NUESTRA HISTORIA BORRADA


EL DUODÉCIMO PLANETA.

Las especulaciones e ideas de la Tierra visitada por seres inteligentes de algún otro lugar, postulan la existencia de otro cuerpo celeste desde el cual estos hubieran establecido una civilización más avanzada que la nuestra, como nuestros vecinos Marte o Venus, el lugar de origen. Sin embargo, se está dando por cierto que ninguno de estos ha tenido vida inteligente y mucho menos una civilización avanzada. Tales visitas contemplan la posibilidad de otras galaxias o estrellas distantes como hogar de los astronautas extraterrestres. La desventaja estriba en que los «hogares» sugeridos están fantásticamente distantes de la Tierra y requieren un viaje de muchísimos años a la velocidad de la luz. Entonces tales propuestas postulan la posibilidad de solo un viaje de ida a la Tierra: Un equipo de astronautas en misión sin retorno o quizás una nave espacial perdida y sin control en la que hicieran un aterrizaje forzoso.

LA MORADA PRIMIGENIA. Pero ésta no es precisamente la noción sumeria de la «Morada Celeste» de los Dioses quienes la aceptaban como un «lugar puro», una «morada primigenia». Los textos mesopotámicos se refieren con frecuencia a la magnificencia de la morada de ANU y a los dioses y armas que guardaban su puerta. GILMGAMESH fue al Lugar de la Eternidad y volvió a URUK; ADAPA también hizo el viaje y volvió para contarlo y lo mismo se puede decir del rey bíblico de Tiro.

  1. ENLIL, ENKI y NINHURSAG iban a la Tierra y hacían hogar en ella.
  2. Su padre ANU permanecía en la Morada Celeste como su soberano.
  3. Hay detalladas «listas de dioses» donde se nombra a 21 parejas divinas de la dinastía, que precedieron a ANU en el trono del «lugar puro».
  4. ANU reinaba en una corte extensa y de gran esplendor.
  5. GILMGAMESH contó y el Libro de Ezequiel lo confirma: El lugar con un jardín artificial tachonado por completo de piedras semipreciosas, donde residía ANU con su consorte oficial ANTU, seis concubinas y 80 descendientes de los cuales 14 eran de ANTU.
  6. Un Primer Ministro, 3 Comandantes a cargo de los MU las naves espaciales.
  7. 2 Comandantes de Armas, 2 Grandes Maestres del Conocimiento Escrito.
  8. 1 Ministro de la Bolsa, 2 Justicias Jefes, 2 «que impresionan con sonido»
  9. 2 Escribas Jefes con 5 Escribas Asistentes.
  10. ADAPA cuenta que ENKI después de proporcionarle un SHEM, lo hizo tomar el camino hacia el Cielo y al Cielo subió y Cuando llegó se acercó a la Puerta de ANU. TAMUZ y GIZZIDA estaban allí de guardia en la Puerta de ANU.
  11. Custodiado por las armas divinas SHAR.UR cazador real y SHAR.GAZ asesino real, el salón del trono de ANU era el lugar de la Asamblea de los Dioses.
  12. En tales ocasiones, regía un estricto protocolo en el orden de entrada y en los asientos:
  13. ENLIL entra en el salón del trono de ANU, se sienta en el lugar de la tiara derecha, a la derecha de ANU.
  14. EA entra al salón del trono de ANU, se sienta en el lugar de la tiara sagrada, a la izquierda de ANU.
  15. Los Dioses del Cielo y de la Tierra tenían su origen en los cielos y podían volver a la Morada Celeste.
  16. ANU bajaba a la Tierra esporádicamente en visitas de estado;
  17. ISHTAR subió a ver a ANU al menos, en dos ocasiones.
  18. El centro de ENLIL en NIPPUR estaba equipado con un enlace cielo-tierra.

La gente de Sumer no exilió a los dioses a galaxias lejanas. Su Morada estaba dentro de nuestro sistema solar y el viaje de ida y vuelta a la Morada Celeste era posible y se practicaba desde un principio, pues se dice que tras decidir el establecimiento de BABILI en Sumer (la Puerta de los Dioses), el líder de los dioses explicó:

  1. Cuando a la Fuente Originaria a la asamblea ascendáis, habrá un sitio de descanso para la noche para recibiros a todos.
  2. Cuando desde los Cielos a la asamblea descendáis, habrá un sitio de descanso por la noche para recibiros a todos.
  3. SHAMAH con su uniforme oficial era el comandante encargado de los APKALLU y del lugar de lanzamiento de las naves espaciales. Textos mesopotámicos tratan del APKALLU, término acadio que proviene del sumerio AB.GAL (grande, que dirige, o maestro, que indica el camino). GUSTAV GUTERBOCK en “DIE HISTORISCHE TRADITION UND IHRE LITERARISCHE GESTALTUNG BEI BABYLONIER UND HETHITEN” determinó que eran los hombres-pájaro representados como Águilas. Los textos que hablaban de sus hazañas decían de uno de ellos que derribó a Inanna del Cielo, para hacerla descender al templo E-Anna. Esta y otras referencias indican que los APKALLU eran los pilotos de las naves espaciales de los Nefilim. En sus muñecas SHAMASH lleva algo parecido a sendos relojes de pulsera sujetos con cierres metálicos. En otras representaciones de las Águilas se puede observar que todos los importantes llevaban estos objetos. Decorativos o con propósito útil, los estudiosos están de acuerdo en que representan una roseta o racimo circular de pétalos irradiando desde un punto central que es el símbolo decorativo más común de los templos en todos los países de la antigüedad, predominante en Mesopotamia, Asia occidental, Anatolia, Chipre, Creta y Grecia.
  4. Se acepta en general la roseta como símbolo del templo, materialización o estilización del fenómeno celeste del sol circundado por sus satélites.
  5. Que los antiguos astronautas llevaran este símbolo en las muñecas da credibilidad a esta idea.
  6. Existe una representación de la Puerta de ANU en la Morada Celeste que viene a confirmar el conocimiento en la antigüedad de un sistema celeste como el nuestro.
  7. La puerta está flanqueada por dos Águilas indicando con ello que sus servicios son necesarios para llegar a la Morada Celeste.
  8. El Globo Alado el emblema de la suprema divinidad corona la puerta Está flanqueado por los símbolos celestes del número 7 y el creciente, representando se cree a ANU flanqueado por ENLIL y ENKI.

