El Comer Sangre


EL COMER SANGRE Hechos 15:19, 20, 28, 29; 16:4
Introducción.
Larousse define la palabra “moronga” de esta manera: “f. Amér. C. y Méx. Morcilla, salchicha”. Define la palabra “morcilla”: “Tripa de cerdo, rellena de sangre cocida con varios ingredientes: morcilla de piñones”. La morcilla se prepara de la siguiente manera: La sangre fresca se cuece y después se prepara como el chorizo en sus bolsitas de plástico o se forman como pequeñas chuletas y de estas dos formas se encuentran en los mercados o carnicerías. Ya en la casa, se guisa con cebolla, tomate y especias, solamente por un poco de tiempo porque ya se había cocido con anterioridad. Se sirve como si fuera cualquier otro guiso (de carne molida, trozos, etc.) o también en tacos. A muchas personas que la han probado les gusta mucho.
Frecuentemente se discute la pregunta, “¿Pueden los cristianos comer sangre o les está prohibido hacerlo?
Hechos 15:1 dice: “Entonces algunos que venían de Judea enseñaban a los hermanos (gentiles): Si no os circuncidáis conforme al rito de Moisés, no podéis ser salvos”.
1. Se reunieron pues los apóstoles con los ancianos y la iglesia de Jerusalén para que todos se dieran cuenta de lo que el Espíritu Santo había revelado claramente acerca de la obligación de los gentiles con respecto a la ley de Moisés.
2. (Aquí cabe la aclaración de que esa reunión no era un “concilio” como los que celebran las iglesias humanas, porque en éstos cada iglesia envía a sus delegados — representantes — para que cada congregación, por pequeña que sea, participe en el concilio. La reunión de la cual Hech. 15 habla no tenía nada que ver con esa clase de concilio).
El apóstol Pedro explicó cómo él aprendió del Señor que “ninguna diferencia hizo entre nosotros y ellos” (gentiles) (ver. 9) y, por lo tanto, que no convenía poner el yugo de la ley sobre ellos; “Entonces toda la multitud calló, y oyeron a Bernabé y Pablo, que contaban cuán grandes señales y maravillas había hecho entre los gentiles” (ver. 12); entonces Jacobo, uno de los ancianos de la iglesia de Jerusalén, dijo que “con esto concuerdan las palabras de los profetas” (ver. 15-18) y concluyó la sesión diciendo, “Por lo cual yo juzgo que no se inquiete a los gentiles que se convierten a Dios, sino que se les escriba que se aparten de las contaminaciones de los ídolos, de fornicación, de ahogado y de sangre” (ver. 19). (Estas dos últimas prohibiciones se refieren a la misma cosa, porque si se come la carne del animal “ahogado” se come su sangre también.)
COMER SANGRE SE HA PROHIBIDO BAJO LAS TRES DISPENSACIONES.
Se prohibió el comer sangre bajo la dispensación patriarcal. Gén. 9:3, 4: , (Cuando Jehová prometió no más diluvios universales y así lo pactó con Noé. Además este tiempo es anterior al de Moisés). Todo lo que se mueve y vive, os será para mantenimiento: así como las legumbres y plantas verdes, os lo he dado todo. Pero carne con su vida, que es su sangre, no comeréis”; es decir, Dios ha provisto ampliamente para el mantenimiento del hombre, dándole toda clase de vegetales y también toda clase de carne, con la sola excepción de que no se coma la sangre con la carne. La sangre no es un alimento sino que más bien es la vida misma. Como todos saben, al salir la sangre del cuerpo sale la vida y, por lo contrario, ¡la transfusión de sangre restaura la vida! y algunos demuestran su profunda ignorancia al prohibir la transfusión de sangre, basándose en Hech. 15:20, 28, 29,  porque la sangre   no es alimento, sino que es un vehículo para llevar el oxígeno  a todas partes del cuerpo — como también para quitar ciertas inmundicias del cuerpo — y de esta manera mantenerlo vivo. Compárese Gén. 3:16, 17, “De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás”. Dios proveyó ampliamente para la alimentación de Adán y Eva, pero al mismo tiempo, les puso una restricción. Así también Dios provee “las legumbres y plantas verdes” y toda clase de carne, pero impone una restricción: “carne con su vida, que es su sangre, no comeréis”. Desde el principio Dios ha instruido a los hombres a apartarse “de las contaminaciones de los ídolos, de fornicación, de ahogado y de sangre”. Estas prohibiciones no se originaron con la ley de Moisés.
