piedra es la fe que debemos tener para construir lo que deseamos sobre bases sólidas.
Kafernahum. En aquellos días esta era la ciudad más importante de las costas del Mar de Galilea donde vivía Pedro. Actualmente hay una bella Iglesia que deja ver las ruinas de la casa a través de su piso de vidrio. Este era el mejor amigo de Jesús que vivía en su casa cuando frecuentaba esta zona para predicar. Lo hacía especialmente en la sinagoga de la cual sus restos son hoy los testigos de sus aventuras de sus anhelos de una vida distinta de la mano de Dios. Estamos bajo el sol de la mañana sentados sobre las piedras de la Antigua Sinagoga de Kafernahum. Jesús realizó aquí muchos milagros como la curación de la suegra de Pedro y la resurrección de la hija de Jairo entre otros.
Jerusalén. En el Parlamento de Israel se encuentra el gran candelabro de siete brazos o menoráh que simboliza todo lo séptuple del universo y es uno de los objetos rituales judíos. En el museo de Israel con área especial reservada se resguardan y exponen los Rollos del Mar Muerto sitio con medidas de control de humedad, luz y temperatura muy especiales ya que estos manuscritos de papiro, papel y metal, lo requieren para su conservación. El manuscrito en mejor estado es el Libro casi completo de Isaías cuyos originales van siendo rotados con copias a fines de su traducción y que los datos serán de un gran interés histórico y cultural. Es realmente imponente estar parados frente a tanta historia, los trazos que los Esenios inscribieran como testimonio de su saber. El Magníficat. La Biblia relata que es el lugar donde los niños saltaron de alegría en sus vientres cuando el encuentro entre María embarazada de Jesús y su prima Isabel de Juan el Bautista. Llegando a la cima de esta colina cercana al Monte de los Olivos se encuentra en el patio interior de una bella Iglesia Franciscana, la escultura que resalta las figuras de Santa Isabel y la Virgen María, embarazadas. Los Mosaicos del muro nos muestran una de las principales y más poderosas oraciones del cristianismo, el Magníficat escrita en muchos idiomas. Isabel era una mujer mayor y no podía tener hijos hasta que un ángel le anunciara el milagro. Así María le dijo; “Mi alma magnifica al Señor, mi Dios”. Esto originó una plegaria hermosa con un gran significado. Nosotros debemos magnificar oséa hacer grande, o darle poder solo a Dios dentro de nosotros, a nuestro Cristo Interno. Cuando magnificamos lo bueno, lo positivo, lo bonito, es cuando los milagros comienzan en nuestra vida. Al acceder las escaleras de piedra a la capilla superior, se encuentra ocupando todo el principal, la hermosa y moderna pintura de María con los brazos extendidos dando la bienvenida. Es una de las más bellas. Qué rostro, que expresión de amor en su gesto maternal. Benditos los hombres y mujeres que cuidan este sitio. La Maqueta de Jerusalén. Esta ciudad fue, es y será la ciudad más santa del mundo. Sin duda un punto energético tremendamente fuerte, objeto de continuas invasiones y conquistas, cuyos sus límites y distribución ha venido variando con el pasar del tiempo. En el parque de un lujoso hotel en la cima de un monte se encuentra esta completa maqueta de la ciudad. La escala es 1: 60 y tiene todos los elementos, actuales y anacrónicos. Se viaja en el tiempo y se entienden las distintas modificaciones que se realizaron al Templo principal en Monte Moriah, en las distintas murallas, la Fortaleza Antonia que hoy no existe y ha sido reemplazada por las estrechas callecitas de la ciudad plagadas de comercios, tantos detalles más. Se comprende cómo estaba constituida la ciudad en la época de la pasión de Jesús. La Gran Peregrinación. Se dice que todas las personas que van a Jerusalén, o específicamente “suben a Jerusalén”, lo hacen en peregrinación, palabra de connotación religiosa con el paso de los tiempos, que quiere decir viaje. Los acontecimientos históricos que aquí han sucedido se han envuelto con un manto sobrenatural y de misticismo muy lejanos a la realidad de los hechos. En la cima del Monte empieza la Gran Peregrinación. Bajando la ladera occidental del Monte de los Olivos, se llega a la Capilla de la Ascensión de Jesús. Cuando se estudia el texto de “Las Iniciaciones”, los grandes Maestros hablan mucho de la 5º iniciación ya que es allí donde tiene que estar la atención de la humanidad. Todo tiene una razón… En esta muy pequeña capillita de estilo neo-bizantino se encuentra la huella del pie de Jesús en la roca. Algo mueve nuestro interior, una energía que eleva. Posiblemente la gran radiación que emitió el cuerpo del Maestro en el momento de la impronta en la roca desnuda, perenne testimonio de aquél momento glorioso. Primero el silencio y luego manos y voces se unen al decreto de expansión de la Llama de la Ascensión para todo el planeta. Meditar y seguir el camino. En el descenso se llega a un paraje arbolado en el que Jesús se reunía con sus discípulos en medio de la caricia de la brisa de la montaña y el canto de los pájaros. Se entra en la Iglesia del Padre Nuestro, sitio donde Él regaló una plegaria que con el tiempo se transformó en la guía de conducta de todo ser humano. Los muros contienen mosaicos con la oración en todos los idiomas. Todos la rezan con el sentimiento de aquella primera vez. Pensar que estas palabras que tantas veces hemos repetido fueron enseñadas aquí. Más abajo se llega posiblemente a la vista ponorámica más bella de la ciudad, al Dominus Flevit “dónde Jesús lloró”, el lugar donde con lágrimas en Sus ojos miró y dijo: “Ay Jerusalén que apedreas a tus profetas, de cierto os digo: no quedará piedra sobre piedra”. Él lloró por Jerusalén a la que amaba al verla en una situación conflictiva. La Pequeña Iglesia tiene cúpula en forma de lágrima y detrás del altar hay un vidrio desde el que se divisa toda la ciudad para que la gente que allí reza, pida por su redención y paz definitiva. Bajando del Monte de los Olivos y antes de llegar al Valle del Cedrón está el Huerto de Getsemaní en el que Jesús fue entregado por Judas Iscariota con el beso de la traición. En una cueva hoy convertida en Iglesia, Jesús enseñaba a sus amigos. Sin este hecho que le valió a Judas su repudio y posterior suicidio, Jesús no hubiera tenido la oportunidad de ejercer el perdón y llegar así a la Ascensión. Muchas veces estas cosas son necesarias en nuestra vida para que podamos aplicar las enseñanzas que recibimos y así acercarnos a la meta final. Por ello la Madre María en uno de Sus discursos revela que Judas está ascendido y está con ellos. La prueba de Jesús está más que a la vista, pero puede haber sido esta la de Judas? Cuando tomamos conciencia de que todas las pruebas (Iniciaciones) o los pasos que dio el Maestro Jesús desde Su nacimiento hasta su muerte, son simbólicos de lo que cada uno de nosotros tendremos que pasar, este camino adquiere mayor relevancia y nos moviliza tremendamente. La Basílica de la Agonía plagada de bellos mosaicos bizantinos, conmemora el sitio donde Jesús pasara sus últimas horas antes de morir. Él sabe lo que le espera y como un hombre que es, tiene miedo y le habla a Dios diciéndole: “Padre, si es posible aparta de mí este cáliz: pero que se haga Tu Voluntad y no la mía”. Muchos de estos olivos que hoy vemos, son los mismos que Él miró en esos momentos que pasó en reflexión mientras caminaba por este lugar. Me vuelva a la memoria la figura del Gautama en meditación caminando del mismo modo por el parque lleno de árboles BO en Bodghaya