Jesús y los Esenios


ENCUENTRO DE JESÚS CON LOS ESENIOS. Muchos de nosotros mencionamos a los Esenios, pero ¿Qué hizo Jesús de los trece a los treinta años? Los Evangelios no dicen de ello una palabra. Existe ahí una intencionada laguna y un profundo misterio porque todo profeta por grande o pequeño que sea necesita pasar por la Iniciación. Los evangelistas guardaron absoluto silencio sobre la Iniciación del maestro Jesús porque así convenía a la humanidad profana. Los Esenios no son mencionados ni en la Biblia ni en la literatura rabínica. Los teósofos de la antigüedad y de nuestro tiempo afirman que sólo los Esenios podían Iniciar al Maestro Jesús. La Comunidad Esenia que era budista Magi pitagórica con cultos ocultos eremíticos egipcios, acogió a Juan el Bautista y a Jesús de Nazaret durante un largo periodo de su vida. Parece evidente que conoció profundamente esta secta y sus ideas, ya que algunas de ellas serán troncales en sus discursos posteriores. Jesús de Nazaret y su primo Juan Bautista fueron Esenios que conocieron las tradiciones orales y escritas sobre Moisés, Ezequiel, Daniel y otros. Ernest Renán hizo la especulación más equilibrada sobre las relaciones entre los Esenios, Juan, Jesús y los primeros cristianos y sus ideas tuvieron gran influencia en la imagen de la Cristiandad primitiva en la mayoría de los socialistas radicales. Según la costumbre, el rabino reunía a los niños de la aldea en la sinagoga y les hacía repetir cadenciosamente los Proverbios ancestrales. En el ritmo de aquellas sesiones Jesús acogió las máximas del judaísmo con palabras moldeadas para la fe cuyo sentido reformaría invariablemente su mente inquieta a medida que maduraba. De todas las enseñanzas que recibió en aquella época los preceptos de Jil-El de Babilonia le dejaron la más profunda huella. Un día en que el cierzo rechinaba en las casas, un ser añoso y exaltado se cobijó en Nazaret. Halló refugio entre las paredes de la sinagoga y se sostuvo con el pan que le llevaron los nazarenos. Retribuyó la hospitalidad que le brindaron declamando para los niños los aforismos de Jil-El su gran mentor: No juzgues al prójimo sin ponerte en su lugar. No le hagas a tu hermano aquello que te ofende a ti. Te ahogan porque has ahogado y quienes te ahogan serán ahogados a su vez. Si engrandeces tu nombre lo destruyes. Pasaron los años. El eco de las intensas reflexiones que Jesús había oído de los labios arrugados del viejo asceta tintineaba en su mente como verdades. Jesús crecía. El cabello claro de la niñez se le ensombrecía y la pelusa le brotaba por la cara. Sus ojos conservaron la expresión clara y apacible. El tono encarnado de sus cachetes jamás se disipó. Las manos se le habían hecho grandes y vigorosas a fuerza de trabajar la madera en el taller de su padre; como él, era callado y animoso para la labor, constantemente profundizando sus conocimientos del oficio, siempre dispuesto a mejorar sus cortes, muescas, acepilladura y ensamblaje con clavos. Durante varios años, se inclinó ante maderos rústicos configurando vigas para las casas de Nazaret y bancos, sillas, mesas, pizarras y utensilios de madera para los comerciantes greco – parlantes de Tiberíades y Cesaréa del Mar. Muchas veces a Jesús le venían deseos de salir solo por las afueras de Nazaret. Le gustaba mojarse los pies en el rocío, retozar con su sombra ó contemplar los últimos reflejos de la tarde en la llanura de Esdrelón. Vivía embelesado en el silencio de la gran explanada cuyo horizonte cierran las montañas. Durante aquellos paseos concebía lo que no había existido ó sucedido jamás sin confiarle sus sueños a nadie. Cada vez que la tormenta bullía tras las montañas, recordaba su viaje a Jerusalén y las bellísimas mujeres que había descubierto en el banquete de Coponio. Después de conocer Jerusalén se apagó en el niño el lucero de la inocencia. El mundo del adolescente se pobló de demonios impíos ocultos en el corazón de cada ser humano. Le disgustaban ya las obras de los hombres. Un día, mientras andaba en las pompas de la espesura contemplando las grietas de sombra por unos riscos, lo asaltó un entendimiento que se creó a sí mismo y se entreveró en su mente para siempre: Belcebú reina entre los hombres: la vida hiede a diablo.” Un soplo repentino había disipado las nieblas de su mente. Con reservada indignación descubrió que la vileza labraba aras por el mundo. Vio al hombre honrar la ambición desbocada y postrarse ante las imágenes del diablo. Jesús maduró sus sueños y sus visiones por las piedras donde rugen las aguas y por los campos de abrojos perfumados de violetas silvestres. Buscó el conocimiento Divino dentro y fuera de sí mismo. Y aunque jamás lo confesara, desde aquellos días se estremeció abrumado por dudas sobre el Supremo Creador: por eso nunca pudo decir cómo sentía a Dios. Una mañana, Jesús caminaba al mar y gozaba hundiendo los pies en la espuma de las olas mientras se encrespan y baten las arenas. Halló en su camino a unos hombres macilentos y cubiertos de llagas que iban descalzos, vestidos con harapos. Se detuvo sobre un rompiente de la costa a saludarlos: No los reconozco hermanos. ¿Me pueden decir de qué nación proceden? Somos Esenios del oriente del Jordán le respondió un anciano. Vamos al monte Carmelo después de haber ayunado cuarenta días en el desierto de Judea. ¿Por qué han hecho tal cosa? Así le imploramos a Yahvé que se apiade de Israel. ¿Le aguardan muchas calamidades a Israel? Indefectiblemente las habrá hasta para quienes hablan Arameo y viven en Galilea como tú. ¿No tienen mujeres? Inquirió Jesús, volteándose hacia las encrespadas olas que agitaban la arena mientras pensaba en María de Magdala. Vivimos en comunidades de hombres célibes le aclaró el anciano. Buscamos la verdad privándonos de los placeres de la carne. Somos hijos de la Luz. ¿Por qué andan tan faltos de alimento y de ropa? Manifestó: En la contextura de la frugalidad hallamos la abundancia de todas las cosas. Qué modestos. El deseo de sobresalir engendra hostilidad y rompe la afinidad natural de los hombres. El anciano se le acercó a Jesús tocándolo con su magra mano mientras hablaba: Si alguna vez deseas visitarnos ven a las cavernas del este del río Jordán. Allá criamos e instruimos a los niños. Les explicamos las Escrituras sin considerar los preceptos y los razonamientos de fariseos, saduceos y de todos aquellos que compendiaron el Talmud e interpretaron los mitos de Israel. Les enseñamos que el objeto de la ley de Moisés es la justicia y que para conocer a Yahvé hay que sentirlo en el corazón. ¿Pueden acaso los niños sentir la presencia de Dios? Claro que sí. Nuestros pequeños discípulos curan a los tísicos y a los poseídos por los demonios. ¿Cómo lo hacen? Por inmersión en los arroyos y en los pozos de Transjordania. He oído hablar de curas por inmersión, pero no puedo dar fe de ninguna. Escúchame, Galileo: Sigue la voz de los ríos y las fuentes, sin reverenciar jamás el destello del altar de los sacrificios; no quemes víctimas en Jerusalén ni envíes ofrendas al Templo. Dios antepondrá siempre al que alimenta al pobre sobre el que sostiene al sacerdote voraz. Creo que tienes razón. Todos los hombres, somos hermanos. Sin embargo, los hombres del Templo consideran a los demás siervos y esclavos de la religión. Tus palabras zumban verdades, viejo. Desde que visité Jerusalén, hace algún tiempo, he sospechado que en el Templo se ampara tanto el hombre desnaturalizado como el aficionado al privilegio. Lamentablemente, mi familia y mis amigos se escandalizan si lo comento. ¡Cuídate de los hombres del Templo, muchacho! En Jerusalén, es mejor no contradecirlos porque son tiránicos y tienen inclinaciones criminales. Cuando nos hallamos entre ellos, nos vemos obligados a ocultar o hasta negar nuestra fe con los labios… pero la guardamos en el corazón. Que Dios guarde a los Esenios. Somos pequeños, como la semilla de la mostaza, pero capaces de dar un arbusto frondoso. ¿Y qué esperan del porvenir? Cuando los hombres renuncien al mal y aprendan a perdonar, manará leche y miel en la tierra de Abraham. Que Dios los proteja, Esenios se despidió Jesús. Jesús siguió su camino. Casi involuntariamente, se volteó varias veces a ver cómo los Esenios desaparecían por la ladera del monte Carmelo.
