La Carne de Cerdo


EL ISLAM Y LA PROHIBICIÓN DE LA CARNE DEL CERDO. El Islam prohibió la carne de cerdo hace 1400 años. Por aquel entonces, se desconocía la causa efectiva de esta prohibición, pero hoy en día podemos demostrarla con la ciencia. Sin ir muy lejos, habría que destacar como factores favorecedores de procesos tumorales malignos, existentes en la carne de cerdo a los siguientes:

  • Colesterina: (según Profesor Rotto) Interviene de forma decisiva en la metamorfosis de las células cancerosas.
  • Hormonas del crecimiento: Favoreciendo el crecimiento del tumor canceroso.
  • Benzopirenos: (Sustancias cancerígenas), presentes en el ahumado de la carne de cerdo.
  • La carne de cerdo por su contenido en histamina y cuerpos inidazólicos, es responsable de favorecer la puesta en marcha de procesos inflamatorios y urticariantes tales como apendicitis, colecistopatias, flebitis, flujo vaginal o leucorrea (en mujeres), abscesos y flemones, así como enfermedades cutáneas del tipo: eczemas, dermatitis, foruncolosis, urticaria, neurodermitis, y otras dermatosis.

LA CARNE DE CERDO Y EL VIRUS DE LA GRIPE. En el Instituto de Investigación de enfermedades víricas de Londres, se ha comprobado que el virus de la gripe, se almacena en los pulmones del cerdo y existen prácticamente en todos los embutidos elaborados con su carne. Quien los ingiere debe contar pues, con que ingiere también tales virus. Además emigrarían (según las investigaciones del Prof. Lettré) desde aquel lugar donde pertenecen hasta el tejido conjuntivo de los pulmones del hombre, donde permanecerían en estado inactivo hasta que se les presenten condiciones favorables para su desarrollo como ocurre con su aporte vitamínico deficiente, resfriados, y escasez de contacto con los rayos solares por ejemplo, durante los primeros días del año.
El contenido graso de la carne de cerdo es normal, incluso la llamada carne magra posee una enorme cantidad de grasa. Esto es debido, a que la grasa no solo se deposita en su ‘panicuelo adiposo’ (debajo de la piel), sino que a diferencia de los demás animales (carnero, bovino, etc. , e incluso el hombre), prácticamente todas las células de su organismo acumulan grasa, fenómeno que no ocurre en los demás animales mencionados que disponen de células especializadas para tal función y se localizan sobre todo en el ‘tejido celular subcutáneo’. La grasa junto a otras sustancias nocivas de dicha carne, al ser ingerida, se deposita en el cuerpo y es realmente difícil de eliminar, por tanto la persona consumidora es candidata a una desmesurada obesidad.
Toda carne en general, contiene un gran nivel de colesterina (el colesterol), pero la carne de cerdo aún más. El colesterol es responsable de una futura arteriosderosis e hipertensión, y a la vez favoreciendo la aparición de trastornos circulatorios en los vasos periféricos y coronarios (peligro de infarto de miocardio), sobre todo si se combinan con la nicotina. Es por todo ello un peligro abusar de grasas de origen animal. Así, recordando lo que nos dice nuestro querido Profeta Muhammad (Dios le bendiga y le de paz), es preferible consumir poca carne.
Volviendo a la carne de cerdo, hay que destacar que lo más grave de la cuestión, no es el trastorno estético corporal -como ya hemos mencionado – sin que las sustancias mucilaginosas tan abundantes, se depositen en elementos de nuestro organismo que estén formados por tejido conjuntivo como son: cartílagos, tendones, discos invertebrados, etc. , que en la especie humana son relativamente duros y firmes, pero que se ablandan y pierden resistencia si en ellos se deposita gran cantidad de mucopolisacaridos (suministrados en abundancia por la carne de cerdo). Con ello existe la amenaza de favorecer la aparición de procesos reumáticos, artríticos, artrósicos, así como trastornos discales, etc. Cuando Dios prohíbe o desaconseja algo, siempre es en nuestro propio beneficio. Confiad en Dios, Él es el Sumo Sanador. Que Dios derrame sobre todos nosotros Su misericordia y nos guíe. Él es Clemente, el Misericordioso.
LO QUE LA BIBLIA DICE SOBRE LA CARNE DEL CERDO. La Biblia dice en Deuteronomio 14:3-8: “No comas abominación alguna. He aquí los animales que comeréis: el buey, la oveja y la cabra; el ciervo, la gacela y el corzo; cabra montés, el antílope, el búfalo; la gamuza; todo animal que tenga la pezuña dividida y el pie hendido y rumie; pero no comeréis… EL PUERCO, QUE TIENE LA PEZUÑA HENDIDA, PERO NO RUMIA, ES INMUNDO PARA VOSOTROS. NO COMERÉIS SUS CARNES NI TOCARÉIS SUS CADÁVERES…” Entonces: ¿Por qué los cristianos católicos lo comen, si en el Libro, Dios (que sabe lo que es mejor para nosotros) les prohíbe hacerlo? Los judíos no la consumen como tampoco los musulmanes. ¿Por qué nos preguntan constantemente por las mismas cuestiones, si ellos las tienen en su Libro? ¿A caso no saben que los Libros de Abraham, la Toráh de Moisés, el Salterio de David, el Evangelio de Jesús, el Corán y otros insisten en las mismas cuestiones porque es Dios, el Único, quien los ha revelado?

En Levítico 11 Moisés dio a los israelitas leyes estrictas de higiene, incluyendo las instrucciones a no comer cerdo.