donde alcanzó la iluminación. Cuantas veces estamos dolidos y temerosos por lo que nos espera, pero que noble es llevar la atención a Dios y decir ‘que se haga tu voluntad y no la mía”, haciendo lo que debemos y no lo que queremos hacer. Continua el peregrinaje, atravesamos por el Torrente del Cedrón tomando un estrecho sendero que asciende y lleva a la Basílica de San Pedro en Galli Cantus, (en latín “el canto del gallo” o “donde el gallo cantó”). Aquí Jesús de alguna manera se despide de Pedro y le dice que antes de que el gallo cante, lo habrá negado tres veces, y así fue. Sabemos que Pedro es la Fe expuesta por Jesús en la piedra de las riberas del mar de Galilea. Pedro niega a Jesús, pero se reivindica y se transforma en el motor principal de la expansión de la enseñanza y su llegada a Roma. Cuando fue perseguido por los romanos y estando en huida por la Vía Apia, Jesús se le presenta una vez más y le dice: “Quo vadis, domine”, “adónde vas, mi Señor”. Pedro cae a sus pies, recuerda su plan divino y regresa a cumplirlo enfrentando su suerte. Muchas veces llevamos la atención a las apariencias y presos del miedo negamos el Poder del Cristo, pero al igual que Pedro, la fe redime y apostando a ese Poder Interior retomamos la senda del pensamiento positivo y volvemos a ejercer el dominio de nuestras vidas. En el camino encontramos los restos del Palacio de Caifás y entramos a la que se cree que fue la habitación donde Jesús pasó Sus últimas horas. Golpeado, hambriento y en la más completa oscuridad soportando el maltrato y la burla de los soldados. En el medio de un amplio parque rodeado de jardines, se encuentra la Casa de Santa Ana y San Joaquín. Aquí María pasó muchos momentos de Su infancia. Cerca de allí está la Piscina de Bethesda en la que se produjeran tantas curaciones milagrosas. Los textos sagrados relatan que el mismo Arcángel Rafael batía las aguas y las cargaba con la curación, sanando al que allí se bañaba. Fue aquí también donde el propio Jesús curara a mucha gente por lo que es sin duda un pulsante foco del Rayo Verde para la Tierra. A pocos pasos de aquí esta la Tumba de María. Penetramos en la Iglesia y al descender a la gruta nos encontramos con un lugar iluminado por cientos de lámparas de aceite que le dan un viso oriental. Respetuosamente pedimos permiso a los sacerdotes que cuidan la tumba y uno a uno penetramos en el sepulcro de piedra. De este sitio los ángeles tomaron el cuerpo de María y se lo llevaron a los cielos dejando rosas blancas en su lecho. Qué maravilloso es hollar Tierra Santa y recorrer aquellos lugares de que tanto se nos ha hablado. Estos sitios están aquí, vivos, pulsantes. ¡Gracias al Padre por esta oportunidad!. El vía crucis. El camino que recorrió Jesús con la cruz desde la fortaleza Antonia, donde fue condenado a muerte, hasta el Santo Sepulcro, es el Vía Crucis o el Camino de la Cruz y también es llamado Vía Dolorosa. Este es el momento más alto de la peregrinación. Han pasado más de 2000 años de estos hechos. La ciudad ha crecido y se ha construido piedra sobre piedra, templo sobre templo con el transcurso de las sucesivas invasiones de los distintos pueblos. Sin embargo, hay tramos originales de aquellos tiempos que hoy pueden verse. La calle romana que Jesús pisó ante nosotros. A veces debemos descender por angostos túneles que recuerdan las Catacumbas en Roma, otras entrar en templos residencias, lo cierto es que vamos tras Sus pasos con todo amor y respeto. Cada una de las estaciones está señalada de alguna manera en las calles de la Jerusalén actual. La mayoría de estas estaciones están recordadas con un Templo, Iglesia, Monasterio o Capilla. Nos detenemos en cada lugar y la energía invade. Hay silencio y reflexión y en cada paso