Lev.. 17:11, 12, “Porque la vida de la carne en la sangre está, y yo os la he dado para hacer expiación sobre el altar por vuestras almas; y la misma sangre hará expiación de la persona. Por tanto, he dicho a los hijos de Israel: Ninguna persona de vosotros comerá sangre”. Deut. 12:23, “Solamente que te mantengas firme en no comer sangre; porque la sangre es la vida, y no comerás la vida juntamente con su carne”. 1 Sam. 14:34, “me traigan cada uno su vaca, y cada cual su oveja, y degolladlas aquí, y comed; y no pequéis contra Jehová comiendo la carne con la sangre”.
Hech. 15:20, “se les escriba que se aparten de las contaminaciones de los ídolos, de fornicación, de ahogado y de sangre”.
Por lo tanto, el comer sangre siempre se ha condenado, bajo las tres dispensaciones.
¿PORQUÉ SE PROHIBE COMER SANGRE?
Era necesario que los gentiles dejaran de comer o beber sangre para apartarse de todas las contaminaciones de los ídolos, pero la Biblia ya había explicado otras razones:
Porque la vida está en la sangre Gén. 9:4; Lev. 17:11). La sangre es la sede de la vida o vitalidad del animal, y esta vida es el don de Dios. Por lo tanto, la sangre es sagrada porque se usaba para expiar pecados. Dios no permite que el hombre coma la sangre (la vida) del animal. Cuando el Nuevo Testamento habla de la “sangre” de Cristo, se refiere a suvida; El dio su vida por nosotros.
Dios reservó la sangre para los sacrificios (Lev. 17:11). La sangre de animales apuntaba hacia la sangre de Cristo que quita los pecados del mundo. Los hombres  que vivieron antes de Jesús miraban hacia la cruz, y los que viven después de Jesús miran hacia la cruz, y todos deben recordar que la sangre de animales servía como instrumento de sacrificio que tipificaba la muerte de Jesús.
ARGUMENTOS QUE SE HACEN PARA DEFENDER LA PRÁCTICA DE COMER SANGRE.
Algunos citan lo que Jesús dice en Mar. 7:18, “… que todo lo de fuera que entra en el hombre, no le puede contaminar” y concluyen que, por lo tanto, está bien comer sangre. En primer lugar, este argumento no toma en cuenta el contexto de Mar. 7:18. Y si no se limita esta enseñanza a su contexto, entonces también se enseñará que está bien tomar licor, consumir drogas de toda clase, y comer con exceso (ser glotón). Véase 2 Ped.3:16.
Pero si este argumento tiene validez, entonces “las ordenanzas” de Hech. 15:20, 28 contradicen e invalidan lo que Jesús dijo en Mar. 7:18, porque al hablar de abstenerse de sangre y de ahogado claramente tratan de “lo de fuera que entra en el hombre”. ¿Quién puede creer que el Espíritu Santo (Hech. 15:28) hiciera tal cosa? Obviamente la enseñanza de Mar. 7:18 debe explicarse a la luz del contexto, al igual que 1 Cor. 6:12, “Todas las cosas me son lícitas”, y otras enseñanzas semejantes a estas. Lo que Cristo dice tiene que ver solamente con la cuestión de no lavarse las manos antes de comer (Mar. 7:2).