Jesús: Iniciado De Los Esenios. La penumbra del Monasterio hace un aspecto lúgubre y misterioso, muy lejano al bello templo del bosque en donde Merlín habitara con sus discípulos. Aquí, la humedad y el frío marcan una fuerte desolación muy lejana al cobijo de los árboles. Merlín se encuentra platicando con el fraile que les ha dado posada. Han estado ya en ese lugar por tres días, tiempo en que les ha permitido compartir en hermandad con este viejo fraile. Una experiencia muy lucrativa para todos ya que este hombre noble ha compartido los conocimientos de su región con Merlín en gran fraternidad, muy lejano a los clérigos de Gales. Pergo comenta: Cuando Jesús estuvo predicando, habló de una Enseñanza de Amor, de Hermandad y el Primer Mandamiento que él pidió al hombre para el acercamiento con Dios, fue el de amarnos los unos a los otros, como Dios nos ama y sin embargo pareciera el Principio más difícil e inalcanzable para el hombre. Precisa: Heme aquí sólo en este inmenso Monasterio. ¡Se fueron mis hermanos! No diré las causas porque no corresponde a mí juzgarlos, pero es cierto que no amamos lo suficiente para alcanzar a Dios como Jesús lo logró. Merlín le pregunta: ¿Y cómo es que este hombre fue crucificado? Le responde: La traición, mi Hermano, de uno de sus discípulos, provocó que le encarcelaran pero no les fue suficiente. ¡El miedo que le tenían a su Poder era tal, que solamente viéndolo muerto podrían estar seguros de sus vidas! Él hablaba de la Verdad, de Despertar el Dios, de Perdonar para poder vivir la Gloria del Cielo. Era tal su Poder que sanaba a las personas con solo tocarlas. De los escritos que se han revelado sobre la vida de Jesús, ¡son milagro tras milagro de sanación! Y él marcaba mucho: ‘Yo soy la Verdad y la Verdad os hará libres”. Merlín al escuchar esta frase siente escalofrío por todo su cuerpo: “Yo Soy”: ¡La misma Enseñanza del Ser Interno! interroga, entonces al fraile: ¿Y cómo les enseñaba este hombre llamado Jesús a sus discípulos? Le responde: Les enseñó a través de parábolas, historia y oración. El Iniciado pregunta: ¡Y esos doce discípulos! ¿Por qué eran doce y por qué no eran más? El clérigo dice: Se cree que escogió a doce como una representación simbólica de las Doce Tribus de Judá, que son los representantes del Pueblo de Dios. Merlín le pregunta: ¿Y uno, representante de ese pueblo, le traicionó entonces? Le dice: ¡Así es, mi hermano! Reflexiona el fraile Pergo: Es curioso: De las Doce Tribus de Judá, una se perdió, ¡no se sabe nada de ella! Merlín concede la posibilidad de que tal vez le traicionó también a tu Dios. ¿Qué pasó con los once restantes? Informa: Ellos lucharon por sembrar la Palabra de Dios como Jesús les indicó y partieron a tierras lejanas y en Roma establecieron la Cabeza del Cristianismo. El Iniciado pregunta: ¿Y él usaba las armas para predicar su Enseñanza? El fraile se sorprende y responde: ¡No! Cuando a él le arrestaron, sus seguidores trataron de defenderlo con armas, sin embargo él no lo permitió. El pueblo cuando le vio arrestado y destruido, se enojó mucho en contra de él, porque esperaban un líder que les guiara a la lucha para liberarse de nuestro pueblo romano. Prosigue: Aprovechándose de esta furia, manipularon que el mismo pueblo lo sentenciara al sacrificio. Ellos esperaban un Mesías que vendría a salvarlos del yugo de la esclavitud con el levantamiento de las armas pero no fue así: Jesús era un Soldado de Dios con una Espada de Amor en el Nombre de Dios. Merlín le pregunta: Bueno, si él les habla de una Enseñanza de Amor, ¿por qué usan el estandarte de su muerte y levantan las armas en contra de los pobres y con ella, el nombre de Dios, buscan el poder de los pueblos y obligan a las voluntades, se conviertan en sus seguidores? El fraile Pergo le responde: En realidad, yo nunca he estado de acuerdo con eso. Es por ello que os digo que ese Mandamiento de amarnos los unos a los otros, se ha vuelto el más inalcanzable. Substituyeron la Espada de amor por una espada de filo, de hierro. En realidad, ignoro en qué momento se revirtieron estos papeles, pero el poder, la ambición, la avaricia en el hombre es más fuerte que el amor. Indica: “Por eso estoy aquí, ¡sólo en este gran monasterio! Por eso no deben de temer el estar aquí conmigo. No todos usamos la misma espada. Yo busco acercarme a los aldeanos para darles ayuda espiritual. Aquí es pobreza y sufrimiento. Y así yo quiero crecer, ¡cómo Jesús lo hizo: Amando a mis hermanos! Me excluyen siempre, porque conocen mi pensamiento. Señala que aquí, en este lugar, vivo contento y en paz. Pero, ahora, dime ¿cómo es que tú te involucraste en el Conocimiento de Dios? Merlín aspira profundo y sereno comienza su disertación: Mi maestro, un hombre muy sabio, desde muy pequeño me recogió y me dio su amor como un padre. Él practicó la misma Enseñanza del Amor y el Perdón. ¡Enseñanza que recibió de los Esenios y la misma que me otorgó! Al fraile le dio gusto al escuchar esto: “¡De los Esenios, has dicho!” Merlín expresa: ¡Sí! Él recibió la Enseñanza más antigua de la Creación. El fraile ataja. Pero sí es la misma que recibió Jesús cuando niño. ¡Él desapareció a los doce años y se cree que fue cuando él recibió la Enseñanza en los Templos Esenios! Pero esto, no lo aceptan. Menciona que “cada vez que se estudia un aspecto de la vida de Jesús, se dejan muchos velos obscuros para que así no cualquiera pueda entrar al Conocimiento. También por eso estoy aquí; yo soy historiador e investigaba la vida de Cristo, en las piedras, en los caminos, en las cuevas, en todo lugar por dónde él pasó. “¿Qué sucedió entonces?, Pregunta el Mago Merlín a lo que le explica: “Descubrí grandes cosas pero me quitaron cuando afirmé que Jesús estuvo con los Esenios. Uno de los Reyes Magos, como ya te había platicado antes de ellos, Melchor, era un Iniciado de los Esenios y vino en su busca en la edad adecuada para entregarle los Principios de la Enseñanza. El fraile sostiene que ese Rey Mago llevó con él a Jesús, empero, no entiendo por qué no aceptaron este escrito. ¡Lo destruyeron! Y me enviaron a las Cruzadas y aquí me tienen, esperando la hora en que me inviten a ir a su Reino. Merlín confirmaba las pláticas de su Maestro Hebert que ya le había hablado mucho tiempo antes de Jesús y de Juan Bautista. Inquieto, interroga: ¿Y tú, por qué piensas que te hayan cerrado el camino de la Verdad de la vida de Jesús? Expresa sus consideraciones: Pues, en ocasiones, creo que huyen de la Sentencia del Padre y una forma de evadirlo es a través de la ignorancia y la otra, siendo menos severo y amando a mis hermanos, la Vida de Jesús, como un Enigma se convierte en más Divina. Han pasado muchos años de su muerte y sin embargo sigue vivo, comenta el fraile y añade: ha hecho milagros qué es lo que ha permitido la conquista de la Iglesia ¡más aun que las espadas! El miedo ha servido para que se rindan ante su Poder. Se queda pensativo Merlín: ¡Una Enseñanza de Amor desvirtuada por el Poder y la Ambición! ¡Un mismo Dios! Amados los unos a los otros como Dios nos ama: el mismo Principio, entonces, ¿qué pasa que el hombre no ve tanta grandeza? ¿Por qué se contamina tanto? ¿Y cómo este hombre permite que sea adulterado el Conocimiento de la Verdad? Respira profundo y comenta: ¡Jesús fue un Gran Iniciado que alcanzó al Espíritu Divino en su Ser y pudo compartirlo con sus discípulos ayudándoles a Despertar dentro de ellos para que el Poder del Espíritu se manifestara! Dejó una Enseñanza inconclusa por el corto tiempo que compartió con sus discípulos. ¿Cómo no iban a estar tan perdidos si les abandonaron antes de su Tiempo? Ahora, utilizan un estandarte de Amor con una espada de muerte. ¡Pero el solo hecho de pensar en Jesús podría sentir la fuerza de su Amor! ¡Qué ser tan grandioso, tal como Hebert se lo Pensaba Merlín: Una sola religión debiera de reinar al mundo: La Ley del Amor! La misma que recibió Hebert y Jesús: El Amor y el Perdón.
Jesús Un Esenio. Medio siglo después del hallazgo de los manuscritos de Qumran en el mar Muerto persisten las incógnitas sobre aquella exclusivista y primitiva comunidad cristiana. ¿Fue Jesucristo uno de sus miembros? ¿Quiénes escribieron aquellos textos 160 años antes de nacer el Mesías? Llegaba el inicio del verano de 1947 en Enero cuando de forma casual se encontraron un conjunto de manuscritos en una cueva situada en Qumran y se pudo determinar que en Qumran había vivido una comunidad a lo largo de tres periodos de tiempo bien definidos. El primero se inició en alguna fecha situada entre el 161 y el 143 de Cristo. En la época de Herodes el Grande entre el 37y el 4 a.C., el enclave sufrió un terremoto o un incendio y se produjo un abandono del lugar que no volvió a ser ocupado hasta el reinado de Arquelao entre el 4 a.C. y el 6 D. C. permaneciendo en esa situación hasta el 68 D. C., en que las fuerzas romanas en guerra con los judíos lo ocuparon. Se inició así un tercer periodo que duró hasta el año 73 D. C., cuando Roma obtuvo la victoria tras la toma de la fortaleza de Mazada. Se encontraron indicios de una vida oculta de Jesús, de los antepasados, de masones, de los Rosacruces e incluso huellas de extraterrestres. Son reproducciones de los textos bíblicos, textos religiosos judíos comparables con otras fuentes y un conjunto de obras diversas que nos permiten adentrarnos en las costumbres y en la ideología de la comunidad establecida en Qumran desde su aparición. Entre estos documentos hallamos la figura enigmática del personaje fundador del movimiento al que se denomina con el título de Maestro de Justicia. Que esperaba la irrupción de Dios en la Historia legitimando las interpretaciones del Maestro de Justicia. El Maestro falleció tras una incursión contra la comunidad protagonizada por un antiguo camarada que ahora militaba en el bando oficial. ¿Qué sucedió con sus seguidores? Aunque alguno combatió en Mazada contra los romanos, lo cierto es que la Historia los engulló y sólo hallamos posibles huellas De Ellos En La Secta Judía Medieval De Los Caraítas, Que Se Oponía A Las Interpretaciones Oficiales Del Judaísmo Contenidas En El Talmud.

  1. Jesús Y Qumran.Jesús de Nazaret no fue el Maestro de Justicia porque eran diferentes:
    • El Maestro de Justicia vivió dos siglos antes de Jesús.
    • Pertenecía a la tribu de Leví y Jesús a la de Judá. Era sacerdote y Jesús, no.
    • Sentía una enorme carga de culpa religiosa y Jesús se presentaba como impecable.
    • Se negaba a participar en las ceremonias del templo de Jerusalén y Jesús las frecuentó.
    • Seguía una visión del judaísmo con rigor y exclusivista que choca frontalmente con la que tenía Jesús.
    • Su visión del Mesianismo resultaba bien diferente a la de los Esenios de Qumran. Además, la muerte del Maestro de Justicia no significó el final de su movimiento, pero lo colocó en una dinámica que se traduciría en su desaparición. En el caso del cristianismo sucedió todo lo contrario.
  2. Descartada esta hipótesis persiste si Jesús fue un miembro de Qumran. Las coincidencias con el mundo de los manuscritos del mar Muerto no son escasas.
    • En ambos casos, nos hallamos con una cosmovisión nacida del judaísmo.
    • Asimismo algunos de los adversarios de Jesús como los saduceos que dominaban el Templo o los fariseos también aparecen en los documentos del mar Muerto descritos bajo una luz negativa.
    • Tanto Jesús como los miembros de la comunidad de Qumran eran célibes.