La Morada celeste y los cuerpos celestes representados por estos símbolos son representados por la imagen del dios o cuerpo celeste central, una gran estrella que emite y extiende sus rayos a 11 cuerpos celestes más pequeños que le circundan que a su vez descansan sobre una cadena de 24 globos más pequeños, el número total de «lunas» o satélites de los planetas de nuestro sistema solar. Es un Sol orbitado por once planetas y no es una representación aislada, como se puede ver en los sellos cilíndricos del Museo de Oriente Próximo de la Antigüedad, en Berlín. No es casualidad que sean exactamente 24. (Los astrónomos de hoy excluyen los que tienen menos de 16 Km. de diámetro). Estas representaciones reflejan nuestro sistema solar, del cual la Tierra forma parte. Tenemos al sol y 10 planetas si no se cuenta a la Luna como planeta. Pero los sumerios afirmaban que nuestro sistema estaba compuesto por el Sol y 11 planetas contando la Luna e incluyendo un Duodécimo del que tenían una firme opinión, un 12º miembro en el sistema solar: El planeta madre de los Nefilim llamado el Duodécimo Planeta.

Antes de comprobar la precisa información sumeria, revisemos el conocimiento de la Tierra y los cielos que la circundan. Más allá de los gigantes Júpiter y Saturno, a distancias inmensas en términos humanos, están Urano, Neptuno y el pequeño Plutón que, pertenecen a nuestro sistema solar es conocimiento reciente.

  1. Urano fue descubierto gracias a la utilización de telescopios perfeccionados en 1781. Tras observarlo durante 50 años, los astrónomos concluyeron que su órbita revelaba la influencia de otro planeta y Guiados por cálculos matemáticos,
  2. Neptuno fue localizado en 1846. A finales del siglo XIX, fue evidente que Neptuno se veía influenciado por otra atracción gravitatoria.
  3. El desconcierto se resolvió en 1930, con la observación y localización de Plutón.

 

NICOLÁS COPÉRNICO. Hasta 1780 y siglos antes, la gente creyó que había 7 miembros en nuestro sistema solar: Sol, Luna, Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno. La Tierra no contaba como planeta porque estos planetas le daban vueltas al cuerpo celeste más importante creado por Dios, con su creación más importante sobre ella: El Hombre. Espoleado a reexaminar siglos de conceptos astronómicos debido a las necesidades de navegación de la época de los Descubrimientos como los de Colón en 1492, Magallanes en 1520 y otros como que la Tierra no era plana sino esférica, Copérnico basado en cálculos matemáticos y en la búsqueda de respuestas en escritos antiguos, descubrió que la Tierra es uno entre varios planetas de un sistema heliocéntrico centrado en el Sol pero, Temiendo la ira de la Iglesia Católica por desafiar la postura de la posición central de la Tierra, solo publicó su estudio “DE REVOLUTIONIBUS ORBIUM COELESTIUM” estando ya en el lecho de muerte en 1543.

El cardenal SCHONBERG, uno de los pocos, que apoyó a Copérnico, le escribió en 1536: Me he enterado de que usted no sólo conoce los fundamentos de las antiguas doctrinas matemáticas, sino que además ha creado una nueva teoría… según la cual la Tierra está en movimiento y es el Sol el que ocupa la posición fundamental y por tanto cardinal.

Los conceptos sostenidos por aquel entonces se basaban en las tradiciones griega y romana donde la Tierra era plana y abovedada por los distantes cielos, en los cuales las estrellas estaban fijadas. Contra aquel cielo tachonado de estrellas se movían los planetas “errantes” alrededor de la Tierra: Había 7 cuerpos celestes de donde tomaron su origen los siete 7 de la semana y sus nombres; El Sol, la Luna (Lunes), Marte (Martes), Mercurio (Miércoles), Júpiter (Jueves), Venus (Viernes) y Saturno (SATURDAY). Estas nociones astronómicas provenían de las obras y codificaciones del egipcio PTOLOMEO, astrónomo de Alejandría del siglo II d.C., cuyas tajantes conclusiones eran que el Sol, la Luna y tos cinco planetas se movían en círculos alrededor de la Tierra e imperaron durante más de 1300 años, hasta que Copérnico puso al Sol en el centro. Para unos Copérnico es el Padre de la Astronomía Moderna y para otros es el investigador-reconstructor de antiguas ideas.

  1. Estudió concienzudamente los escritos astrónomos griegos que precedieron a Ptolomeo, como HIPARCO y Aristarco de Samos quien sugería en el siglo III a.C. que los movimientos de los cuerpos celestes se podían explicar mejor si el Sol y no la Tierra, ocupaba el centro del sistema.
  2. 2000 años antes de Copérnico, los griegos hicieron una lista de los planetas en su orden correcto desde el Sol, el punto focal del sistema solar.
  3. El concepto heliocéntrico fue redescubierto por Copérnico.
  4. Los astrónomos sabían más en el 500 a.C. que en el 500 o 1500 d.C.

En la actualidad, los expertos tienen un hueso duro de roer a la hora de explicar por qué primero los griegos y luego los romanos daban por hecho que la Tierra era plana y que se elevaba por encima de una capa de aguas turbias bajo las cuales estaba el Hades o Infierno, cuando algunas de las evidencias dejadas por los astrónomos griegos de los primeros tiempos indican que ya sabían que no era así.

HIPARCO, que vivió en Asia Menor en el siglo II a.C., trató del «desplazamiento del signo en el solsticio y el equinoccio», fenómeno llamado ahora “PRECESIÓN DE LOS EQUINOCCIOS” que puede observar al relacionar la llegada de la primavera con la posición del Sol, visto desde la Tierra en una constelación zodiacal dada. El cambio de casa zodiacal a otra requiere 2.160 años e HIPARCO no podía haber vivido lo suficiente como para hacer esa observación astronómica ni se sabe de dónde obtuvo esa información. El fenómeno de la precesión sólo se puede explicar en términos de «astronomía esférica», donde la Tierra está rodeada por otros cuerpos celestes como una esfera dentro de un universo esférico. Sabía que la Tierra era un globo e hizo sus cálculos en términos de astronomía esférica.

EUDOXO DE CNIDO, Otro matemático astrónomo griego que vivió en Asia Menor dos siglos antes que HIPARCO, diseñó una esfera celeste, copia de la cual fue erigida en Roma junto con la estatua de Atlas aguantando el mundo. Los dibujos de la esfera representaban las constelaciones zodiacales. Si EUDOXO concibió los cielos como una esfera, ¿Dónde estaba la Tierra con relación a los cielos, sabía que la Tierra era esférica y pensaba que estaba rodeada por la esfera celeste? Sus trabajos cuyos originales se perdieron, han llegado gracias a los poemas de Arato, que en el siglo III a.C., tradujo al lenguaje poético.

En este poema conocido por San Pablo puesto que lo citó, se describen las constelaciones detalladamente trazadas por todo alrededor y remite su agrupación y denominación a una época muy remota por Unos hombres de antiguo cuya nomenclatura pensaron y diseñaron y formas apropiadas encontraron.