que damos se produce dentro nuestro una mezcla de las más variadas sensaciones. Dentro nuestro está Jesús y afuera transcurre una tarde más en la vida de la ciudad bulliciosa. Entendemos que esto es algo que en algún momento uno debe hacer. Venir hasta aquí y caminar sobre los últimos pasos de Jesús es algo que difícilmente pueda ser expresado en palabras. Lugar donde la Madre María pasó las tres horas de la Crucifixión de Jesús Transitar los últimos pasos de Jesús y conocer las terribles torturas a la que fue sometido, conmueven a cualquiera. El ha representado con su vida todos los pasos que debemos pasar hasta crucificar (equilibrar) nuestra personalidad para que la Luz del Cristo pueda surgir y mostrar el hombre nuevo en que debemos convertirnos. Estar en el Calvario frente a donde estuvo Jesús clavado en la cruz, es muy fuerte y mueve muchas cosas que como cristianos, llevamos por dentro. Al entrar al Santo Sepulcro debemos morir a lo negativo y sepultar el odio, la división, la mediocridad, para finalmente resucitar al amor verdadero, el de los actos, y a todas las cosas buenas y bellas que hay en el mundo. Belén, un regalo de Navidad. El símbolo de la Navidad nos recuerda que en esa gruta oscura que es nuestro corazón, un día nace la luz, nace nuestro Principio Divino Interior al que conocemos como Cristo Interno. Así comienza el milagro de la verdadera existencia en la Conciencia de Ser Dios. Belén y a la Gruta de la Natividad donde nació Jesús. Belén es prácticamente un barrio alejado, en las afueras de Jerusalén y con el crecimiento demográfico, están prácticamente pegadas. La Iglesia de la Natividad. Es completamente de noche. Son más de las 5:00 de la tarde y la iglesia está cerrada, pero los frailes franciscanos abren con una dulce sonrisa. Para entrar al lugar hay que pasar por una puerta bajita en la roca llamada “el ojo de la aguja”. Hay que agachar la cabeza rindiendo el orgullo de la personalidad al nacimiento del Cristo. La cueva es oscura de roca negra. Lugar precioso iluminado por numerosas lámparas de aceite. Se encienden algunas luces y se puede dimensionar lo pequeño del lugar. ¡Allí está la estrella de plata que señala el preciso sitio del nacimiento! ¡Qué alegría, estamos aquí!. Abrazo y beso para este sagrado lugar. La estrella es en verdad magnética. Emocionado se siente mucho calor. Hay conexión con el momento cósmico del nacimiento del Maestro Jesús y se proyecta esa energía maravillosa en decretos de paz y prosperidad por Belén, Israel y el mundo entero. Esta gruta a estado a oscuras por mucho tiempo y esta noche se ha encendido la luz. ¡Gracias Padre! Se agradece a los sacerdotes y lentamente se deja el lugar mirando atrás una y otra vez. Es como si los ojos se esforzaran por grabar en sus retinas hasta el último momento. La luz del Cristo que nació aquí hace 2000 años es algo que el propio Jesús enseño que se enciende desde adentro, desde la conciencia y no en un plano material. El Monte Sión. Es de mañana ya de vuelta en Jerusalén estamos en las alturas del Monte Sión que es otra de las colinas importantes que conforman la ciudad. Fuimos a visitar la Tumba del Rey David ya que es este lugar donde él fundó Su ciudad y aquí habitaba. Este rey es uno del personajes más queridos y respetados por el pueblo judío y la hermosa sinagoga que da el marco a su sepulcro es una prueba de ello. La gran roca sobre la tumba está cubierta con un hermoso terciopelo azul con símbolos judíos entre los que se destacan la estrella de 6 puntas o Estrella de David. Es el sitio donde bajó el Espíritu Santo en Pentecostés. En el 2º piso en este mismo edificio se encuentra el Cenáculo, sitio de la última cena de Jesús con sus discípulos. La habitación tiene columnas de piedra que