    • En los dos casos encuentra referencias repetidas a la imposibilidad del ser humano para salvarse por sus propios medios y a la necesidad de confiar en la acción de Dios para llegar a alcanzar la vida eterna.
  3. También se halla diferencia entre las enseñanzas de los documentos del mar Muerto y las de Jesús.
    • Los sectarios de Qumran ponían enorme énfasis en el ritual religioso que incluía un sofisticado sistema que se prolongaba durante años para acabar formando parte de la comunidad o la práctica cotidiana de abluciones purificadoras.
    • Seguían con rigor especial los preceptos relativos a los alimentos puros e impuros.
    • Contaban con un estructurado sistema sacerdotal que pretendía equivaler al del templo de Jerusalén.
    • Abogaban por una fidelidad estricta a la tradición religiosa que se había originado en el Maestro de Justicia.
    • Excluían del seno de la comunidad a las mujeres y a cualquier persona que pudiera padecer alguna enfermedad o tara física.
    • Creían en la aparición de dos Mesías, uno que siguiendo las profecías sobre el Siervo sufriente formuladas en el libro del profeta Isaías, debía morir y en otro que tendría como misión triunfar sobre los enemigos de Dios.
    • Los documentos que los seguidores del Maestro de Justicia dejaron constituyen un rico y sustancial legado histórico. En ellos encontramos una interesante faceta del judaísmo del segundo Templo entre el siglo II a.C. y el siglo I D. C. Descubrimos el afán de un colectivo minoritario aferrado a unas enseñanzas y reticente ante la idea de desaparecer. Se palpa una cosmovisión que descansaba sobre la convicción de que el mundo se asienta sobre bases materiales y también espirituales.

Jesús, Los Esenios Y Los Manuscritos Del Mar Muerto. Los Manuscritos no confirman la opinión de Jesús Esenio, o que hubiera estado fuertemente influenciado por ellos. William S. La-Sor dice que los Esenios, Jesús y los primeros cristianos, representan simplemente movimientos judíos, sectarios, que se mueven sobre diferentes órbitas. Lo que se encuentra en el Nuevo Testamento, son las reflexiones de los primeros cristianos de manera teológica; lo que está por detrás son las personalidades y comunidades históricas de los orígenes, que se crearon a partir de los acontecimientos históricos, es decir la experiencia y el recuerdo de la vida de Jesús y de su horrible muerte, como también la afirmación de haberse encontrado frente a un Jesús resucitado. Entre lo que está “en” y lo que está “por detrás”, no hay antítesis absoluta, pero son dos categorías diferentes. La muerte de Jesús en el año 30 de la era común, precede alrededor de 40 años al primer evangelio. El problema crucial no es la comparación de documentos, es decir los Manuscritos anteriores al 70 y los evangelios posteriores a esta fecha. Las cuestiones críticas conciernen a Jesús y a los Esenios, y a los cuarenta años o más durante los cuales los Esenios, Jesús y sus discípulos compartieron un mismo territorio, una misma nacionalidad, un mismo período cronológico, y los mismos adversarios es decir los Romanos, los Saduceos y con intermitencia, los Fariseos y los Zelotes. Podría no haber habido relaciones entre los Esenios y el movimiento palestino de Jesús, cuando tanto unos como otros insistían sobre el pecado de la humanidad, la necesidad de la gracia divina, los tiempos escatológicos, el establecimiento de la Nueva Alianza según Jeremías 31, la presencia y el poder de Satanás y de los demonios, y el vibrante llamado de Isaías 40,3. No está claro que los dos grupos insistiesen esencialmente en el mismo principio hermenéutico: toda la Escritura y la profecía apuntan al presente el fin de los tiempos y directa y especialmente a su grupo en especial. Los dos grupos, mutatis mutandis, exhortan a compartir los bienes, es palpable en estos últimos tiempos el hecho de que cada uno de los dos grupos era un producto y hasta cierto punto, un ejemplo de apocalíptica judía, Estos dos grupos y solamente ellos subrayan la presencia viva del “Espíritu Santo” en sus comunidades. Podemos legítimamente descartar estas analogías viendo en ellas simples coincidencias. Estas reflexiones obligan a preguntar la única cuestión importante: ¿Cuáles eran las relaciones entre Jesús y los Esenios? Según Filón y Josefo, cuatro mil Esenios vivían en Palestina. Ya que en Qumran y los alrededores solamente podían vivir alrededor de doscientos, la gran mayoría, es decir cerca de tres mil ochocientos debían vivir en otro lado. Filón y Josefo subrayan también el hecho de que los Esenios vivían en pueblos y en ciudades, y que preferían agruparse al margen de las aglomeraciones. La referencia que hace Josefo a una “puerta de los Esenios”, en las murallas de Jerusalén, parece haber encontrado ahora una confirmación en los descubrimientos arqueológicos recientes y en un pasaje del Rollo del Templo. Debemos enfrentar la evidencia cada vez más clara que en el sector sudoeste de Jerusalén vivían Esenios. Estas perspectivas son significativas. Jesús probablemente se encontraba con Esenios en su camino, charlaba con ellos, discutían sobre los valores comunes y sobre la necesidad de consagrarse completamente a Dios y a su Alianza. Haciendo un rápido esbozo, se pueden indicar tres puntos de semejanza entre Jesús y los Esenios. Jesús tenía en común con los Esenios una teología enteramente monoteísta y típicamente escatológica. El presente marcaba el fin de los tiempos. Él anunciaba naturalmente un eschaton más inminente, pero cuando se habla de la diferencia entre los Esenios y Jesús hay que decir que si la escatología de Jesús era más “en realización”, lo era más en términos de grado que de naturaleza. Jesús compartía con los Esenios un mismo sentido de la consagración radical a Dios y a la Toráh; y tal vez se refería a los Esenios, el único grupo de célibes conocido en el judaísmo del siglo primero, cuando hacía el elogio de los hombres que se convierten en eunucos por el Reino de Dios (cf. MT 19,10-12). Según Marcos, Jesús proclamaba que el divorcio estaba prohibido. Esta declaración de principio es difícil de comprender, Mateo la expresaba más débilmente y bajo la forma de casuística (Mª 5, 31-32). La concepción que tenía Jesús del divorcio, según Marcos, no tenía hasta ese momento, ningún paralelo conocido en la historia del pensamiento judío; pero se ha encontrado ahora en el Rollo del Templo una prohibición del divorcio. Según ese documento, el rey debía casarse con una sola mujer: “y él (el rey) no debe elegir otra mujer además de ella, porque ella, y solamente ella, permanecerá con él todos los días de su vida” (11 Q Templo 57,17-18). Lo que se pide al rey se exigía de los otros aún con más rigor. Dos judíos solamente han rechazado la posibilidad del divorcio: Jesús según Marcos, y el autor del Rollo del Templo. Como el Rollo del Templo es anterior a Jesús y parece haber sido para ciertos Esenios la quinta esencia de la Toráh, habría que rever la cuestión de las relaciones que podrían haber existido entre Jesús y los Esenios. Toda comparación entre Jesús y los Esenios debe finalmente partir de un terreno conocido, las grandes diferencias que los separan. Los Esenios eran extremadamente legalistas y para preservar su pureza, se colocaban lejos de todos los demás; Jesús por su parte, rechazaba las reglas legalistas que ahogan el Sabbath y se comprometía con todas las capas de la humanidad. Más importante aun, es el hecho de que insistía sobre la necesidad de amar a los demás, una actitud ilustrada por Lucas en la parábola del Buen Samaritano, y presentada como un mandamiento nuevo en los escritos joánicos. Es posible que Jesús haya pensado en la invitación a odiar a los hijos de las tinieblas y que la haya rechazado cuando declaraba: “Habéis oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo” (MT 5,43). El mejor y tal vez único paralelo judío verdadero del mandato de odiar a los otros se encuentra en los Manuscritos del Mar Muerto. En efecto, según la Regla de la Comunidad, en el momento de la renovación de la Alianza los Esenios recitaban las maldiciones contra todos los hijos de las tinieblas, especialmente aquellos que no eran Esenios, incluyendo a ciertos judíos que se hacían pasar por Esenios. Sin ninguna duda, lo más importante que aportan los Manuscritos del Mar Muerto y lo menos discutible de la investigación sobre Jesús, es la luz que hacen brillar sobre un período oscuro hasta ese momento. Es dejarse sumergir por lo que fue el entorno teológico de Jesús. Los Manuscritos hacen algo más que hacernos descubrir el paisaje ideológico que fue el de Jesús o revelarnos el Zeitgeist que él conoció. Los Manuscritos del Mar Muerto y los Pseudoepígrafes nos permiten reconocer los rasgos distintivos de la teología de Jesús. Esos primeros textos nos proveen el marco gracias al cual el teólogo puede apreciar el carácter único de Jesús de Nazaret. Los contornos del Jesús histórico comienzan a aparecer y es impresionante constatar cuánto es verdadera esta afirmación de que el génesis y el genio del cristianismo primitivo y la sola razón que lo permite distinguir del judaísmo, se encuentran, antes que nada, en la particularidad de una vida única. El cristianismo no evolucionó a partir de una “secta” al margen del judaísmo normativo. El cristianismo se desarrolló a partir de muchas corrientes judías. Ni su fuente ni su trayectoria fueron únicas. Jesús no fue seguramente un Esenio pero puede haber compartido con los Esenios más que una nación, una época o un simple lugar…
Los Esenios Y Jesús. Me inclino ante tu alma, seas quien seas, porque si hasta aquí llegaste no puedo más que alegrarme porque se te haya guiado hasta esta lectura. Tú bien sabes que has nacido en este mundo por lo tanto, al nacer vienes con un atributo: el de HIJO. ¿De qué o quien eres hijo qué o quien creado? Lo que es que un hombre y una mujer humanos se unieron y merced a las mezclas de sus substancias física y fríamente hablando se produjo una semilla que dio por fruto tu ser que como has comprobado, no es sólo un conjunto de tendones, órganos, arterias, fluidos y piel. También posees una psiquis que te permite estar entendiendo estas palabras. Y esa psiquis ¿en qué momento fue creada por tus padres venía ya contigo desde antes de nacer o la adquiriste luego de un tiempo, en qué parte reside? Y si quieres vamos aún más allá, algo te permite sentir que eres parte de algo más inmenso que ese cuerpo y esa psiquis, más allá de tu pensar. Ese algo llamado alma o espíritu o como a ti más te plazca. Bueno de eso se trata un poco lo que hablaremos esta vez, de la eterna pregunta ¿quiénes somos o qué somos? Desde ya puedo asegurarte que somos algo maravilloso sólo que la mayor parte del tiempo no somos conscientes de esa maravilla. ¿Y qué te parece si te doy este escrito que está en el Evangelio de los Esenios, donde Jesús les cuenta a estos hombres, qué son y cómo son, y Quién es su Madre? Bien. Se dice que estas palabras fueron traducidas directas del Arameo y anotadas por Juan uno de los discípulos. Recuerda antes de meterte de lleno en el escrito que está dicho a los Esenios, un grupo de hombres que vivían en la tierra del Cristo y que eran un grupo muy hermético que trataba de vivir apartado del resto que intentaba mantenerse incontaminada y de cumplir la Ley de Dios a la perfección. De allí la advertencia que te hago, pues el lenguaje de Jesús hacia ellos no era igual que el que daba a otras gentes. Hablo del Evangelio De La Paz. Recuerdo que al preguntarle a mi maestro Quién me había creado, él me dijo que Dios pero no en forma directa. Me invadió gran tristeza, porque como un niño pregunté: ¿Acaso no es Dios mi Padre? Él siempre sonreía cada vez que yo me comportaba como un niño y me dijo tú como ser humano eres hijo de tu Madre Terrena, de donde se fusionaron todos los sagrados elementos que hoy componen algunos de tus cuerpos, y el espíritu es emanación de uno de los grados del Espíritu Supremo. Como te imaginarás, me sentí muy pequeñito e imperfecto. Me vi. A mi mismo como una hoja de una ramita de una rama de un tronco de un árbol de un bosque, ¿me comprendes? El maestro, adivinando mi pensamiento, me dijo: ¿A qué te preocupas? ¿No tiene acaso esa hojita las mismas células del majestuoso árbol más maravilloso de todo el bosque? Hermana alma que lees siempre lo que te digo con tanto amor: mi intención no es darte respuestas mágicas a las preguntas que yo mismo te lanzo, sino poner en marcha tu discernimiento, tu fe, tu divinidad toda. Esa es la misión que te pongas en camino.