¿Quiénes fueron los «hombres de antiguo» a los cuales atribuía EUDOXO la denominación de las constelaciones?

Basándose en ciertas pistas del poema, los astrónomos modernos creen que los versos griegos describen los cielos tal como se veían en Mesopotamia alrededor del 2200 a.C. El hecho de que HIPARCO y EUDOXO vivieran en Asia Menor aumenta las probabilidades de que obtuvieran sus conocimientos de fuentes hititas, visitaran su capital y vieran desde allí la divina procesión tallada en las rocas; pues entre los dioses que desfilan hay 2 hombres-toro que sostienen un globo, imagen que pudiera haber inspirado a EUDOXO para esculpir el Atlas y la esfera celeste. Los primeros astrónomos griegos que vivieron en Asia Menor estaban mejor informados que sus sucesores debido a que pudieron beber de fuentes mesopotámicas. HIPARCO, confirmó en los escritos que sus estudios se basaron en un conocimiento acumulado y verificado durante milenios. Y nombró a sus mentores, los astrónomos babilonios de EREK, BORSIPPA y Babilonia.

Gemino de Rodas indicó a los caldeos antiguos babilonios como los descubridores de los movimientos exactos de la Luna; El historiador DIODORO SÍCULO del siglo I a.C. confirmó la exactitud de la astronomía mesopotámica y afirmó que los caldeos dieron nombre a los planetas… en el centro de su sistema estaba el Sol, la luz más grande, del cual los planetas eran descendientes, reflejando la posición y el brillo del Sol. La fuente reconocida del conocimiento astronómico griego era Caldea; invariablemente, aquellos caldeos poseían un conocimiento mayor y más preciso que el de los pueblos que les siguieron. Durante generaciones, por todo el mundo antiguo el nombre caldeo fue sinónimo de observadores de estrellas y de astrónomos.

El A.T. está repleto de información astronómica.

  • Dios le decía a Abraham, que salió de Ur de Caldea, que mirara las estrellas cada vez que hablaba de las futuras generaciones hebreas.
  • José se comparaba a sí mismo y a sus hermanos con 12 cuerpos celestes.
  • El patriarca Jacob bendijo a sus 12 hijos relacionándolos con las doce constelaciones del zodiaco.
  • En los Salmos y en el Libro de Job se refieren una y otra vez a fenómenos celestes, a las constelaciones del zodiaco y a otros grupos de estrellas como las Pléyades.

El conocimiento del zodiaco..

La división científica de los cielos y otros datos astronómicos eran bien conocidos en el antiguo Oriente Próximo bastante antes de la época de la Grecia clásica. El alcance de la astronomía mesopotámica, en la que se basaron los griegos, fue enorme; sólo con lo que los arqueólogos han encontrado, hay una avalancha de textos, inscripciones, impresiones de sellos, relieves, dibujos, listas de cuerpos celestes, presagios, calendarios, tablas horarias de amaneceres y puestas del Sol y los planetas, predicciones de eclipses…Muchos de estos textos tardíos eran más astrológicos que astronómicos por naturaleza.

Los cielos y movimientos de los cuerpos celestes parecían ser la principal preocupación de los poderosos reyes, los sacerdotes de los templos y la gente de la tierra en general; el objetivo de los observadores de estrellas parecía ser el de encontrar en los cielos la respuesta al curso de los asuntos en la Tierra: guerra, paz, abundancia, hambruna.

Compilando y analizando centenares de textos del primer milenio a.C., R. C. THOMPSON en “THE REPORTS OF THE MAGICIANS AND ASTROLOGERS OF NINEVEH AND BABYLON” demostró que estos observadores de estrellas estaban interesados en el destino de la tierra, su gente y su soberano desde un punto de vista nacional y no se preocupaban del destino individual como ocurre en la actualidad con la astrología HOROSCÓPICA:

  1. Si la Luna en el momento calculado no se ve, habrá una invasión de una poderosa ciudad.
  2. Si un cometa se cruza con el sendero del Sol, el flujo del campo descenderá; un tumulto sucederá dos veces.
  3. Si Júpiter va con Venus, las oraciones de la tierra alcanzarán el corazón de los dioses.
  4. Si el Sol se coloca en la posición de la Luna, el rey de la tierra estará seguro en el trono.

Esta astrología precisaba de un conocimiento astronómico amplio y preciso sin el cual no se hubieran podido hacer los presagios. Los mesopotámicos, en posesión de tales conocimientos, distinguían entre las estrellas fijas y los planetas errantes, sabían que el Sol y la Luna ni eran estrellas fijas ni planetas ordinarios. Estaban familiarizados con los cometas, los meteoritos y otros fenómenos celestes; podían calcular las relaciones entre los movimientos del Sol, la Luna y la Tierra y predecir eclipses. Seguían los movimientos de los cuerpos celestes y los relacionaban con la órbita de la Tierra y con la rotación a través del helíaco sistema que aún se utiliza hoy y que mide la salida y la puesta de las estrellas y los planetas en los cielos de la Tierra con relación al Sol.

Para seguir el rastro de los movimientos de los cuerpos celestes y sus posiciones en los cielos con relación a la Tierra y entre sí, los babilonios y asirios disponían de precisas tablas de efemérides que listaban y predecían las posiciones futuras de los cuerpos celestes. El profesor GEORGE SARTON en “CHALDEAN ASTRONOMY OF THE LAST THREE CENTURIES B.C.” descubrió que las habían calculado según dos métodos: Uno tardío, utilizado en Babilonia y otro más antiguo el de Uruk; más sofisticado y preciso que el tardío y justificó esta sorprendente situación concluyendo que las erróneas nociones astronómicas de griegos y romanos vinieron como resultado del cambio a una filosofía que explicaba el mundo en términos geométricos, mientras que los sacerdotes-astrónomos de Caldea seguían las fórmulas y tradiciones prescritas de Sumer. El descubrimiento de las civilizaciones mesopotámicas, realizado con las excavaciones efectuadas en los últimos 100 años, ASEGURA que tanto en el campo de la astronomía como en otros muchos campos, las raíces de nuestro conocimiento están profundamente arraigadas en Mesopotamia. También en este campo hemos recurrido a y continuamos el patrimonio de Sumer.

Las conclusiones de SARTON se han visto refrendadas por los extensos estudios del profesor O. NEUGEBAUER en “ASTRONOMICAL CUNEIFORM TEXTS“, quién quedó asombrado al descubrir que las precisas efemérides, no se basaban en las observaciones de los astrónomos babilonios que las prepararon, sino que las habían calculado a partir de esquemas aritméticos fijos… que venían dados y que no debían trastocar» ayudados con unos «textos de procedimiento» que acompañaban a las efemérides y que «daban las normas paso a paso, para el cálculo de las efemérides», según una «estricta teoría matemática». Concluyó que los astrónomos babilonios ignoraban las teorías sobre las que se basaban las efemérides y sus cálculos matemáticos y admitió también que «el fundamento empírico y teórico» de estas precisas tablas se escapa también en gran medida a los expertos modernos y está convencido que las antiguas teorías astronómicas «deben haber existido, porque es imposible diseñar unos esquemas de cálculo tan complicados sin un plan sumamente elaborado».