Se argumenta que se prohibió comer sangre para no ofender a los judíos y para no evitar la comunión entre judíos y gentiles; es decir, los judíos no podían comer con los gentiles si éstos comían o bebían sangre. Por lo tanto, se concluye que esta restricción era provisional y que no se aplica a nosotros ahora. El texto no dice tal cosa. Es una opinión humana sin base bíblica. Hech. 15:20, 28, 29 prohibe la fornicación también; ¿se prohibió para no ofender a los judíos o para promover la comunión entre judíos y gentiles? Algunos dicen que el mandamiento de apartarse de la fornicación es una prohibición universal pero que el mandamiento de apartarse de sangre y de ahogado era mandamiento provisional, pero lo que dicen es una afirmación sin prueba. No la pueden probar.
La verdad es que este texto habla de “cosas necesarias” (Hech. 15:28). Eran “cosas necesarias” en el primer siglo y serán “cosas necesarias” hasta el fin del mundo.
En Rom. 14 y 1 Cor. 8 y 10 Pablo habla de cosas lícitas que se pueden practicar con tal que no se haga tropezar al hermano, pero la fornicación y el comer sangre no son cosas lícitas.
Se argumenta que el asunto bajo consideración en esa sesión tuvo que ver con la sujeción de los gentiles a la ley de Moisés y que, por lo tanto, la decisión pronunciada en los vers. 20, 28, 29 solamente servían para quitar algunas restricciones de la ley de Moisés. Otra vez preguntamos si se quitó también la prohibición de la fornicación. Además, como ya se ha explicado, estas prohibiciones no se originaron con la ley de Moisés. Son anteriores a la ley de Moisés y la Ley de Moisés lo que hizo fue asentar o reconfirmar una vez más estas prohibiciones.
El argumento principal de los que defienden la práctica de comer sangre se basa en lo que Pablo dice en1 Cor. 10:25, 27, “De todo lo que se vende en la carnicería, comed, sin preguntar nada por motivos de conciencia … de todo lo que se os ponga delante comed, sin preguntar nada por motivos de conciencia”. Algunos creen que la palabra “todo” incluye la sangre, pero Pablo habla de la carne y ni siquiera menciona la sangre en tales textos(Rom. 14; 1 Cor. 8 y 10).
Los hermanos inspirados revelaron la ley de Dios en Hech. 15:20, 28, 29 con respecto a abstenerse “de lo sacrificado a los ídolos, de sangre, de ahogado y de fornicación”. Después el apóstol Pablo reveló (por el mismo Espíritu Santo, 1 Cor. 14:37) que bajo ciertas circunstancias los cristianos sí podían comer la carne que se había sacrificado a los ídolos; es decir, Hech. 15:29 especifica la ley, y 1 Cor. 8 y 10 revela la excepción de la ley. No hay en absoluto contradicción entre los dos textos. La ley es una cosa y la excepción es otra cosa. Compárese la ley de Cristo sobre el divorcio y segundas nupcias (Mar. 10:12; Luc. 16:18, etc.) y la excepción de la ley en Mat. 5:32; 19:9. Pero no hay excepción alguna de la ley que prohibe la fornicación y el comer sangre. Por lo tanto, conviene tomar muy en serio esta prohibición y no quitarle peso con opiniones humanas. Algunos afirman que Hech. 15:20, 28, 29 no prohibe el comer sangre ahora, pero lo que dicen es simplemente la afirmación (opinión) de ellos, porque no la pueden probar.
El Señor ha revelado claramente a través de los apóstoles que ya no hay carne “inmunda” (Hech. 10:15; 1 Tim. 4:4). También Pablo explicó que se podía comer de cualquier carne aunque ésta se hubiera sacrificado a los ídolos, pero puso una condición: de que tal acto no diera ocasión de caer a algún hermano débil (1 Cor. 8:9). Pero el comer sangre no tiene nada que ver con el tema tratado en Rom. 14; 1 Cor. 8 y 10. Pablo no enseña en estos textos que ahora se puede fornicar ni tampoco que se puede comer sangre.