1. Jesús En El Santuario Del Monte Carmelo. Con sus padres permanece al lado de los ancianos hasta que el niño cumple siete años. Tanto les amaba y se habían acostumbrado a su adorable compañía, que sufre su primer dolor cuando su familia emprende el viaje de regreso a Nazaret. María y José sabían que su pequeño era un Gran Ser de Luz, algo así como los profetas de la antigüedad; los ancianos Esenios no podían revelarles el gran secreto que conocían pues se hubieran aumentado sus angustias al saber que nunca se librarían del horrible peligro con que Jesús se vio amenazado toda su vida: La persecución y el crimen. Los padres le habían notado ciertas particularidades que les tenía muy preocupados, ya que en medio de sus risas y juegos pronunciaba palabras de gran sabiduría que ellos no comprendían y por lo tanto temían que su amado hijo sufriera algún padecimiento mental. Consultados algunos terapeutas, convencen a María de llevarlo con los ancianos del Monte Carmelo, poseedores de maravillosas facultades curativas. María no permite en ninguna forma separarse de su hijo por lo que decide viajar también, llevando a Jhosuelín el hijo menor de José y permanecer en el Santuario con los dos pequeños todo el tiempo necesario para la completa curación de su muy amado hijo. El Santuario del Monte Carmelo oculto en la agreste montaña había sido la casa del profeta Elías. Jesús tenía diez años cuando llegó acompañado de su hermano Jhosuelín y su madre, los ancianos servidores le esperaban con gran regocijo. La alegría del niño es enorme al abrazarlos y reconocer a algunos de ellos como sus grandes amigos y maestros del pasado. El anciano Azarías le dice. Tú me pusiste un día una túnica celeste y te quedaste muerto sobre mi pecho; no me pongas túnica ahora y vayas a morirte también;… Se refería a Senio su amado compañero de juegos en la Casa Numu quien había sido elegido entre los sabios Kobdas para colocarle a los doce años la túnica Kobda en su personalidad de Abel, i8, 300 años atrás. A otro le abrazó amorosamente y le dijo: Aarón, me gusta encontrarte aquí, ¿cómo es que no fuiste ninguna vez a Nazaret? Porque estuve en un país muy lejano… justamente ahí donde Moisés y Aarón glorificaron a Jehová con hechos maravillosos. Ahí está Essen, que Moisés amaba y que hoy se llama Filón de Alejandría le respondió. Jesús replicó firmemente: Yo iré a encontrar a Essen en la Tierra de las Pirámides… Los ancianos quedaron paralizados ante esa magnífica manifestación de lucidez espiritual. Mas como estaban ahí María y Jhosuelín que no habían llegado a estos conocimientos, callaron. María lloraba amargamente y decía: El niño empieza de nuevo a decir inconveniencias. No padezcas hermana por este niño, dijo el servidor con gran dulzura, no es que delire, es que recuerda… ¿No has oído leer la Sagrada Escritura en referencia de los profetas que en momentos dados tenía presente el pasado y el futuro? Ya es hora que vayas comprendiendo que tu hijo es de la Alta Escuela de los Enviados y no debe extrañarte lo que ves en El…”. Los ancianos comprendieron al iniciar sus trabajos que Jesús no estaba bien centrado en su nueva personalidad, por lo cual fluctuaba en las anteriores; sobre todo en las de Antulio, Abel y Moisés, que eran los que mayores adelantos acumularon en Su Yo Superior. En su larga carrera mesiánica, habían sido los tres vuelos decisivos, por estar vinculados a comienzos o terminaciones de ciclos o etapas gloriosas de nuevas civilizaciones. Sabían que como maestros, les tocaba desligar las etapas anteriores y centrarlo en la personalidad de Jesús. Iniciaron sus trabajos de instrucción, leyendo en su presencia las actividades espirituciles de Antulio, considerado maestro y padre de los profetas, por haber sido el primero que se lanzó a la exploración de los mundos y sus conformaciones a partir de luminosas nebulosas y su evolución. Estos escritos habían sido realizados por Walkiria su madre y después traducidos a la lengua fenicia por los profetas Elías y Eliséo. El Divino Niño escuchaba atentamente algunas veces y otras, caía en profundo sopor y al despertar relataba sus magníficos sueños sobre la gestación del sistema solar. Sus maestros amorosamente le explicaban que debido a su edad espiritual inmensamente grande, debería a través de sus sueños recordar poco a poco hechos ya vividos como Antulio y como Moisés. Le hicieron comprender la importancia de callar cuando sintiera el impulso de repetir aquello que Jehová le decía al oído ya que ante los seres profanos o poco preparados le calificarían por desequilibrado o enfermo como en el caso de María su madre, que aún no alcanzaba el segundo grado de enseñanza Esenia donde comienza la Sabiduría Divina a explicar el porqué de todas las cosas. Al lado de los sabios ancianos Esenios del Monte Carmelo, el Supremo Avatar recibió en su mente divina, toda la consciencia de su personalidad como el Gran Filósofo Atlante Antulio; después de algún tiempo, debería ser llevado al Santuario de los Montes Tabor, donde se encontraban todos los papiros, telas y tablillas en arcilla grabadas, que conformaban el copioso archivo referente a los orígenes de la civilización Adámica, lo que le llevaría a encontrarse con Abel, el Apóstol del Amor entre los hombres; y más adelante se encaminaría hacia el Gran Santuario Madre de los Montes del Moab para su encuentro con Moisés, el Gran Legislador que marcó rutas inmutables a la humanidad con los Diez Mandamientos grabados en tablas de piedra. Las lecturas sumergían en profunda quietud del éxtasis tanto a los ancianos escuchas como a Jesús mismo que momento a momento se iba despertando a la consciencia propia de esa hora solemne de su vida de Mesías Instructor de Humanidades. Después de su permanencia entre los sabios ancianos Esenios del Carmelo, Jesús regresa con Josuelín y su madre a Nazaret.