El profesor ALFRED JEREMIAS en “HANDBUCH DER ALTORIENTALISCHEN GEISTKULTUR” concluyó que los astrónomos mesopotámicos estaban familiarizados con el fenómeno de la retrogradación, el aparente curso errático y serpentino de los planetas tal como se ven desde la Tierra, causado por el hecho de que la Tierra órbita al Sol con mayor rapidez o lentitud en relación con los otros planetas. La trascendencia de este conocimiento radica no sólo en el hecho de que la retrogradación es un fenómeno relacionado con las órbitas alrededor del Sol sino también en el hecho de que se debió requerir de largos períodos de observación para dominarla y trazarla. El enigma es saber Dónde se desarrollaron estas complicadas teorías y quién hizo las observaciones sin las cuales jamás se habrían podido desarrollar. NEUGEBAUER indica que en los textos de procedimiento se encuentra un gran número de términos técnicos de lectura y significado totalmente desconocido y que Alguien mucho antes de los babilonios, poseía un conocimiento astronómico y matemático muy superior al de las posteriores culturas de Babilonia, Asiría, Egipto, Grecia y Roma.

Los babilonios y los asirios consagraron una parte sustancial de sus esfuerzos astronómicos a mantener un calendario preciso. Al igual que el calendario judío actual, el suyo era un calendario solar-lunar en el que se vinculaba «intercalaba» el año solar de poco más de 365 días con un mes lunar de poco menos de 30 días. Aunque el calendario era importante para los negocios y otras necesidades mundanas, se requería que fuera preciso, principalmente, para determinar el día y el momento exactos del Año Nuevo y otras celebraciones y cultos a los dioses.

Para medir y vincular los intrincados movimientos del Sol, la Tierra, la Luna y demás planetas, los sacerdotes-astrónomos mesopotámicos se basaban en una compleja astronomía esférica. La Tierra se tenía por una esfera con un ecuador y unos polos; los cielos se dividían con unas imaginarias líneas ecuatoriales y polares. El paso de los cuerpos celestes se relacionaba con la eclíptica y la proyección del plano de la órbita de la Tierra alrededor del Sol sobre la esfera celeste; los equinoccios puntos y los momentos en los cuales el Sol, en su movimiento anual aparente, cruza al norte y al sur el ecuador celeste; y los solsticios el momento en que el Sol, durante su movimiento anual aparente a lo largo de la eclíptica, se encuentra en su mayor declinación norte o sur. Todos estos son conceptos astronómicos se vienen utilizando hasta el día de hoy.

Pero los babilonios y los asirios no inventaron el calendario ni los ingeniosos métodos para calcularlo. Sus calendarios así como los nuestros, tuvieron su origen en Sumer. Los expertos encontraron allí un calendario en uso desde los tiempos más primitivos, que es la base de todos los calendarios posteriores. El principal calendario y modelo era el calendario de NIPPUR, sede y centro de ENLIL. El calendario que usamos en la actualidad tiene como modelo el calendario NIPPURIANO.

  1. Los sumerios consideraban que el Año Nuevo comenzaba en el momento exacto en que el Sol cruzaba el equinoccio de primavera.
  2. El profesor STEPHEN LANGDON en “TABLETS FROM THE ARCHIVES OF DREHEM” descubrió que en los archivos dejados por DUNGI, soberano de Ur de alrededor del 2.400 A.C., se observa que para el calendario de NIPPUR se seleccionaba determinado cuerpo celeste que al oponerlo con el ocaso, permitía determinar el momento exacto de la llegada del Año Nuevo y que esto se hacía «quizás 2.000 años antes de la época de DUNGI», alrededor del 4400 a.C. El lenguaje sumerio demuestra que éstos, casi sin instrumental tuvieron no obstante, el sofisticado saber-hacer astronómico y matemático que requieren una geometría y una astronomía esféricas.
  3. El término DUB significa en astronomía la «circunferencia del mundo» de 360 grados, en relación al cual hablaban ellos de la curvatura o arco de los cielos.
  4. Para sus cálculos astronómicos y matemáticos crearon el AN.UR, un «horizonte celeste» imaginario contra el cual podían calcular el orto y el ocaso de los cuerpos celestes.
  5. En perpendicular a este horizonte, extendieron una línea vertical imaginaria, el NU.BU.SAR.DA y con su ayuda obtenían el cénit, que llamaban AN.PA.
  6. Trazaron las líneas que llamamos meridianos y las llamaban «los yugos graduados» y a las líneas de latitud les llamaban «líneas medias del cielo». A la línea de latitud que marca el solsticio de verano, la llamaban AN.BIL «punto ígneo de los cielos».

Las obras maestras literarias acadias, HURRITAS, hititas y de otras culturas del antiguo Oriente Próximo, por ser traducciones o versiones de originales sumerios, estaban repletas de palabras prestadas del sumerio, muchas de las cuales tenían relación con fenómenos y cuerpos celestes. Los eruditos babilonios y asirios que hacían listas de estrellas o calculaban los movimientos planetarios solían anotar los originales sumerios en las tablillas que estaban copiando o traduciendo.

Los 25.000 textos dedicados a la astronomía y a la astrología que se dice que había en la biblioteca de ASSURBANIPAL en Nínive llevaban con frecuencia el reconocimiento de sus orígenes sumerios. Los escribas de la principal serie astronómica, que los babilonios llamaban «El Día del Señor», declaraban haberla copiado de una tablilla sumeria escrita en la época de Sargón de ACAD, en el tercer milenio a.C.

Una tablilla fechada en la tercera dinastía de Ur, también en el tercer milenio a.C., describe y hace una relación tan clara de los cuerpos celestes, que los expertos modernos tienen pocas dificultades en reconocer el texto como una clasificación de constelaciones, entre las que están la Osa Mayor, el Dragón, Lira, Cisne y Cefeo, y el Triángulo, en los cielos septentrionales; Orión, Can Mayor, Hidra, el Cuervo y el Centauro en los cielos meridionales; y las familiares constelaciones zodiacales en la banda celeste central.

En la antigua Mesopotamia, los secretos del conocimiento celeste se guardaban, estudiaban y transmitían a través de una casta de sacerdotes-astrónomos. Es así quizás por aptitud, que a los 3 eruditos que se le reconoce el mérito de habernos devuelto está perdida ciencia «caldea» tuvieran que ser también sacerdotes, pero en este caso jesuitas: JOSEPH EPPING, JOHANN STRASSMAN y FRANZ X. KUGLER.