Conclusión: Recuérdese, pues, que Hech. 15:20, 28, 29trata de “estas cosas necesarias”y no de asuntos de opinión (Rom. 14:1). Las prohibiciones de Hechos 15 se llaman “ordenanzas” (Hech. 16:4).La palabra griega es DOGMA y aparece también en Hech. 17:7 (los “decretos” de César, como también enLuc. 2:1, “edicto”de César) y en Efes. 2:15 y Col. 2:14(los decretos u ordenanzas de la ley de Moisés). Por lo tanto, Hech. 15:20, 28, 29 revela ordenanzas o decretos del Espíritu Santo para la iglesia universal hasta el fin del mundo.

LEVÍTICO Prohibición de comer la sangre (3:17:10 – 3:17:16)
1 El Señor le ordenó a Moisés2 que les dijera a Aarón y a sus hijos, y a todos los israelitas: «Esto es lo que ha mandado el Señor: 3 »Cuando algún israelita sacrifique una res, un cordero o una cabra dentro o fuera del campamento,4 será considerado culpable de haber derramado sangre si no lleva el animal a la entrada de la *Tienda de reunión y lo presenta como ofrenda al Señor ante su santuario. Por lo tanto, ese israelita será eliminado de su pueblo.5 El propósito de este mandamiento es que los israelitas lleven al Señor los sacrificios que suelen hacer en el campo. Deberán llevarlos al sacerdote, a la entrada de la Tienda de reunión, y ofrecérselos al Señor como sacrificios de *comunión.6 El sacerdote derramará la sangre sobre el altar del Señor, a la entrada de la Tienda de reunión, y quemará la grasa como aroma grato al Señor.7 Y nunca más volverán a ofrecer ningún sacrificio a sus ídolos que tienen forma de [ machos cabríos, ] con los que se han prostituido. Éste es un estatuto perpetuo para ellos y para sus descendientes. 8 »Cuando algún israelita o extranjero que viva entre ustedes ofrezca un *holocausto o sacrificio9 y no lo lleve a la entrada de la Tienda de reunión para ofrecerlo al Señor, el tal será eliminado de su pueblo. 10 »Cuando algún israelita o extranjero que viva entre ustedes coma cualquier clase de sangre, yo me pondré en su contra y lo eliminaré de su pueblo.11 Porque la *vida de toda criatura está en la sangre. Yo mismo se la he dado a ustedes sobre el altar, para que hagan *propiciación por ustedes mismos, ya que la propiciación se hace por medio de la sangre.12 Por eso les digo: Ninguno de ustedes deberá comer sangre, ni tampoco deberá comerla el extranjero que viva entre ustedes. 13 »Cuando un israelita o algún extranjero que viva entre ustedes cace algún animal o ave que sea lícito comer, le extraerá la sangre y la cubrirá con tierra,14 pues la vida de toda criatura está en su sangre. Por eso les he dicho: No coman la sangre de ninguna criatura, porque la vida de toda criatura está en la sangre; cualquiera que la coma será eliminado. 15 »Todo nativo o extranjero que coma la carne de un animal que las fieras hayan matado o despedazado, deberá lavarse la ropa y bañarse con agua, y quedará *impuro hasta el anochecer; después de eso quedará puro.16 Pero si no se lava la ropa ni se baña, sufrirá las consecuencias de su pecado.»
Además, ninguna sangre comeréis en todas vuestras habitaciones, así de aves como de bestias. (Levítico 7:26); Solamente que te esfuerces á no comer sangre: porque la sangre es el alma; y no has de comer el alma juntamente con su carne. (Deuteronomio 12:23).