¿Por qué daría Moisés tal prohibición?

Hoy en día podemos al menos teorizar en cuanto a su razonamiento. Los cerdos, siendo animales carroñeros, comen casi cualquier cosa. Consecuentemente, éstos están más propensos a infecciones bacterianas y parasitarias que muchos otros animales. Uno de los parásitos que los cerdos algunas veces adquieren como resultado de sus hábitos alimenticios es el organismo Trichinella spiralis —la causa de la enfermedad conocida como triquinosis–. Ésta es una enfermedad dolorosa, algunas veces fatal, causada por comer cerdo medio cocido o crudo que está infestado con el parásito viviente.

Reconocemos que la prohibición colocada por Moisés era científicamente correcta.

Pero ¿cómo pudo Moisés haber sabido tal información por sí mismo?

¿Simplemente otra conjetura afortunada?

¿ES INCORRECTO COMER CERDO? En realidad existe solamente una manera de saber si una acción o idea es correcta o incorrecta: Comparar la acción o idea con el estándar final. Si se puede demostrar que la Biblia es la Palabra de Dios (y se puede hacerlo, vea Thompson, 2003), entonces, la Biblia revela la mente perfecta de Dios y es la única fuente de autoridad en la cual se debe basar la evaluación de lo correcto e incorrecto. Entonces, ¿qué dice la Biblia acerca de comer cerdo? ¿Es incorrecto hacerlo? Esta pregunta surge naturalmente por causa de la lectura del Antiguo Testamento, ya que era incorrecto que los judíos bajo la Ley de Moisés comieran cerdo.

En Levítico 11, Dios dio a los israelitas una lista de animales que podían comer, pero el texto específicamente califica al cerdo como impuro y prohibido (vs. 7). Por todo el Antiguo Testamento, el acto de comer carne de cerdo fue visto como una abominación para los israelitas—como un acto incorrecto y pecaminoso (vea Isaías 66:17). Una razón principal en el Antiguo Testamento para no comer la carne de los animales impuros, incluyendo la carne del cerdo, era proteger a los israelitas de las enfermedades, infecciones y bacterias que portan los animales carroñeros como los buitres, barbos y cerdos (vea Thompson, pp. 52-53). Sin embargo, surge la pregunta: Si esto fue incorrecto para los que estaban bajo la Ley de Moisés,

¿Todavía lo es para los que siguen a Dios bajo la Nueva Ley de Cristo? La respuesta clara para esta pregunta es simplemente, “no”.
No es incorrecto comer cerdo. Cuando Jesucristo murió, clavó la Ley Antigua en la cruz (Colosenses 2:14). El libro de Hebreos explica que Cristo hizo obsoleta a la Ley de Moisés y la reemplazó con el Nuevo Pacto (Hebreos 8:13). Pablo explicó a los cristianos en Galacia que el Antiguo Testamento fue quitado y reemplazado por la Nueva Ley de Cristo (Gálatas 4:21-31). Como resultado, se abolieron las regulaciones en cuanto a los animales puros e impuros, así como las regulaciones en cuanto al sacrificio de animales, los rituales de limpieza, los días festivos, la observación del sábado y muchos otros actos ceremoniales.

Como evidencia que las regulaciones alimenticias fueron abolidas, el libro de Hechos incluye una narración en la cual el apóstol Pedro vio una visión celestial de animales impuros que eran bajados del cielo. Una voz del cielo dijo a Pedro, “Levántate, Pedro, mata y come” (Hechos 10:13). Pedro respondió que él no comía animales impuros. La voz celestial contestó diciendo, “Lo que Dios limpió, no lo llames tú común” (10:15). En el contexto inmediato, la visión estaba diseñada para que Pedro entendiera que Dios había planeado que se predique el Evangelio a los gentiles. Pero el enlace también manifiesta el hecho que las regulaciones en cuanto a los animales puros e impuros habían sido alteradas para que los animales que fueron anteriormente impuros para los judíos ahora sean aceptables.

En un pasaje que tiene una aplicación directa a comer cerdo, Pablo escribió a Timoteo: Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios; por la hipocresía de mentirosos que, teniendo cauterizada la conciencia, prohibirán casarse, y mandarán abstenerse de alimentos que Dios creó para que con acción de gracias participasen de ellos los creyentes y los que han conocido la verdad. Porque todo lo que Dios creó es bueno, y nada es de desecharse, si se toma con acción de gracias; porque por la palabra de Dios y por la oración es santificado (1 Timoteo 4:1-5, énfasis añadido).

Bajo la Nueva Ley de Cristo, ya no es incorrecto comer animales como los cerdos o barbos, ya que tales regulaciones han sido quitadas. Los que quieren ser aceptados por Dios ya no tienen que ofrecer sacrificios físicos de animales, ya que Cristo se ofreció a Sí mismo en la cruz como el sacrificio final para limpiar nuestros pecados (Hebreos 9:28). Cuando Cristo murió en la cruz, Su Nueva Ley comenzó a regir (Hebreos 9:16-22). Aunque es verdad que algunas cosas en la Ley Antigua, como la prohibición de matar o mentir, se repiten en la Nueva Ley, muchas regulaciones no fueron añadidas a la Nueva Ley. La única manera de saber lo que Dios espera de las personas bajo la Nueva Ley es estudiar los 27 libros del Nuevo Testamento que contienen esa ley. Finalmente, todos los que hayan vivido después de la muerte de Cristo hasta Su Segunda Venida serán juzgados por la Nueva Ley (vea Juan 12:48).

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