KUGLER, en su obra maestra “STERNKUNDE UND STERNDIENST IN BABEL”, analizó, descifró, clasificó y explicó gran cantidad de textos y listas. «Volviendo hacia abajo los cielos» matemáticamente, fue capaz de demostrar que una lista de 33 cuerpos celestes de los cielos babilonios del 1800 a.C. estaba hábilmente dispuesta de acuerdo con las agrupaciones que se hacen hoy en día.

Tras un enorme trabajo de decisión sobre cuáles eran los verdaderos grupos y cuáles eran simplemente subgrupos, la comunidad astronómica mundial acordó en 1925 dividir los cielos, tal como se ven desde la Tierra, en tres regiones: septentrional, central y meridional y agrupar las estrellas en ellos en 88 constelaciones. No había nada nuevo en esta disposición ya que los sumerios habían sido los primeros en dividir los cielos en tres bandas o «caminos»:

  1. el «camino» septentrional, al que se le puso el nombre de ENLIL;
  2. el meridional, al que se le puso el nombre de EA; y
  3. la banda central, que fue el «Camino de Anu» con sus diversas constelaciones; tal como es hoy en día: La banda de las 12 constelaciones del zodiaco, se corresponde exactamente con el Camino de Anu, en el cual los súmenos agruparon las estrellas en 12 casas.

En la antigüedad al igual que hoy, el fenómeno está relacionado con el concepto del zodiaco. El gran círculo de la Tierra alrededor del Sol se dividió en doce partes iguales, de 30 grados cada una. Las estrellas que se ven en cada uno de estos segmentos o «casas» se agruparon en una constelación, cada una de las cuales recibió un nombre en función de la forma que las estrellas del grupo parecían crear. Debido a que las constelaciones y sus subdivisiones e incluso las estrellas individuales dentro de las constelaciones, llegaron a la civilización occidental con nombres y representaciones completamente prestados de la mitología griega, el mundo occidental creyó durante casi dos milenios que habían sido los griegos los que habían conseguido este logro. En la actualidad vemos claramente que los primitivos astrónomos griegos adaptaron a su lengua y mitología una astronomía construida por los sumerios.

Así obtuvieron sus conocimientos HIPARCO, EUDOXO y otros. TALES, el antiguo astrónomo griego más importante de quién se dice que predijo el eclipse total de sol del 28 de Mayo de 585 a.C. que detuvo la guerra entre lidios y medas, admitió que las fuentes de su conocimiento eran de origen mesopotámico pre-semita o sumerio.

La palabra «zodiaco» proviene del griego ZODIAKOS KYKLOS «círculo animal» debido a que el diseño de los grupos de estrellas, se asemejaban a una forma animal. Esos nombres y formas imaginarias se originaron realmente en Sumer, donde a las 12 constelaciones del zodiaco se les llamó UL.UE «rebaño brillante»:

  1. AN.NA «toro celeste» Tauro.
  2. TAB.BA «gemelos» nuestro Géminis.
  3. DUB «pinzas», «tenazas», el Cangrejo o Cáncer.
  4. GULA «león» al que llamamos Leo.
  5. SIN «el padre de ella era Sin» la Doncella, Virgo.
  6. BA.AN.NA «destino celeste», la balanza o Libra.
  7. TAB «lo que pinza y corta» Escorpio.
  8. BIL «defensor» el Arquero, Sagitario.
  9. MASH «pez-cabra» Capricornio.
  10. GU «señor de las aguas» el Aguador, Acuario.
  11. MAH «peces», Piscis.
  12. MAL «morador del campo», el Carnero, Aries.

Las representaciones gráficas o signos del zodiaco y sus nombres, se han conservado virtualmente intactas desde su introducción en Sumer.

Hasta la aparición del telescopio, los astrónomos europeos aceptaban sólo las 19 constelaciones reconocidas por Ptolomeo en el hemisferio norte. Hacia 1925 cuando se acordó la clasificación actual, se habían reconocido 28 en lo que los sumerios llamaban el Camino de ENLIL. A diferencia de Ptolomeo, los primitivos sumerios reconocieron, identificaron, nombraron y listaron ¡todas las constelaciones del hemisferio norte!

El Camino de EA la banda septentrional, planteó serios problemas a los asiriólogos que asumieron la inmensa tarea de desentrañar el conocimiento astronómico antiguo no sólo en los términos del conocimiento moderno, sino basándose en el aspecto que debían tener los cielos hace siglos o milenios. Observando los cielos meridionales desde Ur o Babilonia, los astrónomos mesopotámicos sólo podían ver poco más de la mitad de los cielos del hemisferio sur, pero correctamente identificadas, algunas de las constelaciones del Camino de EA estaban por debajo del horizonte. Entonces se planteaba un problema mayor. Suponían que los mesopotámicos creían como los griegos más tarde, que la tierra era una masa de tierra firme sobre la caótica oscuridad de un mundo inferior el griego Hades, un disco plano sobre el cual se arqueaban los cielos en semicírculo, luego no debería de haber absolutamente ningún cielo en el sur. Limitados por tal suposición, los estudiosos modernos no podían permitir que sus conclusiones les llevaran muy por debajo de la línea ecuatorial que divide el norte del sur. En Contraposición, las evidencias demuestran que los tres «caminos» sumerios abarcaban todos los cielos del globo y no del plano terrestre.

En 1900, T. G. PINCHES informó en la ROYAL ASIATIC SOCIETY que había reconstruido completamente un astrolabio = «cogedor de estrellas» mesopotámico. Mostró un disco circular, dividido como una tarta en 12 secciones y 3 anillos concéntricos, dando como resultado un campo de 36 porciones. El diseño total tenía el aspecto de una roseta de 12 «pétalos», cada uno de los cuales tenía el nombre de un mes escrito en él. Los marcó por conveniencia del I al XII comenzando con NISANNU, el primer mes del calendario mesopotámico. Cada una de las 36 secciones tenía también un nombre con un circulito debajo, dando a entender que era la denominación de un cuerpo celeste. Desde entonces, estos nombres se han encontrado en muchos textos y «listas de estrellas» e indudablemente, son los nombres de constelaciones, estrellas o planetas. Cada una de las 36 secciones tenía escrito también un número debajo del nombre del cuerpo celeste.

  1. En el anillo interior, los números iban del 30 al 60;
  2. en el anillo central, del 60 escrito como «1» al 120 («2» en sistema sexagesimal significa 2×60 = 120); y
  3. en el anillo exterior, del 120 al 240.