Los Sabeos (Pueblo idolatra de la antigüedad) consideraban la sangre cosa muy impura. Sin embargo, la comían porque creían que era el alimento de los demonios, y que si alguno comía, fraternizaba con los espíritus malignos que se le acercaban y le hacían cosas futuras, como lo imagina el vulgo respecto de los demonios. Había sin embargo gente, a quienes parecía duro comer sangre, pues es cosa que repugna la naturaleza de hombre. Pero sin embargo, después que degollaban a un animal, recogían la sangre en un vaso, o en pozo, y comían la carne de animal cerca de la sangre. Obraban así, porque imaginaban que los demonios comían de esa sangre, que era su alimento, mientras ellos comían la carne. Pensaban que podían tener la fraternización y la amistad, pues comían todos de una mesa y en la misma reunión, según su modo de pensar, los demonios se le aparecerían en sueños y le harían conocer cosas futuras que les serían útiles. Todas estas opiniones gozaban de autoridad en esos tiempos, se les aceptaba y era ampliamente conocidas; ninguno de entre el vulgo dudaba de su veracidad. (Explicaciones de Maimónides)
Las Escrituras del Antiguo Testamento enseñan claramente que comer sangre o comer la carne de un animal estrangulado con su sangre es una prohibición. Bajo la ley mosaica dada a los israelitas muchas comidas fueron señaladas como inmundas y su utilización como alimento fue prohibido. Levítico 3.17 dice: “Estatuto perpetuo será por vuestras edades, dondequiera que habitéis, que ninguna grosura ni ninguna sangre comeréis ” (Véase también Levítico 7.26,27; 17.10-14; Deuteronomio 12.16,23; 15.23). El estado teocrático de Israel castigaba severamente a cualquiera que violara esta ley. Aun en el estado secular moderno de Israel ciertas minorías políticas obtienen concesiones del gobierno para la observancia de estas leyes sobre los alimentos, incluyendo las restricciones en la preparación de las comidas que se sirven en hoteles, restaurantes y la aerolínea nacional, para el consumo de los judíos y no judíos sin excepción. Sin embargo estos ortodoxos rabinos no consideran que la transfusión de sangre sea igual a comer sangre. Noé, que no era judío, recibió bajo la dispensación patriarcal el mandamiento de Dios: “Todo lo que se mueve y vive, os será para mantenimiento: Asi como las legumbres y plantas verdes, os lo he dado todo. Pero carne con su vida, que es su sangre, no comeréis ” (Génesis 9.3,4). Los versículos 5 y 6 de este mismo capítulo refuerzan este concepto de lo sagrado y estipula que el hombre o bestia que sea responsable por la muerte de un ser humano también sufrirá la muerte. Este mandamiento antecede varios siglos a las leyes dadas a los judíos, lo cual prueba que comer sangre o comer carne de animales estrangulados, con su sangre, no es sólo una parte de las leyes sobre los alimentos (KOSHER) que aplicaban a los judíos durante la dispensación mosaica. Esto es de importante consideración ya que las Escrituras del Nuevo Testamento enseñan claramente que la ley de Moisés ya cumplió su propósito y que ha sido anulada y sustituida por la dispensación cristiana. Todavía queda la pregunta:

¿Prohíbe la Biblia comer sangre y carne con su sangre bajo la dispensación cristiana?