2. Diálogos Con Jhasua. Extendía la aurora sus velos de púrpura y oro sobre el Mediterráneo y las faldas florecidas del Carmelo, cuando Myriam, Jhosuelín y Jhasua se embarcaban en el pequeño velero que dirigían hábilmente cuatro Esenios vestidos con las obscuras túnicas de los Terapeutas peregrinos. ¿Cómo? Inquirió enseguida el niño. Yo me vestí de túnica blanca para estar igual que vosotros, y os habéis puesto oscuros como tordos. – Nosotros usamos el blanco sólo para el Santuario, le contestaron los Esenios, riendo de la espontaneidad de Jhasua. ¿No sabes que hay mucho lodo en el mundo y la blancura se mancha? Sospecho que no es por eso dijo el niño meditativo. ¿Por qué es, pues? Porque el blanco os delata como Esenios y acaso teméis algo, que yo no alcanzo a comprender. ¡Niño!… exclamó la madre- ¿Qué tienes tú que pedir explicaciones? Eso no está bien. ¡Madre!… Los Esenios son mis maestros y yo debo saber el porqué de sus actos para obrar yo de la misma manera. ¿No es esto justo? Sí, hijo mío díjole el Esenio encargado del viaje, cuyo nombre era Abinadab. Cuando la humanidad sea más consciente, no será necesario ocultarle ciertas cosas de las cuales no haría el uso debido. La humanidad cree que los Esenios queremos coartarles sus libertades y derechos, y años atrás nos ha perseguido como a seres dañinos a la sociedad. Ella se siente cómoda creyendo que no existimos. ¿Por qué renovar sus alarmas haciéndonos presentes? ¡Ah! ¡Ya comprendo! Hacéis lo mismo que los guardianes de las abejas que se cubren de una redecilla encerada para que no los piquen. ¿No es eso? Justamente. El velero seguía bogando hacia el Norte sólo a una milla de la costa umbrosa, donde las casitas diseminadas entre las verdes colinas aparecían como blancas palomas suspendidas de las ramas. Lleno de encantos y de bellezas, el viaje no ofreció circunstancias dignas de ser referidas y cuando llegaron a Tiro, Myriam recordó con dolor aquel otro viaje precipitado de nueve años antes, para salvar la vida del niño amenazado por la cólera de Herodes. Jhosuelín, que había hecho el viaje leyendo al Profeta Samuel, guardó su libro para ayudar a su madre adoptiva en el desembarco. Y el niño que estaba ansioso de hablar le decía graciosamente; Jhosuelín, tú quieres ser Esenio antes del tiempo y te bebes a los Profetas y te los comes, como las castañas y los higos. Y sin más, ni más, tomó el saquito de las frutas y pan, y luego de ofrecerles a todos, empezó a comer tranquilamente mientras duraba la operación del atraque y desembarco. Como una bandada de garzas y de gaviotas, el puerto de Tiro aparecía cubierto de veleros, de lanchones y de barcos de gran tamaño. Una banderilla blanca con una estrella azul apareció en la costa hacia el más apartado rincón del muelle. Allí está el que nos espera dijo Abinadab, agitando a su vez una banderilla igual. Atracaron en aquel sitio y pronto estuvieron al lado del hombre de la banderita que era hermano de Abinadab, que les condujo a su morada cercana al castillo aquel, destinado a los enfermos protegidos de los Terapeutas. El hermano de Abinadab con su esposa e hijos, componían la familia Esenia de confianza que los solitarios tenían siempre en los lugares de su residencia o donde desenvolvían sus actividades apostólicas en favor de la humanidad. Éste es el niño que 9 años atrás fue conducido desde aquí al Santuario del Monte Hermòn dijo Abinadab como presentación de los viajeros. ¡Bendición de Dios! exclamó el buen hombre juntando sus manos sobre el pecho. ¡Qué grandecito y hermoso está! ¿Quién eres, buen hombre que tanto demuestras tu cariño a nosotros? interrogó Myriam. El guía que os condujo en aquella oportunidad hasta la gruta de los ecos perdidos, para tornar aquí con los asnos contestó aquel hombre. ¡En nueve años envejecisteis mucho! Padecimientos grandes, sin duda. Fui sometido a prisión y a torturas, pues alguna noticia se tuvo de mi complicidad, pero ante mis negativas rotundas, acabaron por pensar que habían sido engañados por un tal mago que tenía espías en todos los caminos. De resultas de las torturas me vino un grave mal que me tuvo postrado, y casi creí que me quedaba inutilizado, pues mi columna vertebral amenazaba no sostenerme más en pie. Pero ya lo veis, los hermanos Terapeutas encontraron el modo de hacerme andar nuevamente. En todas partes quedamos deudores de gratitud dijo Myriam apenada de lo que había oído. Venid y comeréis algo dijo la mujer que hasta más entrada la noche no llegarán los seis viajeros que esperáis. Y ellos dijo Abinadab pasarán de inmediato al velero para que zarpemos enseguida. Grande la alegría de Jhasua, cuando los Ancianos llegaron y dándose a conocer por sus nombres le abrazaban tiernamente. Y el niño recordando decía: Tú, hermano Benjamín, eras el refectolero y me asabas las más lindas castañas. Y tú, hermano David, me llevabas a recoger huevos de codornices… ¡oh, lo recuerdo bien! Y ¿qué fue de mis corderillos, hermano Azael? Que ahora ya llegaron a ovejas y son madres de otros corderillos le contestaba afablemente el Esenio. Y así fue hablando con uno y con otro recordando escenas del Monte Hermòn, de donde salió cuando tenía siete años. Una hora después se hacían a la vela rumbo al sur hacia las vegas del Monte Carmelo, donde los Ancianos debían permanecer dos semanas para llevar noticias detalladas a los Setenta, de las condiciones en que se encontraban los Esenios de la parte norte del país de Israel. Acudirían los Terapeutas dispersos en el país en cumplimiento de sus respectivas misiones, los del Tabor y uno o dos miembros de cada familia Esenia de la comarca, que según el grado que tuviesen participarían de unas u otras de las congregaciones a realizarse en la gran Asamblea espiritual. La noticia de llamada corría de boca en boca, y cada asistente buscaría un pretexto adecuado, que casi siempre era la compra o venta de lana, cera o miel de las faldas del Carmelo, que tan abundante era en productos vegetales y animales. Mi Jhasua está desconocido decía dulcemente Myriam observando a su hijo, que con una alegría desbordante refería a los ancianos sus correrías por el Carmelo, los mimos de las abuelas, las travesurillas de Mateo y Mirían, etc. ¡Niño de Dios! Contigo daríamos diez veces la vuelta al mundo sin sentir fatiga. ¡Oh, no! exclamó él. Este velero es muy pequeño y en la bodega sólo cabe un saco de castañas, pan muy poco y un sólo cántaro de miel. ¡Oh rapazuelo goloso! dijo su madre riendo como todos de la advertencia del niño. ¿Quién te da derechos para observar las bodegas ajenas? ¡Madre, no hice nada malo! ¿No dicen los Esenios que para ellos no existe lo tuyo y lo mío, sino que lo que es de uno es de todos? Entonces, la bodega de este velero Esenio, es mía y tuya y de Jhosuelín; y yo no hice más que mirar lo mío. Y se quedó quieto mirando a todos con sus grandes ojos claros que interrogaban elocuentemente. En vista de lo cual uno de los Esenios contestó: Sí hijito la bodega del velero y aún todo él es tuyo y de tu madre y de tu hermano, que tal es la ley de los Esenios. Por fin, el sueño le rindió, pues era bien entrada la noche y fue conducido al único compartimiento que la pequeña embarcación tenía, donde juntamente con su madre pasó la noche. Al amanecer, el barquillo echaba anclas en la profunda ensenada del Carmelo y unos momentos después Myriam y Jhasua descansaban en su alcoba de la cabaña de las abuelas y los ancianos y Jhosuelín seguían el senderillo de la montaña hacia el Santuario oculto como un nido de águilas entre el espeso ramaje. Dos días después empezaron a llegar de distintos puntos de la comarca los compradores de pieles de cabra, de lana, de miel, cera y frutas secas. Y las innumerables cavernas del Monte Carmelo se poblaron como por encanto, dando por las noches el pintoresco espectáculo de lucecitas doradas que llameaban alegremente a la puerta de las grutas, como si fueran vibraciones febriles y ansiosas de las almas anhelantes de infinito… Y los Terapeutas que durante muchos meses habían hecho la recolección de los productos de la fértil montaña, corrían afanosos dejando en cada gruta lo que cada cual necesitaba para completar su cargamento. Tranquilizadas las almas respecto de la provisión equitativa y necesaria a la materia, podremos llegar más fácilmente a obtener el sustento espiritual que deseamos decían los solitarios a los Esenios seglares que iban llegando. Y por la noche hacían una ronda por todas las grutas leyendo los más hermosos pasajes de los antiguos Profetas, cantando los Trenos de Jeremías, o los Salmos de David. Las flautas de los pastores y los laúdes de los solitarios formaban un suave fondo musical a aquellos recitados hondos… profundos, llenos de emotividad y religiosa unción… Esto sólo duraba tres días, que mientras en las horas de luz solar se hacía la distribución de las provisiones, en las noches se preparaban las almas para las Asambleas Mayores, para el ascenso de grados a los que habían cumplido los años reglamentarios. Los compradores pagaban sus compras con telas de lana y de lino hiladas y tejidas por ellos mismos, con calzas y sandalias de cuero, con blanca harina o dorado aceite, que los solitarios necesitaban a su vez para su manutención. Y cuando la faena de orden material se había terminado dejando a todos satisfechos y tranquilos, se daba comienzo en el día víspera, a las ofrendas florales para la cual, antes de la salida del sol, se lanzaban todos a las faldas de las montañas que desvestían de sus ropajes de múltiples colores, para tejer guirnaldas y gallardetes con que adornaban los patios y plazoletas adyacentes al Santuario. Las flores son criaturas de Dios, que están prontas a ayudar al hombre en su tarea de elevarse a lo infinito decían las leyendas que aparecían en tablillas prendidas de los árboles en las puertas de las grutas. Esto hacía vibrar en las almas ese suave sentimiento, mezcla de delicada sensación hacia esos pequeños seres de la creación, que son la parte más bella del reino vegetal: las flores. Y en este ambiente surgían como por encanto las dulces canciones, los elevados pensamientos a tono con la belleza de las flores, delicadas criaturas de Dios. “¡Lirios blancos! oh tan blancos Como la nieve invernal. Y por tal estilo brotaban como del fondo de las almas, estos delicados pensamientos suscitados por la belleza ideal de las flores, que en aquellos momentos de emotividad y hondo sentir, parecían tener también alma capaz de responder al amor con que se tejían las guirnaldas, las palmas, los grandes ramos, para depositar en pasillos y corredores, en túneles y plazoletas. Era el principio de la grandiosa fiesta espiritual. Diríase que el amor y la pureza de las flores ennoblecían y purificaba las almas, que casi inconscientemente iban sumergiéndose en esa dulce quietud preparatoria para los grandes vuelos del espíritu. Y el mismo Jhasua sensitivo más que ninguno decía a sus compañeros de juegos: No tengo más ganas de jugar sino de pensar. Paréceme que flotaran por los aires misteriosas leyendas que debo escuchar. Y algunos de sus compañeros, decían como temerosos: Si quieres, Jhasua, oremos para que Jehová perdone nuestros pecados. ¿Tenéis miedo de Jehová? preguntaba entonces el niño – Luz. Cuando hay truenos y relámpagos, sí y mucho. ¿Por qué tontuelo? Los Maestros del Santuario me han enseñado que los truenos y rayos y relámpagos, son manifestaciones de las fuerzas eléctricas y magnéticas que hay en la Naturaleza, y que los hombres del porvenir dominarán y utilizarán un día, como los de otras edades lejanas los utilizaron también. Jehová es nuestro Padre y no piensa, sino en hacernos bien. Yo temo a los chicuelos malvados que arrojan piedras, y a las fieras que pueden devorarnos, pero a Jehová… ¡oh no! porque ËL es la Bondad y el Amor.
La autora, Doña Josefa Rosalía Luque Álvarez, nació en Villa de Rosario, provincia de Córdoba (Argentina), el 18 de marzo de 1.893 y desencarnó el 1 de Agosto de 1.965).