Casi 50 años después de la presentación de Pinches, el astrónomo asiriólogo O. NEUGEBAUER en “A HISTORY OFANCIENT ASTRONOMY: PROBLEMS AND METHODS” pudo decir que «la totalidad del texto conforma una especie de mapa celeste esquemático… en cada uno de los 36 campos encontramos el nombre de una constelación y unos números sencillos cuyo significado aún no está claro».

Un destacado experto en el tema, B. L. VAN DER WAERDEN en “BABYLONIAN ASTRONOMY: THE THIRTY-SIX STARS“, reflexionando sobre el aparente ascenso y descenso de los números según un ritmo, sólo pudo sugerir que «los números tienen algo que ver con la duración de la luz diurna».

El rompecabezas se puede resolver con que DESCARTEMOS LA IDEA de unos mesopotámicos creyentes en una Tierra plana y reconocer que sus conocimientos astronómicos eran tan buenos como los nuestros no porque tuvieran mejores instrumentos de los que tenemos nosotros, sino porque sus fuentes de información provenían de los Nefilim. Los enigmáticos números representan grados del arco celeste, con el Polo Norte como punto de inicio y que el astrolabio era un planisferio, la representación de una esfera sobre una superficie plana.

Mientras los números aumentan o decrecen, los de las secciones opuestas en el Camino de ENLIL (como Nisannu-50, Tashritu-40) suman 90, en el Camino de Anu suman 180, y en el Camino de EA suman 360 (como NISANNU 200, TASHRITU 160). Estas cifras son demasiado familiares como para ser mal interpretadas; representan los segmentos de una circunferencia esférica completa: un cuarto del camino (90 grados), medio camino (180 grados) y el círculo total (360 grados).

  1. Los números dados para el Camino de ENLIL están emparejados así para mostrar que este segmento sumerio de los cielos septentrionales se extendía unos 60 grados desde el Polo Norte, bordeando el Camino de Anu en los 30 grados por encima del ecuador.
  2. El Camino de Anu era equidistante a ambos lados del ecuador, llegando a los 30 grados sur por debajo de éste.
  3. Después, más al sur y en lo más alejado del Polo Norte, estaba el Camino de EA, esa parte de la Tierra y del globo celeste que se encuentra entre los 30 grados sur y el Polo Sur.
  4. Los números de las secciones del Camino de EA suman 180 grados en ADDARU (febrero-marzo) y ULULU (agosto-septiembre).
  5. El único punto que está a 180 grados del Polo Norte, si vas al sur por el este o si vas por el oeste, es el Polo Sur.
  6. Esto sólo se puede sostener como cierto si uno está tratando con una esfera.
  7. La precesión es un fenómeno que viene provocado por el bamboleo del eje norte-sur de la Tierra y que lleva a que el Polo Norte el que apunta a la Estrella Polar y al Polo Sur tracen un gran círculo en los cielos.
  8. El aparente retardo de la Tierra contra las constelaciones de estrellas suma alrededor de 55 segundos de arco por año o 1 grado cada 72 años.
  9. El gran círculo el tiempo que le lleva al Polo Norte terrestre volver a apuntar a la Estrella Polar emplea por tanto 72×360 = 25.920 años. Esto es lo que los astrónomos llaman el Gran Año o el Año Platónico porque Platón también sabía de este fenómeno.

El orto y el ocaso de diversas estrellas se tenían por importantes en la antigüedad y el cálculo preciso del equinoccio de primavera, que daba entrada al Año Nuevo, se relacionaba con la casa zodiacal en la cual tenía lugar. Debido a la precesión, el equinoccio de primavera y los demás fenómenos celestes, al retardarse de año en año, terminaba por retrasarse todo un signo zodiacal cada 2.160 años. Nuestros astrónomos continúan empleando el «punto cero» «el primer punto de Aries», que marcó el equinoccio de primavera alrededor del año 900 a.C. pero este punto se encuentra ahora bien entrado en la casa de Piscis. En los alrededores del 2100 d.C., el equinoccio de primavera comenzará a ocupar la casa precedente, la de Acuario. Esto es lo que están queriendo decir los que afirman que estamos a punto de entrar en la Era de Acuario. Debido a que el cambio de una casa zodiacal a otra lleva más de 2 milenios, cómo y dónde pudo enterarse HIPARCO del tema de la precesión en el siglo II a.C. sabemos ahora que su fuente fue sumeria.

Los descubrimientos del profesor LANGDON revelan que el calendario NIPPURIANO, establecido alrededor del 4400 a.C. en la Era de Tauro, refleja el conocimiento de la precesión y el cambio de casas zodiacales que tuvo lugar 2.160 años antes de ése.

El profesor Jeremías, que vinculó los textos astronómicos mesopotámicos con los textos astronómicos hititas, también era de la opinión que las tablillas astronómicas más antiguas registraban el cambio de Tauro a Aries y concluyó que los astrónomos mesopotámicos predijeron y anticiparon el cambio de Aries a Piscis.

Suscribiéndose a estas conclusiones, el profesor WILLY HARTNER en “THE EARLIEST HISTORY OF THE CONSTELLATIONS IN THE NEAR EAST” sugería que los sumerios dejaron abundantes evidencias gráficas a tal efecto. Cuando el equinoccio de primavera estaba en el signo de Tauro, el solsticio de verano tenía lugar en Leo. HARTNER llamó la atención sobre el recurrente motivo del «combate» entre un toro y un león que aparece en las representaciones sumerias de las épocas más primitivas y sugirió que estos motivos reflejaban las posiciones claves de las constelaciones de Tauro (Toro) y Leo (León) para un observador en los 30 grados norte la posición de Ur alrededor del 4000 a.C. La mayoría de los expertos considera que la insistencia de los sumerios en Tauro como su primera constelación no sólo es una evidencia de la antigüedad del zodiaco fechado en los alrededores del 4000 a.C., sino una prueba del momento en que la civilización sumeria tuvo su repentino comienzo.

El profesor Jeremías en “THE OLD TESTAMENT IN THE LIGHT OF THE ANCIENT EAST” encontró evidencias que demostraban que el «punto cero» cronológico zodiacal sumerio se puso precisamente entre el Toro y los Gemelos; por éste y otros datos, concluyó que el zodiaco se trazó en la Era de Géminis los Gemelos, es decir antes que comenzara la civilización sumeria.

Una tablilla sumeria VAT.7847 que hay en el Museo de Berlín comienza la lista de constelaciones zodiacales con la de Leo, nos remonta a los alrededores del 11.000 a.C., cuando el Hombre recién comenzaba a labrar la tierra.