Los primeros convertidos al cristianismo eran todos judíos o prosélitos. Como creían que el cristianismo era una extensión de judaísmo, ellos continuaron observando las costumbres y los ritos de la ley de Moisés y las tradiciones religiosas comúnmente aceptadas entre los judíos. Estas observancias incluían dietas sobre las comidas, el rito de la circuncisión de los varones y otras prácticas. Con la admisión de los gentiles a la iglesia surgieron nuevos problemas ya que los cristianos de antecedente judíos buscaron la manera de imponer la circuncisión y otros ritos de la Ley sobre los nuevos conversos gentiles, incluyendo las leyes sobre las comidas. Una evidencia clara de esto se ve en que prohibían “comer ciertos alimentos” (1 Timoteo 4.3). “Guardáis los días, los meses, los tiempos y los años” (Gálatas 4.10). También insistían en que los creyentes tenían que circuncidarse (Gálatas 5.6). El libro de Gálatas mostró claramente que el antiguo pacto (de la dispensación mosaica) había concluido y había sido sustituido por un nuevo y mejor pacto de Dios -la dispensación cristiana. Sin embargo, debido a que las disputas amenazaron con dividir la iglesia de Cristo, los hermanos del mundo gentil viajaron hasta Jerusalén para llevar a cabo lo que se ha denominado el concilio de Jerusalén. Pablo, Bernabé y otros estuvieron presentes junto a los apóstoles y los ancianos de la iglesia de Jerusalén. La conclusión del asunto bajo la dirección del Espíritu Santo fue puesta por escrito a las iglesias en una carta como se describe en Hechos 15.23-29. El mensaje principal fue: “Porque ha parecido bien al Espíritu Santo, y a nosotros, no imponeros ninguna carga más que estas cosas necesarias: que os abstengáis de lo sacrificado a los ídolos, de sangre, de ahogado y de fornicación; de las cuales cosas si os guardareis, bien haréis. Pasadlo bien”. Por lo tanto, es evidente que la prohibición de comer sangre en cualquier forma como alimento, o como un rito religioso ha sido una ley inmutable de Dios a través de los siglos. Hay mucha gente que todavía utilizan la sangre como comida, tónico o aún como un rito religioso. Ciertas tribus de África abren las venas del ganado vivo para derramar sangre, la cual es bebida inmediatamente. En ciertas islas del Pacífico, en las cuales el canibalismo lleva en sí un significado místico y religioso, la sangre humana es empleada como bebida. En México y en varios países latinoamericanos se come un embutido hecho de sangre y manteca de cerdo, el cual es llamado morcilla o moronga. Entre los ingleses se sirve un pudín que es hecho de sangre. Esos cristianos, por causa de la conciencia y por la ley divina, deben abstenerse de comer sangre en esta u otras formas, al igual que se abstienen de prácticas y de fornicación. La sangre representa la vida. La prohibición que tenemos de no comerla es un principio eterno y un mandamiento del Espíritu Santo.

El Eterno creo todas los seres vivientes para beneficio del hombre, pues solo el (hombre) de entre los seres creados conoce a su Creador, a pesar de lo cual no le fue permitido en un principio comer más que vegetales, pero no seres animados, como se lee en Génesis 1:29: Y dijo Dios: He aquí que os he dado toda hierba que da simiente, que está sobre la haz de toda la tierra; y todo árbol en que hay fruto de árbol que da simiente, seros ha para comer. Pero entonces, en la época del diluvio, cuando los animales fueron salvados en merito a Noé y luego este ofreció algunos de ellos en sacrificio, acordó Dios a Noé y permitió (el degollamiento ritual) tal como leemos: Todo lo que se mueve y vive, os será para mantenimiento: así como las legumbres y hierbas, os lo he dado todo. (Génesis 9:3).

¿Transfusiones de Sangre? Si la prohibición en cuanto a la sangre y lo ahogado todavía rige, ¿cuáles son sus implicaciones prácticas? Primero, la idea en Hechos 15:29 de “abstenerse” de sangre implica que se debe evitar el consumo o bebida de sangre, pero no dice nada acerca de otros tipos de contacto con la sangre. La prohibición divina a Noé explícitamente declaraba que no se debía comer sangre, como también las instrucciones mosaicas. El contexto inmediato de Hechos 15:29 informa a los cristianos a abstenerse “de lo sacrificado a ídolos, de sangre, de ahogado”. “Abstenerse” de lo sacrificado a los ídolos simplemente significa no comer lo sacrificado a los ídolos. Este es el mismo significado que se aplica a la sangre y carne que era ahogada y cuya sangre no se escurría.