3. Jesús En El Santuario Del Monte Quarantana. Algunos Esenios del Quarantana que habían venido a las festividades de las Pascuas en Jerusalén obtuvieron el consentimiento de María y José para llevar a Jesús a pasar una corta temporada en su Santuario ya que la mayoría de los ancianos, por su edad avanzada no habían tenido la dicha de ver al Divino Ungido desde su nacimiento. Ahí vivía Juan su primo más tarde conocido como El Bautista. Al encontrarse con él fue inmensa su alegría pues juntos salían a hacer largos recorridos por los alrededores llevando las ovejas del Santuario. En las horas de descanso tenían ratos de éxtasis en los que sus iluminadas mentes dialogaban sobre el pasado, el presente y el futuro. Jesús reconoció en su primo al gran profeta Elías y Juan reconoció en Jesús al Portentoso Moisés. Sabían que aunque se encontraban en el presente dentro de los cuerpos de dos adolescentes, sus vidas habían estado ligadas por alianzas divinas y que en esa hora deberían los dos cumplir con la delicada misión de arrancar a la humanidad de la inconsciencia, del egoísmo, de la maldad, de la ignorancia y la ceguera y darle la brillante claridad de la Ley Eterno: Amar a Dios sobre todas las cosas y a tu prójimo como a ti mismo. Hicieron consciencia de que así como habían sido sacrificados en el pasado todos los enviados por el Altísimo, ellos serían también devorados por las fieras hambrientas y sedientas de sangre que su sacrificio haría brotar a muchos apóstoles del amor fraterno que al igual que ellos, caerían segados como espigas maduras, cuyas vidas sucesivas en interminable cadencia irían escribiendo en las consciencias, Ama a tu prójimo corno a ti mismo, hasta que los hombres, cansados de padecer, se abracen por fin a esa ley inmortal y eterna que es el código supremo en todos los mundos y para todas los humanidades. Los ancianos les pidieron participar en las horas de lectura de los sagrados libros. Durante ellas caían en profundo éxtasis y tuvieron grandiosas manifestaciones tanto de Moisés como de Elías, quienes les pedían renovar sus votos de indestructible lealtad hechos en tiempos ya remotos ya que en la hora presente deberían dar su amoroso apoyo a los dos divinos enviados del Padre y las tortuosas etapas que deberían afrontar en el cumplimiento de sus delicadas misiones. Los Esenios cubiertos en llanto levantaban su diestra sobre las cabecillas de Jesús y Juan que habían caído dormidos en profundo sueño hipnótico.
4. Jesús En El Santuario De Los Montes Tabor. El Santuario de Tabor, resplandecía con la claridad esplendorosa de grandes inteligencias reunidas ahí por la Fraternidad Esenia, que para estar más en contacto con el Verbo Divino encamado, había ido llegando de diferentes lugares. Se encontraban representantes de la vieja Escuela de Sócrates y de Platón que desde tiempo atrás habían ingresado en la Fraternidad Esenia; al igual que algunos otros de la antigua e ilustre Escuela de Alejandría. Alejandría, lumbrera del mundo civilizado desde la época del primer Faraón de la Dinastía de los Ptolomeo tres siglos atrás, había recogido en su célebre Museo Biblioteca, toda la Sabiduría de los antiguos Kobdos. Ahí habían sido enviados algunos Esenios de diferentes santuarios para hacer traducciones y copias de los antiguos escritos que conformaban los copiosos archivos. Por lo tanto existía una verdadera alianza espiritual de sabiduría entre los santuarios, liceos, bibliotecas, museos y escuelas que dirigían los grandes filósofos de Oriente: Melchor en Arabia, Gaspar en la India y Baltasar en Persia. Jesús dejó Nazaret después de algunos años de vivir al lado de sus padres; donde ya tenía perfectamente organizadas entre las mujeres y los huérfanos del lugar, casas asilo donde había derramado su inagotable dulzura sobre todos los seres necesitados. Contaba con 16 años de edad cuando ingresó al Santuario Tabor, para iniciar sus estudios e identificarse con Abel. A los 20 años, su personalidad ya era conocida en todos los alrededores. Las poderosas facultades ya en pleno desarrollo, supervisadas y dirigidas por sus maestros Esenios, le habían permitido realizar milagrosas curaciones y en sus numerosos viajes, no desperdiciaba nunca la oportunidad de salir en busca de las cuevas oscuras, a donde se ocultaban los leprosos fuera de las ciudades, para ir en su ayuda y devolverles la salud. A los 21 años, decide cumplir la promesa hecha de visitar al maestro Filón en la Biblioteca de Alejandría. Lo acompañan sus amigos Esenios José de Arimatéa, Nicolás de Damasco y Nicodemus. El gran filósofo alejandrino vivía con el pensamiento fijo en el Verbo Encamado, en el Divino Avatar de sus ensueños radiantes y profundos y ya había recibido el aviso telepático de Jesús anunciándole visita. Veinte largos años había esperado para volver a verlo, sumido en fecunda labor, recopilando un valioso tesoro de ciencia antigua que abarca inmensas edades pretéritas de las cuales el mundo moderno apenas tenía vagas noticias. Filón tenía entonces 45 años y llevaba muy adelantada su obra magna: La revisión y comentarios de los cinco Libros de Moisés, (recordemos que era la reencarnación de su hijo muy amado Essen). Al terminar su estancia en Alejandría, después de haber pasado una temporada revisando todos los escritos, Jesús realizó el viaje para encontrarse con el Scheriff llderín y establecer con él una amorosa alianza que duró hasta su muerte. Su gran ideal era preparar a los seres humanos para salvarse a sí mismos de la ignominia, de la opresión, de la esclavitud y del dolor en que se encontraban a través de los caminos de amor y de paz que conducen al ser a la superación humana. El Monte Tabor. Acá Jesús tuvo su Tercera Iniciación y su cuerpo se convirtió en Luz. Este es el enclave de una Gran Deva el Dios Tabor, en cuyo seno de gran radiación ocurrió la transfiguración en presencia de Juan y Santiago, quienes vieron a Jesús iluminado y flanqueado por las imágenes de Moisés y Elías. A espaldas del altar principal de la Iglesia de la Transfiguración hay un hermoso cuadro que muestra esta escena.
5. En El Templo A Los 12 Años. Estaban por llegar las pascuas y José tenía todo dispuesto para llevar a su familia a Jerusalén a estas celebraciones. Se hospedarían con su parienta Lía, quien los esperaba con enorme júbilo y gran amor, ya que no había vuelto a tener entre sus brazos al Divino Ungido doce años atrás, cuando fue hecha su presentación en el Gran Templo de Salomón en Israel reconstruido pomposamente por los israelitas, a costa de altísimos impuestos que constantemente subían y tenían oprimido al pueblo hebreo, sustentando a costa de grandes sacrificios, las fastuosas fortunas del grupo sacerdotal llamado el Sanedrín, que de año en año aprovechaban las fiestas para formar una especie de ateneo, donde los doctores de la ley y sus propios representantes, demostraban al pueblo a través de interminables discursos, cuán grande era su sabiduría y su poderío. Puesto que Israel era el pueblo elegido de Jehová, debería cumplir con las ordenanzas o dogmas y nuevas leyes que de año en año aumentaban, emitiendo terribles amenazas del justiciero Jehová y su espantosa ira, si éstas no eran cumplidas. Jesús oía hablar tanto sobre las grandes celebraciones, que ardía en deseos de llegar al Templo, por lo que pide a sus padres el permiso para ir con Lía a la ceremonia que se celebraría a primera hora de la mañana. Desde su llegada, quedó estático ante el esplendor del monumental recinto, escalinatas de mármol, cúpulas de bronce y plata que con los primeros rayos solares le hacían aparecer con un resplandor enorme. En el interior, encortinados de Damascos, millares de candelabros de oro; los sacerdotes ataviados con altos turbantes, tiaras, tricornios y diademas, con piedras preciosas. Lucían vestiduras bordadas con oro y perlas, diamantes, rubíes y demás costosas gemas, sostenidos por báculos con arcos de esmeraldas y rubíes. No pudo menos que llevar su amoroso pensamiento hacia los santuarios Esenios en el interior de las rocosas montañas y la verdadera brillantez que veía surgir de sus moradores, los sabios ancianos que por toda indumentaria vestían una túnica blanca. El gran ceremonial se inició con salmos cantados por las vírgenes de Sión, en donde se hacía la imploración a Jehová de Su Luz y Sabiduría Divina e inmediatamente los sacerdotes y doctores instalados en sus sitios de honor, empezaron a tratar asuntos civiles relacionados con hebreos que habían incurrido en desórdenes y se les sometía a juicio ante los representantes de Jehová. Se inició un discurso que se titulaba “Terribles castigos de Jehová a los infractores de Su Ley” que dejó aterrado al auditorio. Surgieron después discusiones ante los sacerdotes, entre los cuales se encontraban José de Arimatéa, Nicodemus y Eleazar ocultando naturalmente que eran Esenios de cuarto y quinto grado; Jesús al escuchar sus voces se fue acercando lentamente y al verle de pronto ellos, una voz dijo: Este niño quizás nos pueda hablar y hacer conocer su verdad. Jesús se situó en medio de ellos y con gran firmeza dijo: Jehová os contestará por mi boca. No me conoce ni me comprende quien habla de mi cólera y mis castigos. Yo soy una Esencia, una Luz, una vibración permanente y eterna. ¿Puede encolerizarse la esencia, la luz, la vibración? Vosotros os encolerizáis y bajo el impulso de la cólera, castigáis, mas Yo no soy un hombre revestido de vuestra grosera materialidad. Así dice Jehová, el Inmortal que no tuvo principio ni tendrá fin. Sin que hagáis ninguna pregunta, yo hablaré, porque Jehová dirá lo que el quiere que sepáis dijo el niño resueltamente. Vosotros no conocéis al Padre Celestial porque sois cobardes y estáis llenos de miedo. ¡Niño!