delinean nervaduras para finalizar en arcos ojivales. Calmada y silenciosamente se percibe lo hermoso del lugar. Aquí fue el descenso del Espíritu Santo como lenguas de fuego en Pentecostés. Por ello este es un enclave del Espíritu Santo. Abadía de la Dormición. En este lugar María murió, pero la tradición dice que Ella sencillamente se fue quedando dormida hasta que Su alma dejó Su delicado cuerpo. En una gruta debajo de la Iglesia hay una estatua tamaño natural de María durmiendo. Su rostro es casi tan apacible como la atmósfera que rodea el lugar. El Muro de los Lamentos. En un recodo del camino se abre el famoso Muro de los Lamentos que corresponde a la pared occidental de contención de la explanada del Templo de Jerusalén donde está la Mezquita de la Roca con su cúpula dorada. Vale la pena aclarar que este Monte del Templo o Monte Moriah es el más importante de Jerusalén y es el centro-eje de la ciudad. Alrededor de él se construyó la ciudad que hoy vemos. En sus cuatro laderas se construyeron murallas de contención que hizo las veces de caja que luego se rellenara para formar la explanada o cimiento del tercer Templo de Salomón, el que conocieron Jesús y María, construido por Herodes. Con el paso del tiempo y las invasiones, el Templo se ha construido y destruido varias veces. Algunas murallas están en ruinas y esta, la occidental es la más completa de todas. Esto es lo que se conoce como el Muro de los Lamentos. Actualmente miles de judíos llegan diariamente a orar y dejan sus papelitos con pedidos entre sus piedras. Ataviados con gran variedad de curiosos atuendos, se acercan a él y pasan horas orando, leyendo sus textos sagrados y recitando bellos cánticos. Al rezar en el Muro, lo hacen con dirección a lo que era el Santo Sanctorum del Templo de Salomón donde está la Roca de Abraham. Este lugar sagrado no podía ser pisado por ningún judío y solo el Sumo Sacerdote entraba allí una vez por año. Se calza el kipá (pequeño sombrerito semicircular que cubre la coronilla) y se adentra al Muro que tiene su lugar para los hombres y las mujeres por separado. En el muro se colocan manos y frente en él. Gran energía, el Muro vibra, está pulsante como vivo. Tantos miles de años de plegarias han cargado de una gran radiación a estas piedras. Es la última tarde en Jerusalén sin explicaciones ni guías, se vive la ciudad, respirar su aire y llevarse la magia puesta como un traje invisible, envuelve el alma. Familiar es el bullicio de las calles, con tumultos y jóvenes cargando grandes ametralladoras como si se tratara de mochilas escolares. El ritmo alocado del mercado, el olor de las especias, el incienso mezclado en el aire y los niños corriendo por allí, callecitas angostas invitan a caminar sin rumbo. El Barrio Judío y luego por el Barrio Cristiano. Se escucha música y palabras en árabe mezcladas con hebreo, murmullo que es arrullo. Sin pensarlo se llega al Santo Sepulcro. Es, sin dudas el sitio más magnético y más representativo de toda la ciudad. El lugar está casi desierto. Subimos al Gólgota y entramos al Sepulcro. El tiempo se esfuma. Se respira los electrones del Amado Jesús.
Betania. Llegando a Jerusalén se comienza el ascenso del Monte de los Olivos. En su ladera oriental se encuentra la pequeña población de Betania lugar conocido ya que aquí se encuentra la casa de Marta y María, amigas de Jesús y Su madre y es el sitio donde fue sepultado Lázaro tumba labrada en la roca de donde el Maestro Jesús lo volviera a la vida. A pocos metros se observa la pequeña casita, en la cual hoy funciona un bar, que dicen que fue el Hogar de la Virgen María cuando habitaba en este paraje. Al llegar a la cima del Monte de los Olivos se ven las murallas iluminadas de la mágica ciudad de Jerusalén.