No obstante, ciertos grupos religiosos, como los Testigos de Jehová, han afirmado que introducir sangre al cuerpo en cualquier forma viola Hechos 15:29. Ellos argumentan que recibir transfusión de sangre viola el mandamiento a abstenerse de sangre. Su sitio Web oficial declara: “¿Qué acerca de la transfusión de sangre?… [L]a gente inteligente en los siglos pasados se dio cuenta que la ley bíblica se aplicaba a introducir sangre en las venas así como ingerirla por la boca” (“Blood…”, 2006). La evidencia simplemente no justifica la conclusión que los Testigos de Jehová sostienen para extender la prohibición de Hechos 15:29 a las transfusiones. Primero, el texto y todos los textos relacionados en el Antiguo Testamento tienen que ver específicamente con el consumo por la boca de grandes cantidades de sangre de un animal. Los cristianos gentiles en Hechos 15 ciertamente hubieran entendido que la prohibición abordaba el consumo de sangre por la boca. Segundo, los procesos físicos del cuerpo en cuanto a recibir sangre humana en las venas y consumir grandes cantidades de sangre animal que irían al estómago son muy diferentes. La transfusión de sangre en que se inyecta sangre humana del mismo tipo en las venas de otra persona para realizar un tratamiento no se compara al consumo de una jarra de sangre de macho cabrío. Declarar que Hechos 15:29 significa que no se puede introducir ninguna clase de sangre en el cuerpo por ninguna razón y en ninguna manera, es ir más allá de lo que está escrito (1 Corintios 4:6).
Es importante aclarar otra tremenda aberración de una secta que siempre hace mucha bulla distorsionando estos versículos, donde Dios prohíbe COMER sangre. Tuercen la Palabra de Dios y alteran el verbo “comer” por “transfundir”. Para aclarar esta adulteración que hacen a la Biblia, basta coger un diccionario y aclarar estos dos vocablos y veremos que significan dos cosas diferentes.
Transfundir = Trasegar un líquido de un vaso a otro.
Transfusión es la acción de transfundir. En medicina significa pasar cierta cantidad de sangre de un individuo a otro, a fin de reemplazar la sangre perdida o alterada, para salvar la vida del paciente afectado, jamás ha significado comer sangre.
Como vemos es un absurdo decir que Dios prohíbe la transfusión de sangre. Más aún considerando que el propósito con el que se efectúa es salvar la vida de una persona.
¿Podría alguien con un mínimo de sensatez decir que Dios prohíbe que demos sangre para salvar la vida de otro? Dios nunca ha prohibido tal cosa.
Observemos, primero, que cuando la Biblia prohíbe la sangre, lo hace siempre en un contexto de alimentación. Prohíbe comerla. Y naturalmente esto tiene referencia al hecho de que en Génesis 9:3-4, cuando Dios permite por vez primera al hombre que coma carne de animales (esto es, tras el Diluvio Universal), Él se reserva a la vez la sangre para Sí. O sea, que se trata de carne y sangre de animales. Evidentemente, nada se habla acerca de carne humana ni de sangre humana.
En segundo lugar, es evidente que la cuestión de la transfusión de sangre humana de una a otra persona nada tiene que ver con la alimentación, a pesar de la confusa argumentación de los llamados Testigos de Jehová. En la alimentación, aquello que se ingiere es digerido, disgregado a sus elementos básicos, y el cuerpo toma de esto para edificarse y crecer.
En la transfusión, la sangre pasa de las venas de una persona humana a otra, y no es digerida, ni metabolizada, sino que pasa a seguir cumpliendo su función de sangre. Ha habido una transferencia de uno a otro cuerpo, pero sigue siendo lo que era y cumple su función.