… se oyeron varias voces. No lo toméis a ofensa, porque Jehová nunca ofende, sino que dice la verdad continuó impasible Jesús. Si, estáis llenos de cobardía y de miedo y a la Divina Sabiduría no la conquistan los miedosos, sino los valientes para colocarse frente a frente a lo desconocido, Al Eterno Enigma, no de potencia a potencia y con insólito orgullo, sino que el amor de hijos que ansían conocer a su padre. Y entonces el Padre se les descubre y les dice: “Aquí estoy. Conocedme para que podáis amarme como dice la Ley, más que a todas las cosas de la Tierra”. ¿No veis que es un contrasentido que mande a sus criaturas amarle sobre todas las cosas de la Tierra y luego se encolerice y animado de ira y de furor les castigue despiadadamente como hace un mal amo con sus infelices esclavos? La Ley debería decir entonces: Temerás a Dios más que a todas las fuerzas y formas de mal que hay en la Tierra. Os digo que tenéis miedo de escudriñar la verdad Divina, y por eso sigue ella siendo una diosa escondida y esquiva que no quiere mostrarse a los hombres. Sabéis que Dios es inmutable y os permitís hablar de su ira y de su cólera. Encolerizarse es mudarse, es cambiar de estado y esto es otro contrasentido, porque si en momentos dados se llena de ira y de furor, no es inmutable y es una blasfemia, atribuir al Altísimo, tan grave imperfección, propia de las atrasadas criaturas de la Tierra. Dios es inmutable y porque lo es, permanece impasible ante todos los errores humanos, ante todos las hecatombes de mundos y humanidades.” Dios sabe que las inteligencias encarnadas, recién llegadas a los dominios de la inteligencia y de la razón, están aún bajo el gobierno de la fuerza bruta que es la materia en humanidades primitivas. ¿Cómo pues, ha de encolerizarse contra el orden establecido por Él mismo, o sea que todas las humanidades adquieren lenta y paulatinamente el conocimiento, la sabiduría y la bondad? Si la Ley Divina dice: Amarás al Señor Dios tuyo con toda tu alma, con todas tus fuerzas y sobre todas las cosas, es evidente que Él quiere como único don, el amor de todas sus criaturas de todos los mundos y por tanto lo que más le complace es que sus criaturas se esfuercen en conocerle porque nadie ama lo que no conoce. En resumen, todo lo bello y lo bueno nos viene de Dios que es nuestro Padre Universal, y todo lo malo tiene su origen en nuestros errores, en nuestras inquietudes”. Y el niño que había ido adquiriendo más y más animación, calló de pronto y juntando sus manos sobre el pecho y levantando a lo alto su rostro como iluminado de suave claridad exclamó: Oh ¡Padre mío! ¡Señor de los cielos, haz que los hombres te conozcan, Sólo así te amarán! y cayó de rodillas e inclinó su rostro a la tierra en la forma de oración profunda que acostumbraran los hebreos cuando oraban con el corazón. La asamblea quedó paralizada, estática y cayeron en profundo silencio, mientras Jesús salió silenciosamente por una puerta lateral sin que nadie se percatara de ello. Esta fue la primera vez que su maravillosa voz se oyó en el Templo y la profunda sabiduría del Altísimo llegó a los oídos de todos los presentes que cuando le buscaron ya había desaparecido. Tan sólo sus amigos Esenios sabían quién era el pequeño y callaron. Se iniciaron entonces las conjeturas, unos diciendo que debía ser Elías profeta, otros que era Moisés, otros que era Samuel, Otros llegaron a pensar que quizás sería el anunciado Mesías Salvador del pueblo de Israel. José de Arimatéa y sus compañeros se dirigieron a la casa de Lía buscando a María y a José, quienes había sido enterados de lo sucedido en el Templo y se encontraban atemorizados por las consecuencias que pudiera acarrear aquel incidente. Tranquilizados por los doctores Esenios, pidieron permiso para llevar a Jesús a una reunión que tendría lugar en un cenáculo comedor en casa de Nicolás de Damasco, donde estarían reunidos veinte doctores y sacerdotes de Israel, quienes buscaban una mayoría en el grupo sacerdotal del Sanedrín, mediante un acuerdo armónico al que deseaban llegar sobre diversos principios que no estaban bien definidos. Estaban ya todos reunidos, cuando llegaron con Jesús el profeta Niño que podría servir de intermediario entre la Divina Sabiduría y los pobres mortales que la buscaban con afán. Nuevamente volvieron a entrar en conjeturas sobre Su Divina Identidad, hasta que Jesús con gran resolución se apoyó sobre el brazo de sus amigos y dijo: Yo estoy aquí porque vosotros queréis que la Divina Sabiduría baje a vosotros por la boca de un párvulo que apenas si sabe cuando sale el Sol. Y Jehová dice así: “Si tenéis puro y sencillo el corazón, Yo bajaré a vosotros con todo mi claridad. Y aquellos que me busquen en espíritu y en verdad, me encontrarán en todas las cosas que viven y que mueren, desde los soles que brillan en el espacio azul, hasta la oruga que se arrastra por la tierra. Yo he arrancado un pedazo de Mí mismo; dice Jehová; y es el Mesías que os mando. Es Mi Verbo, Mi Palabra Eterna grabada en las olas de los mares que os dan la carne de sus peces y el esplendor de sus perlas, grabadas en las montañas que os dan piedra para vuestras viviendas y oro para vuestro regalo y vuestro bienestar, grabadas en los árboles que os dan sus maderas y sus frutos; en las bestias todos de la Tierra que os sirven para vuestra vida. Yo soy el Poder, la Energía, la Fuerza que veis en todo cuanto vive, y mi Mesías es una vibración de ese poder, de esa energía, de esa fuerza que está por encima de todos. El ha surgido de Mí, y vive en Mí, y piensa y siente en Mí ahora, y mañana y por toda la eternidad. Él os lleva mi mensaje de amor y de luz pero vosotros haréis con El como lo habéis hecho con todos aquellos que en Mi Nombre os llevaron la Verdad. Y ¿qué os dirá Moisés si es el que irá hacia vosotros? Mi Ley que fue Mi Mensaje llevado por Él, está sepultada bajo una montaña de prescripciones y de mandatos que habéis ido acumulando con lo cual no habéis hecho sino encadenar las conciencias y cargar de temor y espanto las almas que no saben cómo poner de acuerdo la debilidad y miseria propia de su escasa evolución con los furores de Jehová, el terrible Dios tirano y déspota que habéis creado en vuestras monstruosas alucinaciones, en vez del Dios Creador por su amor omnipotente que se da continuada y eternamente a todo cuanto vive y alienta en el Universo. Soy Uno, pero tan grande que dentro de Mí se mueven todos los mundos y todas las humanidades que viven. En esos mundos. La Luz que os di como primera ley el Amor hacia Mí, por el Mesías que ahora esperáis y llamáis, no os daré otra Ley sino aquella misma, llevada a la altura suprema del Amor por encima de todas las cosas creadas. Y porque soy inmutable y Eterno, y soy el Aliento de toda vida, veo, sé y percibo cuanto pensáis y obráis y sentís; y ninguna de vuestras obras malas, me afecta ni siquiera como ondular de un cabello. ¡Inmutable! … ¡Eterno! … son frases cuyo significado está más allá del alcance de vuestra mentalidad.” ¡Qué horrible blasfemia pronunciáis cuando habláis de la ira de Dios, de la cólera de Dios, del furor de Dios! … Mi justicia que es inexorable dice Jehová no es ejercida ni por la cólera, ni por el furor, sino por la Ley Supremo de causas y efectos, que rige invariablemente en todos los mundos del vasto Universo. Y si vosotros que sois imperfectos ciñáis a vuestros hijos, vuestras obras, vuestras ideas, vuestros pensamientos, subiendo en la escala de lo infinito, encontraréis claramente demostrado mi Amor eterno y en grado infinita, sin límites, para todo lo que surgió de Mí Mismo, y es como una prolongación Mía, como un hálito Mío, cómo un resplandor de mi Luz Eterna. Las inteligencias llegadas a la perfección más completa en todas sus facultades, sin mi Idea, mi Pensamiento, mi Voluntad, mi Verbo, mi Palabra Eterno, mi Amor Inconmensurable. Ellas están en Mí y Yo en Ellas formando así la maravillosa Unidad Divina que es Luz, Energía y Amor. Y Jesús apoyándose de nuevo en sus amigos que tenía a ambos lados, se sentó demostrando una suave laxitud, como si la fuerza vital hubiese disminuido en Él. Un silencio pavoroso se había hecho en la sala y el más profundo asombro dejó a todos como hipnotizados por una extraña fuerza que por fin pudieron definir con esta frase que salió de todos los labios. El Espíritu Divino ha soplado en este recinto. Adorémosle con la postergación de nuestras almas. Y cuando todos estaban con la frente inclinada a la tierra, el niño salió silenciosamente hacia el jardín de la casa, desde el cual le llegaban los gorjeos de los pájaros y el perfume de un naranjo en flor. Dos días más tarde, Jesús fue llevado por sus padres a la ceremonia mayor en el Templo. Esperaba ese día con gran ansiedad, pues de seguro se dibujaría el Rostro del Padre Celestial ante todos los presentes en el momento solemne señalado, y su corazón latía fuertemente. Desde que había hablado ante los doctores y sacerdotes de Israel, se encontraba dominado por una exaltación religiosa muy poderosa y escuchaba constantemente la Voz del Padre Celestial que le decía: “Tú estás en Mí, y Yo estoy en Ti, porque somos Una misma Esencia”. Grande fue su espanto, cuando en vez de la visión de Dios que Él esperaba, se encontró con una horrible carnicería, un feroz degüello de toros, terneros, carneros, indefensos corderillos blancos, palomas que aleteaban espantadas, mientras se les llevaba a los altares de los sacrificios.