La vida en Palestina. La vida de los hebreos giraba en torno al hogar (Dt 6.4-9). Ellos se organizaban en aldeas, pueblos y ciudades. En las zonas montañosas las casas se construían con roca caliza gris, dándoles forma cuadrada o cuadrangular. Pero en los valles, las casas eran de adobe cocido al sol. En los techos se almacenaban alimentos, y sobre ellos se encontraba la azotea, considerada como el lugar más fresco y con mejor vista (Mt 10.27). Era el sitio adecuado para alojar a los visitantes (Hch 10.9). Los pobres vivían en casas de un solo aposento. En general, las casas eran acogedoras y frescas, aunque escaseaba el agua. Los pobres se sentaban y dormían en esteras, y se alumbraban con lámparas de aceite (Lc 15.8). Los ricos dormían en camas, comían en mesas, y contaban con servidumbre. Por lo general, las mujeres esquilaban la lana de las ovejas del rebaño familiar (Pr 31.13). Se empleaba la lana en la confección de ropa. Los que contaban con plantas de lino se dedicaban a la fabricación de vestidos de ese material. El lino y la lana se usaban para hacer la ropa de los bebés, los cuales dormían en una cuna de madera que colgaba del techo de la casa. Antes de acostar al niño, la madre lo frotaba con sal en polvo y hojas de mirto. La ropa dependía del clima y de la condición social. La gente vestía con mantos largos y holgados. Los más ricos se vestían de lino y lana fina (Ez 34.3). Pero en general se usaba delantal, manto y una túnica blanca que, en el caso de los hombres, llegaba hasta la rodilla, y en el de las mujeres, hasta los tobillos. Los hombres usaban un paño blanco sobre la cabeza, atado con una cuerda de pelo de camello. A la cintura se ataban una especie de cartera, que venía unida al cinturón. Las mujeres vestían igual que los hombres, salvo por la presencia de un velo a color que se podía trenzar con el cabello. Sobre las vestiduras se solía echar una capa, que en las noches frías servía de frazada (2 Ti 4.13). Las ropas, por lo general, eran de dos piezas cosidas; sin embargo, como el caso de la túnica de Cristo, había ropas de una sola pieza y sin costuras, pero eso era un caso excepcional dentro de las costumbres judías (Jn 19.22-24). En su mayoría, los judíos andaban descalzos. Para caminatas muy largas se usaban sandalias, que no eran más que un cuero atado al tobillo y cruzado en dos dedos (Is 5.27; Mc 6.9). Hombres y mujeres usaban aceites y perfumes. Algunas personas acostumbraban llevar perfume en pequeños frasquitos hechos de piedras preciosas, los cuales se ataban al cuello (Mt 26.7; Mc 14.3). La agricultura era la labor más importante. En el otoño se hacían las eras con el arado y se lanzaban las semillas. Con las lluvias de la primavera se daba la cosecha. La paja se separaba del grano usando bueyes que desgranaban lo cosechado, costumbre conocida en la Biblia como «trillar» (Dt 25.4; 2 S 17.19; 1 Co 9.10). En las tardes se aventaba el grano y volaba la paja; luego ésta era llevada al horno casero (Sal 1.4; Is 47.14; Jer 13.24). El grano se medía, y se empacaba o se almacenaba. Palestina producía uvas, higos, aceitunas, lentejas, frijoles, pepinos, ajos, cebollas, trigo y mostaza. El oficio de pescador no era muy gratificante: lo que se pescaba, se vendía; y si no, se salaba. Los israelitas no desarrollaron mucho la pesca, excepto en ríos y lagos, principalmente en el lago de Galilea. Puede ser que los Zebedeos y Simón Pedro usaran el tercer método de pesca de los judíos: la red de arrastre, con flotadores y lastre, y una serie de redes en dirección vertical que se estrechan hasta lograr la pesca (Jn 21.8; cf. Mt 4.8; Mc 1.16). Se acostumbraba comer los pescados ahumados y salados, junto con el pan (Jn 21.9). A veces se envolvían en una masa de trigo y se asaban. Era la comida favorita. La vida del pastor de ovejas era más sacrificada. Todas las noches debía contar las ovejas, e incluso dormía en la puerta del corral para cuidar el rebaño de las acechanzas nocturnas de chacales, leones, lobos y zorros (1 S 17.34-37). El