El profesor H. V. HILPRECHT en “THE BABYLONIAN EXPEDITION OF THE UNIVERSITY OF PENNSYLVANIÁ“, estudiando miles de tablillas que llevaban tabulaciones matemáticas, concluyó que «todas las tablas de multiplicación y de división de las bibliotecas de los templos de NIPPUR y SIPPAR y de la biblioteca de ASSURBANIPAL en Nínive se basan en el número 12.960.000». Al analizar este número y su significado, HILPRECHT concluyó que sólo podía estar relacionado con el fenómeno de la precesión y que los sumerios conocían el Gran Año de 25.920 años. Claro está que ésta es una sofisticación astronómica fantástica en una época imposible. Del mismo modo que es evidente que los astrónomos sumerios poseían un conocimiento que posiblemente no podían haber adquirido por sí mismos, también existen evidencias que demuestran que gran parte de su conocimiento no era de uso práctico para ellos. Esto no sólo tiene que ver con los sofisticadísimos métodos astronómicos que se utilizaban (¿quién en la antigua Sumer necesitaba realmente establecer un ecuador celeste, por ejemplo?), sino también con la gran diversidad de textos elaborados que tratan de la medida de distancias entre las estrellas como el texto conocido como AO.6478 que hace una lista de 26 estrellas visibles importantes a lo largo de la línea que llamamos el Trópico de Cáncer y da las distancias entre ellas, medidas de tres formas diferentes.

  • El texto da primero las distancias entre estas estrellas en una unidad llamada MANA SHUKULTU «medido y pesado». Se cree que éste era un ingenioso dispositivo que establecía una relación entre el peso del agua que escapaba por paso de tiempo y Hacía posible la determinación de distancias entre dos estrellas en términos de tiempo.
  • La segunda columna de distancias estaba en términos de grados del arco de los cielos. El día total (día y noche) se dividía en 12 horas. Como El arco de los cielos comprendía un círculo total de 360 grados, un BERU u «hora doble» representaba 30 grados del arco de los cielos. Con este método, el paso del tiempo en la Tierra proporcionaba una medida de las distancias en grados entre los cuerpos celestes nombrados.
  • El tercer método de medida era el BERU INA SHAME «longitud en los cielos». THUREAU-DANGIN en “DISTANCES ENTRE ETOILES FIXES” señaló que mientras los dos primeros métodos estaban relacionados con otro fenómeno, el tercer método proporcionaba medidas absolutas. Un «BERU celeste» según THUREAU-DANGIN y otros, era el equivalente a 10.692 metros de nuestros días. La «distancia en los cielos» entre las 26 estrellas se calculó en el texto sumando 655.200 «BERU trazados en los cielos».

Disponer de tres métodos diferentes de medida de distancias entre estrellas indica la gran importancia que se le daba al tema. Entre los hombres y mujeres de Sumer que necesitaban este conocimiento solo los Nefilim disponían de ese conocimiento y precisaban de tan exactas medidas. Capaces de hacer viajes espaciales después de llegar a la Tierra desde otro planeta y de recorrer los cielos de la Tierra, eran los únicos que poseían en los albores de la civilización humana, los sofisticados métodos, las matemáticas y los conceptos de una astronomía avanzada, así como la necesidad de enseñar a los escribas humanos a copiar y registrar meticulosamente tablas y tablas de distancias en los cielos, órdenes de estrellas y grupos de estrellas, ortos y ocasos helíacos, un complejo calendario solar-lunar-terrestre y el resto de conocimientos notables tanto del Cielo como de la Tierra. Los astrónomos mesopotámicos dirigidos por los Nefilim, sabían de la existencia de planetas más allá Saturno conocían de Urano, Neptuno y Plutón ya que sus conocimientos sobre la familia de la Tierra, el sistema solar, eran tan completos como los de las distantes estrellas, su orden y sus distancias y la información astronómica de los tiempos antiguos se conservaba en centenares de textos detallados, de listas de cuerpos celestes, pulcramente dispuestas según el orden celeste, o según los dioses, los meses, las tierras o las constelaciones con las que estaban relacionados.

  • Uno de estos textos, analizado por ERNST F. WEIDNER en “HAND-BUCH DER BABYLONISCHEN ASTRONOMIE“, llamado «La Gran Lista de Estrellas» hace una relación en cinco columnas de decenas de cuerpos celestes en función de sus relaciones mutuas, de los meses, de los países y deidades.
  • Otro texto lista correctamente las principales estrellas de las constelaciones zodiacales.
  • El texto B.M.86378 ordena en su parte no deteriorada 71 cuerpos celestes por su situación en los cielos; y acerca de textos así, podríamos estar hablando una y otra y otra y otra vez.

Gran cantidad de expertos se esforzaron por dar sentido a esta legión de textos y en particular por identificar correctamente los planetas de nuestro sistema solar, aunque sus resultados son confusos y condenados al fracaso al suponer incorrectamente que los sumerios y sus sucesores no sabían que el sistema solar era heliocéntrico, que la Tierra no era más que otro planeta y que no había más planetas más allá de Saturno.

Al pasar por alto la posibilidad que algunos de los nombres de las listas de estrellas se le pudieran aplicar a la misma Tierra y al intentar aplicar los otros muchos nombres y epítetos sólo a los 5 planetas que según creían, conocían los súmenos, los expertos terminaron llegando a conclusiones conflictivas.

Algunos de ellos llegaron a sugerir que la confusión no era suya, sino de los caldeos que por algún motivo desconocido, intercambiaron los nombres de los 5 planetas «conocidos».

MUL.MUL.

Los sumerios se referían a todos los cuerpos celestes planetas, estrellas o constelaciones como MUL «lo que brilla en las alturas». El término acadio KAKKAB fue aplicado también por babilonios y asirios para designar a cualquier cuerpo celeste. Esta práctica acabó frustrando a los expertos que intentaban desentrañar los antiguos textos astronómicos. Pero algunos MUL calificados como LU.BAD designaban claramente a los planetas de nuestro sistema solar. Sabiendo que el nombre griego para los planetas era «errantes», los expertos leyeron LU.BAD como «oveja errante», a partir de LU «aquello que se pastorea» y BAD «alto y muy lejos».

Ahora que hemos mostrado que los sumerios eran plenamente conscientes de la verdadera naturaleza de nuestro sistema solar, los otros significados del término BAD «lo antiguo», «la fundación», «aquel donde está la muerte» asume una importancia directa. Éstos últimos son epítetos adecuados para el Sol, de donde se sigue que por LUBAD, los sumerios no entendían simplemente «oveja errante», sino «oveja» pastoreada por el Sol los planetas de nuestro Sol. La situación y las relaciones de los LUBAD entre ellos y con el Sol se describían en muchos textos astronómicos mesopotámicos. Había referencias a aquellos planetas que están «arriba» y a aquellos que están «debajo» y KUGLER el jesuita conjeturó acertadamente que el punto de referencia era la misma Tierra.