a. La Cátedra de Jesús. El recinto destinado a las grandes asambleas sacerdotales, casi inmediato al sancta-santorum estaba aquella mañana resplandeciente de lámparas y cirios, y los pupitres cubiertos de tapetes de púrpura y oro, sostenían un volumen de los Sagrados Libros. Siguiendo viejas costumbres durante la solemnidad de la Pascua, los Doctores y Sacerdotes pronunciaban pomposos discursos sobre la grandeza de Jehová, su fuerza, su poder, puestos de manifiesto en cuanto había hecho por su pueblo escogido, según la pretensión de Israel, de ser sólo él, quien había merecido la solicitud del Altísimo Señor, dueño y creador de mundos y seres. Era también costumbre ya de años aceptada y seguida, que los mas brillantes y hermosos discursos pronunciados en tal circunstancia, venían formando como un cuerpo de doctrina, muchos puntos de la cual, pasaban a ser nuevas leyes, ordenanzas o dogmas, que iban aumentando año tras año el ya voluminoso código del pueblo hebreo. Cada Pascua era pues, una especie de ateneo donde se hacía alarde de elocuencia y de sabiduría. Aquel recinto estaba separado del resto del templo, sólo por una balaustrada de mármol ornamentada hacia el interior por ricas telas de púrpura de Damasco, por lo cual sólo se podía percibir desde el templo, los ricos turbantes, las tiaras, los tricornios, con que los doctores y sacerdotes cubrían sus cabezas. Los viajeros concurrirían a la segunda hora de la mañana, según habían convenido la noche víspera en la velada junto al hogar. Y así fue, que a la mañana siguiente y cuando habían pasado sólo dos horas de sol, salía José y María para subir a la ciudad acompañados de el niño Jesús que en esa época tenía 12 años de edad los rayos solares dando de lleno sobre los brillantes enlozados, mármoles, bronces y plata del frontispicio y las cúpulas del Templo, le hacían resplandecer de tal forma que el niño se sentía como deslumbrado ante la magnífica visión. ¡Oh! exclamaba. Los santuarios Esenios son de oscura roca y no sólo no brillan si no que se ocultan tanto, que nadie sabe que existe pero los ancianos que los habitan, sí que resplandecen como estrellas en la oscuridad. ¿Qué te parece mejor pregunto luego el niño que el Santuario deslumbre de claridad a los hombres, o que los hombres derramen luz en el santuario? ¡Niño! dijo José, esos asuntos no debes preguntarle a un pobre hombre como yo que apenas si sé leer y escribir, además eres muy pequeño para cavilar esas cosas. Tú sabes que yo estuve mucho tiempo con los ancianos de los santuarios Esenios, y me han enseñado, tanto y tanto. ¡Oh Jesús! … serás entonces un pequeño doctor de la ley contesto José, para distraer al niño de preocupaciones que casi lo asustaban ¡No, no! no doctor no si no un peregrino misionero como los Terapeutas, que solo consuelan todos los dolores y remedian todas las necesidades. Eso quiero yo ser. Bien Jesús, muy bien, y como tu intención es pura, Jehová te bendecirá colmando tus esperanzas. Bueno, ahora subamos esta escalinata y tu sabrás lo que hay dentro del templo de Jehová, Llamó a un joven levita que recibían las ofrendas de pan vino y aceite, y le habló en voz baja, y le entregó dos bolsitas de blanco lino la una contenía una libra de flor de harina, y la otra una libra de incienso puro de Arabia. Eran las ofrendas del piadoso José para el altar de Jehová, el levita acaricio al niño y le dijo a José, que entrasen al templo y se colocaran lo más cerca posible a la balaustrada para que escucharan los discursos que iban a comenzar. Al poco rato pudieron ver por sobre la balaustrada de mármol encortinada de púrpura de Damasco, los turbantes de brocado, los tricornios y tiaras resplandecientes de oro y piedras preciosas, y por fin el arco de rubíes del báculo del Gran Sacerdote, que entraba el último a ocupar su sitial de honor. Los ojos de Jesús como extático ante tal esplendor, estaban fijos en aquel luminoso recinto. Se oyó a lo lejos tras de velos y rejas, el coro de las vírgenes de Sión cantando versículos de un salmo en que se pide a Jehová la luz y la sabiduría divina. Y acallado el canto comenzaron deliberando asuntos civiles, relacionado con hebreos que habían incurrido en desórdenes. Después, un doctor de la ley desarrollo brillantemente este tema: “Terribles castigos de Jehová a los infractores de su ley”. Con un derroche de erudición y de citas de hechos concretos, el orador dejó aterrado a su auditorio. Terminando el discurso venían las refutaciones de los que pensaban de diferente manera. El niño Jesús se había ido acercando a la balaustrada, por cuyas molduras y sobre salientes, iba subiéndose poco a poco con la intención manifiesta de mirar hacia dentro. Estando el templo en penumbra del lado exterior, el grácil y pequeño cuerpo del niño apenas si se apercibía entre las columnas y colgaduras. José mismo con sus ojos cerrados según acostumbraba, en su ferviente oración, no se había dado cuenta. Uno de los doctores que más refutaba el discurso del orador era Nicodemus, apoyado después por judas de Gamala, Manhaen, Eleazar y José de Arimatéa, todos ellos Esenios, de cuarto y quinto grado, pero ocultamente se entiende. Cuando el niño oyó las voces conocidas para él de Nicodemus y José de Arimatéa, no resistió más el impulso de asomar su cabecita por encima de la balaustrada. La luz de los grandes candelabros le dio de lleno sobre su hermoso rostro lleno de inteligencia y de animación, y el primero que lo vio dijo: A ver si este niño es inspirado de Jehová y consigue ponernos de acuerdo. Jesús reaccionó ante el descubrimiento que habían hecho de él y su primer impulso, fue ocultarse bajándose de la balaustrada, pero José de Arimatéa, abriendo una portezuela salió por él y le llevó entre los Doctores. Pudo notarse que en ese instante, huyó de él toda timidez y preguntó con admirable serenidad: ¿Qué me queréis? Puesto que has escuchado el debate y que lo has comprendido, dinos cuáles de nosotros estamos en la verdad. El Altísimo se complace a veces en hablar por la boca de un párvulo. Estas palabras fueron pronunciadas por el Gran Sacerdote con mucha dulzura y casi sonriendo a la vista del niño. Y vos que sois aquí el Jefe Supremo, ¿no podéis ponerles de acuerdo? Preguntó cándidamente el niño. El asombro comenzó en los oyentes ante tal respuesta. Siendo así continuó Jesús: Jehová os contestará por mi boca. “No me conoce ni me comprende quien habla de mi cólera y mis castigos. Yo soy una esencia, una luz, una vibración permanente y eterna. ¿Puede encolerizarse la esencia, la luz, la vibración? Vosotros os encolerizáis, y bajo el impulso de la cólera, castigáis, Yo no soy un hombre revestido de vuestra grosera materialidad”. Así dice Jehová, el Inmortal que no tuvo principio ni tendrá fin. Y el niño guardó silencio. Los Doctores se miraban unos a otros, y los que ocultamente eran Esenios, comprendieron con luz meridiana que aquel niño era un vaso que contenía un raudal de luz divina que se derramaba sobre la tierra. La Sabiduría habla por tu boca, niño – dijo el Gran Sacerdote – Hacedle pues, las preguntas conducentes a la aclaración de las cuestiones que se trataban. Sin que hagáis ninguna pregunta, yo hablaré, porque Jehová dirá lo que el quiere que sepáis- dijo el niño resueltamente. Vosotros no conocéis al Padre Celestial por que sois cobardes y estáis llenos de miedo. ¡Niño!… Se oyeron varias voces. No lo toméis a ofensa, porque Jehová nunca ofende si no que dice la verdad- continuó impasible Jesús. Sí, estáis llenos de cobardía y de miedo, y a la Divina Sabiduría no la conquistan los miedosos, si no los valientes para colocarse frente por frente a lo desconocido, al Eterno Enigma, no de potencia a potencia y con insólito orgullo, si no con el amor de hijos que ansían conocer a su padre. Y entonces el Padre se les descubre y les dice: “Aquí estoy. Conocedme para que podáis amarme como dice la Ley, más que a las cosas de la tierra. ¿No veis que es un contrasentido que mande a sus criaturas amarle sobre todas las cosas de la tierra, y luego se encolerice y animado de ira y de furor les castigue despiadadamente como hace un mal amo con sus infelices esclavos? La Ley debería decir entonces: Temerás a Dios más que todas las fuerzas y formas de mal que hay en la Tierra.” “Os digo que tenéis miedo de escudriñar la verdad divina, y por eso sigue ella siendo una diosa escondida y esquiva que no quiere mostrarse a los hombres. Sabéis que Dios es inmutable y os permitís hablar de su ira y de su cólera. Encolerizarse es mudarse, es cambiar de estado, y esto es otro contrasentido, porque si en momentos dados se llena de ira y de furor, no es inmutable y es una blasfemia, atribuir al Altísimo tan grave imperfección, propia de las atrasadas criaturas de la tierra. Dios es inmutable y porque lo es, permanece impasible ante todos los errores humanos, ante todas las hecatombes de mundos y humanidades. Dios sabe que las inteligencias encarnadas, recién llegadas a los dominios de la inteligencia y de la razón, están aún, bajo el gobierno de la fuerza bruta que es la materia en humanidades primitivas; ¿ Como pues, ha de encolerizarse contra el orden establecido por El mismo, o sea que todas las humanidades adquieran lenta y paulatinamente el conocimiento, la sabiduría y la bondad ¿ “Si la Ley Divina dice: “Amarás al Señor Dios tuyo con toda tu alma, con todas tus fuerzas y sobre todas las cosas, es evidente que El quiere como único don, el amor de todas sus criaturas de todos los mundos, y por tanto lo que más le complace es que sus criaturas se esfuercen en conocerle porque nadie ama lo que no conoce. “ En resumen, todo lo bello y bueno nos viene de Dios que es nuestro Padre Universal, y todo lo malo tiene su origen en nuestros errores, en nuestra ignorancia y nuestras inquietudes”. Y el niño que había ido adquiriendo más y más animación, calló de pronto y juntando sus manos sobre el pecho y levantando a lo alto su rostro como iluminado de suave claridad, exclamó: “¡Padre mío! Señor de los cielos, haz que los hombres te conozcan y sólo así te amarán!…. y cayó de rodillas e inclino su rostro a la tierra en forma de oración profunda que acostumbraban los hebreos cuando oraban con el corazón. Aquella Asamblea había quedado como petrificada por el asombro, y por una vibración de anonadamiento que desde el principio del discurso del niño se había extendido por todo aquel recinto suntuoso. Nadie acertaba a moverse, ni hablar. El niño silencioso se levanto y salió sin que nadie le detuviera. José en el estupor que le causó oír al niño hablar entre la asamblea de Doctores, salió corriendo hacia su casa para avisar a sus parientes lo que ocurría y cuando el niño bajaba tranquilamente las largas escalinatas del templo, se encontró con su madre que a toda prisa llegaba por él. Pero hijo mío ¿que has hecho?, fueron las primeras palabras que oyó Jesús, que aparecía con una palidez mate, como un lirio del valle iluminado por la claridad dorada de aquella mañana primaveral. ¡Nada madre ¡… yo no hice nada. Los Doctores congregados en el templo no se entendían y me llamaron para que Jehová, por medio mío, les pusiera de acuerdo. Yo he dicho lo que Jehová me mando decir. Cuando la Asamblea volvió en sí del estupor y asombro, trató de pensar quien era aquel niño, pero ya él había desaparecido y era difícil encontrarle entre el tumulto de gentes que iban llenando los atrios y naves del templo. Sólo Nicodemus, José de arimathea y Eleazar, conocían personalmente la familia de Jesús pero se guardaron muy bien de pronunciar palabra. Un nuevo Profeta ha surgido en Israel decían algunos y acaso será el que ha de venir delante del Mesías libertador que esperamos. Está escrito añadía otro que volverá Elías a preparar los caminos, al que vendrá a libertar al pueblo de Dios. ¿No será Elías que ha vuelto? No puede ser decía otro porque Elías se nos presentará en toda la fuerza de la edad viril y no como un parvulito sin los poderes de exterminio y muerte que tenia el profeta del Monte Carmelo. Y los Doctores de la Ley en Israel se perdían en un laberinto de deducciones y de conjeturas, que les alejaban cada vez más de la Verdad de Dios que tenían a su alcance, y que no acertaban a comprender. Se cumplía en ellos anticipadamente lo que años después sentaría el Cristo como un axioma inconmovible: “Dios da su luz a los humildes y la niega a los soberbios”.

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