pastor cuidaba a la vez sus ovejas y sus cabras. Ambas daban carne, leche y material para abrigos, aunque las ovejas eran más apreciadas. Dentro de la sociedad judía ocuparon importancia los artesanos, pues de ellos procedían arados, cribas, vasijas, pieles, sandalias y vestidos. Se reunían a vender en las plazas. Estos eran precisamente los lugares públicos de mayor concentración popular (2 Cr 32.6; Neh 8.1; Pr 1.20; Lc 14.21; Hch 17.17). Palestina contó con alfareros, curtidores y carpinteros. José y Jesús fueron carpinteros (Mt 13.55). La vida matrimonial era un deber. Los matrimonios eran arreglados por los padres (Gen 24.1-67). Un intercambio de regalos era señal de compromiso. El día de la boda, la novia esperaba que el novio fuera a visitarla. Los parientes contemplaban cómo la amada era conducida hacia el nuevo hogar. A veces las fiestas nupciales duraban más de una semana. Se estimaba una calamidad si faltaban los hijos; la felicidad era proporcional al número de la descendencia. Se circuncidaba al varón a los ocho días de nacido y, si era el primogénito, los padres debían ofrecer el sacrificio correspondiente (Nm 3.13; Lc 23-24). El destete se daba a los tres años. Las fiestas anuales eran clave para la vida religiosa del pueblo. En ellas se recordaba el favor de Dios hacia su pueblo elegido. La más importante era la fiesta de la Pascua, que celebraba la salida de Egipto (Ex 12.11; Mt 26.2). Otras fiestas eran: las de las Semanas o de Pentecostés, al inicio de las cosechas (1 Co 16.8); la de los Tabernáculos, durante la cosecha (Jn 7.2); la de la expiación, o de Purim, que festeja la liberación de los judíos en tiempos de Ester (Est 9.1-32). Los fieles debían ir al templo tres veces al año. Salvo situaciones especiales, sólo se asistía una vez. El sábado era día de reposo dedicado a honrar y agradecer a Dios su favor (Ex 20.8; 31.13). De esta manera, la vida israelita gravitaba alrededor de la presencia de Dios y de un especial reconocimiento hacia él. Serían estos elementos, en efecto, también retomados por la vida cristiana.
ISRAEL. Es un país pequeño todo está cerca. Los mares como figura en los textos sagrados son lagos y las montañas pequeñas colinas. Desde los tiempos de Moisés estas tierras estaban ocupadas en su gran mayoría, por los palestinos y judíos. Los que viven en zona geográfica Palestina se los llama Palestinos. Hebreo es el nombre que se les da a los primeros pobladores no árabes descendientes de Abraham el pueblo Ivrin. También esta es la denominación de su idioma. Luego de la prisión en Egipto, se les comienza a llamar Israelitas, palabra derivada de Isis, Ra y El. Judíos son aquellos que descienden de una de las doce tribus de Israel descendientes de Jacob que no se extinguieron y que eran los hebreos que vivían en la región de Judéa y de allí su denominación. Judíos es el nombre más común para denominar al pueblo de Israel o antiguos hebreos, y a su religión, el judaísmo. En esta tierra se originaron tres religiones muy importantes descendientes de Abraham. El Islam, el Judaísmo y como derivación de esta última, el Cristianismo. La mayor parte de la vida de Jesús y María transcurrió en estas tierras en puntos muy cercanos los unos de los otros razón por la cual sumados los acontecimientos del Antiguo Testamento, tenemos gran cantidad de hechos y personajes actuando en un espacio reducido. Posiblemente debido al gran amor de la humanidad por los grandes hechos que escribieran estas historias tendemos a magnificar estos sitios que en realidad son más pequeños no menos importantes y trascendentes de lo que nos podemos imaginar. Todos estos sitios han sido objeto de sucesivas invasiones de árabes, romanas, turcas y cristianas por lo que estos puntos son un verdadero mosaico de culturas y creencias. Además, han pasado más de 2000 años, las ciudades han evolucionado y lo que antes era campo hoy es ciudad en las que encontramos calles sobre calles y templo sobre templo.

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