Pero, en su mayor parte, los planetas de los que se hablaba en el entramado de los textos astronómicos trataban de MUL.MUL, término que tenía a los expertos en la incertidumbre. En ausencia de una solución mejor, la mayoría de los expertos acabaron coincidiendo en que el término MULMUL identificaba a las Pléyades, un grupo de estrellas de la constelación de Tauro y el único por el que pasaba el eje del equinoccio de primavera tal como se veía desde Babilonia en los alrededores del 2200 a.C. Los textos mesopotámicos indican que el MULMUL estaba compuesto por 7 LU.MASH «errantes que son familiares» y los expertos asumieron que se trataba de los miembros más brillantes de las Pléyades, que se pueden ver con el ojo desnudo.

FRANZ KUGLER en “STERNKUNDE UND STERNDIENST IN BABEL” aceptó a regañadientes las Pléyades como solución, pero se asombró cuando descubrió que los textos mesopotámicos afirmaban sin ambigüedad que MULMUL incluía no sólo a los «errantes» planetas sino también al Sol y la Luna, con lo que la idea de las Pléyades se hacía insostenible y que «MULMUL UL-SHU 12» era un grupo de 12», de los cuales 10 formaban un grupo diferenciado. MULMUL se refería al sistema solar. Utilizando la repetición MUL.MUL se indica al grupo como una totalidad como «el cuerpo celeste que comprende todos los cuerpos celestes».

  • CHARLES VIROLLEAUD en “L’ASTROLOGIE CHALDÉENNE“, transliteró el texto mesopotámico K.3558 que describe a los miembros del grupo MULMUL o KAKKABU / KAKKABU. La última línea del texto es explícita: KAKKABU / KAKKABU. El número de sus cuerpos celestes es 12. Las estaciones de sus cuerpos celestes 12. Los meses completos de la Luna es 12. Los textos no dejan lugar a dudas: El MULMUL nuestro sistema solar estaba compuesto por 12 miembros.
  • El erudito griego DIODORO, al explicar los tres «caminos» de los caldeos y el consiguiente listado de 36 cuerpos celestes, afirmaba que «de aquellos dioses celestes, 12 poseen autoridad principal; a cada uno de éstos, los caldeos le asignan un mes y un signo del zodiaco».
  • ERNST WEIDNER en “DER TIERKREIS UND DIE WEGE AM HIMMEL” informó que junto con el Camino de Anu y sus 12 constelaciones zodiacales, algunos textos se referían también al «camino del Sol» que estaba compuesto también por 12 cuerpos celestes: el Sol, la Luna, y diez más. La línea 20 de la llamada tablilla TE dice: «NAPHAR 12 SHERE-MESH HA.LA SHA KAKKAB.LU SHA SIN U SHAMASH INA LIBBI ITTIQU» = «todo en todo, 12 miembros adonde la Luna y el Sol pertenecen, donde orbitan los planetas».

 

Así es comprensible la importancia del número 12 en el mundo antiguo.

El Gran Círculo de dioses sumerios y por tanto de los dioses olímpicos, estaba compuesto exactamente por 12 miembros; los dioses más jóvenes sólo podían entrar en este círculo si se retiraban los dioses más viejos. Cualquier puesto libre se tenía que ocupar para mantener el número divino de 12. El principal círculo celeste, el camino del Sol con sus 12 miembros, establecía el modelo según el cual cualquier otra franja celeste se dividía en 12 segmentos o se le asignaban 12 cuerpos celestes de importancia. Por consiguiente, el año tenía 12 meses y el día tenía 12 horas dobles. A cada división de Sumer se le asignaban 12 cuerpos celestes como medida de buena suerte.

  • Muchos estudios, como “BABYLONIAN MENOLOGIES AND THE SEMITIC CALENDAR” de LANGDON, muestran que la división del año en 12 meses estaba relacionada, desde sus comienzos con los 12 Grandes Dioses.
  • DIE ASTRONOMIE DER ALTEN CHALDAER” de FRITZ HOMMEL y otros después de éste, demostraron que los 12 meses estaban estrechamente conectados con los 12 signos zodiacales y que ambos se derivaban de los 12 cuerpos celestes principales.
  • CHARLES F. JEAN en “LEXICOLOGIE SUMERIENNE” reprodujo la lista sumeria de 24 cuerpos celestes que emparejaban las 12 constelaciones zodiacales con los 12 miembros del sistema solar.
  • En un largo texto, identificado por THUREAU-DANGINRITUELS ACCADIENS” se muestran evidencias de como el programa del templo para la Festividad de Año Nuevo en Babilonia, consagra el 12 como fenómeno celeste. El gran templo, el ESAGILA, tenía 12 puertas. Marduk se revestía de los poderes de todos los dioses celestes al recitarse 12 veces la declaración «Mi Señor, no es Él mi Señor». Después, se invocaba la misericordia del dios 12 veces y la de su esposa 12 veces. El total de 24 se emparejaba entonces con las 12 constelaciones del zodiaco y los 12 miembros del sistema solar.
  • En un mojón de piedra, tallado por un rey de Susa con los símbolos de los cuerpos celestes, se representan estos 24 signos: los 12 signos familiares del zodiaco y los símbolos que representan a los 12 miembros del sistema solar. Estos eran los 12 dioses astrales de Mesopotamia, así como de los HURRITAS, los hititas, los griegos y todos los demás panteones de la antigüedad.

Aunque nuestra base de cálculo natural es 10, el #12 se impregnó en todos los temas celestes y divinos mucho antes de que los sumerios desaparecieran. Hubo 12 Titanes griegos, 12 Tribus de Israel, 12 partes en el mágico pectoral del Sumo Sacerdote de Israel. El poder de este 12 celeste se transmitió a los 12 Apóstoles de Jesús y en nuestro sistema decimal contamos del 1 al 12 y tras él volvemos al «diez y tres» (THIRTEEN), «diez y cuatro», etc. ¿De dónde surgió, este poderoso y decisivo 12?

El sistema solar “MULMUL” incluía además de todos los planetas que conocemos al planeta de Anu, aquel cuyo símbolo un cuerpo celeste radiante representaba en la escritura sumeria al dios Anu y a lo «divino». «El KAKKAB del Cetro Supremo es una de las ovejas en MULMUL», explicaba un texto astronómico. Cuando Marduk usurpó la supremacía y sustituyó a Anu como el dios asociado a este planeta, los babilonios dijeron: «El planeta de Marduk dentro de MULMUL aparece». Al enseñarle a la humanidad la verdadera naturaleza de la Tierra y los cielos, los Nefilim no sólo informaron a los antiguos sacerdotes-astrónomos de la existencia de los planetas más allá de Saturno, sino también la del planeta más importante, aquel del cual vinieron: EL DUODÉCIMO PLANETA.

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