En la transfusión de sangre no se da muerte a un animal ni se come su carne para que se tenga que reservar su sangre, como Dios ordena para mantener Su soberanía sobre los animales que Él ha cedido a los hombres para que coman su carne. Es un hombre que por amor a otro da parte de su sangre, de su vida, para que la otra persona cobre fuerzas y se recupere. Pero aquí no hay muerte ni nada que se asemeje a la situación en la que Dios prohíbe la sangre: esto es, la prohibición se refiere a la sangre de animales en el acto de sacrificarlos para consumir su carne
Según los católicos, en este punto, hay que advertir que este tema de los alimentos, por ser uno de los más claros y sencillos de comprender, nos permite entender otra verdad básica en la lectura de la Biblia: La Biblia no fue escrita en un solo día, sino que fue redactada durante un período de casi 2.000 años. Y cuando uno lee con atención este libro sagrado nos damos cuenta de que a través de toda la Biblia hay una gran evolución doctrinal y moral. Es decir, que, en la Biblia, no todo tiene el mismo valor o igual vigencia. Que hay una gran diferencia, aunque se complementen, entre el Antiguo y el Nuevo Testamento. Que no se puede leer el Antiguo Testamento en forma parcial y aislada, como si todo en él fuera doctrina eterna. Hay que leer siempre el Antiguo Testamento a la luz del Nuevo Testamento. Porque Jesucristo, Dios-hombre, es el centro del N.T. y el fin de toda la Biblia. Además, Jesucristo, con su autoridad humano-divina, corrigió y perfeccionó muchas cosas que se leen en el A.T. y anuló y abolió costumbres que para los judíos del A.T. eran prácticas muy importantes. Y entre estas cosas que Jesús abolió está la cuestión de los alimentos.
¿Qué nos enseña el Nuevo Testamento acerca de los alimentos? Todas las prohibiciones de comer ciertos alimentos (como el camello, el cerdo, el conejo, etc.) estaban en plena vigencia en el judaísmo dentro del cual nació, vivió y murió Nuestro Señor Jesucristo. ¿Cómo reaccionó Jesús frente a ellas? La actitud renovadora y liberadora de Jesús Un día, Jesús llamó a toda la gente y les dijo: «Escúchenme todos y entiéndanme bien: No hay ninguna cosa fuera del hombre que al entrar en él lo pueda hacer pecador o impuro…». Y como sus mismos discípulos se sorprendieron con tamaña novedad, Jesús añadió enseguida: «¿No comprenden que nada de lo que desde fuera entra en el hombre lo puede hacer impuro porque no entra en su corazón, sino en su estómago y luego se echa afuera?». Y añade el mismo Jesús: «Lo que sale del hombre, eso es lo que le hace impuro, pues de dentro del corazón salen las malas intenciones, los desórdenes sexuales, los robos, libertinaje, envidia, injuria, orgullo, falta de sentido moral. Todo eso sale de dentro, y eso sí que mancha al hombre» (Mc. 7, 14-23 y Mt. 15, 10-20).
Jesús de Nasareth, como hombre fue íntegro, por lo cual se le estima tanto. Él sabía que su padre había dicho que ingerir sangre era prhibido y sabía que la observación de esta ley era obligatoria. Por eso, Jesús, simplemente sostendría la ley sobre la sangre. Fijó un patrón o modelo para sus seguidores, que icluye el respeto a la vida y la sangre. Como hijo de Dios, vino voluntariamente a redimirnos y no estaba interesado en contrariar a su padre sino a cumplir la promsa de su padre al hombre. Cuando Jesucristo derrama Su Sangre por nosotros, no solo está cumpliendo la expiación del lavamiento de los pecados y la profecía, está haciendo que se cumpla la Ley de Dios.
Yo no me opongo a una transfusión pero pensando y pensando, he concluido, que las transfusiones de sangre, aunque sean exitosas, no sirven y para ser laxos, solo sirven un poco. Solo alargan la vida por unos días y pare de contar. Es mucho lo que se da y muy poco lo que se disfruta. Además, a pesar de las excelentes técnicas y métodos de purificación de sangre donada, el riesgo de recibir sangre contaminada es tan alto que deja que pensar. Y para rematar, ya existen muchas técnicas, que reemplazan la transfusión como las operaciones sin sangre y los métodos naturales para mproducir o mejorar nuestra sangre.

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